Tercera Campaña

"La Tierra"

43

"Una nueva reina"


El palacio estaba sumido en un silencio insolente, el único sonido que me acompañaba en mi andar por el pasillo eran mis pasos sobre el metal liso. Me sentía desconcertado como todos en el planeta y no me atreví a romper el respeto del mutismo hasta que me detuve a las espaldas de Tomma, en la entrada de la sala de los tronos. Estaba buscando lo mismo que yo y era acompañado de un puñado de soldados jóvenes, aburridos de estar parados guardando algo que no estaba ahí. El sentirme atrás invitó a que el antiguo amante de Seripa se diera la vuelta, ninguno de los dos estaba feliz y nuestras palabras se cruzaron con seriedad.

—La princesa aún no se ha aparecido por aquí —me informó sin que aquello me produjera sorpresa. Luego de unos momentos de incomodidad, frunció los labios y se corrigió—, digo, la reina. La reina no se ha aparecido en la sala de los tronos.

—¿Dónde está?—le pregunté con formalidad y Tomma se encogió de hombros.

—Asumo que está encerrada en su habitación, iba a mandar hombres para que la buscaran… —me dijo como si fuera su culpa que llevara tanto tiempo desaparecida. Un nuevo sismo sacudió el suelo bajo nuestros pies y todos nos intranquilizamos, apreté la mandíbula cuando miré a Tomma.

—Los ingenieros —dije—, ¿cuánto tiempo nos dan?

—Un día a lo mucho, con suerte dos.

—Debo apurarme —le avisé como si estuviera al tanto de lo que pensaba pero me dejó ir en silencio.

Los pasillos más interiores del palacio estaban aún más desiertos que en la entrada, a donde todos los arrodillados se apresuraban para entrar en el hangar principal y retirarse del planeta antes de que estallara. No los culpaba, los temblores se fueron haciendo cada vez más patentes y su magnitud iba siendo sostenidamente importante. No cabía duda de que corríamos un grave peligro y que enfrentábamos a la propia extinción, pero sin un líder nadie podía ponerse de acuerdo en nada. No muchos apoyarían a la princesa en su sucesión al trono pero nadie sabía quién más podía ostentar el trono de Vegeta antes de huir al infinito. Estaba claro que la niña sólo alcanzaría a sentarse un par de horas y eso era realmente humillante.

La estropeada entrada al pasillo seguro de la reina seguía sin repararse porque ya no tenía sentido y me adentré sin detenerme a saltar los escombros. Al caminar fui percibiendo el pequeño sollozo que fue incrementando de volumen cada vez que daba un paso adelante, y cuando me paré frente a la puerta de la princesa, ya era perfectamente audible su lamento ronco. Entré sin siquiera tocar y la visión de la chiquilla sentada sobre el suelo y las manos sobre sus mejillas, me hizo enfurecer. Aunque mi presencia la hizo acallar sus gemidos, el hipo del llanto seguía alterando su respirar y el mentón le bailaba con descontrol.

—Levántate —le dije en tono imperativo y me puse a hurgar en su armario atestado de vestidos alienígenas en busca de algo que le habría visto antes porque no sabía nada de sus gustos al vestir. Las miles de telas acariciaron mis palmas sin poder diferenciar un vestido del otro, y me ofusqué cuando varios de los vestidos se me enredaron en los dedos y las muñecas como si clamaran atención. Gruñí tomándolos a todos y los lancé al suelo, a los pies de Bra, para que ella eligiera. Ella los miró con los ojos desorbitados por la sorpresa y optó por negar con la cabeza—. Harás lo que te digo, ¡eres reina ahora!

—¡Mataron a mi familia! —me gritó de vuelta, severamente ofendida y se puso a llorar de nuevo.

—¡Y te matarán a ti si sigues actuando así!—mi propia reacción la hizo callar enseguida y luego apunté la pila de vestido en el suelo—, elige uno y te lo pones. Debes salir y coronarte.

—No puedo… —lloró con los ojos aguados y puse los ojos en blanco—, no puedo dejar de imaginarme cómo murió Trunks, cómo murió mi madre… ¿Crees que sufrieron mucho?

—Sí. —Mi sinceridad brusca la hizo llorar otra vez y me hinqué ante ella para tomarla de una muñeca y ponerla de pie. Bra apenas se quejó por mi accionar por la sorpresa y cuando estaba a punto de hacerlo, la lancé a la cama en donde rebotó. Luego, la miré con los ojos duros, parado en frente de ella—. Deja de llorar, ¿sí? Esta no es la conducta que Trunks o tu madre hubiesen querido que tuvieras. Ahora lávate esa cara y ponte tu maldito vestido. Saldrás en cinco minutos y te llevaré a la sala de los tronos para que seas la reina que ahora eres. ¿Entendido?

La chiquilla me miró con los ojos bien abiertos y al cabo de unos momentos, asintió con obediencia. Se volteó hacia una jarra con agua que sus sirvientas siempre dejaban a un lado de su cama. Se lavó la cara sin dejar de llorar y sólo consiguió que sus mejillas estuvieran más sonrojadas de lo que estaban antes, al acabar, me miró con desconfianza. Sólo cuando miró a sus pies tuvo el valor de hablar.

—Pienso que debería usar armadura esta vez —dijo con un poco de timidez—, una reina extranjera no es lo que quiero ser. —Trunks siempre usaba armadura y Pepper cuando estaba en audiencia también la llevaba, provocándole los celos a Bra que necesitaba para comenzar a valorar su sangre guerrera. Su madre era la que llevaba los vestidos porque era una terrícola y eso estaba bien, Bra, en cambio, no.

Alcé las cejas ante aquella revelación y asentí con una sonrisa, y ella ocultó la suya con la cabeza baja. Luego se levantó de la cama y buscó su traje de batalla en un armario más pequeño y austero, al otro costado de su cama. Era de color violeta oscuro, casi azul, y lo extendió sobre la cama como si fuera una sábana, contemplándolo con extrañeza. Se mordió el labio cuando me miró en frente y apuntó otra vez el armario más grande.

—Ayúdame —me dijo—, mi armadura está ahí.

Y me giré para obedecer, sabiendo que sólo lo hacía porque la princesa procedería a desnudarse. Ni siquiera hice el intento por mirar de reojo, no era el momento, me dije; y me quedé observando los vestidos que habían quedado colgados sin verlos realmente. Escuché el deslizar de la tela sobre la piel femenina y el sonido de la vergüenza en forma de gemidos incómodos, cuando a Bra se le enredaban los breteles en los brazos cuando pretendía desvestirse apresuradamente. Cuando arañó la cama supe que había cogido el traje de batalla y tomé la armadura femenina entre las manos, luego se aclaró la garganta y volví a girar. Se estaba arreglando los tirantes en los hombros cuando la miré y para mi sorpresa, no tuve ninguna palabra que decirle. Nos acercamos caminando hacia el centro, Bra había heredado la poca estatura de su padre y calculaba que sólo me llegaba hasta el pecho, por lo que nuestras dimensiones dispares llegaban a ser un tanto molestas. Nos quedamos mirando largos momentos, ella más incómoda que yo y descubrí que había estado mucho tiempo frustrado con ella.

Al alzar la armadura, ella levantó los brazos, y fue tal como había sido en el inicio del entrenamiento con la armadura «mágica» pero esta vez, sin magia. La coraza era de batalla pero era ligera y se ajustaba perfectamente a su silueta, aunque Bra se la acomodó tirando de los bordes sin obtener un resultado nuevo. Sonreí con las cejas relajadas al verla acorazada como si fuera a la batalla, luego se acomodó un flequillo lila detrás de la oreja mientras daba una mirada hacia atrás. Algo faltaba.

—Necesito una capa —anunció al sentir los hombros desnudos—, una roja, como la de Trunks.

—Así se hará —le respondí con una sonrisa fácil y salí de la habitación al instante. Bra se volvió hacia el espejo con ansias y se vio con un poco de miedo. ¿Sería la sombra de Trunks? ¿O sería una mala reina como había sido su padre? Negó con la cabeza con poca notoriedad. «Reinaré bien, mejor que Trunks. Lo que no tenga en la batalla lo daré en el trono.» Luego asintió con los ojos temblorosos, yendo y viniendo hacia todos lados como si tuviera miedo. «Pero sólo soy una niña… una niña tonta y asustada que no sabe nada de la guerra.»

La chica se volvió hacia atrás cuando sintió que había llegado y me vio con una cascada de rojo entre los antebrazos, doblada sobre sí una vez porque era demasiado larga para llevarla en su largo natural. La niña no pudo ocultar su sonrisa y trató de disimularla al darme la espalda, como dándome la orden silenciosa de que se la calzara sobre los hombros. Así lo hice y comencé con el lado izquierdo, anudándole uno de los bordes sobre el hombro y luego pasé al derecho, repitiendo la acción. La capa roja iba de un hombro a otro con una curva ligeramente pronunciada que dejaba ver un poco la espalda de la chica. Luego de la curva caía casi recta hacia el suelo y se abultaba sobre las baldosas, a donde se arrugaba un excedente más importante que lo común pero que no tomamos en cuenta.

—Ya crecerás —le dije con una sonrisa arisca y ella enrojeció al saber que era una mentira, hacía años que había dejado de hacerlo.

Cuando la seguí por el pasillo me di cuenta que la aparente poca importancia de su capa larga era más molesta de lo que pensaba, la nueva regente del planeta Vegeta caminaba siempre con una cola inútil detrás de sí y muchas veces la hacía tropezar cuando le pisaba el excedente de su capa. La chiquilla se encontró con Tomma a las escaleras de la plataforma y escudriñó en los rostros de los guerreros, en su mayoría jóvenes, que lo acompañaban. Eran siete, contando al propio Tomma y conmigo, hacíamos los ocho.

—¿Son todos leales a mí? —preguntó quedamente Bra, Pepper estaría entrando en ese momento y no quería que se escuchara la respuesta. Todos los guerreros a la espalda de Tomma bajaron la cabeza, de manera mansa y el consejero de la Reina respondió.

—Sí, señorita —dijo Tomma con formalidad porque intentaba sonar leal y Bra se inquietó, formándose detrás de su nuevo séquito cuando unos pasos se acercaron a la sala de los tronos. Bra tomó posesión del primer peldaño de la escalera que daba a los tronos vacíos, como para ganar jerarquía al ser más alta, rodeada por su nuevo grupo de soldados leales encabezados por Tomma, un paso adelante. La pequeña reina tragó saliva espesa al caer presa del pánico y apretó los puños cuando la figura se delineó ante nosotros. No era Pepper quien desfiló frente a la plataforma, sino que un Nappa renovado, limpio de cualquier herida que hubiese sufrido durante la revuelta que había reclamado la vida de Bulma.

El antiguo general de Vegeta no se detuvo hasta que estuvo cara a cara con Tomma y el nuevo miembro del consejo de la Reina no tuvo las agallas de enfrentar su gran porte y luego de unos titubeos, dio un paso al lado. Nappa, aún un peldaño más abajo que Bra, le sacaba tres cabezas de altura, y como si estuviera retándola, puso una bota sobre el peldaño en que estaba parada. Aunque fuera la reina regente, la niña no fue capaz de decir nada al respecto, por mucho que estuviera al tanto de su osadía.

—Mi reina —le dijo él de una forma brusca, como si no estuviera feliz de sus palabras, y Bra no pudo mirarlo a los ojos. Fruncí el entrecejo con enfado y aunque aclaré mi garganta, la reina niña no hizo más que alzar una mano pobremente para pedirme que me callara—.Llame al consejo, no debería hacer esto sola.

—No tengo tiempo para un consejo…—seguramente la frase hubiese seguido de no ser por la interrupción de Nappa y Bra enrojeció por su atrevimiento.

—¡Insisto!—gruñó el calvo con la intención de sonar lo más suave posible pero Bra frunció el ceño con enfado y los soldados se revolvieron nerviosos, sin querer presenciar cómo desautorizaban a la regente.

—¡Cómo te atreves…! —Nuevamente Nappa la mandó a callar con un siseo y esta vez se vio sinceramente molesto por la niña.

—No puedes hablarle así a la reina —le dije queriendo sonar conciliador y la mirada que me dedicó fue peor que cualquiera que le había puesto a Bra.

—Tú no me hables —respondió el calvo y me contrarié, llegando a sentirme molesto—, eres el juguete de la princesa y haces cualquier cosa que ella te ordene. —Bufé enfadado con la intención de responder pero Bra me mandó a callar enseguida y para mi desgracia no tuve más remedio que obedecer, dándole la razón al general que tuvo la decencia de no decir nada más del asunto—. Necesita la reunión inmediata del consejo de guerra, princesa. No eres una guerrera y tampoco eres Trunks. Necesitas guerreros que te guíen ahora, una mujer jamás ha dirigido el planeta.

Bra puso mala cara enseguida y frunció los labios con rabia. Podía asegurar que el comentario que más la había dañado había sido la comparación con Trunks. Con toda la rigidez que podía demostrar, Bra respondió.

—Soy tu reina ahora —le dijo—, la próxima vez que me llames «princesa» te olvidarás de que alguna vez participaste de un consejo. —Busqué alguna señal desfavorable en el rostro de Nappa y no pude notarle ninguna variación en su semblante, casi como si se esperara esa reacción o la encontrara natural. Entendida la amenaza, la única heredera viva de Vegeta prosiguió—. Dile a Pepper que la veré después. Tendrás tu consejo ahora.

Y la nueva soberana del planeta moribundo se giró para subir las escaleras que la separaban de los tronos y se dirigió directamente al asiento más tosco y grande de los dos. Sin muchos miramientos, se sentó en el lugar que había sido de Vegeta pero tomó la postura de Bulma, esa recta que no daba a entender que estaba aburrida, y nos escudriñó a todos desde las alturas. Sonreí de lado cuando la vi ahí y me permití ver a Nappa de soslayo, no supe si estaba feliz de estar ahí con esa soberana pero entendía que era complicado. Después de todo, el planeta Vegeta jamás había tenido una reina antes.

Los soldados de la reina salieron de la sala para darnos privacidad y sólo Tomma, Nappa y yo pudimos quedarnos, siendo los únicos consejeros que había en ese momento. Los tres tuvimos el derecho de subir unos cuantos escalones pero siempre teniendo cuidado de que Bra quedara más elevada sobre su trono. Para evitar que Nappa comenzara con la conversación y hacerlo notar como el líder, Bra comenzó a proponer sus ideas y el calvo no hizo otra cosa más que escuchar.

—Quiero que todos los arrodillados, tanto reyes como sirvientes, evacúen el planeta en las naves que les proporcionemos. Todo el ejército está muerto y tenemos naves de sobra, no hay que desperdiciarlas. —Aquello había sonado como algo que diría Trunks y ambos consejeros asintieron en silencio.

—Se hará —prometió Nappa y Bra no supo qué más decir—. Ahora, si me lo permite, debe buscarse a un rey y desposarlo enseguida —aquello sorprendió tanto a la chiquilla que abrió y cerró la boca muchas veces sin poder hilar una frase inteligible, y pronto se sonrojó. Nappa no quiso sonar del todo romántico y se apresuró a explicarse—. No niego su derecho al trono, nunca lo he hecho, princesa. Reina, digo reina —hizo una pausa—, pero las costumbres han sido siempre las mismas. Una reina no debe reinar, las reinas son para engendrar a los herederos. Un rey es lo que seguirán los hombres, no a ti.

—¡Pero los hombres juraron que eran leales a mí!—Bra estaba enfurecida y se incorporó del trono como una manera de hacerlo notar. Ni así Nappa se sintió aludido por su furia y tuve la necesidad de subir la plataforma hasta ella pero no lo hice.

—¿Y cuánto crees que eso siga siendo así?—La pregunta la tomó por sorpresa y por un momento relajó la mirada, noté un poco de miedo—. Los hombres siguen hombres, no niñas. Todo el mundo lo sabe. Necesitas a un rey para que lo sigan a él. —Bra instintivamente bajó la mirada para buscar la mía y por unos segundos nuestras pupilas se enfrentaron, lila contra negro. Tomma subió un peldaño para hacerse notar, diría algo, y su mirada se posó en él.

—El rey Trunks dio órdenes antes de…, antes de morir. Dijo que Goten sería su prometido —recordó el recién estrenado consejero—, no sabemos si sigue con vida… —la interrupción de Nappa volvió a aparecer.

—¡Goten es un híbrido! —Habían ocasiones en las que todos olvidaban ese detalle al ser Goten moreno y Tomma se encogió de hombros—. La reina ya es una sangrediluida, no podemos permitir que su linaje se siga perdiendo con otro híbrido a su lado.

—¡Paren!—El arrebato de la reina hizo que todos se voltearan hacia ella—. Dejen de tomar decisiones como si yo no me encontrara aquí —dijo—. ¡Yo soy la reina ahora! Y no me casaré con nadie para que gobierne por sobre de mí, no soy el agregado de nadie. Se terminó esta discusión.


Al caminar por los pasillos polvorientos del planeta, Marron comprobó la destrucción del ataque. El sector donde se encontraba no había sido devastado por la lava pero sabía que existían otros lugares que no habían contado con la misma suerte. La calle que había alojado las muchas de construcciones alienígenas que ella misma había visitado con Trunks en el pasado, se encontraban azotadas por los sismos que hacían temblar al planeta y los pocos seres que quedaban ahí estaban sacando sus pertenencias para irse de ahí. Cabizbaja, comprendió que su huida comenzaba en el palacio de Vegeta a donde clamaban a la autoridad de turno para que los sacara de ahí.

«Bra, ¿estarás a punto de huir? —La fuga de una pareja de alienígenas la hizo girarse a la dirección contraria, el pelo rubio estaba enmarañado y el viento lo llevaba continuamente hacia su cara, por lo que nadie podía reconocerla. Se veía tan deplorable como cualquiera de ahí y se volvió al frente con un movimiento robótico con la intención de seguir con su camino. Marron se movía tan lentamente que parecía herida y mucho más vieja de lo que era en realidad.

Cuando por fin llegó a su objetivo, tuvo que sujetarse al umbral de la puerta de la taberna para no caer. Un nuevo temblor sacudió el suelo y se sintió peor que cualquier otro, llegando a sentir una oleada de gritos a lo lejos. Un derrumbe o una ola de fuego líquido, pensó Marron con pesar, y quiso llorar pero sólo logró desfigurar su cara, ninguna lágrima salió de sus ojos. El lugar estaba vacío y desordenado, como si antes de salir todos hubiesen sacado algo para sí. No se devastó por aquello y fue a tomar un asiento en la barra sin saber por qué lo estaba haciendo. Se miró las manos sucias y las dejó reposando sobre su regazo, optando por mirar hacia el frente. Apenas había comenzado a divagar cuando escuchó ruido en las habitaciones y supuso que habían sido las cosas que caían debido a los sismos, hasta que detrás de una puerta salió Chichi. La mujer la miró con sorpresa e intentó moverse pero llevaba muchas cosas bajo los brazos y tuvo que hincarse sobre el suelo para dejarlas abajo antes de acercarse. Estaría escapando, pensó la rubia al verla acercarse pero Chichi se acomodó detrás de la barra en lugar de sentarse junto a ella.

—¿Qué haces acá? —le preguntó sin siquiera mirarla y revolvió cosas fuera de la vista de Marron. Escuchó el sonido de vidrio, del destape y finalmente de líquido vertiéndose en un recipiente—, deberías estar en el palacio. Es más seguro ahí, supongo.

—Podría preguntarle lo mismo —afirmó la rubia con un hilo de voz y Chichi sonrió tristemente.

—No puedo irme de aquí sin mi hijo, no podría encontrarme si me voy —dijo no muy segura y Marron supo que mentía, Goten podría encontrarla a donde quiera que estuviera por su poder de ver sin ojos. Seguramente eso también lo sabía la madre y asumía que dejar el lugar era ceder ante la posibilidad de que su hijo estaba muerto—. Este planeta no explotará tan pronto, lo siento en mis entrañas, un lugar tan malo no dejaría de existir tan fácilmente —rió apagadamente y luego le extendió una copa de licor, dejándose una para sí. Al extenderla en el aire, Marron la imitó y tras hacer chocar las copas bebieron hasta el fondo.

El silencio las embargó y Marron pudo ver que los ojos de la morena estaban húmedos, contagiándola con la misma tristeza y sintiéndola en el ardor de sus ojos y frente. Al cabo de pocos momentos, la hija de Número 18 consiguió lo que no había podido antes y comenzó a sollozar sobre la barra, con las manos en la cara como si eso fuera a hacerla invisible.

—Lo lamento —sollozó la rubia con descontrol y Chichi negó con la cabeza.

—Sé lo que pasa por este momento en tu cabeza —respondió—, piensas que tu rey ha muerto —adivinó Chichi con seriedad y el asentimiento de Marron vino en forma de sollozo. Lejos de estar enfadada, la morena le acarició la cabeza con ternura—. No te voy a mentir, es una posibilidad que debes tener en cuenta. Y si es así, entonces lo más seguro que mi hijo también lo esté. —Nuevamente estaba ahí la sonrisa triste de Chichi y Marron se sintió culpable de estar de esa forma con ella. Había sufrido la muerte de su esposo y la desaparición de su primogénito, la muerte de Goten sería otro punto más en su lista de horrores. Ella solamente tenía el supuesto deceso de Trunks…—. Así que te pediré por favor que pienses positivo, sino pasa nada estarás sufriendo más de la cuenta.

La rubia abrió la boca para decir algo pero se encontró sin nada que decir y la madre de Goten negó con la cabeza cuando quiso decir algo…

… Hasta que un temblor violento sacudió todo y las cosas comenzaron a caer a su alrededor. Chichi miró hacia el techo con el ceño fruncido y saltó de improviso la barra para quedar a un lado de Marron, que estaba paralizada, y la atrajo a ras del suelo a donde le agachó la cabeza y se cubrieron con los asientos. El techo se desmoronó sobre sus cabezas y los asientos hicieron lo que pudieron para mantenerlas a salvo. Cuando terminó el sismo las cosas siguieron cayendo y Chichi comenzó con la tarea frenética de sacarlas ahí, pateando los escombros y dándole golpes a la mole que se había sentado sobre ellas. El silencio se cernió sobre ellas y sólo los golpes de Chichi y sus gemidos de cansancio podrían arrancar un eco en su prisión, y Marron comenzó a llorar en silencio, ¿quedarían ahí hasta que estallara el planeta? Chichi estaba determinada a que no y siguió golpeando los escombros aún cuando estaba claro que no lograría mover ninguno.

—Saldremos de aquí —gruñó la morena cuando escuchó el lamento de la chica y siguió golpeando pero de forma más lenta y cansada. Al final terminó por detenerse y se echó para atrás para abrazarse de la hija de la mujer que le había quitado a sus hijos—. Alguien vendrá. Estoy segura. —Pero lejos de parecer segura comenzó a llorar junto a ella en un canto infeliz y silencioso.

Otro temblor las hizo crisparse y abrazarse de la otra a la espera de que la montaña de escombros no colapsara sobre ellas. Les cayó polvo cuando las ruinas comenzaron a moverse con rigidez y Marron chilló al tiempo que cerraba los ojos ante la inminente caída de los trozos de techo. Chichi la abrazó más fuerte por su propio terror y un rayo de luz les iluminó pobremente las caras. Una mano se extendió en el interior sin que Marron la pudiera ver y la morena la empujó hacia la abertura que habían abierto para que ella pasara primero. Con desconcierto, la rubia desapareció en el exterior y la mano volvió a entrar para sacarla de ahí y sin pensárselo dos veces, Chichi salió con los ojos contraídos por el polvo en suspensión y el brillo excesivo. Antes de poder ver siquiera sintió el grito desgarrador de Marron y el corazón le dio un vuelco, luego escuchó la voz de Goten…

—Han pasado muchos años, Chichi… —le dijo una voz dulce al frente y sus ojos volvieron a ver, su esposo estaba sosteniéndola de la cintura, enfrentándola—, tu energía me trajo acá. Lamento no haber podido llegar antes.

—Goku… —alcanzó a decir ella antes de comenzar a llorar abrazada de su cuello grueso y él simplemente la abrazó con una sonrisa en los labios.

—¡No estés triste! —le pidió con una risa fácil mientras le acariciaba la cabeza con la palma abierta—. Goten está aquí también. Y Gohan.

Gohan. Todo el ruido del lugar pareció acallarse para que la mente de Chichi sólo escuchara su propia respiración, y se despegó de su marido desaparecido por mucho tiempo para mirar el lugar. Marron lloraba en el suelo a un lado de un Trunks inanimado y Goten estaba intentando separarla de él sin mucho éxito. Había sangre por todo el lugar y detrás de Goku, su primogénito estaba recostado boca arriba, transpirando un mar de sudor y la sangre teñía el paño que envolvía el muñón que tenía de brazo. Sin pensarlo dos veces, la morena saltó sobre su hijo con horror y su marido la siguió en silencio, llegando a hincarse junto a ellos y a ponerle una mano sobre la frente a Gohan.

—No habría podido llegar al planeta sin tu energía, Chichi, pero no podemos quedarnos mucho tiempo tampoco. Gohan necesita ayuda médica si queremos salvarle la vida —dijo Goku con la voz seria y Chichi asintió, pálida. De fondo se escuchaban los lamentos de Marron—. Goten dice que en el palacio hay tanques de recuperación, debemos ir hasta allá. Dice que la hermana del rey nos lo facilitará.

—El rey… —preguntó con un hilo de voz la morena y se agarró del cuello de las ropas alienígenas de su esposo. No pudo seguir, le daba terror hablar de los muertos en presencia de sus seres queridos. Sabía que Marron era la pareja del rey y su hijo menor, su mejor amigo.

—Está muerto, Freezer lo asesinó en su nave —le explicó con la voz dura, casi como si le molestara recordar ese suceso.

—¿Y Freezer? ¿Perdieron…?

—No —dijo él—, Freezer está muerto. Yo lo maté.


Bra se acomodó en el trono para parecer más alta de lo que era, siendo que las puntas de los dedos de sus pies apenas rozaban el suelo. Habían avisado que unos pocos soldados habían vuelto de la colonia del oeste y Nappa los hizo llamar enseguida para que juraran ante Bra, incluso antes de que fueran a sanarse a los tanques de recuperación. Había rumores de que Pepper estaba con ellos y eso había descompuesto la cara de la pequeña reina, a tal punto que dejó de prestar atención a los hombres que nos quedábamos junto a ella. Sin saber qué hacer y harto de los temblores que seguían sacudiendo el suelo bajo nuestros pies, tomé haciendo en las escaleras que daban al trono y esperé. El silencio era estremecido sólo por las exhalaciones nerviosas de los nuevos e inexpertos soldados de Bra, todos queriendo marcharse del planeta antes de que explotara, y los sismos los volvían nerviosos.

Entrelacé los dedos de ambas manos y esperé encorvado hacia delante, con la capa azul planchada sobre las baldosas. Mirando por sobre el hombro, escruté a la reina con el rabillo del ojo y ella no me miró de vuelta, estaba concentrada en la entrada de la sala, esperando el momento en el que Pepper y sus hombres entraran por la puerta. Y no tomaron más tiempo del que era necesario, los ecos arrancados por los pasillos trajeron el rumor de los recién llegados. Hombres y una mujer, hablaban enfadados de guerra, reyes muertos y niñas inexpertas. Al incorporarme del peldaño, miré una vez más a Bra antes de ponerme a su lado como su guardia personal y ella me ignoró por enésima vez en la primera jornada de audiencias. El comandante que cruzó primero la puerta venía riéndose.

Nappa escoltaba a los siete soldados que habían logrado llegar con vida de la guerra, incluida a una Pepper desgarbada y derrotada. Tomma iba al lado contrario y junto al calvo, condujeron a los recién llegados hasta el inicio de la plataforma. Los soldados nuevos de la reina se formaron ordenadamente en el primer peldaño y sus pasos sonaron al unísono. La única mujer de todo el puñado pareció asustarse por el ruido y Bra la miró con los labios fruncidos, nerviosa de ponerse a hablar.

—Comandante —comenzó la niña imitando la voz de una mujer, dirigiéndose al hombre que le sostenía la mirada, los demás estaban cabizbajos—. ¿Estás dispuesto a jurarme lealtad, como tu reina y única heredera al trono?

—¿Arrodillarme ante a una mujer? ¿Estás loca? Preferiría hacerlo ante el inútil de Tarble—contestó el comandante con una mueca burlona, escupió en el suelo como si le hubiese dejado un mal sabor en la boca—. El único poder que tienen las mujeres sobre mí es el agujero que tienen entre las piernas.

Bra lo miró con disgusto mientras fruncía el ceño, estaba en altura y la cabeza la tenía rígida sobre el cuello, por lo que sólo se dignó a dirigir sus pupilas lilas hacia el soldado. Al cabo de un instante, puso las manos sobre los mangos del trono que había sido de su padre y después de su hermano, con un gesto familiar.

—¿Es eso un no? —preguntó con fingida indiferencia pero se notaba perfectamente su molestia.

—¡Por supuesto que es un no! —respondió como si fuera obvia su respuesta—. ¿Jurar ante una mujer? Tú no eres Trunks, él era un buen rey, niña, el mejor que hemos tenido en toda nuestra historia. Coronarte a ti es coronar nuestra mala suerte, es la guinda a la torta de nuestra desgracia. Jamás me arrodillaré ante ti, híbrida, prefiero estar muerto.

—Está equivocado, comandante —expresó con una calma profunda y su voz se sintió más madura que su edad—. Ese no es el único poder que tengo sobre ti —dijo y miró al calvo, asintiendo una vez lentamente. Era la señal que estaba esperando—. Nappa cumplirá tu deseo.

El comandante desfiguró el rostro cuando vio al gigante de más de dos metros preparándose para darle un golpe fatal. Su cuerpo cayó dando un rebote, con la cabeza en una posición anormal y los dientes teñidos de rojo. La niña sobre el trono se estremeció un tanto por ese espectáculo espantoso y apartó la mirada con los labios apretados. Los soldados que estaban atrás del comandante la observaron tímidamente desde sus posiciones, asustados no por Bra, sino que por el destino del planeta que se iba escribiendo.

—¿Y ustedes? ¿Me jurarán lealtad a mí o prefieren seguir al comandante? —Miré a la reina con el rabillo de mi ojo con extrañeza, algo emocionado por cómo iba tomando su nuevo rol aunque estaba casi seguro que se pondría a llorar cuando no la vieran.

Los soldados hincaron la rodilla con inseguridad, como si no tuvieran más remedio que seguir a esa reina que se veía extranjera y que nadie conocía realmente. Cuando Trunks entrenaba junto a ellos en las cámaras de gravedad, Bra iba a ver vestidos alienígenas en la Ala del Comercio; y cuando Trunks sangraba junto a ellos en la guerra, Bra se escondía en el planeta, a salvo de cualquier violencia. Nadie sabía de lo que era capaz esa híbrida, más terrícola que saiyan, y francamente, yo tenía mis propias dudas.

La reina los miró desde las alturas pero se fijó en sólo una.

—¿Incluso tú, Pepper? —cuestionó Bra a la última en hincarse en el suelo al tiempo que se incorporaba de su asiento. Al verla bajar por la plataforma, enarqué las cejas con sorpresa. Su capa roja se atiborraba en los escalones más arriba y la seguía como un cojín de tela que reptaba a su siga. La guerrera se aventuró a sólo mirarla con las pupilas altas, siempre cabizbaja, y buscando continuamente a Nappa, a su lado. Parecía que temía más del calvo que a la chiquilla y era complemente esperable.

Pepper asintió una vez con la cabeza gacha y Bra sonrió de lado, complacida de su reacción disminuida.

—Tienes algo que me pertenece —y le extendió una mano. Cuando Pepper subió las pupilas una vez más, Bra movió los dedos con ansias. La guerrera derrotada se llevó las manos al cuello y debajo de su armadura rota, apareció el amuleto que Trunks le había dado el día de su coronación. Pepper le acercó el medallón que era la réplica más pequeña que llevaba el rey y que pasaba de generación en generación. Al estar Trunks presuntamente muerto, el amuleto original había desaparecido junto a él y aquella medalla, que correspondía a la reina, era suya por derecho.

La reina sonrió cuando tomó el collar y lo dejó sobre la palma contraria, para darse media vuelta y volver a su puesto en alto. Los hombres arrodillados se levantaron del suelo con rapidez y Bra los miró con el rabillo del ojo, sorprendida de que lo hicieran antes de que ella se los ordenara.

—Pueden irse si quieren —le dijo simplemente en la mitad de la plataforma y se pasó el collar por la cabeza—, hay una nueva reina ahora —se dijo para sí y volvió a subir los peldaños. Al llegar a la cima, caminó al trono en línea recta y sin toparse con mi mirada. Fruncí el ceño con molestia.

Tomma buscó la mirada de Bra pero fue Nappa quien le dio las indicaciones y ambos condujeron a la columna de nuevos leales al trono, de vuelta a la enfermería para que los atendieran. Pronto el séquito desapareció detrás de las puertas y no pasó mucho tiempo para que los dejáramos de escuchar también. Bufé con sonoridad y caminé hasta el último peldaño con pasos pesados, al mirar hacia abajo, los soldados en el primer peldaño me observaron con extrañeza.

—Afuera todos —les dije sin inmutarme con la cara de confusión que se imprimió en sus rostros, tanto de los soldados como el de Bra, y se miraron unos a otros antes de obedecer mi orden. La chiquilla no hizo ni dijo absolutamente nada y me miró con desconcierto cuando me acerqué a ella. Fue la primera vez en mucho tiempo que me miraba directamente a los ojos y no de forma afectiva. Sólo cuando estuvimos solos, pudo decirme algo sin que los demás percibieran por su molestia.

—¿Qué fue eso? —La actitud de la reina que estaba en el trono no me estaba gustando—. Yo soy la que debería dar las órdenes, no tú. ¿Qué crees que pensarán cuando…?

—No me interesa lo que piensan ellos —la interrumpí con dureza y ella se asustó por un momento, llegando a hacer retroceder su espalda y pegarla al respaldo—. Estás siendo esquiva conmigo —puntualicé frente a ella y sus mejillas se encendieron sin compasión. De pronto, toda la frustración para con ella de disolvió tan rápidamente que me puse a sonreír—. Cásate conmigo, Bra —dije—, seremos el clase baja y la híbrida más famosos de la historia de nuestro planeta.

—¿Qué estás diciendo?—cuestionó como si esa idea jamás se le hubiese cruzado por la cabeza y sonreí al acercarme a ella. Mi sombra la oscureció enseguida y se encogió de hombros como si estuviera pronta a huir, mirándome con temor hacia las alturas. Cuando le tomé los dedos de la mano izquierda intentó quitármela pero mi fuerza sólo hizo que retornara hacia su posición inicial como si fuera un resorte—. Detente…

—Ambos sabemos que eso es lo que quieres, Bra—respondí hincándome ante ella sólo para que estuviéramos en alturas similares—, aún recuerdo que me elegiste el día que Trunks intentó cortarme la cabeza —recordé, Bra se sonrojó con violencia—. No sé por qué ahora no me quieres. Vamos, cásate conmigo.

—Ya no soy la princesa —dijo con terror—, ¡ahora soy la reina! No puedo pensar en lo que yo quiera, nuestra raza está enfrentando un momento difícil…, debo hacer lo que dice Nappa, debo hacer lo mejor para mi pueblo.

—¿Al no casarte? —No hubo una respuesta de parte de ella y se mordió el labio—. No me interesa en lo más mínimo nuestra raza, ¿cuántos quedamos? Puedes considerarnos extintos y dará igual, pasarán muchas generaciones para que podamos alcanzar una población decente. —Bra intentó nuevamente soltarse la mano pero le fue imposible y de un movimiento brusco le tomé el antebrazo y la atraje hacia mí. Cuando estuvo ante mi coraza suspiró sofocada y me acerqué a su cara hasta que mi aliento le entibió las mejillas. Al hablarle lo hice susurrándole—. Los que no me permitieron estar contigo están muertos, Bra, o pronto lo estarán. Tú serás mía, niña, y yo seré tu rey. No hay otro mejor para eso y lo sabes. Cualquier otro desearía el trono para sí —le dije—, pero yo sólo te quiero a ti.

Sonrojada y temblando de pies a cabeza, irguió el mentón para compensar su porte pobre, tiesa contra mi cuerpo. La expresión que me dedicó fue una mezcla de confusión y tristeza.

—No puedo casarme contigo, Raditz —me dijo con problema—, eres un Clase Baja… —continuó con la voz contenida, como si hubiese dicho un insulto ofensivo y me reí con la boca cerrada.

—Y tú una híbrida. —Comencé a reír con la boca cerrada y ella apartó la mirada con pesar.

—Pero Trunks…, él desposó a Pepper aun sabiendo que no la amaría jamás —explicó con la voz quebradiza—. Él sabía que era lo correcto. Y yo debo hacer lo correcto ahora, debo casarme con alguien de mi clase.

—Y de qué le sirvió lo correcto si terminó muerto igual. —Aquello devastó a Bra de sobremanera e hizo aterrizar su frente sobre mi hombro acorazado. Al quejarse, su voz sonó amortiguada e infantil. Percibí que estaba cediendo a la idea cuando bajó los hombros en un claro gesto de alivio y se separó de mí con lentitud. Sobre el trono tosco de Vegeta, Bra se levantaba del suelo hasta quedar más alta que mi cabeza por mi posición hincada y me puso las manos sobre las mejillas con ligereza. Luego, las hizo deslizar hasta el cuello y terminó posándolas en mis clavículas.

—Muchos nos odiarán —concluyó con distancia y una melancolía que era palpable. Aunque sonreía, supe que estaba asustada. Le respondí con una risa suave.

—Que vengan —dije—, que intenten matarnos. No me interesa.

Nappa apareció en la sala con unas zancadas silenciosas y cuando estuvo en el camino largo hacia la plataforma, pisó más fuerte para descubrirse y me incorporé del suelo con sorpresa. Bra lo miró con las mejillas encendidas pero no se molestó en moverse del trono. El calvo llegó el primer peldaño de la plataforma para hablar, ignorando completamente lo que había visto antes.

—Mi reina —dijo el calvo con la mirada endurecida, con total claridad de lo que estaba pasando antes de que él llevara—, debería venir ahora, hay algo que tiene que ver. —Antes de que alguien preguntara de qué naturaleza se trataba, Nappa se adelantó—. Es sobre el rey Trunks. Lo han traído, Goten está con algunas personas en la sala de recuperación. Su hermano federado está mal herido.

—¿Y Trunks? ¿Está en los tanques? —quiso saber la niña con una esperanza renovada y Nappa no pudo ni siquiera abrir la boca. Al cabo de unos momentos de tensión, negó con la cabeza y su semblante lo dijo todo. Un sollozo lastimoso salió de la boca de la regente y se cubrió la boca con una mano, sin poder derramar ninguna lágrima debido a la sorpresa. Nappa dio un paso al lado para permitirle la pasada libre y Bra se encaminó a la salida en una lenta precesión a la sala de los tanques, más cabizbaja que antes. Era muy probable que Trunks hubiese estado muerto a esas alturas pero una posibilidad era muy distinta a una realidad y Bra esperaba hasta ese momento que su hermano volviera con vida al planeta. La niña estaba avanzando por el pasillo cuando decidí que debía seguirla pero Nappa obstruyó nuevamente la salida con su cuerpo que era mucho más alto que el mío.

—Sé lo que intentas. No lo hagas. —Su advertencia sonó más a una sugerencia que una amenaza—. La niña te estima demasiado y es capaz de hacerse la tonta por ti. Recuerda que eres de la Clase Baja, no eres digno de ser rey. —Y se giró sobre sus talones para seguir a la reina por el pasillo, sin esperar una respuesta. No la tenía.


Nota de la Autorísima: ¡Hola! Luego de muuuuchas lunas sin vernos, "terminé" el primer capítulo de la última parte. Digo "terminé" porque lo que hice en realidad fue borrar lo que no tenía terminado y dejé sólo lo que estaba listo xD Fue trampa, lo sé, pero he llegado con cara de zombie todos los días de la u y siempre que me siento a "terminarlo", lo único que logro hacer es mirar el word con la peor cara que tengo y la mente totalmente en blanco jajaja ¿Me creerían si digo que esa es mi cara en este momento? Es horrible...

Como ya algunos saben, mi febrero fue triste por la muerte de mi perra de quince años, mi marzo por mi tesis que no quiere salir y ahora último porque me operé la nariz. No fue estética sino que funcional, mi nariz era lo más inútil que existía xD y ahora me ahogo por todo el aire que respiro(?) jajaja Así que como entenderán, creo, no he tenido mucho tiempo para mis divagaciones frikis.

Primero lo primero antes de que lo olvide, quería contar mi dato freak (?) El cómo se terminó la parte de Trunks fue lo que originalmente daría fin a toda la historia y como no encontré mejor trama que esa, la adelanté un tanto jajaja El reinado de Bra va a tener una cosa menos de qué preocuparse (Freezer) pero lo malo es que no tendrá planeta dónde reinar jajaja

Además, como habrán notado, no recurrí a ninguna pelea ahora pero planeo hacerlo después, en algún momento Goku explicará qué fue lo que sucedió en la nave de Freezer antes de llegar mágicamente al planeta Vegeta. Espero que no les haya molestado, quedé un poco drenada (?) de peleas en el capítulo anterior...

Lo otro pero no menos importante, me pareció curioso que muchas saltaran a decirme expresamente lo que no les gustó y con esto no digo que sea malo, al contrario, espero que los detalles que no les hayan gustado antes estén superados o suplidos en su defecto por este capítulo. Como ya dije en fb, este capítulo fue un fangirleo horroroso jajajajaja distinto al capítulo anterior porque fue más ¿romántico? no lo sé, sólo fue distinto xD

Sé que este capítulo sólo tiene tres escenas pero hay dos que son especialmente largas xD y en total, las palabras son 7mil y fracción, lo usual en mis capítulos. En el siguiente vendrá lo que dejé atrás, obvio, cuando tenga más cabeza que ahora xD

Y bueno, ahora quiero darme el lujo de hacer una lista(?)

CONTADOR DE MUERTES

Rey Vegeta, Señor Brief, Bunny Briefs, Mister Satán y humanos extra, Krillin, Vegeta, Bulma, Seripa, Dodoria, Trunks, Bardock, Freezer, extras de la tripulación de Freezer(?), (Casi todo) el ejército de Trunks.

Creo que son todos :) y vienen más xD

Gracias a los comentarios de Gris, Tourquoise moon, Mary Deveraux, asaia16, kiara y Prl15.

Besitos y buenas noches :3 las veré en mis sueños(?) RP.