44
Extinción
La niña Reina se acercó a la sala de los tronos sin que los sismos se lo impidieran. A esas alturas del día ya se habían vuelto cada vez más feroces e insistentes, y muchos de los ingenieros, pero pocos de los científicos, se fugaron de los laboratorios cuando no se los vigilaba como correspondía, por lo que Nappa les puso a un guardia en la puerta cuando nos percatamos de que menos de la mitad de los hombres de ciencia permanecían en sus puestos. Aunque seguían alegando, «ya no queda tanto tiempo», lloriqueaban al calvo, «tan sólo unas horas para que el planeta explote», profetizaban también, pero el guerrero no les prestaba la más mínima atención.
—Tenemos tiempo —aseguraba Nappa sin la menor idea de lo que sabían los científicos—, una raza guerrera como la nuestra no se extinguirá de esta manera. Nosotros morimos peleando, no explotando.
La otrora princesa intentaba no razonar así y se limitaba a atender aquello que el general de su padre la instaba a hacer, porque habían muchas cosas que debían solucionar antes de huir de su propio planeta. Qué irónico estaba resultando todo, pensaba ella, la tradición nefasta que su raza había seguido desde antes de su propio nacimiento culminaba con ese momento: sucedía una mujer al Trono machista, el planeta no tardaría en sufrir el mismo destino que muchos de los planetas que atacaban en los tiempos de gloria y casi todos sus guerreros habían perecido en la Guerra de Trunks.
—«Hermano, lo lamento… —le dijo mientras avanzaba en el pasillo que estaba oscuro porque ya no quedaban sirvientes en el palacio. No sólo los ingenieros dejaron sus deberes cuando había llegado otro postor por sus vidas, además de sus amos. La muerte era definitiva y muchos elegían su libertad cuando sus amos ya no se veían tan poderosos como antes: ni siquiera los más grandes guerreros del universo conocido podrían soportar la destrucción de un planeta—. No puedo proteger a nadie porque no soy poderosa, sólo soy una mujer que no es guerrera…, una Reina regente del planeta de mi padre no debería ser así.»
—¿Dejaste de estar deprimida, princesa? —Mi presencia la hizo detenerse en medio del corredor y por un momento pensó que había hablado en voz alta y la había escuchado, lo cual no era cierto. Era fácil darme cuenta cuándo estaba deprimida y en esos momentos lo difícil era darse cuenta cuándo no lo estaba.
—Reina —corrigió como si eso la ofendiera pero Bra añoraba volver a ser la princesa heredera que era antes—, soy tu Reina ahora, ¿recuerdas?
—No —espeté cuando me puse a caminar hacia ella y me detuve ante su cuerpo pequeño para ponerle las manos en sus hombros. Como era una mujer su armadura no contaba con hombreras porque rara vez se veía una con ellas—. Eres mi esposa, ¿lo recuerdas tú?
Bra hizo una mueca con la boca, la verdad era que no estábamos casados a sus ojos porque los dos teníamos conceptos bastante diferentes en cuanto se refería a la pareja. En general, un saiyan promedio elegía a una compañera sin ceremonia ni festejos, sólo comenzaba a referirse a ella como tal y ya. Bra, en cambio, estaba contaminada con las historias de matrimonios de la Tierra y un centenar de colonias más, de donde venían sus sirvientas más preciadas.
La niña Reina miró por sobre su hombro y divisó la sala de los tronos a donde se estaba dirigiendo antes de encontrarse conmigo, y deseó estar ahí en vez del corredor. Evitarme era la mejor forma de no tomar decisiones propias sin tener que escuchar las réplicas ácidas de Nappa, quien ya se coronaba como su más ferviente consejero y que decidía por ella gran parte de las medidas que se tomaban, porque Bra no tenía el poder ni el valor de contradecirlo.
—No lo he olvidado —y miró sus botas como si se sintiera atormentada por un Nappa que no se encontraba ahí, asumía que el calvo tendría algo que decir respecto a eso—. Es sólo que siempre pensé que cuando me casara tendría una ceremonia y luego habría un festín. Mi madre me contaba cómo era la manera en la Tierra pero no recuerdo con exactitud cómo era…, yo sólo quería un vestido claro. Blanco quizás.
—Tienes muchos vestidos en tu habitación —le recordé con simpleza—, asumo que habrá uno claro ahí. No creo que quede comida para un festín. Ya está, serás mi esposa en la costumbre terrícola.
Pero eso no era lo que ella quería. Su fantasía compleja jamás iría a ser entendida por la mente simple de un guerrero, tener compañera era algo natural que nos alentaba a procrear, la batalla era lo más importante. Bra llegó a sentirse un tanto enfadada pero no dejó que eso la dominara, un sismo sacudió la tierra bajo nuestros pies y tuvo que pararse fuertemente sobre sus botas para no irse al suelo.
—Deberíamos ir rápido, hay que terminar con esto para irnos de aquí —expuso ella más asustada que enfadada y se arrimó al pasillo para caminar con agilidad hacia su destino, aun con el temblor ronroneando bajo la planta de sus pies—. ¿Qué es lo que dicen de la explosión que sufrió la nave de Freezer? ¿Quién la hizo pedazos?
—No, Reina —le respondí mientras caminaba detrás de ella, soné demasiado formal como para pasar por algo más que su guardia personal—. Se especula que murieron todos los tripulantes y que hubo una desestabilización en la nave. Pero nada es concluyente aún.
—¿Y qué hay del que llaman «el último vigilante»? ¿Ya lo has visto? —Bra había ordenado que fuera yo quien hablara con el recién llegado y su prole, por ser sindicado como el segundo hijo de Bardock, el mismo que había escapado del escuadrón de Vegeta en sus primeras horas en la Tierra, porque era su hermano y podría decidir si era él realmente. Pero yo no había cumplido, ese que había sido mi hermano llevaba mucho tiempo muerto y ya no lo consideraba como tal. Sólo esperaba verlo cuando se presentara ante la Reina en la sala de los tronos, había pedido una audiencia con ella y Bra no se había negado.
El sol de nuestro mundo moribundo ya se estaba extinguiendo en el horizonte y nos teñía a todos con un color anaranjado que a ratos se hacía rosado, sería el último atardecer que vería en ese planeta y lo miré con recelo, sin terminar de asimilar que no volvería a salir el sol.
Bra tomó asiento en el trono que le quedaba demasiado alto como para tocar el suelo con los pies, aunque intentó disimularlo lo que más pudo. Nappa no tardó en aparecer y se puso a su derecha cuando me vio a su izquierda, y procuró estar más cercano a ella de lo que yo estaba, para susurrarle primero y ordenar con más fuerza. Gruñí una maldición y negué con la cabeza aun cuando ninguno de los dos me estaba mirando. La mueca de desagrado quedó en mi cara por más que me pusiera a hablar.
—¿Qué pasará si llegase a ser Kakaroto?—me preguntó a sabiendas que entendería que estaba hablándome a mí, Nappa no obstante no entendió la naturaleza de la pregunta hasta que hablé. Enseguida frunció la nariz y su diminuto bigote adoptó un ángulo recto en un costado.
—Si es cierto lo que dicen —comencé—, entonces no tienes nada que temer. Kakaroto era un ingenuo y era bastante especial. No había maldad en él. —Pero ella no sonrió ante mi declaración, estaba aterrada desde que había visto el cadáver de Trunks, tan tieso que no parecía real.
—Debe ser Kakaroto—dijo, luego se explicó mejor—, dicen que es la viva imagen de Bardock cuando era más joven.
Como si estuvieran preparados para ese discurso, la familia completa de mi hermano, salvo el primogénito, apareció por el umbral de la puerta. Chichi miró al trono con recelo y un tanto de inseguridad y sólo siguió avanzando porque su esposo la instó a hacerlo con una mano sobre su espalda. Goten caminó adelante, sintiéndose en casa, pero tuvo el cuidado de no subir los escalones de la plataforma, quizás por respeto, quizás para no dejar atrás a su familia.
No pude contener una exhalación cuando lo reconocí como mi hermano menor y tanto Nappa como Bra abrieron desmesuradamente los ojos al ver la viva imagen de Bardock ante ellos, como si jamás hubiese muerto en la nave de Freezer. Pero esta visión de mi padre no era él, era más joven y tenía una expresión amable, y le sonrió suavemente a la Reina como si la apreciara.
—Tú eres a quien le llaman «el último vigilante» —preguntó la chica al hombre recién llegado y éste asintió con la cabeza una vez, Chichi se puso nerviosa a su lado—. ¿Eres Kakaroto, hijo de Bardock y hermano de Raditz, a quien tengo a mi lado?—preguntó señalándome con la mano extendida y me sentí tonto.
—No recuerdo ni a Bardock ni a Raditz, y lo siento si te ofendo, hermano. Dicen que me parezco mucho a mi padre y pude comprobarlo aunque no tuve la oportunidad de poder hablarle en vida. —Luego aplanó un poco su sonrisa, haciéndose serio de repente—. Lamento mucho su pérdida, Reina. Fue mi culpa, debí haber protegido a su hermano.
Bra enrojeció un poco cuando el ardor del llanto acudió a ella y apretó los mangos del trono con sus manos enguantadas y se mordió los labios, intentando contenerse, y aunque logró retener las lágrimas el semblante de tristeza no lo pudo disimular.
—¿Mataste a Freezer?—cuestionó sin esperar a que el llanto se apoderara de ella y la voz se le quebró un tanto.
—Sí.
—¿Fuiste tú quien causó la explosión de la nave de Freezer?
—No.
—¿Cuál fue tu intención al matar a Freezer?
—Fue una promesa.
—¿A quién?
El diálogo sin tomar aire y darse pausas al fin llegó a su término y Kakaroto comenzó a sonreír sin maldad alguna en su rostro gentil. Chichi lo observó sin siquiera parpadear, consternada por la situación y aún más asustada por los temblores que llevarían al planeta a dejar de existir.
—¿Es que has venido por el planeta? ¿Es que vienes a sacarme del trono que me pertenece por derecho? —La voz de Bra sonó realmente preocupada y Nappa gruñó sonoramente cuando no aprobó su reacción. Bra se encogió un poco de hombros ante su propio nerviosismo. Chichi negó suavemente con su cabeza al pensarla tan errada en sus impresiones de su esposo y quiso opinar que a su esposo no le interesaban esas cosas, y menos un planeta que ya no tenía valor al estar tan cerca de su propia destrucción.
—No, mi Reina. Hace tiempo que ya no soy parte de este planeta ni tampoco de tu pueblo, pero puedo adivinar que tú tampoco lo eres —dijo mi hermano y Nappa lo maldijo a boca cerrada, Bra levantó un brazo antes de que siguiera insultando más abiertamente. No supo decidir si se sentía halagada u ofendida por sus palabras—. He escuchado un centenar de historias de este lugar y de sus reyes, y nunca terminó por agradarme su forma de vida. Viajé por muchos lugares, sabiendo que Brolly estaba dándome caza pero nunca supe cuándo me perdió el rastro. Sabía que no podía volver a la Tierra sin hacerme más poderoso y descubrí mi propia fuerza interior cuando me enseñaron muchas técnicas nuevas. Pero siempre esperé volver a este lugar, la Tierra había sido azotada por Freezer y por Vegeta, y había dejado a mi familia atrás para ponerla a salvo. La única forma de liberarlos era derrotándolos para poder levantar el asedio. Pero en mi camino escuché más historias y mi opinión del planeta fue cambiando.
»Escuché que el Rey Vegeta había muerto y que un híbrido le había sucedido. Escuché que había liberado a muchos mundos de la amenaza de Freezer y que les había ofrecido su protección. Escuché que era un buen rey y que sus colonias y sus hombres le querían. —Bra no pudo contener la tristeza y se tapó la boca con una mano, para ocultar su mentón tembloroso y la exhalación del sollozo. Su emoción conmovió a Kakaroto que hizo una pausa para que se calmara y le sonrió cándidamente—. Decidí que me uniría a este nuevo Rey y le daría toda mi ayuda, pero llegué demasiado tarde. Sólo puedo reunirme con aquellos a quienes conozco y la presencia de mis hijos en la nave me llevó hasta ahí. Y fue cuando me uní a la batalla, le di la opción a Freezer de rendirse, de abandonar todas sus colonias y lo dejaría vivo. —Aquí hizo una pausa porque también le dolía ese desenlace—. Pero cometí mi primer error en ese momento. Freezer no lo aceptó y terminó por matar a Trunks, y ahí fue cuando maté a Freezer.
Le tomó un momento a Bra digerir todo lo que le había relatado y mantuvo los ojos cerrados por mucho tiempo, consiguiendo las fuerzas internas para mantenerse en calma y no caer en la locura. Había sufrido muchas emociones en muy pocas horas y su nuevo título de Reina le impedía liberarlas todas en público, porque si Bra no era una Reina guerrera, entonces al menos no debía ser una llorona.
—¿Y qué es lo que quieres ahora?—le preguntó al fin todavía con los ojos cerrados y una mano sobre el nacimiento de su garganta, como si estuviera a punto de vomitar de la impresión—. ¿Quieres un título? ¿Un rango en el ejército quizás? ¿Una colonia para ti mismo?
Kakaroto negó con la cabeza ante todas las posibilidades y se permitió sonreír nuevamente. Chichi le tiró del brazo sin más paciencia, ya no quería estar ahí.
—Quiero que pelee —le respondió simplemente y Goten abrió desmesuradamente los ojos ante el padre redivivo. Nappa dio un paso al frente como si hubiese sido una amenaza, un indicio de que la atacaría para darle muerte y quedarse con el trono, aunque ya lo había negado previamente.
—¿Pelear?—repitió Bra más palida que un papel y se acurrucó un poco en su trono, como si eso le diera más protección.
—Sé que existen muchos más mundos todavía asediados en lo que queda del imperio de Freezer. Aunque el Emperador haya muerto, sus hombres seguirán apostados en sus puestos y la posibilidad de quedarse con los planetas y sus habitantes es tentadora. —Nappa bufó una maldición, alegando que eso era una tontería—. Libérelos, use a su ejército para detener todos los asedios que quedan. Conquistar y purgar son los oficios de los saiyan, su tradición. Úselo en su beneficio y libere al universo que esclavizó Freezer. Porque ya no está él no significa que no surgirán otros que lo imiten.
Aunque estuviera sorprendida por su propuesta, una sonrisa aleteaba en su boca y la emoción le hizo hervir el estómago.
—¡No haremos eso! —exclamó el calvo más exasperado que tranquilo y tanto yo como Bra lo miramos por el rabillo del ojo—. Somos los más poderosos del universo ahora, ¡si vamos a detener el asedio de esos mundos es para conquistarlos nosotros! —Bra articuló una mueca de enfado demasiado pronunciada para disimularla pero Nappa no le importó y volcó toda su atención en ella—.No lo escuche, Reina. ¡No se llene la cabeza de tonterías!
—¡Trunks habría aprobado esto! —repuso la niña y Goten subió los escalones que había evitado para alejar a Nappa de su prometida.
—Eran otras circunstancias —se excusó el calvo con un tono ofendido—. ¡Trunks no habría podido derrotar a Freezer aunque era un guerrero formidable! No podíamos hacernos del universo si Freezer estaba vivo. ¡Y ahora está muerto! ¡Es nuestra oportunidad de atacar!
—Déjala, Nappa. Ella es la Reina ahora, ¡tiene el derecho a decidir! —acudió a su ayuda mi sobrino y la sala de los tronos se volvió un griterío del que no participé. Sólo me dediqué a mirarlos con el rabillo del ojo y a Kakaroto con disimulo.
—¡Tú no tienes nada que decir en este asunto, híbrido!
—¡Soy su prometido! ¡Por supuesto que tengo que ver! —declaró sin recordar que el mandato de Trunks había muerto con él.
—¡No la desposarás! —gritó rabioso Nappa—. ¡La sangre diluida de la Reina no puede diluirse más! —dijo y la miró entonces—. Reina, me tomarás a mí como tu Rey y no se hablará más. Es una orden. Soy el único de Clase Alta aquí, no puede elegir a un Clase Baja y menos a un híbrido.
—Eso no es algo que puedas decidir tú —acudí al fin a la discusión y el calvo se ofuscó por mi intervención. Chichi bufó sonoramente, sólo faltaba que Kakaroto pidiera desposar a la Reina.
—¡Deténganse! —exclamó furiosa la chica mientras de un salto se incorporaba del trono y se dio media vuelta para dirigirse a todos los contendientes. La capa roja apenas pudo seguir su movimiento porque era muy pesada y se arrastraba por el suelo, y terminó por enredarse en sus botas pero no la hizo caer—. Ninguno de ustedes me ordenará qué es lo que tengo que hacer ¡nunca!—Bra hablaba rápido y con la mandíbula apretada, como si se le hiciera difícil mantenerse medianamente tranquila y estuviera a punto de ponerse a gritar a todo pulmón—. Seré yo quien decida qué haremos y si digo que iremos a detener asedios lo haremos, porque esto es lo que haría Trunks.
Esperó sólo un momento para dedicarnos una última mirada y se volteó hasta quedar frente a Kakaroto y Chichi, esforzándose a curvar la sonrisa que no tenía y que no le nacería luego de esa discusión.
—Se supone que los guerreros más fuertes son capaces de unirse a la Guardia Real —comenzó la Reina con un tanto de recelo y gruñí con desaprobación, sabía a lo que iba—. Antiguamente, cuando era sólo una princesa, Raditz era mi Guardia Personal. Ahora soy Reina. Lo que has hecho pormí y por el universo conocido jamás te lo podré pagar, pero me gustaría que te unieras a tu hermano para formar parte de mi Guardia Personal, Kakaroto.
Chichi enseguida puso mala cara pero no alcanzó a objetar, Kakaroto respondió enseguida.
—Sería un honor —respondió—, pero prefiero declinar. No quiero ningún rango ni nada de este reino —explicó con una sonrisa y de alguna manera contagió a la niña—. Y por favor, llámame Goku. Hace mucho tiempo dejé de llamarme Kakaroto.
—Goku—repitió ella en voz baja como si se lo memorizara y bajó las escaleras, un tanto más desanimada que antes.
—De todas formas, la protegeré, de eso no tengas duda —le dijo después y Bra volvió a curvar una sonrisa animosa, bajando la cabeza un tanto como si estuviera avergonzada. Por supuesto que no era así, era más bien un rasgo de coquetería y Chichi no lo vio con buenos ojos. Y menos cuando su marido le sonrió devuelta dulcemente.
—¿Y qué hay de mi hijo? —bramó la mujer de más edad, saliendo de la protección de la espalda de su esposo para encarar a la única heredera viva de Vegeta. Su desplante furioso hizo que Bra se pusiera rígida y la sonrisa se le borrara enseguida—. Al momento de llevarlo a la cámara de regeneración me dijeron que era un prisionero y que no podría verlo más. ¡Quiero que me lo devuelvan! ¡Quiero a mi Gohan!
Tanto Kakaroto como Goten se le acercaron con la intención de calmarla pero ella se soltó de manotazos y aunque ellos podrían dejarla inmovilizada sin esfuerzo, no lo hicieron y la dejaron avanzar hasta que estuvo frente a frente con la Reina. Bra no la miró con un semblante amable y yo comencé a bajar las escaleras para acudir a su lado. Nappa, en cambio, se quedó en lo alto sin hacer absolutamente nada y sólo se limitó a observar.
—Tu hijo es un prisionero, era un soldado federado y peleó en contra de Trunks. No lo verás hasta que decidamos que hacer con él.
—¡Él no es…! —comenzóella pero se quebró al instante y miró a su hijo—. Por favor, explícale. Tu hermano no es malvado, ¡esa zorra lo obligó! Dile, explícale —le pidió pero no se quedó ahí, y se tomó de las ropas del último vigilante como si esperara que él también le ayudara, pero lo que hizo fue abrazarla.
Enseguida se puso a llorar y los hombros de Goten cayeron por la escena. Bra no pareció conmovida por Chichi y su expresión no cambió ni cuando sollozó contra las ropas de su marido. El segundo hijo se volvió a verla, sin tener nada pensado para convencerla. En ese momento llegué al lado de la Reina y mi presencia la hizo menos comprensiva aún.
—¿Puedes explicar por qué Gohan tenía el brazo amputado de una forma como la que habría hecho una espada? —le preguntó Bra y su voz era plana y severa—. ¿Por qué Trunks habría hecho eso? Dímelo.
—Gohan sólo seguía órdenes —admitió—, lo convencieron de que Trunks era el enemigo pero cuando sepa la verdad, Bra, sé que peleará a tu lado —dijo—. Y más aún cuando sepa que mis padres están vivos. Mi padre lo convencerá.
—Soy tu Reina ahora, no me llames por mi nombre a menos de que yo te lo diga —le respondió enseguida con el mismo tono calmo y serio, y un rostro que reflejaba ofensa. Goten agachó la cabeza—. Tu hermano seguirá siendo mi prisionero.
No queriendo decir más, Bra se alejó por el corredor antes de que otro sismo perturbara el aparentemente calmo ambiente en la sala de los tronos. Chichi daba un nuevo alarido de dolor pero esta vez, era acunada por su marido y el llanto no sonó más del necesario. Kakaroto no me prestó más atención y ciertamente yo tampoco, y Goten fue el que tomó de peor manera este distanciamiento. La antigua mano derecha del rey ya no gozaba de la misma cercanía con la nueva regencia y su familia le era completamente extraña. El híbrido sólo pudo pensar en una cosa.
Marron.
Estaba en la habitación que había sido del rey y la sintió vacía, aunque todo lo que había pertenecido a Trunks seguía estando ahí, en el orden que él lo había dejado. Rígida, la rubia se dirigió al centro de la habitación que estaba oscura a esa hora del día y que nadie se molestaba en iluminar, porque todos los sirvientes se habían marchado y ella estaba segura que la luz de una hoguera le lastimaría sus ojos inyectados en sangre.
Miró el vestigio del agujero por el que había caído, empujada por Beet por sus aprehensiones con los híbridos. Trunks había saltado para sujetarla y salvarla de terminar aplastada contra el suelo, lo recordaba a la perfección y todavía la visión de la muralla perforada le daba escalofríos. Si ahora caía Trunks no podría ayudarla porque estaba tan tieso y pálido que se había vuelto irreconocible. Aguardaban el momento para quemarlo y todo el ajetreo del fin del planeta lo había demorado. Quizás ni siquiera lo harían. Y ese pensamiento molestó a Marron, como si en unas horas el planeta no explotaría y no hubiese otras cosas más importantes que hacer más que despedir al antiguo rey, ese que había devuelto la gloria al reino y que los había hecho prosperar.
Sombras del pasado no tan lejano bailaban a su alrededor, mofándose, haciéndola llorar, recordándole que todo lo que la hacía feliz en ese mundo cruel ya no estaba con ella. Trunks estaba muerto, por más que ella se empecinara a negar su muerte. Había estado junto a su cadáver por horas, convencida de que sólo estaba durmiendo, que despertaría en cualquier momento y que la acunaría preguntándole por qué estaba tan triste. La besaría, la abrazaría, se fundirían juntos.
Y Marron, presa de la tristeza, comenzó a girar en la habitación. Primero lentamente, luego más rápido y más y más. Quizás no era ella sino que la habitación, quizás era sólo su locura que le perturbaba el escenario para que fuera un tanto menos triste verlo. Terminó por acostarse en la cama y envolverse en las sábanas que ya no olían a Trunks, sino que a abandono y a humedad. Aun así las olió, convenciéndose a sí misma de que algo quedaba todavía en las telas. Algún mechón de pelo lila, alguna esencia.
La habitación dejó de darle vueltas, como si se cansara de molestarla, y en el mareo de su tristeza, una silueta se dibujó en la oscuridad. Y cuando este personaje se supo visto, avanzó hacia los pocos manchones de penumbra para que lo pudiera ver mejor.
Marron, por más que quiso, no pudo gritar y en cambio, un sonido ronco que pretendía ser una alarma de ayuda, un sonido de espanto, sonó como si estuviera entumecida y drogada. Y tan dormida como estaba su voz, su cuerpo lo estaba también. Intentó levantarse de la cama pero tropezó, se mantuvo de pie pero las rodillas le temblaban.
—¿Qué es lo que quieres de mí?—le preguntó con la voz apagada y por alguna razón, rodeó la cama hasta quedar más cercana a la silueta que tomaba tonalidades verdosas.
—Absolutamente nada —le dijo el recién llegado y siguió avanzando hacia ella por más que notara que estaba nerviosa por su presencia y más aun, su poco respeto por el espacio personal—. He venido cumpliendo una última orden de tu tío.
Las sombras que envolvían su silueta comenzaron a desvanecerse cuando sus recuerdos hilaron a la figura que ya no contaba con una de sus antenas particulares y la otra estaba a la mitad. Nail estaba envuelto de sangre y heridas pero se veía completo, salvo por sus antenas de caracol, y Marron se cubrió la boca con una mano, presa del pánico y el asombro.
—Me ha mandado para protegerte —admitió cabizbajo y ella notó la mala noticia que se deslizaba de su semblante—. Él ya no vendrá, ni tampoco lo hará tu madre. Ambos se mataron —le expresó sin mucho tacto y Marron comenzó a sentir la humedad de sus lágrimas contra su piel otra vez. Si había dioses en ese universo, ya no le quedaba en esa vida más que perder—. La explosión de la nave de Freezer, ellos la ocasionaron —informó con dolor, estimaba mucho a su capitán, y enseguida le acercó una mano envuelta en sangre coagulada. En su palma estaba una cápsula manchada y solitaria que esperaba que cogiera—. Es su esfera, la de tu tío. Espera que la guardes porque yo no puedo hacerlo, sería demasiado obvio.
Pero en vez de tomarla, Marron miró a Nail con los ojos inyectados en sangre y el temblor apoderándose de su voz. Aun así, Marron intentó permanecer impasible.
—¿Qué fue lo que pasó?
Nail encogió su mano y la pegó a su pecho, un tanto ofendido de que no aceptara la cápsula que la volvería vigilante.
—Brolly—respondió—. Tu madre cayó sobre nosotros y tu tío fue el que la enfrentó, diciéndome que me apartara porque yo no podría con ella. Así lo comprobé. Tu tío fue el guerrero más formidable que he conocido y la pelea con tu madre fue completamente especular. Era una danza sincronizada y ninguno de los dos bajaba las defensas, ambos sabían lo que había el otro. Se conocían demasiado bien.
»Se habrían continuado pegando el uno al otro de no ser porque esa bestia apareció en medio. Jamás vi algo igual y aunque había escuchado historias sobre la locura de Brolly, nunca pensé que fuera así. Imaginaba que iba a destruir la nave por cómo golpeaba a 17 y tu madre intentó detenerlo. También le golpeó para quitársela. Era como un hombre intentando aplastar a una mosca. —Marron escuchó a Nail con el rostro pálido y tan muda que parecía tan muerta como Trunks, pero eso fue hasta que el llanto se hizo paso y sollozó sin dejar de escuchar el relato aunque no quisiera hacerlo—. Tu tío ya me había dado la cápsula antes de luchar contra tu madre. Por eso fue sencillo despacharme, me recordó de mi promesa para contigo que había hecho antes de la guerra. «Protege a mi sobrina si algo llega a pasarme», me dijo y entonces supe que moriría. Los dos. Tanto Número 17 como Número 18 —dijo—. Hicieron explotar sus cuerpos y el impacto destruyó la nave. Si eso no mataba a Brolly entonces la falta de oxígeno lo hará. El regalo de muerte de tu tío ya sucedió. Lo prometo.
Y había cobrado más vidas de las que habría querido.
Sabía que me estaban esperando a la última hora de la noche en la sala de los tronos y no pude ponerme contento. Bra había decidido que, a pesar de los movimientos del planeta y del mal momento, tomaría un baño caliente en la antigua habitación de la reina y me despachó enseguida. Entendía que se pondría a llorar en su soledad porque la muerte de su familia todavía era muy reciente y mi presencia no la ayudaba en nada, porque le reprocharía sus lágrimas.
Pero no estaba molesto, más bien ansioso. Sentado al pie de la cama que no hacía mucho tiempo era de Bra, me apreté las muñequeras como si estuvieran sueltas y me calcé la nueva coraza negra de la Clase Baja que me había regalado la Reina por mi ascenso. «Blanca para la realeza, negra para la Clase Baja», pensé y me levanté por fin de la cama para ponerme la capa. Pero no era azul de la Guardia Real, sino roja para un Rey. No pude contener la sonrisa tonta que se me formó al verla planchada sobre la cama como una sábana extra y que Bra había dejado atrás antes de irse. No sería un rey común y mi reina tampoco lo era. Éramos la híbrida de humana y el Clase Baja, y ningunos otros podrían compararse a nosotros en ridiculez. Pero éramos los que quedábamos luego del exterminio y es que Trunks se había llevado a toda la calidad con él y ni siquiera había dejado atrás cantidad. Quedábamos tan pocos que era penoso ponerse a contar, con suerte se usaban todos los dedos de las manos. Espero que nuestros sucesores, si es que existen, lo consideren antes de odiarnos, Bra jamás se casaría con Nappa y dudo mucho que alguien en su sano juicio lo hiciera.
La capa estaba puesta en su lugar y a diferencia de Bra, no alcanzaba a llegar al suelo porque mi altura se lo impedía. Me vi reflejado en su espejo largo y no pude creer la imagen que me devolvía, de haberlo sabido antes quizás me habría traído más contento, pero en ese momento, habiendo pasado todo lo que había sucedido, no era tan emocionante como esperaba.
Salí al pasillo con un andar rápido, ansioso porque el funeral de Trunks se diera a cabo enseguida y la coronación también. Sólo eso faltaba para salir del planeta convulsionante y migrar, como los primeros saiyan habían hecho en nuestros inicios. Era como un segundo inicio pero con los guerreros más débiles del ejército real y una reina a la cabeza en vez de un rey.
Bra me esperaba al pie de la plataforma, con las manos enrolladas detrás de su espalda. Todavía llevaba su armadura y la capa demasiado grande seguía siéndolo detrás de su espalda. Los pocos hombres que quedaban estaban aguardando también, algunos en el primer escalón de la plataforma, otros a los lados. En ninguno de los pocos grupos figuraba Goten, no obstante, sí estaban sus padres aunque Kakaroto con mejor cara que Chichi. Cuando su marido me sonrió y bajó un tanto la cabeza, ella simplemente apartó la mirada y dejó que pasara. Nappa no me vio mejor pero esta vez se guardó las objeciones. Marron también se encontraba ahí pero no era precisamente para ver la coronación, sino que para presenciar el funeral de Trunks. A sus espaldas estaba Nail, que se había hecho su guardaespaldas, por así decirlo.
Subí los escalones con sólo el sonido de las botas contra la piedra y los ecos que producían mis pisadas. Nadie se dignó a hablar, suspirar o toser, y me sentí cohibido porque no hubiera ningún otro sonido más que el que yo producía. Tres, dos, un escalón y estuve en la cima, desacelerando con cada paso que daba y Bra me sonrió mostrándome los dientes.
—No sabes cuánto esperé esto —me dijo cuando llegué a ella y se aguantó las ganas por abrazarme. En cambio se acomodó entre sus manos el amuleto del Rey que no era más que una réplica de la de Trunks y me hizo un gesto con la cabeza. Era el momento de inclinarme ante ella y lo hice de manera que una de mis rodillas tocara el suelo y la cabeza estuviera mansa—. Eres mi Rey ahora —susurró sólo para que yo la escuchara y enredó el amuleto en el cuello, sorteando la mata de pelo negro.
Cuando me incliné ante ella era un Clase Baja, el niñero de la princesa, su amor infantil; pero cuando me erguí de vuelta ya no era nada de eso sino que el Rey de Clase Baja, Guardia personal y el esposo de la Reina. Una sonrisa que no tan amplia como hubiese esperado y Bra selló el momento abrazándose de mí en un arrebato de locura. Su sonrisa no pudo ser más ancha y sus ojos humedecieron por la emoción.
Pero no era el momento para mostrarse abiertamente feliz y Bra se separó de mí para avanzar un paso hacia el borde hacia los pocos súbditos que le quedaban. Al hablar, lo hizo bajo pero el eco que le arrancó la sala fue importante y dio lo mismo su volumen inicial. Tampoco había mucho qué agregar al asunto, todos sabían exactamente qué hacer.
—El antiguo rey debe ser quemado antes de que surja el otro —les dijo con la cara tensa y buscó a Tomma dentro del grupo diminuto y le hizo una señal con la cabeza. El aludido asintió una vez con la cabeza antes de salir de la sala con tres acompañantes y Bra contuvo las lágrimas que ese acto sugería.
Llevaron el cuerpo de Trunks sobre una tabla que sólo dejaba sus botas fuera y todos dieron un paso hacia atrás cuando los soldados pasaron con su antiguo rey en los hombros. Trunks tenía los ojos cerrados y le habían cambiado la armadura perforada y el traje de batalla negro por unos nuevos y limpios. Además le habían lavado y secado la cara para quitarle todo el rastro de sangre y muerte que llevaba encima. Sin embargo, no habían podido hacer nada para remediar su palidez cadavérica.
Goten apareció detrás de la reducida caravana fúnebre, con la espada que le habían regalado sus vasallos del planeta Torr en las manos. No levantaba la vista de la tabla ni de Trunks y su rostro estaba demacrado por la pena y la culpa. Tanto él como Tomma y sus hombres subieron las escaleras con lentitud y pesadez, dejando al guerrero fallecido en el suelo, a un lado del Trono de Vegeta.
Los hombres de Tomma bajaron mansamente las escaleras y tan sólo Goten junto a Tomma quedaron en la cima, mi sobrino no pudo dedicarme ninguna mirada por el enfado pero no me interesó en lo más mínimo. Buscaron los ojos de la Reina y ella les asintió con la cabeza, asegurándoles que la orden seguía en pie y que podían poner manos a la obra sin que nadie se los impusiera.
Subieron a Trunks en el Trono y lo sentaron con cuidado, aunque nunca pudieron sostenerle la cabeza para que estuviera derecha y el antiguo rey permaneció cabizbajo, como si durmiera. La espada de Torr la colocaron sobre sus piernas y cada mano sobre los mangos, en la posición que adoptaban los reyes de muchas generaciones pero con la única diferencia del arma que distinguía a Trunks de entre todos los demás.
Y Tomma bajó con la tabla que habían empleado para subirlo, cuando hubo completado su misión. Goten simplemente se quedó mirándolo con la peor cara que tenía en el repertorio y escuché que Marron comenzaba a sollozar suavemente. No dudó mucho antes de subirse a la cima de la plataforma, sabiendo que nadie le impediría besar los labios de Trunks una última vez.
—Una buena forma de terminar para un rey —se dijo Bra con la mirada perdida en el vacío que había entre ella y Trunks. Le acercaron una antorcha pero enseguida la negó, la pira más grande que tendría su hermano sería el planeta completo.
Poco a poco los hombres tuvieron el permiso de partir a los hangares para comenzar la huída y sólo quedamos los más cercanos a la Reina y a Trunks, y Marron lloró más sonoramente ante la inminente separación con su amor muerto.
El planeta rugió a nuestros pies antes de dar una última pataleta que nos hizo tropezar colectivamente. Bra se agarró de mi brazo para apoyarse en mí y Tomma fue el primero en subir los escalones de la plataforma para advertirnos.
—Lo lamento, Raditz—me dijo Tomma con una sonrisa burlona—, la noche de bodas tendrá que esperar, debemos irnos ahora.
Sonreí con complicidad y asentí, luego me volví a la pequeña reina para extenderle una mano pero Bra estaba muy avergonzada como para responder y la jalé sin miramientos. Bajamos la plataforma de forma rápida pero no atolondrada y la saqué de la sala de los tronos sin darle una mirada más, Bra lo hizo de soslayo. Esa sería la última vez que estaría en ese lugar pero volvería a soñar con él muchas veces pasados los años.
Cuando llegamos trotando al hangar, tanto Goten como su familia estaban instalados en sus naves personales y Bra lo miró con culpa. Cuando el segundo hijo de mi hermano apartó la mirada, se sintió extrañamente malvada y se volteó a hablar con el encargado provisorio del lugar.
—¿Ya está vacío el planeta? —quiso saber y el encargado tardó en responder. Lo hizo con un asentimiento nervioso de cabeza.
—Yo me preocupo por eso, niña —le dije al empujarla a una nave personal y dejarla sentada ahí. Cuando me dispuse a encerrarla de un manotazo, ella se incorporó como un resorte, quedando parada frente a mí y se puso de puntitas para llegar a ser más alta. Me besó rápidamente en los labios y luego volvió a sentarse. Bajé la compuerta de un golpe suave y empujé la nave para que se fuera por el riel que la llevaría al espacio exterior.
Miré al encargado con curiosidad y él bajó la cabeza con timidez.
—¿Lo que le dijiste a la reina es cierto?
—Lo más probable —dijo—, no hay manera de saber si hay alguien rezagado.
—Entonces no hay nadie rezagado. Dile lo contrario y te mato. —El encargado asintió esta vez con más determinación y se dirigió a la puerta por si llegaba alguien más. No había absolutamente nadie ahí, al menos nadie visible, y puso las coordenadas a donde se dirigirían todas las naves que estaban en el hangar y algunas comenzaron a arrancar, entre ellas, la de Bra—. Envía una señal a todos los que estén en el exterior para que no vuelvan. Se encontrarían con una nube de rocas y no podrían aterrizar. Y diles a dónde pueden encontrarnos.
—¿Les digo que se dirijan a las colonias del sur?
—No. A la Tierra. —Ese no era nuestro destino original y el encargado me miró con confusión—. Algo me dice que terminaremos allá.
Sin esperar a una respuesta más, me devolví a las pocas naves que quedaban y me senté en una. El encargado no tardó en tomar la que estaba a mi lado y le di la última mirada al lugar, estaba desierto y destruido, y pronto no quedarían más que escombros en el infinito. Cerré mi compuerta con un escalofrío corriéndome por la espalda y de pronto sentí la necesidad urgente de irme de ahí. Mi nave caminó por el riel con una lentitud molesta y sentí un mareo cuando dejó el riel y se sostuvo de la nada. Al partir, el escalofrío estaba lamiéndome la nuca y al cabo de unos segundos, cuando ya estaba a una distancia segura, la onda expansiva tocó mi nave y la hizo estremecerse como uno de los jodidos sismos que tenía el planeta Vegeta antes de explotar.
Nota de la Autorísima: Long time no see. Estaba emocionada de poder terminar este capítulo, el final lo escribí antes que el inicio xD y no sé, como que me cuesta horrores escribir cualquier cosa de este fandom. No así de otros que se me dan mejor que este, pero es tonto porque aquí tengo mis historias más trabajadas.
Gracias a todos los que sigan esta historia y que no se hayan perdido en mi largo periodo de aridez de inspiración, esta historia me gusta mucho desde la mitad hasta acá (el inicio nunca me gustará), y realmente creo que el final de esto será hermoso. No le echo tantos capítulos para el final, con suerte serán cinco y eso para mí ya es mucho por mi poca inspiración dragonballera.
De todas formas, gracias por los comentario en el capítulo anterior de Guest, Mary Deveraux, BuraSaiyaan, Aina Briefs, tourquoisemoon, asaia16, Prl16, Sybilla's Song y kiara. Las amo y espero que no me odien por tanta demora :D
Besos amorosos y cansaditos, RP.
