45
Exilio
El festín que nos ofrecieron en Torr fue abundante en comida y bebida para los pocos soldados que logramos escapar de la explosión del planeta, y aunque Bra agradecía todo el afecto que le entregaban en forma de atenciones, bocadillos extranjeros y bebidas dulzonas, sólo podía sonreír cuando sabía que alguien importante la estaba mirando. Las demás ocasiones sólo se limitaba a probar lo que le ofrecían y a mirar al resto regocijarse hasta el hastío, porque ella no podría entretenerse ni aunque se lo propusiera.
Si bien hacía mucho tiempo que agobiaba a Trunks para que la llevara a conocer el exterior de las murallas del extinto palacio y que esa era su primera vez fuera de su planeta natal, no estaba feliz. No podría sonreír sinceramente hasta haber llorado a Trunks y a su madre lo suficiente, y menos aún sin tener un lugar seguro en el cual establecerse. Sus vasallos estaban contentos con su presencia y la noticia de que Freezer había muerto sin duda los dejaba con un ánimo festivo, pero cuando sus soldados se llenaran de su comida y de su bebida y se volvieran agresivos por la paz que nos embargaba, ¿seguiríamos siendo bienvenidos?
—Un regalo para la Reina vencedora —le dijo una sirvienta de los señores de Torr y le entregó una bandeja con joyas de diversos materiales y colores, y se retiró. Bra dio las gracias aun cuando la mujer se hubo ido y no la escucharía por el ruido y la distancia, pero no pudo hacer más que mirar esas joyas con recelo. Ella no era ninguna reina vencedora y ni siquiera había movido un dedo en la guerra de Trunks. Su hermano, Goten, Kakaroto, Bardock y la infinidad de soldados en el ejército real sin duda se merecerían esos regalos.
Con la cabeza rígida sobre su cuello miró al resto de sus compatriotas, mezclados entre sirvientes de Torr y demases, dándole la ilusión de que habíamos más de lo que realmente éramos. Ella estaba posicionada en el asiento más privilegiado, algo así como un trono improvisado, junto a los señores de Torr. Eran seres humanoides con la piel de tonalidades que iban del rosa pálido al fucsia intenso, de orejas puntiagudas y cubiertos en armas como dagas, hachas y espadas que eran idénticas a la preferida de Trunks, porque precisamente en Torr se la habían obsequiado como regalo por su liberación de la Federación.
Bra se sentía fuera de lugar, siempre había sido la acompañante y nunca la invitada principal. Sabía lidiar con la atención de princesa heredera pero no con las responsabilidades de una reina regente. Y por sobre todas las cosas, la niña Reina se sintió sola sin su Rey a su lado.
Me encontraba en los asientos más bajos, los que eran para los soldados y la guardia Real, no porque fuera el Rey de la Clase Baja, sino porque siempre había sido de esa calaña y era donde me sentía más cómodo. Reía, comía y bebía en exceso y mis pares me imitaban sin temor alguno, no les importaba mi nuevo rango ni sentían que estaba por sobre ellos. Todos sabían que Bra me había coronado por amor y no por poder ni conveniencia, y era considerado sólo como su cónyuge y nada más.
—Es claro que el cónyuge real es de pura casta —le comentó con orgullo el señor del planeta, aunque toda esa simpatía que sentía por nuestra fiereza en el campo de batalla y la ferocidad de nuestras costumbres festivas se irían a la basura cuando la comida fuera devorada, el licor bebido y las sirvientas seducidas o forzadas.
—Así es —afirmó ella con una sonrisa amarga y me observó con una cara seria. Sentía envidia de mi manera de divertirme con los demás soldados—. Nappa —llamó al guardaespaldas que había decidido no sumarse a la celebración, todavía molesto porque la niña hubiera rechazado sus sugerencias imperiosas de no casarse conmigo y seguir a Kakaroto con sus ideas de libertad. El calvo la miró a los ojos y ninguna sonrisa surcó su mandíbula cuadrada—, ¿dónde están Kakaroto y su familia?
Por más que había intentado buscarlos por toda la sala, no pudo dar con ellos y tampoco había rastros de Marron o su lúgubre y verde acompañante. «Ni siquiera Goten», pensó, sorprendiéndose de la culpabilidad que le producía el saber que lo había rechazado y herido, y lo mucho que le interesaba volver al antes cuando él se esmeraba en darle en el gusto y molestarla con cualquier cosa, clamando su atención. Ahora que no la tenía, se sentía realmente sola y más aún si yo no me inmutaba ante su desagrado.
Bra puso mala cara cuando dio conmigo y me vio reír a carcajadas, sin acordarme de ella, y Nappa le daba finalmente la respuesta.
—Han decidido no venir —respondió con una obediencia un tanto insolente y dirigió su mirada al frente. Bra hizo una mueca con la boca, más enojada conmigo que con el calvo.
—¿Podrías encargarte tú ahora? Estoy cansada y no creo poder continuar con el festín —le dijo—. Mantén a los hombres tranquilos, lo que más se pueda. No quiero que insulten a nuestros anfitriones.
Nappa asintió en silencio y se guardó las ganas de reprocharle algo, porque sabía que la niña iría a recriminarle todo lo que le dijera y sin más, Bra se levantó de su trono prestado, dándole las gracias a los señores de Torr con la dulzura de una niña de la Tierra. A su vez, los señores de Torr le indicaron a una sirvienta para que la siguiera hasta su habitación y la chica del pelo lila inició su travesía hacia el descanso que sabía no tendría. Esa noche era la primera que pasaría como mujer casada y por más que fuera a su habitación antes que yo, la despertaría en tanto me cansara de festejar y eso era si es que lograba dormir siquiera.
Siguiendo a la sirvienta por el pasillo, los sonidos de la celebración fueron muriendo hasta llegar a la tranquilidad del silencio, que Bra no quería realmente. Ella quería divertirse como el resto de sus hombres, como yo, pero sabía que eso no era posible porque ella era una niña híbrida y jamás podría disfrutar de nuestras costumbres extremas. La niña se emborrachaba fácilmente y no comía en tantas cantidades como un saiyan común, y tampoco era una guerrera para llevarse bien con guerreros.
—Reina —la llamó la sirvienta para sacarla de sus pensamientos y Bra miró hacia el frente en donde no hubo necesidad de más explicaciones. La Reina híbrida frunció los labios.
—Mi habitación es la del final del pasillo, ¿verdad? —La sirvienta asintió sin despegar los labios y Bra asintió—. Déjame sola con él —ordenó y la chica desapareció con un trote por donde habían llegado.
Con las manos echas dos puños nerviosos, Bra avanzó los pasos que la separaban de Goten y él la esperó atornillado en su posición, seguro de que no le haría un desaire ni lo dejaría solo cuando la había estado esperando. Cuando llegó hasta él, mi sobrino le extendió un brazo y Bra lo miró un buen momento antes de aceptarlo. Caminaron un largo tramo antes de que comenzaran a hablar.
—Estuve en el festín sólo un momento —dijo él—, no te veías feliz —confesó con una sonrisa amarga y Bra se encogió de hombros sin querer, no le gustaba admitir que no lo era.
—Estaba aburrida —mintió—, y los hombres tienen un concepto distinto de diversión que el mío.
—Yo habría estado contigo todo el festín —le dijo Goten sin mirarla y Bra tuvo la necesidad de encararlo pero se sintió cobarde de pronto. Se refería a mí y Bra lo sabía, apenándole el hecho de que había visto la razón de su malestar sin equivocaciones ni titubeos—, no estarías aburrida, lo prometo. —Y de pronto tuvo la necesidad de parar—. Pero nada de eso importa ya, ¿no? Tampoco quiero traerte problemas con mi tío.
Pero Bra estaba enfadada conmigo.
—¿Le habría importado siquiera que estuvieras conmigo? —comentó con acidez y luego negó con la cabeza—. No subió al estrado ninguna sola vez, ni siquiera me miró para comprobar que estaba bien. Sólo se dedicó a tragar y beber. Y bueno, fanfarronear con los soldados.
—Ah, sí, lo vi también —aseguró Goten y rodearon un mueble que estaba a la izquierda del pasillo—. Pero además de todo eso, está borracho y no le agradaría ver que yo estuviera hablándote cuando no estás con él. Después de todo, soy tu antiguo prometido, ¿no?
Bra sonrió dulcemente y de pronto olvidó todo el enojo que sentía cuando pensaba en mí. Pero el enojo pasó a la felicidad fugaz y esa felicidad derivó rápidamente en el miedo de la consumación, y Goten supo leerla con facilidad mientras caminaban tomados del brazo. Antes de hablarle para darle ánimos, miró al frente para no avergonzarla con los ojos en la cara.
—Una mujer siempre es más difícil de complacer que un hombre —le dijo con total serenidad y Bra enrojeció de golpe—. No te asustes si no lo disfrutas al instante, lo más probable que hoy no lo hagas. Mi tío no parece ser del tipo de hombre que sea…, gentil. —Goten hizo una pausa para que Bra dijera algo y se preguntó qué clase de cosas le hubiese dicho Bulma de estar viva. El carácter de Vegeta era comparable con el mío al ser los dos saiyan puros, aunque el suyo era mucho peor—. Se volverá fácil con el tiempo, supongo —le dijo Goten con una mueca con la boca y Bra rio pero de nervios—, es algo que se nos da más fácil a los hombres pero es muchas veces doloroso para ustedes.
—No estás dándome ánimos —admitió ella con la cabeza baja y Goten rio esta vez con la boca abierta.
—Lo lamento, no es mi intención.
Finalmente el pasillo llegó a su fin y ante ella apareció una habitación amplia y bastante lujosa que le habían cedido los vasallos del planeta Vegeta para su contento.
—Aquí es donde yo me retiro —le dijo Goten mientras le ponía una mano sobre la de ella, como alentándolo a soltarlo y dejarlo libre, pero Bra no hizo nada de eso y lo miró seriamente.
—¿Por qué has venido?—La pregunta lo hizo abrir los ojos con sorpresa pero al cabo de unos momentos relajó su semblante y se puso a sonreír, pero Bra no lo imitó—. Planeaba liberar a tu hermano tras el festín pero nadie de tu familia apareció y no pude decirlo. Lo lamento, siempre fuiste leal a mi hermano y dudar de tu versión no fue muy acertado de mi parte. Después de todo, eres como de la familia, ¿no?
Goten le acarició la mano con la suya tiernamente y se aguantó las ganas de abrazarla, agradecido. Fue el momento de Bra para mostrar su sonrisa y rápidamente contagió al híbrido que imitó su gesto.
—Mis padres estarán agradecidos.
—Y yo estoy en deuda con tu padre —le dijo en un susurro pero no había acabado ahí—, y de ti, Goten.
—No es eso por lo que vine, Bra—le dijo raudamente él como no queriendo alargar ese momento ameno entre los dos, para no arrepentirse después—. Sabes que siempre puedes conmigo, ¿no es así?—Ella asintió asustada—, estaré contigo hasta que estés segura y te establezcas en algún lugar. No descansaré hasta eso ocurra, lo prometo —le dijo—, pero cuando eso ocurra, me iré.
—¿Dónde? —cuestionó asustada la Reina y pegó una exclamación de horror que los hizo buscar con la vista a algún testigo involuntario que pudiera confundir sus actos. No los hubo.
—Seguiré a mi familia —le dijo—, ya no hay planeta Vegeta y tu linaje muere contigo, pero la verdad es que no será lo mismo. Es el momento de ser distintos, un planeta como el de tu padre no tiene cabida en este universo. Pero uno como el de tu hermano, sí.
—Pero no tenemos planeta —le rebatió con angustia y Goten se acercó a ella como si pretendiera darle un beso pero se frenó a medio camino.
—Los saiyan ya no lo tienen —corrigió—, pero nosotros los híbridos sí. Somos terrícolas también, Bra, y yo migraré hacia allá en tanto esto termine. —Su sonrisa se difuminó en tanto recordó cierto detalle que lo entristecía también—. Y me llevaré a Marron conmigo también. Era el deseo de su padre el que volviera y creo que será para mejor. Creo que Trunks lo querría así. —Bra asintió sin poder verlo a los ojos.
—¿Debería irme yo a la Tierra también?—le preguntó como si fuera su consejero y Goten le acarició el pelo lila con una mano enguantada, tan dulcemente que se sintió relajada.
—Eso es algo que tú deberías decidir —respondió en un susurro—, pero debes saber que a los terrícolas no les agradan los saiyan puros como mi tío o Tomma—le sugirió y le acarició el pelo de nuevo cuando ella se puso seria por la respuesta. Al cabo de unos momentos, Goten sonrió amablemente—. Debo irme ahora, si mi tío me ve fuera de su habitación contigo, tendremos problemas.
Y se fue sin más, dejando a Bra con la duda de cómo habría sido él como su esposo. Definitivamente no le tendría tanto miedo a la consumación como tenía conmigo y hubiese sido un Rey comparable con Trunks, pero su parte terrícola lo hacía indigno para su linaje que estaba muriendo más rápidamente de lo que se estaba fortaleciendo.
«Ya nada importa ahora», se dijo a sí misma y se adentró a la habitación prestada cuando un golpe de cansancio la abofeteó en la cara.
Habían puesto jarras con alcohol y bandejas llenas de comida, por si el festín fuera poco para un saiyan, y Bra se sintió completamente asqueada por la cantidad que ya había comido y la que veía ahí. Menos se sintió tentada por el vino de Torr aunque había bebido con gusto al principio pero que le había mareado enseguida. Sólo quiso darse un baño, cambiarse la ropa y dormir.
Pero no hizo nada de eso y simplemente se sentó en el borde de la cama con los hombros caídos, absolutamente cansada por todo el proceso. Sobrevivir, viajar, pedir la hospitalidad de un vasallo y festejar. Bra suspiró, sin querer siquiera pensar en la consumación de su matrimonio conmigo. Vendría lo quisiera o no, estuviera preparada o no, y se tentó con la idea de seguir bebiendo el vino aunque se pusiera a vomitar, con el único objetivo de sentir menos.
—Te escabulliste sin decirme, niña —escuchó desde la entrada y Bra se estremeció toda, haciéndose de todos sus esfuerzos para voltearse a verme. Se sintió paralizar, y en tanto logró encararme, yo avancé lentamente hacia ella con los ojos somnolientos por el exceso del alcohol y la pesadez del estómago. Enseguida Bra recordó que estaba enojada conmigo.
—Estabas bien sin mí —me respondió y volteó la cara para no mirarme cuando me senté a un lado de ella. Me puse a sonreír ampliamente cuando se cruzó de brazos y me recosté en la cama con pereza, mirando el techo en vez de ella.
—Es verdad —le dije con una sinceridad ácida y bostecé. Bra me miró por el rabillo del ojo con furia—, lo estaba pasando bien sin ti. Pero estoy lleno ahora y tengo sueño —continué acariciándome el estómago y Bra se aguantó las ganas de gritarme, pronta a levantarse de la cama para salir de la habitación, pero le tomé una muñeca con celeridad. Por más borracho que estuviera seguía siendo más hábil que ella.
—¡Suéltame! —me gritó mientras se intentaba soltar y yo me incorporé de la cama hasta quedar sentado—. Yo soy tu Reina por más que seas mi esposo y te lo estoy ordenando —me dijo y la tironeé hacia mí hasta que estuvo frente a mí, a mi altura. Arrugó el entrecejo cuando sintió mi aliento, apestaba a banquete—. Estás borracho —se quejó y yo reí con la boca cerrada.
—Ya bebí y comí tanto como pude y ahora te quiero a ti—le susurré con una sonrisa y entonces Bra dejó de forcejear, como estimulada por el tono de mi voz. La solté con suavidad pero ella no se alejó ni hizo el intento por hacerlo—. Eres muy hermosa, niña —le confesé y ella sonrió como si lo escuchara por primera vez. Dejé de verla a los ojos y bajé la mirada hasta su cuello, clavículas, senos, cintura. Exhalé el aire de mis pulmones por la nariz mientras le ponía las manos sobre las costillas y la acerqué con suavidad, apoyando mi frente en la separación de sus pechos pequeños y la nariz en la línea que los unía con el ombligo. Bra apoyó sus manos sobre mi cabeza, sintiéndose más relajada que antes y enterró los dedos en el pelo mientras le pasaba la nariz por su vientre. Aspirando su olor y exhalando suspiros cansados y deseosos.
Me la acerqué sin forzarla hasta que estuvo en el espacio entre mis piernas abiertas. Ella apenas emitió un sonido de miedo y apretó los brazos contra sus costillas como si no quisiera que moviera mis manos, fuera para arriba a sus pechos o para abajo a sus caderas. Cuando me percaté de su aprehensión levanté la cabeza y Bra me miró desde las alturas con la cara sonrojada y una mueca casi tímida. Sonreí de lado y fruncí el ceño mientras aflojaba mi agarre y ella se encogió de hombros.
—Sabías que esto pasaría si me desposabas —dije con un tono tonto y Bra apartó la cabeza para mirar hacia otro lado, más asustada que molesta. Asintió mansamente con la cabeza y la acerqué con un tirón para que se sentara en mis piernas pero cayó tiesa como una gata sobre el agua. Reí con disimulo mientras le quité el pelo lila de los hombros para despejarle el cuello y enterré mi cara en el ángulo que formaba entre ellos. La piel de la Reina se volvió de gallina—. No es malo cuando te acostumbras —le dije entre susurros y mi aliento la hizo estremecer—, para nada malo de hecho —aseguré pero ella sólo se tensó más.
—¿Y qué pasa si te ordeno que pares y te vayas de la habitación? —preguntó rígidamente la niña de pelos lilas y por poco creí que haría eso. La conversación con Goten la había dejado más asustada que antes, pero se dejó besar en el cuello bajo un tiritar en su cuerpo. Sentía cosquillas y miedo, a la vez.
—Soy tu Rey —le dije—, trataría de convencerte de lo contrario —y me reí más fuerte de lo que ella le parecía adecuado y se sintió molesta. Cuando se levantó de mis piernas para alejarse, me levanté también y ella se paralizó conmigo a sus espaldas. Apenas hizo el intento por mirar hacia atrás porque la empujé a la cama de tal forma que se dio cuenta de ello cuando ya estuvo dando su primer rebote sobre las sábanas—. Sé uno o dos trucos para hacerlo —aseguré y me acosté sobre ella, apoyando todo el peso de mi cuerpo sobre mis manos a sus costados.
Bra abrió los ojos lo que más pudo y se quedó quieta cuando le besé el mentón, el cuello y seguí bajando. Como si dejara de sentir al no ver lo que hacía, miró hacia otro lado y cuando no tuvo el efecto deseado, miró hacia el techo con los ojos cerrados. Tenía los brazos rígidos y las manos hechas dos puños, tan apretadas que los nudillos perdieron color, pero seguí bajando pensando en que eso se haría cada vez más tenue en tanto llegara a mi destino. La reina era una niña de apenas dieciséis años y los genes de su padre no le habían favorecido en el busto para que contara con el generoso que tenía su madre; era casi plana y acostada como estaba, los pechos eran apenas dos montes pequeños.
Rasgué el primer retazo de tela y ella se quejó como si hubiese dañado su propia piel y le hubiese causado dolor. Me detuve un instante para mirarla y ella abrió los ojos lilas para encararme sin mover su cabeza que apuntaba al techo. No hubo más negación que esa y comenzó a respirar rápidamente en tanto me acerqué nuevamente a ella. Rocé un de sus pechos con la nariz y Bra tuvo su exhalación más violenta, habiéndose calmado rápidamente. Fue entonces cuando abrí la boca y le besé uno de los montes de una forma pausada y húmeda. Bra exhaló un quejido de espanto pero que cuando se fue acostumbrando al tacto, se fue calmando y hasta relajando.
Todo volvió a ser violento cuando pasé al siguiente monte. Bra dio una gran exhalación de temor en tanto me sintió besarla como lo había hecho antes y se relajó más rápido que la vez anterior, deshaciendo los puños que tenía antes por manos y estirando los dedos para sujetarse fuertemente de las sábanas. Bra dejó escapar un sollozo sin lágrimas.
Dejé de succionar. Al incorporarme terminé de desgarrar el vestido que traía encima y esta vez no hubo quejas de parte de ella, sólo respiraciones agitadas y miradas tensas.
—¿Todavía no quieres? —le pregunté con suavidad y ella sólo me respondió con su respiración rápida. Al menos ya no había más de sus negaciones, pensé.
Volví a hincarme pero esta vez fui más abajo, al pie de la cama y la besé entre las piernas. Esta vez Bra no respiró sino que gritó de pánico y su pecho bajaba y subía con exhalaciones profundas y ondulantes. Pero la anormalidad que sintió dejó de ser pronto una asquerosidad y los gritos se hicieron suspiros y los suspiros, sollozos de gozo, que fueron respondiendo por sí solos la aceptación que buscaba de parte de ella.
Despertaron a Bra con un llamado suave y callado, como temiendo a despertarla siquiera, y la niña de pelos lilas abrió los ojos con lentitud, no reconociendo que eso no era parte de un sueño. Miraba a la imagen acuosa de una sirvienta ante ella y la nitidez comenzó a ser más notoria que la opacidad con el transcurrir de los segundos. Al cabo de pocos momentos, Bra aguantó un grito cuando se incorporó de la cama hasta quedar sentada y miró a la chica con los ojos abiertos hasta que se convenció de que sólo era una sirvienta y no un asesino que quería matarla.
—Los señores de Torr quieren hablar con usted —le comentó la chica cuando logró recolectar la valentía de hablar y me miró con insistencia, rogando no haberme despertado con su hablar. Pero seguía durmiendo bocabajo con el sueño demasiado pesado por el festín de la noche anterior.
La niña Reina asintió con la cabeza, mientras se cubría con las sábanas hasta el cuello, recién percatándose de su desnudez. La sirvienta se alejó con el mensaje, trotando presa del miedo y Bra se quedó mirando a la puerta sin saber qué hacer. Era temprano y seguía teniendo sueño pero no podía darse el lujo de rechazar la audiencia con sus anfitriones. Suspiró y se movió bajo las sábanas con tanta suavidad que apenas hizo ruido y se volteó hacia la izquierda para ver si había despertado, pero seguía roncando bocabajo con la cabeza hacia el otro lado, por lo que Bra sólo podía ver mi cabello.
—Raditz —me llamó con la voz diminuta, como si quisiera intentar despertarme pero sin intentarlo demasiado. No quería que lo hiciera en el fondo pero sabía que tendría que hacerlo en algún momento. Gruñó triste en tanto dejó de llamarme y se abrazó las piernas y besó sus rodillas. Se sentía distinta, irritada en varias partes del cuerpo y por sobre todo, tensa.
La materia pegajosa que sintió entre las piernas la hizo levantar las sábanas y sangre fue lo que vio. No había escuchado mucho al respecto pero asumió que su primera vez había sido traumática para su cuerpo y se sentó lejos de la mancha de sangre coagulada, con un escalofrío de asco corriéndole por la espalda. Me moví en sueños y quedé mirando el techo con los ojos cerrados y una mano sobre el pectoral derecho. Bra se estremeció.
Ante su disposición de recibir enseguida a los señores de Torr, las puertas de la habitación se abrieron de par en par, dejando pasar a un tropel de sirvientes que ayudaron a Bra a salir de la cama, enrollarla en una bata y conducirla por la habitación para darle un baño. Avergonzada como estaba de que la miraran desnuda, la niña no levantó la vista y su pelo lila cayó por los lados hasta cubrirle las facciones sonrojadas. Sólo cuando estuvo sumergida hasta las clavículas en el agua, levantó el mentón para mirarme. Ningún sirviente se acercó a despertarme y rodeaban la cama describiendo un círculo tremendo como si temieran que tuviera un arranque de ira si se acercaban demasiado. Tendido bocaarriba en la mitad de la cama, comencé a gruñir con los ojos cerrados y los sirvientes me observaron con miedo a que los atacara, porque los habitantes de Torr temían a los saiyan puros por sobre todas las cosas.
—¡Cállense! —bramé cuando me harté del ruido que hacían por toda la habitación y escuché un grito ahogado al unísono. Me hicieron caso y volvieron a su tarea de arreglar la habitación, abrir las ventanas y sacar los cuencos de comida vacíos, pero no pudieron ordenar la cama porque no me movía de ahí, como un oso en su caverna. Intenté cerrar los ojos y volver a dormir pero se me hizo inútil—. Vino —murmuré cuando vi que una sirvienta pasaba cerca de mí y lo único que conseguí fue que se me quedara mirando con los ojos desmesuradamente abiertos—, ¡dije vino! ¡Tráeme vino!
—¡Raditz!—gritó Bra desde la bañera y la miré con el rabillo del ojo con la misma expresión enfadada con la que le ordenaba a la sirvienta. Pero ella no dijo más y tan sólo se limitó a sostenerme los ojos hasta que se dirigió a la chica de Torr que temblaba de pies a cabeza—. Por favor, llévale un poco de vino y algo de comida. No te hará nada, lo prometo.
Chasqueé con la lengua ante su ordenanza de terrícola y me volteé en la cama para ponerme de costado y cerrar los ojos. Había dormido demasiado poco para estar de buen humor y la cabeza me palpitaba clamando un descanso pero por sobre todo, líquido para aplacar la sed.
El señor de Torr llegó escoltado por diez guardias, cada uno armado hasta los dientes y rodeándolo en un círculo amplio, como un campo de fuerza listo para protegerlo si yo, el único saiyan puro de la habitación, me pusiera violento por sus dichos.
Bra apenas se le acercó, segura de que sería más cordial si no se le acercaba demasiado. En cambio yo paladee el vino que me habían acercado con desinterés sobre la cama y lo bebí de un sorbo luego de comprobar que me había gustado. En tanto terminé, dejé caer sonoramente la copa a un lado de la cama y me acomodé en la misma perezosamente, sin importarme siquiera la presencia del arrodillado. La Reina me miró de reojo con seriedad, como para decirme con los ojos que permaneciera quieto porque estaba arruinándole la audiencia.
—Perdone a mi consorte —le pidió a su anfitrión con toda la cordialidad que pudo sacar a flote en ese momento tenso. Escuchó resoplar mi risa desde la cama para su colmo y las palabras que le quedaban en su disculpa las hizo con la mandíbula tirante y la voz ronca—, está fatigado aún por el festín de ayer.
—Así lo veo —comentó pobremente el anfitrión sin siquiera mirarme porque le daba miedo—. Estoy muy agradecido por usted por haber contribuido en el fin de la Federación, mi Reina, pero le ruego que se marche de mi planeta —le dijo el señor de Torr con los hombros encogidos y la mirada en el suelo, y Bra abrió los ojos desmesuradamente en tanto captó el mensaje. No la querían ni a ella ni a los hombres ahí. Antes de que abriera la boca para articular una objeción, el señor del planeta vasallo se excusó—. No es mi intención ofenderla, para nada, pero después del festín y tras las grandes cantidades del vino que se bebieron sus hombres, ayer se cometieron excesos. —Bra alzó las cejas con duda—. Fornicaciones. Hacia mis sirvientas de parte de sus hombres. Sin consentimiento de ellas.
—¿Qué? —preguntó Bra con un tono demasiado alto y demasiado serio para pasar desapercibido. El señor de Torr se encogió más de sus hombros, en tanto yo me puse a reír.
—Eso es común —espeté con entusiasmo y me levanté de la cama revelando mi desnudez, y todos los presentes apartaron la vista con vergüenza, incluida Bra.
—No lo es —bramó ella con enfado y le enseñé los dientes en una sonrisa demasiado insolente para su gusto. Cuando entré a la bañera que ella había usado antes, mis piernas no pudieron entrar en el agua y las mantuve dobladas de tal forma que las rodillas sobresalían de la bañera. Bra cerró los ojos con enfado intentado aplacar las ganas de gritarme, sería después, cuando estuviéramos solos—. Hablaré con mis hombres, no volverá a suceder, lo prometo, yo… —pero la interrumpieron antes de terminar.
—Ya arreglé la nave en la que se irán, no olvidaré lo que hicieron por nosotros, especialmente a su hermano Trunks. —Y se marchó sin esperar una réplica de parte de ella. Sus hombres demoraron un poco más pero con ellos, los sirvientes también desaparecieron de la habitación como si ya no fuéramos dignos de sus atenciones al no ser bienvenidos.
Gohan permaneció cabizbajo en todo momento, la extremidad fantasmagórica que tenía por brazo le hacía cosquillas en el aire, todavía sintiéndola presente y lo engañaba haciéndolo creer que podría moverla a gusto. Se sorbió la nariz, ni aunque tuviera lágrimas para llorar podría hacerlo, de eso estaba seguro. No podía creer aún todo lo que estaba pasando. Su madre y su padre estaban vivos, y el hombre que había odiado con todo su corazón ya estaba más que muerto. No había más razones por las que pelear y se sentía avergonzado por lo que había hecho. Todo había sido una mentira y si la hilaba para el inicio, la primera mentirosa había sido Número 18, y después, Zarbon.
«Habría dado mi vida con gusto por una mentira», se dijo a sí mismo y pateó la bandeja que su madre le había dejado a un lado. La comida y la bebida se derramaron en el suelo en una mezcla ruidosa que resonó en toda la habitación que le habían dado, apartada de los hombres de la Reina pero cercana a su familia. Toda la prole de Goku estaba apartada del resto del grupo por opción propia y él, a su vez, se apartaba de su familia. No podía recibir el afecto de su madre con el gusto que habría sentido antes, no con todo lo que había hecho. Menos podía hablar con su padre aunque él había tomado la rutina de ir a verlo cada tanto para hablarle de cualquier cosa, yéndose al instante cuando Gohan dejaba de verlo. Sólo podía permanecer más tiempo con Goten, que no negaba todo lo que había hecho como hacía Chichi ni las obviaba con Goku, pero era con quien más roce tenía.
—¿Por qué no me detuviste? —le recriminó el mayor sin verlo a los ojos y Goten fruncía la boca, apartando su propia mirada.
—Lo intenté —le respondía—, pero tú no me escuchaste.
Había estado ebrio de odio y aunque sabía que Goten hablaba con la verdad, no podía sino recriminarlo. Tenía que haberlo intentado con más ahínco para detenerlo, pensaba Gohan iracundo y luego apretaba la única mano que le quedaba y le pegaba al piso en donde estaba sentado. De haberlo podido hacer con la otra mano, también lo habría hecho, pero era el símbolo de su locura. Trunks le había cortado el brazo para detenerlo y lo habría logrado, ¿pero por qué no mejor le había cortado la cabeza?
—Porque eres bueno, hijo, eres bueno —le repetía su madre con lágrimas en los ojos y la voz quebradiza. Pero él no le creía. Ya nada más le quedaba en ese mundo más que la culpa, la pena y el dolor—. Podrás sobreponerte a todo esto, Gohan, lo sé. Eres fuerte.
Pero él no se consideraba para nada fuerte.
—¿En dónde está Videl? —le preguntaba a Goten con un quejido de dolor y un lamento parecido a un sollozo pero nada más. No había lágrimas en sus ojos.
—No lo sé, hermano —decía el menor con tristeza y dejaba que Gohan se lamentara como si llorara con la cabeza baja y su única mano sobre la cara. Y su hermano iba y lo abrazaba fuertemente pero Gohan no respondía, sólo tenía una extremidad y la usaba para cubrirse la señal de su dolor—. La encontraremos, lo prometo.
Pero cada vez que iba a visitarlo no traía consigo noticias de Videl.
Oscura como nunca estaba su habitación cuando ella entró con un cuenco de gelatina azul que sería de sanación. El muñón que tenía en el brazo no había cerrado aún porque lo habían sacado del tanque prematuramente, para que no explotara junto al planeta Vegeta. Y Marron se hincó a su lado derecho para quitarle las vendas con gentileza, el perfume de su pelo flotó en el aire como una nube de flores que lo golpearon en la nariz y Gohan entreabrió los ojos, casi dormido.
—Videl —masculló al fin con los labios secos y los ojos húmedos, la silueta traía consigo la imagen de coletas de pelo que caían sobre los hombros.
—No —respondió la rubia con tristeza y Gohan sollozó por fin con todo el dolor corriéndole por las mejillas en forma acuosa—. Videl vive —le respondió con solemnidad—, es prisionera de guerra en un planeta vasallo de Trunks —le informó, Nail se lo habría dicho.
Y comenzó a acariciarlo con la pasta azul con amabilidad, sin que Gohan se diera cuenta de su atención. Acabó de cubrir todo el muñón con la gelatina que ardía en su carne y se alejó de la misma manera con la que se había acercado, dándole paso a su madre para que llevara la bandeja de comida para alentarlo a comer. Gohan no iría a sanarse por completo si no dejaba su ayuno inconsciente.
—Te traje parte del festín de ayer —le comentó amenamente ella, reordenando los trastos en la bandeja cuando la hubo apoyado en el suelo, a un lado de donde iría la extremidad cercenada de Gohan. Elegía el postre para el principio para alentarlo a alimentarse—, vino, también. Tu padre dice que está delicioso y que seguramente te gustará. También creo que…—pero la voz de su hijo le heló la sangre.
—Necesito salir de aquí.
—No te irás hasta que comas —le advirtió ella con enfado, como cuando era un niño pequeño. Aunque Gohan jamás rechazaba comida.
—Necesito encontrarla —le dijo—, a Videl. Es prisionera —y Chichi se encogió de hombros, sabiendo esa información—. ¿Dónde está?
—En la Tierra.
Nota de la Autorísima: Lo sé, a lo mejor es más corto de lo que esperaban pero pensé que debía acortarlos un tanto si quiero llegar a los 50 capítulos jajaja Cerrar con ese número es bueno, al menos se ve lindo(?)
Este capítulo fue nada más que fangirleo del Braditz, en donde claramente no están del todo bien, al menos por el lado de Bra; y Gohan. No puedo dejar de decirlo, me encanta sin brazo xD (lo siento, kiara), le da un no sé qué gore y seductor, y más aun si carga con mucha culpa y tristeza. ¡AH! Y me disculpo por el intento de lemon, fue malísimo, no sé porqué no lo borro ahora mismo jajajaja
Quiero agradecer a los reviews que me llegaron en el capítulo anterior, sí, creo que este final me envenenó el gusto por los fanfics del otro fandom y como que agarré un vuelo (lento) pero vuelo al fin y al cabo xD Después de terminar este, podré terminar más relajadamente Soldado Olvidado y de ahí, continuar Repartidor sin nada que me estrese xD
Gracias a tourquoisemoon, Gris, Diosa de la Muerte, jovino006, Mary Deveraux, Asaia16, Sybilla's Song, kiara, Prl16 y Aina Briefs :)
