46

Asilo


—Ha habido noticias de los mundos exteriores, mi Reina —le dijo Nappa pero la aludida no pareció escucharlo del todo y simplemente se quedó en la posición en la que se encontraba, recostada sobre un pequeño trono que no era más que un simple asiento, arropada con una piel enorme que había sido regalo de sus anteriores anfitriones, junto con la nave en la que viajaban por el espacio a la deriva. Bra no se movió ni miró a su interlocutor, parecía un cadáver pálido con los ojos hinchados y ataviada en sus mortajas lujosas—. Su Majestad.

—No me interesa —susurró apenas ante el último llamado. Entonces Bra se incorporó para encararlo y Nappa frunció el ceño ante lo que esperaba que ocurriera—, no me interesa nada de lo que suceda con los otros mundos. ¿Qué es lo que estamos haciendo aquí? ¡Ni siquiera tenemos uno al cual ir!

—Mi Reina…

—¡¿Acaso soy una Reina si no tengo ningún reino que gobernar?! —gritó Bra con la voz temblorosa, quedándose quieta al notar que perdía el control—, no tenemos un palacio, el planeta Vegeta ya no existe y mi trono ni siquiera es un trono. ¡Mira este asiento! —La piel que le cubría todo el cuerpo se deslizó un tanto por los hombros y Nappa notó que estaba desnuda al menos desde la cintura para arriba—. ¿Es esto un verdadero trono para mí? ¿Acaso soy una reina de verdad? ¿Soy la Reina heredera del trono de mi padre?

—Su Majestad, está nerviosa, ¿quiere que traiga a alguien…?

—Quiero que te vayas, ¡vete! ¡Déjame sola!

Los gritos de la Reina niña llegaron a mis oídos desde el exterior de su habitación y entré sin anunciarme, tanto Nappa como Bra me miraron y se callaron como si estuvieran compartiendo secretos, pero pude componer una sonrisa calma sin problemas. Para cuando hablé, Bra se daba la vuelta para subirse a su pequeño trono y acomodarse la piel sobre los hombros, dejando una pierna ligeramente descubierta. El espacio exterior era un lugar frío.

—Ya escuchaste a la Reina —dije con un tono calmado y torcí una sonrisa—, te ordenaron que te marcharas, Nappa.

El calvo apretó sus labios como si estuviera aguantándose una réplica y se fue sin decir nada o siquiera despedirse. Al pasar por la puerta, lo seguí con la mirada y cerré la misma con lentitud. Bra hizo todo lo posible por ignorarme aunque su rostro estaba visiblemente descompuesto. Mi manera de acercarme a ella tampoco le sentó bien y me detuve a un paso de ella, ensombreciéndola con mi cuerpo.

—Veo que está alterada —comencé con la voz suave—, ¿quiere algo, Su Alteza? ¿Un poco de vino? ¿Comida? —enumeré mientras me acercaba y tomé su mentón con una mano. Bra no opuso resistencia alguna cuando le enderecé la cara para que me mirara directamente y sus ojos lilas estaban friéndose en sus propias lágrimas—, ¿un beso, mi Reina?

Una de sus lágrimas se resbaló de las pestañas y desapareció tras cruzar su mejilla. Cuando habló, el mentón le tembló sin que ella pudiera hacer algo para evitarlo.

—¿Puedes darme un trono, Raditz? ¿Un ejército totalmente leal a mí que no viole a las criadas de los que nos ayudan? ¿Juntar el polvo y roca que quedó del planeta Vegeta y restaurarlo?

—Lo que me pides es imposible, no soy un dios —respondí con una sonrisa—. Lo que sí puedo darte son noticias. —Bra frunció el ceño, enfadada—. El universo entero supo que Freezer ha muerto y han comenzado el desorden. Algunos se matan entre sí, otros se liberan y los más astutos se resguardan. Este es el momento, mi Reina —le besé una mejilla—, es el tiempo en que tú los gobiernes a a los hombres de Freezer que están aprovechándose de lo que queda de su imperio, reúne a los que puedas y podrás elegir el planeta que tú desees para hacerlo el nuevo Vegeta. Puede ser uno desolado, otro que esté habitado…, nada importa. Es tu momento de alzarte como la Reina de todo.

Pero Bra no estaba convencida de ninguna de mis palabras y me siguió mirando con sus ojos inexpresivos pero su boca fruncida. Estaba enfadada pero últimamente lo estaba todo el tiempo. Había mandado a exterminar a los hombres implicados en las violaciones a las sirvientes que nos habían costado la hospitalidad de nuestros vasallos, amenazado a los pocos que quedaban en su ejército y encerrado a otros que parecían subversivos. Algo me decía que los terminaría mandando a matar porque un simple encierro no iría a quitarles la idea de traición y ciertamente no era una gran pérdida. El problema era que quedábamos muy pocos y la mayoría eran híbridos.

—¿Y qué ocurre si no quiero ser Reina? ¿Qué pasará si decido convertirme en nadie y abandonarlos a todos?

Esta vez fui yo quien se puso serio e hice una mueca con la boca, negándome al impulso de incorporarme y alejarme de ella. Bra estuvo al tanto de mi reacción y no dudó en seguir restregándome en la cara sus ideas de fugitiva. Saltó del trono incitándome a dar un paso hacia atrás para darle espacio y me comenzó a gritar erguida ante mí.

—¿Qué es lo que soy para ti, Raditz? —cuestionó tan alto como pudo—, ¿tu esposa, tu Reina? ¿O soy la moneda de cambio para gobernar el universo? ¿Es que hay alguien aquí que no me ve como un suculento festín? ¿Qué me quiera por quién soy?

—¡Estás siendo irracional! ¿Qué es eso de renegar de tu familia? ¡De tu raza! —le grité de vuelta y no dudé que Nappa estaba al tanto de nuestra discusión, al igual que todos los demás en la nave—. ¡No seas una llorona! ¡Sé una guerrera!

—¡Pero no lo soy! ¿Es que no recuerdas lo que era cuando me conociste? —preguntóBra esta vez más calmada y las lágrimas acudieron a ella de nuevo, acallándola por un momento—. Dijiste que era una estúpida y fuiste el primero que me dijo que todos me mentían. Dijiste que los príncipes no aman a las princesas ni les dedican sus victorias a su amor. Que los soldados sólo quieren poder, destruir y matar a sus enemigos, que las princesas eran más bonitas calladas y de cuatro mostrando el culo. Que ningún soldado me querría por quién era sino que por lo que podrían llegar a ser a través de mí. El poder lo es todo, ¿no, Raditz? ¿Recuerdas que lo dijiste la noche que fui a verte a la enfermería? En ese momento no me decías las mentiras que me dices ahora.

La discusión pareció haber terminado de súbito cuando los dos nos quedamos callados pero seguíamos mirando a los ojos, Bra derramando una que otra lágrima y yo más enfadado que triste.

—No dudo que quieras cuidarme, Raditz —me dijo de pronto en un susurro lastimoso—, pero también sé que en ese momento no me estabas mintiendo. —Una de sus manos se asomó fuera de la piel y se pegó a una mejilla para hacerme una caricia suave, casi comprensiva y pronto me sentí más irritado que antes—. ¿Realmente me amas o amas lo que tienes conmigo?

Responder se me hizo muy difícil pero no fue porque no supiera qué responder. Apreté la mandíbula tanto como pude y el músculo de las sienes se hinchó por la presión. La expresión de Bra fue la de sorpresa cuando aparté mis ojos de los suyos y aunque intuía que lo peor podía suceder, no podía mostrarse menos dolida. Enseguida apartó su mano como si el contacto con mi piel ardiera y bajó la cabeza con lentitud.

Al percibirlo, caí en mis rodillas, arrepentido, y amansé la cabeza para que ella no pudiera verme a la cara. Me abracé de sus piernas y sentí la caricia de sus rodillas.

—La he amado desde hace mucho, princesa —respondí errando en el título, Bra no había cambiado mucho para mí, seguía siendo la niña que había conocido antes, luchando con la idealización del universo que se había armado a base de mentiras, intentando levantarse con el peso de la «armadura mágica» y pidiéndome que la besara para poder diferenciar lo que era un beso verdadero de uno frío e interesado de Zarbon—, y por lo mismo no puedo dejar que abandones todo. Si no eres tú quien tome el mando, alguien más lo hará y eso quedará en tu conciencia para siempre. Nappa puede hacerlo y no tendrá misericordia con nadie. Ni siquiera contigo.

—¿Y por qué creería que tú serías diferente?

—Ya te lo dije antes —dije alzando la mirada—, yo no deseo un trono, sólo te deseo a ti.

Bra me observó un instante sin variar demasiado su rostro y acomodándose nuevamente a piel sobre sus hombros, se dio la vuelta y se alejó hacia el fondo de su habitación en la nave, a donde se encontraban las pocas pertenencias que le habían dado en Torr. Agachándose sobre un baúl, rebuscó entre los vestidos alguno que le gustara y se quitó la piel para comenzar a vestirse de espaldas a mí, descartándola en el suelo. Me incorporé para contemplarla erguido pero callado y ella se terminó por acomodar el pelo antes de hablarme de nuevo.

—Ve y llama a los hombres, mi Rey.


Cuando aterrizamos Bra tuvo que sostenerse de la pared metálica de la nave para no caer. El tiempo en aquel planeta era tormentoso y de unos vendavales que hicieron la tarea de estabilizar la nave una proeza. El séquito elegido para acompañarla en su misión diplomática era reducido y contaba de Tomma, Nappa, mi sobrino Goten y yo.

La escotilla se abrió lentamente y la Reina niña se estremeció cuando vio que la tormenta era peor de la que se imaginaba. El planeta era frío, oscuro y lluvioso; y rápidamente se puso a temblar, aunque no supe si se debía a la temperatura o al miedo.

—¡Mierda! ¿Cómo es que unos insectos pueden vivir en un lugar así? —exclamó Tomma con fastidio y miró a Goten en busca de una respuesta, después de todo, él ya había estado ahí antes.

—No lo sé —dijo él, impávido—. Lucía distinto cuando vine a Taas, era un desierto caliente e insoportable. —Luego Goten miró de reojo a Bra y llevó la vista rápidamente hacia el frente diciendo:—. Su Alteza, ¿desea que vaya por una piel de abrigo?

Bra lo miró vacilante y tras pensárselo dos veces dio una negativa. Su actitud disminuida era evidente y se erguió lo mejor que pudo antes de agregar:

—Estoy bien, Goten. Pero gracias por preguntar.

La Reina niña se puso a caminar enseguida y sus botas blancas chapotearon contra el suelo embarrado de Taas, siendo seguida por nosotros unos pasos más atrás. Bra había vestido la armadura de guerra otra vez y llevaba ataviada la capa roja y enorme que pronto terminó oscura por el barro. Se había recogido el pelo en un moño simple y añadido una diadema simple a modo de corona, con el medallón en el pecho.

No habíamos transcurrido ni medio tramo cuando unos pasos húmedos nos hicieron llevar la vista hacia atrás. Gohan venía corriendo hacia nosotros. Su falta de brazo lo traía sin cuidado pero seguía moviendo su muñón como si tuviera un brazo fantasmagórico que sólo él veía. Fui el primero en interponerme en su camino y para mi sorpresa, mi hermano revivido se materializó entre nosotros, como una magia poderosa. Su primogénito no estaba contento por su interrupción y yo no estaba feliz al ver sus nuevas y preocupantes capacidades.

—Tu madre quiso que interviniera, hijo —le dijo el último vigilante, ignorándome totalmente por lo que mascullé—. Sinceramente, Gohan, no creo que debas involucrarte en esto —continuó, poniéndose serio y por error, miró su falta de brazo por una fracción de segundo. Gohan no se lo tomó a bien y se lo tapó rápidamente con la única mano que le quedaba.

—¡Claro que sí, padre! —le gritó para dirigirse a nosotros—. ¡Qué es lo que creen que hacen! —La pregunta nos dejó vacilantes bajo la lluvia—. ¡La Tierra está siendo sitiada y estamos acá! ¡Bra! ¿Acaso no eres lo suficientemente humana…?

—Estamos siguiendo órdenes de la Reina —le dije escuetamente pero pude sentir que la híbrida se sintió tocada por las palabras de mi sobrino—. Ahora permanece al margen si no quieres tener problemas.

Gohan gruñó visiblemente enfadado y el último vigilante me miró serio, como si estuviera pensado en una manera diplomática para tratar conmigo.

—Hermano, por favor… —susurró Goten mientras se acercaba y alcancé a escuchar lo que le dijo después—, iremos a la Tierra pero primero debemos ayudar a la Reina…

—Ella no es mi Reina, Goten…—lo interrumpió el mayor casi con dolor y la Reina niña se le acercó un tanto sin verse para nada ofendida, sino que tocada por la angustia—. Videl…

¡Princesa Bra! —gritó el Rey de Taas, errando el título de manera deliberada cuando nos vio a lo lejos, detrás de las líneas de su escolta. El Rey de Taas había conocido a Bra en el pasado y en la misma oportunidad había sido rechazado por ella cuando le insinuó el matrimonio que habría entre ambos. En ese entonces los dos eran príncipes y ahora los dos reyes, pero Tazgranis tenía un planeta y un trono al que gobernar y Bra era ahora una soberana mendiga con un puñado del ejército que tenía antes, dueña de una nave y un montón de regalos que no le servían para nada. Las diferencias marcadas entre los dos gobernantes hacían que Bra no tuviera mucho remedio más que agachar la cabeza y recordarle lo grandes que seríamos si tuviéramos las mismas condiciones.

El rey Tazgranis hizo que detuvieran la marcha cuando estuvieron lo suficientemente cerca y se nos aproximó a una distancia prudente cuando nos reordenamos alrededor de Bra. Gohan permaneció a un lado junto a Goku, sabiendo que no podría hacer nada ante la presencia de su padre. Tazgranis nos miró con aires de superioridad que hicieron reaccionar a Bra enseguida, frunciendo los labios y apretando sonoramente los puños ante la ira.

—Mi querida Reina… —el rey hizo una pausa deliberada y miró al pequeño séquito de guardias que tenía Bra casi con burla—, qué circunstancias tan raras nos juntan ahora. Como ya sabrá, tras la muerte de mi padre heredé su trono y cuando me enteré de lo que le sucedió a mi soberana…, no pude sino entristecerme.

—Rey Tazgranis, gracias por su honesta preocupación —respondió Bra con la mandíbula tensa y las palabras cargadas de cinismo—. Creo que también ha recibido mi mensaje.

—Oh, por supuesto —dijo él con una emoción que no iba a lugar—, quiere un lugar donde quedarse hasta que resuelvan su problema, ¿no? —La forma en que lo dijo me ofendió tanto a mí como a Nappa, y de alguna manera hizo bufar a Gohan que se mantenía a raya a duras penas. Tazgranis dio una vista panorámica a nuestro grupo.

—¿Qué sucede, mi estimado Rey? —le preguntó Bra fingiendo una sonrisa—, ¿es que le teme a mis guerreros?

—Me temo que ya no le quedan muchos, querida mía —respondió él casi con aburrimiento y le dio una vista rápida a la nave—. Y presumo que no tiene muchos en su nave tampoco. Además de los que veo acá, no se ven sanos en absoluto. —Esto último fue para Gohan que no podía disimular su evidente falta de brazo.

—Estoy segura que aunque sean pocos, la diferencia de su combate no será distinta a la de antes. —Bra hizo una pausa para forzar una sonrisa—. Pero no estamos aquí para dudar de mis guerreros, ¿o no?

—Exactamente, mi Reina —precisó Tazgranis con las manos traslúcidas entrelazadas—, estamos aquí para hablar de lo que usted quiere que haga y lo que estoy dispuesto por hacer por ti.

Una punzada de ira atravesó el corazón de la Reina niña sin demora y la vi tensar los músculos de su mandíbula sin disimulo. Ya no eran los tiempos en los que el planeta Vegeta de Trunks, el Rey de Reyes, exigía y sus vasallos mansamente y con gusto obedecían. Y claramente el Rey de Taas no olvidaba el desaire que tuvo Bra con él cuando ambos eran príncipes. Ahora él tenía su pie sobre la soberana sin reino y no había nada que ella pudiera hacer para remediarlo…, pero yo sí.

Reí ampliamente y ambos no tuvieron más remedio que mirarme de soslayo.

—Me pregunto, sin embargo, qué es lo que nosotros podríamos hacer si decido que no me gusta lo que tú estás dispuesto a ofrecer…, Rey. —Tazgranis agrió su semblante cuando me vio con desgano.

—Veo que aún traes a tu perro guardián contigo, Reina.

—Rey —corregí en el acto—. Soy Rey ahora, el consorte real de la soberana de nuestro pueblo.

—Raditz, por favor…—pidió ella con la voz disminuida, Bra no quería que me inmiscuyera pero ya no podía evitarlo.

—Oh, así que estos son tus gustos, Reina Bra… —musitó Tazgranis con un poco de repulsión, su rostro totalmente descompuesto. Como si ya hubiera tenido suficiente, el Rey de Taas se dispuso a darse la vuelta para retomar el camino hacia el castillo—. Bueno, mi Reina, ahora estoy cansado y la tormenta se hará todavía más fuerte. Me temo que nuestra conversación se hará en otro momento, ustedes en cambio pueden pasar la noche en su nave. Será más seguro…, para todos.

Bra dio un paso hacia adelante pero se negó a seguirlo y se detuvo tan rápido como había comenzado a caminar. Por su rostro cruzaban un sinfín de emociones, desde la ira hasta la vergüenza y sus labios temblaban sin saber si tensarlos o relajarlos, si hablar o permanecer callada. ¿Era el trato justo que había buscado al acudir a Taas? No, no lo era. Esperaba el recibimiento digno de una antigua soberana a su vasallo que volvía derrotaba y destruida.

Di un paso hacia adelante y mi zancada rebasó la de Bra con creces, y el sonido pesado de mi bota contra el barro hizo que el Rey y su comitiva dieran una mirada de soslayo curiosa.

—Yo no me movería más si fuera tú —le advertí y los híbridos del séquito de Bra y mi hermano se tensaron ante mi amenaza.

—Raditz —llamó Goku con una voz fiera.

—Tío… —dijo Goten, precavido, mientras que su hermano mayor guardó silencio.

Simplemente los callé con una mano alzada y ninguna mirada hacia atrás.

—La Reina te ha pedido asilo en tu maldito planeta de mierda, ¿y es así como la recibes? ¿A la intemperie sobre esta pila de estiércol? —Di otro paso y el barro chapoteó bajo mi peso—. Nuestro planeta es tu soberano, arrodillado.

Tazgranis vio en mi comentario un contraargumento.

—Tu planeta ya no existe.

—Entonces podríamos empezar a buscarnos uno nuevo.

—No vamos a conquistar este planeta, Raditz, no es a eso a lo que vinimos —me recordó Bra tratando de sonar tranquila pero se le notaba lo tensa que estaba. La Reina niña salpicó barro cuando se acercó a mí.

—¡Por supuesto que no! Tiene un clima de mierda, eso es cierto. —Mi respuesta era para ella pero mis ojos y mi sonrisa estaban puestos en el Rey que se había enfadado con mi comentario anterior. Pasé un brazo por los hombros de Bra y la atraje a mi cuerpo, ella no se sintió cómoda con mi efusividad—. Pero no le hace nada de mal al Rey de Taas que recuerde cómo nos ganábamos la vida antes.


Nota de la Autorísima: Mi hermana quería Braditz así que actualizaré esto a pesar de que no era el último último, quería que lo fuera y que se llamara El fin de una Era..., pero no todo se puede en esta vida. Sigo queriéndola y por sobretodo a Bra, mi Briefs favorita de todos los tiempos, y por supuesto quiero seguir narrándola aquí y en otra historia.

Gracias a los comentarios de kiara, Mary Deveraux, Gris, Prl16, Asaia16, tourquoisemoon, misha0309 y Guest. Besos a las que sigan acá(?)

Todavía sigo acá y me propongo a terminar esta historia porque 46 capítulos no se pueden lanzar al viento, ardería en el mármol del infierno y bailarán sobre mi tumba(?)

Besos inmortales de mí, RP, los amo. Adiós mundo cruel!