La albina y la peliceleste se encontraban caminando por aquellos pasillos, habían tenido audiencia con la cámara 46 y esperarían el veredicto en sus celdas, esto no pintaba bien la ninguna de las dos mujeres, Aihime había matado humanos a diestra y siniestra aunque no estuviese consiente y no fue a propósito y Miyuki se había revelado, se interpuso ante el arresto de Aihime y gracias a eso Soi-Fon casi muere. Si Orihime no hubiese estado ahí es posible que aquella capitana muriera... aunque eso no era algo que le quitara el sueño a alguien realmente.

Para ambas era su segunda visita y su primera vez se habían librado una por inocencia y otra por no representar una amenaza ¿pero ahora? Miyuki si era culpable, se había metido en el arresto de Aihime y por su culpa Soi-Fon fue herida de gravedad, por otro lado Aihime era muy poderosa y no tenía el más mínimo control sobre su poder.

El final del pasillo llegó, ambas fueron llevadas a celdas diferentes; Miyuki con solo un guardia mientras que la albina estaba rodeada. Miyuki espero paciente a que le colocaran aquellos grilletes en muñecas y tobillos.

-. ¿Que diablos hiciste? - interrogó Kempachi pasando por la puerta, la pequeña Yachiru estaba a su lado.

-. ¡Miyu-Chan! Te metiste en lío - la peliceleste sonrió.

-. Líos es mi segundo nombre.

-. ¿Que demonios hiciste niña? - volvió a gritar Kempachi furioso, su teniente estaba encadenada y esperando un veredicto que posiblemente fuese ejecución. Kobayashi se quedó en silencio, la atenta mirada de su imponente capitán y la emocionada sonrisa del espíritu de la Zampakuto de este.

-. Hice lo que sentía... no se preocupe, saldré de esta. - fue su respuesta entre dientes, Kempachi rió y Miyuki que se encontraba de rodillas con la cabeza gacha al escucharlo levantó el rostro. Yachiru y Kempachi sonreían.

-. ¡Así se habla! Más te vale salir rápido de esto.

-. Te traje dulces Miyu-Chan

Ichigo estaba en los cuarteles de la décima división caminando de un lado a otro, se encontraba furioso porque no lo dejaban salir de ahí. El y cada uno de sus amigos estaban en una habitación en cada uno de los diferentes cuarteles, los interrogarían uno por uno y luego llegarían a un veredicto. Ichigo sabía que aunque aún no habían empezado con el interrogatorio ya su veredicto estaba prácticamente decidido.

Ambas serían culpables, en lo único que aquellos absurdos interrogatorios podrían influir sería en la magnitud de la sentencia, con suerte no serían ejecutadas.

Se sentía impotente al no poder hacer nada, el solo no podía irse contra la sociedad de almas como aquella vez porque no sabía dónde estaban sus amigos, no quería que nada le pasara a Miyuki y tampoco a Aihime. Le causaba ira solo imaginar que a alguna de ellas les llegara a pasar algo.

Un murmullo se escuchó fuera del cuarto donde se encontraba Ichigo así que se puso de pie, la puerta de abrió y era El Capitan de aquella división.

-. ¡Toshiro, ¿no has sabido nada de ellas?! - preguntó acercándose al peliblanco.

-. Aún no llaman a ninguno. Solo se que ya ellas están en sus celdas.

-. ¿Están bien?

-. Por ahora... esperemos que de algo sirvan nuestros testimonios.

Hubo un silencio, ambos estaban realmente preocupados por ambas chicas.

-. ¿Crees que Aihime mató a todas esas personas? - Ichigo no creía que la peliblanco realmente fuese capaz de hacer tal cosa. Ella no era mala y no sería capaz de matar a humanos nunca, claro que no. Pero el silencio de El albino hacía que Ichigo dudara un poco de aquello.

Otra vez la puerta frente a Miyuki fue abierta. Se quedó en la misma posición que estaba esperando ser escoltada para que la ejecutaran pero en ningún momento nadie se acercó a ella y a juzgar por los pasos solo entró una persona y se quedó ahí parada.

La peliceleste levantó el rostro y sus ojos bicolor se encontraron con la última persona que pensó encontrarse en aquel momento, Hitsugaya Toshiro estaba frente a ella y la avergonzaba estar en esa maldita posición.

-. ¿Cómo estás? - dijo el chico rompiendo el silencio, Miyuki se mordió el labio. Su orgullo en aquel momento se estaba rompiendo en diminutos pedacitos.

No dijo nada, si hubiese podido meter su cabeza debajo de la tierra quizás lo habría hecho. No importaba que Toshiro hubiese entrado en son de paz y que su voz haya sido la cosa más amable que había escuchado en mucho tiempo; a pesar de todo eso ella no podía dejar el pasado atrás y nuevamente estaba encadenada a esa maldita pared que le impedía la movilidad.

Diferencia de la última vez ella y aquel capitán no estaban lanzándose puñales con la mirada o insultándose como en aquel entonces, ahora el quería abrazarla para apaciguar el miedo que el sabía que la chica tenía y ella ni siquiera había alzado la mirada por vergüenza.

Dio una amarga sonrisa al pensar en la ironía de todo aquello y sus ojos se llenaron de lágrimas pero se tragó el nudo en su garganta.

-. Normal - susurró con tranquilidad aún con la cabeza casi en el suelo.

-. Todo estará bien, lo prometo. - ahí levantó la mirada nuevamente. Esos ojos bicolor se encontraron con los hermosos ojos turquesa del chico.

-. Que promesa tan graciosa... - dijo casi para si misma pero claro que fue escuchada por el chico. Toshiro se puso de rodillas y sostuvo el rostro de Miyuki.

-. Pero es real... - la Kobayashi rio y dos lagrimas surcaron sus mejillas las cuales rápidamente fueron quitadas por los pulgares del chico.

Toshiro miraba esos ojos y recordó una vez que leyó que eran la ventada del alma, y notó que el alma de Miyuki estaba congelad y el quería derretir esa gruesa capa de hielo.

La besó.

Miyuki abrió los ojos con sorpresa ante el contacto que recibía de la última persona que creyó. Sus labios no eran tan fríos como ella pensaba y realmente le gustaba el contacto. Vio la torpeza del capitán al besar y decidió tomar ella el control. Los labios bailaban y el beso iba volviéndose más posesivo.

Fue subiendo de tono cuando Miyuki mordió el labio del capitán obteniendo acceso a su boca, sus lenguas luchaban por el control y ¡malditas sean esas cadenas! Que mantenían presos sus brazos y no la dejaban tocarlo.

La puerta se abrió y la persona que entraba interrumpió el beso.

-. Hay que irnos. - susurró la desconocida luego de nockear al chico.