La celda de Aihime estaba congelada, trataba de congelar las cadenas al punto de poder romperlas pero hasta el momento eso había sido inútil. Trataba de dejar el hielo simplemente en la celda y por el momento había funcionado.
Fuera de aquella celda se escucharon tres golpes acompañados del sonido de cuerpos cayendo. Aihime levantó el rostro cuando la puerta en vez de abierta fue rota en pedazos por lo congelada que estaba.
Frunció el rostro al ver a la chica entrar, parecía de 12 años pero en su experiencia en la sociedad de almas seguro que tenía mas. La "niña" tenía el cabello de color castaño y ondulado junto con un mechón de color celeste, su rostro era como el de una niña cualquiera, piel blanca como la nieve y esa sonrisa totalmente amable y entusiasta, sus ojos eran bicolor, uno dorado y el otro de color azul. La Niña tenía un vestido color hueso con bordes negros. En su mano derecha un guante como el que Aihime solía llevar.
-. Tenemos que irnos Ai - le dijo sacándola de aquel análisis.
-. ¿Quien eres?
-. ¡Soy yo! Soy Kuhaku ¿no me recuerdas? - interrogó con el ceño fruncido, más que molesta se veía triste y preocupada.
-. Lo siento... - susurró. La albina a pesar de no conocer a la castaña sentía la necesidad de abrazarla.
-. ¡No importa! - dijo con ojos algo llorosos - Te sacaré de aquí.
La Niña que respondía al nombre Kuhaku sacó su espada y cortó las cadenas liberando a la albina.
6 Horas antes.
Toshiro salió del cuarto en el que Kurosaki se encontraba, logró calmarlo luego de un rato pero a él nadie lo calmaba. El albino estaba mil veces más preocupado que aquel shinigami sustituto de pelo raro. Aihime y Miyuki podrían ser ejecutadas y el simplemente no sabía que iba a hacer con eso.
Aihime haría un desastre, moriría peleando y seguro después de la muerte seguiría peleando, conocía bien a esa bestia y seguro justo ahora estaba haciendo un plan para escapar o incluso tenía un plan en marcha.
Miyuki era un caso completamente a parte, ya ella había estado de ese lado y seguramente estaba reviviendo todo eso, su historia con aquella chica de pelo celeste y ojos bicolor era muy complicada pero los sentimientos seguirían ahí. Miyuki quizás podría estar teniendo un pequeño ataque de pánico y el no estaba ahí para tranquilizarla.
Golpeó una pared ante ese pensamiento, no podía quedarse de brazos cruzados viendo como las chicas eran ejecutadas -porque ese era el posible veredicto- pero no podía irse el solo en contra de la sociedad de almas los cuales los tenían a todos separados bajo extrema vigilancia para prevenir una rebelión.
Fue a la celda de Aihime, era un capitán y gracias a eso le permitieron entrar, la albina casi salta al notar su presencia, las cadenas estaban completamente congeladas y por lo visto ella seguía tratando de congelarlas lo suficiente como para poder rompérlas.
Las puntas que antes eran castañas ahora eran rubias.
-. Detente.
-. No creo que vengas a sacarme de aquí, entonces no estorbes - escupió con algo de dificultad y una notable molestia en su voz.
-. Todo saldrá bien. - Toshiro se arrodilló ante Aihime.
-. Yo estoy bien, dile eso a Miyuki. - el albino se quedó en silencio y ella sonrió. - es tu momento. Creí que un capitán era más valiente que eso.
-. ¡No lo entiendes!
-. ¿Que Debo entender? Miyuki te gusta desde siempre y no eres suficiente hombre para ir a decirle.
-. ¿Que se supone que le diga?
-. Yo que sé. Nunca me he confesado, lo más cercano a eso que tuve besé al chico.
Los dos se quedaron en silencio, Aihime recordó todo lo anterior con Ulquiorra y eso la enfureció. Despejó su mente de toda la rabia que sentía por el ser de enormes ojos verdes. Miro a aquel que había sido su amigo desde que llegó a Karakura, se notaba que sufría.
-. Ve y bésala.
-. ¿Estás loca?
-. ¡Bésala! ¿Que es lo peor que puede pasar? Seguro está encadenada como yo así que si no le gusta no podrá arrancarte los ojos. - Hitsugaya le hizo una mala cara luego de imaginar que a Miyuki no le gustara el beso y tratara de matarlo.
-. Eres un asco ayudando.
Murmuro y salió de ahí, luego de indicar que cerraran la puerta la voz de Aihime resonó en su cabeza "¿que es lo peor que puede pasar?" Lo peor era que Miyuki tratara de matarlo pero eso era algo que ya había pasado anteriormente.
En un momento de locura decidió ir a la celda de al lado y al entrar deseo no haberlo hecho. Miyuki estaba de rodillas y encadenada a la pared, muñecas, cuello y tobillo. Se le rompió el corazón ver a la peliceleste de esa forma.
-. ¿Cómo estás? - fue lo que salió de su boca, simplemente no se le ocurrió otra cosa y seguro en el futures cuando salieran de eso ella se burlaría por algo tan estupido.
La peliceleste tragó y el albino lo escuchó por el enorme silencio que ambos tenían, vio como la chica bajó un poco más la cabeza entonces por la mente del chico pasaron las imágenes de la vez que estuvieron en aquella posición.
Hace casi un año cuando Aizen traicionó a la sociedad de almas y Miyuki fue acusada de cómplice del ex-Capitan, con la diferencia que la última vez ella arrancó las cadenas de la pared y se lanzó a casi matarlo ¿por qué fue tan idiota? El jamás debió desconfiar de ella.
Por culpa de el la gran amistad que tenían se había roto ya por eso había tenido que guardar sus sentimientos por la chica tanto tiempo.
-. Normal - susurró con tranquilidad aún con la cabeza aún más abajo, su voz se escuchaba rota.
-. Todo estará bien, lo prometo. - fue lo que se animó a decir, esta vez no dejaría ir a Miyuki sin pelear. La chica levantó el rostro encontrando la tierna mirada que Toshiro le ofrecía
-. Que promesa tan graciosa... - susurró. Toshiro se puso de rodillas tomando el rostro de la chica para obligarla a mirarlo.
-. Pero es real... - una pequeña sonrisa surco los labios de la chica de ojos bicolor.
Toshiro miraba esos ojos que ahora estaban llenos de lágrimas, podía ver el dolor de la chica a travez de sus ojos, él tenía el corazón roto pero a ella le había roto el alma pasara por lo mismo otra vez.
Las palabras de Aihime volvieron a pasar por su mente y entonces la besó.
Toshiro sostenía el rostro de la chica para que no se alejara, le gustaba el contacto de los labios de la chica sobre los suyos a pesar de que los nervios del albino lo hacían torpe, para su sorpresa Miyuki le correspondió aquel beso haciéndose cargo.
Aquel anhelado beso por parte de ambos fue subiendo de tono cuando Miyuki mordió el labio del capitán obteniendo acceso a su boca, sus lenguas luchaban por el control y El Capitan enredó sus dedos el el celeste cabello de la chica produciéndole un cosquilleo en su interior.
Escuchó como la puerta de abrió y un punzante dolor en su cabeza se hizo presente hasta que todo se volvió negro.
