Capítulo 3: La horrible verdad.
Hermione no era alguien que llorara por largos periodos de tiempo. Si lo fuera, entonces jamás se hubiera recuperado de sus primeros y horribles meses en Hogwarts. Y, si su aislamiento en Hogwarts no la derrotó, entonces ciertamente no iba a dejar que las amenazas de Draco Malfoy lo hicieran. Pero fue entonces cuando se dio cuenta de que tendría que hacer algo que jamás quiso hacer: decirle a sus amigos cómo fue que quedó embarazada. Oh, y decirles que estaba embarazada en primer lugar.
Se levantó del sofá y se limpió las lágrimas. Estas hormonas estaban matándola. Se sentó en el escritorio y sacó un pedazo de pergamino y su pluma. Se debatió por un breve segundo sobre si debía decirles solo a Harry y a Ginny y que ellos le dieran la noticia a Ron. Ron era muy volátil y su temperamento en cuanto a Malfoy nunca era estable, pero ambos Harry y Ron eran sus mejores amigos, y ella sabía cómo dolía ser dejado de lado. Así que les mandó una carta pidiéndoles que vinieran a cenar a su departamento mañana. Eso le daría 24 horas para preparar que les iba a decir exactamente, algo que no sería nada sencillo.
Hermione maldijo su suerte una vez más. ¿Por qué Malfoy de toda la gente? ¿No pudieron haberse equivocado con otro donador de esperma o por alguien que no quisiera pelear la custodia y que solamente dejara que la clínica le pagara otro tratamiento? No, tenía que ser el idiota más grande el padre de su hijo, alguien que no pensaba en esconder a su hijo mestizo. Se frotó la frente; tal vez Malfoy entraría en razón una vez que hablara con su padre. No podía imaginar a Lucius Malfoy feliz con la inclusión de un bebé mestizo al árbol genealógico de los Malfoy.
Hermione no podía evitar sentirse un poco curiosa sobre el porqué Malfoy estaba buscando un tratamiento de fertilidad. Siempre pensó que toda esa endogamia de los sangre pura terminaría pateándoles el trasero con el tiempo. La diversidad genética entre las brujas y magos de sangre pura era casi nula en estos días. Incluso los traidores a la sangre como los Weasley estaban emparentados con la mayoría de las familias supremacistas de sangre pura. El énfasis en mantener la línea pura no podía continuar por mucho más tiempo sin que hubiera consecuencias para los niños, y al parecer, en el caso de Malfoy, significaba que estaba teniendo problemas para concebir un hijo. Intentó no reír, pero no pudo evitarlo. Se sintió culpable después, pero en serio –Malfoy, el chico que había sido tan arrogante sobre su herencia mágica, necesitaba tecnología muggle para mantener con vida su tan preciada línea de sangre. Era divertido cuando lo veías desde esa perspectiva.
No les había prestado mucha atención a los Malfoy después de su juicio. Estaba molesta ante la injusticia de que no estuvieran en prisión. Podía perdonar a Narcissa Malfoy de no ir a prisión. Ella le mintió a Voldemort y le dio a Harry la oportunidad de atrapar al psicópata desprevenido y matarlo, pero en su opinión, Lucius y Draco se merecían un tiempo en Azkabán. Draco alegó que había estado bajo mucha presión cuando se volvió un Mortífago. Desafortunadamente, tenía un buen punto. Se le ordenó matar a Dumbledore, y su familia hubiera sido asesinada si no lo lograba. Sin embargo, no podía imaginar a un Draco Malfoy de 16 años negándose ante la marca. Probablemente lo consideraba un gran honor. Lucius, cómo es que el Ministerio creyó que "se había cambiado de bando" durante la batalla final era algo incomprensible. Se tragaron sus excusas sobre no querer abandonar a los Mortífagos antes por miedo de que le hicieran algo a su esposa o a su hijo. Harry le había dicho a Hermione que era verdad; Voldemort se instaló por su cuenta en la Mansión Malfoy y tomó la varita de Lucius como castigo. Y sabía que tenía que creer esto porque venía de Harry, pero no podía evitar sentirse escéptica. Encontraba difícil de creer que no había sido un gran honor para los Malfoy el tener a Voldemort de base en su casa. Harry insistió en que Lucius estaba diciendo la verdad, y Hermione se sentó en silencio mientras todos se tragaban las súplicas emocionales de Lucius.
Los Malfoy mantuvieron un perfil bajo por un tiempo, pero Hermione vio el pequeño artículo en el Profeta que cubría la boda de Draco con Astoria Greengrass. Hubo una foto de la pareja, y ella rio ante la rigidez de su pose, aunque Astoria tenía esa sonrisa que te recordaba al gato que había atrapado al canario. No le dio un segundo pensamiento a la pareja hasta que Malfoy irrumpió en la oficina de Sebastian De Braun esa mañana. Ahora en lo único en lo que podía pensar era en que no permitiría que semejante pareja se acercara a la pequeña Iris.
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Draco llegó a casa cansado. Tan pronto como descubrió quien era la madre de su hijo, sabía que tendría una batalla por delante. Caminó por la Mansión Malfoy directo hacia la biblioteca, donde sabía que estaría su padre. Su padre estaba sentado detrás del escritorio, leyendo unos papeles. Ni siquiera se molestó en levantar la cabeza cuando su hijo entró a la habitación.
– ¿Y bien? –preguntó.
Draco no estaba seguro sobre cómo explicarle la situación a su padre. Por un lado, estaba desesperado de que la línea de sucesión Malfoy continuara. Usualmente los Malfoy se aseguraban de tener un heredero al principio de matrimonio, preferentemente en el primer año del matrimonio. Draco ahora tenía casi 30, y llevaba casado desde los 23, y no había señal alguna de bebé en el horizonte.
–Es más complicado de lo que pensaba. –respondió.
– ¿No puedes comprarla? –respondió Lucius.
Draco bufó.
–No a esta mujer. Tiene una moral de hierro.
Su padre alzó la mirada con una expresión vagamente preocupada.
– ¿Quién es?
No estaba seguro de cómo darle las noticias a su padre. Lucius nunca había sido un fan de Granger. Regañaba a Draco constantemente por permitir que ella le ganara en los exámenes cuando estaban en la escuela. Lucius no entendía como una sangre sucia podía ser tan inteligente y talentosa en cuanto a la magia se refería. Decidió que no había formar de hacerlo más sencillo.
–Es Granger.
Su padre sonrió ante eso.
–Draco, ahora no es momento de hacer bromas.
–No estoy bromeando, padre. Ella lleva al siguiente heredero Malfoy. –dijo serio.
Lucius tragó saliva y caminó hacia el gabinete donde tenía el alcohol. Sirvió dos vasos.
–Bueno, esto se acaba de poner interesante. –Draco bufó. Interesante ni siquiera le llegaba a los talones. – ¿Entonces qué fue lo que dijo?
–Esperaba que estuviera feliz de irme porque el bebé seria mestizo.
Lucius sonrió ligeramente. Un nieto mestizo no había estado en sus planes.
–Mmm… no es ideal. Pero un nieto mestizo es mejor que ningún nieto. Podríamos poner a Astoria en confinamiento por 9 meses y pretender que es un sangre pura.
–No si hereda el cabello de Granger. Además, dudo que ella lo permita tan fácilmente.
–Bueno, un nieto mestizo nos podría servir. Aún hay muchos que sospechan de nuestros motivos. Los tiempos están cambiando y un nieto mestizo podría cementar nuestro nuevo papel en la sociedad.
–Sería difícil de vender entre los círculos de los sangre pura.
Lucius bufó.
–No le tengo miedo a las familias sangre pura. La mayoría de ellos nos deben dinero y tengo demasiada información sobre ellos.
Era sorprendente el conocimiento superior con el que su padre navegaba entre la política sangre pura. Lo había hecho exitosamente la mayor parte de su vida, sin contar los dos años en los que vivieron ridiculizados por el Señor Tenebroso.
–Ella está aferrada a que no formaré parte de la vida del bebé.
–¿Su esposo no puede callarla? Seguramente no estará feliz de criar el hijo de otro hombre.
–Aquí es donde se pone un poco más fácil para nosotros. –Draco le informó a su padre. –Granger no está casada, ni tampoco está en una relación, sino que fue a la clínica para una embarazarse por medio de un donador de esperma.
Lucius sonrió.
–Eso definitivamente nos da más ventaja a nosotros.
–Sí, estaba pensando en que deberíamos mantener a Astoria hasta que la corte dé su veredicto. De esa forma puedo presentar a nuestro matrimonio como uno feliz que podría proveer una estable y amorosa relación con dos padres.
–Es un buen plan, Draco, pero prefiero no ver nuestros nombres sobre las portadas del Profeta, lo que pasará si esto se va a la corte. No queremos que el mundo piense que tenemos problemas de fertilidad. –comentó Lucius.
–¿Si? –remarcó. –Esta es Granger. Jamás nos dará al bebé y regresará contenta a la roca de la que salió.
–Claro que sé eso. Ella es una Gryffindor y la mejor amiga de Potter. Será muy difícil, pero me gustaría intentar una táctica diferente primero. Creo que deberías acercarte a ella y convencerla de que te dé al bebé.
Draco no pudo evitar reír.
–¿Estás loco? Ella jamás caerá por eso.
–Inténtalo, Draco. Necesitamos intentarlo y mantener esto lo más discreto posible. Mientras haces eso, contactaré a Horatio y comenzar a trabajar en el caso contra ella. Más que nada, nos dará algo de tiempo.
Sonrió ante la naturaleza astuta de su padre. No era lo suficientemente ingenuo para creer que podía quitarle el bebé a Granger sin pelear, pero les daría tiempo para construir el caso. Horatio Devereux podía hacer cosas que otros representantes legales no. Los Devereux eran abogados de los Malfoy desde tiempos inmemorables. Cómo había logrado que Lucius no fuera Azkabán era algo que Draco no sabía. Lucius sólo recibió un año de libertad condicional. Si alguien podía darle a su hijo, sería Horatio.
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Hermione estaba preparada para confesión en la cena. Para evitar cualquier comportamiento imprudente, preparó el platillo fuerte favorito de Ron, Pie Cottage, y el postre favorito de Harry, tarta de melaza. Afortunadamente, Ginny y Luna también estarían presentes, y ambas eran expertas en mantener a sus testarudos esposos a raya.
No podía recordar alguna vez en que estuviera tan nerviosa de contarle a Harry y a Ron algo. Escuchó el sonido de la chimenea. Tomó algunos respiros para tranquilizarse antes de caminar hacia la sala.
Hasta ahora todo iba de acuerdo al plan. Harry y Ron estaban de buen humor, y la comida había pasado sin problemas. Hermione estaba preparando café en la cocina para poder servir el postre. Sentía que su estómago lleno de nudos, y le temblaban las manos, lo que no era una buena señal. Sabía que tenía que hacerlo, pero era más fácil decir que hacer. La decepción y confusión de sus amigos era algo que no ansiaba ver. No entenderían su deseo de tener un hijo sin la necesidad de una pareja.
–Tú puedes hacerlo. –murmuró Hermione para sí misma y después maldijo al tiempo que se le caía la taza y derramando cristal y café por toda la cocina.
– ¿Qué es lo que puedes hacer? Porque aparentemente no es café. –remarcó Ginny, entrando a la cocina.
– ¡Ha Ha! –respondió Hermione, antes de agitar su varita y reparar la taza y tirando los granos de café a la basura.
– ¿Me dirás por qué estás tan ansiosa esta noche?
–No estoy ansiosa.
–Claro que no. Por eso es que no puedes hacer una simple taza de café. –comentó Ginny. – ¿Por qué tengo el presentimiento de que es algo grande? Has estado nerviosa toda la noche.
–No, no lo he estado.
Ginny sólo le dio esa mirada que decía "no puedes engañarme". Hermione suspiró.
–Bien, tengo algunas noticas que darles y no son del todo buenas.
–Siéntate antes de que rompas algo más. –dijo Ginny, viendo como las manos de Hermione temblaban y terminando la tarea que Hermione había intentado hacer; llenó la cafetera y puso algo de té para ella. – ¿Tiene que ver con tu amorío de vacaciones? ¿Te contagió algún tipo de enfermedad?
Hermione miró a Ginny y rompió en risas.
–Ginny, creo que puedo cuidar mi salud yo sola. –en medio de las risas, Hermione empezó a llorar.
Ginny miró a Hermione alarmada. Hermione nunca lloraba. Nunca.
–Ven, siéntate. –dijo, guiando a Hermione hacia una de las sillas en la barra. Tomó unas servilletas y se las dio para que se limpiara la cara.
–Lo siento. –dijo Hermione. –No sé por qué me siento tan emocional en este momento.
–Sino supiera mejor, diría que estás embarazada. Las hormonas son unas malditas.
La horrorizada expresión de Hermione hizo que Ginny se detuviera.
– ¡Por la barba de Merlín! ¿Eso es, no es así? ¿Estás embarazada? –Hermione no pudo hacer más que asentir. – ¡El canalla! ¿Le has hecho saber tu situación?
Esto era justo lo que Hermione había esperado con su plan. Hubiera justificado su embarazo debido a un comportamiento impulsivo, y que el padre sería alguien que no pensaba hacerse cargo y que la botó, pero ahora tenía explicaciones que dar.
–Llevemos el café y la tarta. Tengo que explicarles algo y prefiero que estén sentados.
–Espera; déjame pongo algo de té de manzanilla para ti. La cafeína no es buena para el bebé y menos con el estado en el que estás ahorita.
Llevaron las cosas a la sala, en donde se aseguró de poner grandes rebanadas en los platos de Harry y Ron antes de sentarse, y jugar con su propia rebanada.
Tomó un gran respiro, era ahora o nunca.
–Tengo algo que decirles. –comenzó. –En verdad apreciaría mucho si me escucharan antes de saltar en conclusiones. No es algo que hubiera querido decirles y pensarán que estoy loca, pero por favor escuchen y no me griten hasta que termine.
Todos se detuvieron y la miraron, haciendo que se sintiera aún más nerviosa. Los nudos en su estómago no estaban mejorando, y las náuseas no ayudaban tampoco. Estaba a punto de vomitar a causa del estrés. Decidió que la única forma de lograrlo, sería hacerlo con los ojos cerrados y simplemente decirlo.
–En realidad no estaba en Suiza para esquiar, y no tuve un amorío con un francés llamado Thibault. En lugar de eso, fui a una clínica de fertilidad para una inseminación artificial usando el programa de donadores de esperma.
Hermione escuchó los sorprendidos jadeos de sus amigos, pero sabía que no continuaría si abría los ojos para ver sus reacciones.
–Hace unas semanas, me di cuenta de que estaba embarazada.
– ¡¿Estás embarazada?! –exclamó Ron.
Abrió los ojos y vio las sorprendidas expresiones de sus amigos.
–Por favor, Ron, ese no es el fin de la historia.
–Espera, ¿qué más podría faltar?
–La peor parte de la situación. Al principio, todo fue de acuerdo al plan. Yo iba a decir que había quedado embarazada debido a mi amorío en las vacaciones.
Ginny bufó.
–No puedo creer que ibas a mentirnos respecto a esto.
Hermione puso la cabeza entre sus manos.
–No es como si quisiera, pero no creía que pudieran entenderlo.
–Tienes razón, no lo entiendo. Si tanto deseas un bebé, ¿entonces por qué no intentas salir con alguien? Han pasado años desde que tuviste un novio. –dijo Ron.
–No es tan simple. No hay nadie más allá afuera. No hay nadie con quien deseé salir. Desearía que así fuera, pero no me siento atraída hacia ningún hombre y no voy a salir con nadie meramente para tener un bebé. Preferiría ser una madre soltera que estar una mala relación con alguien y a un niño en medio de eso.
–Pero Hermione, no has intentado salir con nadie recientemente. –dijo Harry.
–Juré que después de Anthony no saldría con nadie a menos que en verdad sintiera algo. Todos los que me han presentado me han dejado… indiferente.
–Eres muy quisquillosa, eso es todo. –dijo Ron molesto.
–Calla, Ron. Hermione tiene razón en esperar a alguien por quien verdad sienta atracción. –dijo Luna. Hermione le sonrió agradecida. Luna era la única que no la juzgaba con la mirada. Aunque Luna también era poco convencional. Era menos fácil que ella se sorprendiera por estas cosas.
– ¿Quién es el donador de esperma? –preguntó Ginny, regresando la conversación a su punto.
–Son anónimos. Escogió a alguien con un alto IQ y buenos resultados académicos. Es un sanador. Sin embargo, a inicios de esta semana, recibí una carta diciendo que había un error en mis archivos. Agendé una cita en la clínica hace dos días y resultó que tuvieron un error con las muestras en el laboratorio. El padre de mi hijo no es el donador de esperma que escogí. –dijo rápidamente.
Ginny comenzó a reír y todos la miraron sorprendidos.
–Lo siento. –dijo. –Es que ya no puedo con nada de esto. Primero, Hermione siente la necesidad de ir a una clínica para tener un bebé y ahora la clínica lo arruina todo.
–No te estarás riendo cuando sepas quien es el padre. –dijo Hermione oscuramente.
Eso obtuvo la atención de todos. Miró los absortos rostros frente a ella antes de bajar la mirada a su intacto postre.
–Como estaba diciendo, hubo un error en el laboratorio y el esperma que escogí fue confundido con el esperma de otra pareja, y como resultado, ahora estoy esperando un hijo de Draco Malfoy.
El silencio siguió a su proclamación. Nadie dijo absolutamente nada en los siguientes minutos. Hermione jugaba ansiosamente con sus manos, esperando la inevitable explosión.
–Bueno, felicidades, Hermione. Estoy muy emocionada sobre la nueva adición. Será muy lindo que ahora tú también tengas un bebé. –dijo Luna.
Ron miró a su esposa incrédulo.
– ¿Cómo puedes felicitarla? Esto no es algo para estar feliz; es una maldita farsa.
– ¡Ron! –exclamó Luna.
– ¡Nada de "Ron"! Lo es. Hermione se volvió loca y ahora está embarazada y lleva el engendro de un mortífago.
Los nervios de Hermione se rindieron, haciendo que rompiera en llanto, y corriera escaleras arriba hacia su habitación. Los últimos días le habían cobrado la cuenta, y no quería más que enterrar la cabeza bajo la almohada y no salir jamás. Escuchó el sonido de unos pasos subiendo las escaleras y de inmediato se aferró más a la cama.
–Hermione. –la llamó Harry suavemente. Sintió como la cama se hundía suavemente a un lado de ella al tiempo que él le frotaba la espalda. –Ya sabes cómo es Ron. En verdad no quería decirlo de esa manera.
–Pero tiene razón. Lo arruiné por completo. ¿Cómo podría pasarme esto a mí, y con Draco Malfoy de todas las personas?
–Hey, no es tu culpa. Es de la clínica. No es cómo si supieras lo que iba a pasar.
–Es ridículo. Y cuando esto vaya a la corte y salga en todos los periódicos, todos se reirán de mí. Soy la horrible sabe–lo–todo que no puede mantener a un novio y tiene que recurrir a una donación de esperma para poder tener un bebé. –lloró.
–Si alguien dice algo terminará recibiendo el hechizo MocoMuerciélagos de Ginny. ¿Pero esto por qué iría a la corte?
Hermione se sentó y se limpió los ojos.
–Malfoy irrumpió en mi cita con el director de la clínica. Es lugar de ser alguien normal y dejar que la clínica lidiara con el incidente de un potencial hijo mestizo, está demandando tener sus derechos con el bebé.
Harry la miró confundido.
–¿Quieres decir que en verdad quiere reclamar a su hijo?
Hermione asintió, haciendo que un par de lágrimas bajaran por sus mejillas.
–Pensé que intentaría convencerme de que tuviera un aborto, pero me llevará a la corte para que pueda ver al bebé.
–Estoy seguro que no resultará nada. Es decir, Lucius nunca soportaría la idea de reconocer a un mestizo. Aunque probablemente necesites ser cuidadosa cuando salgas. No descartaría la idea de que los Malfoy intenten hechizarte para que pierdas al bebé.
Hermione lo miró horrorizada y apretó su estómago protectoramente. Harry se dio cuenta entonces de lo que dijo.
–Perdón, debí de haber dicho eso mejor. No te preocupes; no voy a dejar que nada te pase.
–No puedo perder a este bebé, Harry. No podría soportar pasar por todo esto de nuevo. La conmoción emocional terminaría matándome.
Harry le dio un beso en la frente.
–¿Yo te cuidaré, si? Si Malfoy quiere pelear, entonces pronto se dará cuenta de que no es sólo contigo, sino también conmigo y con Ron.
Hermione sonrió débilmente.
–Muchas gracias. ¿Crees que les importe a los demás si ya no bajo? Me siento muy cansada y sólo quiero dormir. El primer trimestre es muy agotador y he tenido un par de días difíciles.
–Duerme, Hermione. Limpiaremos abajo, así que no te preocupes. No te quedes despierta a sobre analizar todo.
Harry caminó lentamente escaleras abajo hacia sus impacientes amigos. Estaba teniendo problemas para entender todo. La vida nunca fue sencilla para Hermione.
–¿Cómo está? –preguntó Ginny en cuanto lo vio.
–Está bien. Cansada y emocional, pero estará bien. Le aseguré que la cuidaríamos.
–Aún no puedo creer que tendrá un bebé de Malfoy. –dijo Ron por quinta vez.
–Me dijo que él la está amenazando con llevar el asunto a la corte si ella no le permite acceso al bebé.
Ginny jadeó.
–Pero él no querrá reconocer al bebé. Hermione es hija de muggles. Los Malfoy se enorgullecen en la pureza de su sangre.
–Parece que este no es el caso. No descartaría la idea de que la estrese lo suficiente para provocarle un aborto.
–O tal vez él también quiere un bebé tanto como Hermione. –sugirió Luna.
Ron bufó.
–Este es Malfoy. ¿Qué quiere con el bebé de Hermione? ¿Está casado, no es así?
Ginny asintió.
–Con la hermana de Daphne Greengrass.
–Bueno, pues obviamente no pueden concebir si buscaron ayuda de una clínica de fertilidad. –dijo Luna.
Ron y Harry rompieron en carcajadas. Ginny rodó los ojos, típico de los hombres, juzgando la masculinidad en base a dejar a las mujeres embarazadas.
–Nos culpo por todo esto.
–¿Pero qué hicimos? –preguntó Ron confundido.
–Dejamos que Hermione se enterrara en el trabajo. No ha salido con nadie por mucho tiempo. En su lugar, hemos dejado que se convierta en una clase de tía glorificada.
–Objeto ante eso. Tú y mamá no han dejado de molestar a Hermione hasta morir acerca de todo ese asunto de las citas. Ustedes la han presionado lo suficiente para que ella corriera en la dirección opuesta. –se quejó Ron.
–Al menos lo hemos intentado. Tú y Harry son horribles. Felizmente se zafaron del asunto y la vieron volverse solitaria porque ningún hombre es lo suficientemente bueno para ella ante sus ojos.
–Hey, eso no es justo. Me encantaría ver a Hermione feliz, pero no la empujaré a nada que ella no quiera. Además, obviamente no ha funcionado lo que tú has hecho.
–¡Al menos lo estoy intentando, que es más de lo que puedo decir por ti! –gritó Ginny.
Harry acarició la rodilla de Ginny.
–Cariño, hacer que tu presión suba no es bueno para el bebé. Además, toda esta discusión acerca de lo que pudimos haber hecho, no va a cambiar el hecho de que Hermione esté en este predicamento.
Ginny murmuró algo sobre hombres protectores pero Harry la ignoró.
–Tenemos que asegurarnos de mantener un ojo abierto en Malfoy. No será bueno. Intentará hacer que Hermione le dé al bebé.
–El hurón se dará cuenta de que primero tendrá que pasar por nosotros antes de llegar a ella. –dijo Ron marcialmente.
