Capítulo 4: Conversaciones

Ginny observó a su usualmente racional amiga, quien se encontraba caminando de un lago a otro en la sala. Hermione había decidido que necesitaba decirles a sus padres sobre su predicamento, y que hoy sería ese día. Era obvio para Ginny que Hermione no quería hacer esto y el estrés era algo que en verdad no necesitaba.

–Hermione, no tienes por qué hacerlo justo ahora. Aún estás en una etapa muy temprana de tu embarazo. –dijo, intentando razonar con ella.

–Pero si no me quito ese peso de encima, terminará colgando como la espada de Damocles.

– ¿No crees que estás siendo un poco melodramática? –sugirió Luna suavemente.

–No conoces a mis padres. Ellos no lo entenderán.

Ginny tomó las manos de Hermione.

–Tienes que calmarte. Todo este estrés no es bueno para ti.

Hermione se sentó en el sofá y comenzó a respirar en la forma en que Ginny le estaba enseñando.

–Perdón por haber entrado en pánico. Pero es que en verdad tengo mucho miedo acerca de todo esto.

– ¡Claro que debes estarlo! Esto no es nada normal.

Hermione le sonrió agradecida a Ginny, quien intentaba calmarla todo lo que fuera posible. También estaba intentando calmar todos los miedos que Hermione tuviera acera del embarazo o de parto. Ginny jamás había visto a Hermione tan extrema en sus emociones, pero claro, el embarazo tiene ese horrible hábito de provocar semejantes reacciones.

La ventaja de haber renunciado al Quidditch profesional era que Ginny ahora tenía más tiempo libre para pasar con su amiga. Ya no era llamada a largos campos de entrenamiento y juegos al otro lado del país. Ahora trabajaba para el Profeta, donde era su corresponsal de Quidditch. Aparte de atender a juegos y conferencias de prensa, prácticamente trabajaba en casa.

Luna también había venido a apoyar a su amiga. Como investigadora de "", tenía grandes lapsos de tiempo dado que trabajaba en casa, revisando los libros, intentando localizar menciones históricas de alguna de la extraña y salvaje flora y fauna que ella estudiaba. Actualmente estaba en medio de uno de esos proyectos y pasaba por la casa de Hermione todos los días, intentando distraerla de sus problemas preguntándole sobre esto y aquello. Luna usualmente no hacía esto, dado que Hermione no tenía una mente de las más abiertas, pero reconocía que su embarazada y estresada amiga necesitaba la distracción.

Pareciendo más tranquila ahora, Hermione brincó y tomó su bolsa. Caminó hacia la chimenea.

–Bueno, jamás será un buen momento para hacerlo. –le dijo a sus amigas. –Así que más vale que termine con esto de una vez. Solo deseo no haberle dicho a mis padres tantas cosas sobre Malfoy cuando estaba en Hogwarts. ¡Deséenme suerte!

Ginny y Luna vieron como su amiga desapareció en la Red Flú.

– ¿Crees que estará bien? –preguntó Luna. – ¿No debió de haber ido alguna de nosotros con ella?

–Nah, está nerviosa porque su mamá pensará que se precipitó, pero estará bien. La aman y reconocerán el sacrificio que ella hizo por ellos durante la guerra. No son la clase de personas que desheredan a sus hijos por algo así.

Luna se asombró ante el conocimiento superior de Ginny sobre la familia Granger, dado que ella sólo los veía ocasionalmente.

Ginny se dejó caer en el sofá.

–Estoy más preocupada sobre Harry. Está tomando muy mal las noticias.

Luna apretó los labios.

–Ron se queja sobre ello, pero no hará nada.

–Desearía poder decir lo mismo sobre Harry. Ha traído los archivos de los Malfoy a casa y los está revisando con lupa. Me asegura de que no busca arrestarlos o imputarles cargos, sino que busca su modus operandi. No quiere que Hermione sepa, pero en verdad está preocupado de que le hagan algo.

Luna sacudió la cabeza.

–Al menos no están estresando a Hermione con sus teorías y peleas. Sobre Malfoy, creo que en verdad quiere al bebé, así que es por eso que no está preocupado de que sea mestizo.

La expresión de Ginny se oscureció. Luna continuaba con esa teoría de ella de que Malfoy en verdad quería al bebé por razones legítimas. Su cuñada podía ser bastante inocente y siempre pensaba lo mejor de la gente.

–Tal vez ese sea el caso para Malfoy, pero Lucius es astuto y lo suficientemente peligroso como para dañar a Hermione.

Luna se encogió de hombros.

–Tal vez. Sin embargo, creo que todos los están juzgando bastante duro. Han sido buenos ciudadanos desde que Voldemort cayó. ¿Por qué eso cambiaría ahora?

–Lucius ya ha usado su carta de inocencia antes. No confío en ese hombre.

Luna se quedó sabiamente en silencio. La pelirroja tenía todos los motivos para odiar y desconfiar de Lucius Malfoy. Sin embargo, Luna estaba tomando lo que Draco Malfoy había dicho como prueba. Sentía que las cosas no eran tan directas como sus amigos de Gryffindor creen. Las últimas veces que habían visto a Malfoy, no se veía nada feliz. Era más que posible que tuviera problemas personales, lo que explicaba él porque estaba en la clínica de fertilidad en primer lugar. Aunque sabía que no era buena idea decir esto en voz alta. Su esposo y sus amigos siempre sospecharían de las intenciones de Malfoy. Fue una consecuencia de la guerra.

Viendo lo preocupada que estaba Ginny, Luna puso una mano sobre su rodilla.

–Dudo que Harry haga algo imprudente.

Ginny se talló los ojos.

–En verdad lo espero. No veo como eso pueda ayudar a Hermione.

-o-o-o-o

Sin embargo, los miedos de Ginny fueron probados correctos. Dos días después, Harry se topó a Malfoy en el Ministerio. El rubio estaba conversando con varios altos miembros de Wizengamont y viéndose igual de arrogante que siempre. Harry lo miró con sospecha y lo siguió por el pasillo. Espero hasta que Malfoy se alejara del grupo.

–Hey, Malfoy. –llamó.

El antiguo Slytherin se detuvo y sus hombros parecieron tensarse al tiempo que reconocía la voz.

–Potter. –dijo girándose. – ¿A qué le debo el placer?

–Me gustaría hablar contigo.

Malfoy suspiró.

– ¿Me supongo que esto pasará en tu oficina?

–Sería lo mejor, sí.

–Adelante, entonces.

Caminaron en silencio hasta que llegaron a la oficina de Harry. Cerró la puerta, se movió hacia el escritorio y se sentó, para ofrecerle la silla opuesta a Malfoy. Su antiguo némesis de la escuela se sentó lánguidamente.

–Quiero hablar contigo sobre Hermione.

– ¿Cómo no lo supe antes? –respondió Malfoy sarcásticamente.

– ¿Por qué estás haciendo esto?

– ¿Hacer qué?

– ¿Amenazarla con tomar acciones legales y estresarla hasta el punto en que no puede dormir?

–Mira, quiero ser lo más amable posible, pero en verdad no puedo entender cómo es que tú y tu grupo de Gyffindors no pueden entender el por qué quiero formar parte de la vida del bebé.

Harry bufó.

–Malfoy, en ningún momento en todo lo que tenemos de concerté nos has dado motivos para creer que un bebé con una hija de muggles sería bienvenido.

–Lo que pensaba respecto a eso es académico ahora. El bebé existe. No hay nada que pueda hacer para cambiar eso.

– ¿Por qué no puedes pretender que el bebé no existe?

–Ponte en mis zapatos por un pequeño momento, Potter. Aunque sé que es algo difícil para alguien con una mente tan cerrada como tú. ¿Harías lo mismo? ¿Simplemente te alejarías del bebé sólo porque fue un accidente?

Harry no quería reconocer que Malfoy tenía un buen punto. Si fuera alguien más, digamos Terry Boot o Justin Finch–Fletchley, estaría más que dispuesto a considerar este punto. Pero era Malfoy. No creía que valiera la pena hacer un comentario referente a lo de la mente cerrada, sobre todo viniendo del rubio.

–Quiero que dejes a Hermione en paz.

–No la he visto de Suiza.

Estaba sorprendido ante eso.

–No confío en ti ni en tu padre en cuanto este bebé se refiere.

Malfoy rodó los ojos.

–No me digas, haremos que de alguna forma a Granger le suceda un trágico accidente y termine con el bebé muerto.

–No lo descarto.

–Creo que te estás perdiendo mucho del punto.

– ¿Qué punto?

–Un punto, que tú de toda la gente, debería saber.

Harry estaba confundido. Esta conversación no hacía nada más que moverse en círculos.

–Sólo escúpelo.

–El bebé que Granger está esperando es un Malfoy, así que, no importa si es mestizo o no.

– ¿Por qué es importante?

–Cómo es que te volviste Auror, sigo sin saberlo. Pensé que serías más inteligente. Tú tienes una experiencia de primera mano sobre lo que un Malfoy haría por otro Malfoy.

Harry se sonrojó cuando se dio cuenta sobre lo que Malfoy se refería. El Narcissa Malfoy por su hijo fue más fuerte que cualquier otro deseo de ver a Voldemort y a su supremacía de sangre pura triunfar. Malfoy aplaudió lentamente.

–Bien hecho, Potter. Veo que has logrado sumar 2 más 2.

–Te advierto que los estaremos observando.

–No esperaría menos de ti. Sin embargo, tal vez querrías recordar que has estado equivocado al menos una vez en cuanto a los motivos de los Slytherin.

Le tomó menos de un momento a Harry el saber a quién se refería Malfoy. Aún se sentía culpable de cómo había juzgado a Snape.

Vio como el rubio se ponía de pie.

–Diría que fue un placer hablar contigo, pero ambos sabemos que sería una mentira. –dijo Malfoy, mientras caminaba hacia la puerta.

-o-o-o-o

Draco corrió una mano sobre su cabello mientras dejaba la oficina de Potter. Maldecía al dichoso Elegido y a su falta de habilidad en cuanto a no meterse en los asuntos de los demás se refiere. Se negaba a explicarle a Potter el por qué quería un rol en la vida de este bebé. De todas maneras, todo lo que le había dicho era correcto. Los Malfoy se cuidaban entre ellos sobre todas las cosas.

Caminó desde el atrio hacia el banco de chimeneas. Tiró algunos polvos flú y regresó a la Mansión. Lo primero que escuchó cuando llegó fueron los chillidos de su esposa. Presionó los dedos contra el puente de la nariz al tiempo que Astoria aparecía en la habitación.

– ¿Draco, donde has estado? Teníamos que ir a almorzar con Theo y Andrea.

–Te dije la semana pasada que tenía algunas reuniones en el Ministerio hoy y que no podría ir.

–Pensé que habíamos acordado que las pospondrías. Andrea iba a mostrarme su nuevo jardín y quería asegurarme de que no fuera mejor que el de la Mansión.

Podía sentir como crecía su irritación.

–No, Astoria, decidiste eso. Te dije que esta reunión era más importante que las plantas de cualquier pareja.

Ella hizo un puchero.

–Me dio mucha vergüenza tener que ir sin ti.

–Tal vez la siguiente ocasión me escuches cuando te diga algo.

–Sería lindo si tú tomarás en consideración los sentimientos de tu esposa. –le dijo molesta antes de salir de la habitación.

Draco cerró los ojos.

–Salazar, sálvame de las brujas. –murmuró.

–Vamos, Draco, no todas somos como Astoria. –dijo su madre, divertida, al tiempo que entraba a la habitación.

–A veces es difícil recordarlo. –gruñó Draco.

–Ven, vamos a tomar el té. –sugirió Narcissa.

Draco sabía que ese era un código para "tenemos que hablar", así que siguió a su madre hacia su estancia privada. Ella tenía toda la elegancia y porte que Astoria quería pero que jamás sería capaz de poseer. Por alguna razón, esto lo hizo feliz. En su punto de vista, Astoria no le llegaba a su madre ni a los talones.

Se sentó en uno de los grandes sofás de su madre. Mientras que los salones de abajo eran estilizados y formales, lo que como consecuencia lo hacían sentir incómodo, las estancias privadas de la Mansión tenían un toque más hogareño. Un elfo doméstico apareció en la habitación con una charola con el té, poniéndolo con cuidado en la mesa que se encontraba en medio de madre e hijo. Narcissa procedió entonces a servir el té de ambos, para después ofrecerle una galleta de las que ella tanto le gustaban.

–Bien, ¿ahora me dirás que está pasando? –preguntó, dejando de lado su fachada de "Señora de Mansión" y brincando directo al punto.

–No estoy seguro de a qué te refieres, Madre.

–Puedes dejar de actuar, Draco. Tal vez funcione con los demás, pero jamás serás igual de bueno que tu padre en eso de fingir ignorancia. Puedo ver a través de ti.

– ¿Supongo que Padre no te dicho?

–Ya conoces a Lucius, nunca me dice estas cosas a menos que tenga que hacerlo. Dice que es para no molestarme. Es un tonto. –dijo Narcissa con afecto.

Draco gimió internamente. Desearía que su padre dejara de tratar a su madre como una muñeca de porcelana. En todo lo que resultaba era en su madre le sonsacara la información a él, y era bastante buena en eso.

– ¿Qué quieres saber?

– ¿Cuándo te vas a deshacer de la odiosa chica que está abajo? Quería que lo hicieras hace años cuando primero tocaste el tema con nosotros, pero dejaste que tu padre te convenciera en tener un hijo primero.

–Desearía haberte escuchado.

–Yo también, Draco. He visto lo infeliz que has sido casi desde el inicio. Podrías haber estado casado con alguien que en verdad quisieras si te hubieras divorciado entonces.

–Para ser honesto Mamá, no creo que me case de nuevo.

Narcissa observó tristemente a su hijo. Sólo la llamaba "mamá" cuando estaba realmente deprimido. Todo esto del matrimonio con Astoria lo estaba haciendo envejecer prematuramente. Se veía estresado todo el tiempo. No era algo que una persona promedio pudiera ver, pero a en sus ojos, ella podía ver la presión bajo la que estaba.

–No digas eso, cariño. Encontrarás a alguien con quien serás feliz.

–Estoy comenzando a pensar que debí de haberme casado con Pansy. Al menos ella no me fastidia.

Narcissa bufó.

–No, ustedes dos hubieran terminado matándose. Además, ella y Adrian son muy felices.

Draco suspiró. Su madre tenía razón. Sin importar cuanto amara y admirara a Pansy, ellos no funcionaban como pareja. Ella fue su primera novia, y la única de sus relaciones pasadas que continuaba siendo su amiga. Ella ahora estaba felizmente casada con Adrian Pucey y ambos tenían dos hermosos hijos a los que Draco mimaba sin límite.

–Como siempre, tienes razón, Madre.

–Pero no es eso lo que te tiene tan estresado.

Se debatió por un breve segundo sobre si debía o no decirle a su madre. Entre menos personas metiera en este desastre mejor, pero era su madre. Ella odiaba que le mantuvieran secretos, y si no podía sacárselo, entonces cuando se enterara sería horrible.

– ¿Recuerdas que Astoria y yo fuimos el mes pasado a Suiza para un tratamiento de fertilidad?

–Sí. –respondió Narcissa. –No me digas que está embarazada. –el disgusto en su voz al decirlo lo hubiera divertido cualquier otro día, pero no en estas circunstancias.

–Estarás aliviada de saber que no es así.

Narcissa dejó salir un suspiro de alivio.

– ¿Entonces por qué estás tan tenso?

–Hubo una confusión en el laboratorio. Mi muestra de esperma no terminó en Astoria, sino en alguien más, y ella está embarazada.

Se detuvo para dejar que su madre digiriera las noticias. No era algo sencillo de hacer.

Admirablemente, Narcissa lo miró confundida.

– ¿Quién es la mujer que lleva tu bebé?

Draco gimió cansado. Esto no se pondría más sencillo. A su madre tampoco le agradaba Hermione Granger.

–Granger. –dijo simplemente.

– ¿Granger? ¿La amiga de Potter? ¿La del cabello de arbusto?

–La única.

Narcissa se recargó en la silla.

– ¡Oh!

–Eso es poco decir.

–Bueno, ¿qué quieres que diga? Creo que estoy actuando bastante bien según las circunstancias. ¡Granger! Esa horrible niña que andaba por el Callejón Diagon hecha un desastre y ahora me dices que ella es la madre de mi nieto.

Draco sonrió con amargura. Esa era la reacción que había esperado de su madre. Observó como ella tomaba algunas bocanadas de aire para tranquilizarse.

– ¿Has hablado con ella al respecto? –preguntó, cuando estuvo más en control.

–Puede que haya irrumpido en su cita con el De Braun.

– ¿Y cómo lo tomó ella?

–No muy bien. Para empezar, pensó que la obligaría a abortar. No quiere que tenga derechos sobre el bebé.

–No puede hacer eso, ¿o sí?

Draco se encogió de hombros.

–Tenemos a Horatio trabajando en el caso. Es complicado. Ella fue ahí por una donación de esperma, así que su contrato dicta que el padre biológico no tiene derechos sobre el bebé.

– ¿Podrá detenerte de ver al bebé?

–No lo sé. Padre espera que podamos mantener esto alejado de la corte, pero no veo cómo. Tiene esta idea de que pueda convencerla de que darnos al bebé.

Narcissa bufó.

–Tu padre siempre ha subestimado a Potter y sus amiguitos. Ella no es la clase de persona que le entregue su hijo a alguien más.

–No lo es.

– ¿Continuarás con el tonto plan de tu padre?

–Vale al menos intentarlo. No nos beneficiará a nadie el ver esto ante un juez. Además, nos comprará tiempo. –respondió.

Uno de los primeros cambios que hizo el Ministerio después de la caída de Voldemort fue la implementación de un apropiado sistema de Justicia, uno basado en las cortes muggles. Había habido tantas instancias donde los individuales abusaban de su poder para demeritar a una comunidad completa: desde las cortes autoritarias de Barty Crounch padre hasta la corte presidida por Cornelius Fudge que intentó expulsar a Harry Potter de Hogwarts por usar magia siendo menor de edad.

Esto hizo que Draco pensara en su conversación con Potter una vez más.

–Probablemente sea mejor que subamos la guardia por un tiempo. –sugirió.

Narcissa alzó una ceja.

–Potter me encontró en el Ministerio hace rato y me amenazó sobre Granger.

– ¿Cree que la lastimaremos? –preguntó indignada.

–Eso es exactamente lo que piensa. –Draco hizo una mueca.

– ¿Qué hay de Astoria?

Draco gimió.

–No quiero pensar en ella. Es mejor que no sepa lo que está pasando. Intentará usarlo para manipularnos y no podemos darnos ese lujo.

Su madre se encogió de hombros.

–Qué estabas pensando cuando te casaste, jamás lo sabré.

–No lo estaba haciendo. –respondió secamente.