Capítulo 5: Citas y encuentros.

Esa mañana fue la primera cita de Hermione con la partera y la anticipación estaba matándola. Prácticamente estaba brincando de un lado a otro mientras esperaba a que la llamaran. El embarazo se sentía mucho más realista ahora. Hasta el momento, había consistido en horribles náuseas y la aplastante realidad de que estaba esperando un bebé que compartía ADN con Draco Malfoy. Oh, y llorar. Mares de llanto.

– ¿Podrías quedarte quieta? –le preguntó Ginny.

–No puedo. Estoy demasiado emocionada.

– ¡Ni se nota! No es tan emocionante, sabes.

– ¡Oh, calla! No lo es para ti porque es tu tercera vez. Aún recuerdo lo emocionada que te ponías con cada cita de James. –le recordó Hermione.

Ginny sonrió afectuosamente.

–Lo recuerdo.

Hermione tenía una cita en San Mungo. Se encontraba en un pequeño anexo en la parte de atrás del bullicioso hospital.

–Espero que mi partera sea agradable. –susurró Hermione.

–Estoy segura de que lo será.

Hermione revisó el reloj por lo que parecía su venteaba vez y bufó cuando se dio cuenta de que los 10 minutos que necesitaba para su cita aún no avanzaban. Tomó una revista y comenzó a hojearla rápidamente.

La mano de Ginny descendió y detuvo el frenético cambio de las páginas.

–Cálmate.

–No puedo. No sé qué pasa conmigo. Nunca había estado tan nerviosa. –se giró hacia Ginny, alarmada. – ¿Qué tal si hay algo mal con el bebé? Es decir, en serio, ¿Cómo puede ser mi combinación de ADN con el de Malfoy normal?

–Hermione, no te harán ningún examen hoy. Es muy pronto para escuchar los latidos del bebé y no tendrás un eco hasta que tengas 12 semanas. Además, estoy segura de que el bebé está perfectamente saludable.

Hermione comenzó a jugar con sus manos.

–Lo sé, pero estoy nerviosa.

Ginny le sonrió.

–Lo puedo ver.

– ¿Señorita Granger? La partera la verá ahora. –la recepcionista dijo desde el otro lado de la habitación.

Hermione tomó algunos respiros antes de ponerse de pie.

–Deséame suerte. –le dijo a Ginny.

–No la necesitarás. –respondió la pelirroja.

–Es el consultorio 4. –le informó la recepcionista cuando pasó a un lado suyo.

Hermione asintió y caminó hacia las puertas. El pasillo parecía ser eterno. Ella no era de las personas que se ponía nerviosas, pero nada sobre este embarazo era normal.

Tocó la puerta en el consultorio 4 y una grave voz respondió:

–Adelante.

Hermione vaciló por un breve minuto, tomando un par de respiros y se limpió las manos en los pantalones antes de abrir la puerta. Se quedó en shock por un momento mientras entraba y veía frente a ella a Millicent Bulstrode, quien se veía igual de masculina que en Hogwarts.

–Señorita Granger, por favor entre y tome asiento. –dijo Bulstrode, como si no hubiera ido (y molestado) a la escuela con Hermione.

Se movió hacia el asiento indicado al tiempo que sus piernas temblaban. ¿Por qué no había escogido la clínica que estaba en Godric's Hollow?

Bulstrode estiró una mano hacia Hermione.

–Soy Millicent Bulstrode y seré tu partera. La mayoría de tus citas serán conmigo.

Fantástico, pensó Hermione al tiempo que sacudía la mano de Bulstrode.

–No sabía que habías estudiado medicina. –dijo sin pensar. Bueno, no iba a sentarse aquí y pretender que no conocía a la mujer.

–No me sorprende; no compartíamos el mismo grupo de amigos.

No; pero uno de tus amigos es el padre de mi hijo, pensó. Pero de ninguna manera compartiría esa información, así que sólo sonrió débilmente.

–Bueno, dejando de lado las presentaciones, te explicaré lo que pasará en esta cita, así como una idea general del cuidado y las opciones disponibles para ti. Pero primero, necesito pedirte esta información. –dijo Bulstrode, sacando una carpeta naranja de su cajón y abriéndola.

Les tomó cerca de 20 minutos para reunir la información básica necesaria, incluyendo estatura, peso, la fecha de su último ciclo menstrual y si había enfermedades hereditarias en su lado de la familia.

Bulstrode cambió de página y frunció el ceño.

–Lo siento; parece que tu otro doctor no ha puesto los detalles del padre en el formulario. ¿Sería posible que me los proporcionaras? Por el momento, sólo tenemos a Elizabeth Granger como tu única referencia.

Hermione se sonrojó. Odiaba esta parte; la horrible parte en la que tenía que explicar que el padre no tendría una presencia activa en la vida del bebé.

–No tengo pareja.

Bulstrode levantó la vista del archivo, en el cual ella estaba lista para escribir todo lo necesario. Hermione se movió ansiosa en su asiento. Bulstrode parecía estar a punto de comenzar a interrogarla.

–Oh, okay. –dijo. –Usualmente nos gusta tener la información de la salud de ambos padres para estar preparados para todas las posibilidades. ¿Sabe de algún riesgo de salud por parte del padre?

Hay un riesgo de que el bebé se vuelva un mocoso de cara puntiaguda, pensó Hermione.

–No que yo sepa. –respondió.

– ¿Alguno de los parientes cercanos del padre tiene problemas de salud que debamos saber? –continuó Bulstrode.

–No. –respondió. No a menos que cuente la tendencia hacia volverse Mortífagos.

Bulstrode levantó la vista de la carpeta y le dio una forzada sonrisa.

–Ya hemos terminado con las preguntas aburridas. Ahora tenemos que discutir tu plan y las clases que están disponibles para que las tomes.

Hermione se iluminó un poco ante eso. Hasta ahorita, la cita había sido deprimente. Antes solía pensar que el embarazo sería hermoso y que irradiaría luz. Pero en realidad, no era otra cosa más que estrés. Se inclinó hacia adelante.

–He leído varias opciones de nacimiento, y estaba interesada en el parto en el agua. ¿San Mungo tiene esa opción?

–Sí, ofrecemos las mismas opciones que un hospital muggle y tenemos un nuevo Centro de Nacimientos que abrió el verano pasado. ¿Puedo agendarte una visita, te gustaría?

–Sería fantástico. Gracias.

El resto de la cita siguió el mismo rumbo. Hermione salió con varios folletos informativos sobre varias cosas, incluidos clases de respiración, la importancia de dietas nutricionales en el embarazo y otros temas.

– ¿Cómo te fue? –preguntó Ginny tan pronto apareció.

Hermione sonrió.

–Estuvo bien.

La pelirroja la miró confundida.

– ¿Qué pasa? Estabas muy emocionada cuando entraste.

Hermione miró brevemente a la recepcionista, quien las miraba a ambas con interés.

–Vamos por una taza de té. Te lo explicaré ahí.

Hermione las guio a una pequeña cafetería en una calle bastante ocupada. Suspiró aliviada al tiempo que se sentaba y le daba un sorbo a su chocolate caliente.

– ¿Y bien? –preguntó Ginny.

–No puedo creer mi suerte. ¿Adivina quién es mi partera? No, no te molestes. Nunca lo adivinarás. ¡Tengo que lidiar con Millicent Bulstrode! ¡Bulstrode!

Ginny se quedó con la boca abierta unos segundos, antes de comenzar a reír.

– ¡No es divertido!

–Lo siento, –dijo Ginny jadeando. –Es sólo que pareces estar destinada a ser molestada por los Slytherin durante tu embarazo.

Puso la cabeza entre sus manos.

–Estoy condenada. –se quejó pesimistamente.

Ginny le acarició el cabello.

–No, no lo estás. Sólo sientes un poco de mala suerte en estos momentos.

– ¡Mala suerte! ¡Eso es poco decir! Primero, la clínica arruina las muestras de esperma y ahora tengo a Bulstrode como mi partera. ¿Acaso podría ser peor?

–Em, no quiero hacer esto peor, pero sí, creo que esto se irá en picada porque Malfoy acaba de entrar por la puerta.

Hermione levantó la cabeza y vio a los ojos grises de su antiguo némesis, y ahora el padre de su futuro hijo.

Draco estaba intentando a leer el último reporte del Consejo de Hogwarts y fallando miserablemente. Todo el desastre con Granger ocupaba su mente. Bajó el reporte y se pellizcó el puente de la nariz, y girando la silla para mirar hacia la ventana. La vista que lo recibió lo hizo fruncir el ceño. Parecía que Astoria estaba discutiendo con su madre de nuevo. Fue salvado de intervenir ante el sonido de alguien en la chimenea.

– ¿Draco? –llamó Millicent.

Giró la silla y la miró.

–Aquí estoy. –respondió.

–Quería hacerte saber que Granger acaba de venir a su primera cita.

– ¿Y?

–Le planté el Galeón, tal como pediste.

Sonrió ante eso.

–Gracias, Millie.

– ¿Me vas a decir como sabías que Granger estaba embarazada?

–Después. –dijo mientras caminaba hacia el otro lado de la habitación para tomar su abrigo y caminar hacia la puerta.

–No lo olvidaré. –dijo detrás de él.

Draco estaba bastante orgulloso del Galeón rastreador que inventó hace un par de años. Fue bastante útil cuando buscaba cerrar tratos de negocios. Así podía toparse "accidentalmente" a otros empresarios y ganarle a la competencia. Y ahora lo estaba usando con Granger. Esto le divertía mucho, dado que ella fue quien le dio la idea con eso de los Galeones del Ejército de Dumbledore. Y estuvo muy contento de saber que ella caería bajo el cuidado de Millie. Así sabría cuando serían sus citas.

Pudo alcanzar a Granger al tiempo que dejaba el hospital. Siguió discretamente a las dos brujas. Notó que Hermione se veía algo molesta y bastante taciturna. Esperó a que pidieran un café y se sentaran. No quería apresurarse y darles tiempo de escapar. Les dio unos buenos 10 minutos antes de dar el primer movimiento. Para cuando entró, Granger tenía la cabeza entre manos y la chica Weasley se veía bastante divertida. Eso cambió cuando Weasley lo vio, y en cuestión de segundos, Granger estaba levantando la cabeza y mirándolo acusatoriamente. Draco no se iba a intimidar por una mirada de niña de secundaria enojada.

–Granger. –dijo en forma de saludo mientras caminaba hacia ellas.

– ¿Qué haces aquí? –dijo molesta.

–Es una cafetería; ¿Qué crees que estoy haciendo?

–Bueno, pues ve a otro lugar.

– ¿Esa es la forma en que le hablas al padre de tu hijo?

Granger miró alrededor, paranoica, antes de mirarlo de nuevo.

–Shh… alguien puede oír.

Draco rodó los ojos, sacó una silla y se sentó.

–Estamos en medio de Londres muggle y ni siquiera estoy hablando fuerte. ¿A quién le interesaría escuchar?

– ¿Por qué te estás sentando?

–Pensé que sería una buena idea que habláramos.

–Bueno, pues yo no quiero hablar contigo. –respondió petulantemente.

Draco ignoró sus protestas y le indicó al mesero que se acercara.

– ¿Me podrías traer un Americano blanco y un croissant de almendras?

–Tiene que ordenar en el mostrador. –le informó el mesero.

Draco sólo miró al joven hasta que el pobre comenzó a sentirse incómodo ante la mirada. Finalmente asintió y se fue a traer la orden.

–No puedes hacer eso. –dijo Granger. –La gente no está para servirte.

–Le dejaré una propina. ¿Cuántas personas vienen a estos lugares y se molestan en dejar una propina?

–Ese no es el punto… –comenzó a decir.

– ¿En verdad vamos a pelear por eso? Por Salazar mujer, olvídalo.

Vio con diversión como la nariz de Granger se inflaba. Parecía estar a punto de golpearlo cuando la chica Weasley interrumpió.

–Hermione, deja de caer en sus juegos. Sólo escucha lo que tiene que decir y se irá pronto.

Draco sonrió ante la reacción de le pelirroja.

–No me gusta estar de acuerdo con ella, pero tiene razón.

Granger cruzó los brazos y lo miró severamente.

–Bueno, adelante, estoy escuchando.

Ahora que la hostil castaña lo estaba escuchando, no estaba seguro de qué decir.

– ¿Cómo estás?

Ella alzó una ceja.

– ¿Viniste hasta aquí para preguntarme eso?

– ¡Granger, sólo responde la pregunta! –dijo molesto, consciente de cuan inadecuada había sido la pregunta y no apreciando el hecho de que Granger y Weasley lo miraban sorprendidas.

–Estoy bien, bueno, estaría mejor si desaparecieras de mi vida.

Ignoró eso.

– ¿Y el bebé?

–Ella está bien, hasta donde yo sé.

Draco estaba frustrado ante la respuesta y gruñó ligeramente. Weasley bufó divertida.

– ¿Qué?

La pelirroja sonrió de lado y le dio algo de útil información.

–El embarazo va bien hasta ahora. Hermione tiene horribles nauseas matutinas, pero eso es una buena señal.

Asintió cortésmente. No le iba a decir a la esposa de Potter que estaba agradecido por su interferencia. Hubo une breve pausa al tiempo que el mesero regresaba con la orden de Draco. La puso frente a él con más fuerza de la necesaria, pero Draco no le estaba prestando atención, dado que estaba revisando los folletos que estaban en la mesa.

–Al menos pudiste haber dicho gracias. –lo regañó Granger.

Gruñó de forma despectiva hacia ella. No estaba interesado en ser educado con un tonto chico de una cadena de cafeterías. En su lugar, le enseñó un folleto.

– ¿Qué son estos?

Granger suspiró dramáticamente.

–No es como si fuera asunto tuyo, pero si esto te hace irte, entonces te diré que tuve mi primera cita con mi partera y esa es la información que ella me dio.

Draco comenzó a revisarlos, ignorando lo que explicaban de forma gráfica el parto. Se enfocó en uno sobre la dieta, leyendo su contenido rápidamente. Entonces miró a la taza que Granger tenía entre sus manos.

– ¿Qué estás tomando? Aquí dice que no deberías tomar café.

– ¿Es en serio? ¿Vienes aquí, lees un estúpido folleto y comienzas a regañarme sobre lo que debó tomar o no? Además, –continuó. –un café de vez en cuando no dañará al bebé. Pero para tu información, no tomo café. Me da nauseas.

– ¿Por qué no me dijiste sobre tu cita? Tengo el derecho de saber. –respondió, sintiéndose estúpido y sintiendo la necesidad de esconderlo detrás de un ataque.

–Ya te dije que no te quiero involucrado en este embarazo.

–Granger, la mitad del bebé es mío. Sin mí, no tendrías un bebé.

–Sí, si lo tendría. ¡Tendría un bebé del donador que escogí! –remarcó testarudamente.

–Astoria no está embarazada. –dijo con un aire de suficiencia.

–Eso dice más sobre los problemas de fertilidad de los sangre pura de del donador que escogí.

– ¿Qué?

–Bueno, ustedes obviamente tienen un problema, sino, ¿por qué habrían de ir a una clínica de fertilidad para que tu esposa quedara embarazada?

–No hay nada malo con mi esperma. –masculló, herido ante el comentario.

–Ese es un movimiento masculino típico: culpan a la mujer de sus problemas.

–Eso no tiene sentido, Granger. Si hubiera un problema con mi esperma, ¿entonces por qué estás embarazada?

–Probablemente necesitabas algo de ADN fresco para poder reproducirte. Ya sabes lo que dicen sobre la endogamia continua: causa problemas genéticos.

Draco corrió una mano por su cabello, agitado ante la dirección que la conversación estaba tomando. No le había dado mucha importancia sobre lo que Granger creía que él y Astoria hacían en la clínica de fertilidad, pero no le gustaba lo que le estaba insinuando. Y todo se ponía cada vez peor con Weasley viendo todo con un aire de diversión.

–Me niego a discutir esto contigo. –explotó.

La castaña sacudió la cabeza mientras se giraba hacia la chica Weasley con una sonrisa.

–Oh, mira, parece que herimos el delicado ego masculino de Malfoy.

Empujó la silla hacia atrás, irritado.

– ¡No sabes de lo que estás hablando! –gruñó antes de irse enojado.

Hermione observó como Malfoy salía molesto de la cafetería.

–Eso pareció funcionar. –dijo satisfecha. Ginny se quedó mirando hacia la puerta pensativa. – ¿Qué?

–Bueno, es extraño. Malfoy parecía sorprendido y confundido ante la idea.

– ¿A dónde quieres llegar?

–Es como que si él y Astoria hubieran ido a la clínica para un tratamiento de fertilidad, no hubiera estado sorprendido por tu sugerencia. O tal vez ya tenía alguna excusa lista.

–Vamos, Gin, es Malfoy. Probablemente no le gustó el hecho de que cuestioné su habilidad para procrear un hijo. Ya sabes cómo son los hombres, y él en particular tiene mucho orgullo.

Ginny apretó los labios.

–Supongo, pero algo no anda bien. No creo que esa sea la razón.

– ¿Entonces para qué fue a un tratamiento de fertilidad con su esposa?

–No lo sé, pero conociendo a Malfoy, probablemente no es nada bueno.

Hermione encogió los hombros. No iba a desperdiciar su día pensando en ese idiota. Aunque, tomarlo con la guardia baja definitivamente hizo maravillas para mejorar su humor.

Entonces una perturbadora idea brotó en su cabeza.

– ¿Creíste la excusa de Malfoy sobre que estaba aquí para comprar un café?

–Bueno, es una cafetería.

–Pero es un poco extraño, ¿no crees? De todas las cafeterías de Londres muggle, él escoge esta. ¿Y además, que hace él en Londres muggle?

Ginny la miró.

–Ya veo tu idea, pero podría ser una coincidencia.

–Pero tengo a Millicent Bulstrode como partera.

– ¡No se atrevió! –exclamó Ginny.

– ¿Por qué no? Aunque tampoco podemos probar que ella le dijo a Malfoy sobre mi cita con ella.

–Pero él llegó como 10 minutos después que nosotros.

–Tal vez sea Malfoy, pero no es estúpido. Para hacerlo parecer un accidente, nos daría algo de tiempo para estar aquí. Si hubiera entrado detrás de nosotros, se hubiera visto bastante obvio.

– ¡No! ¿En verdad crees que ella lo hizo? Eso sería romper el código de confidencialidad de paciente–doctor.

–No me sorprendería. –remarcó.

Ginny sacudió la cabeza.

–En verdad espero que no lo haya hecho, pero estoy comenzando a creer que sí.

–Supongo que eso lo sabremos en mi siguiente cita. Si es que nos "topamos" de nuevo.

–Bueno, si lo hace, tendremos pruebas para acusar a Millicent y que la despidan. Eso te quitaría el problema de que ella es tu partera.

Hermione asintió. Comenzó a recoger sus cosas de la mesa para regresar al trabajo. Le habían dado la mañana libre para su cita, pero tenía que regresar después de la hora de comida. Comenzó a recoger los folletos y notó que su calendario de citas no estaba.

– ¡Ese maldito y escurridizo Slytherin! –exclamó. Ginny la miró inquisitivamente. – ¡Me robó mi calendario de citas! –se quejó Hermione. –Ahora no necesitará a Bulstrode para saber cuándo es mi siguiente cita.

Ginny jadeó, pero ayudó a Hermione a recoger los folletos que quedaban. Un Galeón estaba entre ellos.

–Toma, se te cayó esta moneda.

– ¡Oh, gracias! –dijo Hermione, sorprendida antes de guardarla.