Capítulo 6: Esposos y esposas.

N/A: A partir de este capítulo empiezo a traducir yo, un cuarto del capítulo aún me fue dado por la primera traductora ( ) quien me cedió los derechos para continuar la traducción. Espero les guste mi trabajo.

Quiero agradecerle a Doris Mendez por aceptar ser mi beta y ayudarme con la traducción. Gracias, amiga.

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Astoria caminaba desconsolada por la Mansión Malfoy, dirigiéndose hacia la escalera principal. Estaba aburrida y parecía que todo lo que hacía estos días era vagar por la Mansión. Socializaba con sus amigos, por supuesto, pero recientemente parecía que lo único que hacían era remarcar las cada vez más frecuentes ausencias de Draco.

Su esposo estaba comenzado a causar problemas. Lejos estaban los días en que él, agradecido hacía lo que ella quería, feliz de no ser más una paria social. Ahora se regocijaba en ser un fastidio. Astoria pensó que su prestigio crecería conforme ella continuara siendo su esposa, pero tristemente, no pasó de esa forma. Mientras que ella era la Abeja Reina entre sus amigas, los antiguos sangre pura tendían a ignorarla, prefiriendo tratar con Narcissa. Mientras que los amigos de Draco jamás fueron cercanos con ella. Reconocía que era porque estaban celosos; o al menos ese era el caso de Pansy y Millicent. Ninguna de las dos fue capaz de atraparlo y aunque continuaban siendo amigas de Daphne, no mostraban más que tolerancia para ella.

Suspiró, harta de su estatus social. Quería ser tratada con más respeto. Después de todo, si no fuera por ella, Draco continuaría fuera la sociedad, excluido al ser un mortífago fracasado. Ella personalmente revivió las fortunas de los Malfoy, ¿y acaso le daban algún crédito? ¡No! En cambio, se la pasaban regañándola sobre herederos y deberes.

Astoria se detuvo cuando escuchó voces saliendo del estudio de Draco. No se había dado cuenta de que se acercaba a la habitación, dado que ella en particular la evitaba en cuanto podía. Para empezar, era el lugar en donde Draco se ponía a trabajar en cosas aburridas que hacían que faltara a los eventos sociales con ella. Y segundo, era aburrido; todo ahí era trabajo y polvorientos libros con nada divertido, brillante o ligero en ellos.

Estaba a punto de dar la vuelta para dirigirse al salón de dibujo cuando escuchó la clara voz de Pansy.

—¿Draco, estás seguro de que Astoria no puede escucharnos

—No, ella jamás viene aquí. ¿Por qué crees que me la paso aquí?

Astoria estaba furiosa. ¿Cómo se atrevía su esposo a hablar de ella de semejante forma? Era indignante. Se acercó a la puerta y miró sobre el hueco de la cerradura. Podía ver a su esposo, Pansy y Millicent frente a la chimenea. Draco, como era usual en estos días, se veía estresado. Si no tenía cuidado, terminaría envejeciendo rápidamente.

No le importaba por ella, pero les daría más razones a sus amigas de ser insoportables. La buena apariencia de Draco era una de las razones por la que sus amigas estaban celosas de ella. Eso y su dinero. Sabía que ellas brincarían a la oportunidad de acostarse con él en un segundo, sin importar que fueran sus amigas, lo que hacía que le dieran escalofríos. Si no fuera por el hecho de que él la estaría engañando a ella, entonces estaría más que feliz de dejar que eso sucediera. Encontraba asqueroso al sexo. Era sudoroso y te arruinaba el cabello. Estuvo más que contenta cuando Draco se mudó de la habitación que compartían de casados y detuvo todos sus intentos de tener relaciones sexuales con ella.

—¿A qué te refieres? ¿Por qué quieres evitar a Astoria? –preguntó Millicent.

Astoria vio suspirar a su esposo. No te atrevas, pensó. No podía ni imaginar la idea de que esas dos mujeres supieran que ella y Draco no estaban felizmente casados. Ella nunca les había agradado y nunca se molestaron en esconderlo.

—Astoria y yo hemos tenido problemas durante años. Prácticamente tenemos vidas separadas.

—¿Por qué no nos habías contado esto? –preguntó Pansy.

—Nadie lo sabe, excepto la familia de Astoria. Nos gusta mantener las apariencias.

—¡Oh, Draco! Somos tus amigos, nos puedes contar cualquier cosa. No hubiéramos dicho ni una palabra.

—Lo sé, pero ya saben cómo es mi familia: mantenemos nuestra privacidad. Además, ya se los estoy diciendo y no me guardaré nada.

Astoria cruzó los brazos y frunció el ceño en dirección a su esposo. ¿De qué se trataba todo esto? Algo lo había estado molestando por días. Bueno, más de lo usual. No es como si él fuera precisamente un rayo de sol.

—Bien. Ahora, ¿de qué se trata todo esto de tú siguiendo a Granger?

—Sí, Draco, nos debes algunas respuestas. Si Granger se da cuenta de que te conté sobre su cita, perderé mi trabajo. Y me gusta mi trabajo —dijo Millicent.

—Lo que voy a contarles, no puede salir de aquí. Ni siquiera le puedes decir a Adrian, ¿me estás escuchando Pansy?

—Sí, sí, lo entiendo. ¡Escúpelo!

—Astoria y yo hemos estado yendo a una clínica de fertilidad para ayudarnos a concebir.

—Oh, lo siento mucho, Draco. No sabía que tenías problemas de fertilidad. —dijo Millicent con simpatía.

Draco corrió una agitada mano por su cabello.

—¡No tengo problemas de fertilidad! ¿Por qué todo mundo piensa eso?

—Porque las clínicas son llamadas clínicas de fertilidad por una razón —respondió Millicent sarcásticamente.

Astoria vio cómo su esposo respiraba hondo y se endurecía.

—Bueno, no fuimos por esa razón. No hemos tenido sexo en años.

Astoria frunció los labios con rabia. ¿Cómo se atrevía Draco a divulgar esas cosas a las pequeñas groupies que tenía?

—¿Qué? —exclamó Pansy sorprendida—. ¿Las cosas están tan mal?

Draco asintió.

—Necesito un heredero. Tan pronto como consiga uno, me desharé de ella.

Astoria entrecerró los ojos. Esto era nuevo para ella. Lucius la había hecho firmar ese ridículo contrato cuando Draco había comenzado a plantear la posibilidad del divorcio y ella lo firmó felizmente, lista para sacrificar su figura durante un año para mantener su posición como esposa. Pero no había indicios de que la expulsaran. Pensó en Chris Harper, su novio en el momento en que había conocido a Draco. Él le había advertido no meterse con los Malfoy cuando ella lo dejó para perseguir las riquezas de Draco.

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—Claro, ellos podrían tener poca suerte ahora, Astoria, pero ellos regresarán a la cima pronto y a menos que estés dispuesta a jugar a la esposa perfecta, harán tu vida miserable.

Oh, por favor, Chris. Basta de ser tan amargado. Esta es mi oportunidad y voy a tomarla con ambas manos. Draco estará tan agradecido de que una chica quiera estar con él que mi lugar estará seguro.

Chris le dio una mirada de compasión.

Por todas tus artimañas, no eres tan hábil cómo crees que eres al jugar estos juegos. Draco puede estar cayendo en tus encantos ahora, pero no cuentes con que dure.

Ella rio ligeramente.

¡Vamos! ¿Quién dice que no puedo mantener a un hombre en mis manos por más de un par de años?

El la miró desdeñosamente.

He sido tu novio, ¿recuerdas? Tú actúas la dulzura y la luz de una manera realmente convincente al principio, cariño, pero no puedes mantener tu actuación por mucho tiempo.

Ella sacudió su cabello.

Lo seguiré hasta que tenga ese anillo en mi dedo.

Buena suerte para ti, entonces. Pero sé cuidadosa y ten en cuenta mis palabras: los Malfoy han estado jugando el juego del poder por más tiempo de lo que cualquiera puede recordar. Es educado en ellos y aunque Draco puede tener más de la compasión de su madre en él, es aun tan despiadado cuando quiere serlo.

¡Por favor! Es Draco; él es bueno hablando pero cuando se trata de eso, él nunca ha sido capaz de seguir adelante. Lo descubrimos en Hogwarts.

El rio sin alegría.

Ese fue Draco jugando un juego de hombre cuando él no era nada más que un niño. Pero métete con las nociones de la familia Malfoy y vivirás para arrepentirte. Mi familia sabe eso gracias a mi Tía–abuela. Ella estaba destinada a casarse con Abraxas pero le fue infiel y fue sacado a la luz. Abraxas se aseguró de que no tuviera propuestas de matrimonio de otro sangre pura, y tuvo que casarse con el muggle con quien lo había engañado.

No soy tan estúpida como para engañarlo.

¡Eso lo sé! Eres un pez frío, pero Draco no lo es. Él es más romántico de lo que nadie le da crédito.

Eso es una tontería. No conoces a Draco lo suficiente.

Eso es lo que piensas. Yo estaba tumbado en el sofá en la sala común cuando Draco y Pansy se separaron. Todos piensan que el rompió con ella, pero yo sé la verdad; fue ella quien lo terminó porque no lo amaba, y él estaba devastado.

Tu solo estás haciéndolo más fácil para mí. Gracias a ti, ahora sé que tan patético es. Debería ser fácil envolverlo alrededor de mi dedo meñique.

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Astoria fue sacada de sus pensamientos por Pansy.

—Oh no, eso es terrible, Draco. ¿Estás seguro de que no puede resucitar el matrimonio? Ustedes eran tan felices al principio.

—Estaba solo y enamorado ciegamente. Astoria pareció ser todo lo que yo quería, pero la realidad es que ella es superficial y codiciosa.

Astoria frunció sus labios mientras veía a Pansy envolver a Draco en un enorme abrazo.

—Pero ¿qué tiene que ver Granger con esto? —Millicent preguntó sin rodeos.

Draco se pasó una mano por el cabello.

—Ahí es donde se vuelve complicado.

—¿Más complicado que una pareja casada sin problemas de fertilidad yendo a una clínica a embarazarse en lugar de dormir con el otro?

—Aparentemente, Millie. Hubo una confusión con el esperma en el laboratorio y Granger está embarazada de mi hijo.

Millicent escupió el jugo de calabaza mientras Pansy lucía horrorizada. No fue nada como la reacción de Astoria. Su mandíbula se cayó al suelo mientras contemplaba por el hueco de la puerta. Su primer pensamiento fue de gratitud por no haber concebido. Ella puedo embarazarse del bebé de un extraño. Era suficientemente malo tener que superar su aversión por los niños por criar con Draco. Pero, ¿con un extraño? Eso hubiera sido horrible.

Luego la realidad de la situación golpeó. Granger –Hermione Granger– estaba embarazada con el próximo bebé Malfoy. Cualquier pequeña posibilidad de mantener su posición a través de un niño ahora se había ido.

—Por favor dime que estás bromeando —dijo Pansy débilmente.

—Lamentablemente, no lo estoy. Ella está embarazada y yo soy el padre.

—Eso explica porque fue tan cautelosa sobre los detalles del padre en su cita.

—¿Qué harás con Astoria?

—Ver cómo funciona esto por el momento, pero Astoria es historia.

—Ya era hora, Draco. Ella es horrible —dijo Pansy.

—No está embarazada también, ¿verdad? —preguntó Millicent.

—¡Gracias a Salazar, no!

Astoria entrecerró los ojos y los fulminó con la mirada antes de alejarse y caminar silenciosamente por el pasillo. Volvió a su recamara y se sentó en el borde de la cama. Tenía que pensar si iba a salvar algo de este desastre. Si Draco pensaba que él podía solo botarla como un ingrediente de poción caducado, entonces tendría que pensárselo de nuevo. Su mente se inclinó hacia Lucius. Él no podría saber que una sangre sucia llevaba a su precioso heredero Malfoy. Si había algo con lo que ella podría contar, era con que Lucius quería mantener sus líneas de sangre puras. Si Draco pensaba que iba a sacarla sin problemas, necesitaba pensarlo de nuevo.

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De vuelta en su estudio, Draco no estaba consciente de que su esposa había escuchado algo de ello.

—¿Quién más lo sabe? —Preguntó Pansy

—Mis padres y Granger, obviamente, y creo que todos sus amigos. Sé que ya le dijo a Potter, ya que tuve el placer de ser llevado a su oficina hace unos días y oír el regaño. Oh, y mi abogado.

—¿Tu padre está bien con esto?

—Sorprendentemente. Creo que ha llegado al punto en donde solo quiere que tenga un hijo y no le importa quién sea la madre.

Pansy sonrió con ironía.

—No puedo creer que estoy presenciando el día en que Lucius Malfoy es feliz porque una hija de muggles esté llevando al bebé Malfoy.

—Así que si eres el padre, ¿Por qué me necesitaste para colocarle el Galeón rastreador en su paquete de embarazo?– Preguntó Millie.

—Porque ella no me quiere cerca de ella ni del bebé– dijo, frotándose las sienes con sus dedos.

—¿Qué? ¿Puede hacer eso? —preguntó Pansy, indignada.

Él se encogió de hombros.

—Por eso tengo a Horatio trabajando. Si su contrato de la clínica resulta ser obligatorio, entonces no tendré voz en la vida de mi hijo.

—Pero, Draco. Has querido un bebé por años.

Se levantó y se alejó de sus dos amigas. No quería que vieran las lágrimas en sus ojos, pero Pansy estaba en lo correcto. Había querido un hijo por un largo tiempo. Quería más de uno y había fantaseado con tener una familia grande cuando se había casado con Astoria. Por supuesto, ella había estado contenta con su visión, siempre y cuando ella tuviera el anillo en su dedo.

Se había encontrado con Astoria unos años después de la guerra. Ella lo había ganado con su naturaleza dulce. Había estado luchando por reconstruir su apellido después de la guerra, y ella había aliviado su ego con su actitud cariñosa y sus palabras amables. Ella se había interesado en él queriendo escuchar, y él había abierto su corazón por lo estresante que su vida era. Poco había sabido, pero en realidad era una arpía. Había ocultado su verdadera naturaleza hasta que había atascado el anillo en su dedo.

Ella había hecho de su vida una miseria por los últimos siete años; todo lo que le importaba era el nombre y el dinero de los Malfoy. No tenía escrúpulos para recuperar su posición una vez más en la comunidad mágica. No la habían perdido realmente en los círculos de sangre pura y no tomó mucho tiempo antes de que estuvieran de vuelta en la cima. Al principio, él había tomado esto como su deseo de que él recuperara su reputación para calmar su depresión, pero pronto cayó en cuenta de que todo era acerca de Astoria. Ella quería vivir como las anteriores esposas Malfoy lo hacían: Gobernando el gallinero.

Había permitido que su padre lo persuadiera a permanecer casado con la arpía y a continuar intentando concebir al muy esquivo pero muy necesitado heredero Malfoy. Su padre había enfatizado en cuán importante era que el linaje de los Malfoy continuara, y una vez que el bebé naciera, él podría deshacerse de su esposa. Así que había accedido. Después de todo, él había crecido sabiendo que la estirpe de los Malfoy era una de las más viejas y prestigiosas. No la dejaría morir.

Entonces resultó que Astoria no quería un bebé. Ella había estado tomando anticonceptivos a escondidas – un hecho que había llevado a Draco a su punto de quiebre. Él se había negado a dormir más con ella, lo que había disfrutado por mucho tiempo, de todas maneras. Su padre había llegado con esta solución: inseminación artificial. Astoria llevaría al bebé Malfoy a término, daría a luz, y luego lo entregaría a Draco a cambio de una gran recompensa. Lucius había cerrado todas las lagunas con un contrato hermético y jurídicamente vinculante que Astoria había sido obligada a firmar.

Por supuesto, Astoria no era consciente del hecho de que iban a deshacerse de ella. Ella disfrutaba de los adornos de estar casada con una de las familias sangre pura más poderosas y no se rendiría a eso fácilmente. Lucius había redactado el contrato de tal manera que Astoria pensara que se le estaba garantizando un papel como Malfoy de por vida si tenía un bebé – Draco estuvo de acuerdo simplemente porque no quería buscar a otra esposa sangre pura para procrear después de divorciarse de Astoria. Teniendo un heredero significaría que él podría disfrutar su vida sin su padre respirando en su nuca.

No estaba demasiado arrepentido por la confusión ocurrida. El realmente no quería los mercenarios genes de Astoria en la familia Malfoy. Ya tenían suficientes rasgos malos en el grupo genético de la familia, pero no estaba tan seguro de que quisiera estar tan jodido y tan dramáticamente como la situación era ahora.

Fue tocado en la espalda y regresado de su ensueño depresivo. Dio la vuelta para encontrarse con Pansy.

—Sabes que todos estamos para ti. Sin importar nada más, estaremos ahí y te ayudaremos.

Él sonrió a su ex novia y amiga de mucho tiempo.

—Lo sé. Es lo que me ayuda.

—No vuelvas a mantener esto embotellado de nuevo. No hay nada malo en admitir que tienes problemas en tu matrimonio y no es como si fuera exactamente una sorpresa. Nunca nos ha gustado Astoria a ninguno de nosotros.

—Lo sé, pero ya sabes como soy, Pans. Mi orgullo ni me permite abrirme.

—¡Tu orgullo es lo que te impide ser feliz!

Millicent, nunca se dio para momentos emocionales, se metió.

—Entonces, ¿Qué vas a hacer con Granger?

Draco pasó una mano por su cabello.

—No lo sé. Mi padre tiene esperanzas de que pueda convencer de alguna manera a Granger para que coopere con nosotros, pero no lo veo. Ella me odia y no es tímida para ocultarlo.

—Vale la pena, ¿verdad? —preguntó Millicent.

Él se encogió de hombros.

—Supongo. Es mejor que arrastrar esto a los tribunales.

—Intentaremos averiguar todo lo que podamos de ella. ¿No es así, Millicent?

—Claro. —Millicent estuvo de acuerdo—.Aunque mantiene lo de ella para sí misma. No he escuchado nada de ella desde hace siglos.

—Cualquier información que puedan obtener será de mucha ayuda —comentó Draco.

Las dos mujeres se levantaron, listas para irse.

—No seas un extraño, Draco. Adrian se estaba quejando el otro día de que no te vemos lo suficiente. Haz empezado a encerrarte a ti mismo.

—Los negocios toman todo mi tiempo.

—Mmm… ¿Por qué creo que es solo una excusa conveniente?

—Porque es precisamente lo que es, Pans. –Dijo Millicent

El no pudo evitar sonreír.

—Está bien, así que no me he estado sintiendo social. Haré un poco más de esfuerzo.

Pansy le señaló con un dedo amenazador.

—¡Eso es mejor! Adrian necesita un buscador para su juego de Quidditch el sábado. Prometí que te coaccionaría para que aceptara jugar.

—Oh, no lo sé, Pans. No estoy realmente de humor para Quidditch

Ella se acercó y tiró juguetonamente un mechón de cabello.

—Trabajas demasiado duro. Vas a envejecer prematuramente y perder ese exquisito cabello si no te relajas más. No voy a aceptar un no como respuesta. Adrian ha reservado en el North York Moors; nos estamos reuniendo en el Caldero Wonky en Little Fryup a las 10 de la mañana el sábado, y es mejor que estés allí.

—Está bien, está bien. Estaré allí.

—Y trae tu mejor juego, Draco. No me gusta perder —dijo Millicent.

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—¡Hermione! ¡Gracias a Merlín estás aquí! —exclamó Ginny tan pronto como la cataña hizo su camino a través de la red flú de los Potter.

—¿Cuál es la emergencia?

—¡Harry no me dejará jugar! Dice que es demasiado riesgoso ahora que estoy embarazada. Dile que está siendo un cerdo.

—Ginny, sé realista. ¿Qué pasaría fueras golpeada por una bludger o algo? —exclamó Harry.

—Estás siendo ridículo. ¡Estaré bien!

—Entonces, ¿Por qué te fuiste de licencia cuando estabas embarazada y estabas jugando con las Arpías?

—¡Eso era Quidditch profesional! Por supuesto que no podía jugar embarazada. Este es solo un partido de liga del sábado.

—¡No voy a tomar el riesgo!

—¡Hermione! ¡Dile!

Ella miró entre el par discutiendo.

—Eh… estoy segura de que Ginny no tomaría ningún riesgo con el bebé, Harry.

Su amiga pelirroja le sonreía mientras Harry fruncía el ceño.

—No estoy muy seguro…— empezó.

—Por favor, cariño. Seré cuidadosa.

—Ni siquiera lo pienses, amigo —dijo George entrando en la cocina—. Si la dejas jugar, sacaré la tarjeta de hermano mayor y se lo prohibiré.

Ginny puso sus manos en sus caderas.

—¡No puedes ordenarme!

—Tal vez no, pero te agarraré y te amarraré en esta silla si no eres razonable con esto.

La fiera bruja blandió su varita.

—Solo inténtalo y te hechizaré tanto que no podrás jugar.

—Te darás cuenta que son tres contra uno —dijo Ron detrás de George—. Estamos jugando con un montón de Slytherin, lo que significa que esto se ensuciará, así que ni siquiera pienses en jugar.

Ginny alzó sus manos en el aire.

—Son tan injustos.

—Además, ¿no quieres acompañar a Hermione?

—No me metas en esto usándome como una excusa —dijo Hermione, objetando esa táctica.

—De todos modos, sabes que Hermione siempre trae un libro así que no es como si dependiera de mí para entretenerla.

Los tres hombres se pararon en fila, enfrentándola.

—No vas a jugar y eso es definitivo —dijo George enfáticamente.

—¿A dónde vamos, de todas maneras? —preguntó Hermione, esperando difundir la tensión.

—Pucey reservó el campo en Little Fryup, lo que significa que Ginny no jugará. El clima allá arriba puede ser salvaje y ventoso —dijo Harry, aparentemente encontrando temple ahora que tenía el respaldo de Ron y George.

Ginny ahora estaba sentada en una silla en la mesa, con los brazos cruzados.

—Todos están siendo patéticos.

—Patéticos o no, el bebé es primero —comentó su marido.

George se frotó las manos.

—Está bien, ahora que está arreglado. ¿Vamos?

Su hermana lo fulminó con la mirada, negándose a mirar a los otros dos antes de ir enfadada hacia Hermione. La castaña no pudo evitar sonreír; no había duda de que Harry encontraría una forma de compensar a su esposa en el transcurso del día.