Capítulo 8. Juegos.
Draco, inconsciente de los cambios trascendentales que ocurrían en la mansión Malfoy, estaba sentado en la sala de los Pucey esperando a que Pansy y Adrian estuvieran listos.
—Cariño, ¿has visto mis espinilleras? —gritó Adrian desde algún lugar en el piso de arriba.
—Están donde las dejaste después de tu último partido —respondió Pans.
—¿Y, dónde es eso?
—¡No lo sé! Tú las dejaste ahí. ¿Ya buscaste en el armario del dormitorio de Alex?
—¡Pans, por favor ayúdame! No puedo encontrarlas en ningún lugar y deberíamos haber estado ahí desde hace 10 minutos.
—¡Por amor de Salazar! —gritó y Draco pudo oír las pisadas desde abajo.
Espero treinta segundos antes de la siguiente conversación inevitable.
—¿Cómo es que me tomó menos de 30 segundos encontrarlas? ¿Por qué no te molestas en mirar bien? ¿O usar un Accio?
—¿En serio? ¿Dónde estaban?
—Exactamente donde te dije que miraras: en el armario donde guardas todo tu equipo de Quidditch.
—Pero estoy seguro de que miré ahí.
—No pudiste haber mirado muy rigurosamente.
Draco sonrió. Siempre era lo mismo entre la pareja cada vez que los veía. Ellos peleaban sin cesar, pero el amor que tenían el uno por el otro era irrompible. Su sonrisa desapareció mientras pensaba en la situación en su casa. Él deseaba tener tal relación, pero desafortunadamente, el abismo entre él y su esposa era demasiado grande. Tristemente, había caído en cuenta con el hecho de que Astoria estaba totalmente absorta en sí misma, y solo estaba interesada siempre y cuando hubiera un beneficio para ella.
—¡Draco!¡Estás aquí! —exclamó Pansy mientras entraba en la habitación. —¿Cuándo llegaste?
—No hace mucho, y no te preocupes, Sippy me dio la bienvenida pero le dije que no te molestara —dijo, sabiendo cuan estresada se ponía Pansy si pensaba que alguien no era recibido apropiadamente en su casa.
Pansy asintió.
—Me alegra que hayas venido. No estaba segura de que lo hicieras.
—No me atrevería después de tus amenazas el otro día.
—No te amenacé —dijo, golpeándolo en el brazo.
Draco vio a Adrian entrando a la habitación detrás de Pansy.
—Adrian, controla a tu esposa. Me está golpeando.
—Si te hace salir de la mansión y dejar de ser antisocial, entonces lo apoyo.
El rubio rodó los ojos.
—Y estás demasiado asustado de tu esposa para decir algo.
Adrian pretendió no oír eso.
—Como sea, deberíamos haber llegado con los Potter hace diez minutos, así que es mejor que nos pongamos en marcha.
—Espera un minuto, nadie dijo que jugaríamos contra Potter —objetó Draco.
Sus amigos simplemente lo ignoraron y lo arrastraron fuertemente hacia la Red Flu.
—Están bromeando, ¿verdad? No voy a jugar contra él.
—Draco, necesito un buscador y ahora estás aquí.
Él gruñó. No había jugado Quidditch en años, y ahora iba a enfrentarse al jugador que nunca pudo vencer. Las cosas no podrían empeorar.
Por supuesto, Draco estaba equivocado, y se dio cuenta al minuto en que se paró en la barra principal del Caldero Wonky y vio a Granger. El debió haberse dado cuenta de que ella estaría ahí. Ella siempre aparecía en los partidos en los que Potter jugaba a pesar de tener una aversión por el deporte.
—Voy a matarte —siseó en dirección a Pansy, quien al menos tenía la gracia de parecer culpable.
—¡No me di cuenta de que ella estaría aquí!
—Es Potter. ¿Puede sobrevivir sin su grupo de pelirrojos y Granger?
Pansy se encogió de hombros.
—Supongo que te dará una oportunidad de hablar con ella. Ya sabes, poner tu plan de padre en acción.
—Sí, porque estar rodeado de Weasleys es propicio para que tal cosa suceda.
—Deja de ser tan negativo.
Él le dio una mirada de deprecio pero pareció tomar su consejo mientras caminaba hacia Granger.
—¿A qué se debió todo eso? —preguntó Adrian a su esposa.
—Nada que deba preocupar a tu linda cabeza.
—¿Por qué es que cada vez que dices cosas así, siempre significa que hay algo por lo que preocuparse?
Ella palmeó su mejilla.
—¡Tonto!
.o.o.o.o.o.
—¡Ouch! —dijo Hermione mientras Ginny la empujaba en las costillas y la alejaba de Dean y Katie, con quienes estaba hablando. Hermione se volteó para mirar a su irritante amiga pelirroja. —¿Por qué es todo esto?
—No quiero que te preocupes, pero Malfoy está aquí.
—¿Qué? ¿Dónde? —preguntó, entrando en pánico y volteando la cabeza.
—Justo aquí, Granger.
Se dio la vuelta y por supuesto, ahí estaba Malfoy, con su escoba sobre el hombro, luciendo relajado y feliz. ¿Por qué tenía que estar ahí? Ella nunca lo había visto en ninguno de los anteriores partidos de Quidditch que sus amigos habían jugado contra los ex-Slytherin.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó ella acusadoramente.
El sacudió su palo de escoba en su dirección.
—Jugando. ¿Tú qué crees que estoy haciendo?
—Nunca te había visto en ninguno de estos partidos antes.
—Sí, bueno, se me comentó de ello y qué feliz coincidencia, cuando llego veo a la adorable madre de mi hijo.
Ella entrecerró los ojos ante su sarcasmo, antes de cruzar los brazos defensivamente contra su pecho y mirando alrededor para comprobar si alguien había oído.
—Dilo más fuerte y me aseguraré de que mi hijo no tenga padre biológico.
—Por lo menos estás admitiendo que tengo un rol.
—Uno pequeño, minúsculo que afortunadamente ha terminado. Ahora ve y molesta a alguien más.
Él la fulminó con la mirada, pero antes de que pudiera responder con algo, que ella estaba segura sería mordaz, Ginny intervino.
—¿Es esto lo que harán cada vez que se vean?
—¿Qué? —preguntó Hermione a su amiga, sorprendida.
—Bueno, quiero decir, no es muy productivo. Pueden discutir el hecho de que ambos están en este lío hasta que sus caras se vuelvan azules, pero eso no cambiara el hecho de que lo están.
—¿De qué lado estás?
—Del tuyo, Hermione, lo sabes, pero tienes que admitir que necesitas sentarte con Malfoy y discutir esto como adultos maduros.
Ella miró desde Ginny hasta Malfoy quien sonreía presumidamente. Si fuera cualquier otro, estaba segura de que habría podido ser menos defensiva y tratar de llegar a un acuerdo, pero era Malfoy, y sus sospechas eran difíciles de eliminar. Aun no estaba segura de cuál era su juego y ella no confiaba en él.
—La comadreja tiene razón. Necesitamos discutir esto apropiadamente.
—Bueno, no lo haré aquí. Este es completamente el lugar equivocado para ello.
—¿Pero admites que necesitamos tener una charla? —presionó el rubio.
Ella suspiró. Suponía que podía hacer eso. No podía enterrar continuamente su cabeza en la arena al respecto, y mientras ella podía tener más derechos bajo el nuevo sistema legal que se extendía a través de la comunidad mágica, prejuicios y actitudes cambiaban lentamente. Malfoy tendría más simpatía que ella si esto salía a la luz. Estaba también el hecho de que él podría ofrecerle al bebé una estable vida familiar, con lo cual podría jugar bien en los tribunales. Era en momentos como estos cuando ella deseaba ser Muggle.
—Muy bien, hablaré contigo. Hagámoslo el próximo fin de semana.
—Falta mucho.
Ella rodó los ojos. Por supuesto que objetaría hasta la cosa más pequeña. Probablemente iba contra algún código personal para él aceptar cualquier cosa que ella sugiriera sin discutir.
—¿Cuándo, entonces? —preguntó ella.
—En la semana que viene. Después del trabajo. Puedo el lunes, miércoles, o jueves.
Bueno, ciertamente ella no iba a hacerlo el lunes. Faltaban solo dos días y ella quería más tiempo para prepararse.
—Miércoles —dijo.
—¿En dónde?
—En algún lugar Muggle. No voy a tener esta discusión donde alguien pueda oírnos.
El asintió cortantemente.
—De acuerdo, pero entonces necesitas sugerir algún lugar. Y, Granger, haz que sea fácil de encontrar.
Ella estrujó su cerebro tratando de pensar en un lugar que Malfoy pudiera encontrar. No tenía punto sugerir algún lugar en el que tuviera que usar transporte público, lo que reducía la lista de lugares a alrededor del Caldero Chorreante y Charing Cross Road. Entonces recordó que se había encontrado con el después de su cita con Bulstrode. Ella aún tenía sospechas sobre eso pero ella lo significó como que podía usar un lugar alrededor de San Mungo, lo que estaba menos ocupado que el Caldero Chorreante, y aún menos probable que cualquier mago los viera.
—¿Qué tal ese café en el que te vi el otro día?
Por el rabillo del ojo, Hermione vio a Ginny mover su cabeza hacia ella, pero ella estaba más enfocada en la reacción de Malfoy. Había un endurecimiento en su mandíbula que podría haber sido imperceptible si ella no hubiera estado buscando una reacción.
—Er… ¿me recuerdas donde estaba otra vez?
Ella entrecerró los ojos.
—Me seguiste hasta ahí, ¿no?
—¡No! Por supuesto que no lo hice.
—Si ese es el caso, entonces ¿cómo no puedes recordar dónde está?
—Me tropecé con él y me di cuenta de que estaba sediento.
—Es Oxford Street, hay un montón de lugares para conseguir una bebida y no te creo por un segundo.
Él frunció el ceño.
—De acuerdo, así que te seguí.
Hermione miró a Ginny, quien levantó las cejas, antes de volver su atención a Malfoy.
—Hablaremos de ello después, y del rol de Bulstrode, pero por ahora, te daré instrucciones para que me encuentres ahí.
Buscó en su bolso hasta que encontró un pedazo de pergamino, donde escribió instrucciones lo suficientemente fáciles para que un niño las siguiera y se las entregó al rubio. Su ceño se profundizó al leer el simplista pero detallado lenguaje que había usado.
—No soy la comadreja, Granger.
—Después de tu comportamiento, no puedes criticar a nadie más.
Malfoy parecía como si quisiera decir algo desagradable pero aparentemente se lo pensó mejor. Si empezaba con los insultos, no había manera de que ella se reuniera con él. En lugar de eso asintió y sacó su mano para sacudirla con ella, casi como si pensara que no podría soportar si ella la sacudía. Era la primera vez que ella lo tocaba voluntariamente. Ella casi esperaba que él se limpiara la mano en su uniforme de Quidditch y se quejara de sus gérmenes de sangre sucia, pero él se acomodó y se volvió para hablar con Bulstrode.
—Ves, no estuvo tan mal —remarcó Ginny.
Fulmino con la mirada a su entrometida amiga.
—No gracias a ti.
La pelirroja suspiró.
—Vamos, Hermione, tienes que parar de pensar en ti misma. Compartes un hijo con Malfoy y ninguna cantidad de "enterrar tu cabeza en la arena" va a cambiar ese hecho. Y a menos que quieras arrastrarte por las cortes y los medios de comunicación, te sugiero que trates y llegues a un acuerdo con él.
—Pero realmente no quiero una custodia compartida con él.
Ginny envolvió su brazo a su alrededor.
—Lo entiendo, en serio lo hago. Pero tal vez no tengas otra opción. Cuanto antes llegues a un acuerdo, mejor.
El corazón de Hermione se hundió. Ginny estaba hablando sensatamente y no podía negarlo. Por mucho que quisiera mantener a Malfoy fuera de esto, había muchas probabilidades de que un tribunal le diera acceso a su hijo. Merlín, eso se metió en su garganta. Su hijo. El bebé no era solo de ella. Era obvio que Malfoy no se iba a ir y ella tendría que lidiar con ello.
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Draco no se había sentido tan positivo acerca de las cosas durante mucho tiempo, y se notaba en la forma en que jugaba. Por supuesto, no había vencido a Potter con la Snitch pero había algunas que tenía que aceptar ahora que era mayor, y el hecho de que nunca volaría como Potter era una de ellas.
Pero la conversación con Granger le había dado algo de esperanza. De acuerdo, así que ella seguía siendo hostil con él y obviamente estaba furiosa ahora que lo había descubierto, pero había acordado reunirse con él. Tal vez, podrían llegar a un acuerdo. Y si él era realmente suertudo, podría persuadirla para darle la custodia de su hijo mientras él le pagara para recibir otro tratamiento. De esa manera, podrían irse por caminos separados y no estar atados unos a otros para toda la vida.
Bufó mientras se daba cuenta que estaba adelantándose una vez más. La última vez que lo había hecho, había terminado casado con Astoria. Y ese no era un error que quisiera repetir en cualquier momento pronto. Además, no podía ver a Granger no estando apegada a este niño. Ella era del tipo sentimental. Y entonces, estaba el hecho de que Potter y sus amigos siempre habían logrado confundirlo. Así eran de molestos.
Suspiró mientras subía por la escalera secundaria que conducía a sus habitaciones privadas. Le caería bien una larga y caliente ducha. Jugar hoy le hizo darse cuenta cuanto tiempo había pasado desde que había tenido un buen entrenamiento físico.
Había pasado los últimos años tomando las riendas de los intereses de los negocios de los Malfoy de su padre. Aun no estaba seguro porque Lucius había estado tan apurado en empezar a entrenarlo. Usualmente, los herederos Malfoy tenían permitido tener una carrera en algo que les interesara antes de hacerse cargo de las finanzas de la familia. Su padre se había especializado en objetos malditos. Por otra parte, Lucius había estado siempre inmerso en las Artes Oscuras. El mismo Draco prefería la Aritmancia y la resolución de problemas. Tal vez su padre se estaba asegurando que Draco no estuviera en la misma posición en la que él había estado cuando su padre murió repentinamente. Lucius se había quedado intentando entender los muy numerosos negocios en los que los Malfoy invirtieron y le había llevado mucho tiempo entenderlo completamente.
Draco colocó su escoba y su equipo de Quidditch en el armario donde los guardaba y comenzó a desnudarse, preparándose para su ducha. Se dirigió a su habitación antes de pararse en estado de shock ante la escena con la que se enfrentó.
Ahí, envuelta en su cama, vestida escasamente con costosa lencería, estaba su esposa.
Sus ojos vagaron por ella y levantó una ceja. Ella no había hecho tanto esfuerzo desde que empezaron a salir. Entonces, se había presentado como la mujer perfecta y él había sido capturado. Ahora, su auto-preservación apareció. El estar adornada de esa manera significaba que ella estaba buscando algo, y él no confiaba en ella ni un poco.
—¿Tuviste un buen partido, Draco? ¿Te apetece un agradable masaje para relajar esos músculos? —preguntó con una voz sexy y palmeó la cama sugerentemente.
—¿Qué quieres, Astoria? —preguntó él cortante.
Él vio que la rabia brillaba en sus ojos pero hizo un admirable trabajo al suprimir la rápida respuesta que él sabía estaba muriendo por decir.
—¿Tengo que querer algo? Eres mi marido.
—Cuando te conviene —murmuró—. No hemos tenido sexo por más de lo que puedo recordar. ¿Qué ha traído esto?
Ella se puso de pie y cruzó la habitación hasta quedar parada frente a él y puso una mano sobre su pecho.
—Tal vez te extrañé —dijo ella tímidamente, mirándolo desde debajo de sus pestañas.
El sacó la mano de su pecho, alejándose hasta que se apoyó sobre la cómoda, cruzando sus brazos sobre su pecho.
—Lo dudo. Para extrañarme, necesitas preocuparte por mí en primer lugar.
—Eso no es justo, Draco. Sabes que me preocupo por sí.
Él se pasó una cansada mano por la cara.
—No, te preocupas por la razón por la que te casaste. El nombre, la mansión, la riqueza y la posición que te da en sociedad. No tratemos de pretender otra cosa.
Su fachada cayó entonces. Levantó su bata, atándola alrededor de ella y poniendo sus manos en sus caderas.
—Sabes, ¿por qué no puedes hacer esto así de fácil? Si solo hubieras aceptado mis avances, podríamos estar reconciliados y seguir siendo felices.
—Astoria, somos totalmente incompatibles, y no hemos sido felices por años. Dudo que algo de sexo pueda cubrir las grietas en nuestro matrimonio.
—¿Qué quieres decir con no ser felices? Por supuesto que hemos sido felices.
Draco suspiró.
—¿En serio, Astoria? ¿Estás tan engañada? Apenas nos vemos el uno al otro.
—Eso es porque estás muy ocupado en el trabajo y yo estoy ocupada siendo una buena esposa y socializando con tus amigos.
El bufó.
—¿Una buena esposa? Eso es para reír. Y escojo estar ocupado en el trabajo en lugar de venir a casa a esta… esta farsa de matrimonio.
Ella bufó.
—Eres imposible, eso es lo que eres. Nunca eres feliz.
—No, no es que sea imposible y podría ser feliz fácilmente. Pero tú no tienes lo que se necesita para hacerme feliz.
—Nadie puede hacerte feliz. Eres depresivo y chupas la felicidad y el bien de todo —frunció amargamente.
Draco se apartó de su esposa, irritado.
—Estás tan absorta en ti que no puedes ver más allá de lo que quieres.
—¿Absorta en mí? Eso es suntuoso viniendo de ti. Por lo menos, no me siento en una esquina y empollo. Esto tratando de seguir adelante con mi vida.
—¿Qué hay del hecho de que pasé por cosas cuando era niño que nadie debería experimentar?
—Oh, aquí vamos de nuevo. ¡Eres tan aburrido! ¿Qué le pasó al viejo Draco? El que había conocido su valor y dejaba que todos los demás lo conocieran también.
—Crecí, Astoria. Algo de lo que tú no sabes anda. Aprendí algunas difíciles lecciones y tuve que cambiar, de otra manera no estaríamos en la posición en la que estamos ahora.
—Por la varita de Salazar. Eres tan miserable. Si te aclararas, Draco, estaríamos bien. Pero en su lugar, todo es desgracia y pesimismo contigo. Crees que estarías por encima con tu actitud de autocompasión, pero aparentemente no.
—Lo he superado, pero tú no puedes ver que las cosas son diferentes ahora. El mundo ha cambiado. No es como era antes. No puedes aferrarte a las viejas costumbres; ya no es aceptado ni tolerado. Se perdió demasiado en la última guerra.
—Podrías hacerlo si fueras inteligente.
Él se burló.
—Eres tan ingenua. Estamos bajo escrutinio. Ese hecho que has pasado por alto, pero el Ministerio nos vigila atentamente.
—Pfff. Podrías hacer que el Ministerio comiera de tu mano. Tu padre lo hizo.
—Y es precisamente por eso que nunca podremos ser felices. No estamos de acuerdo en nada. No puedes entender que no todo es acerca del poder, el estatus o el dinero.
—Eres un Malfoy, estás destinado a pensar sobre esas líneas. ¿Qué diablos está mal contigo? —se burló.
Él se frotó los ojos con cansancio. No importaba cuantas veces repasaran eso, Astoria parecía incapaz de entender porque ellos no podían vivir como las anteriores generaciones de Malfoy lo habían hecho. Falló en entender el hecho de que la familia Malfoy siempre había sido buena en cambiar su política para mantenerse en el poder. Él y Lucius habían hecho un esfuerzo consciente por no mantener sus viejas costumbres. Si querían mantenerse siendo influyentes, entonces tenían que aceptar con gracia la cambiante situación. No había sido una difícil decisión para ellos después de lo que habían pasado. Su madre se había ido felizmente con el cambio, asegurándose de apoyar a las causas correctas, pero Astoria, educada con los mismos ideales que Draco, lo había encontrado imposible. Parecía pensar que si eran descarados entonces ella podría seguir sobre las mismas líneas.
—No lo entiendes, como es usual, Astoria. Nunca lo harás y ese es el principal problema entre nosotros.
—Simplemente eres débil. No tenías lo que se necesitaba para ser un mortífago y no tienes lo que se requiere para hacer feliz a tu esposa. Ni siquiera pudiste mantener a Parkinson, cuando ella habría hecho cualquier cosa por ti. Ella te reconoció como la triste y pequeña persona que eres y botó tu patético trasero.
Él sintió la rabia brotando en su interior, pero estaba teñida de tristeza al darse cuenta de que Astoria tenía razón. Se volvió hacia ella con un gruñido.
—¡Vete de aquí! No quiero verte más. De hecho, puedes irte de la mansión y de mi vida para siempre.
Ella lo miró con desdén.
—Tú y tu padre creen que son demasiado buenos para mí ahora que la sangre sucia Granger está embarazada con tu hijo —rio amargamente—. Buena suerte enfrentándote a ella, Draco. Si recuerdo correctamente, no tienes un buen historial contra Potter o Granger.
Y con eso salió de su habitación.
Draco se sentó cansadamente en su cama. Una pelea con Astoria era justo lo que necesitaba para convertir su antes día decente en uno malo. La única cosa que comprendía acerca de él era cuáles botones presionar para causar el máximo daño. Y lo había hecho de nuevo con las excavaciones sobre su personalidad y Pansy.
A pesar de las apariencias, realmente no era demasiado confiado en sí mismo. Oh, lo había escondido bien pero eso era lo que le habían enseñado a hacer. Los Malfoy no mostraban incertidumbre ni vacilación. Cuando era más joven, había sido fácil creer en su inherente superioridad. Después de todo, él siempre había conseguido lo que quería y tenía un círculo de amigos y un padre a quien recurrir si las cosas no salían como él esperaba.
Pero esos dos años viviendo como un Mortífago le enseñaron que la vida tenía una forma divertida de ser impredecible. Su fácil existencia había volado por la ventana y se había quedado sabiendo que ultimadamente un nombre y la riqueza no significaban mucho. Era práctico, eso era seguro, pero cuando el empujón llegó más fuerte, no podía compensar los defectos de carácter o la falta de convicción.
Desde que su mundo se había volteado al revés, había crecido menos seguro de sí mismo y de su rol. No ayudaba que su padre, también, había salido de la guerra disminuido. Su padre había sido la única persona con la que podía contar para mostrarle lo que el nombre Malfoy significaba y ello había desaparecido aquella noche en el departamento de misterios. Lucius había pasado de ser un mortífago sumamente confiado a un lacayo fracasado. Y Voldemort se había asegurado de haber castigado a ambos.
Pensando en su padre trajo a la luz el hecho de que Astoria de alguna manera sabía acerca de Granger y el bebé. Esto no era una buena noticia, especialmente porque le había dicho que saliera de su vida.
Demasiado para su buen día.
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Decir que Astoria estaba enojada era un eufemismo. Nadie la rechazaba, nadie. Haberse puesto allí para Draco y ser completamente rechazada era humillante y no solo eso, ¡él la había echado! Ni siquiera había hablado con su padre, pero había llegado a la misma conclusión que Lucius. Entonces, Astoria no estaba teniendo eso. Ella se negaba a ser echada a un lado y desechada cuando les conviniera a los arrogantes hombres Malfoy.
Se paseó por su salón privado, tratando de pensar que podría hacer para castigarlos. Sabía que tenía que girar alrededor de Granger y el niño. El tan importante heredero Malfoy.
Su primer pensamiento fue cazar a Granger y herirla, lo cual añadiría la ventaja adicional de poner en peligro al bebé. Pero, pronto descartó esa idea ya que era demasiado arriesgada. Además, todos sabían que Granger era rápida con su varita y había una posibilidad real de que Astoria saliera peor. De todos modos, no era Granger el verdadero problema, era Draco. Ella necesitaba algo que pudiera golpearlo donde más le dolía, su orgullo y el nombre de su familia. Caminó de arriba abajo mientras estrujaba su cerebro por algo.
Se detuvo y miró por la ventana antes de que algo en su escritorio llamara su atención. Lo miró por un momento antes de que una lenta sonrisa se formara en sus labios. ¡Oh sí! Si jugaba bien sus cartas, podría arrastrar el nombre de él por el barro, arruinar su reputación y salir ilesa. Esto seguro sería una situación de ganar-ganar.
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Muchas gracias por leer, una disculpa por la demora, pero ya saben que la universidad absorbe mucho tiempo y me complica actualizar pronto. ¿Qué creen que hará Astoria? ¿Qué les esperará a Draco y a Hermione en su plática? Déjenme un review con su opinión, se los agradecería con la vida.
Como siempre, quiero agradecer a Doris por ser mi beta y apoyarme en las correcciones y a Gizz Malfoy y a Lizz Malfoy por su apoyo y sus felicitaciones. Este cap se los dedico a ellas 3.
Besos
