Tres días y la molesta Airi no había vuelto a la oficina, tenía la molesta manía de faltar al trabajo y olvidar todas sus responsabilidades lo que ponía a Aizawa de punta. Ella tenía tanto poder como el pero de igual forma debía estar presente. Se levantó de la silla y fue a la oficina de la mejor amiga de esa molesta mujer.
— ¿Cuando planea venir Hayashi?
— Buen día, estoy bien Gracias por preguntar ¿y tu? - dijo con molestia Yukimura Shiori, una mujer alta y delicada de ojos celestes y cabello del mismo color hasta sus puntas en donde se volvía blanco.
— Lo siento... es que Airi es demasiado irresponsable.
—¿Ya fuiste a su oficina? - preguntó sin despegar la vista de su computadora, el negó y ella le hizo una seña de que se largara con la mano.
Tomaría la sugerencia de Yukimura, salió y subió las escaleras hasta la oficina de Hayashi, si ella fuese al menos la mitad de dedicada de su amiga el no tendría que estar encima de ella todo el tiempo. Desde niña fue una molestia. Entró a la oficina y abrió las ventanas. El lugar decorado con plantas y algunos cuadros de colores para darle vida a esas paredes grises.
No había nadie y ella no había firmado la entrada, necesitaba que esa mujer hiciera acto de presencia porque sus firmas debían estar en unos documentos antes de la tarde, la llamaría pero ella hace tiempo lo tiene bloqueado.
¿El sexo la espanto? Al parecer un poco de sexo ahuyentó al diablo.
— ¿Que demonios haces en mi oficina? ¿Quien abrió eso? Ciérralo, demasiado luz molesta a mis ojos. — dijo la dueña de la oficina entrando con una carpeta en la mano.
Cerró un poco las cortinas y miraba al de cabello negro que la miraba con su rostro monótono de siempre, Shota repasaba en su mente lo de hace tres dias, para el era inevitable.
— ¿Donde estabas?
— ¿Acaso me extrañabas? Que dulce — puso la amamos en su pecho fingiendo ternura.
— ¡déjate de tonterías! Te encanta faltar sin avisar. – fue cortado.
— Cielo, yo avise. Te lo dije toda la semana, dejé un fax a tu secretaria por si preguntabas y en la pizarra junto a la puerta de mi oficina también. ¿Te fijaste en algo de eso? — colocó un dedo en su barbilla haciendo un puchero— quizás debí decirlo mientras estaba contra el cristal, así seguro me abrías prestado atención.
— ¡Hayashi!
Ella empezó a reír ante la cara que hizo el de pelo negro.
— Lárgate de aquí si vienes a gritar, envíame los papeles y todo eso. — lo tomó por la muñeca y guió a la puerta, eso siempre pasaba y siempre terminaba igual. Antes de cerrar la puerta se quedó viéndolo y mordió su labio. — Shota, ¿ya te dije que te ves jodidamente sexi con barba?
Luego cerró la puerta y expulsó el aire que tenía contenido en sus pulmones, Shota y Airi se conocían quizás desde antes de nacer, sus padres eran amigos y colegas y juntos habían levantado ese imperio que ellos habían heredado, solo que Airi no tenía interés alguno en aquel imperio y mucho menos en soportar a su idiota colega.
Veinte y cuatro años en que tenían que soportarse porque como si el hecho de que fueron obligados a convivir en su infancia y adolescencia ahora les habían dejado la compañía a ellos, dos seres que no se soportaban ni un poco y que luego del sexo parecía que todo iba de mal a peor.
Airi dejó de pensar en el sexo de hace tres dias, iba a borrar eso de su mente pues esa atrocidad jamás debió pasar.
Shota revisó la pizarra y Justo como había dicho, ahí estaba clavada una nota escrita a mano avisando que ella iba a faltar. Toco su rostro y sintió la fina barba que empezaba a crecer, la molesta Airi siempre tenía que hacer un comentario de mal gusto que no le estaba molestando tanto como solían hacerlo.
Bufó al volver a recordar cómo tuvo a Airi debajo de él y su pene empezó a crecer. Era increíblemente estrecha y a pesar de que estar cerca de ella era un infierno, estar dentro podría convertirse en su nuevo lugar favorito.
Hizashi entró por la puerta sin tocar, sacando a Shota de su ensoñacion.
— ¿Ya viste a Airi? Creo que llego esta mañana. — aviso haciendo más ruido de lo normal. Aizawa deseo tener el súper poder de poder hacerlo menos ruidoso.
— Si, vi a esa molesta criatura esta mañana.
— No deberías llamar a la dulce Airi así, ella será la futura madre de tus hijos.
Shota se quedó en silencio mirándolo como si quisiera explotarle la cabeza, el rubio siempre hacía bromas de ellos como pareja o le tomaba fotos con la chica que parecían algo más que colegas, porque para ser sinceros ellos no se consideraban amigos.
La puerta se abrió dejando ver a la mujer de sus pesadillas más eroticas desde aquel día. Su pelo estaba un poco alborotado. Se sentó sobre el escritorio.
— Hay sillas, úsalas.
— No, gracias. ¿Vamos a comer hoy? — cuestionó dirigiéndose al rubio.
— ¡Claro!
— Me lavaré el rostro y te espero en el comedor.
Hizashi asintió y Airi salió de ahí mientras bostezaba. Shota echaba humo por las orejas, Airi solo sacaba de quicio, se atrevía a dormir en el trabajo y andar por ahí con claros signos de eso y además entrar a su oficina e ignorarlo como si nada.
— Shota, amigo. Acuéstate con ella y así la sacas de tu sistema.
Shota no dijo nada mientras su amigo salía. Al contrario. Por acostarse con ella la tenía pegada a sus pensamientos
