Airi despertó por el molesto toque en la puerta de su oficina. Su secretaria le llevó los papeles que quería y solo por eso no la regañó. Durante su lectura bostezó en exceso.
Se estiró y se colocó de pie para ir a donde su colega, al salir de su oficina notó el bullicio, ese día era la visita estudiantil y Airi lo olvidó totalmente. Volvió a bostezar y se sirvió una taza completa de café, la chica de pelo rosado miraba a todos los chicos y chicas de algunos quince años, había distintos grupos en distintas secciones.
Divisó a una chica de cabello negro muy cerca de Shota. Se acercó y la chica no podía pasar de 17 años, la había visto antes pero no recordaba donde.
— ¿Por qué hay tantas niñas aquí? - preguntó al llegar.
— Señora, es usted muy descortés.
— Y tu eres una chica un poco puta. Mira, tu mamá te llama. - hizo un ademán como si sacudiera pajas de una mesa y la joven chica se fue de ahí hechando humo por las orejas.
Airi río con eso. Le gustaba sacar de quicio a mujeres.
— ¿Por qué hiciste eso?
— porque quise. ¿No es obvio?
Shota no dijo nada y Airi le entregó unos papeles que el ojeó de forma rápida, pudo ver que eran papeles sobre donaciones a diferentes causan a nombre de la empresa. Todos tenían la firma de Airi.
El de cabello negro camino a su oficina siendo seguido de la chica de ojos oscuros, al entrar en la silla de Aizawa había una chica de cabello verde.
— Amor - gritó lanzándose a él y robándole un beso, Fukukado Emi era la novia del chico.
— Emi, sabes que no puedes hacer eso en la oficina.
Aquella reprimenda hizo a Airi tomar aires de grandeza, ella había tenido sexo con el en cada rincón de aquella oficina. Se estaba excitando al pensar en eso. Shota la vio sonrojarse y supo que su mente estaba en sexo, la chica solo se sonrojaba cuando eso pasaba por su mente.
Busco su sello y empezó a colocarlo en las diferentes hojas.
— Quizás deberías leer eso antes de poner tu sello, así es más seguro. - cuestionó la de cabello verde.
— Confió en Hayashi.
— ¿No crees que son muchas beneficencias?
— No, no lo son. - masculló Airi entre dientes, ambas mujeres se detestaban a muerte desde el día en que se conocieron y la de cabello rosado no le saltaba encima a la de cabello verde solo porque probablemente Shota la detendría y terminaría como un gasto innecesario de energía.
— Yo creo que si.
— Nadie está preguntando lo que crees - la tomó por un brazo y la sacó de ahí. - tienes prohibido dar tu opinión o siquiera pensar muy alto, no me obligues a prohibir tu entrada a este edificio.
Cerró la puerta y Aizawa terminaba de de sellar todo.
— Haz un esfuerzo y trátala mejor. - dijo entregando el folder.
— Que haga un esfuerzo y se trague sus palabras. Si ella fuese inteligente ni respirara muy fuerte cerca de mi.
Aizawa sonrió y pasó de Airi dándole un beso en la mejilla para confundirla un momento. Salió a buscar café.
Aizawa volvió a encender su puro y se dio un trago de su whiskey. Una calada y expulsó el humo. Adios estrés.
— ¿Tienes que fumar aquí? - preguntó Emi a su lado, se cubrió la mitad del rostro con la sábana.
— Es mi casa, puedo fumar donde quiera.
Emi no dijo nada, se paró de la cama y procedió a colocarse su ropa e irse furiosa del apartamento de su novio. Cualquier otro día el hubiese salido a fumar al balcón, pero no hoy ya que llovía y no estaba de humor para levantarse de ahí.
Llevo el vaso a sus labios y dio dos tragos consecutivos sintiendo como si garganta era quemada. Le gustaba esa sensación.
No pudo pensar en Airi estando en el lugar de Emi, si le molestaba el humo simplemente le arrancaba el cigarro de la boca y lo destruía, aunque la chica era una caja de sorpresas y bien que podría quedárselo.
Su teléfono sonó y era su madre: Aizawa Megumi.
— Hola amor ¿como has estado? - dijo la mujer con la dulce voz que la caracterizaba.
— Todo bien madre. ¿Sigue en pie lo de el fin de semana?
— ¡Claro que si! Justo llamaba para recordártelo. - se escuchó como algo se rompía.
— estaré ahí.
— Trae a Airi. - pidió la mujer en voz baja. Shota maldijo internamente.
— No prometo nada. - y colgó.
Se frotó el rostro con frustración. Ese fin de semana debía ser alejado de Airi pero ahora su madre quería que el la llevara a la cena del sábado y probablemente al desayuno del domingo.
Tomó su celular tecleando el recado para la chica y envió el mensaje. Siguió tomando y fumando hasta que la respuesta llegó. Un obvio si.
Airi no se perdería la oportunidad de arruinarle el fin de semana al chico.
