DISCLAIMER: Los personajes de Dragon Ball pertenecen a Akira Toriyama, solo los he tomado prestados un rato para hacer este fanfiction.
Notas de la autora: Para aclarar la curiosidad de quien pudiera tenerla, este fanfiction se me ocurrió después de ver dragon ball super y de pensar que Mirai Trunks y Mirai Bulma han sido de los personajes que más han sufrido en el anime, así que decidí imaginar alguna situación que pudiera darse para que su tormento no se alargara por años y bueno después de mucho analizarlo se me ocurrió esta idea que iré desarrollando poco a poco.
Sé que la "pareja" Bulma-N°17 es de las menos comunes en el mundillo del fanfiction, así que espero que esta historia pueda despertar el interés de alguien más aparte de mí. Ya sin más preámbulos los dejo con el capítulo 2.
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- ¡Ya están atacando la capital! -señaló Bunny a su marido, tras escuchar el último reporte de noticias en el radio de la aeronave.
El Dr. Briefs miró a su mujer con infinita pena, sabía lo que eso significaba... su hija estaba probablemente sin vida.
- Nuestra responsabilidad es cuidar de Trunks, se lo prometimos -dijo atormentado.
- No me importa -exclamo Bunny con una seriedad nunca vista en su rostro- Es nuestra hija, no podemos abandonarla.
El Dr Briefs sintió su corazón estrujarse, tenía miedo de ver a Bulma muerta, pero al mismo tiempo sentía la necesidad de regresar a la Capital del Oeste, aunque ello implicará romper su promesa.
- Tienes razón querida -admitió haciendo descender la nave. Cuando tocaron tierra el Dr Briefs abandonó su sitio de conductor, buscó entre las cápsulas que llevaba, tomó la que contenía otro vehículo y guardó las sobrantes en su bolsillo, acto seguido lanzó la cápsula al aire- La casa de los Son queda a tres horas, programaré la ruta en la aeronave, tú te llevaras a Trunks y se pondrán a salvo -explicó a su mujer mientras besaba a ambos.
- Iremos todos -dijo Bunny llorosa.
- No podemos hacerlo, es demasiado riesgoso, iré a buscar a Bulma. No debes preocuparte todo estará bien pequeño –dijo acariciando la manita de su nieto, quien lo miraba con la expresión de seriedad que había heredado del padre.
- Los estaremos esperando -dijo Bunny con un nudo en la garganta, al tiempo que besaba a su marido.
El Dr Briefs observó la aeronave alejarse, después subió a la suya y condujo lo más rápido posible hacia la Capital del Oeste. Al llegar no distinguió más que ruinas por doquier, tuvo que descender pues el humo saliendo de los edificios en llamas dificultaba su visibilidad, una vez en el suelo recorrió las calles lo más aprisa que pudo, abriéndose camino entre los cuerpos sin vida que llenaban las aceras y los escombros, no había aterrizado muy lejos de la Corporación así que debía llegar a ella de un minuto a otro. Se detuvo aturdido al contemplar la mitad de su hogar derruida en su totalidad, sintió una opresión en el pecho mientras corría hacia los escombros gritando el nombre de su hija.
Como pudo pasó por entre los pedazos de muro y los restos de concreto buscando alguna pista de la peliazul, "Ayúdenme a encontrar a mi hija por favor" rogó a todo cuanto pasaba, el temor de un nuevo ataque era tal, que los sobrevivientes ignoraban sus llamados de auxilio y se alejaban en dirección a la salida de la ciudad, por fin una familia se apiadó de él, los dos hijos mayores removieron los escombros sin descanso, mientras la mujer y su esposo buscaban alguna pista de la mujer, por fin una débil pero conocida voz llamó pidiendo ayuda, el Dr Briefs y los muchachos corrieron hacia el sonido. Bajo una pila de piedras encontraron a la peliazul envuelta en una sábana, su piel mostraba pequeñas heridas, no parecía haber sufrido gran daño, sin embargo, poco después de ver a su padre y sonreírle débilmente, perdió el conocimiento.
El Dr Briefs abrazó a su hija mientras su rostro se cubría de lágrimas, más tranquilo y ayudado nuevamente por uno de los muchachos, subió a Bulma en su vehículo, correspondiendo al favor que le habían hecho ofreció a la familia una de las cápsulas que llevaba en su bolsillo que contenía una aeronave, tras agradecerles su ayuda y deshacerse en agradecimientos se despidió de la familia y emprendió un nuevo viaje hacia la montaña Paoz.
Bunny daba vueltas de un lado a otro de la sala, Chichi trataba de confortarla, de ser optimista, aunque en el fondo temía que la peliazul no volvería más, Gohan cargaba al pequeño Trunks, aún no se recuperaba de sus heridas por su última batalla con los androides y seguía débil, por eso su madre le había ordenado no abandonar la casa, comprendía el temor de la morena de que los androides lo atacaran, pero al ver al bebe sentía deseos de salir a buscar a Bulma, no quería que ese niño sufriera lo mismo que él, ambos habían perdido a su padre, pero ahora existía la posibilidad de que Trunks se quedara más solo que él.
Ya había caído la noche, cuando el sonido de una aeronave hizo que todos se levantaran de sus asientos, con rapidez Bunny corrió hacia la salida con el corazón en vilo, abriendo sus ojos contempló a su marido con su hija en brazos. El aire se tensó al percibir que la joven no se movía, Gohan trago saliva y se acercó al Dr, mientras la mujer sollozaba en el hombro de Chichi, "¡Esta con vida!" gritó el mitad saiyayin al darse cuenta de que la peliazul aún respiraba. Una exclamación de alivio se dejó escuchar mientras llevaban a la joven dentro de la casa.
Gohan y el Dr. Briefs abandonaron la habitación dejando que las mujeres se ocuparan de Bulma, Bunny curó los raspones y heridas de su hija con la ayuda de Chichi, que parecía una enfermera profesional, no en vano había pasado años atendiendo a su esposo e hijo después de los entrenamientos. La rubia suspiró aliviada al darse cuenta que la joven no estaba muy lastimada, cuando terminaron su labor y se aseguraron de que la peliazul no tenía nada grave salieron a reunirse con los demás.
- Nuestra hija estará bien -dijo Bunny tratando de hacer la expresión de su marido menos sombría.
- No soy una experta -señalo Chichi- Pero la revisé y no parece tener nada serio.
- Gracias -musito el Dr a la viuda.
- Por nada -dijo ella sonriendo- Iré a preparar algo para cenar -Bunny se ofreció a ayudarla pero Chichi se negó y se marchó a la cocina sola.
- Vamos tranquilízate. Pronto recuperara la conciencia -El Dr, asintió aún no se recobraba de las traumáticas escenas que había presenciado mientras rescataba a Bulma- Ven vamos a verla -pidió la rubia tomándolo de la mano.
El Dr. Briefs entró a la habitación y contempló a su hija, sintió mucha rabia consigo mismo al hacerlo, se sentía culpable por haberla abandonado, además por el estado en que la encontró y la forma en que el androide la había mirado antes de dejarlos escapar, suponía lo que le había hecho ese maldito, solo de pensarlo se llenaba de furia. De pronto volvió sus ojos hacía su esposa esperando encontrar en ella la misma indignación que él sentía, pero la mujer sonreía con la misma felicidad de siempre, parecía que para ella la pesadilla había terminado al estar Bulma a salvo, por un instante deseo compartir su pesar con su mujer, pero al ver la expresión tranquila que ella mantenía decidió guardar silencio, en momentos como ese agradecía que su esposa fuera tan despistada, así no sufriría como él.
Durante la cena, el ambiente se relajó un poco, la comida y el calor del hogar de los Son permitían aminorar el trago amargo de hacía unas horas, Gohan escuchaba la conversación atento mientras sentía crecer su odio por los androides, cada palabra del Dr. Briefs sobre la destrucción que había presenciado en la capital del Oeste lo llenaba de furia, sintiendo que no podría contenerse más, Gohan se levantó de la mesa y se fue a dormir, Chichi le permitió que se marchara, pensando con tristeza en el dolor que su hijo sentía al escuchar sobre la masacre.
- Les he preparado una habitación -dijo la morena a la pareja- ¿Por qué no se van a descansar?.
- Prefiero estar con Bulma -respondió el cortésmente.
- Nada de eso -afirmo Bunny- Yo iré con ella y tú a descansar, luces exhausto.
Ante la insistencia de su esposa el Dr Briefs decidió aceptar, Bunny lo acompaño hasta la habitación, lo veía tan decaído que temía que la salud de su esposo pudiera deteriorarse si no descansaba, cuando se aseguró que estaba dormido, se dirigió con la peliazul. La señora Briefs colocó una silla frente a la cama y se sentó a velar el sueño de su hija como cuando era pequeña, nadie escuchó los sollozos de Bunny, la mujer los ahogaba ayudada por su pañuelo, había sido una terrible pesadilla lo sucedido, resultaba devastador para ella haber dejado a Bulma en manos de ese monstruo y más doloroso aún ver el estado en que la habían encontrado. "Tengo que ser fuerte", se animó Bunny, secándose las lágrimas, ya no debía lamentarse por algo que no podía cambiar, lo único que podía hacer era brindarle su apoyo a su hija, la ayudaría en todo lo que pudiera para que olvidara lo sucedido.
Unas horas más tarde Bulma despertó sintiéndose aturdida, en sus oídos aún resonaban los espantosos ruidos de las explosiones y los edificios cayendo, tenía algunos malestares pero a pesar de eso una sensación de fortuna se apoderó de su mente al recordar cómo logró encontrar lo que necesitaba un segundo antes de que el edificio colapsara sobre ella. Gracias al escudo de energía que había diseñado semanas antes se salvó de morir, ni siquiera había tenido tiempo de probar la funcionalidad de su invento, pero había resistido hasta el último minuto, era una lástima que se hubiera perdido.
Un poco confundida todavía, se incorporó al notar que estaba en una habitación extraña y obscura, al mirar alrededor se dio cuenta que no estaba en un hospital sino en una casa... la casa de Goku. Estaba a salvo, lo había logrado, al volver su mirada observó a su madre llorando de alegría, Bulma le sonrió, una tranquilidad que no había sentido en meses recorrió su ser, su familia lo logró, habían sobrevivido.
- ¡Querido ya despertó! -escuchó decir a su madre un segundo antes de que la rubia la abrazara y la besara sin parar.
El Dr Briefs, Gohan y Chichi entraron a la habitación casi de inmediato. Al igual que la morena, el mitad saiyayin le dedicó una sonrisa que demostraba la alegría que sentía al verla bien, mientras su padre la abrazaba y le relataba sobre su rescate.
-No debiste regresar, te arriesgaste demasiado –dijo la peliazul a su padre.
-Valió la pena hacerlo.
Por la emoción en su voz, Bulma comprendió lo difícil que había sido todo para su padre, verlo tan afectado era demasiado para ella, así que solo musito un débil gracias por respuesta. Tratando de recomponerse pensó que solo le hacía falta ver a alguien más para sentirse plenamente tranquila.
- ¿Dónde está Trunks? -preguntó muriéndose de ganas de ver a su pequeño.
- Iré a buscarlo -dijo Chichi dirigiéndose a la puerta.
La morena regresó en poco tiempo con Trunks en brazos, Bulma lo miró y acercándose le dio un beso en la mejilla, inmediatamente después y ante la sorpresa de todos, le pidió a Chichi que se lo llevara, a pesar de las miradas que sentía sobre su persona y los enormes deseos que sentía por estar con su pequeño, Bulma se sentía indispuesta de pensar en sostenerlo en brazos cuando aún podía percibir en su piel la esencia de ese maldito.
- ¿Quieres que te prepare el baño? -preguntó Chichi imaginando lo que sucedía.
- Si, por favor -respondió la peliazul agradecida de no tener que pedirlo.
Su padre y Gohan abandonaron la habitación, no sin antes decirle lo mucho que les alegraba que estuviera bien, ella les sonrió, bien no era la palabra que ella usaría... había sobrevivido, pero también había pagado un costo muy alto por eso. "Debo estar agradecida por seguir con vida, y no pensar más en lo que sucedió", se dijo mientras entraba al baño, una vez ahí, la peliazul se metió en la tina y se quedó un buen rato, los recuerdos de lo sucedido con Nº17 comenzaron a atormentarla, se sentía marcada, como si las huellas en su piel no pudieran ser borradas.
Cuando terminó de bañarse, se envolvió en la toalla que su madre le había dejado y de inmediato fue a ver a su hijo, Trunks dormía plácidamente, con ternura acarició su cabello color lila, cualquier sacrificio, cualquier cosa de lo que había pasado le parecía poco en comparación con la felicidad que sentía de tenerlo a su lado, de saber que podría verlo crecer. Reconfortada se acercó hasta el pequeño y lo beso muchas veces, después regreso a la habitación donde había despertado, encontró ropa limpia en la cama así que se vistió, y después salió en dirección a la cocina. Chichi estaba sola, al verla le informó que sus padres habían salido, entre las cápsulas que se llevaron antes de huir estaba una casa, que instalarían junto a la de ella.
- Seremos vecinas un tiempo -terminó de decir Chichi mientras le ofrecía una taza de café.
- Que bien -respondió la peliazul sin mucho ánimo.
- Nos asustaste mucho -dijo la morena tratando de encontrar otro tema de conversación- Cuando tu madre llego a la casa con Trunks diciendo que habían atacado la ciudad del Oeste, temimos lo peor.
- Nunca tuve tanto miedo -admitió la peliazul recordando los ojos azules del androide fijos en ella.
Chichi dejo de conversar para tomar un sorbo de su café, Bulma se había quedado absorta en sus pensamientos y ella podía imaginarse porque, Bunny no había sido muy discreta, estaba tan nerviosa cuando apareció en su casa que le contó todo lo sucedido, así que la morena sabía que el androide no había dejado escapar a su amiga, que la había retenido a propósito, "¿Qué paso en ese tiempo?", quiso preguntarle, pero no se atrevió.
- ¿Mi madre te contó sobre el androide 17? –preguntó de pronto Bulma como si leyera lo que pasaba por la mente de la morena.
- Estaba muy asustada, me dijo todo lo que pasó -respondió Chichi.
- Hubiera preferido que no lo hiciera...
- No tienes que contarme nada si no quieres -dijo la morena al verla callar- Yo comprendo que tu intención era proteger a tu hijo y a tus padres.
- No quería que él los dañara -aceptó Bulma tras un momento- Si no accedía a quedarme los hubiera matado -confesó luchando por contener las lágrimas.
- Yo habría hecho lo mismo por Gohan sin dudarlo -respondió la viuda colocando una de sus manos sobre las de la mujer- sé que es difícil, pero trata de olvidar lo que sucedió, lo importante es que ahora todos están juntos y a salvo -dijo tratando de animarla.
Bulma no pudo responderle, algunas lágrimas corrían por su rostro, necesitaba desahogarse y Chichi era su única amiga, pero ni a ella podía decirle que a pesar de su voluntad su cuerpo había reaccionado ante las caricias del maldito androide, que a pesar de haberse visto forzada a entregarse a él por las circunstancias, no se sentía avergonzada por eso. No podía decirle que el verdadero problema era que lo que había sentido estando con él, que eso la perturbaba y la confundía, que su interior era una mezcla de rabia, odio, culpa y deseo al mismo tiempo.
Chichi miró comprensiva a la peliazul, como mujer comprendía lo difícil que había sido su experiencia, no había necesidad de que Bulma le confirmara lo que ella sospechaba que había sucedido con el androide, cuando era bastante evidente. Tras unos minutos, la morena se levantó de su asiento y sin decir nada abrazó a Bulma, quién sintió su apoyo y se mostró reconfortada, cuando la morena se separó notó que la peliazul lucía agotada.
- ¿Por qué no vas a recostarte un rato? -preguntó Chichi.
- Prefiero estar con Trunks –respondió la peliazul levantándose de la mesa, solo su hijo podía consolarla en esos momentos- Gracias por todo Chichi -dijo con una leve sonrisa antes de despedirse.
Bulma entró a la habitación donde dormía su hijo y lo contempló en silencio, pensando que ese pequeño era todo lo que le quedaba de Vegeta, y a la vez su única esperanza para salir de ese infierno. "Será un guerrero poderoso" profetizó el saiyayin poco después que Trunks naciera, y ella le creyó, después de todo lo que había pasado, aferrarse a esa idea era su único consuelo, porque toda esperanza de llevar una vida tranquila y feliz, desapareció el día que esos malditos androides salieron del infierno para asesinar a Vegeta y a sus amigos. Bulma meditó en todo el dolor por el que habían pasado, y temió que faltara más sufrimiento antes de encontrar la paz, reflexionaba en ello hasta que su madre entró a la recámara a decirle que su hogar temporal estaba listo.
Un mes transcurrió desde que los Briefs se instalaron en la montaña Paoz, y todo parecía haber regresado a la normalidad, la convivencia con los Son les hacía más agradable su estancia, y de no ser por las constantes noticias que escuchaban por la radio sobre los ataques de los androides, cualquiera podría pensar que la familia de Bulma solo se encontraba disfrutando de una visita social. Sin embargo no era así, en apariencia la vida era tranquila, pero dentro de cada uno de ellos vivía el miedo a un posible ataque, pues aunque las montañas se encontraban alejadas de la ciudad, no podían tener la certeza de que era un lugar completamente seguro.
Aunado a las preocupaciones ya existentes, el Dr Briefs cargaba con la culpa que llevaba a cuestas, desde el día que dejaron a Bulma en la Corporación, y aunque su hija se había recuperado de sus heridas y mostraba más fortaleza que nunca, él no podía apartar de su mente la imagen de ese maldito androide, lo odiaba más que nunca y no podía esperar el momento en que fuera destruido. A pesar de sus deseos, sabía que ese día se encontraba lejano, Gohan había resultado bastante malherido después del primer encuentro que mantuvo con los androides, resultando claro que, aunque era un niño muy fuerte era incapaz de enfrentarse a ellos sin correr un gran peligro, para alcanzar el nivel de pelea de esos asesinos harían falta años, y el Dr dudaba si podría vivir tanto para ver su fin.
Bulma llevaba un rato meciendo a Trunks, cuando se dio cuenta que su padre estaba absorto en sus pensamientos, así que en cuanto el pequeño se quedó dormido Bulma lo depositó en el sofá y se acercó al anciano.
- ¿Sucede algo? -preguntó la peliazul.
- Perdóname, no debí dejarte.
- Ya hablamos de eso, no tengo que perdonarte -exclamó ella comprensiva- Hiciste lo que acordamos, y eso fue lo mejor, si se hubieran quedado ninguno de nosotros estaría vivo en este momento.
- Fui un cobarde, no te protegí como debía…
- Basta de hablar de ese tema -interrumpió Bulma, pues estaba cansada de ver que su padre se sintiera culpable- No me importa lo que paso, estamos juntos y eso es suficiente para mí.
El Dr la miró deseando creer en sus palabras, Bulma se acercó a él y puso una mano en su hombro para reconfortarlo.
- Vamos, anímate, necesito que me ayudes, los robots que enviaremos a reconstruir la Corporación no se elaboran solos.
- Tienes razón -respondió el anciano- Me gusta la tranquilidad de estas montañas, pero aquí no tenemos los elementos necesarios para lograr ningún avance que nos permita defendernos de esos malditos.
- Cuando regresemos trabajaré en el escudo de energía -notificó la mujer emocionada- He estado pensando en modificar el prototipo para aumentar el radio de protección.
- Es una buena idea hija -respondió el Dr Briefs contagiándose por el entusiasmo que ella mostraba.
Octubre, año 767
Los ataques a las ciudades seguían siendo constantes, las aterradoras noticias sobre destrucción y muerte llenaban los canales de televisión y las estaciones de radio, las atrocidades de los androides eran el pan de cada día.
- Escucha esto -dijo la rubia subiendo el volumen de la televisión- "Nº17 y Nº18 se han convertido en el mayor peligro antes visto, cinco ciudades han sido atacadas en tres días" -se oyó decir al presentador mientras la androide reía con la noticia.
- Y podrían ser seis, aún hay tiempo.
Respondió su hermano maliciosamente mirando a las personas que se encontraban escondidas en la tienda de electrónicos donde se hallaban.
-Les daremos unos minutos de ventaja -exclamó la rubia dirigiéndose a la entrada.
El androide la siguió, les gustaba aparecerse en lugares públicos para causar pavor entre los ciudadanos y luego atacarlos sin piedad, ese día habían elegido un centro comercial de la capital del Sur, solo para que N°18 pudiera ampliar su guardarropa y de paso se divirtieran viendo a las personas huyendo despavoridas ante su presencia, pero contrario a lo que esperaban en el lugar había pocos humanos, aunque por fuera la edificación estaba sin un rastro de deterioro, por dentro se notaba que las tiendas y la mercancía en ellas había sido abandonada varios meses atrás, a pesar de eso decidieron seguir con el plan inicial y asustar a las pocas personas que ahí se encontraban.
-Espero encontrar algo en esa tienda -señaló la rubia.
-Ni pienses que te acompañaré -exclamó N° 17 alzándose de hombros y dirigiéndose en otra dirección.
La rubia ignoró su comentario y caminó hacia la tienda que había llamado su atención. N° 17 por su parte, hizo un recorrido por todo el centro comercial, corroborando durante su paseo que había pocos humanos lo cual le molesto, "Me desquitaré haciendo estallar la ciudad más tarde" pensó mientras iba a buscar a N° 18.
-Estoy aburrido -reclamó a su gemela cuando la encontró.
-Yo también, no hay nada decente en esta tienda.
-Vayamos a divertirnos un poco -dijo N° 17.
-Me parece bien -respondió la androide caminando hacia la salida, había avanzado unos cuantos metros cuando de pronto algo en una tienda llamó su atención- Mira esto -exclamó lanzando a N° 17 una revista con una nota sobre ellos.
-La tomaron demasiado lejos, esos humanos son unos cobardes no se atreven a acercarse a nosotros -se mofó él al ver la foto.
-Aun así mi cabello se ve bien -respondió su hermana mientras empezaba a revolver el estante de las revistas- Veamos que más hay...
-Deja eso 18, tenemos cosas más importantes que hacer.
-La ciudad puede esperar unos minutos -bufó ella, sin hacerle caso, mientras buscaba alguna otra revista donde aparecieran ellos- Quiero saber si hay más fotos mías.
N° 17 miró a su hermana divertido con su actitud, la dejaría perder el tiempo unos minutos y después empezaría a volar la ciudad estuviera ella o no. Mientras esperaba, su vista se posó en la portada de una revista científica, en ella aparecía el anciano de cabello lila que había visto hacía unas semanas en la capital del Oeste junto a la peliazul, curioso se acercó, la tomó del estante y comenzó a hojearla, "El Dr. Briefs destacado representante de la comunidad científica, recibe distinción por sus aportes tecnológicos de última generación", leyó. El artículo en general no habría sido de su interés a no ser por una imagen donde aparecía el anciano junto a su mujer de cabello celeste, "Recibe el premio de manos de su hija Bulma Briefs" rezaba al final de la fotografía.
-Aquí no hay nada más -exclamó N° 18 sacándolo de sus pensamientos- Llego la hora de divertirse con los humanos.
Él asintió y junto a su hermana salió a destruir la ciudad. Horas más tarde, mientras se encontraba a solas, el androide pensó en la fotografía que había visto, "Bulma" repitió en su mente, "Así que ese era su nombre", hasta ese momento no había vuelto a pensar en ella, pero al rememorar su encuentro con la peliazul, una intensa sensación de deseo recorrió su interior, N° 17 cerró los ojos rememorando la suavidad de su piel, el aroma de su cabello, la sensualidad de sus movimientos… la reacción de su cuerpo ante semejantes recuerdos no tardó en hacerse presente, sacándolo de quicio al instante, "Maldita mujer, por su culpa ahora necesito una buena diversión" se dijo emprendiendo el vuelo con la idea de encontrar alguna presa con la cual satisfacer sus instintos.
