DISCLAIMER: Los personajes de Dragon Ball pertenecen a Akira Toriyama, solo los he tomado prestados un rato para hacer este fanfiction.

Notas de la autora:

Les dejo con este capítulo que no había podido subir por andar escribiendo "Técnica de combate", una historia sobre Bulma y Goku que espero quede divertida.

Eso era todo, cambio y fuera.

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Noviembre, año 767

Sintiéndose mareada y algo enferma, la peliazul entró al baño de prisa, para refrescarse se mojó la cara con agua fría, después de hacerlo vio su imagen en el espejo, su vientre aún no presentaba cambios, pero ella temía que pronto sus padres notaran que estaba embarazada. Aún no se había hecho la prueba, pero no le hacía falta, conocía los malestares a la perfección, se sentía desganada y con sueño durante el día, las náuseas matutinas se habían vuelto insoportables y su olfato estaba más agudo que nunca.

Durante el último mes, había estado en negación, convenciéndose que el retraso en su período era solo eso, un retraso ocasionado por todo el estrés al que estaba sometida, pero cuando los síntomas aparecieron supo que no podía negarse más a las evidencias, el encuentro con N° 17 le había dejado algo más que un mal recuerdo.

La voz de su madre avisando que el desayuno estaba listo la sacó de sus pensamientos, la peliazul recorrió su imagen en el espejo una vez más para asegurarse que su secreto seguía sin darse a notar, y salió de la habitación.

En la cocina, Bunny iba de un lado a otro llevando los alimentos a la mesa, Bulma entró justo en el momento en que Trunks hacía volar el puré de zanahorias ante la angustia de su madre, que cargada con todo no podía evitarlo. Tratando de recomponerse, la peliazul se acercó a su hijo y le quitó la cuchara de las manos para evitar que siguiera lanzando comida por doquier, después tomó una servilleta y le limpió la cara, el pequeño sonrió y dirigió sus bracitos hacia ella pidiéndole que lo cargara. Aprovechando que la situación estaba bajo control, Bunny llamó a su marido quien apenas si le prestó atención.

-Ahora que no tiene periódico, vive pegado al canal de noticias –se quejó la mujer con Bulma.

- Es importante estar bien informado –lo defendió ella, mientras trataba de alimentar a Trunks, que se resistía a comer su puré.

Bunny suspiró resignada, terminó de poner los platos y se sentó a desayunar. Ella era de la opinión de que su marido no debía mirar tanto las noticias, desde que los androides aparecieron un año atrás, toda la información se refería a ellos y a las atrocidades que cometían, ¿Que caso veía su esposo a informarse y añadir más temor al que ya tenían?, pensando en eso la rubia se volvió a mirar a su hija.

- No has tocado tu desayuno -protestó Bunny tras mirar el plato de Bulma- ¿Por qué no me das a Trunks para que puedas comer?

La peliazul se negó lo más amablemente que pudo, tenía náuseas y no se sentía capaz de probar la comida sin devolverla, además prefería tener a Trunks en sus brazos y alimentarlo ella misma, ya casi no pasaba tiempo con él, ocupaba la mayor parte de su día en construir robots junto a su padre, y en mejorar los materiales de construcción con los que contaban, para hacerlos más resistentes y así mejorar la estructura de la Corporación, desde que descubrió su estado, su única meta se centraba en regresar allá lo antes posible.

- Vamos, dale el niño a tu madre -dijo el Dr entrando en la cocina- Necesitamos todas nuestras energías para terminar esos robots hoy mismo -añadió animado.

- No tengo apetito -tuvo que admitir la peliazul ante la insistencia.

- Te llevaré un refrigerio más tarde si prefieres –ofreció Bunny.

- Estaré bien con un poco de jugo.

Indicó Bulma, no tenía ganas de discutir con su madre sobre el tema de la alimentación, ya que la rubia terminaba ganando la mayor parte de las veces, lo mejor era ceder un poco para evitar preguntas. El resto del desayuno transcurrió tranquilo, después de dejar a Trunks en su silla y de ayudar a levantar los platos, Bulma miró a su padre y se dirigió a la salida.

- Es hora de trabajar -señalo el Dr a su esposa- Hasta la tarde querida, te veré después pequeño.

Tras decir estas palabras y besar a Bunny y a Trunks, el Dr Briefs salió de la casa. Un segundo después de que su esposo desapareciera, la sonrisa de la rubia se borró, miró el vaso de jugo que le había servido a Bulma y que ella dejó a la mitad, "no tiene apetito por las mañanas, ha dejado de fumar aunque eso la relaja, y se ve cansada todo el tiempo", pensó Bunny, quien llevaba una semana observando el comportamiento de la peliazul, "¿acaso será qué?...

- Ab da buu -balbució el pequeño a su lado, reclamando la atención de su abuela.

- ¿Qué pasa querido Trunks? -preguntó Bunny al niño, que parecía cada vez más inquieto- ¿Acaso quieres que te cante una canción?.

La rubia comenzó a entonar la melodía preferida del pequeño, que pareció contentarse al escucharla, no tardó mucho para que se quedara dormido. Después de un rato, Bunny terminó de limpiar la cocina, tomó entre sus brazos al niño de cabello lila y en voz baja y algo mortificada le susurró.

- Eres muy joven todavía para convertirte en el hermano mayor.

Sin saber cómo sentirse respecto a la idea que le daba vueltas en el pensamiento, la rubia decidió ocupar su mente con las tareas domésticas de costumbre, no fue sino hasta varias horas más tarde, que decidió visitar el improvisado laboratorio donde Bulma y su padre se encontraban. Ellos ni siquiera notaron su presencia, cuando estaban trabajando dejaban que la actividad los absorbiera por completo, toda su atención se centraba en la tarea que estaban realizando, por lo que Bunny tuvo que toser varias veces para que se percataran que ahí estaba.

Los dos científicos detuvieron su trabajo y siguieron a la rubia hasta la casa, donde una deliciosa comida los esperaba, para ese momento el estómago de Bulma estaba más tranquilo y le permitió disfrutar de los alimentos en su plato.

- La flota de robots estará lista esta noche -dijo el Dr Briefs a su esposa- Mañana temprano la enviaremos a la Corporación para iniciar las reparaciones.

- ¡Que alegría! -respondió la rubia ilusionada con la idea de volver a casa.

- Esta primera flota irá solamente a retirar los escombros -añadió Bulma, mientras jugaba con Trunks que reposaba en su regazo- Calculamos que en una semana tendremos listos los materiales de construcción en los que hemos estado trabajando.

- Queremos hacerlos lo más resistentes y livianos posibles –explicó el Dr Briefs- Así en caso de otro ataque el riesgo de que la construcción colapse es menor. Si todo sale de acuerdo a lo planeado, tal vez en un mes podremos estar en casa.

- Lo único que me apenará de dejar este lugar, son nuestros vecinos –exclamó Bunny de pronto- Chichi y Gohan se han portado muy bien.

- Es cierto, han sido un gran apoyo –admitió el Dr.

- Los echaré de menos cuando nos vayamos –afirmó la rubia- Me la he pasado muy a gusto con ellos como vecinos y creo que a los Son también les agrada tenernos aquí.

- También pienso lo mismo, nos hemos unido bastante y será una separación difícil, por eso creo que es mejor contarles nuestros planes lo antes posible -respondió la peliazul afligida- Quizá mañana se lo cuente a Chichi –resolvió.

El ambiente se tornó triste después de eso, así que para disminuir la tensión el Dr empezó a hacer caras y gestos divertidos a Trunks que terminaron por hacer reír a todos, más aliviados los adultos terminaron de comer. Como era de esperarse, Bulma y su padre regresaron a su laboratorio a trabajar sin descanso, sus esfuerzos y sus horas de trabajo rindieron frutos, y pasada la medianoche el último robot estuvo listo, tras programarlos, los científicos se fueron a descansar.

A la mañana siguiente la peliazul se levantó más temprano que de costumbre obligada por las náuseas matinales. Con una sola idea en mente se duchó y se arregló, sus padres aún dormían cuando ella salió llevándose a Trunks en brazos, necesitaba dar un paseo y disfrutar un tiempo a solas con su hijo. No se alejaron demasiado de la casa, solo lo suficiente para que Bulma pudiera encontrar un sitio donde jugar con su pequeño y al mismo tiempo admirar el paisaje, en ese momento la peliazul supo lo mucho que extrañaría la tranquilidad y la hermosa vista de la montaña Paoz cuando se marcharán. Después de un rato de estar con Trunks en el pasto, vio movimiento en la vivienda de al lado, así que se levantó y se marchó en dirección al patio de la casa de los Son.

- Hola Chichi -saludo la mujer de cabello celeste a su amiga.

- Hola, en un minuto estoy con ustedes -respondió aquella terminando de colgar una sábana- Acabo de preparar té -añadió cuando finalizó su labor- Vamos por una taza.

Las mujeres y el pequeño entraron a la cocina, Bulma ayudó a Chichi a disponer la mesa y después se sentaron a charlar.

- Has crecido mucho Trunks -dijo la morena al pequeño que se empeñaba en ponerse en pie sobre el regazo de su madre- Aún recuerdo lo adorable que era Gohan a esa edad -añadió emocionada- Crecen muy rápido...

- Así es -admitió la peliazul orgullosa de su hijo, para después cambiar su expresión a una más seria- Chichi… en realidad he venido porque quiero decirte una cosa.

- ¿Sucede algo malo? -preguntó la morena preocupada.

- Nada de eso -la tranquilizó su amiga- Solo quería contarte que anoche terminamos los robots y calculamos que en un mes aproximadamente, podremos regresar a la Corporación.

- ¿Por qué no se quedan aquí? -preguntó Chichi un tanto triste por perder a sus vecinos- Este es un sitio seguro, hasta ahora no ha habido ningún ataque.

Bulma estaba por responder, pero el malestar que experimentaba por el fuerte olor que despedía la comida que su amiga tenía en el fuego se lo impidió, Chichi notó su expresión descompuesta, la peliazul se había puesto lívida de un momento a otro.

- ¿Te encuentras bien? -inquirió la morena preocupada.

- Solo tengo un poco de náuseas -respondió tratando de controlarse- Se me pasara pronto.

- Necesitas aire fresco -señaló Chichi poniéndose de pie para abrir la ventana.

- Gracias -dijo Bulma sintiendo una mejoría, cuando el viento disminuyo el olor que se concentraba en la cocina- ¿Y Gohan? -preguntó cuando se sintió más repuesta.

- Debe estar entrenando -respondió la morena resignada- Está obsesionado con volverse más fuerte, quiere vencer a los androides cuanto antes.

- Sé que tienes miedo por él -exclamó la peliazul- Pero debes tener fe, después de todo su padre fue Goku, el guerrero más poderoso de la tierra.

-Goku los habría derrotado, pero esa maldita enfermedad se lo impidió –exclamó Chichi mientras se enjugaba una lágrima al pensar en su fallecido esposo- Ahora toda la esperanza de acabar con esa amenaza recae en mi Gohan, y tengo miedo…

Chichi rompió a llorar tras pronunciar la última frase, Bulma la tomó del brazo para imprimirle fuerza y se esforzó por mantener a raya las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos celestes al pensar en el futuro que les deparaba, en el peso que llevaba Gohan sobre su espalda, y que compartiría con su hijo en algún momento.

- Malditos androides -expresó la mujer apretando los puños- No veo el día en que no quede ni un rastro de ellos...

Al escucharla Bulma le apretó el brazo con más fuerza sin quererlo, lo cual no pasó desapercibido por Chichi que se volvió a mirarla.

-Yo también quisiera que desaparecieran, ellos asesinaron a nuestros amigos y a Vegeta, no los puedo perdonar… pero ahora…

- ¿Qué sucede Bulma? –preguntó la morena al ver la confusión y la angustia dibujada en el rostro de la peliazul.

- Estoy embarazada -reveló de pronto la peliazul bajando la mirada, dejando completamente sorprendida a su amiga.

El ambiente se llenó de tensión, y por varios minutos las mujeres permanecieron en silencio, la noticia había sido tan impactante de decir como de escuchar. Pasado un rato, la morena por fin pudo articular palabra.

- Eso no es posible Bulma... él es... -trató de decir Chichi sin salir de su asombro.

- Un androide.

- ¿Entonces cómo es posible? –volvió a preguntar la morena.

Bulma respiró profundo para aclarar sus ideas, cuando lo logró le explicó a Chichi que la especialidad del Dr. Gero era la robótica, y que los androides eran seres humanos reconstruidos a través de ese método, que los poderes que poseían provenían de las habilidades en ese campo del científico, pero que al parecer su cuerpo aún conservaba funciones reproductivas.

- Mis padres no lo saben, aún no se los he dicho y no sé si podré hacerlo, cada vez que pienso en este bebé me siento aterrada ante la idea que sea como él -se sinceró la peliazul.

Chichi no le respondió, se sumergió en sus pensamientos, para ella la vida y la maternidad eran sagradas, pero compartía el temor de Bulma, tal vez esa criatura que llevaba en el vientre podría resultar otra amenaza, un peligro más para la humanidad, y a la vez, también se trataba de un ser inocente.

- También lleva tu sangre -dijo Chichi tras reflexionarlo- Y puede ser que se parezca a ti.

- Ojalá pudiera tener esa certeza -musitó Bulma visiblemente asustada.

- Sea cual sea tu decisión -respondió la morena comprendiendo el dilema que la peliazul enfrentaba- Lo único que espero, es que sea lo mejor para ti.

"Y para todos", pensó Chichi, afortunadamente para ella que no sabía que más decir, el estómago del pequeño Trunks comenzó a protestar por alimento, Bulma se levantó y tras agradecerle a Chichi que la escuchara, salió en dirección a su casa. Al verla partir, Chichi se dio cuenta que no volvería a sentirse tranquila hasta que los Briefs regresaran a la capital del Oeste, y se reprochó su actitud, pero el miedo que le inspiraban los androides y la necesidad de proteger a su hijo era mayor a todo lo demás.

El plan para reconstruir la Corporación fue un éxito, durante el siguiente mes Bulma y su padre se encargaron de supervisar los avances a través de las cámaras de monitoreo que tenían instalados los robots. Cuando el Dr Briefs anunció que podían regresar, la peliazul sintió alegría y temor entremezclados, ese era su hogar, y a la vez, el sitio que le recordaba a N°17, aun así, decidió no acobardarse, su única alternativa era volver y demostrarse a sí misma que la gran Bulma Briefs podía enfrentar sus propios miedos y salir adelante.

La despedida con Gohan y Chichi fue más triste de lo que imaginó, para agradecerles todo el apoyo y la compañía que les brindaron durante su estancia, ofrecieron una cena en su honor, durante la reunión, la emoción se respiraba en el aire, todos los presentes habían compartido durante ese tiempo nuevos ánimos para superar las adversidades, compartieron preocupaciones y se confortaron unos a otros.

- Voy a entrenar día y noche -exclamó Gohan con vehemencia- No me rendiré, lo prometo.

- Sé que te volverás muy fuerte -lo animó Bulma- Pero recuerda que debes ser cuidadoso y no correr riesgos innecesarios -le aconsejó, aunque sabía que no era necesario, pues el niño había madurado de manera impresionante durante el último año.

- Trunks, también será muy fuerte -señaló el mitad saiyayin tomando al pequeño en brazos- En cuanto tenga edad lo entrenaré.

Todos rieron pues el pequeño de cabello lila hizo una expresión de protesta al escuchar los planes de Gohan, y comenzó a llorar. Bulma lo tomó en brazos mientras la cena seguía su curso. Al abandonar la casa la viuda se acercó a la peliazul y la abrazó.

- ¿Ya has tomado una decisión? -preguntó en voz baja.

- Aún no -respondió Bulma en el mismo tono.

- Cuídense mucho -pidió Gohan antes de salir de la casa.

Bunny comenzó a levantar la mesa, mientras el Dr Briefs anunciaba que iría a preparar las cosas faltantes, pues mañana a primera hora saldrían hacia la capital del Oeste. Bulma acostó a Trunks y después regreso con su madre para ayudarla, estaba secando los últimos platos cuando sintió la mano de la rubia posarse sobre su vientre.

- Escuché lo que le dijiste a Chichi -dijo haciendo que la peliazul se volviera hacia ella.

- ¿A qué te refieres? -preguntó Bulma tratando de no inmutarse.

- Te he estado observando -señaló su madre con la misma expresión tranquila de siempre- Y solo quería que supieras que a mí me hace muy feliz volver a ser abuela de nuevo...

Las palabras de Bunny la tomaron por sorpresa, y la poca fortaleza que tenía la peliazul se esfumó.

- Es el hijo de un asesino -admitió Bulma comenzando a sollozar- ¿Cómo podrías aceptarlo?...

- Es tu hijo y con eso me basta -respondió Bunny atrayendo a la joven hacía sí, abrazándola con fuerza mientras las lágrimas de la peliazul brotaban sin cesar.

Bulma se refugió en los brazos de su madre, y dejo que ella le acariciara el cabello con ternura, recordó la alegría de Bunny cuando le anunció que estaba embarazada de Trunks y se sintió aliviada al darse cuenta que su reacción en esos instantes no era diferente de aquella vez. Bunny dejó que su hija se desahogara, mientras secaba discretamente sus propias lágrimas, pasó un rato antes de que la joven pudiese recuperar la compostura.

- ¿Crees que papá lo acepte? -preguntó la peliazul temiendo escuchar una negativa.

- Lo amará tanto como a Trunks -afirmó la rubia con seguridad, logrando tranquilizar a su hija.

- No estoy segura...

- Nadie conoce a tu padre mejor que yo -dijo Bunny orgullosa- Tal vez le cueste al principio, pero él terminará comprendiéndolo.

Bulma sonrió, se sentía más serena y a la vez como una adolescente que había sido descubierta, su madre nunca le mencionó que estaba enterada, pues aunque era de suponerse lo que había pasado cuando se quedó a solas con el androide, la rubia había tenido la delicadeza de no mencionarlo, quizá esperando que ella se lo contara por sí misma, que se sincerara cuando sintiera la necesidad, ahora comprendía que su madre le había dado tiempo a reponerse, que había callado lo que sabía para no atormentarla más, entonces se sintió afortunada de contar con ella y con su particular forma de ser.

- Terminé de guardar lo del laboratorio -anunció el Dr Briefs, mientras miraba sorprendido la escena que se desarrollaba en la cocina.

Bulma sintió la mano de Bunny apretar la suya, y eso le infundió valor.

- Papá, tengo algo que decirte -exclamó Bulma sintiéndose segura de la decisión que acababa de tomar.

- ¿Qué sucede? -preguntó él mientras Bunny le indicaba que se sentara.

- Estoy embarazada -anunció la peliazul sin saber el efecto que su confesión tendría en su padre.

El Dr Briefs guardó silencio, aún conmocionado se levantó de la silla y salió de la casa, Bulma volvió a mirar a su madre, la rubia le dedicó una sonrisa tranquila y salió a buscar a su esposo.

- Es nuestro nieto -dijo suavemente Bunny acercándose a él.

- No digas eso -exclamó alterado el Dr Briefs- Bulma no debe tenerlo, es una locura.

- El bebé no tiene la culpa de nada -señaló la rubia- Y si Bulma lo ha aceptado a pesar de ser hijo de ese androide, nosotros también podemos hacerlo.

- No creo que pueda -respondió el Dr con una seriedad pocas veces vista en él.

- Cuando lo veas vas a quererlo, ya lo verás -dijo la rubia, amorosamente a su marido.

Bunny se acercó al Dr Briefs y lo abrazó, él no se apartó y dejo que la mujer lo reconfortara, en verdad quería apoyar a su hija, pero al mismo tiempo temía que el odio que sentía hacia el androide lo superara y terminara rechazando al bebé.

Ajena a lo que sucedía, Bulma sostenía en sus brazos a Trunks quien dormía profundamente, la inocencia en la carita del pequeño la había hecho reflexionar, su padre tampoco había sido precisamente el ideal, Vegeta tenía un pasado, y al igual que el androide también era un asesino y un ser despiadado, claro que él había cambiado, pero cuando ella se fijó en él, el príncipe inclinaba más la balanza hacia la maldad que hacía lo bueno, y sin embargo de esa inesperada unión había nacido algo maravilloso, Trunks, y algo era cierto, cuando veía a su pequeño, no pensaba en los pecados del padre, solo veía su ternura y su necesidad de ser protegido.

El bebé que llevaba en el vientre también estaba indefenso y la necesitaba. No podía deshacerse de él solo por el odio que sentía por el androide, estaba convencida de que amaría a ese bebé tanto como a Trunks, a pesar de las circunstancias en que fue procreado. Las palabras que recibió de su madre la ayudaron a aceptar el cariño que sentía por la vida que crecía dentro de ella, ahora solo necesitaba sentir el apoyo de su padre, solo eso. Como si lo hubieran invocado, el Dr apareció en la puerta, Bulma y su padre se miraron, sin que ninguno diera un paso para acercarse al otro.

- Mañana regresaremos a casa, los cuatro -anunció el anciano tratando de sonreír.

Bulma lo abrazó, experimentando un gran alivio, sabía que no sería fácil para sus padres aceptar al bebé, pero se sentía agradecida de que mostraran su apoyo y la intención de hacerlo.

Gracias al sistema de encapsulado inventado por su padre, el regreso a la Corporación fue sencillo, todo lo necesario se encontraba en un estuche no mayor a una caja de lápices, a pesar de haberse despedido la noche anterior, Chichi y Gohan salieron de su casa para decirles adiós. El trayecto a la capital del Oeste fue tranquilo, cuando la aeronave descendió en el jardín, Bulma y su madre observaron la Corporación asombradas, aunque la peliazul había supervisado los avances, no había visto el resultado final, la poderosa estructura se erguía orgullosa como en los viejos tiempos. Con la esperanza de un nuevo comienzo, la familia Briefs ocupó las instalaciones sintiendo en su interior que al fin estaban en su verdadero hogar.