DISCLAIMER: Los personajes de Dragon Ball pertenecen a Akira Toriyama, solo los he tomado prestados un rato para hacer este fanfiction.
Notas de la autora: Espero que disfruten este capítulo. Hasta el siguiente…
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Marzo, año 768
- Al menos podrías deshacerte de la basura -dijo la rubia a su hermano, al entrar al laboratorio del Dr Gero y toparse con el cadáver de una mujer en el piso.
- ¿Algo más? -respondió el androide pulverizando al instante el cuerpo con una bola de energía.
- No entiendo porque te empeñas en traer tus mujerzuelas aquí -exclamó fastidiada N°18- Puedes fornicar con ellas en otra parte.
- Me gusta la privacidad -señaló el joven para hacerla enfadar, y divertirse un poco.
- ¡No estoy bromeando!. Juro que si vuelvo a ver otra zorra de cabello azul, voy a hacer explotar este maldito planeta -advirtió la androide comenzando a perder la paciencia.
N°17 rió divertido mientras su gemela se alejaba, sabía que no iba a cumplir su infantil amenaza, si volaba el planeta se acababa la diversión, y eso era lo que la rubia menos quería en el mundo. Una vez a solas tuvo que admitir que el juego de hacer enfadar a la androide era cada vez menos atractivo, se había propuesto molestarla desde el momento en que se dio cuenta que ninguna humana podía sustituir a Bulma Briefs, por eso hacía todo cuanto podía por fastidiar a N°18, porque ella y solo ella fue quien hizo volar la Corporación con la mujer dentro, arruinando su diversión para siempre.
Enfadado al recordar el suceso volvió su vista hacia el suelo, las cenizas de su última presa eran lo único que quedaba de ella. En los últimos meses se había obsesionado con encontrar mujeres con rasgos similares a los de la peliazul. Cuando las hallaba les proponía un simple juego, si lograban satisfacerlo les perdonaría la vida, de lo contrario las asesinaría ahí mismo. A pesar de los esfuerzos de las mujeres por complacerlo, al final siempre terminaba matándolas, no importaba lo que hicieran, ninguna lograba apagar el deseo que aquella mujer había encendido en él sin proponérselo. "Estúpidos instintos humanos" dijo tratando de apartar la imagen de la heredera de la Corporación Cápsula de su mente, al no conseguirlo salió volando a toda velocidad con la única intención de encontrar otra mujer para divertirse.
Junio, año 768
Todos los miedos y temores que experimentó durante los meses que duró su embarazo, desaparecieron cuando la bebé nació. Kaori, resultó ser una niña saludable y hermosa. Los abuelos de la pequeña contemplaron a la recién nacida dormida en los brazos de su madre, con una expresión de inocencia en el rostro y sonrieron a su hija. Tras el breve encuentro, el Dr Briefs se alejó un poco, hubiera querido sentir mayor alegría, pero al contemplar en su nieta los rasgos del androide, su felicidad se opacó, había deseado que se pareciera solo a Bulma para que le fuera más fácil aceptarla, pero eso no había sucedido, y se daba cuenta que en su corazón aún sentía rencor por el padre de la pequeña y ese sentimiento se trasladaba a la bebé, aunque no quisiera.
Bunny ajena a los pensamientos de su esposo, estaba embelesada acariciando el obscuro cabello de su nieta. Ella también notó el parecido entre la pequeña y el androide pero no dijo nada para no incomodar a Bulma. Trunks observaba con curiosidad el pequeño envoltorio que su madre tenía en los brazos y agitaba sus manitas queriéndolo tocar, la peliazul dejo que su hijo se acercara a la pequeña, entonces el niño de cabello lila sonrió y repitiendo las palabras de su abuela dijo "bebé". Bulma miró orgullosa a sus dos hijos, Trunks estaba cada vez más grande y sus progresos demostraban que al crecer sería muy fuerte, en cuanto a la niña, se sentía feliz, en su rostro se veía una tranquilidad inmensa que resultaba contagiosa.
Unos días más tarde Bulma regresó a su casa junto con su nueva hija, en cuanto puso un pie en la Corporación entregó la bebé a su madre y fue a su laboratorio. Ansiosa revisó uno de los cajones del cual extrajo un scouter que había guardado por años. El aparato había sido sometido a modificaciones pero esperaba que aún funcionara bien, lo guardó entre su ropa y se dirigió a la habitación de Trunks.
El pequeño estaba sentado jugando dentro de su corral, al sentirse observado volvió su vista hacia arriba, "Mami", llamó al ver a la peliazul, quien tras sonreírle saco el scouter y lo encendió, varios símbolos aparecieron en la pequeña pantalla, indicando el gran poder del pequeño. Tras asegurarse que el aparato funcionaba bien, tomo al niño en sus brazos, lo besó y luego lo devolvió a su corral. Después de que el pequeño se entretuviera nuevamente con sus juguetes, salió en dirección a su habitación. Bunny estaba tan ocupada observando a su nieta, que no notó el extraño aparato que su hija tenía en el rostro, Bulma fijo su vista en su madre y volvió a presionar el botón, los símbolos aparecieron de nuevo marcando solo una unidad.
- ¿Qué haces? -preguntó la rubia al escuchar el sonido y volverse.
- Unas pruebas -dijo acercándose a la cuna donde Kaori dormía- ¿Podrías apartarte un momento por favor? –pidió a su madre con voz nerviosa.
Con el corazón latiéndole más aprisa de lo normal a causa de la ansiedad, Bulma miró a la niña y temblando presiono de nuevo el botón. El tiempo que tardó en aparecer el resultado le pareció una eternidad, pero cuando leyó la pantalla volvió a sentirse tranquila, Kaori no era una amenaza, como sospechó el poder de los androides residía en el trabajo del Dr Gero y no en sus genes, así que ya no tenía por qué preocuparse, la niña era tan normal como cualquier otra.
Las semanas fueron pasando, a pesar del inicial rechazo del Dr Briefs, su nieta logró ablandarle el corazón, ahora cada vez que la sostenía en sus brazos, veía menos al padre y más a ella. Al principio el color de cabello y ojos de la pequeña le crispaba los nervios por ser idénticos a los del androide, pero poco a poco descubrió que los ojos cristalinos de Kaori, solo transmitían paz e inocencia, y empezaba a sentirse cada vez más seguro, que en un futuro ella no seguiría los pasos de ese maldito.
Bulma por su parte, pasaba la mayor parte del tiempo encerrada en su laboratorio, y apenas si se daba tiempo para pensar en otra cosa, que no fuera como defenderse de los androides. Estaba decida a crear algo para proteger a su familia y a los demás habitantes de la furia de esos asesinos, pero había transcurrido demasiado tiempo y ella no conseguía avanzar en su idea más prometedora.
- ¡Esto no sirve! -exclamó Bulma frustrada a su padre, quién dejo el circuito que tenía en las manos y se volvió a mirarla- Es imposible aumentar la resistencia del escudo de energía, a pesar de los ajustes que he hecho.
- No te desesperes -respondió el tranquilamente- Tal vez si revisamos de nuevo los cálculos...
- Es inútil -interrumpió ella dejándose caer en la silla- Hemos trabajado por varios meses en este proyecto y el único avance que se ha tenido es el de ampliar el radio de protección.
El científico miró a su hija, para él también era difícil aceptar que sus ambiciones parecían cada vez más imposibles. Bulma pretendía crear escudos de energía lo suficientemente grandes y poderosos como para proteger las casas de un ataque, pero después de realizar múltiples pruebas, se dio cuenta que la capacidad de resistencia de los escudos se volvía inestable al recibir grandes descargas de poder. En su estado actual, podrían llegar a ser de utilidad para proteger a las familias durante el derrumbe de una estructura como fue el caso de Bulma, pero no para salvarles la vida durante un ataque de gran magnitud.
- No soporto más esta impotencia -soltó la joven- Defendernos de estos monstruos es imposible...
- No te desesperes querida, todavía tenemos otras opciones -dijo de pronto el Dr Briefs llamando la atención de su hija- He estado dándole vueltas a un asunto... Es una idea simple, pero a veces lo sencillo es lo más funcional... No debemos ocuparnos en defendernos de los ataques, sino en acabar con quienes los provocan. Piénsalo un poco, la fuerza de los androides proviene de las habilidades que Gero les otorgó, si lográramos descubrir el método que uso para darles esos poderes, podríamos descubrir también la forma de quitárselos -añadió mientras las esperanzas de librarse de la amenaza renacían en la joven.
- Iniciemos las investigaciones entonces -concluyó la peliazul decidida, su padre tenía razón el método del Dr Gero podría recrearse, estudiar sus puntos débiles y aprovecharlos en su favor.
- No será una labor fácil -señaló el científico- A pesar de nuestros conocimientos y tecnología, tengo que reconocer que Gero era único en su campo, y sus avances en robótica increíbles.
- Estoy segura que descubriremos como acabar con los androides, no me rendiré hasta hacerlo.
Dijo Bulma esperanzada. Si la ciencia había causado el problema, la misma ciencia podía resolverlo. Además, ella y su padre eran de las mentes más brillantes en el planeta, y colaborando juntos podrían encontrar la manera de destruir la amenaza.
Con aquella idea en mente, paso el resto del día buscando toda la información posible sobre el Dr Gero, su tarea no resulto muy útil, tras largas horas frente a la computadora solo encontró un par de artículos que lo relacionaban con el desaparecido ejército Red Ribbon. "Maldita sea", murmuró la mujer para sí misma, sin embargo, sentía que a pesar de la poca información con la que contaba había iniciado su batalla personal contra los androides. Mientras más lo pensaba, más se convencía que no podía dejar que la carga de destruirlos se centrara por completo en Gohan, ella contribuiría cuanto fuera posible, para que ese infierno durara lo menos posible para todos.
Convencida de que encontraría una solución, se marchó a descansar. Apenas apareció en la habitación Kaori comenzó a llorar, Bulma la tomó en sus brazos sintiéndose culpable, su madre se la había llevado al laboratorio para que la alimentara, pero ella apenas le había prestado atención por estar pensando en el trabajo del Dr Gero. "Ya estoy aquí bebé", murmuró mientras la arrullaba para que dejara de llorar.
Octubre, año 768
En la capital del Noroeste, los gritos de terror y de auxilio llenaban el aire. La figura de una mujer rubia se erigía por encima de la destrucción y del fuego.
- Suficiente por hoy -declaró N°18 tras contemplar satisfecha la catástrofe ocasionada- Creo que regresare al laboratorio. ¿Vienes? -preguntó al androide que se encontraba a un lado suyo.
- Ese sitio me aburre. Creo que buscaré otra cosa que hacer antes de ir allá.
- Como quieras, solo algo más -advirtió la rubia- Las zorras se quedan donde las encuentras, no lo olvides.
N°17 rió ante el comentario de su hermana, la rubia lo conocía bien, sabía que cuando se separaban él iba en busca de alguna mujer con quien pasar el rato, y eso era justo lo que el androide pensaba hacer ahora. Tras una rápida mirada a la ciudad en ruinas, se dio cuenta que por la destrucción en ese sitio no podría conseguir a nadie, así que emprendió el vuelo en busca de alguna otra ciudad. Sobrevolaba a gran velocidad cuando un recuerdo le cruzó por la mente. "La capital del Oeste no queda muy lejos", se dijo, mientras dirigía su vuelo hacia allá.
A pesar de la obscuridad de la noche el androide pudo observar que la ciudad estaba muy cambiada desde la última vez que la atacaron. Había pasado poco más de un año desde que estuvo ahí y la reconstrucción de las casas y los edificios estaba bastante avanzado, solo los enormes condominios del centro se encontraban como los recordaba, derruidos y abandonados. De pronto una enorme construcción atrajo su mirada, la Corporación Cápsula se erguía frente a él como si nada hubiera pasado. "Esto debe ser obra del anciano" se dijo recordando que como parte de su juego, había dejado que la familia de la mujer escapara.
N° 17 permaneció flotando por encima de la edificación, había perdido el interés por visitar la capital del Oeste desde que la mujer murió, y ahora, al ver el lugar donde fue suya, los recuerdos que se mantenían constantemente presentes en su mente se hacían más intensos. Atraído por su memoria, sobrevoló en dirección al área donde antes se encontraba el dormitorio de la mujer y descendió en el balcón cercano a la misma. Curioso de conocer la identidad del nuevo ocupante, se acercó a la ventana. Entonces y como si de un sueño se tratara, pudo ver a través de la transparencia de las cortinas una figura conocida que yacía en la cama. "Es ella" murmuró sin dar crédito. Tan impresionado estaba por la visión, que tardó unos minutos en convencerse de que no estaba alucinando.
Decidido a comprobar si se trataba de una jugarreta de su mente provocada por el deseo, se acercó aún más, con un mínimo de fuerza rompió el seguro y las puertas de vidrio se separaron sin dificultad. El androide se internó en la oscuridad de la habitación, y caminó silenciosamente hasta la cama, donde comprobó que la mujer que dormía plácidamente era su peliazul. Una sonrisa perversa se dibujó en el rostro del asesino, la mujer se había salvado y ahora la tenía en sus manos de nuevo para lo que él quisiera.
Recorrió el cuerpo de la mujer ávido de poner en práctica parte de lo que había fantaseado mil veces en su mente, cuando algo dentro de la habitación llamó su atención. A unos metros de él se encontraba una cuna, desde la distancia que se encontraba le pareció que su ocupante era demasiado pequeño. Sintiendo curiosidad se acercó, sabía que la mujer tenía un hijo pero también que este tenía su propia habitación porque ella misma se la mostró el día que se conocieron.
N° 17 se asomó a la cuna, debajo de un móvil de peluches alcanzó a distinguir una figura cubierta con una manta rosa. Su interior se agitó con violencia al comprender lo que ocurría, la peliazul había vuelto a ser madre, eso significaba que había estado con alguien más, que lo había traicionado. Dispuesto a castigarla por su atrevimiento, alargo el brazo para tomar a la criatura, al hacerlo la manta se deslizó, dejando al descubierto una bebé de cabello negro, que lo miró con expresión adormilada, la fisonomía de la pequeña, no era más que un reflejo de él mismo...
Entre sueños, la peliazul percibió leves sonidos que le indicaron que Kaori estaba despierta, por lo que se incorporó para alimentarla, al hacerlo su mirada se topó con una figura parada al lado de la cuna de su hija, sin apartar la vista busco el interruptor de su lámpara, al encender la luz unos ojos fríos se clavaron en ella.
- ¿Cómo estas Bulma? -dijo el androide acercándose a la cama mirándola como un depredador.
- ¿Cómo es que…?
- ¿Qué estoy aquí?... ¿Qué se tu nombre? -interrumpió el asesino- Se muchas cosas, hasta tu pequeño secreto -añadió volviéndose a mirar la cuna, logrando que Bulma palideciera al instante- Debiste avisarme que era padre -dijo acariciando su mejilla- Habría venido a visitarte antes...
- ¿Qué demonios quieres? -preguntó la mujer cuidando no alzar la voz, no quería alertar a sus padres y que sucediera una desgracia, con ese maldito cualquier cosa podía suceder.
- No te lo imaginas -respondió él recorriéndola de arriba a abajo con la mirada.
Por un segundo Bulma se sintió de nuevo como aquel día... llena de miedo y a su merced.
- Tu piel sigue siendo tan suave como la recordaba –la halago el asesino mientras acariciaba su cuello.
La peliazul intentó escapar de su contacto, pero como respuesta él la rodeo con sus brazos y la sostuvo con fuerza, reaccionando por instinto Bulma trató de zafarse sin conseguirlo. Fue entonces que se percató de que mientras más temor mostraba, más interesado se veía el androide en provocárselo. "Quieres jugar, juguemos entonces", le dijo en silencio a Nº17 que la observaba con una sonrisa cínica. Su racionalidad al fin había hecho su aparición, su cerebro era su mejor aliado, el único que podía sacarla de esa situación, dejarse llevar por el pánico no resolvería nada y pondría en peligro a todos, debía ser más inteligente que él, entrando en su juego hasta lograr dominarlo.
- ¿Solo viniste a eso? -preguntó tratando de sonar lo más indiferente posible.
- Nos divertimos bastante la última vez -dijo el asesino buscando algún gesto de turbación en la mujer sin hallarlo.
- Habla por ti -señaló la peliazul con seguridad- Para mí no fue algo memorable -se mofó lanzando una mirada despectiva a la parte media del androide.
El comentario surtió el efecto deseado, N°17 la tomó con fuerza de las muñecas, como respuesta ella se volvió a mirarlo desafiante. Al hacerlo, notó la ira del androide destellando en su mirada, la intención de acabar con su vida se reflejaba claramente, sin embargo, también podía percibir la dilatación en la pupila de N°17 al contemplarla.
"Todavía me desea" corroboró triunfal, ahora veía claro que la atracción sexual que despertó en el androide era lo suficientemente fuerte como para haberla buscado de nuevo, y que la fuerza de esa emoción bastaba para impedir que la asesinara a pesar la burla hecha hacia su persona. La mujer sonrió para sus adentros al comprobar que el asesino ya no ejercía fuerza alguna sobre sus muñecas, la idea de tener alguna especie de poder sobre él, la hizo sentirse confiada.
- No me provoques -advirtió él sin entender porque seguía sin hacerla trizas a pesar de la furia que sentía
- ¿Vas a matarme? -dijo ella cambiando al instante su tono de voz por uno más bajo y sensual al añadir- Porque no creo que puedas…
La mirada del androide se hizo más intensa, Bulma supo que el momento era decisivo, él podía mostrarle que estaba equivocada en sus hipótesis asesinándola al instante. La peliazul sintió su corazón acelerarse al sentir una ligera presión en sus muñecas, pero al darse cuenta que esta solo era para recostarla en la cama y que la única intención del androide era someterla un poco para comenzar a besar su cuello, dejó de temer.
"Maldita mujer" pensaba N° 17 mientras volaba de regreso al laboratorio del Dr Gero, deteniéndose de vez en cuando para desquitar su furia lanzando ataques a las ciudades por las que sobrevolaba. Una vez más había querido romperle el cuello después de hacerla suya y una vez más se había marchado sin tocarle un cabello. Su rabia aumento al sentirse excitado nuevamente al recordar sus manos sobre su cuerpo, su lengua recorriéndola toda, la sensación de estar dentro de ella era una maldita droga. Había fornicado con la peliazul durante horas, la estimuló de mil maneras diferentes y ella no había soltado un solo gemido de placer.
Había querido demostrarle a Bulma, que aun cuando se empeñara en negarlo, disfrutaba recibir sus caricias tanto como él dárselas, pero no lo logró. Lo único que obtuvo fue un leve desahogo a sus deseos incontenibles de volverla a sentir entre sus brazos. "Estaba mejor cuando la creía muerta" pensó al comprender que su obsesión en lugar de terminar, había cobrado más fuerza, acababa de abandonar su habitación y ya deseaba regresar.
"Maldito androide", se repetía Bulma, tratando de apartar de su mente lo acontecido la noche anterior. Había probado su hipótesis, cuando después de que N°17 dio por terminado el encuentro se marchó sin hacerle un solo rasguño. "Volverá", se dijo, y por un minuto sintió deseos de huir, podía regresar a la montaña Paoz con Chichi y Gohan y ponerse a salvo junto con su familia, pero la conversación con su padre no dejaba de darle vueltas por la mente. Si logrará usar al androide para descubrir la ubicación del laboratorio de Gero, podría estar un paso más cerca, de acabar con la amenaza.
Pero para conseguirlo tendría que estar cerca de él y eso solo significaba volver a ser suya. Bulma se estremeció al pensarlo, anoche había notado el deseo del androide por hacerla gritar de placer, y casi lo había logrado. En más de una ocasión tuvo que controlarse para no perder los estribos, odiaba aceptar esto, pero aún y cuando despreciaba a N° 17, algo en él lograba despertar la pasión que existía en ella.
"Estoy jugando con fuego" pensó mientras recordaba su primer encuentro un año atrás. En esa ocasión, se entregó por miedo a lo que N°17 podría hacerle a su familia, él la amenazó más de una vez con eso, pero a pesar de su comportamiento agresivo en un inicio, al final no utilizó la fuerza para hacerla suya. Le había costado bastante a la peliazul, pero con el tiempo llegó a aceptar, que aquel encuentro no había sido por completo una pesadilla, como todos creían, como ella misma llegó a pensar, porque durante el mismo, su cuerpo reaccionó a sus caricias, experimentando un placer prohibido y perturbador al mismo tiempo.
Idéntico al que experimentó la noche anterior. La mujer se estremeció al pensar que él la trató como si fuera su amante, no la amenazó esta vez, ni la forzó a nada. Ella no le había pedido en ningún momento que se detuviera, pero tampoco correspondió a sus caricias. Estaba segura de que su silenciosa resistencia a dejarse arrastrar por el placer, era una especie de afrodisíaco para él, y que cuando ya no existiera, el androide se desharía de ella sin pensarlo pues el reto desaparecería.
Mientras tanto, este se complacería jugando con su mente y con su cuerpo, pero ahora que ella había logrado entender la retorcida mente del asesino, podía volver las cosas a su favor. "Voy a encontrar la forma de destruirlos", se juró Bulma a sí misma, sintiendo que la invadía una sensación de victoria anticipada.
