DISCLAIMER: Los personajes de Dragon Ball pertenecen a Akira Toriyama, solo los he tomado prestados un rato para hacer este fanfiction.
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Marzo, año 769
- ¿Dónde estabas? -preguntó el pelinegro cuando su hermana entro al laboratorio.
- Visitando la capital del Este -respondió ella dejando caer unos estuches de joyas y bolsas de ropa, justo en medio de las cápsulas a su alrededor.
- ¿Tan temprano y sin esperarme?.
- Estaba aburrida. Te desapareciste por mucho tiempo -le reprochó ella.
- Pero ya estoy aquí -señaló N°17 sin darle importancia- Y tengo muchas ganas de hacer explotar unas cuantas ciudades.
- Hoy sí que estas de mal humor -exclamó la androide- Pero así es más divertido -añadió sonriendo malignamente.
Bulma sostenía a su hija en brazos asustada por las noticias de la radio, los androides habían estado atacando ciudades a diestra y siniestra durante varios días, los informes del número de decesos se habían elevado en las últimas horas, todos estaban aterrados y el locutor no hacía más que pedirle a la población que extremara sus precauciones. Por fin la mujer se cansó y apago el radio, escuchar sobre las tragedias no hacía más que alimentar sus propios miedos. N°17 la visitaba cada vez con menos frecuencia, y aunque advertía en sus ojos que seguía deseándola, su actitud hacia ella era cada vez más distante.
La última noche que habían pasado juntos, él pareció más hermético que nunca. La científica comprendía que el androide se estaba cansando de su frialdad, y le asustaba la idea de que la matara antes de que descubriera la localización de su laboratorio, pues a pesar de sus esfuerzos, aún no había conseguido colocarle el chip que había creado. N°17 no la perdía de vista, ni la dejaba acercarse lo suficiente a sus pertenencias como para que pudiera hacerlo, además se estaba marchando muy pronto y espaciaba cada vez más sus encuentros.
"No puedo perderlo ahora, es momento de jugarme mi última carta", pensó decidida a arriesgarlo todo. Así que comenzó a hacer los arreglos necesarios para poner en marcha un plan que si funcionaba, renovaría el interés del androide y de fallar terminaría con ella. No fue sino hasta casi una semana después de que empezó sus preparativos, que la peliazul tuvo la oportunidad de llevar a cabo su misión. Esa noche su corazón se aceleró al escuchar el sonido de las hojas metálicas del ventanal abriéndose. Fingiendo estar dormida escuchó los pasos de Nº17 acercándose a la cama. Al sentir que le retiraban la sábana se levantó lentamente y encendió la luz, los ojos del androide brillaron con lujuria al advertir las pequeñas piezas de ropa que estaba usando, por un momento la peliazul se estremeció ante aquella mirada y se cubrió con la sábana.
- Nunca habíamos estado solos en la Corporación -exclamó el androide con voz insinuante.
Bulma se sorprendió que lo hubiera notado, hasta donde sabía él no podía leer el ki.
- ¿Cómo sabes que lo estamos?
- Hay demasiado silencio y no hay luces encendidas en la parte inferior de la casa -explicó él sin dejar de sonreír- Ahora dime, ¿Dónde está tu familia? -preguntó atento a su reacción.
- Fueron a visitar a unos amigos -dijo sabiendo que no mentía, y que había utilizado todo su poder de convencimiento para hacer que Chichi por medio de engaños la ayudara a mantener en su casa a sus padres y sus hijos por unos días, para no ponerlos en riesgo si ella fracasaba.
- ¿Por qué no fuiste con ellos? -añadió esta vez con curiosidad.
- Quería estar sola.
- ¿Por qué? -insistió él sin apartar la vista de su cuerpo.
Bulma supo que ese era el momento decisivo, podía mentirle de nuevo o podía ejecutar su plan, se decidió por esta última opción.
- ¿No te lo imaginas? -preguntó seductora, incorporándose para dejarle ver sus provocativas curvas, haciendo que el brillo en los ojos del androide aumentara su intensidad.
Sorprendido y a la vez encantado con la actitud atrevida de la mujer, Nº17 se aproximó hasta ella. Bulma le sonrió mientras le quitaba lentamente el pañuelo que llevaba en el cuello para después hacer lo mismo con su camisa, provocando con sus acciones una mirada de incredulidad en el androide.
- Más te vale que no intentes nada estúpido o te mataré -advirtió él mientras la mujer lo atraía hacia la cama, para luego colocarse sobre él.
Con ella encima, N°17 dirigió sus manos hacia la espalda de la peliazul para quitarle el sujetador, en la posición en la que estaban le resultó fácil degustar sus pechos a su antojo, Bulma le dejo hacer aumentando su excitación al comenzar a moverse sensualmente sobre su virilidad. Nº17 rodeo sus pezones con la lengua y después los succionó, alternando entre uno y otro, la dureza de su miembro aumentó cuando a sus oídos llego un débil gemido de placer.
- Estas demasiado complaciente -exclamó apartándola al instante.
- Si tanto te molesta no lo haré más -dijo ella poniéndose de pie ante el inesperado rechazo.
- Tú harás lo que yo quiera -la amenazo el androide después de tomarla por el brazo- Ahora dime, ¿Por qué te comportas de ese modo de pronto?... ¿Qué es lo que pretendes?...
Bulma se reprochó mentalmente haber sido tan obvia y tuvo la sensación de que su plan se desmoronaba.
- Responde -dijo el androide aumentando la fuerza en su agarre- ¿Por qué has cambiado de actitud?
- Estoy cansada de reprimirme... quiero disfrutar nuestro encuentro tanto como tú lo haces -respondió finalmente la peliazul.
Él la acerco a su cuerpo, la miro un segundo a los ojos y después busco su boca. Bulma tardo un poco en responder el beso, pero cuando lo hizo despejo las dudas del androide. Aquel se encontraba extasiado, había sentido por primera vez un destello del fuego que la mujer llevaba dentro y que había esperado conocer durante todo ese tiempo. "Será completamente mía" pensó seguro de que había vencido la resistencia de la peliazul y ella sentía el mismo deseo que a él lo corroía por dentro.
Bulma no hizo ningún movimiento, había aprendido de su error, dejaría que él tomara las riendas y le seguiría el juego. Sin dejar de besarse apasionadamente cayeron a la cama. N°17 recorrió ansioso el cuerpo de la peliazul, temiendo que el momento pudiera evaporarse y ella volviera a ser la silenciosa muñeca de siempre. Con gentileza acaricio los suaves y firmes pechos de la mujer hasta que sus pezones se pusieron erectos y entonces los succionó haciéndola emitir pequeños gemidos. Conocía a la perfección como tocar y lamer cada curva, cada pliegue, cada centímetro de piel para hacerla mojar su ropa interior, y lo estaba logrando.
Decidido a hacerla gritar de placer, bajo hasta su zona sur y comenzó a besar sus muslos, se sorprendió cuando ella separó las piernas invitándolo a probarla. Complaciente comenzó a lamer su interior alzando la vista de vez en cuando para verla morderse los labios por el placer que sentía. "Pronto no vas a poder contenerte más", pensó al concentrar su atención en el rosado montículo de Bulma, la peliazul sintió aumentar su deleite, cuando la húmeda lengua del androide comenzó a dibujar círculos sobre su clítoris, entonces gimió con fuerza, no sabía fingir, para convencerlo de que lo deseaba tenía que dejarse llevar. "El placer debe ser real", pensó cuando sintió un poco de culpa al escuchar sus propios gemidos.
Bulma alzo su cadera para aumentar el contacto, N°17 advirtió que estaba por tener un orgasmo y se apartó antes de que ella llegara al clímax, la mujer lo miró sin comprender porque la había dejado a medias. "Si quieres un orgasmo tendrás que ganártelo" le dijo al tiempo que se quitaba el resto de ropa hasta quedar desnudo frente a ella. Bulma se ruborizo al contemplar el cuerpo del androide, era la primera vez que lo miraba detenidamente y tenía que admitir que lo que veía no le disgustaba, él no era musculoso, pero sus brazos y su torso estaban tonificados, y sus oblicuos formaban una V tan perfecta, que se mordió el labio inferior al imaginarse recorriéndola con sus manos.
Él noto la turbación de la mujer en su rostro y sonrió recostándose en la cama, Bulma comprendió que deseaba que lo montara. Tímidamente la peliazul se colocó sobre su vientre, posó sus manos en sus tentadores oblicuos y deslizo su cadera hacia abajo lentamente, sintiendo la hombría de N°17 fundirse dentro de ella, poniendo sus manos sobre el torso del androide comenzó a hacer ligeros movimientos que solo aumentaron la dureza en su interior, de pronto él se incorporó hasta quedar sentado con ella encima, deseaba lamer sus pechos y tocarlos mientras ella lo cabalgaba.
La lengua de N°17 recorrió los pezones de la mujer con lujuria mientras sus manos se posaban en el trasero redondo de la mujer marcándole el ritmo frenético que debía seguir, Bulma gemía en los oídos del androide logrando excitarlo aún más, los movimientos pronto se hicieron ansiosos, la peliazul estaba a punto de alcanzar el orgasmo y hacerlo venir a él, el juego resultaba tan delicioso que el androide decidió prolongarlo por lo que nuevamente se salió de la mujer, dejándola completamente turbada y molesta.
- ¿Qué demonios ocurre? -pregunto ella frustrada al joven que la miraba juguetonamente.
- Te dije que tenías que ganártelo -le recordó él- Y aún falta para eso -añadió acercándose.
En un movimiento rápido el androide se colocó tras ella y la hizo ponerse de rodillas, sosteniendo su peso con las manos sobre el colchón, en esa posición Bulma sintió a N°17 adentrarse en su intimidad nuevamente, sin perder tiempo el androide comenzó a embestirla con fuerza, a esas alturas el cuerpo de Bulma estaba sumamente estimulado, cada movimiento la hacía gritar con fuerza, N°17 gozaba escucharla gimiendo de placer. Sintiendo el clímax acercarse, paso su brazo por debajo de la cintura de la mujer para incorporarla, la espalda de Bulma se pegó en su pecho mientras él la tomaba de las caderas, después de embestirla unas cuantas veces más abandono el cuerpo de la mujer la volteo hasta tenerla de frente y la arrojo a la cama.
- Pídemelo, di que quieres ser mía Bulma -susurro él con voz sensual.
- Quiero ser tuya 17 -dijo la peliazul en el mismo tono- Quiero sentirte dentro de mí ahora...
Sonriendo seductoramente el androide se recostó sobre ella y se deslizo en su interior, ya no podía esperar más así que sus embestidas fueron intensas, quería llevarlos a ambos a la locura. Bulma rasgaba con sus uñas la piel de su espalda, apremiándolo a penetrarla más rápida y profundamente mientras él recorría con su lengua la suave piel de su cuello. El delicioso frenesí en el que estaban envueltos era mayor al que había imaginado, y aumentó cuando la peliazul comenzó a acompañar sus movimientos con el vaivén de su cadera.
Después de unos pocos minutos, estaba muy cerca de alcanzar el orgasmo y de hacerla venir, entonces tomó su rostro y clavó sus zafiros en los ojos celestes de la mujer, la beso aprisa para no perder detalle, quería observarla mientras se corría dentro de ella, por lo que aumento el ritmo hasta que sintió que el cuerpo de Bulma se tensaba ligeramente y su interior envolvía su virilidad en deliciosos espasmos.
El androide observo complacido el rostro de la peliazul envuelto en un gesto de placer supremo, y decidió acompañarla, abandonándose por completo al éxtasis que experimentaba. Poco después salió del cuerpo de la mujer y se recostó junto a ella, mientras la miraba comenzó a sentirse inquieto. Por fin lo había logrado, Bulma se había rendido, era completamente suya como llevaba deseándolo desde que la conoció... las mismas preguntas de siempre comenzaron a rondar entonces en su mente, ¿Debía declarar el juego oficialmente terminado y asesinarla?... ¿o debía abandonarse al deseo y seguirla fornicando?, a diferencia de las ocasiones anteriores esta vez si obtuvo una respuesta.
Aparentemente ajena a las meditaciones del androide, Bulma luchaba por regularizar su respiración, el encuentro de esa noche había sido más placentero y más intenso de lo que imagino, pero aun así sabía que las consecuencias podían ser desfavorables para ella, le había dado lo que deseaba, en verdad se entregó a él... y con eso puso fin al juego. Sin atreverse a abrir los ojos pensó en sus únicas opciones, podía haber terminado con el interés del androide, pero también podía haberlo obsesionado más, una mano puesta con firmeza en su cuello la hizo reaccionar, lentamente abrió los ojos para contemplar su reflejo en los zafiros de N°17, el rostro de este no tenía ninguna expresión.
El androide no sintió temor por parte de la mujer, leyó en su cara que ella conocía las consecuencias, ambos sabían las reglas del juego y lo que pasaría cuando terminara, sin embargo no podía matarla, apretar su cuello no resultaba tan simple como creyó "¿Porque demonios me ocurre esto?... Ya tengo lo que quería" pensó mientras sus dedos se deslizaban por la blanca yugular apretándola ligeramente.
- Hazlo -lo invitó ella al verlo indeciso- Acaba conmigo -le escuchó decir incitándolo a matarla como tantas otras veces en el pasado.
Su voz, sus ojos... terminaron por hacerlo desistir de su intento.
- Eso haré... de nuevo... -respondió retirando sus dedos de su cuello, decidido a darle a las palabras de la peliazul un significado diferente y más interesante.
El corazón de Bulma se aceleró al darse cuenta que la mano de 17 ascendía hasta su rostro y que él la atraía para besarla. Ambos tuvieron claro entonces que el verdadero juego apenas había comenzado.
