DISCLAIMER: Los personajes de Dragon Ball pertenecen a Akira Toriyama, solo los he tomado prestados un rato para hacer este fanfiction.
:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:
Último día de Marzo, año 769
Su corazón latía apresuradamente pensando que de un momento a otro podría estar en el laboratorio del Dr Gero. Pero al advertir que no se dirigían a ninguna zona que pareciera adecuada para un lugar así, comenzó a inquietarse aún más. Después de lo que le pareció una eternidad 17 comenzó a volar más lento a medida que se acercaban a un área boscosa. Por la cantidad de naturaleza alrededor, creyó que seguramente el androide la llevaría algún lugar abandonado, semi-derruido o quizá inhabitable, pero cuando este comenzó a descender pudo distinguir una cabaña, que a simple vista parecía bastante decente.
Él sonrió cuando advirtió el alivio de la mujer, le gustaba jugar con ella, y no dejarle adivinar cual sería su siguiente movimiento. Después de aterrizar, y de dejar a Bulma en el piso, se quedó mirando como revisaba a la bebé, seguramente asustada por la fuerza con que tuvo que sostenerla más de una vez, cuando él aceleraba el vuelo solo por diversión. Tras cerciorarse que la niña estaba bien, la peliazul se acercó hacia la puerta donde él la estaba esperando.
El lugar era amplio, estancia, sala, cocina y comedor en la planta baja, en la superior había cuatro puertas, la primera correspondía a la recámara principal que 17 designó como suya, la segunda era un baño y las otras dos eran dormitorios más pequeños. Bulma eligió el cuarto que estaba más cerca de su nueva habitación y comenzó a instalar las cosas de Kaori, mientras el androide la miraba recargado en la puerta.
- ¿Podemos ir a nuestra habitación, de una buena vez? -preguntó impaciente el pelinegro después de un rato.
- Iré en cuanto Kaori se duerma -respondió ella tranquilamente.
17 miró al techo en señal de fastidio, apenas habían llegado y la niña ya comenzaba a darle problemas. Después de unos minutos que le parecieron una eternidad, decidió poner fin a la situación y clavó su mirada fría en Bulma, ella comprendió que su paciencia se había agotado, así que dejo a la somnolienta bebé en su cuna, la besó y salió a reunirse con él. Apenas entraron a la habitación, 17 la acorraló contra la puerta, fijó sus zafiros en los ojos celestes de Bulma, para luego recorrer con su mirada llena de deseo, el cuerpo que lo volvía loco.
La peliazul se mordió el labio inferior al advertir la mano de 17 deslizándose por su muslo derecho mientras que su boca se encargaba de recorrer su cuello con besos urgentes. Cerró los ojos al sentir sus dedos acariciando su intimidad y gimió anticipadamente cuando de un tirón él se deshizo de su ropa interior, ella comprendió lo que 17 quería y dirigió sus manos hacia su pantalón, hábilmente quitó el cinturón y desabrochó la prenda. Él la tomó por la cadera y la alzó hasta que quedo encima de él, después bajo la parte superior de su blusa y comenzó a besar sus pechos mientras se adentraba en su interior. Pronto terminaron envueltos en un vaivén frenético, que los obligó a terminar lo que habían empezado sobre una superficie más adecuada. Cayeron en la cama sin dejar de besarse, ni separar sus cuerpos. En esos momentos de placer, el mundo desaparecía y solo existían ellos y la pasión desesperada que los consumía. Solo tras alcanzar el clímax la realidad volvía, y podían recordar quienes eran y lo que pretendían conseguir uno del otro.
- ¿Te gusto la cabaña Bulma? -preguntó mirando a la mujer que yacía a su lado.
- Esperaba algo peor -respondió la mujer con una sinceridad, que el androide encontró encantadora.
- A estas alturas pensé que sabías que tengo buen gusto -señaló comenzando a acariciar su espalda desnuda.
- A decir verdad creí que me llevarías al lugar del que alguna vez me hablaste -respondió pasando por alto el cumplido que acaba de hacerle.
- ¿A ese basurero? -exclamó el disgustado al recordar el laboratorio- ¿Acaso te hubiera gustado?
- Tal vez -admitió tratando de no mostrar demasiado entusiasmo- Desde que lo mencionaste, siento curiosidad por verlo.
- Es el lugar más aburrido del mundo.
- Para creerte tendría que verlo con mis propios ojos.
Él no respondió, solo la miró con una expresión que ella no supo descifrar. Bulma consideró que lo mejor era no insistir para no despertar sospechas, y decidió desviar la atención del androide colocándose sobre él.
- Pensé que era yo quien tenía energía ilimitada -bromeó 17 sugestivamente, mientras posaba sus manos en la cadera de la mujer.
- Eres un tonto -exclamó con el mismo tono seductor que él había usado antes- ¿Y dime, por qué escogiste este lugar? -cuestionó la peliazul al tiempo que acariciaba el torso de 17.
- Siempre me ha gustado la naturaleza -fue su respuesta antes de callar su boca con un beso.
Los rayos de sol que se colaban por la ventana despertaron a la mujer. Bulma, se restiró perezosamente y luego se levantó a ver a Kaori, la bebé aún seguía durmiendo por lo que ella se apresuró a darse una ducha. Al salir se percato de que uno de los ventanales estaba entreabierto, se acerco a cerrarlo y descubrió que tras las puertas había una pequeña terraza, la cual disfruto un rato después mientras alimentaba a su hija. Con la niña en brazos, la peliazul comenzó a pasearse por el lugar, era más bonito a la luz del día de lo que le pareció la noche anterior, y también era bastante grande, y estaba bien amueblado, de no ser por las circunstancias le habría gustado vivir ahí.
Al notar que Kaori se había quedado dormida, la mujer la devolvió a su cuna y se dirigió a la cocina. Ella había llevado sus propias provisiones, pero se sorprendió al notar que el refrigerador tenía comida. "Parece que pensó en todo", reflexionó mientras tomaba lo necesario para preparar su desayuno. Una vez que se alimentó, recorrió nuevamente la casa, para elegir el lugar más adecuado para instalar un laboratorio provisional, tras seleccionar un espacio trajo sus cápsulas, y fue lanzando una a una hasta que no quedo más por desempacar. Bulma sacó de su chamarra el monitor de pantalla que había elaborado cuando nació Trunks y que ahora pertenecía a Kaori, y lo colocó en una esquina de su escritorio, después extrajo de su chamarra el chip localizador en el que había estado trabajando, y se dedicó a mejorarlo.
En las siguientes semanas, se empezó a establecer una especie de rutina. El androide se aparecía la mayor parte de las veces por las noches, para dar rienda suelta a sus impulsos sexuales con ella y tras quedar satisfecho se marchaba. En el día Bulma estaba sola con la pequeña, la alimentaba, la bañaba, y luego se ponía a trabajar. A veces mientras, Kaori dormía o ella estaba nostálgica, tomaba el teléfono que había llevado consigo y empezaba a marcar el número de la Corporación, pero siempre se arrepentía antes de digitar el último número, quería saber de su familia, pero no tenía idea de que podía decirles, aún no había avances en la localización del laboratorio de Gero, y además, temía que al escuchar la voz de sus padres o de Trunks, perdería la determinación, tomaría a su hija y se marcharía de ahí.
12 de Mayo, año 769
Disfrutaba de la vista que tenía desde la terraza de la cabaña, al tiempo que se fumaba su primer cigarrillo desde hace meses, cuando escuchó unos pasos acercándose.
- ¿En qué piensas? -preguntó el androide tras quitarle el cigarro para darle una bocanada él también.
- En el padre de mi hijo -respondió honestamente y luego sin poder evitar el reproche en su voz añadió- Se que no te gusta que mencione nada sobre mi pasado, pero él murió un día como hoy justamente hace dos años...
- Ya veo lo que estás tratando de decir. Hace dos años N°18 y yo fuimos despertados por Gero, ¿ese hombre estaba en la capital del Sur, en ese momento no es cierto?. -ella se mordió el labio inferior, y el androide continuó- Pues me alegro de que hayamos coincidido.
- Eres cruel -recriminó- ¿Cómo puedes decir algo así?.
- Solo es la verdad Bulma, y si lo piensas un poco así fue mejor para ti -ella lo miró furiosa- De haber estado presente el día que nos conocimos, lo habrías visto morir frente a tus ojos.
La peliazul se sorprendió. Por el tono de voz de 17, su declaración sonó como si realmente le disgustara la idea de haber tenido que hacer algo semejante con ella como testigo.
- ¿Cómo era ese hombre? -preguntó llevando su sorpresa a un grado más alto- Tengo curiosidad de saber si se merece que lo recuerdes.
- Él no era demasiado expresivo, ni cariñoso -exclamó cuando por fin salió de su asombro- Y discutíamos bastante, nunca conocí un hombre más terco en toda la vida. La mayoría de la gente lo evitaba por su carácter hosco, pero yo no me dejo intimidar tan fácil como te habrás dado cuenta, así que me acerqué a él hasta el punto en que sin advertirlo terminamos juntos -sintiendo los zafiros de 17 clavados en ella siguió- Siempre fue un hombre difícil, más de una vez me pregunté en que pensaba cuando me relacioné con él, y hubo decenas de momentos complicados entre nosotros. Pero él también tenía cosas buenas, era inteligente y disciplinado, jamás se rendía cuando se planteaba una meta. Te dejaba saber lo que sentía por sus acciones y no por sus palabras. Nunca dijo que me amaba pero cuando Trunks nació, él se quedo... pudo haberse ido a cualquier lugar, pero no lo hizo, y estuvo con nosotros hasta el día en que ustedes aparecieron...
El silencio se apoderó del lugar. Durante el tiempo que llevaba de conocerla 17 aprendió a reconocer en Bulma, distintos tipos de miradas, que iban desde el miedo, al desafío, y del odio al deseo, pero hasta ese momento no había visto en sus ojos celestes una profunda tristeza como la de ahora, así como tampoco había sentido ni un gramo de culpa por las muertes de las que era responsable, hasta ese instante.
Mientras tanto, en la cabeza de la peliazul se estaba formando un caos, partes de su discurso anterior le resultaron extrañamente familiares... "Inexpresivo", "Poco cariñoso", "sin advertirlo terminamos juntos", "¿en qué pensaba cuando me relacioné con él?"... Y así sin más, como ocurre siempre con las revelaciones, ella comprendió que su pasado y su presente se habían repetido, y que no había estado hablando solamente de Vegeta.
- ¿Todavía lo amas? -la cuestionó el androide con algo de impaciencia.
Ella no respondió de inmediato, dejó que sus lágrimas salieran y corrieran libremente por sus mejillas por varios minutos. Era irónico que fuera él quién le hacía esa pregunta, y más irónico y doloroso todavía, reconocer por primera vez ante ella misma, que fue el mismo 17, la razón por la que al final respondió convencida un "No".
Junio, año 769
Ese día era el primer cumpleaños de Kaori. Bulma pensó con tristeza mientras terminaba de decorar la tarta que había preparado para la ocasión, en cuanto le hubiese gustado poder compartir ese momento con su amada familia. Los extrañaba muchísimo y cada día le era más difícil estar separada de ellos, pero tenía que ser fuerte y conformarse, no podía irse hasta no dar con el laboratorio de Gero, o al menos esa era la razón que repetía en su mente, cada vez que le daban ganas de tomar sus cosas y marcharse.
Tras darle los últimos toques a su creación, la peliazul fue a buscar a su hija, le dio un baño y la arregló con la ropa que le había comprado horas antes en el poblado cercano, después cepilló su cabello azabache y la peinó en una coleta. Cuando la pequeña estuvo lista la tomó en sus brazos y bajó con ella al comedor. Después de colocar la tarta frente a la niña, sacó la cámara y le tomó una fotografía, el disparo del flash no fue del agrado de la pequeña por lo que Kaori comenzó a llorar antes de que la peliazul pudiera hacer una segunda toma, así que se aproximó a la niña para tranquilizarla.
- No llores amor -consoló a la pequeña- Mami fue muy distraída al no revisar antes la cámara, pero no volverás a ver esa molesta luz lo prometo.
- ¿Qué haces? -preguntó 17 apareciendo de improvisto, mirando extrañado la escena que se desarrollaba en el comedor.
- Tratando de tomarle una foto a Kaori -señaló ella sin dejar de mecer a la pequeña que ya estaba un poco más tranquila.
17 reparó en la tarta que estaba sobre la mesa, luego en el vestido que la niña usaba y en el peinado que tenía.
- Vaya, conque es su cumpleaños.
Bulma asintió mientras volvía a poner a su hija frente a la tarta y tomaba la cámara. Al ver las graciosas caras que su madre hacía, la pequeña comenzó a reír, lo cual fue aprovechado inmediatamente por la peliazul para tomarle varias fotografías.
- ¿Te importaría? -preguntó Bulma a 17 entregándole la cámara, para que la fotografiara junto a su hija.
Él se encogió de hombros, tomó el aparato y cuando la peliazul se coloco junto a la niña, apretó el botón para capturar la imagen. "Una más", pidió la mujer tratando de hacer sonreír a Kaori. El sonido de la cámara se escuchó algunas veces más después de su primera petición. Al ver que 17 bajaba la cámara, Bulma se volvió hacia la pequeña, la cargó en brazos y la llevó a la cocina para traer platos y cubiertos.
Mientras la mujer se encontraba en la cocina, 17 miró a discreción las instantáneas que tenía en las manos. Sonrió levemente al descubrir que a pesar del parecido físico de la pequeña con él, ella había heredado la mirada y la sonrisa de Bulma. Cuando la peliazul regresó al comedor, encontró a 17 instalado en una de las sillas, con las fotografías y la tarta frente a él. Sin soltar a su hija cortó tres piezas y las repartió entre ellas y el androide.
17 alzó la mirada sorprendido ante el inesperado gesto de la mujer, se había sentado ahí a propósito solo para molestarla un poco, pero ella como siempre le había dado un giro a la situación y no lo había dejado salirse con la suya. Aunque por su condición no solía comer demasiado, el androide decidió probar el alimento que le habían ofrecido. Comieron en silencio, y al terminar Bulma dejó a su hija en la silla y comenzó a levantar los platos.
- Kaori está a punto de caerse -dijo 17 divertido al ver balancearse a la niña en el asiento, sin saber el efecto que su primera mención del nombre de su hija había ocasionado en Bulma.
- Parece que tendré que llevarte conmigo a la cocina -murmuró la peliazul a la pequeña sosteniéndola en sus brazos.
Nuevamente a solas en el comedor y con las instantáneas aún frente a él, 17 sintió un impulso al volver a contemplarlas.
- Hey Bulma -exclamó haciendo que la mujer se volviera a mirarlo- Sonríe -añadió como si nada, colocándose rápidamente a su lado, mientras apuntaba el lente de la cámara hacia ellos.
Bulma escondió su asombro detrás de una sonrisa, mientras 17 tomaba las fotografías. Después de cinco tomas, el androide abandonó la cocina tan rápido como había entrado sin decir una sola palabra. Cuando Bulma volvió con su hija al comedor para recoger el sobrante de la tarta, encontró las instantáneas que el pelinegro había tomado momentos antes, pero solo había cuatro de ellas, y 17 no estaba por ningún lado.
Finales de Julio, año 769
17 abrió los ojos, otra vez se había quedado a dormir. No es que lo hubiera planeado, simplemente había sucedido. Había estado con Bulma como era lo usual, pero después de eso había surgido una charla superficial, que por alguna razón incomprensible para él había terminado en algunas confesiones mutuas sobre su pasado. "¿Qué estás haciéndome", le preguntó en silencio a la mujer que dormitaba tranquilamente junto a él.
Porque definitivamente lo que estaba pasando entre ellos, no era nada de lo que tenía en mente cuando pensó en traerla con él. Ese desenfreno sexual que vivieron al inicio, fue complementándose poco a poco con una convivencia mas personal, por momentos compartidos fuera de la cama, incluso Bulma lo había visto reír a carcajadas, y él había llegado a mostrar algún tipo de simpatía por la hija que tenían en común.
Ella lo estaba cambiando y él odiaba sentirse como un ser humano otra vez.
Necesitaba hacer algo para recuperarse, no podía permitir que Bulma se diera cuenta del poder que estaba ejerciendo sobre él. De las emociones que su sonrisa y su cercanía le provocaban, porque ya no solo la deseaba... ahora estaba seguro de que estaba empezando a amarla.
- ¿17, sucede algo? -preguntó la mujer al despertar y encontrar la mirada del androide fija en ella.
La genuina preocupación que reflejaban sus ojos celestes, su suave tono de voz, lo cautivaron por unos segundos. Cualquiera diría al verla que en verdad sentía interés por él. Y 17 deseaba que en verdad así fuera, pero algo en su interior le decía que no podía engañarse, que tras esas sonrisas y esas miradas que ella le daba, había más, la mujer escondía algo. En esos meses juntos, trató de aprender a descifrarla, y aunque se sentía capaz de distinguir sus expresiones y sus entonaciones reales, de las fingidas, había instantes en que no estaba seguro de lo que sucedía. Su desconcierto ocurría con frecuencia cuando sus miradas se cruzaban por varios segundos y ella terminaba apartándola, como si no quisiera que descubriera un secreto, o como si no soportara mirarlo.
- ¿Qué pasa? -insistió la mujer mientras se quitaba el cabello que le caía por la frente.
17 no le respondió, se limitó a escudriñar los ojos celestes de la mujer, ella al advertirlo fijo su vista hacia otro punto de la habitación, y con ello le dio la determinación que necesitaba para obtener una respuesta a ese misterio, ya mismo. Él tomó su barbilla y le ordenó que lo mirara, la negativa de la mujer no hizo sino aumentar el desafío, volvió a ordenarle que lo hiciera mientras usaba un poco más de fuerza, ella cedió al sentir el súbito aumento de la presión en su rostro.
En los ojos de Bulma había un intento desesperado por esconderle algo, ¿Pero que podría ser?... ¿Qué era tan importante, que ella tenía que mantenerlo oculto?... de pronto, lo entendió, la mujer estaba luchando por enmascarar sus verdaderos sentimientos por él, seguramente porque seguía odiándolo. Esa certeza lo llevó a sacar mas conjeturas, ahora todo estaba claro... todas las acciones de la peliazul iban dirigidas únicamente a mantenerse con vida.
- Me estás haciendo daño -exclamó ella cuando la presión se volvió más violenta.
Él la soltó, ya no quería mirarla. ¿Para que seguir engañándose a sí mismo?... si Bulma estaba ahí en ese momento era por pura supervivencia, lo complacía porque de no hacerlo la mataría, no se iba por temor a las represalias sobre su familia, todo lo que estaban viviendo no era más que una farsa que ambos habían sabido mantener muy bien, los dos eran excelentes jugadores tenía que reconocerlo.
Salió de la cama sintiéndose enfermo, ella le había mentido todo ese tiempo, y él había sido un estúpido por caer en su trampa. Pero no lo haría más, ya era suficiente de jugar a la casita y a la familia feliz. Él era un asesino y Bulma nunca podría amarlo. No debía volver a olvidar ese hecho, otra vez.
:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:
Notas de la autora: Definitivamente el que juega con fuego termina por quemarse y Bulma se enamoró de 17 y él de ella. Por esta razón este capítulo en especial me gusto mucho, disfrute describir situaciones cotidianas entre ellos, así como la dinámica que se dio al estar solos y tener una vida más de "pareja", creo su relación ha ido cambiando con el tiempo y en este punto en especial, ellos están más cómodos juntos y comparten cosas que no son puramente sexuales, y que son más de la vida cotidiana. Además me gusto mostrar facetas del personaje de 17 que personalmente encuentro encantadoras, él tiene una naturaleza lúdica que contrasta con la seriedad que siempre muestra y también siempre he creído que es muy perspicaz, observador e inteligente para sacar conclusiones, se me figura de esas personas que aparentemente están pensando en otra cosa pero con un comentario te dejan ver que están al pendiente de todo.
Mi parte favorita fue el cumpleaños de Kaori, obviamente Bulma no lo iba a tomar en cuenta para la celebración porque él se muestra siempre distante con su hija, pero al final él se incluye y hasta termina con fotografía y todo, claro que eso fue más por Bulma que por la niña, pero en ese punto él se está dejando llevar por la situación y comienza a disfrutarla. Y bueno, no todo puede ser felicidad, de pronto él se da cuenta que su humanidad esta regresando al amar a Bulma y desde mi punto de vista eso lo asusta, por lo que él mismo empieza a buscar indicios de si ella puede corresponderle o no, y en su necesidad por entenderla termina por malinterpretarla y su inseguridad lo hace llegar a conclusiones erróneas y a apartarse para no salir más herido de lo que quiere admitir ya está al creerse no correspondido.
Bueno pues esos son todos mis comentarios al respecto, gracias en verdad a quienes se han tomado el tiempo de leer y de regalarme un review haciéndome saber su opinión sobre los capítulos, aprecio mucho eso. Nos leemos en la siguiente actualización... hasta entonces...
