DISCLAIMER: Los personajes de Dragon Ball pertenecen a Akira Toriyama, solo los he tomado prestados un rato para hacer este fanfiction.
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Septiembre, año 769
Por fin, después de un tiempo que le pareció eterno, tenía ante ella el laboratorio del Dr Gero.
- No pierdas de vista el monitor ni por un segundo Gohan -advirtió la mujer a su acompañante una vez que llegaron a la puerta metálica- Él vuela a una velocidad impresionante, así que si ves que la señal empieza a moverse en dirección a nosotros, deberás irte, ¿Comprendes?.
- Pero Bulma, no puedo dejarte aquí -protestó el adolescente.
- Esperemos que no tengas que hacerlo, pero es mejor estar prevenidos.
- Date prisa por favor.
Ella asintió y cruzó las puertas metálicas. Lo primero que vio al entrar fueron unas cápsulas empotradas en la pared marcadas con números, y pensó en 17 al ver una de las inscripciones, él le había contado varias cosas sobre el laboratorio durante sus últimas conversaciones, así que sabía que no encontraría nada en esa habitación. Sin perder más tiempo cruzó la siguiente puerta metálica, y buscó un agujero en el piso, no tardó en encontrarlo, tal y como él le había dicho había una escalera, por la cual descendió. Una vez ahí caminó por el pasillo formado por rocas hasta encontrar una nueva puerta, temblando la empujó, las hojas chirriaron un poco pero cedieron fácilmente.
El sitio estaba muy obscuro, por lo que buscó el apagador a tientas, unos segundos después sus dedos chocaron contra el interruptor, la peliazul lo encendió, y entonces pudo ver claramente la enorme computadora central, y junto a ella un escritorio más pequeño con otro ordenador, y tirados a los lados montones de planos. Bulma extrajo de su bolsillo una cápsula y la lanzó a un espacio despejado, un contenedor metálico apareció al instante, ella se apresuró a desconectar la computadora de menor tamaño y luego la colocó dentro de este, posteriormente empezó a recolectar cada papel que encontró a su paso, pronto no quedo nada más en el laboratorio, fuera de unos tubos con un líquido extraño y la computadora central.
Después de volver a encapsular el contenedor, la científica se dirigió a la imponente máquina y la revisó, no era del tipo de ordenador que guardaba datos, por lo que no servía a sus propósitos, pero definitivamente estaba realizando una función. Siguió los cables que salían de ella hasta encontrar un cilindro que contenía lo que parecía ser un embrión. Un escalofrío la recorrió al imaginar los planes que el Dr Gero podría haber tenido al crear esa cosa y por un momento quiso desconectar la computadora, pero sus intentos resultaron inútiles, el cable principal era demasiado grande y pesado y parecía estar atorado al enchufe, así que decidió rendirse y marcharse, prometiéndose que una vez que terminaran con ellos volvería para destruir lo que sea que fuere esa cosa.
- ¿Lo conseguiste? -preguntó Gohan al verla aparecer.
- Espero que sí, tomé todo lo que encontré en el laboratorio. Cuando lleguemos a casa revisaré cada plano a detalle. Ahora vámonos, antes de que regresen.
El mitad saiyayin, le entregó el monitor, la tomó de la cintura y emprendió el vuelo. Mientras viajaban la peliazul no dejaba de mirar la señal, tenía miedo de que en cualquier momento 17 cambiara de rumbo y se dirigiera hacia donde estaban, pero eso no sucedió. Un rato después aterrizaron en las montañas Paoz, donde sus padres, hijos y Chichi los esperaban ansiosos. Bulma observó en silencio los ojos llenos de esperanza que la miraban, y apenas si pudo prestar atención a las felicitaciones que les hacían, ella solo pensaba que por fin tenía en sus manos lo que tanto había anhelado, y que el fin de los androides estaba más cerca de volverse una realidad.
Después de la que la emoción inicial se disipó, todos concluyeron que era mejor dejar a solas a Bulma y al Dr Briefs para se pusieran a trabajar ya mismo en la información recopilada. Bunny y Chichi, entraron a la casa para hacerse cargo de los niños y para preparar la comida, mientras Gohan se marchaba a entrenar un rato. La peliazul entró junto con el científico de cabello lila al pequeño laboratorio que habían montado y por segunda vez ese día volvió a lanzar la cápsula que llevaba guardada.
- Es una suerte que encontraras todo esto, ahora sí creo que podemos lograrlo.
Exclamó el Dr, asombrado ante la cantidad de documentos reunidos. Ella asintió, pero su mente continuó vagando mientras junto a su padre, comenzaba a desenvolver y a estudiar cada plano que había dentro del contenedor.
- No hay duda, Gero era un científico brillante -comentó admirado su padre después de un rato- Es una lástima que todo su talento lo ocupara de esa forma.
- ¿Por qué mejor no revisas la computadora? -preguntó al Dr al ver el lio que se estaba generando por la cantidad de documentos tirados.
- Suelo ser un desastre ¿no? -respondió él, se notaba que estaba bastante animado- Pero tienes razón, después no sabremos qué es lo que revisamos y que no. Ocúpate de eso y yo veré si hay algo que nos sea de utilidad en los archivos de la computadora.
Bulma ayudó a su padre a desocupar uno de los escritorios que tenían, y luego a cargar e instalar la computadora. Después se volvió hacia el montón de papeles tirados y fue descartando los que no eran relevantes.
- Al parecer el Dr. Gero sentía mucha antipatía por Goku -dijo tras un rato el científico- La mayoría de los prototipos que hay aquí, tenían la misión de destruirlo.
La peliazul apenas asintió, el papel que acababa de desenrollar llevaba un número de identificación en la esquina superior derecha, que al verlo le provocó una sensación de intranquilidad. Apartó el documento y siguió buscando la misma marca en el resto de los papeles, tras revisarlos todos contó los rollos que había reunido, eran cuatro planos en total, y todos de 17... rápidamente recorrió con la mirada las anotaciones de Gero, para darse cuenta que todo estaba ahí, cada explicación a detalle sobre la construcción del androide, sobre sus estructuras, su fuente de poder, el Dr había sido demasiado minucioso al describir su proceso, y ahora todo ese conocimiento estaba en su poder.
Bulma apretó levemente los papeles que tenía en las manos, su padre estaba completamente concentrado en la computadora, por lo que no se había dado cuenta de su descubrimiento. Y ella dudó por un segundo si debía compartirlo, porque una vez que lo hiciera estaría renunciando a 17 para siempre.
- Creo que te interesara mirar esto -dijo sin estar del todo convencida, mientras le entregaba los planos a su padre.
- ¡Lo conseguiste! -exclamó tras revisarlos, con un entusiasmo que ella no podía compartir- No puedo creerlo -añadió mientras sus manos temblaban de la emoción- Ahora si podremos detenerlos y todo gracias a ti.
La afirmación del científico fue demasiado, sin saber cuánto más podía soportar tomó la cajetilla que estaba en la mesa.
- Empieza a analizarlos por favor. Necesito fumar un poco antes de empezar a trabajar.
El Dr observó a la peliazul abandonar el laboratorio aprisa, no quiso ser insensible, pero la emoción de saber que podían poner fin a la amenaza fue más grande que todo. "Mi pobre pequeña", murmuró recordando cómo días después de su regreso, la encontró sentada en un rincón de su habitación con un libro abierto frente a ella, pero lo que captó su atención fue que su hija no miraba el libro, sino algo dentro de el, cuando la llamó por su nombre, ella se puso nerviosa y lo cerró, tras escucharla decir que iría a cenar en un momento, se marchó. Esa misma noche mientras Bulma les deseaba buenas noches a sus hijos en la otra habitación, él entro al dormitorio de la peliazul y buscó el libro que había visto un rato antes, al abrirlo casi se desmaya de la impresión, en medio de las hojas había una foto de ella con Kaori y el androide, apresurándose para no ser descubierto, paso las instantáneas una tras otra, hasta que se detuvo cuando una de ellas llamó poderosamente su atención. En la imagen Bulma y N°17 se miraban uno al otro como si estuvieran enamorados.
Sintiéndose mareada, la científica salió a la parte trasera de la casa, sacó un cigarro del paquete que llevaba en la chamarra lo colocó entre sus labios y lo encendió, después de inhalar algunas veces, cerró los ojos, ya no podía contener más las lágrimas, así que se rindió. Por sus mejillas comenzaron a marcarse húmedos surcos, mientras ella se reprochaba el estar dudando, ¿Porque justo en el maldito momento en que tenía todo lo que había buscado, se sentía renuente a entrar al laboratorio y ver otra vez esos planos?, ¿Porque se sentía incapaz de buscar en ellos una falla o un elemento que pudieran usar a su favor para destruir a 17?.
"No puedes amarlo, es un asesino", se repitió mil veces, era demasiado duro descubrir que sus sentimientos por él no habían cambiado. Había luchado con todas sus fuerzas para extinguir esa emoción que crecía en su interior cuando él tenía algún gesto dulce con ella, se dijo que lo odiaba, cada vez que con su sonrisa la hacía estremecer, se recordaba que era una amenaza para el mundo, mientras él la miraba y la tocaba de esa forma que la enloquecía, ha matado millones de inocentes, se decía cuando lo veía cerca de Kaori y parecía que él empezaba a desarrollar afecto por su hija.
Pero todo lo que se decía fue inútil, al final se dejó llevar por sus sentimientos, y su fuerza de voluntad tan firme en un principio, había sido vencida poco a poco por 17. Él consiguió que lo amara a pesar de todo lo sucedido entre ellos, que reconsiderara sus planes y redirigiera su objetivo de encontrar el laboratorio para buscar la manera de destruirlo, a encontrarlo para saber cómo podía ayudarlo.
Él había hecho estragos en su corazón. Por él les había mentido descaradamente a todos al no aclararles, que no lo abandonó inmediatamente después que consiguió la ubicación del lugar, sino que se quedó más tiempo a su lado por decisión propia, con la única intención de devolverle de a poco su humanidad, creyendo que así como una vez logró colarse en el frío corazón del príncipe de los saiyayins, podría hacerse también un sitio en el de 17, pero falló miserablemente, fue una estúpida al creer, que correría con la misma suerte por segunda ocasión. El androide le demostró durante su última vez juntos, lo poco que le importaba, le recordó lo que ella misma se permitió olvidar, todo entre ellos era un juego, un juego enfermo y perverso.
Más lágrimas brotaron de sus ojos celestes, al recordar sus crueles palabras... "Para mí no eres más que una muñeca de placer, que uso a mi antojo"... "¿Crees que porque estás aquí significa que eres especial?, Solo te traje por comodidad, para tenerte por completo a mi merced."... "Las emociones no son algo ajeno para mí, puedo simular lo que quiera, hacerte creer lo que se me dé la gana"... "Más de una vez me ha rondado por la mente la idea de deshacerme de la mocosa, es muy aburrido pretender que me agrada... "Me da igual lo que sientas, y más te vale que me sigas complaciendo sino quieres que tu hija pague las consecuencias".
Definitivamente 17 fue una vez un ser humano, solo quien está familiarizado con las emociones podía saber cómo herir a alguien de forma tan efectiva. Él le rompió el corazón sin contemplaciones, y aun así ella dudo por unos instantes de la veracidad de sus palabras, quiso creer que él solo la ponía a prueba, que todo era una farsa. Pero cuando amenazó a su hija, todo eso se borró, no iba a permitir que la dañara jamás. Fue entonces que tomó la decisión de irse, de abandonar sus ingenuos planes de ayudarlo y poner a salvo a Kaori, y llevar a cabo su objetivo principal.
Y cuando él la tomó en sus brazos y la miró tratando de intimidarla, supo exactamente que debía hacer. Se rindió brindándole sus labios. Necesitaba dejarse arrastrar por la feroz pasión que él encendía en ella por última vez... exorcizar a través de caricias y besos, aquella influencia que ejercía sobre su cuerpo y sobre su alma. Necesitaba desesperadamente liberarse del amor que brotaba por cada poro de su piel, y dejar el sentimiento agonizar en esa cama. Así que se entregó como nunca antes en su vida, y cada gemido que salió de su boca fue un requiém dedicado a su afecto no correspondido.
Luego cuando todo termino, fingió dormir. Y cuando él se desapareció, recogió los pedazos que quedaban de ella, los recuerdos y esperanzas y abandonó aquello, esperando volver a ser la misma de antes. Eso no había sucedido, desde ese día cargaba una sensación de vacío y de perdida, que solo podía llenar por instantes. Había dejado a 17, pero una parte de sí misma se quedó con él, y una parte del androide en ella. Por eso le fue tan difícil mirar esos planos, por eso le dolía tanto saber que no podía dar marcha atrás, ya no había otro camino que seguir, él sería destruido tal y como decidió tiempo atrás, aun cuando eso significara una victoria amarga para ella.
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Notas de la autora:
Aclaración: Lo que está en negritas no es de mi autoría sino de una amiga mía, quién amablemente me permitió usar este fragmento para mi fic, porque al leerlo supe que encajaba perfecto con mi historia, así que, si me lees querida, gracias otra vez por prestarme tu inspiración.
En relación al capítulo… ufff que difícil es tomar decisiones cuando existen sentimientos de por medio, que complicado es estar enamorada de tu peor enemigo y dudar si debes destruirlo o no, y que duro es sentir la responsabilidad de cumplir con tu palabra y con los demás aun cuando eso signifique que sufrirás… en fin, este capítulo me dejo muy triste, así que ya no se me ocurre que más decir, nos leemos en el siguiente… hasta entonces…
