Capítulo 3
Kakashi quería saltar sobre la mesa y abrazar al Uchiha perdido- el que creían perdido y aplastado bajo toneladas de rocas hace años. Pero ahí estaba, parado, muy vivo y completo: dos piernas, dos brazos, dos ojos, un rostro cicatrizado.
Frente a ellos se encontraba un tímido Uchiha Obito.
—¡Tou-chan! —entró un pequeño niño de cabello negro azulado y una boca llena de dientes afilados, probablemente cerca de los cinco años, y un chico que se veía ya a finales de su adolescencia: Hidan, que les sonrió como si lo supiera todo (o al menos lo que él creía todo). Minako se paró junto a sus padres con una gran sonrisa, ajena del ambiente tan tenso en la sala.
—Sería bueno que tomemos un té —sonrió Kisame, haciendo un gesto con la cabeza hacia la otra habitación—. Hemos servido para los chicos en el comedor. Hidan, ¿podrías llevar a tus hermanos y a Naruto-kun y sus amigos a comer, por favor?
Hidan resopló e hizo mala cara, pero aun así tomo al niño alborotador en sus brazos e hizo un gesto a los genin de Konoha para que lo siguieran, estos haciéndolo con expresiones confundidas e intrigadas. Kisame dejo a cada uno de los presentes una taza de té, mientras Obito tomaba asiento cuidadosamente justo en frente de ellos.
Kakashi lo vio y no pudo pensar en otra cosa que no fuera lo hermoso que era Obito y lo abrumado que se sentía por poder verlo respirar.
—Sé que tienen muchas preguntas, pero antes de comenzar: No, Kiri no tiene nada que ver. Ellos no me rescataron y me mantuvieron prisionero. Fui yo quien encontró a Kisame-kun luego de… huir.
Kakashi se estremeció ante la última palabra, viendo como los ojos de Obito se nublaban con sentimientos que lo hacían querer destruir algo, pero más probablemente fue un alguien. El aura oscura alrededor de Kisame lo confirmaba.
—Y no regrese a Konoha porque… —suspiró, como si se preparara para decir algo que lo hacía estremecer—, porque los sellos en mi corazón no me lo permitían.
Rin jadeo, llevando una mano a su pecho sobre su corazón—. ¿El sello-?
—Ya no es un problema —sonrió suavemente Obito—, Nagato-kun se hizo cargo con su Rinnengan hace varios años atrás.
—Pero por qué- —apretó los dientes Kakashi, antes de retroceder cuando vio como Obito se encogía un poco en el costado de Kisame… su Alfa.
Su antiguo compañero no había pensado regresar porque él ya no tenía motivos para hacerlo cuando ya tenía una familia, algo que siempre había deseado desde que era un niño, un secreto que Rin confió a él y Minato después del funeral que se hizo en nombre de Obito.
Kakashi desvió su único ojo visible hacia el Embajador de Kiri, tranquilo y serio, pero él podía ver las líneas duras y posesivas en el rostro del otro hombre, recordando en ese momento el nombre con el cual era conocido en varios libros Bingo.
—Lamento que esta conversación se produjera de ésta manera —suspiró Obito, distraídamente acariciando su vientre—. Pero no había forma alguna en la que simplemente pudiera caminar por la puerta de la Aldea como si no hubiera pasado nada-
Rin se puso de pie y con rapidez se acercó al chico que ella amaba como un hermano- que siempre amaría como un hermano, abrazándolo como si su vida se fuera en ello. Kakashi volteó a ver a su maestro, viendo las lágrimas correr por las mejillas del rubio y notando que sus dos compañeros Jounin ya no se encontraban en la habitación, permitiendo el reencuentro volverse un poco más privado y personal. Obito envolvió los brazos alrededor de la Jinchuriki y cerró los ojos, enterrando su cara en el hombro de la joven mujer y respirando entrecortadamente.
En ese momento Kisame se puso de pie, saliendo silenciosamente de la sala de estar, y fue lo que aprovecho Minato para también abrazar a su estudiante, inspiración de muchas de sus acciones y deseos para las futuras generaciones. Y Kakashi vio la escena, permitiéndose llorar por primera vez en años.
Tal vez al fin podrían ser felices.
Regresaron a Konoha con buenas noticias y, a pesar de su reticencia, se informó de la supervivencia de Uchiha Obito al Consejo y al Clan Uchiha, relatando la historia que Obito les dio (historia que Kakashi sabía estaba ligeramente manipulada y alterada, pero que al final no importaba y tanto él como Rin y Minato respetarían los secretos del Omega), lo que surgió en discusiones de traición que fueron calladas rápidamente por el mismo Hokage.
Kakashi y Rin se burlaron durante horas en el bar de la expresión de eterno sufrimiento de Uchiha Fugaku luego de la reunión con el antiguo Clan de Obito. El pobre hombre no veía la hora en que pudiera retirarse y sacar el dedo medio a todos y salir por la puerta con elegancia para dejarle todo el trabajo a su hijo Sasuke (porque Itachi había sido más inteligente y renunciado para volverse dueño de una humilde tienda de dango).
A pesar de la tristeza de dejar de nuevo a su compañero, se contentaron con el conocimiento de que pronto lo verían para el nacimiento de su tercer hijo, del cual tanto Kakashi como Rin serían los padrinos. Ellos lo malcriarían tanto.
Pero aún sentía que algo se le escapaba…
—Oye —dijo Kushina en la cena luego de que se tranquilizara por la noticia de Obito—. ¿No era el nombre del que sello a Kurama en Naru-chan "Tobi"?
Un largo silencio se asentó en la cocina, Naruto parpadeando y decidiendo que sería mejor salir de ahí antes de que descubrieran su propio secreto (y si, ese secreto era que no era la primera vez que había visto a Obito en su vida, muchos de los dulces que consiguió de niño fueron del otro Omega, pero shhh, era un secreto entre compañeros Omega), las expresiones de realización en Minato, Rin y Kakashi haría reír a Obito durante una hora cuando Kushina le entregara la fotografía.
(—¡Obito, ¿qué diablos?!
—¿Qué? ¡Yo no puedo controlarlo todo el tiempo!
—¿Con- controlarlo?
—¿Esperabas que una roca aplastando mi lado derecho no dejara algo atrás? Duh, daño cerebral.
Kisame suspiro mientras mecía en brazos a su recién nacido hijo, sabiendo que era una descarada mentira de su esposo pero sabiendo también que la verdad era demasiado para los pobres cerebros y corazones de los ninjas de Konoha.
—Pero por qué —gimió el Cuarto Hokage sin vergüenza.
Obito encogió los hombros y sonrió con todos los dientes.
El futuro era otro, ¿qué importaba?).
(Bad Wolf sonrió divertida mientras pensaba cuál sería su nuevo proyecto. En un planeta lejos de ese sistema solar había un cierto mago inmortal que necesitaba reencontrarse con su rey. Hm, ese parecía ser un nuevo e interesante proyecto. Y con una risa maniaca dejo ese plano existencial, haciendo que el Shinigami suspirara aliviado en décadas. Ya era hora, no podía más con esa loca).
(El Doctor, en un universo alterno, sentía que algo muy raro había pasado y que de alguna forma lo involucraba, no sabía cómo pero tenía cierta responsabilidad. Entrecerró los ojos a la consola de la TARDIS —que zumbaba con fingida inocencia—, pensando seriamente que necesitaba vacaciones).
(—Merliiiiiin
—Ay, no, tú no).
