¡Hola a todos! Hoy vengo con nuevo capítulo, espero que les guste y esta vez lo terminé a buena hora, eso es grandioso para su servidor, igual sé que a ustedes les vale un pepino, pero igual se los cuento.

Sin más, disfruten, quedan pocos capítulos antes de que acabe con este fanfic tan ambicioso.

Saludos.


Date A Prince

Parte 8: El lamento

Tuvo un sueño. Uno en el que quería despertar. Ella gritaba algo muy importante que debían escuchar los demás a su alrededor, pero su boca solo se movía, sin emitir sonido alguno, y ella era la única consciente de aquello, mientras un enfrentamiento pasaba ante sus ojos. A cada movimiento visto, su cuerpo se debilitaba más y más, hasta que ella se perdió a sí misma y corrió.

Corrió lo más lejos que se pudo, pero en poco tiempo el suelo se desintegró hasta caer en un abismo oscuro del que no supo cuándo cayó, pero cuando lo hizo, todos sus sentimientos se destrozaron junto con ella.

Dejando nada más que piezas imposibles de unir. Shiori estaba rota.

—¡Shiori! Por favor, ¡Shiori!

Le gritaba al cuerpo de su hermana mayor, la cual tenía un gran rato inconsciente y herida también, sin embargo, estas no eran tan brutales como cuando la encontraron, antes de traerla directo al Fraxinus.

El diagnostico le dio miedo a su hermano menor, jamás pensó que esto pasaría, jamás pensó que su precavida, sensible y amable hermana mayor que siempre le cuidaba en todo momento, pudiera ser lastimada hasta este punto.

Sus huesos estaban destrozados, había perdido mucha sangre y varios de sus órganos estaban aplastados. Cuando Iori escuchó eso, no tuvo de otra más que agachar la cabeza y tener una sensación de náuseas.

Era el culpable.

Y conforme pasó el tiempo de espera y ella iba mejorando rápidamente, su desesperación aumentaba.

—¡Onee-chan, por favor, despierta! ¡Onee-chan!

La tomó de sus hombros con sus manos pequeñas, la agitó suavemente mientras luchaba porque sus lágrimas no escaparan de sus ojos, pero fue imposible al solo escuchar esa bendita máquina que demostraba que ella estaba viva, pero levemente.

—Onee-chan… Lo siento… —dijo con voz quebrada, parecía que hablaba mientras alguien le ahorcara—. Yo no quería que te pasara esto… Quería que corrieras, pero te quedaste ahí… Onee-chan, perdóname…

Se arrodilló en el silencio sofocante y puso su cabeza en la almohada, al lado de su cabeza para ahogar su llanto ahí y secar sus lágrimas.

En otras ocasiones, sus padres hubieran estado ahí para ambos, dando soporte, siendo un colofón para aguantar todo y salir adelante. Pero estaba solo, y lo prefería así, su debilidad no la podría mostrar a su tripulación.

—Te amo… Onee-chan, no sé hacer nada sin ti… Por eso sé que tienes que despertar… No me dejes solo… Te necesito aquí, así que quédate aquí… —Besó su mejilla y regresó su rostro a la anterior posición—. No te preocupes, aquí estaré cuándo despiertes… Y no… No me verás así…

Afuera del cuarto, la vicecomandante estaba escuchando todo con lágrimas escurriéndole de los ojos claros, no podía creer que el comandante tenía este lado tan sensible y sentimental.

Por otro lado, estaba Rinne, pegado a la pared, con las manos en sus bolsas y con la cabeza un poco agachada, su cabello escondía su mirada. También escuchaba lo que decía Iori.

—Cuando despiertes, ya no estaré llorando… ¿Entiendes? Así que si lo haces ahora… Si es ahora… —dijo en voz baja y abrazándola más fuerte—. Te puedes burlar de lo llorón que soy… Está bien… Sé que tengo que ser fuerte… Pero tú me enseñaste a ser fuerte… Y si tú estás así… ¿Cómo… podré sonreír… mañana, Onee-chan?

Sin embargo, sin que Kannazuki lo notara, Rinne terminó retirándose, sabía que Iori se quedaría ahí mucho tiempo más, tal vez teniendo fe de que ella despertaría muy pronto.

Y él también tenía esa fe.


Por otro lado y ya en la noche, en la base de la AST, escondida a los ojos curiosos y expuestos solo a personal autorizado, todos estaban aquí después de un largo día; era la única forma de describir esta situación, porque hoy, después de enfrentar a Prince, el espíritu en ciudad Tenguu, todos habían sobrevivido al combate.

Un hombre con traje de combate destrozado, lleno de cortes y con el hombro sangrando, entró caminando a paso lento por la unidad médica del lugar, su cabello estaba muy largo y le cubría un poco los ojos.

—¡Capitán! —dijeron los más jóvenes que estaban mucho más enteros que otros—. Ryouko-san, su cabello…

—¿Qué pasó con el espíritu?

El hombre miró a ambos con cierta frialdad, estaba exhausto, todo su cuerpo le dolía, mucho más su hombro, resultado de una batalla feroz. Pero muy lejos de la realidad.

Una vez más esto era una derrota y el espíritu había salido ileso, porque apenas y logró lastimarlo levemente.

—¿Cómo está Origami? —preguntó en voz baja—. Reporte de la situación.

—Está estabilizándose, señor —explicó el médico rápidamente—. Los huesos de su mandíbula estaban fracturados, algunos también estaban fuera de su lugar, las hemorragias internas de su estómago eran preocupantes, así como sus órganos fueron aplastados, parece el diagnostico de un ser humano que ha sido atropellado por un camión de dos toneladas. Es un alivio que esté vivo, pero lamento decirle que no podrá participar en misiones por algún tiempo.

—¿Cuánto tiempo?

—Una semana, después rehabilitación. Le explicaré cuando despierte, pero tampoco podrá ir a la escuela, sus órganos están muy delicados, si no respeta este tiempo, vamos a tener problemas.

—Entendido. —Ryouko hizo una reverencia al estilo japonés, pero casi se cae en el proceso, sus compañeros le ayudaron a sostenerse—. Ugh… Gracias.

—Capitán, ¿¡está bien?!

—Doctor, será mejor que le de tratamiento de inmediato.

—No… —dijo al ponerse recto de nuevo y se tomó del hombro—. No hace falta, ahora vuelvo… Necesito una… ducha…

El hombre logró quitarse la armadura, aguantando el dolor como si sus nervios no funcionaran bien, mostrar debilidad era para los débiles; algo que no le habían enseñado en las fuerzas especiales de Japón, y una falta que no cometería ahora.

Mientras se daba la ducha y el piso se manchaba de sangre, su cuerpo temblaba por el dolor y su respiración era anormal, sus antebrazos estaban rojos, así como sus manos y sus nudillos sangrados. Nadie lo notó, pero sangraba del cabello negro que ahora se pegaba a su rostro.

Recordó su pelea con el espíritu, era como enfrentarse a un monstruo, uno que solo lastimaba a sus compañeros, sobre todo a los más jóvenes. No pudo evitar apretar los puños y los dientes.

Chocó ambos puños contra la pared del baño y dejó caer su frente, mientras el agua retiraba la sangre de su cuerpo tembloroso, cuando retiró sus puños, la marca de sangre en estos quedó ahí.

Pero sus sentimientos le acompañaron después de la ducha.


Al día siguiente, por fin abrió los ojos, antes de que los primeros rayos solares de la mañana entraran a su cuarto, estaba bastante desorientada al principio, pero luego se sentó en su cama, no recordaba cómo había llegado ahí.

—Ah… ¿Uh? ¿Qué me pasó? —preguntó para sí misma, entonces vio a todos lados, hasta que encontró a un chico de cabello rojo, durmiendo a su lado, su rostro estaba demacrado—. Iori…

Una sonrisa se dibujó en su rostro y se frotó los ojos, la verdad, no podía recordar nada, había una gran laguna mental y dolor de cabeza, sin embargo, recordaba bien un nombre.

Uno al que le dio muchas vueltas al principio.

—Kouta… —susurró y no se le vino nada a la cabeza.

Agachó la cabeza y se tomó de la barbilla, pero se quejó de dolor, sin embargo, ahogó su grito con sus manos y se giró rápido a su hermanito, él seguía durmiendo como un angelito, así que suspiró levemente.

«Supongo que Iori me explicará que pasó, no recuerdo nada… Pero será mejor que haga el desayuno o se nos hará tarde para ir a la escuela». Pensó con decisión, no se sentía nada mal, de hecho, estaba más descansada que estos últimos cuatro días.

La chica dejó la cama en silencio para no despertar a su hermanito y así también dejó el cuarto. No se dio cuenta que estaba en pijama y que alguien la cambió de ropa, así como no había señales de la intravenosa que le inyectaron ayer.

Preparó el desayuno con tiempo suficiente, luego despertaría a Iori para desayunar y todavía, con prisa, podrían prepararse para la escuela, ese era su plan.

Pero no estaba en esa lista que su hermanito se despertara de repente y se asustara que ella no estuviera ahí, a su lado. Por lo que corrió escaleras abajo y después llegó a la cocina para detenerse estrepitosamente.

—¡Ah, Iori, buenos días!

Su hermana tenía puesto el delantal blanco, frente a la estufa, preparando unos huevos cocidos, pero ella giró su cabeza con una sonrisa y con los ojos color ámbar brillando.

—Onee-chan… —dijo sin fuerzas mientras unas lágrimas se les escurrieron por las mejillas.

—¿Dormiste bien? —preguntó al darse vuelta para seguir cocinando con una pequeña sonrisa.

Era Shiori Itsuka, actuando normal y siendo la hermana mayor que siempre se ocupa de él. Había regresado de la muerte, después de que un edificio entero colapsara, y ella estando en medio de toda esa catástrofe, ahora estaba aquí, preparando el desayuno como cualquier otro día en sus vidas.

—Onee-chan…

No supo en que momento corrió hasta abrazarla por la espalda y soltar todo su llanto.

—¿Iori? —preguntó preocupada al no tener explicación de su llanto—. ¿Qué pasa?

—Prometí… Que no iba a llorar… Lo siento, Onee-chan… ¡Onee-chan! —explicó con la voz rota mientras la abrazaba con fuerza.

Ella tuvo que arrodillarse y él también, ambos se abrazaron fuertemente y ella acarició su cabello suavemente.

—Está bien, Iori… Puedes llorar conmigo —dijo suavemente a su oído, él asintió levemente y siguió llorando—. Eso, llora todo lo que quieras.

Claro que llegarían tarde a la escuela, pero ese hecho era una pequeñez que a nadie le importaba, Shiori consoló a su hermanito con cariño, como solo ella podía hacer.

Al final, se separó un poco de ella, lo suficiente para que Shiori besara su frente con dulzura, ella tenía muchas preguntas, pero sabía que no era el momento, así que se levantó primero y a él lo ayudó a ponerse en pie.

Una vez hecho esto, el chico fue a sentarse a la mesa, mientras ella siguió cocinando.

Cuando finalmente se pusieron a desayunar, Iori tuvo que ponerse de nuevo sus muñequeras oscuras para retomar la fortaleza y seriedad que necesitaba en estos momentos.

—Shiori, ¿te sientes bien?

—Sí, me siento muy bien. Tú pareces no haber dormido mucho, si te sientes muy mal, no vayas a la escuela hoy.

—De todas formas, no iba a ir… —dijo con una pequeña sonrisa y un tono de alivio.

—Bueno, ya vamos tarde de todas maneras —contestó con una sonrisa también.

—Igual no tendrás clases, un edificio de tu escuela colapsó porque el espíritu combatió con la AST. —Shiori se mostró muy sorprendida—. ¿No lo recuerdas?

—No… No lo sabía… ¿Y qué pasó? Solo recuerdo que le dimos un nombre… Kouta…

—Es el nombre del espíritu, se enfrentó a la AST, fue violento y desastroso.

—¿Kouta está… bien? —preguntó un poco temerosa.

—Claro que está bien, es un espíritu —dijo como si fuera lo más obvio—. La AST por otro lado… No sé si tuvieron bajas ayer…

Shiori dejó de comer, ni siquiera ella supo por qué, no es como si hubiera alguien querido ahí, dando su vida al combatir al espíritu, pero de todas formas, imaginar que alguien murió por culpa de Kouta… Una sensación corrupta emergía de su pecho.

«No lo recuerda, supongo que eso está bien, no diré nada y nadie dirá nada». Pensó al verla sin tocar su comida. «No tienes por qué recordar eso, Onee-chan».

—Bueno, como sea, te felicito, Shiori.

—¿Eh? —preguntó al alzar la cabeza.

—Tendrás una cita con Kouta, no sé cuándo, pero es probable que él te busqué, lograste hacerle la invitación, aunque no lo recuerdas muy bien.

—¿Por qué no lo recuerdo? Yo… ¿Aún estaba dentro cuándo… el edificio… se desplomó? —preguntó con cierto miedo, Iori solo parpadeó.

—Cuando te encontramos, el edificio ya estaba desplomado, estabas herida, pero lograste recuperarte… En Fraxinus tenemos un gran equipo, ¡te lo dije! —dijo con una pequeña sonrisa y fingiendo orgullo.

Shiori solo asintió, no muy segura, pero aliviada.

—De todas formas, no es momento de pensar en eso, lograste quedar con el espíritu y picaste su curiosidad con lo de la cita, así que creo que es un gran momento para prepararte.

—Cierto… La cita. Sobre eso… ¿Estará bien, Iori? Es decir, ayer peleó contra la AST, ¿crees que en verdad vuelva hoy? —preguntó un poco insegura y nerviosa.

—No lo sé, pero debes estar preparada, tal vez aparezca en la escuela de nuevo, ya que es el último lugar donde te vio, y ahora sabe que vas ahí todos los días, ¿no?

—Ah… Cierto, le expliqué lo que era una escuela y que yo asistía… En ese caso, ya que no habrá clases… Puedo estar lista para mi primera cita… —dijo sin creérsela, pero no generó felicidad en ella.

Incluso si era un momento especial, uno que no quería hacer mal, había otra cosa molestándola. No podía recordar qué había pasado, no sabía si Kouta había cometido asesinato, pero realmente deseaba que no fuera así.

Porque si lo era, no tendría la fuerza para enfrentarlo, ¿quién quiere tener una cita con un asesino?

«No sé qué pasó en la escuela después de darle un nombre… No sé… Si alguien ha muerto o cuánta desesperación tuvo que pasar Iori sin mí, debo terminar con todo esto ahora». Shiori frunció un poco el ceño y comió rápidamente su desayuno, sorprendiendo a su hermanito. «Es cierto que Kouta está solo y eso es malo, pero si soy la única que puede ayudarlo… Lo ayudaré a cambiar, y no necesito ser su novia para hacer eso… No lo perdonaré si ha matado a alguien».

—¿Qué sucede, Shiori?

—Iori, tienes razón, ¡debo prepararme! Y por eso… —dijo un poco insegura y con una gotita en la cabeza—. Necesitaré tu opinión.

—¿Eh?

—¡Acompáñame a comprar ropa!

—¿¡Ah!? —dijo al acercarse a ella, desde su asiento, con los ojos más salidos de sus cuencas—. ¿Y eso para qué?

—Es para la cita, debo ir bonita para impresionarlo, ¿no es así? —preguntó insegura.

«¿Voy a ayudarla para que se vista bonita para otro chico después de todo lo que pasó?» Frunció el ceño y se cruzó de brazos, miró hacia otro lado, luego se sonrojó un poco por una idea. «Pero… Podré verla probarse muchos atuendos distintos».

—Tal vez si me ruegas un poco, tu comandante lo considere…

—¡Por favor, Iori! Haremos de esta cita un éxito y un recuerdo memorable —dijo con decisión y con una sonrisa.

—Bueno… Creo que si lo pides así, no puedo negarme.

—¡Gracias!

Así fue como ambos terminaron de comer y se prepararon para salir de compras en esa mañana. La calma había regresado a sus vidas y el chico realmente deseaba que este momento se extendiera lo mejor posible.

Incluso si hizo comentarios hirientes sobre la ropa que su hermana se probaba, fue solo por sus celos por Kouta, ya que él disfrutaría de una cita con su amada hermana, aunque en verdad quería que le fuera bien, después de todo, ella estaba aquí.

Después de casi perderla, ella estaba aquí, a su lado.