La locura.
Qué tema controversial. ¿No es la locura una calificación de un punto de vista; sólo el estado sumo de muchos eventos que nuestra mente y cuerpo no pueden resistirse en transmitir? Cada quién tiene la suya, escondida dentro de su alma, rogando por salir,pululando,agarrándose de los bordes del cerebro.
Es todo un honor poder compartir la mía con ustedes
Gracias especiales a AscellaStar, Nambelle y AmandaCefiro por sus reviews, sin ustedes no sería lo mismo. Gracias también al Guest anónimo y a Láglet (umm me suena... jejeje me habéis matado con ese comentario :P, mil gracias), a Ehsabet (me alegró muchiiiisimo que te haya gustado Secretos, y sobre todo que te hayas animado con ésta. Espero me cuentes conforme avancemos si llena tus expectativas) y a RemyEtienneLeBeau por agregarme como favorito.
A todos los lectores que siguen la historia también muchas gracias..(me encantaría saber que piensan, bueno, malo o feo...si se animan a dejar un review seria maravilloso)
Hay muchos interrogantes por resolver, y mucho que averiguar...sigamos entonces...
"Fiction is the truth inside the lie."
― Stephen King
Capítulo 3. Ilusión
Tiempo: Pasado - Ocho Meses Atrás
Un tornado azul irrumpió en el establecimiento. Pasó sin percatarse de lo ruidoso que era, y por supuesto, sin ninguna consideración a la vergüenza que sus dos amigas, quienes permanecían sentadas en una mesa al fondo, con los ojos saliéndose de sus órbitas, pudieran sentir ante él.
- TU! –gritó señalando a la rubia- Todo esto es TU culpa!
Anais pasó saliva y buscó apoyo en la pelirroja, quien de pronto encontró su malteada de moras muy interesante y deliciosa.
Marina caminó enfurruscada, con sus puños cerrados a lado y lado de su cuerpo. Toda su cara era una furia. No se preocupó en esquivar a los meseros, quienes decidieron cambiar de ruta para llegar con los pedidos hacia las otras mesas, ni en rodear a los otros clientes, que le observaban con curiosidad, pasando su vista como en un curioso partido de tenis entre la preciosa adolecente de cabello azul y la elegante rubia sentada en la mesa del fondo.
- Marina, ven y te sientas con nosotras –dijo Anais con toda la calma que pudo- No estés allí de pie
Anais se acercó a Lucy al ver que el tornado estaba muy cerca a la mesa, pero había decidido quedarse en un punto fijo observándola, sin intención de sentarse.
- Casi veo cómo sale el humo de tu cabeza –rio Lucy aún con un bigote de malteada sobre sus labios-
- ANAIS! Que te crees! –gritó Marina, haciendo que momentáneamente se sintieran enfrentando un huracán categoría 5-
- Siéntate por favor –ofreció la rubia con gentileza- ordenamos malteada de chocolate para ti-
- ¡Cómo puedes estar siempre tan calmada!
- Creo que la gente nos está mirando –mencionó Lucy, sacudiendo su cabeza de un lado para otro como un suricato asustado-
Marina volteó y vio cómo toda la cafetería estaba pendiente de sus acciones. Al fondo, un niñito al encontrarse con sus ojos azules se volteó inmediatamente murmurando un "Mamá, tengo miedo"
Vencida y roja como un tomate, se sentó en la mesa al lado opuesto de donde se encontraban sus dos amigas, tomó su vaso de helado diluido con brusquedad y se limitó a sorberlo.
Fue Lucy la que muy pronto volvió a iniciar la conversación
- ¿Por qué te molestas tanto?, sabes que Anais lo hizo con la mejor intención – dijo sonriéndole, al tanto que Marina seguía con su bebida con los ojos cerrados-
- Perdóname en serio – inició una disculpa sincera Anais- no quería entrometerme en tus asuntos, pero es que me pareció que el chico había sido muy amable contigo y tú estabas demostrando interés, así que por eso me retiré para dejarlos solos
Por fin Marina abrió sus ojos y dejó la malteada a su derecha, apoyando su brazo izquierdo sobre la mesa, sosteniéndose el rostro con expresión frustrada.
- No te preocupes, lo que pasa es que realmente me conoces muy bien y a veces yo misma me sorprendo
- Entonces quiere decir que mi instinto no se equivoca – afirmó Anais ladeando su cabeza-
- Sí, pero…
- Deberías darte la oportunidad –interrumpió Lucy- ¿o es que acaso te gusta alguien más?
La aludida calló y cambió su expresión. Lucy y Anais se miraron. Sabían muy bien qué detenía a su amiga de tratar de formar nuevas relaciones, porque era lo mismo que les ocurría a ellas.
- Nunca debí hacerlo – articuló Anaís, colocando su mano sobre la de Marina- pero como la última vez habías dicho que estabas cansada de esperar algo que no volvería y que querías encontrar a alguien para compartir tu corazón, creí que de todas nosotras, tú eras la que estaba más preparada
Habían pasado tres años desde aquella vez que vieron en la torre de Tokio el panorama de Céfiro desde las alturas. Después de aquel evento, intento tras intento de volver había sido un fracaso. Ni siquiera aquel reflejo en los ventanales había regresado.
Se cansaron de ir a ese lugar. Traía dolor en ocasiones, y en algún momento, amenazó con destruir su amistad. Por eso solo iban de vez en cuando, sobre todo en el último año habían reducido sus visitas a ese monumento considerablemente, resueltas a vivir su propia vida, dejando atrás los recuerdos.
Lucy siempre se recriminó no haber deseado con más fuerza su retorno inmediatamente volvieron a colocar sus pies en Tokio. Pero en ese entonces creía que debían darles tiempo para reconstruir su planeta, para velar por su gente, de organizarse. Su decreto seguramente había generado nuevas formas de gobernar el mundo y por tanto, había muchísimo que debía hacerse. Pero nunca durante ese año pensó, nunca cruzó por su cabeza el pensamiento de que jamás pudieran volver, de que no le fuera posible… verlo de nuevo. Eso había sido irrisorio en aquella época. Si su voluntad las había llevado una segunda vez, ¿por qué no podía conducirlas a una tercera, cuarta o quinta?
Ahora, al ver a Marina confundida con sus propios sentimientos, una vez más deseó retroceder el tiempo para aliviarle todo ese dolor. Hacía meses una idea le rondaba, pero no les había dicho nada a las dos únicas personas en ese mundo que le entenderían. El silencio que continuaba impregnando la atmosfera, antes muy alegre, le empujó a soltarla.
- ¿Han considerado que Céfiro no sea exactamente otro planeta a miles de años luz de la Tierra?
La pregunta hizo que Marina levantara la cabeza con un rápido movimiento y que Anais le volteara a mirar con sorpresa. Lucy estaba muy seria, y sus ojos se pedían al infinito. Era muy extraño verla con ese semblante meditabundo y melancólico.
- ¿Qué quieres decir con eso? –preguntó la rubia-
- Digo…¿y si Céfiro está en otra dimensión? ¿Y si hay otra forma de llegar?.. ¿Recuerdan lo que hacía Ascot? Él era un invocador. ¿En qué sitio permanecían sus "amigos"… ?
- O nuestros genios!... ¿dónde estaba esa dimensión? –inquirió Marina con curiosidad-
- No lo sé…pero… ¿y si esto ya ha pasado antes? Si han sido reclamadas guerreras mágicas en otra época. ¿Será posible que en algún momento alguna de ellas haya descubierto cómo viajar bajo su propio deseo? ¿Habrán personas en este planeta que puedan realizar "invocaciones"?¿Existen otros que hayan visto Céfiro?
- Se ve que has pensado esto durante mucho tiempo Lucy –expuso Anais sin contagiarse del entusiasmo que ya demostraban sus dos congéneres-
- Es que no puedo, no puedo quedarme sentada cruzada de brazos mientras estos recuerdos no nos dejan vivir. ¡Quiero ahorrarles todo esto! ¡No quiero verlas tristes! –suspiró un momento, y continuó- También hace algún tiempo creo que mi lugar no es acá. ¡Tenemos que hacer algo, buscar una manera, o por lo menos intentarlo!
- ¿Sientes que Céfiro te reclama Lucy? ¿Cómo su pilar?
El segundo que tardó Lucy en responder la pregunta de Anais fue casi doloroso. Ninguna quería volver a Céfiro si Lucy debía desempeñar aquella labor.
- No –dijo con resolución, mirando a sus amigas directamente a los ojos, para enfatizar su respuesta- no como su pilar. Siento que… mi corazón siente…
Le fue imposible continuar, pues su garganta se cerró de golpe. Su alma gritó al pensar en Latis.
Marina se levantó de golpe de la mesa, con el puño cerrado al frente de su cara, y una expresión de conquista acompañada de una gran sonrisa
- ¡LO INTENTAREMOS!
El local quedó en completo silencio ante la declaración de la guerrera mágica, quien recordando dónde estaba, se sentó nuevamente y carraspeando indiferencia volvió a su batido.
- Creo que nos van a prohibir la entrada a este lugar – susurró Anais al oído de Lucy con media sonrisa en su boca-
- Y Lucy…¿qué te lleva a pensar que encontraremos algo, o por dónde comenzar? –preguntó Marina tratando de concentrar la atención en otra cosa-
- Tengo una pista –les confesó a ambas-
Marina estaba recostada boca abajo en la cama, con los pies en alto y las manos sobre su barbilla. La mañana de ese sábado transcurría len-ta-men-te, casi a propósito y en concordancia con la imparable ansiedad, las ganas de salir corriendo y su estado de vacilación constante desde el diálogo sostenido en la tienda de postres.
Giró su cuerpo y quedó observando el techo. Como no tenía zapatos, decidió colocar sus pies en la pared que daba contra la cabecera del lecho. Una vez hecho esto, puso especial ahínco en tratar de simular "caminar" por las paredes. En ese momento le encantaría tener los poderes del hombre araña y calmar la exasperación que sentía trepando por las paredes.
Si lo que Lucy les había dicho era posible... ¿Qué haría cuando pudieran llegar finalmente a Céfiro? Si, había soñado con eso muchas veces, y regresar estuvo siempre presente en su mente, pero había logrado amoldar su vida tratando de no generarse falsas expectativas. Pero si esto resultaba, lo cambiaba todo.
Miró su reloj, impaciente por salir y encontrarse con ellas en el sitio convenido. Aún faltaba una hora. Movía sus piernas en el aire de un lado para otro, sin dejarlas quietas, golpeando la pared y se le hacía un nudo en el estómago al reflexionar en lo que le diría a ese hechicero de cabello morado y rostro de niño la primera vez que se reencontraran.
Se imaginó el posible diálogo, pero todas las opciones le sonaban o muy indiscretas o demasiado sosas. Las había enumerado, y se las sabía de memoria
a. Hola Guruclef…que clima tan maravilloso el que hace, ¿verdad? (CLIMA! Una conversación sobre el clima! ¡Por favor!)
b. Te he extrañado tanto! (Si lo decía, subrayaría de forma inconsciente la palabra TANTO…que podría pensar él de ese TANTO?)
c. 4 años! Ha pasado el tiempo (totalmente impersonal, ¿eso es lo que deseo?)
d. ¿cómo han estado todos? (eso es salirse por la tangente, así como brillantemente lo hizo cuando Ascot le dijo que la quería)
e. ¿No decir nada podría ser una opción válida? (sii claro, si quieres que ni te determine cuando Lucy se arroje a sus brazos con su conocido ímpetu acaparando toda la atención)
Suspiró. Quizás sería mejor no volver. Esa era la mentira que se había dicho repetidamente para tomar el camino más sencillo. De esa forma no habría opciones correctas o incorrectas.
¿Pero de que servía no volver si tampoco rehacía su existencia con lo que tenía? El año entrante estaría en la Universidad. Si ella no se permitía amar a otra persona que no fuera Guruclef pasaría el resto de su vida sola...bueno, probablemente Lucy le regalara un gato como mascota en algún cumpleaños.
Se visualizó en un lujoso apartamento con gatos corriendo por todas partes.
Hasta les teñiría el pelo de morado.
De las tres, ella era la única que no tenía nada por seguro. Lucy y Anais tenían tremenda suerte. Sabían que eran correspondidas por las personas que amaban. Anais sabía muy bien que Paris había sentido amor por ella. Eran la pareja modelo, sin dudas que se interpusieran entre ellos. Obviamente había pasado el tiempo y eso podía deteriorar su relación, pero casi daba por descontado que si se veían de nuevo, todo fluiría como antes lo había hecho. No creía que Anais tuviera ningún problema, siempre y cuando Paris no estuviera con otra mujer…porque ahí sí, a esconderse. La guerrera del viento era muy calmada, pero también era extremadamente celosa. Y por supuesto que ella le ayudaría a darle caza al estúpido príncipe fanfarrón.
Por su parte, Lucy les había contado (tras muchas evasivas, ruegos, y poniéndose demasiado roja) que Latis finalmente le había dicho que también la amaba. Se alegraba muchísimo por su amiga, pero aquello le había durado que…¿cómo 30 segundos? ¡Vaya si sufrieron todos por culpa de la falta de resolución del espadachín para aclarar sus sentimientos! El amor de Lucy era muy fuerte y había perdurado, pero a cada mes que pasaba, la llama de ilusión que tenían sus ojos al volver a Tokio se había ido extinguiendo. Le intrigaba si este tipo tan parco y callado hubiera quedado tan irremediablemente prendado de Lucy como para esperarla. Por el bien de la pelirroja (y de Latis, porque si se atrevía a envolverse en la indiferencia y mutismo nuevamente, ella le daría su merecido ¡Nadie tenía el derecho de hacerle eso a su amiga!) tenía la esperanza de que así fuera.
Pero ella…
Suspiró nuevamente y cerró sus ojos
Ella era todo un lío.
Iba en el metro, un poco retrasada, pues esa tarde Hikari estaba enfermo y no quería dejarlo.
Ya era un "perrito anciano" y era probable que tuviera problemas con su hígado. Sólo con la promesa de Satoru de llevarlo al veterinario y de encargarse personalmente del cuidado de su querida mascota, pudo salir de su casa sin tanto remordimiento.
Estaba muy ansiosa por el encuentro de ese día. Si bien sabía que era el comienzo de una travesía, y de que era únicamente el atisbo de una posibilidad, su corazón saltaba de alegría.
- Hermanita, deja de jalar el collar de tu cuello, que le vas a romper la cadena
Estaba tan ensimismada que había olvidado a Kakeru, quien estaba a su lado en el asiento contiguo. Salieron juntos, pues él pasaría a recoger a su novia cerca de una de las estaciones donde paraba aquella ruta. Ante esas palabras, Lucy volvió la mirada a su hermano sin saber a qué se refería exactamente. Al ver la expresión interrogante de la chica, Kakeru alzó una ceja y torció un poco su boca.
- Lucy, lo vas a estropear –indicó con un gesto hacia el cuello de la pelirroja-
Ella se dio cuenta de lo que estaba haciendo, y con un ligero rubor en sus mejillas dejó de jalar y acariciar compulsivamente el objeto guardándolo bajo su camiseta.
- ¿Estás nerviosa hermanita? –preguntó sin quitarle la mirada de encima al ver su sonrojo-
- ¿Por qué dices eso?
- Uhm…-hizo una pausa- nunca me dijiste de dónde sacaste ese collar
- ¿Este collar? Eh.. –titubeó mirando al piso- me lo regalaron hace un tiempo
- Y se puede saber QUIEN te hizo semejante regalo? Se ve bastante fino. ¡No me digas que fue un obsequio de un tipo…!
- No, no , no –aleteó sus manos en frente de Kakeru- no es lo que piensas
- ¿Estás segura que te vas a ver con tus amigas? No estarás inventando esa historia para verte con un muchacho, ¿verdad?
- ¡Cómo dices esas cosas Kakeru! –exclamó fingiendo asombro, pensando que en el fondo eso era lo que exactamente quería que ocurriera y percibiendo cómo se le incendiaba la cara delatándose a sí misma-
- Hermanita, tu cara está tan roja como tu cabello. No me engañas.
- No te engaño, te lo juro Kakeru –suplicó cabizbaja-
- Entonces dime quien te regaló ese collar. Si se atreve a ponerte un solo dedo encima…
En eso, el vagón se detuvo y por los altavoces una voz anunció la parada en la que Kakeru debía bajarse.
- ¡Bájate o perderás tu cita! –sonrió aliviada hacia su hermano, empujándolo levemente- no es bueno hacer esperar a tu novia, ¡te regañará sin duda!
- Cuídate Lucy, ¡no hagas locuras por favor! – pidió dirigiéndose hacia las puertas más cercanas- Conversaremos de esto en la noche. ¡Adiós!
Kakeru bajó del tren. Muy a su estilo de hermano mayor, pudo ver cómo desde las ventanas le dedicaba un gesto al tiempo que el tren volvía a ponerse en marcha, haciéndole entender que aquella conversación no tenía el más mínimo asomo de quedarse en el aire. Suspiró sin ganas de imaginar lo que le esperaba cuando en la noche Kakeru armara un escándalo.
Dirigió su vista hacia las ventanas exteriores para sonreírle al hermoso día que esa tarde Sabatina le obsequiaba. De nuevo sus manos se dirigieron hacia el collar en un reflejo inconsciente.
En ocasiones soñaba que al tocar el medallón, sus sentimientos se trasmitían mágicamente a Céfiro para alcanzarle. Al principio la idea de amar y ser amada era suficiente, pero al pasar el tiempo todo su cuerpo le relataba una historia diferente. Su ser le reclamaba por no poder sentir una caricia, un contacto de sus manos, un roce… un beso.
Quería seguir viviendo del espejismo donde Latis la estaba esperando. Que su amor era verdadero, sin obstáculos, como una fantasía de cuentos de hadas donde el galante príncipe montado en su corcel le jura a la princesa amor eterno e incondicional. Hasta sus 16 años quiso pensar de esa manera. Ahora, que sabía algo más de la vida, empezaba a dudar de esas promesas nunca formuladas y de ese amor puro y romanticón. Después de todo, ella era una chica muy normal, común y corriente, pequeñita, escandalosa y sin muchos atributos físicos. En los cuentos la princesa siempre es hermosa, virtuosa, de voz angelical, de suaves maneras…ah y se le olvidaba algo muy importante, voluptuosa. Por ningún lado se ven muchachas muy delgadas, de cabello alborotado, con maneras de niño malcriado, algo explosivas y con exagerada desatención por el arreglo personal. ¡Ni siquiera se pintaba las uñas!
Marina y Anaís tenían una suerte tremenda. La rubia tenía a Paris y Lucy estaba segurísima de que al verla el chico se derretiría a sus pies. Desde el comienzo estuvo pendiente de su amiga, siempre con ese desprendimiento y alegría que lo caracterizaban. Paris era un buen muchacho, y ella se moría por él. Por ese lado…no habría problemas.
A su amiga de largo cabello azul le gustaba Guruclef. Con lo hermosa que era Marina y junto a su buen corazón y carácter, Lucy pensaba que lograría que Guruclef se fijara en ella en cuanto ella se lo propusiera realmente.
La confesión de su enamoramiento se le había salido de los labios por casualidad uno de esos tristes días en que tomadas de las manos formaban un círculo para intentar volver a Céfiro cerca a uno de los ventanales de la torre de Tokio. Aquel día fue Lucy misma la que al escuchar ese nombre unido a un suspiro le preguntó de forma muy inocente, sin reparar en su significado: "Por qué Guruclef Marina?".
La reacción había sido sorprendente e inesperada; abrió los ojos de forma descomunal, y poniéndose de un color parecido al carmesí furioso, había volteado su espalda para evitar las miradas, diciéndoles con ahogado tartamudeo "Yo-yo no dije eso Lucy"
Desde ese momento, Marina había eludido hablar del tema, hasta que "el-día de-los-tragos" se le había soltado la lengua de lo enchispada que estaba. Y desde ahí, ya no hubo más secretos. Era un día de Agosto, después de su cumpleaños número 16. Todo lo había propiciado Marina misma, quien influenciada por unas compañeras, logró hacerse a una botella de whisky. Se reunieron en la casa de Anais, un sábado como este, en que sus padres habían salido de la cuidad para visitar a unos familiares.
Cualquier espectador lo habría encontrado graciosísimo. Las tres sentadas en torno a esa botella, sin decir palabra, mirándola y dudando si servirse el primer trago. Nunca habían probado el alcohol.
- ¿A qué sabrá? –dijo Lucy, como de costumbre rompiendo el hielo-
- No deberías haber traido eso Marina – argumentó Anaís mientras le clavaba los ojos verdes-
- Pero si es solo una botellita, los mayores la toman sin problemas, tú y tu decencia… –se defendió Marina alzando sus hombros-
- Nosotras no somos mayores, Aún nos faltan años para que podamos tomar legalmente. –respondió la rubia-
- ¿A qué sabrá? –preguntó Lucy nuevamente, sin fijarse en la conversación a su alrededor, y colocando toda su atención en la botella-
- Si, ya sé que faltan cuatro años y que la mayoría de edad y todo ese bla, bla bla…pero es que nosotras tenemos ventaja! ¡Es como un salvoconducto!
- Marina ¿de qué hablas? ¿Qué ventajas tenemos? –siguió Anais, mirando de reojo a Lucy-
- Pues obviamente salvamos todo un planeta. ¡Que alguien me diga entonces si eso no merece una celebración decente! Cuántas de esas personas de 20 años han hecho algo así? Ah?ah?ah?
- Eso no implica que rompamos las reglas de nuestro país, si salvamos a un mundo, es nuestra responsabilidad ser consecuentes como heroínas.
- ¿Consecuente? De que nos sirve eso cuando nadie más que nosotras…¿¡Lucy!?
Lucy aprovechando la confusión, se había servido y tomado de un solo trago un vaso de la bebida alcohólica sin que ellas se dieran cuenta, pero al sentir el sabor había hecho una mueca de disgusto
- Es horrible! Guacala!
Marina y Anais al verla, se miraron, y olvidándose de su conversación, se sirvieron par tragos, para averiguar de lo que hablaba la pelirroja. Casi escupieron sus bebidas.
- Puaj! Puaj! –exclamaba Marina sacando su lengua-
- Ya sabía yo que sería horrible –protestó Anais dejando su vaso en la mesita-
- Me siento rara –mencionó Lucy, abriendo y cerrando los ojos con rapidez-
- ¿Y ahora qué hacemos? –preguntó Marina con desazón-
- Tirarlo, claro
- Anais, no voy a tirarlo, esto me costó mucho dinero!
- Entonces que sugieres, qué más podemos hacer…¡Pero Lucy cómo te tomas otro?! -gritó abriendo sus ojos sin dar crédito a lo que veían-
La pelirroja la miró con cara sonriente al terminar el segundo trago.
- No sé, tirarlo me pareció mala idea, y ¡mira que al segundo ya no sabe tan espantoso!
Marina tomó otro y constató lo que decía con una sonrisa
- ¡Es verdad! ¡Anais pruébalo!
- Aún me parece que esto no está bien
- Jijijijijiji que rara me siento –rió Lucy con ganas-
- Bueno, bueno, menos mal que esta noche no llega mi familia…si nos encontraran sería terrible
- Ya tómatelo Anais! –ordenó Marina-
Esa tarde rieron muchísimo, atontadas como estaban no se daban cuenta que al beber rápidamente se emborrachaban más rápido. De forma inevitable, en algún momento llegaron a la conversación habitual, aunque esta vez sería una charla muy diferente y que todas recordarían
- ¡Ahora si Anais, confiésalo! Dínoslo ya mismo –gritaba Marina sin ningún recato-
- Que no me besé con Paris, ¡así que no tengo idea de cómo besa!
- Pero cómo vas a dejar pasar esa oportunidad!- siguió alzando las manos-
- Yo no estoy segura si besé o no a Latis –interrumpió Lucy en ese momento-
Un grito de "QUEEE" se pudo escuchar a cuadras en la redonda
- ¿¡Qué besaste a Latis!? ¿¡Y cómo no puedes estar segura de eso!? –preguntó Marina sujetándola por los hombros-
- Es que fue Luz quien lo besó –respondió con un poco de rubor y un poco de tristeza-
- Eso vale si después de aceptar a Luz recuerdas como sabían sus labios –dijo Anais, sorprendiendo a ambas chicas-
- ¿Anais? ¿Y cómo es que sabes tú a lo que saben los labios de un chico? –inquirió la guerrera del agua con una sonrisa malévola-
- Yo… -dijo poniéndose más colorada de lo que ya estaba por culpa del alcohol-
- ¡Eres una envidiosa Anais! ¿Besaste a otro chico? ¡Cómo no nos cuentas!
- ¿¡Cómo no nos cuentas tú lo de Guruclef!?¿o lo niegas señorita? -contraatacó la rubia-
- Pues sí, yo estoy enamorada de Guruclef –dijo tumbándose en el suelo en medio de risas y de un acto casi teatral- a mí es la única que se me ocurre enamorarme de un niño de más de 700 años.
- ¿Y él te dijo algo? –preguntó la pelirroja, muerta de la curiosidad-
- No, y yo tampoco le dije nada
- ¡Y hace un momento te quejabas de que Latis no habla! –le regañó Anais-
- Latis si habla…¡y tiene una voz muy linda! –lo defendió Lucy -
- Define "linda" Lucy –le atizó Marina, recostándose sobre sus codos-
- ¿Linda? Es como…cuando…ehh..
- ¡Suéltalo! ¡Hasta yo lo admito!
- ¿Es …sex..sexy? -soltó mirando al piso queriendo desaparecer-
- Jajajajajajajajajaja –rieron las otras dos con ganas después de semejante declaración-
- Anaís, no te salvas, ¡aún me acuerdo! -exigió Marina-
- Cambio de pregunta –contestó con tranquilidad-
- Ummm ¡yo quiero preguntar! –dijo Lucy aún abochornada-
- ¿La vas a dejar salirse con la suya?¡Eso no es justo!
- Anais… y si ese chico hubiera sido Paris…¿te hubiera besado diferente?
- ¡La veo y no la reconozco!– rió con ganas Marina-¡qué pregunta! ¡Más whiskey para Lucy!
- No lo sé… tal vez. Puede que en ese caso hubiera sentido aquello de las mariposas –inició tímidamente la rubia con media sonrisa- y en ese caso hubiera querido seguir…
- ¡Y más Whisky para Anais! ¡Seguir QUÉ! ¡Seguir con QUÉ! Jajajaajajajajaaja
- No…no…seguir con el beso…que malpensada eres…¿cómo piensas que yo…? …¿o sí?
Eso fue más que suficiente para que todas soltaran una sonora carcajada
Ese día, a pesar de que la mañana siguiente se sintieron fatal, la pasaron muy bien. Se rió sola al recordarlo.
La sensación de ser observada le llevó a desviar su atención del regalo tan preciado que su espadachín le había dado. Sus ojos marrones se encontraron con los de un muchacho de cabello oscuro y ojos azules, de tez algo bronceada, el cual estaba de pie frente suyo, sostenido por uno de los barrotes verticales del vagón, y que la miraba fijamente. El hombre mantuvo la expresión solo unos segundos, para volver a dedicar su interés volteando la cabeza hacia el fondo del pasillo. Lucy reparó en su forma de vestir. Unos jeans oscuros, chaqueta negra y una camisa azul que llevaba por fuera de los pantalones. Tendría unos 20 años.
Al darse cuenta del análisis que estaba realizando, apartó su vista reflexionando acerca de lo incómodo que lo estaría haciendo sentir. Ella no quisiera ser escrutada de los pies a la cabeza de esa forma.
Alzó la vista por encima del muchacho, donde estaba el mapa de ruta del tren. La siguiente parada era la suya, y avanzó hacia la salida, la cual quedaba en la misma dirección donde estaba el hombre de cabello oscuro. Al parar el vagón, no pudo sostenerse apropiadamente, y tuvo que colocar su brazo en el mismo barrote del cual se sostenía el chico, con su mano a la altura del pecho del hombre. Ella no le volteó a mirar y al abrirse las puertas salió.
Al arrancar nuevamente el tren, ella ladeó su cuerpo, y nuevamente se encontró con esos ojos azules observándola.
Siempre llegaban tarde. Lo sabía, pero de todas formas, ella se presentó unos minutos antes. No era cortés hacer esperar a las personas, y era preferible llegar con antelación.
Se encontraba al frente del MOMAT, Museo Nacional de Arte moderno de Japón, donde esa tarde tenía cita con sus antiguas compañeras de lucha. Era un edificio blancuzco que se alzaba cuatro plantas, con amplias escaleras cercadas por dos columnas cuadradas. Turistas y locales entraban, salían y rodeaban la estructura con andar sosegado. Algunos se concentraban en catálogos que habían recolectado dentro del edificio, otros rebuscaban en sus bolsillos los yenes para comprar sus tiquetes, mientras que las personas que se acercaban hacia donde se encontraba, estaban pendientes del paso peatonal que tenían al frente, el cual los conduciría al Palacio Imperial.
¿Por qué Lucy decía que tenía una pista acerca de Céfiro en ese lugar? Aquello no tenía lógica, pero confiaba en sus instintos. Después de todo, ella había sido el último de los pilares de ese mundo. ¿Cómo contradecirla entonces?
Volvió a revisar su reloj…aún faltaban 5 minutos para la hora convenida. Visualizó una banquita de cemento libre al costado de la entrada del museo, por lo que caminó hacia ese lugar para sentarse muy derecha y tratar de mitigar la ansiedad.
Estaba terriblemente nerviosa. Constantemente juntaba sus manos para luego aprisionarlas sobre su pecho.
Tenía que calmarse. Se obligó a depositar sus intranquilas manos sobre el regazo. No quería que notaran sus verdaderos sentimientos. No quería emocionarse de la forma en que Marina y Lucy lo demostraban sin recato. No quería hacerlo porque así se trasformaba en algo real. Y de ninguna manera deseaba sentir desilusión si todo terminaba siendo un callejón sin salida.
Quiero besarlo esta vez, quiero que me bese, quiero sentir mariposas en mi estómago
Su primer beso había sido una experiencia tan decepcionante que no se había tomado la molestia de compartir la experiencia con nadie. Tanto le había dicho Lulú de lo magnífico que era, que le había generado enormes expectativas. Al no verse cumplidas, simplemente se sintió fuera de sitio y contrariada.
Había salido con Ronny porque se cansó escuchar la petición una y otra vez. No era que fuera odioso a la vista, pero el carácter extremadamente silencioso del chico no iba con ella; podían pasar largos minutos sin que ninguno de los dos colocara tema de conversación en medio de un silencio agotador para los sentidos.
Ronny era el hijo menor de un amigo de su padre, muy cercano a la familia Hououji, y se había acostumbrado a tratar con él desde la infancia. Su presencia era algo usual por lo menos una vez cada mes, pero no esperaba que estuviera interesado en entablar una relación. Nunca lo hubiera supuesto hasta cuando él hizo su declaración formal de "salgamos, a ver qué pasa"; palabras que le había dicho sin siquiera mirarla directamente, lo que inmediatamente le puso de mal humor.
Sin embargo su repetida insistencia la tenía entre dos paredes, una de nombre "incomodidad" y la otra con el letrero "aburrimiento" y por eso finalmente aceptó.
Sólo salieron dos veces, porque después de la segunda (cuando le zampó el indeseado beso) se negó a continuar con ese suplicio. Fue después de una invitación al cine. Al volver a casa, le invitó a una taza de té. Era temprano, por lo que su madre no se encontraba, al igual que su padre, pero Lulú estaba revoloteando por allí constantemente a la espera de una llamada de algún muchacho. Al sentarse a tomar el té, Lulú recibió la añorada llamada y salió despedida para que no escucharan la conversación. Fue en ese instante en que al momento de dejar el pocillo sobre la mesita, Ronny le tomó de los hombros y le dio su primer beso.
Y que insípido fue.
La prisa y la fuerza del muchacho lograron que más que besarle, le estampara sus labios contra la cara. Ella no pudo reaccionar de la impresión completamente negativa y de la nada absoluta que sintió en ese instante. El beso desganado terminó y Ronny, consecuente con sus palabras al invitarla a salir por primera vez, tampoco en esta ocasión le miró. Al minuto, Anais ya lo había echado muy cortésmente de su hogar, dejándole solamente un sabor insulso en los labios.
Ahí fue cuando se dio cuenta cómo se complementaban con su príncipe de mirada traviesa. En vez del inquietante aburrimiento que experimentó con Ronny, con él siempre se sintió cómoda, e incluso en las peores situaciones, sabían que contaban el uno con el otro. Nunca lo pensó así, pero Paris podría clasificarse como un "chico malo" de buen corazón. Esas sonrisas que terminaban en carcajadas, la forma en que de un momento a otro decidía enfadarle, esos ojos que reflejaban el sol y que parecían guardar secretos, incluso la forma en que le abrazaba, eran muy difíciles de mantener al margen sin tender a hacer comparaciones en las que Ronny y otros muchachos siempre salían desfavorecidos.
Ella enamorada de un "chico malo". Increíble. Jamás se visualizó de ese modo. Pero era irresistible.
El enorme temor de que él hubiera encontrado reemplazo para sus afectos era lo que la atormentaba. ¿Eso había ocurrido mientras ella se aferraba con desesperación al tierno recuerdo de aquella relación que dulcemente había bloqueado cualquier intento por formar una nueva?
Marina y Lucy tenían todo el camino por delante. Para ellas iniciaba la aventura de conquistarlos y ser conquistadas. Tenían suerte.
Presentía que Latis, por su forma de ser, no le entregaría afecto a cualquiera. Sólo Lucy podría derretirlo con su ternura y calidez. Por algo le dio el amuleto, el cual siempre la protegió, tal como pudieron evidenciar en la batalla contra Devoner. Lo único que temía podría estropear esa relación era la inseguridad de la guerrera de fuego.
Marina le preocupaba un poco más. Guruclef se veía como la clase de persona que antepondría el deber al amor. Pero ella tenía un carácter fuerte lo cual le ayudaría a perseverar, siempre y cuando el hechicero le dejara entrar a su corazón. Creía que había altas probabilidades, porque según les relató, a quien escuchó en su mente al terminar la batalla por Céfiro minutos antes de regresar a Tokio, fue a Guruclef. Eso podría ser un indicativo no solo de agradecimiento.
De todas formas, ella era la que más tenía que perder. Paris no se quedaría quieto y recorrería todo Céfiro ayudando a las personas. Pudiera que con tantas idas y venidas, apoyado en su personalidad, no pudiera resistir los encantos de alguna aldeana. ¿No fue así como terminaron juntos? ¿No fue Paris el que se acercó a ellas en primera medida?
Al ver acercarse a Lucy corriendo, salió de sus ensoñaciones, y se sorprendió de lo poco que en realidad había esperado.
