Hola de nuevo.
Muchas gracias a todas las personas que están leyendo esta historia.
Nambelle, Amanda, Julia Belmont leer sus palabras me animan a continuar. Gracias por sus reviews, espero que nos sigamos leyendo.
"Lo único que cura el miedo es el peligro auténtico. La reflexión aumenta el miedo. Los hombres que no piensan en la muerte no la temen. Pensar y no actuar es manantial de miedo. Ésta es la causa del miedo de los intelectuales."
- Miguel de Unamuno
Capitulo 4. Encuentros
Tiempo: Presente
Adam Izuki habló con la doctora Harris durante media hora más, muy pendiente a lo que ella tenía que decir acerca del episodio en la estación de policía.
Pero más que eso, aquella conversación tenía un propósito adicional escondido, y era conocer lo que más pudiera acerca de Noelle Harris. Debía averiguar la verdad detrás de lo que el Dr Eliott muy amablemente se ofreció proactivamente en comunicarle. Si estos doctores creían que ellos eran los únicos que debían acudir a la psicología, estaban muy equivocados.
El Doctor Eliott Fuwa había acusado a esta joven de algo complicado y grave, pero podría ser un producto de rehencillas generadas por la competencia ante una mujer brillante inmiscuyéndose en su carrera.
Él también había tenido que tratar con novatos. Pero ciertamente no con una Noelle Harris de piernas largas, ojos verdes y cabello castaño claro hasta la mitad de su espalda, el cual llevaba recogido en una coleta. Y no solo era su apariencia. Era ese rechazo instantáneo pero elegante, esa mirada franca pero seria, esa sonrisa profesional pero analítica y sobre todo, esa influencia, esa…disposición inequívoca de abrir su alma completamente ante ella si hacía la pregunta correcta (impulso que debía refrenar constantemente), como un poderoso dominio.
Si esa era la competencia del enjuto Eliott Fuwa, debería preocuparse. Y seriamente.
Esa mujer sin ser despampanante a la vista, poseía un "no sé qué" muy atractivo. Cualquier hombre podría gustoso conducirse a tratamiento si ella era la encargada de darlo. Así que la media hora fluyó rápidamente para el detective, el cual se sintió sumamente interesado en seguir con el caso.
Sin embargo, si lo que Fuwa decía era cierto…
Izuki salió del hospital siquiátrico, con el convencimiento que lo visitaría de nuevo, y en el corto plazo.
El acceso que comunicaba el cuarto piso con el quinto parecía una caverna lúgubre que sufriría un derrumbe en cuanto decidiera aventurarse a explorarla. Nadie subía al quinto piso a no ser por una razón especial, así que nadie le preguntó que hacía parada allí, mirando los escalones, evaluando cada uno de ellos como si fueran una complicada fórmula matemática.
No quiero subir
Pero debía hacerlo. Era importante que siguiera analizando al Sr Latis sin-apellido, pues sabía muy poco de él. Pronto necesitarían su reporte. Toda la noche había estado dándole largas al asunto, pero ya no podía escaparse de sus responsabilidades.
Miró su reloj. Al menos era más temprano esta vez. 10 pm.
Dio el primer paso, y luego el segundo…y así subió tímidamente cada uno de los escalones con un vacío en el estómago.
Al llegar al largo corredor, fijó la mirada en las luces del techo. Todo bien, iluminadas, sin problemas.
Miró hacia el piso. Pasó revista a las baldosas y aprobaron su examen.
Parecía seguro.
Caminó hacia la habitación, justo en la mitad del pasillo. Aceleró su paso al sentir un escalofrío y entró de un solo golpe con un portazo tal vez demasiado fuerte tras de sí.
Su paciente se quedó observándola detenidamente con esos ojos violáceos o-son-grises.
Maravilloso, ahora él es quien me va a analizar el comportamiento
Seguía atado a la cama de pies y manos, pero esta vez estaba más lúcido, más despierto. Ya no estaba drogado.
- ¿Se encuentra bien? –dijo con su característica voz grave-
- Si Sr Latis. Gracias por su preocupación. ¿Cómo lo han tratado el día de hoy? – pronunció buscando la silla para sentarse-
- ¿Sabe algo de Lucy? –preguntó opacando por completo cualquier otra conversación-
- Está en su habitación, está siendo tratada por uno de los mejores médicos de este hospital, para su tranquilidad.
El hombre se movió con repentina fuerza y tensó sus ataduras. Noelle se llevó un susto al verlo casi saltar de su cama y moverla unos centímetros de su puesto.
- ¡Ella no necesita esto! ¡Y usted lo sabe! ¡Está indefensa! – declaró furioso-
- Cálmese
- ¡Lléveme con ella!
- No puedo hacer eso si se sigue comportando violentamente. Podríamos arreglar algo si colabora.
De pronto la temperatura del cuarto bajó como si hubieran abierto una compuerta directamente al polo norte. Noelle respiró y vio como un vaho salía de su boca al entrar en contacto con el aire. Debajo de sus ropas, su piel protestaba como si le hubieran metido de cabeza en un rio helado.
Dejó de prestar atención a su paciente, y una vez más el miedo la hizo suya, como un amante fiel que regresaba desde la penumbra. Su corazón, que recordaba muy claramente los sucesos de la noche anterior, volvió a latir descontrolado, enviando impulsos de adrenalina a todo su cuerpo.
No es real
Las luces del cuarto se fueron apagando una a una, en intervalos cortos. Se extinguían como si unos dedos las aprisionaran en la oscuridad, divirtiéndose con ellas antes de hacerlo. Al final, sólo quedó una bombilla que iluminaba directamente sus cabezas. Rezó para que ese vestigio no decidiera también emprender la huida ante lo que se aproximaba hacia ella.
No es real. No es real.
El hombre estaba hablando con impaciencia, pero sólo veía como se movían sus labios, sin poder distinguir los sonidos.
Su mejilla rozó con algo. Asustada se paró de inmediato de su silla y giró su cuerpo, moviéndose en su sitio para tratar de cubrir todos los ángulos. Temblaba. Sus piernas, sus manos, todo su cuerpo temblaba, pero no reconocía si era por el frío o por esa sensación que le atravesaba la columna.
- ¡Suélteme! –gritó Latis detrás suyo-
Esta vez lo escuchó con claridad. Su voz era reconfortante. No estaba sola. ¿Podía ver él lo que estaba ocurriendo o estaba aprovechando la situación?
No le salió la respuesta. Su cerebro no procesaba correctamente las palabras. Se limitó a negar con la cabeza. Al hacerlo, unos dedos fríos, sobrenaturales, pasaron por su cuello en una caricia tenue. Soltó un grito que se oyó agudo, delirante.
El único bombillo comenzó a fallar. Se apagaba y volvía a encender rápidamente, a una frecuencia anormal, casi al ritmo de un pestañeo. Comenzó a ver su alrededor. Todas las cosas aparecían y desaparecían frenéticamente.
Se abrazó, tratando de retener el poco calor que conservaba en su cuerpo, y de calmarse para saber si su mente le estaba jugando una broma desquiciada.
No es real. No es real. No es real. NO ES REAL
Su monólogo se vio interrumpido bruscamente, y si antes creyó saborear el pánico, lo que en este instante sus ojos le trasmitían a sus neuronas le paralizó todos los demás sentidos.
¿Entonces eso era realmente el miedo? ¿Esa sensación de inevitabilidad?, ¿de desamparo absoluto? No pudo negarlo más, ahí estaba. La lógica se afanaba por ganar esa batalla, por pelear con sus últimas fuerzas, pero lo estaba viviendo, estaba allí, en frente suyo.
El motivo del remolino de dudas y de espanto estaba al fondo. Una forma humanoide, completamente negra, cerca de la puerta.
Entendió su propósito, la razón por la que ese ser estaba allí, presentándose desde la invisibilidad, tomando forma corpórea. Era simple, racional.
Viene por mí
Una furiosa llama azul brilló dentro del cuerpo oscuro, a la altura de la boca. ¿Era acaso una sonrisa? Nunca pensó que la visión de ese tranquilo, pacífico color pudiera provocarle tal repulsión, tal rechazo instantáneo.
Sonreía. Lo único que distinguía eran esos azules y filosos dientes en medio de toda esa negrura, succionando una oscuridad más profunda que los sueños de un murciélago en un profundo acantilado.
Y se acercaba
Dentro de su cuerpo podía distinguir otros seres, que se retorcían en su interior dolorosamente, en agonía infinita. Ese era el destino que le esperaba. Ese era el alimento que las tinieblas necesitaban.
Se acercaba
Lo perdía de vista cuando se apagaba la luz, y cada vez volvía a verlo más cerca, más sonriente, pero en un ángulo diferente, cambiando constantemente de posición, enloqueciendo sus sentidos ya estropeados por la desesperación y la impotencia.
Se acercaba
El ser estiró sus brazos, invitándola a su inconstante danza, a esa perdición, a esa noche eterna de la que era dueño absoluto
(Noe..lle)
En su cabeza se volvió un deseo irresistible acudir al llamado, a pesar de que sus pies decidieran retroceder hacia donde estaba su paciente, que gesticulaba y se movía con rabia.
(Ven…Noe..lle)
- NO! – gritó una vocecilla, llenando la estancia, provenía de todas partes, y de ninguna-
Quería responderle, quería hacerle saber que podría salvar su vida ¿Quién era? ¿Cómo era posible? Pero no podía, no podía.
El influjo del ser era cada vez mayor; largas tenazas etéreas le seducían, le sujetaban y lograban por irónico que fuera, calmar el espanto que se reciclaba en su alma. En la oscuridad encontraría todo, estaría en paz, serian uno.
(Noelle…dul..ce Noelle, deli..ciosa Noelle)
- Nolly, DETENLO! –dijo de nuevo la voz, impaciente, terriblemente asustada-
Sintió cómo unas manos le tomaban, y su corazón, cansado de tan ardua labor, dejó de luchar.
- ¡NOOOOOOLLY! -escuchó a lo lejos-
Estoy perdida
El detective llegó a su hogar después de hablar con la doctora Harris. Al abrir la puerta de su departamento, un olor a carne quemada inundó su nariz al mismo tiempo que un ligero humo le recibía a la entrada.
- ¿Matt…otra vez? – gritó frunciendo el ceño mientras dejaba el saco en el perchero a su izquierda-
Su único hijo salió corriendo de una de las habitaciones del fondo hacia la cocina con rostro preocupado, urgido por atender el pequeño incendio que la sartén estaba produciendo al olvidarla para dedicarse a sus estudios.
- Quería hacer la cena...pero creo que es mejor pedir una pizza. –dijo al tiempo que tiraba el pedazo de carbón que antes se llamaba bistec a la cesta de la basura- Bienvenido a casa. ¿Cómo vas con este nuevo caso? Se te ve cansado.
- Uno de los más raros, con locos involucrados –mencionó- ¡pero tiene cosas buenas!. Hoy estuve en el hospital donde está recluida la parejita que estamos investigando por asesinato y conocí una mujer fuera de serie. Quedé un poco prendado…parecido a cuando hace unos meses estuviste en las nubes por esa chica de secundaria. A propósito… ¿qué fue de ella?
- Umm, no lo sé solo desapareció. ¿Y ya encontramos entonces madrastra? –opinó de forma apresurada para cambiar de tema, pues que esa chica se esfumara le preocupó, y para ser más sinceros, le dolió en el alma-
- ¡Soñar no cuesta nada! Aunque es un poco joven… tendrá como 27
- ¡27! ¡Papá por favor! ¡Doce años! Sería mejor que me la presentaras a mí.
- Envidia, envidia. Además tu solo tienes 20 –recalcó revolviendo papeles en su maletín- voy a darme una ducha. Llama a los domicilios, que muero de hambre.
- Muy bien
EL Sr Izuki se adentró en el departamento y al poco tiempo Matt escuchó el sonido de la ducha abriéndose y el agua fluyendo. Se acercó a la mesa donde estaba el teléfono para marcar el número de una pizzería cercana y al hacerlo, notó que su padre había dejado un expediente fuera del maletín, justo al lado de donde él estaba. Sabía que no debía hacerlo, pues una investigación en curso sólo puede ser conocida por los detectives involucrados, pero la curiosidad lo venció y abrió con mucho cuidado la carpeta.
Su mente se llevó una sorpresa al ver una de las fotos. Y no era la escena de la brutal muerte, que alcanzó a ver en otra foto, ni la sangre desparramada por las paredes, ni el mensaje escrito con tinta roja, ni el cadáver de la mujer tomado bajo distintos ángulos. Era la foto de una muchacha, de una hermosa pelirroja de ojos marrones quien lo miraba con tristeza y desolación. Una mirada muy parecida a la que le dedicó el último día que se vieron, meses atrás, pero que no era usual en su carácter alegre y amigable, el cual lograba implantar un rayo de luz en su corazón con cada gesto y palabra. La chica de la que se había enamorado estaba ahí, en ese retrato, clamando ayuda.
Lucy
Noelle sabía que estaba recordando, pero no sabía porque.
La oscuridad le había tomado...¿Qué tenía que ver todo eso con la paciente del 103C?
A pesar de eso, recordaba...inmersa en las tinieblas de la conciencia, en la nada, ese evento parecía importante.
Hacía cuatro meses conocía a Lucy Shidou. En ese entonces no sabía su verdadero nombre y le llamaba "Amai" un apodo que le habían colocado las enfermeras para describir su carácter dulce y afable. Un amigo de la universidad, el cual trabajaba en un hospital público le había llamado para conocer su opinión acerca de una pelirroja que había ingresado dos mes atrás con heridas traumáticas, pero que no recordaba ni su propio nombre. El sabía acerca del interés que Noelle tenía en el estudio y tratamiento de la amnesia, y nadie negaba, después de su famosa publicación hacía un año, que se había convertido en la médico más innovadora en esa especialidad. Pocos conocían que ese interés radicaba en que estaba tratando de curarse a ella misma.
Había accedido a que la hipnotizara, una práctica algo inusual pero efectiva cuando se trataba de traer recuerdos bloqueados por la propia mente. Debían averiguar todo lo posible acerca de ella, ya que Lucy en ese momento no recordaba nada. Fue una de las sesiones más escalofriantes de su vida, no sólo por la esquizofrenia que descubrió, si no por lo que ocurrió después. Tal vez era por ese evento, ese evento que le evocaba el miedo más absoluto, que su mente había saltado a ese particular recuerdo.
Estaban en el consultorio de su colega, ella sentada al frente de la muchacha, quien aún llevaba un brazo vendado, cuando comenzaron con la sesión.
- ¿Cuál es tu nombre? – comenzó Noelle mientras guardaba el artefacto que había usado para que Lucy quedara en ese estado intermedio entre la conciencia y la inconciencia-
- No lo sé –fue la respuesta-
- ¿Quién eres?
- Soy… alguien importante, pero no acá -aseguró arrugando el ceño-
- ¿No acá? ¿Te refieres al hospital?
- Me refiero a la Tierra
- ¿Dónde eres importante, si no es en la Tierra?
- En otro mundo, donde las montañas flotan
Aquello no tenía sentido. Decidió ir por otro camino
- Necesito que vayas al pasado, antes de que te trajeran al St Lukes. Dime que fue lo último que viste.
- ¿Al pasado?¿Debo ir al pasado? ¿Así sea doloroso?
- Si, debemos hacerlo para ayudarnos a conocer tu presente.
Su paciente de pronto se irguió en la silla donde se encontraba, y colocó sus manos como si de dos garras se trataran sobre los descansabrazos. Su expresión se hizo fuerte, pero también había algo en sus gestos que le atormentaba.
- Cálmate. Recuerda que lo que estás viendo no puede hacerte daño. Está en el pasado
- ¡Estoy luchando!¡ No puedo bajar la guardia! – le espetó con furia-
- Cálmate. Respira. Estás viendo todo desde afuera, no te involucres. Ahora dime, ¿Por qué estás luchando?
- Soy yo, lucho contra mí misma. –mencionó con un poco más de calma, pero visiblemente trastornada- Ella quiere matar a todos los que amo. Quiere matarlo a él y a mis amigas. Él está herido y yo trato de alcanzarlo, pero no puedo.
- ¿Quién quiere matarlos? –pasó saliva nerviosa-
- Yo, soy yo… pero diferente. Es otra persona.
- ¿Tú quieres matarlos?
- ¡NO! Yo no quiero, ELLA quiere matarlos! Pero es que ella…soy yo.
Después de esta declaración, su paciente grita y se mueve frenéticamente en su silla. Noelle no puede dejar pasar aquella inesperada confesión.
- Esta lucha, ¿ocurre en la vida real? ¿O Estás luchando en tu mente?
- No, es real, muy real. Estoy sangrando y el sufre. Todos sufren. Debo detenerla. No importa que él no me ame. ¿cómo podría amarme después de lo que hice?
- ¿Qué hiciste? ¿Quién es el, cuál es su nombre?
- Nunca podrá perdonarme. Yo asesiné a su hermano. –dijo entre sollozos-
La médico quedó fría. Jamás pensó que escucharía algo así de los labios de esa muchacha. Si tenía enterrado en su mente semejante cosa, si había cometido realmente ese acto atroz que estaba confesando, debería analizarla mejor.
- ¿Has matado a alguien?
- Sí. A dos personas. A su hermano mayor y a…una chica, una chica del que se había enamorado. –la paciente se quebró en llanto-
- ¿Y los asesinaste tú?..¿o esa otra persona que me dices que eres tú?
- No, fui yo. Ella apareció después. –dijo negando con la cabeza
- ¿Y fue un accidente? ¿Esas muertes…cómo ocurrieron?
- No. Los maté estando muy consciente de lo que hacía. Al hombre lo hicimos desaparecer y a la chica, le clavamos una espada. Quiero irme de allá, no quiero ver como ella los asesina por mi culpa. Déjame ir –suplicó con ojos vacíos-
- ¿Alguien más te ayudó a matarlos?
- Las tres lo hicimos.
- ¿Quiénes son? ¿Cuáles son sus nombres?
- ¡Lo liberó! – gritó con entusiasmo-¡está libre! Pero…pero… NOOOOOOOOOOOO –su chillido se hacía más fuerte, las lágrimas le resbalaban por el rostro y se levantó de la silla dispuesta a correr-
Esta paciente no podía permanecer en el St Lukes. Era peligroso para los demás tener cerca y sin observación a una persona que en cualquier momento podría recordar quien era y arremeter contra otros. Noelle Harris sabía que no podría obtener más información sin que la sesión entera se saliera de control; así que intervino, a pesar de que su curiosidad profesional estaba disparada hasta el techo. Se levantó de su silla y se paró al frente.
- Escúchame. Cuando cuente tres saldrás de ese sitio, y te sentirás flotando momentáneamente en un sitio plácido hasta que yo te indique como volver, ¿de acuerdo?
La chica la miró sin verla, su respiración estaba acelerada y sus manos cerradas en puños
- ¿De acuerdo? ¿Me escuchas? –repitió con fuerza-
- Si…si -tartamudeó con inseguridad-
- Uno…dos…tres
Su cuerpo perdió aquel impulso y sus rodillas fallaron. Noelle la detuvo justo a tiempo en el camino hacia el suelo, sosteniéndola por la cintura. Pero fue ahí…fue en ese estado, que lo escuchó.
El recipiente vacío que en ese instante no tenía dueño giró su cabeza para verla con unos ojos sin fondo y hablarle con una voz muy diferente. Era una voz oscura, profunda, que las cuerdas vocales de la paciente nunca serían capaces de articular.
- Sé lo que ocurrió en aquel incendio, deliciosa Noelle
Y fue con el recuerdo de esas palabras que Noelle despertó en un cuarto del hospital psiquiátrico donde trabajaba, teniendo el vago sabor de que algo muy malo le había ocurrido en el quinto piso; pero a pesar de saber eso, no se sentía mal. De hecho, estaba aliviada… y extrañamente…casi…eufórica.
No sabía cuánto tiempo había pasado. Lucy estaba tendida en la cama hacia un costado, mirando la blanca pared de la habitación, recuperando sus fuerzas después de aquella inyección que el médico de fríos ojos azules le había propinado con un fin muy específico: que le dijera todo lo ocurrido en lo que él llamaba "incidente". No recordaba qué había dicho, solo fragmentos de la conversación. Algo tenía que ver con su anterior médico, la doctora Noelle.
No quería derrumbarse, pero se sentía muy sola e indefensa. Como para darse ánimos, se abrazó y apretó sus piernas en posición fetal. La tenue manta con la que se cubría no ayudaba mucho a combatir el intenso frío que percibía.
Era de noche. Lo sabía sólo porque percibía sutilmente el aumento de la presencia de ese ser.
El estar drogada le hacía más vulnerable. Lo supo cuando en la madrugada, antes del alba, sintió cómo elinvadía su cuarto y le hablaba a través de imágenes a su cabeza, cosa que había logrado evitar por algún tiempo. Si su mente no estaba clara, no podía hacer nada por bloquearlo, y terminaría…con su vida. Si sólo ese médico le escuchara, le creyera… ¿Qué había pasado con la doctora Harris? Ella le había ayudado mucho a ser más fuerte, lo que le había dado herramientas para mantenerlo a raya. ¿Por qué esta vez la habían reemplazado con ese escalofriante hombre?
Lo único que le alegraba era que sus amigas y su espadachín estaban a salvo. No importaba que Latis ya no le amara, ¡ella sí lo hacía!, lo amaba con todo su corazón y por ningún motivo quería que saliera lastimado por su culpa.
Su alma aún le dolía cada vez que pensaba en Latis y su tristeza era muy grande. Por un tiempo fue inmanejable. Pero sería peor arrastrarlo a él también a su mundo de penumbras y miedos. Si él estuviera a su lado sólo le generaría problemas. Era mejor así.
Cerró sus ojos y quiso pensar en aquella noche en que finalmente lo vio después de tanto tiempo. Hubiera sido mejor sólo quedarse con ese recuerdo. En las cosas pequeñas está la felicidad.
Ruidos de vidrios que se estrellaban contra el piso, seguidos de gritos cercanos a su habitación, interrumpieron sus pensamientos. Se levantó como pudo de la cama, con toda la rapidez que su mareada cabeza le permitía y se acercó para escuchar mejor. Había recorrido tres pasos llenos de nauseas, cuando tras un ensordecedor crujido la puerta se abrió de golpe… y…
No….
Su corazón se partió de nuevo–si quedaba algún pedazo de él, después de todo lo que había visto- y sin pedirle permiso, sus ojos comenzaron a derramar lágrimas. Lágrimas silenciosas que rodaban por sus mejillas al verlo, al ver a su espadachín al frente suyo, con sus ropas estropeadas, jadeante y fijando sus hermosos ojos en los suyos.
Un enfermero macizo y musculoso trató de doblegarle, agarrándole por los hombros, pero Latis le golpeó con fuerza en la nuca, dejándole tendido en el suelo. Gritos de otras personas se escuchaban por todas partes, incluidos los de los mismos pacientes, que habían oído el alboroto y contribuían al ambiente lanzando aullidos, groserías, improperios y golpes contra sus propias puertas y paredes en los cuartos contiguos
- ¿Cómo es que estás acá? – dijo ella sin atreverse a acercarse más, con varios tonos de preocupación en su voz-
Latis no le dijo nada, y separó la distancia entre los dos rápidamente con una zancada. Su frente se arrugó al detallar el estado en que se encontraba la pelirroja. Se veía tremendamente pálida, con grandes círculos violáceos alrededor de sus ojos, y temblaba ligeramente, sobre todo en sus piernas, que estaban realizando un esfuerzo evidente por sostenerla en pie. Su cabello, antes luminoso, se veía ajado, sin vida y revuelto. Sólo un pensamiento afloró en su mente al sentir un dolor muy diferente al físico, y era la apremiante necesidad de protegerla, de salvarle.
Iba a levantarla en brazos cuando cuatro hombres irrumpieron con violencia en el cuarto: dos enfermeros de considerable estatura, uno de ellos sosteniendo en su mano derecha una pistola aturdidora, y dos guardias de seguridad que le apuntaron con sus revólveres
- ¡Deténgase AHORA! –gritó uno de los guardias-
Latis se volteó para enfrentarse a ellos, pero Lucy se adelantó en frente suyo, cubriéndolo con su cuerpo.
- ¡No le hagan daño! –suplicó hacia los intrusos-
El espadachín reaccionó en segundos al ver cómo salían aquellos cables del arma que había accionado uno de los hombres y apartó a la chica para recibir la descarga. Lucy cayó al suelo confundida y gritando su nombre.
Su amado resistió lo que más pudo, pero la descarga eléctrica lo doblegó, haciendo que sus rodillas flaquearan. Pudo ver cómo lo rodeaban. Tuvo la sensación que los hombres se habían convertido en cuatro buitres que se lanzaban sobre una presa para roerla con sus afilados picos. No pudo tolerarlo y se levantó para quitarles de encima, pero con tan sólo un empujón volvieron a dejarla fuera de pelea.
¡¿Por qué estoy tan débil?! ¡Debo hacer algo! ¡Latis!
Se estaba levantando nuevamente, pero sus piernas temblaban con violencia. Decidió que así fuera arrastrándose llegaría hasta él. Pero entonces uno de los enfermeros sacó una jeringa, y la clavó con premura en el antebrazo del espadachín, quien seguía revolviéndose, hasta que dos segundos más tarde, dejó de moverse.
