Sé que me he tardado más de la cuenta en publicar. ¡Lo siento!
Esta historia es todavía un laberinto del cual hemos explorado solo algunas esquinas, pero ya lo iremos descubriendo poco a poco. En el presente capítulo aclararemos algunos interrogantes, y comenzaremos a formar otros. Adicional, posee una pequeña picardía a la cual no me pude resistir. Me cuentan si les gusta.
El apartado final fue uno de los motores para darle vida a "Es tan sólo tu imaginación" y como es usual en mi, se asocia a una canción.
Nambelle, Ascella Star, ustedes saben lo feliz que me hace ver sus reviews, como les he dicho en varias oportunidades, no sería lo mismo sin su compañía. A los demás lectores,muchas muchas gracias. Espero poder leer su opinión y lograr mantener su atención.
And I will make sure to keep my distance
Say "I love you" and you're not listening
- Distance, Christina Perri
Capitulo 5. Distancia
Tiempo: Pasado - De Ocho a Siete meses Atrás
Después del encuentro en el metro con esa pelirroja que sostenía semejante objeto en las manos no pudo contenerse y se comunicó con Irina y Oziel tan pronto bajó una estación más adelante. Lamentó no haber salido del tren siguiendo a la chica, pero estaba seguro de que ella lo había notado, y era mejor no levantar sospechas.
Se encontraron una hora después, en un café cerca a la universidad de Irina. Ella estaba visiblemente agotada. Con seguridad la noche anterior había sido un infierno. Grandes círculos violáceos circundaban sus ojos avellana, cuyo brillo había menguado desde la primera vez que se vieron y se tornaban cada vez más oscuros, como lodo revuelto, retratando un conocido horror que se cernía sobre los tres y se había ido incrementando a medida que pasaban los días.
- ¿Qué demonios quieres? – increpó tan pronto se sentaron, mientras despachaba al mesero con un hastiado movimiento de su mano-
- Deberías calmarte Irina. No es bueno para el corazón...tanto stress te puede matar. –le respondió el muchacho de cabello negro y ojos azules, sonriendo ligeramente, pero con esa mueca característica que relataba que estaba aguantando las ganas de aplastarle de un solo parpadeo-
- ¿Calmarme? –hizo una pausa, y el aire a su alrededor se detuvo por unos segundos, dejando claro a sus compañeros que por ningún motivo lo haría- No vengas acá a decirme nada, niño bonito. Veo que has podido dormir, ¡es a mí la que me ha tocado lidiarlo por casi dos semanas! Y sabes lo que ocurrirá si continuo así. – se levantó de un solo golpe de su silla, y parte de los objetos que estaban en la mesa flotaron ligeramente al hacerlo, para luego caer con violencia sobre la superficie de aluminio-
- Entonces no te interesa saber que podremos hacer un pequeño intercambio… con otra persona. – comenzó de forma melosa, arrastrando la última frase en su boca, y mordiéndose el labio inferior con satisfacción, mirando hacia el vacío-
Irina le miró con una mescla de furia y curiosidad. Oziel, quien hasta ese momento había permanecido callado e inmóvil adelantó su cuerpo, dejando sus ojos fijos en el hombre de cabello negro.
- ¿Qué quieres decir? –interrumpió Oziel- ¿qué hay una manera de liberarnos?
- Espero que no estés pensando en mi familia – intervino Irina, aún de pie – ya lo hemos discutido muchas veces.
- No, querida –inició el hombre con la sarcástica calma que solía proyectar a su alrededor- hoy he visto un objeto de uno de los mundos, colgando del cuello de una pequeñaja.
La muchacha se sentó tan rápido como se había erguido y le tomó del brazo, urgiendo que continuara con su relato.
- ¿Quieres decir que ha viajado?, ¿pudiste verlo en su energía? –preguntó impaciente, y haciendo que sus ojeras se marcaran de una forma atroz en su rostro-
- Si, y por las vibraciones, creo saber de dónde proviene. –calló momentáneamente y continuó, esta vez con una sonrisa más auténtica- Céfiro… su poder es impresionante.
- Es la perfecta tentación –dijo Oziel con la boca abierta, dejando ver sus pequeños dientes- ¿crees que hayan más como ella?
- Puede que sí. Debemos averiguarlo
- ¿Sabes su nombre, donde vive, cómo contactarle? –Irina respiraba anormalmente y clavaba sus uñas en el brazo que aún tenía apresado-
Esos ojos azules le dieron una advertencia clara, sucinta, e Irina lo soltó de inmediato.
- No. Pero hay formas de averiguarlo ¿no? Viajaremos esta noche.
- Lucy.. .dinos que te llevó a la conclusión de que acá encontraremos algo acerca de Céfiro –dijo Marina al recibir de la mano de Anais la entrada que habían comprado-
- No seas impaciente, creo que es muy buena idea gastar nuestra tarde en una actividad diferente, además hemos tenido un descuento por ser estudiantes. Costó 130 yenes. –replicó la rubia-
- No le ayudes. Todo esto es muy misterioso
- No te preocupes Marina, lo verás en poco tiempo –sonrió Lucy tomándola del brazo y empujándola a través de la galería principal-
El MOMAT era un museo con un diseño precioso. La galería principal las recibió con un imponente espacio a doble altura, iluminado por un lucernario. La estructura era en realidad cuadrada, compuesta por cuatro pisos, comunicados a través de rampas. Anais alzó su rostro y se encontró siguiendo una de las columnas cirlíndricas, la cual terminaba en el centro de un tragaluz triangular, rodeado de luces artificiales. La luz entraba justo donde era requerida, y transmitía tranquilidad.
Subieron hacia el cuarto piso. Las galerías se extendían a partir del espacio concéntrico que lograba la doble altura. Un largo, amplio y elegante pasillo las recibió, con su piso marmolado encerado y brillante. En el techo, varias claraboyas circulares remataban el estilo claro y reconfortante del edificio.
- Qué hermoso es –dijo Anais, embelesada, sin reparar las obras de arte colgadas de las paredes-
- Es por acá, ¡síganme! –caminó Lucy con paso decidido atravesando el pasillo hacia las galerías interiores-
Entraron a la galería número 3. Allí el piso era dos tonos más claro que el techo, el cual era negro, iluminado por luces artificiales. Diferentes cuadros estaban dispuestos en el perímetro de cada sala que conformaba la galería, y en el piso se observaba una demarcación precisa de la distancia que debían guardar los visitantes con respecto a las pinturas. Lucy comenzó a buscar, mientras sus dos amigas caminaban con tranquilidad observando las obras. Finalmente un grito de gozo interrumpió la atmósfera silenciosa. Varias personas las miraron con desaprobación ante el pequeño escándalo que la pelirroja había formado.
- ¡Es acá! ¡Vengan!
- Habla más bajo – le reprendió Anais cuando llegó a su lado, pero cuando levantó su mirada, quedó pasmada, al igual que la antigua guerrera del agua, la cual estaba completamente congelada ante la pintura-
- Nos trajeron acá en una excursión de la escuela, y tan pronto la vi, supe que había esperanzas – les contó Lucy sin darse cuenta del shock por el que estaban pasando sus amigas-
La pintura mostraba una llanura verde, con formaciones negras al fondo, vista desde las alturas. Un cielo azul enmarcaba el conjunto, pero había un detalle en primer plano que lo cambiaba todo.
Una montaña flotante, con majestuosos cristales alargados en composición hexagonal, sobresalían del prado verde que la formación reservaba sobre la roca colgante. Las nubes se arremolinaban a su alrededor como copos de fino algodón disputándose el protagonismo sobre la montaña al espectador.
Era Céfiro. Era Céfiro desde las alturas, y la montaña, parecía el templo de Windom.
Recuerdos gratos se apropiaron de las tres chicas. Incluso Anaís alargó su brazo intentando tocar el templo de su genio. Faltaba poco para que hiciera contacto con el lienzo de colores vivos cuando una persona se les acercó a sus espaldas y las sacó a la fuerza de su ensoñación.
- También me intriga –dijo el muchacho a sus espaldas, con voz clara y sincera- ¿verdad que esa montaña es completamente misteriosa? Pero yo no haría eso. Hay un sistema de seguridad que no contempla a lindas niñas en estado de éxtasis.
Todas voltearon al escucharlo. Se encontraron con un muchacho sonriente, de cabello castaño y ojos luminosos. Llevaba unos jeans azules y chaqueta café oscura. Aparentaba unos 25 años bien cumplidos.
Como ninguna de ellas habló de inmediato, el sonriente visitante continuó
- Tiene magnetismo, ¿eh? –pronunció avanzando hacia el cuadro, al tiempo que ellas se apartaban para dejarle el camino libre- lástima la historia de la artista.
- ¿Sabes quién la pintó? –preguntó Lucy acercándose al chico-
- Sólo repito lo que dicen los guías de este museo –replicó el voleándose para verla de frente- cuando veo este cuadro pienso en extraterrestes. –dijo cerrando con una carcajada y moviendo sus dedos en el aire para espantarlas-
Marina pasó saliva y volteó a ver a Anais, quien con los ojos le trasmitió inquietud y reconocimiento. Lucy sin embargo, siguió hablando con el hombre, con entera naturalidad, preocupando a sus compañeras.
- Eres gracioso. ¿Vienes seguido por acá?
- Trabajo cruzando la calle. Trato de relacionarme en el gremio de los guías de museos, y por eso sé algunas historias – le contestó afablemente- porque ciertamente no haré carrera si sigo imitando a James Hetfield mientras canto con mi escoba.
- ¡No te veo haciendo eso! – rio Lucy –
- Tengo muy buen repertorio. Debes ir a verme limpiar los pisos un día. Estoy pensando grabar mi primer álbum "Master of Mop-peds" –pronunció entre risas, alzando una mano enfatizando las dos palabras con un movimiento, tal como si viera un cartel en el aire- ¿entendiste? –le preguntó al ver la expresión confundida de la pelirroja- Master of Puppets…el disco de Metallica…¿Hetfield…Lars…? no me digas que no te suena! y Mop..trapero en ingles…no te ríes…Mop de trapero…. yo limpio pisos…eh….no importa…déjalo así.
- Lucy…. –le susurró Marina al oído- no es bueno que le hables tan confiadamente
- ¡Oh no se preocupen! –interrumpió el muchacho con elocuencia- Aún no se me ha subido la fama a la cabeza. Te aseguro que mientras mi disco no salga a la venta, no cobraré por entrevistas ni por autógrafos.
Marina se sonrojó furiosamente al verse descubierta, pero a pesar de eso se llevó las manos a las caderas y adelantó su cuerpo en señal de enfado
- ¡Desde un comienzo no estábamos hablando contigo!
- No te sonrojes tanto –argumentó el chico sonriendo-
- ¿Señor, Puede decirnos la historia del pintor? – salió Anais para calmar los ánimos de una Marina que ya estaba echando fuego por los ojos-
- No me digas "Señor", que me siento viejo! Su nombre era Ivee Ninomiya. Se dice que tenía poderes para ver otros mundos
- ¿Ver otros mundos? –interrumpió Lucy- ¿Cómo?
- Jajajaja …. Por tu expresión pareciera que quieres ver algo así. Dime que por favor no vas a tratar. Para mí que se drogaba mucho, y que lo de esa supuesta "videncia" no es más que un cuento. Acabó arruinada, su esposo la abandonó y se llevó a sus dos hijos. Murió loca y sola. Pero aquello de estar cu-cu se lo pasó a su descendencia, porque generación tras generación se cuenta que tenían alucinaciones, pero eso puede ser un mito para hacer más picante todo el asunto.
En ese instante, un joven de unos 20 años, con overol azul rey se les acercó tratando de no correr, pero caminando muy a prisa, atravesando la sala
- ¡Eric! ¡Hey tontarrón!, el supervisor te va a matar si no te vas ya mismo para el Palacio. Tu descanso terminó hace rato.
- No me pueden ver hablando con tres hermosas jovencitas sin interrumpir –se disculpó Eric con gesto aburrido, sonriendo hacia Lucy-
- ¿Te llamas Eric? –preguntó la pelirroja-
- Eric Colt. A tu servicio preciosa, y el tuyo también –se dirigió hacia Marina –
- Yo soy Lucy Shidou. ¡Mucho gusto!
El joven conserje comenzó a hacerle gestos para que se apurara, y Eric finalmente se despidió, saliendo de la galería acompañado de su amigo.
- ¿Por qué le diste tu nombre Lucy? –preguntó Anais-
- No lo sé. Creo que es una buena persona.
- Está loco al andar por ahí metiéndose en las conversaciones de los demás –replicó Marina todavía con las mejillas carmesí-
- Creo que si nos encontráramos en otra situación, no dudaría en ayudarnos, así como lo ha hecho hoy –le dijo Lucy con una sonrisa-
- A mí no me cae bien. Es un egocéntrico.
- Bueno, lo importante es que tenemos algo que investigar –argumentó Anais- debemos buscar toda la información acerca de Ivee Ninomiya
- ¡SI!
No las dejaron pasar de inmediato al llegar al hogar de ancianos. Era sábado y había muchísimos visitantes, por lo que los familiares tenían prioridad absoluta para entrar. Personas que decían ser conocidos o amigos eran relegados y tomaban turnos para ingresar.
Ante la negativa cortante de la recepcionista para acceder las tres al mismo tiempo, decidieron que Anais era la más indicada para averiguar lo que deseaban saber. Ella descubrió tras constantes búsquedas en internet y múltiples llamadas telefónicas, el paradero de una de las descendientes de Ivee Ninomiya. Además por su carácter, podría ser más sencillo que dialogara con la anciana de 85 años.
De esa forma, después de esperar unos 20 minutos, Anaís fue conducida hacia un enorme salón de ventanales amplios que daban contra un jardín. Allí estaban sentados los ancianos en cómodas poltronas distribuidas por el vasto espacio, quienes eran objeto de las visitas de sus amigos y familiares. Anais no había podido encontrar una foto reciente de Kazuyo Saigo, por lo que tuvo que preguntar a varios abuelos por la persona que buscaba. Finalmente un anciano le señaló a una mujer que miraba hacia los jardines desde su silla de ruedas, a su derecha.
Se aproximó a ella suavemente, y le llamó
- Disculpe, ¿es usted la Sra Kazuyo Saigo? –preguntó con delicadeza-
La mujer se volteó y la observó detenidamente. No aparentaba los 85 años que había leído debía tener. A lo sumo podría ponerle unos 70. Y eso tendía a disminuir al observar sus inteligentes ojos avellana. Su cabello era completamente blanco y su tez delgada tenía algunas manchas producidas por el sol.
- Soy yo –dijo pausadamente, con mirada astuta y evaluándola de pies a cabeza- ¿quién quiere saberlo?
- Ni nombre es Anais Hououji –respondió inclinando su cabeza con respeto- mucho gusto
- ¿Y qué asunto trae a una jovencita como tú a un lugar como este? No te conozco. ¿Eres amiga de alguno de mis nietos?
- No señora. Yo quisiera saber si tiene la amabilidad de contarme acerca de un antepasado suyo. Estoy realizando una investigación acerca de Ivee Ninomiya.
La Sra Kazuyo guardó silencio. Su mirada lo decía todo. No confiaba en ella, ni un poco.
- No tengo nada que decir respecto a ella, y menos si me mienten. –sentenció volteando su silla-
- ¿Mentirle? No…yo no le estoy mintiendo. Le pido que me ayude, por favor –suplicó la rubia, acercándose un poco más-
- Tú no vienes a realizar ninguna investigación. ¿Qué estás escondiendo? –inquirió sin dejar de observar el jardín y los destellos que el sol producía en las ramas de los setos-
- No…no estoy escondiendo nada –dudó al decir esto. ¿Era prudente seguir con el juego?-
- Vamos jovencita. Tienes el alma clara. Puedo ver a través de ella con facilidad. Sé que no guardas malas intenciones, pero ciertamente te mueve otro interés distinto y tiene que ver con algún mundo diferente al nuestro. Veo en ti vestigios de una energía…digamos inusual.
- ¿Energía inusual? – se sorprendió abriendo sus ojos y llevándose la mano al pecho-
- Si –dijo volteándose nuevamente, y enfrentando sus ojos avellana con los verdes de ella- mi poder no se acerca al de Ivee, pero tengo algunos dones.
Cuando Anais finalmente salió del hogar, se veía pálida y trasfigurada. Lucy y Marina se acercaron con preocupación, pero luego de escuchar sus preguntas insistentes, sólo se atrevió a balbucear:
- Ella…no quiere ayudarnos. Pero me dirigió hacia alguien que si lo hará
- ¿Por qué no desea hacerlo? –preguntó Lucy-
- Porque tiene miedo
La hermana de la Sra Kazuyo vivía en una enorme casa de dos pisos que al ojo de cualquiera estaba más que descuidada. No era una exageración decir que era casi una ruina.
Se pararon en frente de la acera a detallar el sitio donde habían dado a parar.
La pintura había sido blanca, pero la humedad la había estropeado, dejándole un tono amarillento e incluso marrón en algunas esquinas. En varios sitios se había caído el recubrimiento de las paredes y grandes trozos de cañas y esterilla salían de la estructura sin que hubiera nada que se lo impidiera. Una cerca rodeaba el lugar, de palos informes unidos con cuerdas. Para completar, las ventanas de ambos pisos estaban selladas con tablas y la puerta de madera se veía desgonzada y roída en las esquinas. Esa casa no parecía habitada por nada más que fantasmas.
- ¿Estás segura de que es acá Anais?
- Si Marina, es la dirección
- Tengo un mal presentimiento de todo esto –siguió arrugando la frente y torciendo sus ojos-
- Estamos dispuestas a lo que sea para volver, ¿no es así? –dijo Lucy con seguridad-
- Sí, pero… debes admitir que esto es realmente tenebroso
- Ya hemos recorrido un buen camino –mencionó Anais mirando hacia la casa- no sería lógico que nos detuviéramos sin conocer antes a que realmente nos enfrentamos en esta búsqueda. Acá paradas no averiguaremos nada
- ¿Y de dónde de pronto te sale a ti el valor? –preguntó Marina con los brazos sobre las caderas- Estabas muy pálida después de hablar con esa señora en el hogar de ancianos.
- Es verdad, me asustó mucho. Pero es más fuerte mi deseo…de volverlo a ver
- ¡Así se habla! –irrumpió Lucy- ¡ahora entremos!
- Es muy fácil decirlo… ¿ves algún timbre, campana o algo?
- Ahora que lo dices Marina… -reflexionó Anais- tendremos que tocar a la puerta
- ¿A ESA puerta? ¡De sólo pensarlo se me ponen los nervios de punta!
Tan pronto dijo esto, la puerta se abrió, dejando paso a una delgada mujer de unos 50 años, quien debía ser la hermana de la Sra Kazuyo, Mizuki Saigo. Tenía estatura mediana y cabello negro, tinturado con mechones naranja. Vestía unos pantalones en cuerina negros, botas hasta la rodilla del mismo color y una camiseta amarilla ajustada con una leyenda de "KEEP CALM AND ROCK ON". En su rostro unos grandes ojos avellana se iluminaron al verlas.
- ¡Vaya Vaya!¡¿Conque son ustedes tres?! –dijo analizándolas seriamente- Nunca había sentido ese tipo de aura.
Habían vuelto a esa casa desvencijada el día siguiente al atardecer, tal como Mizuki les había indicado que debería ser. Lucy siguió la recomendación de la extraña señora y dejó el amuleto de Latis en casa. Se sentía rarísima sin él. Indefensa y sola.
Ese día puso especial cuidado a su arreglo personal. Se soltó el cabello por primera vez en….toda su vida. Se dio un baño antes de salir, se aplicó un perfume que su madre le había regalado de cumpleaños, el cual rara vez usaba y hasta se aplicó brillo en los labios. Tardó muchísimo en decidir que ponerse. Todo lo que se colocaba le hacía ver un tanto desgarbada a sus ojos. Sus hermanos la despidieron con amplias sospechas al verla tan diferente y según ellos "tan increíblemente bonita", tema del cual difería completamente.
Al encontrarse a Marina y Anais vestidas con esmero, ligeramente maquilladas y muy peinadas, las tres se rieron con nerviosismo.
Habían recolectado todo el dinero disponible para juntar la cantidad que Mizuki les había dicho que costaba el "viaje". Anais había tenido serias dudas acerca de si las estafarían, pero la Sra Saigo les había dicho muchas cosas sorprendentes, que nadie más conocía y finalmente eso las había convencido. Ella sabía que habían estado en "otro mundo" DOS veces. Les había dicho que ellas habían desempeñado un papel de suma importancia en aquella dimensión, y que habían dejado su corazón en ese lugar. También les dijo que poseían una "fuerza especial" atada a los elementos. Hasta les relató cual era el elemento de cada una, aire para Anais, Agua para Marina y Fuego para Lucy. Este último comentario había sido la estocada final para que confiaran en ella, que se llamaba así misma "vidente".
Había resultado que la casa tenía una apariencia completamente diferente en el interior. A travesando la puerta todo el ambiente cambiaba y la fachada era solo eso, una fachada. Adentro un piso reluciente de mármol blanco llenaba las estancias, con paredes decoradas de pinturas hechas sobre la misma superficie con paisajes de diferentes partes del planeta. En una pared la torre Eiffel, en otra el coliseo romano, más adelante estaba St Pietro retratada al fondo de la amplia plaza que Bernini había diseñado, en otra pared, el Palazzo Ducale de Venecia y la torre del reloj, Machu Pichu, Chichén Itzá… en fin, toda la casa era un viaje por los monumentos más representativos del mundo moderno y antiguo.
Lo que si faltaban claramente eran muebles, solo se veían dispersos por los cuartos cojines, pufs y mesitas. Pero no escatimaba en los adornos luminosos. En la sala los dos pisos eran un gran espacio con doble altura bordeado por unas escaleras hacia la otra planta con una hermosa y elegante lámpara de techo con cristales colgantes como atracción principal. Fue en ese sitio, rodeados a su derecha por Paris y a su izquierda por el canal de Venecia que tomaron asiento alrededor de una mesa de baja altura cuadrada, rodeada por cojines negros de satín.
- Díganme el nombre del mundo al que debemos ir –dijo después de recibir la cantidad de dinero acordada y guardarla en su pantalón de cuerina, el cual parecía ser una prenda habitual-
- Céfiro –dijo Lucy después de consultar con la mirada a sus amigas, quien asintieron con sus cabezas-
- ¿Realmente nos llevará allá? –preguntó impaciente Marina-
- Si, estarán allá. Ahora silencio. Debemos concentrarnos. Piensen en los lugares que visitaron, piensen en las personas que conocieron y envíenme las imágenes que se formen en su mente. Necesito de la referencia que sus almas tienen de ese lugar para conducirlas, o terminarán en otra parte.
- ¿y cómo haremos eso? –inquirió Anais con una ligera desconfianza-
- Ustedes solo concéntrense, que yo me encargaré del resto.
Las paredes brillaron a su alrededor y las pinturas cobraron vida. Mizuki permanecía con los ojos cerrados mientras ellas no pudieron evitar formar con sus bocas una enorme "O" al ver cómo el Gran Canal mojaba con suaves movimientos el puerto de desembarco al frente del Palazzo, mientras las nubes se desplazaban lentamente en el cielo. Al otro costado, era noche en Paris, y mil luces destellaban titilando como estrellas.
- ¡Concéntrense! –pidió Mizuki- ¡esto no es un juego! Hay peligros que debemos sortear. No podré hacerlo sin su ayuda.
Las chicas se obligaron a cerrar sus ojos, pero aun así les parecía escuchar el vaivén de las olas, y un piano a lo lejos, tocando "La vie en rose"
Sintieron como sus pensamientos eran invadidos por la presencia de Mizuki. De inmediato quisieron rechazarle, pero así como extraía recuerdos, también les enviaba un aura calmante, tranquilizadora, que les decía sin palabras "no les haré daño". En un instante determinado, una conexión invisible se logró entre las cuatro. Era una fuerza palpable en su mente, un vínculo poderoso que sabían no debería romperse por ningún motivo mientras no fuera por la voluntad de todas.
Dejaron de escuchar cualquier sonido. Estaban en un espacio diferente, no en la Tierra, no en Céfiro. Estaban en un mundo intermedio donde podían verse a sí mismas desde la distancia. Podían ver sus cuerpos, sentían su respiración, pero eran una energía imperceptible a cualquier ojo humano. De pronto, escucharon la voz de Mizuki
- Prepárense. Estamos listas para el viaje. Ustedes irán a donde desean ir.
Se vieron impulsadas como si estuvieran en una montaña rusa hacia el infinito. Se trasladaron velozmente por un túnel lleno de luces blancas y plateadas con una celeridad pasmosa. Cuando esa sensación desagradable de ser empujadas hacia un abismo terminó, se exigieron abrir los ojos.
Y lo que vieron…
¡Era Céfiro! Estaban dentro del palacio, en uno de los corredores circulares que hacía 4 años habían recorrido tantas veces.
Se abrazaron, inmensamente felices de haberlo logrado, de estar allí, después de tanto tiempo. La dicha era enorme. Sentían que la emoción en cualquier momento les haría saltar y gritar.
- ¡Vamos! ¡Debemos encontrarlos a todos! –dijo Lucy con entusiasmo-
- Creo que la habitación de Paris estaba hacia ese lado…-meditó Anais- ¿seguirá estando allí?
- ¡Ja! ¿Así que sabes dónde está su habitación? Muy bonito –rio Marina, haciendo sonrojar a la rubia- Creo que es mejor ir hacia el salón principal, ¿verdad Lucy?
- Ehhh…
- ¿Lucy?
- Marina, pues…no se
- ¿Alguien cree que Latis está en otro lado? –le miró Anais con perspicacia-
- Yo..jajaja..algo así –dijo con la mirada en el piso-
- Bueno, bueno, entonces hagamos un trato. Están muy ansiosas de verlos, ¿no?, pues por esta vez separémonos. Yo iré al salón principal, Lucy adonde crea que está su "alto y serio caballero" y Anais a la habitación de Paris. Es de noche…debemos andar con cuidado si no queremos armar un alboroto.
- No me digas que no pensaste que en el salón principal estará precisamente Guruclef…-le interrogó Anais-
- ¡Pero cómo dices eso! –dijo fingiendo sorpresa-
- ¡Creo que de igual forma cuando nos vean se formará un alboroto! –aseguró Lucy con una sonrisa-
- ¿Cuánto tiempo tendremos?
- No lo sé Anais, pero no pienso desaprovecharlo. Me voy para el salón. ¡adiós! –corrió alejándose de ellas-
- Adiós Lucy, nos veremos más tarde
- Adiós Anais! ¡Mucha suerte!
- Lo mismo para ti.
Corrió por el pasillo, pero al hacerlo percibió que no estaba bien. Sentía como si flotara. Se dijo que tal vez era la emoción y lo pasó de largo.
Era de noche, tal como Marina había notado. Pero no era esa noche eterna y tormentosa que habían visto la última vez que estuvieron allá. Afuera se sentía la calma y se veían por los ventanales redondos los astros en el cielo. Lucy paró un momento para contemplar esa tranquila noche de Céfiro, muy contenta de poder ver lo que los habitantes del planeta habían logrado gracias al esfuerzo conjunto.
Siguió su camino, y algo le dijo que tomara hacia su derecha. Escuchó unos pasos constantes, acompasados y fuertes. Su pulso decidió que estaba en medio de una carrera de 100 metros y que acababa de ganarla. Paró en seco, pues presentía a quien pertenecían esos pasos, al cual aún no veía, pero estaba cerca de alcanzar la esquina donde ella lo esperaba. Pasó saliva, respiró. Los pasos se escuchaban más fuertes. Se arregló el vestido negro con detalles rosa que llevaba puesto y se aplanó el cabello.
Finalmente apareció. El también paró en seco unos metros antes. Lucy no tenía la seguridad si seguía respirando. El rubor cubrió sus mejillas.
¡Ayy por qué mi cuerpo me traiciona tan fácilmente!
Lo extraño fue que él no le miró directamente, parpadeó varias veces, ladeó su cabeza. Llevaba un traje elegantísimo y muy distinto al estricto negro que acostumbraba llevar cuando no usaba su armadura. Era un traje negro y plateado, con líneas doradas que bordeaban los extremos de la tela en su capa. Pero Lucy no podía detallarlo bien, pues estaba exhorta en su expresión, en su rostro, en sus ojos. En aquella tímida sonrisa que sus labios parecían formar.
Él era…definitivamente, su único y gran amor.
Decidió que era hora de hablar…no sabía qué, pero..
- Latis –le dijo adelantándose un poco, percibiendo claramente un ligero temblor en su voz al decir su nombre-
Pero Latis no dijo nada, su sonrisa se apagó antes de llegarse a formar claramente y tras unos interminables segundos de silencio, continuó su camino por el pasillo sin voltearla a mirar. El impacto fue tal, que se sintió morir. La estaba dejando allí, sin decir palabra, sin que importara nada. ¡No la había determinado!
Esto no podía estar pasando.
Había predicho todo, todo, pero la indiferencia no estaba en sus planes. Lo siguió volviendo a decir su nombre, cada vez más alto
- Latis! Latis! Para por favor! Latis!
El seguía adelante, a pesar de sus súplicas
- ¡LATIS! –gritó por fin con desesperación y con las lágrimas atoradas en su garganta-
Por fin se detuvo, e incluso volteó, pero nuevamente estaba allí esa expresión meditabunda. Y no la miraba.
Ella en su angustia se atrevió a acercar su mano con timidez hacia su brazo izquierdo para tocarle. Tal vez si hacía eso lograra que él le dijera algo. Pero…no pudo.
Su mano atravesó el brazo de Latis como si fuera un fantasma.
Entonces lo comprendió
Realmente no estaba en Céfiro. No. Debía ser más específica. Su cuerpo no estaba en Céfiro…
El espadachín se estremeció ligeramente y se tomó el brazo izquierdo con la mano derecha; su expresión se trastornó entre alegría e incertidumbre
No puede verme, pero algo está sintiendo.
Se movió a su alrededor, mientras él seguía sosteniendo su brazo con posesión. Se acercó a él suavemente y pudo sentir una ligera turbación en su caballero.
¡Era tan apuesto! Ansiaba abrazarle, hacerle saber que estaba allí realmente, decirle que no lo estaba imaginando.
Latis respiró un poco más rápido, y volvió a mirar a su alrededor con impaciencia
¿Está nervioso?
Se alejó un poco. No quería turbarlo. Definitivamente no estaba ahí para asustarle. Finalmente él se recompuso y siguió su camino. Ella mantuvo su distancia, suficientemente alejada, apenas para no perderlo, mientras lo seguía por el pasillo.
Entró a una habitación algo alejada de la zona en la que debían permanecer los residentes en aquel tiempo de guerra en que ellas habían estado en ese mundo. Latis cerró la puerta, pero pudo pasar a través sin problema. Esto le aterró un poco, pero más pudo el impulso de seguir a su lado que el miedo a quedar trancada en la superficie metálica.
Era un cuarto enorme. Tenía dos espacios definidos: una sala con estudio y al fondo la habitación donde se veía una gran cama. Él se adentró y cerró otra puerta. Lucy quedó en la sala, indecisa, sin saber qué hacer. ¿Lo seguiría hasta el dormitorio? Aquello no era correcto. Se quedó en aquel espacio, muy nerviosa, observando sus pertenencias, tratando de conocerlo mejor. Aun así, sentía que estaba haciendo algo malo, estaba invadiendo su privacidad.
Volvió a mirar hacia esa puerta cerrada.
No, no, descartado, ¡que locura!
Se acercó unos pasos. Sus pies tenían voluntad propia. Estando un metro antes de la puerta, se abrió y ella retrocedió rápidamente.
Latis estaba allí, se había cambiado. Tenía puesta una camisa y pantalón blancos de tela ligera. Sostenía la puerta con una mano y miraba hacia afuera, como esperando ver algo.
Se sonrojó al instante al verlo con esa ropa y se volteó sintiéndose culpable, dispuesta a salir inmediatamente de allí. Pero entonces…
- ¿Hay alguien ahí?
Se quedó quieta. Era una tontería, pero a pesar de que sabía que no le veía, no quiso hacer ningún ruido. Se volteó sutilmente para poder verle.
Sus ojos brillaban y estaba sonriendo. Sonreía, y era por ella, ¡por ella!
- Estoy soñando despierto –dijo cerrando los ojos, y luego caminó hacia su cama y se acostó-
Sin embargo, a pesar de esa declaración, Latis le había dejado la puerta abierta. Ella lo contempló mientras se sumergía en el sueño, sin atreverse ni a avanzar, ni a irse.
- Te amo –declaró Lucy, a pesar de que él no podía escucharle.
Nota de la autora: Eric Colt es uno de los personajes originales de "Secretos", fic publicado en Diciembre del 2012. En esa historia, la cual se ubica 8 años después del regreso de Céfiro, tiene 29 años y trabaja como supervisor de salas en el Palacio Imperial. Desempeña un importante papel para lograr que Lucy y Latis se reúnan nuevamente.
