Hola!

Agradezco inmensamente a etzel47(los consejos sirven siempre), a nambelle(la próxima llevamos a Noelle de compras con nosotras!), AmandaCefiro (gracias por tu compañía, si, suspenso es la atmósfera que deseo conseguir), James Birdsong (me alegra que te gustaran los capítulos) y a AscellaStar (mind-reader).

Así mismo a todos aquellos que siguen leyendo de forma anónima, gracias.

Para Kuu de Céfiro y para los demás que podrían sentirse confundidos en algunos momentos, espero que las medidas que se tomaron en "Escape" hayan surtido efecto.

Al final de este capítulo realizo una referencia a un fic de AscellaStar, "Chocolate", el cual me encantó, y ella muy amablemente me dejó entrelazar con "Es tan Sólo tu imaginación" :D

Bueno, meses nos separan aún del presente, pero continuamos acercándonos. ¿Habrá esperanza para que nuestras guerreras puedan trasladarse realmente a Céfiro?


"Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos." - Robert Oppenheimer, citando los versos de Bhágavad Guitá

Maybe you have your reasons
Maybe you're scared you'll be let down
Are you crying when there's no one around?
Then maybe, maybe let me hold you Baby

- Overjoyed - Matchbox Twenty


Capítulo 9. Kiki

Tiempo: Pasado - Seis meses Atrás

- ¿Has hablado con Lucy? – preguntó Anais, muy preocupada, al tiempo que se reacomodaba la bocina del teléfono-

- Más o menos –respondió Marina, al otro lado de la línea, con desilusión- Está muy triste, y lo de Hikari sólo le dio una excusa más para recluirse en sí misma. Ya sabes cómo es ella. No nos quiere mostrar lo afectada que está por lo que vio en nuestra última visita.

- Me preocupa mucho

- A mí también. He intentado hablar con ella, pero sus hermanos se ponen al teléfono, diciendo que está de luto por su adorado perro.

- Sin duda es algo más que eso

- ¡Claro que sí! Pero el que Hikari muriera fue el segundo golpe.

- Y hablando de visitas… ¿has podido conseguir más dinero?

- Debo andar con paciencia. Para nuestro último viaje usé lo que quedaba en mi marranito, y si voy pidiendo dinero tan seguido, se preguntarán para que es. No creo que mis padres tengan buenas referencias de los viajes inter-dimensionales. ¿Y Tú? ¿Cómo vas?

- Tratando de adelantar mesadas, y viendo opciones de empleo. Me asombra como Lucy consiguió ese trabajo tan rápido.

- Creo que ese chico tuvo que ver

- ¿Quién, el sobrino del veterinario?

- Sí. El tal Matt Izuki. Yo lo conocí hace un poco más de dos semanas, cuando acompañé a Lucy a llevar a Hikari la última vez. Matt estudia veterinaria también. Apenas va en primer semestre. En su tiempo libre, ayuda a su Tío atendiendo los animales.

- ¿Y este chico Matt ayudó a Lucy a obtener un trabajo de medio tiempo? Seguramente ella se moría por estar cerca de Hikari mientras estuviera allí.

- ¡Es Lucy! Sabes bien lo apegada que es con los animales. ¿Pero sabes? Creo que Matt está interesado en ella. Creo que le consiguió ese empleo para poder conocerla mejor.

- ¿En serio? ¿Y Lucy …?

- Ella ni se ha dado cuenta

- ¡Hay que decirle Marina!

- ¿Tú crees? ¿No piensas que es hora tal vez de que ella misma descubra que puede haber amor más allá de su espachín, quien de por sí parece estar interesado en una relación que no la involucra a ella?

- Creo que también estás hablando por ti misma

- Puede ser…puede ser –dijo sin poder retener un suspiro-

- ¡Tenemos que volver! Puede que lo que Lucy vio solo sea un malentendido

- Ya lo hemos intentado ¿no? Y Mizuki sólo se limita a decirnos que ella no trabaja para la madre teresa de Calcuta.

Anaís suspiró también. Dinero, dinero. Siempre el cochino dinero.


Otro tedioso mundo… y otra tediosa muerte. Por fin podrían devolverse.

Irina estaba sentada encima de una roca gris con vetas púrpuras, que le llegaba a media altura si se paraba al frente. Era una roca que combinaba perfectamente con el cielo encapotado de color morado que se alzaba sobre la llanura. Relámpagos iluminaron a lo lejos los enormes arboles de tallo rojo y hojas de coloridos tonos, los cuales alcanzaban unos descomunales 6 metros de altura. La naturaleza de ese mundo le encantaba la opulencia.

Se reacomodó. La roca podría combinar con el paisaje, pero era una porquería como gradería. Recostó los codos sobre sus rodillas para observar la repetitiva escena que comenzaba a asquearle conforme se repetía una y otra vez.

La chica de cabellos verdes sollozaba mientras Oziel la tenía reducida sobre el piso, clavándole una rodilla entre los omóplatos. Aquello era lo peor. El momento previo siempre le producía nauseas. Esta vez no quería verlo. Afortunadamente en esta ocasión ella no le correspondía intervenir en esa matanza. De ninguna manera quería buscarse más noches en vela.

- Agárrala más fuerte – ordenó el de los ojos azules-

Irina le costaba creer que debajo de esa máscara completamente atractiva y deseable que llevaba por rostro, se escondiera semejante maldad; semejante cinismo y frialdad por la vida. En apariencia era un universitario con excelentes calificaciones, adinerado e increíblemente educado. Incluso podría pasarse por gentil. Pero la realidad era aquella que estaba presenciando; realidad de la que ya había sido testigo muchas veces, demasiadas para su gusto y para su salud mental.

Ese hombre sonreía con total placidez, agachándose lo suficiente para quedar en el campo visual de la indefensa chica. La observaba con una curiosidad científica que algunos podrían confundir con ternura.

Era un asesino sediento de poder. Y no le importaba en lo más mínimo lo que tuviera que hacer para conseguirlo.

Por eso era tan exitoso. El más fuerte de los tres. Y el que más había resistido las consecuencias de sus logros.

- Mátala de una buena vez –dijo fastidiada-

- Irina – casi cantó su nombre, con su melosa y falsa voz- tomaremos su vida. ¿No crees que le debemos unos instantes al menos?

- Eres despreciable – sentenció-

Él no le contestó nada. Estaba concentrado en la expresión de desesperación de su víctima.

Irina podía llegar a fastidiar a veces. No entendía que ese momento era crucial. Los minutos antes de tomar el poder que residía en ese ser humano podrían revelarle mucho acerca de cómo controlar sus nuevas habilidades. Y en este caso, necesitaba familiarizarse rápidamente con las capacidades de esa nueva alma que tomaría.

- Déjame a mí –pidió Oziel-

- No. Esto es muy importante. No lo puedes arruinar – le dirigió una gélida mirada-

- La ocasión anterior no fue mi culpa… aquella presencia se hizo muy fuerte. El Guru nos descubrió y por eso la transferencia no se completó.

- ¡Estábamos en Céfiro! Era crucial. Sabes la enorme cantidad de poderes que poseen sus habitantes. Hubiéramos podido aprovecharlo mejor. Ahora quien sabe cuándo podremos encontrar de nuevo el camino hacia ese mundo. ¡La suerte nos dio ese regalo y tú lo desaprovechaste! Sin la transferencia, no podemos volver a voluntad.

- Una muerte, un camino, lo sé, lo sé. Pero este poder… vamos, tienes muchos.

- He dicho no – fue tajante, pero no fue solo el tono. Oziel sintió una ligera presión en su cuello, invisible, pero que sabía muy bien de dónde provenía-

Oziel no tuvo más opción que hacerle caso, como un perro fiel. El silencio dio pie para que el de los ojos azules continuara con su pequeño laboratorio. Miró de nuevo a la chica.

Ella tenía el poder de encontrar personas. Podía buscarles con sólo la imagen de su rostro. Sin duda era una habilidad que necesitaban urgentemente para dar con la pequeñaja que se había cruzado en el metro. Ella era la solución a sus problemas, y la puerta a Céfiro.

Se tomó unos momentos más, recordando la primera muerte, la primera transferencia. Parecía que habían pasado centurias desde eso, pero no, sólo dos años habían sido.

Él lo había descubierto por sí mismo, así como sus dos compañeros. El que ahora colaborara junto a ellos sólo era producto de la consecuencia insospechada que generaron sus viajes.

- Una muerte para abrir el camino permanente a este mundo – recitó como si fuera dulce poesía, al tiempo que la chica le miraba aterrada desde el suelo- No es personal. ¿sabes? Es cuestión de sobrevivencia del más apto, del más fuerte. Respeto tu poder, lo quiero. Y la única forma de obtenerlo es extrayéndolo de ti. Ataré tu esencia a la mía, y gracias a eso, podré encontrar la ruta a tu mundo a voluntad. Lamentablemente es un proceso al cual no sobrevivirás.

- Por favor –suplicó la víctima, con su cabello meciéndose al viento, enredándose en su cara- por favor, no me mate

Las lágrimas caían silenciosas recorriendo su rostro sonrosado. Que visión..que visión hermosa le ofrecía la parca de aquel mundo

- Es inevitable - contestó dolido, como si realmente lo sintiera-

Se le acercó lo suficiente para darle un beso de despedida en la frente mientras agarraba su cabeza para estrellarla contra el piso. El golpe fue suficiente para dejarle inconsciente, y para comenzar el rito.

Irina les daba la espalda cuando escuchó el sonido sordo de un cráneo que se aplastaba. No se sobresaltó en lo más mínimo. A pesar de no verlo con sus ojos, su mente le regalaba las imágenes de un hilito de sangre que desde la sien de la chica resbalaba por sus mejillas hasta encontrarse con el suelo de granito. Una, dos gotas, seguidas de muchas más. El pequeño río fue absorbido por la tierra, como si fuera agua para la cosecha.

Por fin lo peor había pasado, se sintió más tranquila, y volteó justo para ver aquella luz azul iridiscente que fluía en grandes ondas desde el cuerpo de la víctima hacia su compañero de ojos azules, que recibía aquel mar de supremacía divina que la muerte le estaba regalando.

Recordó lo que se sentía cuando eso ocurría y le envidió. Se mordió el labio, reprimiendo las ganas de intervenir.

La transferencia era como volar, como ver desde los aires todo el universo, todas las estrellas; como envolverse en polvo de hadas hacia el infinito. Era el deseo máximo y por eso, todo, todo, cualquier cosa, valía la pena.


Había querido volver a hablar con Neferti acerca de aquellos misteriosos puentes que creaban las sacerdotisas de Xois. Geo tenía razón. Podría ser la respuesta a muchos de sus interrogantes. Debía hablar con ella antes de que cualquier decisión en torno al puente mágico entre Céfiro y Autozam se les comunicara a los visitantes.

Ese era un tema delicado. No por nada debían tomar tiempo para meditarlo. Céfiro aún no era completamente estable, y aquello podría echar por la borda el trabajo de años si se hacía sin tomar las medidas necesarias y sin analizar todos los escenarios.

Después de que las guerreras mágicas regresaron a su mundo, estuvieron muy ocupados con la organización del gobierno de Céfiro. El decreto de Lucy había sido brillante en todo sentido. No había duda de que con esa decisión solo creció y reafirmó su amor por ella. Lucy había hecho lo que ningún pilar se había atrevido a hacer: conseguir un nivel de compromiso inimaginable de todos los habitantes. Le admiraba profundamente por eso, ya que había pensado en su propia felicidad. Una felicidad que implicaba la libertad de amar. De amar, y ser amada.

Pero aun así el sistema del pilar como autoridad máxima, llevaba años instaurado y no era fácil desligarlo de la administración. Todo había girado en torno al pilar: las decisiones políticas, los cargos de los altos oficiales, la economía, el ejército… Todo tenía su núcleo en esa figura.

Por eso de ninguna manera fue sencillo el cambio. El planeta se sostenía así mismo gracias a los corazones de las personas que lo habitaban, pero ¿a quién le correspondía el derecho de dirigirlo, de mediar entre los conflictos, de ser juez, de defenderlo?… fueron años muy duros, que requirieron su total entrega. Pensó mucho en su hermano durante ese tiempo. A él le hubiera encantado ese nuevo Céfiro, lleno de posibilidades y de buenas voluntades, en que la opinión de todos era escuchada. Era un mundo en construcción.

Por eso se decidió que así como el bienestar del planeta era una responsabilidad conjunta, no podría haber una única figura que decidiera el rumbo con respecto a otros asuntos. Por ello, se fundó una asamblea, compuesta de variados personajes, todos importantes y dedicados a un asunto en específico. La asamblea tenía como líder indiscutible a Guruclef, quien se apoyaba en los demás para llegar a un consenso. Así nació el concejo de Céfiro.

Lo componían 7 importantes personajes. Ahí se contaban por supuesto Guruclef, el príncipe Paris, Ráfaga, Presea, Yaris, Sienna, y para su disgusto, el mismo.

Yaris era casi tan antiguo como el propio Guruclef, y había sido llamado por su enorme sabiduría y conocimientos acerca de la naturaleza presente en Céfiro. Ascot pasaba buena parte de su tiempo con el "viejo", como el mismo se designaba, hambriento por aprender de las criaturas y de los ecosistemas. Guruclef veía con buenos ojos esta nueva relación maestro-aprendiz, pues seguramente Ascot sería un buen sucesor de Yaris. Sienna era una experta en relaciones públicas, brillante y creativa, pero su fortaleza era el conocimiento de las leyes. Gracias a ella habían reformado muchos principios, y cambiado otros para beneficio de los habitantes.

El personalmente, hubiera querido no ser parte activa del concejo. No era que quisiera dejar a su suerte el planeta sin su intervención, para nada, se lo debía a Lucy; pero él no era como su hermano. A Zagato le hubieran encantado aquellas largas sesiones donde se discutían mil asuntos. De nuevo, no era que no quisiera estar enterado y tomar parte, pero la vida política no era para él. Si de las sesiones salían tareas, misiones, cosas que hacer, él era el primero en línea para ejecutarlas.

Se lo había dicho a Guruclef. Pero el mago le decía que mantener su mente ocupada le haría mucho bien. Para el Guru era claro lo que él le había costado admitir en un principio: que la ausencia de Lucy le comenzaba a afectar, y que a medida que pasaba el tiempo tendía a empeorar. ¿Qué le delataba? ¿Eran las visitas cada vez más recurrentes a ese lugar relativamente cercano al castillo donde aún se alzaba esa roca enorme que una vez les sirvió para resguardarse de la lluvia producida por una tormenta? Sí. Tal vez era eso.

Pero no podía quedarse quieto. Por más que el hechicero le quisiera apartar de sus pensamientos, no podía quedarse sin hacer nada por favorecer su regreso. Fue esa la razón que lo condujo a involucrarse con la tecnología de Autozam, y a iniciar aquel proyecto. La cuestión era que habían tenido mediano éxito, para desplazarse hacia planetas cercanos mediante la tele transportación. Pero el mundo místico era otra historia. Ni siquiera sabía si existía en la misma dimensión. Para ir a algún lugar debía tener un mapa. Y esa era la cuestión. No tenía claro donde se encontraba su destino.

En la última conversación con Neferti, ella le había dicho que antiguamente su planeta tenía un enorme conocimiento de los mundos y de los mundos entre los mundos. Su orden se había fundado como la palanca de conocimiento que hacía posible la conquista, en esa época en que Xois buscaba planetas para robarle su energía vital. Gracias a eso poseían múltiples documentos y contactos en muchos lugares; contactos que podrían servirle a él para encontrar el mundo místico.

Ese era el motivo para dirigirse hacia las habitaciones de los huéspedes. Y hablar con Neferti nuevamente.

Ese es el motivo se repitió para convencerse

No tiene nada que ver con el aura que sentí en esa ocasión.


- Dime Neferti, ¿a que debemos que te arregles tanto?, normalmente poco te interesa – inquirió Freya al ver a Neferti cambiar su vestido por tercera vez- ¿es por la visita de ese Cefiriano?

Neferti calló. Se miró al espejo. Su ajustado vestido negro, de mangas amplias, largo hasta los pies y bordado con hilos plateados combinaba con sus múltiples collares, distintivos de su cargo y de su orden, los cuales le llegaban hasta la cintura en señal de ser la sacerdotisa más poderosa de su planeta. Su cabello trenzado se veía como una pira encendida en aquel fondo negro estelar.

Cerró sus ojos. Si, era la tercera vez que se cambiaba. No se había dado cuenta lo impaciente que estaba hasta que Freya se lo hizo notar.

- Si, Freya. Es por él. – reconoció de inmediato, en medio de un suspiro. Como sacerdotisa no estaba en su código mentirle a sus hermanas-

- Te estaba mirando de una forma muy intensa el otro día, lo noté.

- También me pareció. Por eso me pone muy nerviosa el anuncio de que me visitará el día de hoy

- ¿Crees que quiera cortejarte?

- No estoy tan segura. Creo que su interés radica en otra cosa más profunda y menos romántica.

- ¿Pero entonces por qué no te quitaba los ojos de encima? Debes reconocer que es un hombre sumamente atractivo.

- Sí, pero algo está mal Freya. Cuando me mira ese tal Latis, siento como si no me mirara realmente a mí. Además… No quiero...Es como serle infiel…

- Sé que no deseas volver a enamorarte después de perder a Akil. Pero el no volverá, murió. –Freya se acercó y le dedicó una expresión llena de conmiseración-

- No murió. Desapareció. Es diferente. –se plantó Neferti irguiéndose un poco-

- Ya han pasado muchos años Neferti. Si no estuviera muerto, ¿tú crees que Akil te haría esto? Se conocieron desde niños, se enamoraron desde niños.

- No me estás escuchando Freya. Latis me perturba, tiene una forma de hablar, de mirarme, muy diferente, pero es como si buscara a alguien más a través mío. Y yo definitivamente no quiero eso. No engañaré a Akil por algo que no existe.

- Neferti, la que no escucha eres tú. Akil no volverá. Tú lo sabes, lo sientes en tu corazón… o no te hubieras cambiado de vestido tantas veces.

Estaba preparando su réplica, cuando tocaron a la puerta. Las sacerdotisas intercambiaron una mirada. Finalmente, como líder que era, Neferti abrió la puerta para enfrentarse con el Cefiriano, que aguardaba afuera.

- Buenas tardes –saludó Neferti inclinando su rostro-

- Buenas tardes

Si, era muy atractivo, altísimo, de ojos violetas. Llevaba un traje digno de alguna sesión de gobierno, completamente negro, pero que lo hacía ver si era posible aún más elegante. Un vacío inexplicable se asentó en su estómago. ¿Negro? ¿Acaso también era su color favorito?

- ¿Geo le comunicó de mi visita? –preguntó cordialmente, pero muy serio-

- Si, así lo hizo. Esperaba pudiéramos hablar mientras hacemos un recorrido por el castillo.

- Por supuesto –acordó el, sin sonreir-

Freya le despidió con una mirada significativa, a lo que Neferti se limitó a arrugar su frente y seguir al Cefiriano por los pasillos.

Durante el recorrido, ella habló mucho más que él. Al parecer era un hombre de pocas palabras. Respondía a sus preguntas de manera directa, sin ahondar demasiado en cada tema, pero lo suficientemente respetuoso y cordial como para que la conversación fluyera.

A veces Neferti le sorprendía observándola detenidamente, a lo que desviaba la mirada. Le ponía muy nerviosa aquella actitud. ¿Qué quería decir?

Llegaron a los jardines alrededor del castillo. El sol brillaba encima de sus cabezas. Era precioso. Mil colores inundaban el prado, plagado de pequeñas flores. Neferti rio suavemente y se deleitó con la vista. Estaba encantada.

- Esto es precioso –dijo ella- Céfiro es un planeta distinto a muchos otros. Se lo puedo decir con seguridad. He viajado mucho.

- Neferti, dígame, ¿conoce usted alguna referencia del llamado "mundo místico"? –preguntó sin preámbulos, sacando a Neferti de su estado de contemplación-

- ¿Mundo místico? ¿Así es su nombre? –volteó hacia él, curiosa. Le fascinaba hablar de nuevos mundos-

- Así le decimos. Es parte de una Leyenda de Céfiro. Pero sabemos que existe, pues personas de ese planeta nos visitaron hace algunos años.

- ¿Qué dice la leyenda? ¿Sabe?… los mundos no siempre están a una distancia fija el uno del otro. Hay mundos que se encuentran en otras esferas y a los cuales no es posible viajar por los medios convencionales.

Latis fijó la vista en su interlocutora. Era una mujer muy fuerte. Su voluntad también lo era. En Céfiro él podía percibir la fuerza interna de las personas, y sin duda Neferti se ganaba el título de líder de su orden. Sonreía a menudo, dulce y de forma entusiasta. Se deleitaba con las pequeñas cosas.

Se parece a ella

Ansiaba sentir en cualquier momento el aura hermosa que le llenaba de gozo, al igual que cuando le conoció, pero esto no había ocurrido. ¿Se había equivocado?

- La leyenda dice que tres guerreras vendrán del mundo místico. Ellas tendrán los poderes de los genios y salvarán Céfiro.

- ¿Y les conoció?

- Si –alzó su mirada al cielo azul, recordando, y una sonrisa se filtró en su semblante-

Neferti encontró aquello muy curioso. No le había visto sonreir en todo ese tiempo, pero a la mención de esas guerreras mágicas, su rostro se iluminó. Era como si el hielo se derritiera; ella misma se derritió un poco.

- Dígame Latis, ¿está tratando de buscar a esas guerreras mágicas? ¿Por eso me pregunta acerca del mundo místico?

Latis trató de no parecer sorprendido. Pero en el fondo, todo acerca de esa mujer le intrigaba.

- Si, así es –declaró el sin reservas, mirándole directamente, buscando de nuevo la escencia que deseaba, que le desestabilizaba-

- Por lo que me dice, creo que estamos ante un problema. No podrá encontrar al mundo místico tan fácilmente. –pasó saliva, sus ojos le estaban volviendo loca- debe ser un mundo entre mundos.

- ¿Un mundo entre mundos?

- Si –Neferti se cubrió con un velo de tristeza involuntaria- Es muy peligroso, pero puede hacerse. Algunos...no regresan.

Neferti se alejó de Latis unos pasos. El notó su profunda consternación.

- ¿Ocurre algo?

- Usted me agrada, Latis – le confesó con una sonrisa temblorosa, que se apagó tan pronto se formó- parece una buena persona, y por eso quiero preguntarle algo directamente ¿Me lo permite?

Latis se iguió un poco. Neferti no dejaba de sorprenderle conforme la conocía. Para algunas cosas se mostraba insegura, pero para otras sacaba una fuerza escondida en su interior. Era fascinante. No se había topado con ninguna mujer con esas características…desde….

En algunas cosas se parecía a su pelirroja, en otras no… aun así, le gustaba su franqueza. Si, también le agradaba.

- Si –respondió el-

- ¿Está esperando encontrar en mí, y digo, en Neferti, no en la sacerdotisa experta de Xois… algo que ha perdido?

Pocas veces se había sentido confundido y desubicado. Con Lucy fueron varias veces. Y había pasado largo tiempo desde que alguien se atrevía a rasgar en la superficie de su coraza.

- No. –dijo convenciéndose, repitiéndoselo nuevamente para que quedara claro para ella y especialmente para el- No. Pero su energía me confunde. –declaró -

- Muy bien –dijo ella, iniciando la retirada- Entonces ya somos dos. Respecto a lo del viaje a aquel mundo místico, debo consultar primero mis libros, creo que podré darle una respuesta.

Con esas palabras, lo dejó solo, en los jardines, con sus pensamientos.

Tan pronto Neferti se fue, una figura blanca apareció saltando al frente de él. Se quedó mirándole, con un semblante muy serio, poco común en esa criatura, y que decir de su actitud, la cual era completamente reprobatoria.

Latis comprendió lo que Nicona le decía, sin emitir un solo "Puu"

- No me mires así, yo tampoco estoy seguro de que ocurrió.

Nicona seguía plantada, podría decir que alzaba una ceja diciéndole "Si..claro…"

- Lo sé, lo sé. No es Lucy

- Puu –afirmó Nicona, muy seria-

- Pero Neferti puede ser el camino para llegar a ella.

De nuevo la ceja levantada, y una mueca

- Tienes razón. Si fuera al contrario, dolería mucho.

- PUUUU! –gritó saltando, completamente de acuerdo con lo que le decía-

- Vamos Nicona. Hay que ir a visitar cierta roca.


Un perro callejero rogándole por el pastel que sostenía en su mano izquierda le dio la idea perfecta.

- Ven…perrito, perrito… -dijo el de los ojos azules- tengo una sorpresa para ti


La veterinaria le encantaba. Si, le encantaba.

Cuidar de los animales le distraía de sus pensamientos, y estaba aprendiendo mucho. Matt en poco tiempo se había convertido en su nuevo mejor amigo. Su amor a los animales era algo que tenían en común, y hasta estaba considerando que veterinaria podría ser la profesión que ella seguiría.

Con la muerte de Hikari se había sumido en la oscuridad. Obviamente ya la había probado al ver a Latis tan interesado en aquella sacerdotisa, pero hasta ahora no habían podido volver para corroborarlo.

De hecho no quería volver. Pero lo haría si Marina Y Anaís le necesitaban. Ella juntaba el dinero más por ellas que por sí misma. Su imaginación le jugaba malos ratos, con imágenes de Latis abrazando tiernamente a la extranjera, de Latis acariciando su rostro, de Latis tomándole de la mano….

Pero cuando enfermó Hikari de gravedad, todo eso pasó a segundo plano. Ahí fue cuando conoció a Matt, al que sólo había visto de pasadas cuando llevaba a su perrito a los controles regulares.

Matt fue quien la dejó pasar las noches acompañando a Hikari, Matt fue quien le consoló cuando exhaló su último aliento, Matt fue su apoyo los días siguientes a esa muerte que le dejaba un vacío tan profundo que pocos entendían realmente.

Era extraño como un abrazo de Matt parecía curarle las heridas, todas las heridas.

Hoy había llegado un poco más temprano de lo usual. Siempre aparecía después de clases a su "turno" para limpiar las jaulas, alimentar a los gatitos y jugar con los perros. Un cocker spaniel llamado "Pecas" le saludó saltando y sosteniéndose en sus rodillas.

- ¡Yaaa Pecas jajajaja, me haces cosquillas!

- ¿Lucy? ¿Tan temprano? –gritó Mat desde la trastienda-

- Si!

Matt salió. Tenía un delantal blanco de plástico puesto, que usaban para lavar las jaulas.

Estaba hermosa, como siempre. Llevaba años viendo entrar y salir a esa dulce chica acompañada de su perrito Hikari, un paciente usual de su Tío. Pero sólo hacía poco más de un mes que realmente habían hablado, desafortunadamente, debido a la enfermedad de Hikari, quien había muerto hacía tan sólo dos semanas.

Al principio le gustaba su carácter fuerte y alegre, siempre entusiasta y optimista. Cariñosa al extremo con los animales y de gran ímpetu. Pero conforme la fue conociendo mejor, ocurrió. Se estaba enamorando de ella, pero Lucy parecía no notarlo, a pesar de que trataba de que sus intenciones se notaran claramente en cada gesto, cuando le pellizcaba con cariño las mejillas, cuando le alborotaba el pelo o cuando le llenaba de cumplidos diciéndole lo bonita que era.

Pero hoy era uno de esos días "malos", en que Lucy aparentaba felicidad, pero por dentro estaba destrozada. Lo veía en sus ojos.

- Debías irte a descansar. No hay problema, yo terminaré acá.

- De ningún modo –replicó ella con una sonrisa- me encanta venir y trabajar acá

- Lucy…¿has estado llorando?

- ¡Cómo dices! No! Para nada –mintió descaradamente, evitando su mirada-

- Apuesto a que lloras cuando te quedas sola ¿No es así?¿ Por eso vienes a trabajar?

Lucy se quedó fría.

Esa frase

Le pareció escuchar su voz. Esa voz que podía hacerle temblar.

Se transportó al pasado. Su primera conversación. Ella inclinándose, disculpándose por haber asesinado a su hermano, diciéndole que se desquitara con ella, pero no con sus amigas, ¡ellas se sentían tan tristes!, sabía que lloraban cuando nadie las veía….y el…el…

"Tú también llorabas cuando te quedabas sola, ¿verdad?"

- ¿Lucy? – Matt le miraba intrigado-

- ¿Eh? No, digo, Si!…un poco – suspiró, terminando su frase en voz baja-

¿Cómo es que me dices eso Matt?

- ¿Estás bien?

- Sí. ¡Perfectamente! – le sonrió, haciendo un verdadero esfuerzo-

- Mañana es San Valentín…-inició, sin estar seguro de querer tocar el tema- ¿vas a hacer algo?

- Umm –dijo ella, aparentando ocuparse dando una vuelta por las jaulas de los gatitos, y dándole la espalda a propósito- es verdad, lo había olvidado.

Esa era una gran mentira. Una lágrima involuntaria y silenciosa se escurrió un poco de su ojo derecho, pero con su muñeca la detuvo inmediatamente.

Cada año hago un chocolate para él, con la vaga esperanza de podérselo dar… pero que al final del día, soy yo quien lo termina comiendo*

Pero este año no. Este año no. No sabiendo que él quiere rehacer su vida con alguien más. ¿Cómo podría reprochárselo, si después de todo ha pasado tanto tiempo? Necesito desprenderme de ese sueño. ¿En qué podría cambiar mi vida si hago o no un chocolate amargo este año? Yo quiero que él sea feliz, así no sea junto a mí.

Cuando supuso que se había calmado, alistó una sonrisa y enfrentó a Matt

- Perdóname. ¿Algo ocurre? ¿Es por lo de San Valentín? No debí inmiscuirme tanto

- ¡No Matt! ¡Es una pregunta normal! Perdóname tú a mí. –hizo una pausa, armándose de valor para contestarle apropiadamente- No, no creo que vaya a hacer nada. Algunas veces nos reunimos con mis amigas a hacer los chocolates, pero…igual este año no tengo a quien dárselo, así que es mejor que me quede en casa. ¡O mejor, vendré a trabajar acá!

Matt le miró fijamente. Tanto, que le intimidó un poco.

- No es sólo por Hikari que te sientes triste –afirmó- Sabes que puedes confiar en mí, ¿cierto?

- Si, lo sé. Eres muy buen amigo – dijo con sinceridad-

- ¿Es un chico?¿Tu novio?¿Por eso que la mención de San Valentín…?

- Yo no tengo novio –replicó, con los ojos en el vacío-

Matt se imaginó a sí mismo saltando sobre un pie, y dando vítores. El corazón le latió más rápido. ¿Daría el paso? ¿La invitaría a salir en San Valentín? Casi le parecía escuchar la estática de la grabación del alunizaje, y a Neil Amstrong diciendo: "Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad"

- Lucy…te gustaría…-comenzó, estando seguro de que tartamudearía en algún momento de esa frase-

- Buenas tardes –dijo alguien entrando a la tienda, interrumpiendo abruptamente- necesito de su ayuda, es una emergencia

"Houston, tenemos un problema", fue lo siguiente que escuchó Matt en su cabeza

Un muchacho de ojos azules y cabello negro llevaba cargado a un perro, de raza indefinida, el cual tenía rota una pata delantera.

Lucy y Matt se movieron inmediatamente, dejando de lado su conversación. Lucy se apresuró a tomar al animalito que gemía y le miraba con ojos lagrimosos, y que gruñía un poco hacia su supuesto amo, mientras Matt corría hacia la oficina de su Tío para llamarle. El muchacho de ojos azules se adentró en el local.

- ¿Cómo se llama? ¿qué le ha pasado?–preguntó la pelirroja, refiriéndose al can-

- Kiki

- ¿Kiki? ¿Cómo crisis en japonés?

- Como oportunidad –dijo el chico mientras se relamía el labio inferior-

Lucy, sin darle demasiada importancia aquel nombre tan extraño para una mascota, lo llevó a la sala donde se practicaban los procedimientos de urgencia. Allí colocó al pobre animal, que no dejaba de emitir lastimosos chillidos sobre una mesa. El Tío de Matt entró y le pidió que tomara los datos del dueño.

La pelirroja buscó los formatos de ingreso, y con el corazón encogido por la situación de "Kiki", se dirigió hacia el hombre

- Debe estar muy afectado, ¿verdad? –trató de ser solidaria con el dolor que el dueño pudiera estar sintiendo, recordando muy de cerca la muerte de su Hikari-

- Estoy devastado –suspiró el muchacho de ojos azules-

- Cuidaremos bien a Kiki, pero mientras tanto, ¿podría ayudarme con unos datos?

- Por supuesto, ¿cómo podría negarme ante una hermosa pelirroja como tú?

Lucy se sonrojó un poco, pero se recompuso. No se acostumbraba a los elogios. Le miró más detenidamente…juraba que había visto esos ojos azules en algún lado...

- ¿Nos hemos visto en alguna parte? –curioseó- Se me hace conocido

- No lo creo –negó, aclarándose la garganta- ¿Esa es la pregunta que me iba a hacer?

- No! No! Claro que no… -alistó su bolígrafo- ¿Su nombre es?

- Damien. Mi nombre es Damien Hanari.


Paris entró al gran salón, como siempre, ahí estaba Guruclef, sentado, observando la pantalla circular que creaba por medio de su magia

- ¿Me necesitabas?

- Si, sigue por favor –respondió el Guru, sin dejar de observar la pantalla-

- ¿Pasa algo?

- Hace días, sentí una presencia extraña en Céfiro. Al principio no le di importancia, pero ya que decidimos ayudar a Autozam, autorizando el puente que crearán las sacerdotisas, debemos extremar las medidas de seguridad.

- ¿Qué quieres decir con una presencia extraña? –preguntó Páris, recordando aquella noche en que sintió a Anais dentro de su recamara-

- Seres distintos, podría decir que de otro mundo. Podría decirte que su energía se parece ligeramente a la que generaban las guerreras mágicas, pero esta es oscura, maligna. Desean hacer daño.

Paris no podía creerlo ¿Sería posible que lo que sintió en esa ocasión fuera un enemigo, con una esencia sólo parecida a la de su guerrera mágica? No, ¡no era posible! Se había sentido renovado, completamente feliz después de ese suceso, más tranquilo incluso… ¿había sido todo una treta para distraerle?

- Hace noches, yo mismo sentí una energía… pero debo decir que de ninguna manera la percibí amenazante. No era una energía oscura.

- ¿Cuándo fue eso? –se sorprendió el mago, urgido por oír la respuesta- ¿Fue la noche anterior a la audiencia con la delegación de Autozam?

- Si –afirmó Paris, abriendo intensamente los ojos- esa misma noche. ¿Tú también la percibiste?

- Sí. Esa noche hablaba con Presea, y pude sentir que alguien estaba escuchándonos.

- ¿Creíste que era un enemigo?

- No, era diferente. Incluso pensé…no, no importa. –movió su mano en un gesto de descarte hacia ese pensamiento que se comenzaba a formar-

- ¿Estarán vigilándonos? ¿Estás seguro que se trata de una amenaza para Céfiro?

- Sí, estoy seguro. Debemos estar muy atentos. No podemos dejar que un tercero intervenga justo cuando estemos en el proceso del puente. Es muy peligroso. Céfiro puede verse afectado tremendamente. Extrema las medidas de seguridad. Que ante cualquier sospecha, estemos preparados

- Así se hará –aseguró el príncipe-


* Extraído de "Chocolate" por Ascella Star, capitulo 1