Por fin estoy de vuelta. Mis disculpas! Pasaron mil cosas.

Quiero agradecer como siempre a AscellaStar, Nambelle y AmandaCefiro por sus reviews.¡Me encanta leerlos! Sus comentarios son acertados, valiosos y entretenidos. Es muy grato que me acompañen y que me dejen saber sus opiniones. Gracias también a etzel47 por su sinceridad.

Tengo que mencionar en este capitulo a Bermone, quien se ha animado a leer esta historia tan loca, ponerla como favorita y a dejar sus reviews. Espero te siga gustando. Muchas gracias por tus palabras. También debo nombrar a Darklittlestar y a Kuu de Cefiro, quienes han colocado como favorita a "es tan sólo tu imaginación". Siento no haberles dado las gracias antes por esto X(

Este capitulo, como podrán predecir, trata sobre el pasado. Me "mordí los dedos" para no seguir con lo que ocurrió con Noelle en el capítulo anterior, lo cual hasta a mi me sorprendió, pero como lo he dicho muchas veces, hay personajes que a veces en vez de tu escribir sobre ellos, más bien es como si ellos te contaran su historia. Hay que dejar esos sucesos en standby , para aclarar cómo es que Lucy y Latis llegan al hospital en primera medida, y que ocurrió con Marina y Anais, que tanto Matt sabe de Latis y si finalmente nuestras parejitas preferidas lograrán verse mutuamente...

Sigamos entonces...


"El camino al infierno está hecho de buenas intenciones." - Tomado de "Marina" Carlos Ruiz Zafón

You know I'm not one to break promises, I don't want to hurt you but I need to breathe, At the end of it all, you're still my best friend

- Too Close, Alex Clare

Capitulo 11. Vínculos

Tiempo: Pasado - Seis meses atrás

- ¿Latis?

El espadachín estaba esperándola, sentado al lado de una de las fuentes de los jardines interiores, sin delatar la enorme ansiedad que sentía. ¿Por fin había llegado el momento?

Neferti también estaba muy emocionada. ¡Lo tenía! Lo había logrado.

Hasta Nicona, quien descansaba en los brazos del alto y esperanzado hombre, sonreía ampliamente.

- Creo que es hora que conozcas mi planeta –dijo Neferti, enfrentando esos ojos violetas que la miraban fijamente-

Latis asintió. Nicona saltó de sus brazos a los de Neferti en menos de un segundo. Ella rió con ganas al sentir la textura esponjosa del animalito.

- ¿Ya se lo comunicaste a Guruclef? –ella no ocultaba su felicidad, si él estaba contento, (y creía verlo en su mirada) ella también lo estaba-

- Si

- ¿Y está de acuerdo?

- Dice que mi deber es protegerte. –dijo torciendo un poco sus labios en una sonrisa apenas perceptible-

- Pues bien, ¡todo está listo! Partiremos hoy mismo, si lo crees conveniente –era emocionante, estarían juntos por un largo periodo de tiempo-

- Entre más pronto, mejor. –afirmó el espadachín, sintiendo un calor indefinible en su pecho-


Marina desconfiaba plenamente de ese muchacho que había aparecido repentinamente en la vida de Lucy.

Damien Hanari, a pesar de ser un muchacho que provocaría suspiros a cualquier chica con la que se cruzara, proyectaba cierta aura indefinible, que a ella no le gustaba nada.

Lucy tenía ciertas dudas con respecto a su comportamiento, a sus preguntas, y sobre todo, a la actitud agresiva que el perrito herido de nombre extraño demostraba en cada ocasión en que Damien le visitaba. Un hecho en específico había llamado la atención de su amiga; hecho que a Marina particularmente le producía escalofríos de sólo considerarlo: Cada vez que ese chico de ojos azules enloquecedores visitaba a su mascota, el pobre animalito tenía una repentina recaída. Anais le había preguntado acerca de si no estaría haciéndole daño a propósito, pero Lucy les decía que Damien muchas veces ni tocaba a Kiki, porque este no dejaba de ladrarle… Así que sería imposible que aquella fractura fuera producida una y otra vez por el dueño. Y por supuesto no podían negarle al muchacho que visitara a su perro.

Kiki seguía internado en la clínica, y cuando Lucy hablaba de él, se le escurrían las lágrimas, pues el tío de Matt pensaba que tal vez no volviera a caminar con esa pata, puesto que los tratamientos no habían resultado a pesar de ser algo tan sencillo.

Pero la inquietud de Marina radicaba en que Damien parecía más interesado en la vida de Lucy que por el bienestar de su perro. En ocasiones, cuando le visitaban en las tardes, este tipo aparecía y le hacía la conversación. Y cuando eso ocurría, todos sus sentidos le gritaban "PELIGRO"…

Aunque tal vez solo fuera su imaginación. No tenía razón para desconfiar de aquel universitario, o de su novia Irina, o de su hermano Oziel, quienes lo acompañaban algunas veces. Era educado, galante, en extremo amable, con tintes conquistadores y bastante lisonjero. Demasiado para su gusto tal vez.

La pelirroja en esos momentos, se mostraba comprensiva, y no atinaba a encontrar las palabras correctas para evitar que aquel atractivo muchacho de mirada perturbadora dejara de inmiscuirse en su vida.

Lo único que Marina agradecía era que Matt sentía la misma repulsión por Damien, y lograba que finalmente se marchara en las ocasiones en que se entrometía demasiado o se acercaba con descaro a su pequeña amiga.

Estaba reflexionando sobre aquello mientras las tres caminaban hacia la heladería, en una tarde de primavera tan hermosa como muchas otras. Hablaban de su pronto regreso a Céfiro, pues ya casi tenían la cantidad solicitada por Mizuki la última vez. Seguramente el día siguiente estarían de nuevo "acechando" a sus queridos amigos.


- Se acercan –dijo Damien a sus compañeros-¿Estás preparada? Ya estoy harto del maldito perro y ansío retorcerle el cuello. Así por fin dejará de ladrarme.

- Claro que si –aclaró Irina, haciendo caso omiso al comentario asesino- Me costó mucho esfuerzo y tiempo ubicar nuestras marcas, además fue un milagro que modificara una de mis habilidades para tener la capacidad de transmitirlas, pero el vínculo no servirá si no tengo contacto directo con su piel.

- Es una lástima que sólo tú lo lograras. Y es una lástima aun mayor que seas tú quien se librará primero.

Irina le miró con furia. ¡Ella se estaba muriendo! Pero después de todo, ¡qué podía importarle eso a Damien! Sólo les unía aquella situación desesperada. Cada uno era un lobo solitario que jugaba bajo sus propias reglas… si bien debía reconocer que juntos habían logrado mucho más que cuando viajaban solos y asustados. Sólo distribuyendo las muertes y las trasferencias habían logrado mantener a raya la situación, pero habían llegado por fin al límite. Si no hacían esto, seguramente en unos pocos días Irina dejaría de existir, seguido por Damien y por último, su estorboso y negligente compañero.

Oziel fue el que corroboró lo que Damien ya tenía casi por seguro. Las tres habían viajado, físicamente, y en más de una ocasión. Y a Céfiro. ¡Céfiro! No era común encontrar un mundo con tantas personas con poderes extraordinarios juntos. Pero allí, ¡rebosaban de magia!

En cuanto se liberaran, las seguirían mediante el vínculo, y ya no tendrían que vigilar por sus vidas… ni por sus almas.

Irina tenía en la mira a cierto muchachito inocente de cabellos castaños, invocador de bestias, con el cual sellaría su transferencia. Se mordió el labio al pensar el placer que experimentaría con esa muerte…y en el poder que adquiriría.

- ¿Estás segura de que funcionará Irina? –preguntó Oziel- ¿tanto la marca, como el vínculo a Céfiro?

- El que tú no hayas podido ubicarla no te da derecho a dudar de mí. Es el mismo principio que hemos aplicado en todos los mundos.

Los tres habían formado un vínculo con sus almas. Era una cuerda invisible que permitía que cada vez que uno de ellos realizara una transferencia y sellara con la muerte de la víctima el regreso a ese mundo, los otros pudieran seguirle. De lo contrario, sólo el que asesinara obtendría el beneficio de volver. Lo que Irina se disponía a hacer era de alguna manera "alargar" el vínculo que ellos tres ya tenían con una de las chicas. De esa manera, si la muchacha viajaba, ellos también podrían hacerlo. Lo único era que probablemente esas niñitas no estaban viajando de manera física a Céfiro, pues la energía que caracterizaba aquel tipo de viaje estaba decrementando poco a poco. Claro que lo habían hecho, pero hacía años. ¿Cómo rayos lo habían logrado? Lo que si refulgía era otro tipo de combinación, mucho más reciente. Un viaje mental.

No importaba, a ellos les serviría si podían lograr una muerte. Para eso tenían a Damien…que podía hacer cosas sorprendentes con sólo pensarlas. Además eran la carnada perfecta. El que en algún momento hubieran viajado de forma física las hacía muy atractivas para sus objetivos, sino, el traspasar sus marcas podría no ser útil. Y una vez en el mundo intermedio…

Irina tenía la sospecha de que Mizuki estaba involucrada en esos viajes. Pronto lo averiguarían. Eso explicaba el por qué se demoraban tanto en volver a ese mundo. Su Tía – abuela tenía la costumbre de aumentar el precio conforme más viajes se realizaban, y tenía una buena razón para hacerlo, porque entre más viajes, más visibles se volvían las almas. La vidente debía cuidar a los viajeros. Era su guardián. Y eso implicaba un enorme peligro.


Voltearon la esquina y como si hubiera aparecido allí de repente, Lucy chocó contra el cuerpo de una chica, que al llevar mayor impulso, le hubiera provocado el desvío de su tabique. Atontada, reprimiendo las lágrimas, miró hacia el frente. La otra chica parecía arrepentida y también algo adolorida.

- ¿Irina? –Lucy se llevó su mano derecha a la cara, para tocar su nariz, sólo cerciorándose de que seguía realmente ahí-

- Oh Lucy! Perdóname, a veces no sé por dónde voy –le tomó la mano libre y se la sujetó fuertemente- ¿Estás bien?

No, no estaba realmente bien.

Se sintió mareada y con ganas de echar el almuerzo fuera de su cuerpo. La mano que tenía frotando su nariz, bajó hacia su boca. Trató de soltarse de Irina, pero algo más le retenía. Un enorme vacío se apoderó de su estómago, tal como si la hubieran soltado desde una altura considerable. Oh no…oh no

- Lucy, lo siento tanto! –se disculpaba Irina, sin soltarla-

Anais percibió el estado en que se encontraba su amiga y se adelantó, tomando a Lucy por los hombros, mirando a las personas que estaba frente suyo

- Ya la puedes soltar, creo que está algo indispuesta –sugirió cortésmente-

- Está muy fría –replicó la joven de ojos avellana, sin soltar su presa-

Lucy veía puntitos negros y amarillos. Justo cuando creyó que se desmayaría, aquella sensación desapareció. Movió su cabeza rápidamente, como despejando su mente y abrió los ojos, parpadeando una y otra vez.

- Irina, deja a mi pequeña veterinaria en paz…si no quien cuidará de mi adorado Kiki? – Damien le tocó la barbilla a su supuesta novia con una dulzura que pasaría por auténtica a cualquier ojo desprevenido-

- Es que Damien la tiene loca –interrumpió Oziel con una carcajada- ya no ve ni a las personas a su alrededor

Irina por fin soltó a Lucy, quien ya se había recuperado y trataba de enfocar su visión periférica.

- Lo siento tanto! Déjenme compensarles –buscó en sus bolsillos, y entregándole a Anaís un billete, acunó la mano de la rubia entre las suyas- Creo que esto cubrirá unas deliciosas tortas, o unas malteadas, lo que ustedes quieran

Esta vez fue Anais quien empalideció. Marina les observaba con desconfianza, sin quitar los ojos de Damien. Irina soltó la mano de la guerrera mágica al poco tiempo, y esta recuperó sus colores.

- ¿Anais? –Marina la miró inquieta, con su alarma de "PELIGRO" sonando a todo su esplendor dentro de la mente-

- Se ven que son muy unidas –sonrió Irina, acercándose a Marina con una gran sonrisa, pero esta retrocedió de inmediato-

- Si, lo somos –afirmó Marina dándole una mirada de advertencia a Damien, quien comprendió la sutil amenaza de la guerrera del agua-

Irina volvió a tratar de acercarse a Marina para completar la trasferencia, pero Damien le tomó de la mano con una sonrisa muy dulzona…exageradamente dulzona.

- Cariño –inició apretando la piel de la muchacha de ojos avellana- debemos seguir nuestro camino, vamos, llegaremos tarde. –hizo una ligera reverencia, ladeando su cabeza- adiós Lucy, mañana pasaré a ver a Kiki. Cuídate –finalizó con esa palabra, y sus ojos emitieron un brillo singular que Anaïs no pasó por desapercibido-


Se retiraron, y tras haber caminado un trecho, Oziel fue el interrogó a Damien

- Y bien, asumo que sólo dos marcas pudimos transferir.. ¿por qué no dejaste que Irina continuara?

- La chica de pelo azul. Debemos eliminarla primero. Algo sabe, o algo supone. No hubiera dejado que Irina le tocara. Hay que buscar otra oportunidad. ¿Tenemos el vínculo con Lucy?

- Sí. Cuando ellas viajen, nosotros también lo haremos –respondió Irina con seguridad- y mi marca está con Lucy y la tuya con la rubia –miró a Damien fijamente-

- ¡Ah muy bien! ¿Así que sólo yo corro peligro ahora?

- No llores Oziel – increpó ella irónicamente- bien sabes que eres el último en línea y hasta que no mueran, ninguno estará a salvo

- Estoy muy ansioso –sonrió Damien maliciosamente-


Matt le había llamado a su celular mientras se encontraban en la heladería. Tartamudeando ligeramente, le propuso que se encontraran esa misma tarde en un parque cercano. Al colgar y contarles a sus compañeras de la conversación, las otras dos guerreras se miraron entre sí y tomándole de la mano, con mucha paciencia, le explicaron calmadamente lo que ellas suponían que el chico le diría.

Lucy pasó saliva repetidamente al escucharles. Negó que eso fuera posible, pero al fin, roja como una manzana aceptó la posibilidad de lo que sus amigas le estaban confiando.

"¿y qué harás Lucy?"

"¿te gusta?"

"Tienes que ser muy clara con él, ¡tienes que decidirte!"

Esas frases y preguntas sin respuesta giraban en su mente mientras caminaba hacia el lugar de su cita.

Veía a Matt como un amigo… pero no podía negar que se sentía muy bien a su lado. Cerca de él sus temores se disipaban, el mundo era más sencillo y no había necesidad de esforzarse mucho para quererlo. Y tenían intereses en común: Su amor a los animales era lo que más le llamaba la atención. Ella podría visualizarse en unos años con Matt, sonriendo siempre, hablando acerca de su profesión…

Pero… ¿amarlo? ¿Le amaba?

La respuesta era NO

¿Podría llegar a amarlo? … quizás si… SI nunca se hubieran cruzado con Latis, SI ese sentimiento no fuera tan fuerte, SI aquel hombre de mirada solitaria no le hubiera robado toda posibilidad de conocer el amor de otra forma que no fuera tan poderosa, tan irrefutable, tan verdadera… Y en este momento… TAN imposible. Mientras ella no lograra ser algo más que un espectro a su alrededor, (e incluso si no lo fuera..¿Cómo luchar en contra de lo él está sintiendo por otra persona?) lo único que haría sería lastimarse aún más, aunque deseaba con todo su corazón verlo feliz, así fuera a costa de su propio sufrimiento.

Vio a Matt, sentado en una banca. Tan pronto el muchacho le divisó, una sonrisa iluminó su rostro, e impaciente se dirigió hacia donde ella caminaba para acortar la distancia entre ambos.

- ¡Me alegra mucho verte! –le dijo tan pronto llegó a su lado-

- ¡Pero si nos vemos casi todos los días! –rio Lucy tiernamente-

Adoraba cuando ella sonreía. Y su voz…Podía alejar las nubes de un día gris. Puso sus manos en los bolsillos de su chaqueta, evitando que ella viera el ligero temblor que se había apoderado de ellas. Tocó el pequeño objeto que había comprado para ella. ¿Por qué estaba tan supremamente nervioso? Ya antes había declarado su amor a una chica… ¿qué tenía esta pelirroja de especial? Ilusionado en extremo, se decidió por fin.

- Te traje esto –dijo extendiendo su mano cerrada hasta ella- espero lo recibas

Lucy no supo que hacer. Se negaba a extender su mano. Sería el colmo que recibiera algo de Matt

- ¿No lo quieres? – mencionó suplicante, algo dolido. Lucy se limitaba a mirarle y a balbucear una disculpa. Finalmente se venció y abrió su mano para mostrarle lo que tenía allí-

Era un pequeño muñequito. Apenas más grande que su pulgar. Un cachorro de ojos grandes, muy parecido a su desaparecido Hikari. Se veía muy suave al tacto. Era hermoso…y significaba mucho también. Parecía que Matt le había agregado un diminuto collar rojo al cuello.

- Lo vi en una tienda, e inmediatamente pensé en tu Hikari. Busqué el collar, me acordé que tenía uno de este color. Sé cuánto lo extrañas, y también sé que este juguetico es sólo un remedo, pero mi mensaje es que a pesar de haberlo perdido, el siempre estará contigo, cuidándote. Es tu ángel peludo.

Se dejó vencer, y unas lágrimas apenas visibles aparecieron para hacer brillar sus pupilas. Lucy estaba completamente desarmada ante aquello. Estiró su mano para recibir su regalo, y acunando entre sus palmas el tierno peluche lo puso cerca de su corazón.

- Yo…-comenzó, sin mirarlo directamente- muchas gracias…esto…es… muy especial

- Quiero decirte algo más…

Lucy pasó saliva. Se había puesto nerviosa. Levantó sus ojos marrones hacia él, y al ver tal calidez en los suyos supo que esta escena no terminaría bien para ninguno de los dos.

- Matt..no se –quería que la tierra se abriera para tragarla-

- Eres muy importante para mí. –comenzó sin dejar que ella terminara la idea- Eres la persona más dulce, tierna y de buenos sentimientos que he conocido. Eres increíble. Y yo siento que cada día te quiero más. Por eso, yo quisiera…-hizo una pausa, clamándose, preparándose- yo quisiera… que me dejaras ser algo más que tu amigo.

Y ahí estaba. Marina y Anais habían tenido toda la razón. ¿Cómo había pasado por alto que Matt estaba interesado en una relación con ella? Bueno, ¡es que era casi imposible! Ella no era una mujer atractiva…aún se preguntaba cómo Latis le había correspondido, lo que era increíble, conociendo el físico de su espadachín..pero ahora, Matt le decía que quería ser su novio (en serio? en serio ¿en serio?) Confundida, atontada y con su baja autoestima peleándose con la situación, no había mucho que decir

¡¿Qué hago!? ¡No es justo! No deseo lastimarlo. ¡Lo quiero tanto!…pero no como el pretende que lo quiera…

- Matt…yo no… no puedo–empezó, viendo con cada palabra que salía de sus labios cómo no estaba logrando su cometido de no hacerle daño-

- ¿No puedes? –dijo el, interrogante, confuso, previendo el rechazo-

- No podría. Yo te quiero mucho, de verdad…pero…

- Pero no quieres ser mi pareja –completó, mirando hacia el suelo-

- Amo..amo a otra persona. Y no sería justo. No me gusta romper promesas. Si hago una contigo ahora… no estaría siendo sincera.

- Esa persona…debe ser realmente afortunada –sonrió levemente el muchacho, con tristeza- si puede tener tu cariño. Le envidio.

- El…alguna vez me amó…eso creo. –declaró, acunando con fuerza a su Hikari de peluche-

- ¿Qué quieres decir? ¿Que ya no están juntos? ¿Él te dejó? – Matt estaba comenzando a alzar ligeramente su voz-

- ¡No! ¡No fue así! Tuvimos que separarnos. Y ahora..

- Ahora…que…?

- Es mejor dejarlo así. No podemos estar juntos. Y yo quiero que él sea feliz.

- Está con otra mujer ¿no es así? – Lucy abrió sus ojos descomunalmente ante su comentario, corroborando el comentario de su mejor amigo- Era por él que estabas tan triste…ahora lo entiendo. –le tomó por los hombros con suavidad- ay Lucy..si tú me dejaras…si me dieras la oportunidad…

- Matt, no sigas. Por favor. No puedo mentirte, no puedo esconder lo que siento. Me estás dando más de lo que yo puedo darte..y tu mereces mucho, mucho más.

La pelirroja se alejó de su contacto, y retrocedió uno, dos pasos, sin darle la espalda.

- Yo estaría a tu lado –Matt no sabía que más decir, no quería perderla-

- No lo dudo –Lucy lo miró intensamente- pero la vida nos puso en caminos diferentes.

Con estas palabras, se volteó y echó a correr. No quería seguir viendo su dolor. No quería mentirle, no quería lastimarle…necesitaba respirar. Después de todo, era su mejor amigo, pero desafortunadamente no tenía nada para darle. ¿Qué haría ahora? ¿Podría volver a la clínica? No…tal vez no…Ella tenía que irse, irse sin él…en pocas noches tendría una dolorosa (e inevitable, por más que lo quisiera negar) cita con su único amor.


Por fin, por fin. ¡Esa noche vería a su príncipe de nuevo! No veía la hora de estar allí. Lo había pensado mucho, y esta vez trataría de abrazarle.

Anais miró a sus amigas. Ambas suspiraron al tiempo, y su sonrisa se borró momentáneamente. La rubia, quien sostenía sus manos, cerrando el círculo que habían formado estando sentadas sobre los cojines de la sala de los impresionantes frescos de Mizuki, apretó ligeramente su contacto, tratando de trasmitirles seguridad y aliento, haciéndoles saber que aún había esperanza para todas.

Lucy, a pesar de las advertencias de la vidente, esa noche ocultó el hecho de tener puesto el amuleto que le había regalado Latis. No sabía por qué Mizuki le había prohibido llevarlo a las sesiones, pero lo cierto era que las veces anteriores las cosas no habían salido muy bien. Quizás si lo llevaba, Latis pudiera sentirla con mayor intensidad y le diera una oportunidad.

Al ingresar a la casa, Mizuki le había mirado inquisidoramente, pero al final pareció que lo había pasado de largo. Notó la presión de la mano de Anaís, y quiso pensar positivamente.

- ¡Concéntrense! –ordenó la vidente, cerrando sus ojos-

- ¿Esta vez podríamos tener más tiempo? –la rubia suplicaba porque así fuera-

- Eso no lo decido yo. El mundo intermedio lo dirá.


Su celular sonó. Damien vio la imagen de la pantalla y supo lo que Irina le diría antes de contestar

- ¡Van a viajar! Lo puedo sentir –fue la primera frase-

- Muy bien. Estoy preparado. ¿Oziel lo sabe?

- Si

- Excelente -ronroneó con verdadero placer-


Lo primero que vio Marina fue a su mago, mucho más relajado que la vez anterior, nuevamente en el salón principal, rodeado de todas las personas que ya conocían… y con Presea a su derecha.

Se le revolvió el estómago.


Lucy quiso devolverse en el mismo instante en que posó su mirada en Latis. Estaba de pie junto a aquella sacerdotisa, y por la sonrisa que llevaba puesta la atractiva mujer (ella misma estaría dichosa de estar al lado del espadachín) supuso que ellos dos habían tenido mucho tiempo para conversar y conocerse.


Anais le buscó tan pronto sus incorpóreos pies se posaron sobre el piso del salón principal. Le causó curiosidad ver a Paris al lado de Guruclef y sin darse cuenta, avanzó resuelta hacia él.


- ¿Cuándo partirán Latis? –preguntó el Guru-

- Hoy mismo, si contamos con tu aprobación –señaló el espadachín-

- Yo le ofreceré toda la hospitalidad de Xois a tan importante persona, pueden estar tranquilos, Latis recibirá el mejor de los tratos en mi planeta

- Estoy segurísima de que así será –interrumpió Caldina levantando una de sus cejas-

Ráfaga apretó la mano de su esposa, tratando de que se guardara sus opiniones

- ¡Déjame! –susurró ella hacia su esposo- es claro que Neferti quiere que Latis le acompañe, pero por otras razones. Se le ha visto muy juntitos desde que ella llegó. ¡Estoy pensando que quiere presentarle a su familia!

- Amor, no es el momento –le replicó Ráfaga, pero Caldina ya tenía puesta su atención en otra persona-

- ¿Ascot? ¿Qué te pasa cariño? -Volteó su mirada hacia el muchacho, quien de pronto se había puesto como un tomate-

- ¿Yo? –trató de disimular un poco sus emociones, sin mucho éxito-

Ascot se estaba convenciendo conforme pasaban los minutos. Podría decir que estaba seguro. No era su imaginación. Era Marina, definitivamente era Marina. Cuando le sintió por primera vez, semanas atrás, antes de que el proceso de construcción del puente comenzara, estuvo meditando largo rato acerca de lo que su intuición le había dicho esa noche. No lo consultó con nadie, porque deseaba estar seguro, pero ahora que nuevamente lo sentía, sonrió como hacía años no lo lograba. Sí. Su esencia estaba allí, tal como él sentía la presencia de sus amigos justo antes de que les invocara desde la dimensión que Yaris, su nuevo mentor, y miembro del concejo de Céfiro, denominaba como un mundo alterno parecido a la dimensión donde habitaban los genios. Si Ascot hubiera consultado a Neferti o a Freya, ellas hubieran mostrado especial interés en conocer su habilidad para traer estas criaturas desde esa dimensión.

Por eso, para el invocador de bestias estaba clarísimo. Marina estaba ahí con ellos. E incluso las otras dos guerreras podrían estarlo también. Se disponía a comunicárselo a Caldina, quien con semblante ceñudo reprobaba la situación que se desarrollaba justo en ese momento, cuando perdió el aliento y su cuerpo se vio proyectado hacia el suelo.


Guruclef lo sintió, pero era tarde. Miró hacia Paris, quien estaba luchando contra sus emociones justo en ese instante. Si, las presencias estaban allí, rodeándolos, jugando a parecerse a sus queridas niñas de otro mundo. ¿Cómo era posible que supieran a quienes podrían desestabilizar con esa ilusión? Buscó por el salón. Su alarma también fue percibida por Latis, quien sin duda también estaba sintiendo aquellas auras. En menos de dos segundos sus peores presentimientos se hicieron realidad, al ver como Ascot caía lentamente. No dejaría que lograran su cometido. Por eso atacó, atacó para protegerlos a todos de esa amenaza que se cernía sobre ellos como una sombra invisible

Su báculo brilló intensamente, y una increíble fuerza digna del hechicero más poderoso de todo Céfiro barrió con aquellas presencias malignas que querían acabar con Ascot.

- Les destierro, ¡fuerzas malignas! –fue el grito del mago, mientras la onda de su magia se extendía por el salón en forma de círculos brillantes-


Anaís fue la primera que se sintió proyectada agresivamente lejos de su príncipe. Su aura fue envuelta por un poderoso hechizo que le provocó un indecible tormento. Escuchó el grito de sus amigas al unísono, diciendo su nombre, pero luego, les escuchó gritando por el impacto de la magia que estaban recibiendo como ella. No sabía cómo era posible, pero a pesar de que sus cuerpos no estaban allí, el dolor que sintió era inmenso, como si le arrancaran la piel a jirones por entrar en contacto con un témpano de hielo arrasador que se negaba a dejar de acercarse y alejarse a una frecuencia que amenazaba con quitarle también la capacidad de pensar.

Al fondo escuchó algo más. La voz de Mizuki, quien también gritaba.


Lucy se quedó paralizada al ver cómo la magia que siempre consideró de su lado venía hacia ellas con la clara intención de reducirles y causarles el mayor daño posible. Marina fue repelida al instante y su intento por protegerla con su cuerpo fue en vano. Hordas de luces brillantes se interpusieron entre ellas y amenazaron con enviarlas muy lejos. Sus pies perdieron el equilibrio y voló por los aires. Una relampagueante hélice abarcó todo su campo de visión y lo único que pudo hace fue colocar su brazo a la defensiva… pero apenas estuvo lo suficientemente cerca, un resplandor salido de su pecho se interpuso entre esa magia y ella, cubriéndola, protegiéndola.


Marina no veía mayor cosa. No podía abrir sus ojos porque todo dolía. ¡Su mago!, su adorado mago… les estaba atacando ¡Guruclef! ¡Sólo quería estar a tu lado!. Las hélices de luces amenazaban con romper su cuerpo "no presente" o de proyectarlo a otro espacio, para expulsarlas definitivamente de Céfiro. Pero luego escuchó algo más, unas voces que no se suponía debían estar allí. Se obligó abrir sus ojos y buscó, tratando de no sentir aquel suplicio de frías espadas que Guruclef les había lanzado…allí estaban…¿pero cómo era posible?

Tres intrusos, quienes también estaban suspendidos por el intenso dolor que experimentaban sus auras. Su asustada mirada se cruzó con esos ojos azules que mostraban sólo desprecio. Damien hizo un movimiento con sus manos, y con un gesto mezquino desapareció, llevándose a Irina y a Oziel con él, no sin antes sonreírle desmañadamente.

Lo siguiente que escuchó fue a Mizuki. Su mente se distrajo y no pudo observar el intenso resplandor que unos metros atrás despedía el cuerpo de Lucy, y que iluminaba el suyo, haciéndola visible para un invocador que se arrastraba y gesticulaba su nombre con desesperación desde el frío piso del salón, pugnando para llegar a ella a pesar de haber sido atacado tan sólo unos instantes atrás


Latis no oyó el final de la oración de Neferti. Esa energía estaba allí de nuevo, algo alejada, pero definitivamente presente. Volteó a mirar a Neferti, confundido, pues esta vez era claro que ella no estaba emanando esa aura, sin embargo, algo diferente atrajo su atención, disparando su instinto de guerrero a los pocos momentos.

Peligro.

Guruclef también lo sentía, y no dudó que había detectado algo más cuando Ascot cayó desmayado y su maestro soltó un poderoso conjuro de expulsión para alejar a esas fuerzas que sin temor a equivocarse estaban tratando de dañar al invocador en ese preciso instante. Por alguna inexplicable razón, su corazón se contrajo ante esa acción e incluso le faltó el aliento por unos segundos.

Pero lo siguiente que vio fue lo peor. Un enorme resplandor circular, dolorosamente familiar apareció en la sala, a su derecha, y en su centro, la imagen de su guerrera, quien se protegía el rostro con su antebrazo. Lucy tenía abierta su boca en el gesto inequívoco de un grito que él no podía escuchar, pero que sentía en lo profundo de su ser, junto a la desesperanza que su pequeño cuerpo emanaba. Ella estaba ahí, finalmente, muy cerca de él, en Céfiro…y estaba siendo atacada por Guruclef. Era ella, ella a quien definitivamente había percibido días atrás. ¿Por qué tuvo que dudarlo? Se adelantó rápidamente, gritando su nombre una y otra vez, corriendo para alcanzarla, para protegerla. Ella pareció sentirle también y abrió sus ojos. Un instante, sólo un instante se encontraron sus pupilas, pero todo estaba allí, tan vivo como hacía 4 años atrás. El espadachín vio aquel brillo, ese fuego renovador que hacía que su alma se sintiera en paz cuando la pelirroja estaba cerca. Más que nada, Latis deseó que aquello se extendiera infinitamente, que el mundo desapareciera y los dejara en paz, solos a los dos.

Pero no, las cosas no podían ser así.

El instante pasó y con completo espanto, observó a una forma oscura que se materializaba en el plano de su amada. Lucy por un momento dejó de respirar al ver esa cosa que se plantaba cerca de ella y que hacía que desapareciera el escudo protector que le envolvía. El monstruo abrió su boca azul y extendió su largo brazo hacia el cuello de la guerrera aprisionándola sin misericordia. Latis gritó y blandió su espada hacia el ser, pero lo atravesó limpiamente. La cosa sólo sonrió, y envolvió a Lucy, llevándosela hacia la oscuridad.


Paris vio el resplandor, y de pronto supo que aquello no estaba bien. Primero había sentido nuevamente a su princesa, y luchó para no dejarse llevar por su calidez, por ese sentimiento que le embriagaba y que le ordenaba buscarla para estrecharla fuertemente, así sólo fuera aire. Pero luego, todo pasó muy rápido. Guruclef reaccionó, tal como lo habían discutido, y los guardias entrenados en magia que fueron instruidos amplificaron el efecto del conjuro desde las puertas del salón, como habían planeado por si se presentaba una situación de peligro.

Pero luego, aquel resplandor… y les vio, claramente, a las tres, iluminadas por aquel centro brillante que emitía Lucy. Anais se retorcía en el aire. Sí… ella estaba allí, ¿Por qué diablos no había hecho caso a su corazón? Corrió para tratar de tocarle, gritando que se detuvieran, incluso el mismo Guruclef estaba pasmado, tratando de revertir el hechizo, consternado al ver lo que había causado. Por el rabillo del ojo, también vio a Latis, quien visiblemente afectado gritaba el nombre de Lucy a todo pulmón, tal como él clamaba por su rubia de ojos color esmeralda, quien estaba suspendida al menos un metro del suelo, incorpórea, transparente, pero dando muestras evidentes de una tortura inimaginable a sus sentidos. Llegó hasta ella, instando a Guruclef a punta de gritos que parara aquella magia, y su impotencia fue peor cuando sus manos atravesaron el cuerpo de la guerrera del viento, como si de un espectro se tratara. Un mísero y triste consuelo fue verla abrir sus ojos y mover sus labios , pronunciando su nombre, antes de verla desaparecer completamente.