De vuelta!

Y en más de un sentido. Volvemos al presente. Hacia las 5am Lucy, Latis y Matt se separan, planeando encontrarse en la clínica veterinaria después de la fuga del hospital. Sin embargo, un suceso increíble tiene lugar ese mismo día en un sitio diferente, hacia las once de la mañana: Noelle asesina al padre de Matt, Adam Izuki. Es el lamentable daño colateral al descargar su furia contra Eliott, al frente de su departamento. "Es el precio", le dice Mavi-Alev, el dios supremo del Nifelheim. ¿El precio para qué? esa es la incógnita.

Muchas gracias de nuevo a todos los que leen! De nuevo menciono con mucha alegría a las personas que dejaron sus reviews: Tsunami Azul (Nossa! Lees español! muchas gracias por tus comentarios! Si! ellos también deberían ir detrás de las dos chicas ¿verdad?) Nambelle (casi lloro :D), AmandaCefiro (en este capítulo aclaro eso, gracias :D),bermone(si..cierto, muchos interrogantes! y el Nifelheim seguirá dando miedo a medida que sepamos mas), AscellaStar (a Clef le remuerde...créeme. Y Neferti, bueno, todos necesitamos un amigo apuesto no?) y Guest (etzel47...¿verdad? si, ¡demasiados escenarios! pero eso es bueno para desarrollar cada uno de los personajes como se lo merece)

En este capítulo tengo demasiadas referencias! Se agolpan y es complicado dejarlas de lado. Escogí las más representativas, espero les gusten


Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan - Stephen King

"I won't give up on us, Even if the skies get rough" - I won,t give up, Jason Mraz

And please don't stand so close to me , I'm having trouble breathing - Distance, Christina Perri

Capitulo 13. En los monstruos que nos hemos convertido

Tiempo: Presente

- ¿Y bien…Cuál es su reporte?

Diablos, no es justo, no debió pasar esto, pensó el detective mientras observaba la escena, esperando que el forense respondiera su pregunta. ¿Por qué tuviste que venir Izuki?

Recorrió con la mirada el pasillo de entrada a los apartamentos. Habían extendido cintas amarillas por todo el contorno, esperando aislar lo que más pudieran la escena del crimen. Varios mirones, residentes del edificio, se asomaban por las ventanas a pesar de haber tratado de cerrar el piso completo.

Apenas era medio día, y ya se perfilaba como uno de los más largos.

Posó sus ojos en los cuerpos extendidos sobre el corredor. Había visto muchas cosas en su carrera, pero ver a su compañero de trabajo, tendido de esa forma, con el cabello erizado, y con esa mueca de dolor congelada en su rostro…Eso, sería algo que protagonizaría varias pesadillas nocturnas.

No se lo merecía, no se lo merecía… acabar así, de esta forma…¿quién pudo?...¿por qué?

Más importante era el CÓMO, objetó su mente, situando la atención en el médico muerto, más cerca de su campo de visión, quien sin duda había obtenido la peor parte.

Las manos parecen garras, como si se hubiera aferrado del suelo, como si lo estuvieran halando, arrastrando, pero no hay signos de violencia a su alrededor…su pelo...está casi blanco, pero según las descripciones no era así hace apenas unas horas. Su columna…esa pose inaudita….se me revuelve el estómago…

La imagen de una vieja película, "El exorcista" llegó a su mente. La pequeña Regan bajando de las escaleras como una araña deforme…

Afortunadamente el forense habló, justo a tiempo para que lograra desvanecer –de momento- lo que su imaginación se empeñaba en dar vida.

- Es…un enigma – dijo el hombrecillo de cara larga y ojos pequeños- no se observa herida alguna, ni contusiones, no aplicaron ninguna fuerza sobre estos hombres, no veo arma asesina…su piel está completamente libre de marcas. Es como si el ataque hubiera provenido del interior del cuerpo-

- ¿Alguna droga? ¿Algún químico que pueda desencadenar esta reacción?

- No conozco ninguna que pueda hacer esto en tan corto tiempo

- Entonces la doctora…

- No creo que ni siquiera un luchador experto hubiera podido hacer esto, al menos no físicamente. Es necesario que los llevemos a la central para poder indagar más.

Indagar más, repitió su mente, la cual, con un pequeño incentivo visualizó una superficie metálica y un par de sierras de mano brillantes, con el cuerpo de Adam Izuki listo para una disección.

- ¿Tiene familiares? –volvió a hablar el forense, regresándole a la realidad una vez más, para su tranquilidad-

- Un hijo. –dijo carraspeando-

Y llevo una hora tratando de comunicarme con el…para avisarle que su padre ha fallecido.


Estaba muerto

Si!…estaba tan cansado que podría haber caído en su cama y dormir hasta el día siguiente y el día después de ese, y otro más, sólo por si acaso.

Matt se deslizó en el apartamento que compartía con su padre, esperando que no estuviera allí, ya que no poseía las suficientes fuerzas para entablar una conversación, como era usual cuando el no pasaba la noche en casa.

Había dejado –a regañadientes- al par de "amigos" en la clínica, esperando en serio que Lucy no le hiciera caso a "la momia" quien insistía en regresar a la escena del crimen. Había pensado que el famoso hombre por el que se derretía su pelirroja sería más inteligente, pero parecía que recién hubiera aterrizado en el planeta Tierra.

Miró el reloj de pulsera…las ocho de la mañana… tenía clases hasta las dos de la tarde, así que podría tener unas buenas horas de sueño. Dejó el celular en silencio. No quería que ningún compañero le despertara en medio de la siesta. Se puso la piyama, colocó el despertador a las 12:30 pm y de inmediato se hundió en el mundo de la deliciosa inconciencia.

Hacia las once y media de la mañana, el celular se iluminó una, dos, tres veces, y más tarde otras más, pero Matt no se percató de esto. Tampoco escuchó el teléfono inalámbrico que estaba debajo de los cojines del sofá de la sala, que repicó en repetidas ocasiones.

Soñó algo muy extraño, que le hizo dar vueltas en su angosta cama. Era la doctora Harris, quien en vez de entregarle la tarjeta y la nota, le entregaba un encendedor, diciéndole crípticamente: "Es para verlos mejor".


Estaba cansado, de eso no había duda, pero la visión que le estaban regalando no era algo que tuviera el privilegio de observar todos los días, así que combatió el agotamiento con gusto.

Despatarrada sobre una colchoneta improvisada y cubierta con una sábana, Lucy dormía plácidamente. En ocasiones podía ver debajo de los párpados cerrados un ligero movimiento, delatando sus sueños.

El sonido ocasional de algún maullido, o un quejido de un perro no lograba despertarle. Latis intuía que era la primera vez en bastante tiempo que la pequeña guerrera dormía sin preocupaciones.

Se había quitado la peluca, y soltado el cabello que tenía aprisionado debajo de esta para dormir. Su cabello era más largo de lo que había imaginado. Largas ondulaciones de ese rojo encendido caían aquí y allá, sin afanes, delatando su suavidad cada vez que se movía.

Con cuidado, se incorporó. Sus espontáneas camas se encontraban lejos, pero ambas en la trastienda –estaba seguro que el chico lo había dispuesto así a propósito- y caminó silenciosamente, tratando de no hacer ningún ruido que interrumpiera la etapa REM que experimentaba la chica, aunque por la forma que dormía Lucy, ni un terremoto podría ponerla en pie.

Colocó una rodilla en el suelo, y se agachó lo suficiente para que una de sus manos lograra acariciar un mechón rojizo. Al hacerlo, la tentación fue demasiada, y buscó su mejilla con el dorso de la palma. Su piel era porcelana, pero irradiaba tibieza.

Te libraré de Mavi-Alev. No me importa que sea un dios, encontraré la forma. –Pensó, tomando una decisión inequívoca, mientras rozaba delicadamente el rostro de Lucy-

Ella se revolvió y murmuró algo ininteligible, sonriendo entre sueños. Latis sonrió también, sin alejarse de su contacto. Calma, tranquilidad, felicidad. Eso era lo que sentía cuando estaba cerca de ella. De ninguna manera te dejaré ir.

Dentro de sus sueños Lucy flotaba hacia atrás, devolviéndose en el tiempo. Una parte de su cerebro que le estaba vedada, comenzó abrirse, invitándola a recorrerla. Sentía una calidez particular que hacía que pudiera enfrentar la visión que comenzaba a aclararse, a hacerse más fuerte…más real.

Nunca imaginé que tu ausencia me haría tanto daño. –Siguió él, reflexionando acerca de lo que había presenciado en pocas horas- ¿Por qué ahora te inspiro temor? ¿Por qué dudas al acercarte? Te protegeré hasta el final, te lo he dije. ¿No creíste en mi juramento? No deseo causarte miedo; que lo hagan el resto de personas que viven en los 513 mundos, pero no tú.

Pensó en el chico. Matt. Una extraña furia se apoderó de el al recordar la familiaridad con que la tocaba, la facilidad con que le hablaba.

No seré aquel que se rinde fácilmente. Estoy acá ahora.

La pelirroja arrugó la frente y contrajo la boca. Latis se quedó quieto, sorprendido por el repentino cambio de expresión. Aún tenía su mano cerca de su rostro cuando Lucy despertó de la pesadilla, abriendo los ojos, llenos de un pánico sobrecogedor, y brillantes por unas lágrimas no derramadas aún. Con el impulso que llevaba en sus sueños, la chica se irguió, quedando solo a centímetros de su cara. La desesperanza en los ojos de la chica se transformó en algo indefinible, que le dejó perdido.

Ambos permanecieron mudos por unos largos segundos. Sus miradas quedaron fijas. Era increíblemente incómodo, y deliciosamente placentero. Era un veneno con la dosis perfecta de narcótico, corriendo por sus venas, hipnotizándoles, anclándoles al cielo.

Hasta que Lucy se encargó de romper el hielo.

- Latis

El siguió en su sitio, sin ceder una gota de espacio. Ella no sabía qué hacer. Sus pupilas se agitaron en todas las direcciones posibles, evadiendo.

Por favor, ¡estás muy cerca!, se me está olvidando que debo respirar. Inhala, exhala, inhala…

Volvió a verle, sin dejar mucho tiempo que sus ojos se encontraran. Parecía que quería perseguir la bola imaginaria de un partido de tenis entre los profundos violetas de él y algo interesante que había en el suelo. A pesar de eso, el calor le estaba subiendo al rostro un grado centígrado a la vez.

- ¿Qué ocurrió? ¿Estás bien? –preguntó Latis, preocupado por su reacción inicial

¿Cuánto tiempo duraría esto? ¿Cuánto tiempo ella podría mantener distancia? Se le hacía eterno, difícil. En el fondo de su corazón lo único que deseaba era no tener que guardarse sus sentimientos, y gritarle "te amo"

Distancia, ¡distancia! –GRITÓ su conciencia-

Lucy obligó a su mente a trabajar en algo diferente, algo que no estuviera en función de los ojos del espadachín. Fragmentos del sueño, la sensación de vacío que le hizo despertar, algo que no tuviera que ver con su corazón acelerado.

- Creo que recordé algo importante. –dijo mirando al piso-.

Tras esa pequeña declaración, calló. El esperó que continuara.

- Recordé – siguió con voz temblorosa- algo acerca de la última ves que fuimos de forma incorpórea a Céfiro. Tú estabas a punto de irte con…

- Neferti –completó el, con una nota de dolor en su voz

- Neferti – repitió Lucy. El nombre de la mujer que hasta el momento le era desconocido le provocó un dolor extraño al escucharlo de su boca, tan lleno de tristeza- ¿Puedo preguntarte algo Latis?

El asintió. Aún estaban tan cerca. ¡DISTANCIA!

- ¿Funcionó? ¿El puente que ellas iban a crear, el puente de magia entre Autozam y Céfiro?

- No se ha podido completar

- ¿Por qué?

- Ese día iba a acompañar a Neferti a Xios por otras razones. Era un secreto -confesó, dulcificando su mirada- hasta que te vi. Y eso cambió muchas cosas.

¡Ahi estaba! NO lo quería escuchar. "Un secreto" ¡entre los dos! ¡Qué personal sonaba eso! Sonrió con tristeza. ¿Extrañaría a Neferti, estando allí con ella?

- Un secreto –fue lo único que atinó a decir.

- Sí. El plan era robar los makinessi, tratar de minimizar su desaparición para poder viajar. Pero tuvimos problemas.

Lucy se pasmó. No esperaba eso.

- ¿Viajar a dónde? – preguntó asombrada-

- Acá, al mundo místico

- No entiendo. ¿Por qué planeabas viajar al mundo místico si tu...? – se interrumpió, dándose cuenta que estaba a punto de cometer una imprudencia. Iba a decirle "si tú quieres a Neferti.?" Sin embargo, la pausa no impidió que una chispa de esperanza se encendiera en su interior, la cual tenía una llama apenas perceptible, pero bastaba, sí que bastaba-

- ¿Si yo…? – Latis no tenía idea qué palabras podrían completar aquella oración, y confundido arqueó sus cejas-

No tuvieron tiempo para terminar la frase, ya que un sonido les hizo ponerse en guardia. Latis se incorporó y Lucy detrás de él se puso en pie. La reja exterior se estaba abriendo, con una fuerza un tanto excesiva.

Un presentimiento terrible inundó el corazón de la guerrera mágica al ver a Matt aparecer frente a ellos. No parecía el mismo.


Noelle huyó, porque no sabía que más hacer. Huir era lo más sencillo. Había tomado algo de su dinero y las tarjetas. Toda su vida había cambiado en un suspiro.

Dormitaba en el autobús mientras salía de la ciudad. Lo más curioso fue que esperó uno en particular, a pesar que el tiempo estaba en su contra.

Se debatía entre el placer y la culpabilidad. Había asesinado a esos dos hombres. Eliott era un hombre horrible, ¿pero merecía morir? ¿Desde cuándo se convertía en ella en juez que decidía quién vivía y quien moría? E Izuki..Izuki..Hasta le había preguntado si estaba bien.

Pero por otro lado… estaba esa sensación que aún le recorría y que no había logrado apaciguar desde el asesinato. Ese calor indómito que le hacía hervir la sangre bajo la piel, que ansiaba más y más. Negarlo era inútil. Adoraba lo que estaba sintiendo, lo que había sentido. Era una liberación que jamás pensó tener. Ahora aceptaba que tenía poder, y mucho. Podía recorrer el mundo, podía hacer lo que quisiera, sólo bastaría un empujoncito a la mente de uno o de otro…y el que se interpusiera…

Dime, deliciosa, el que se interponga.. ¿Qué le harás?

Noelle no le había escuchado desde el "episodio" en su apartamento. Se irguió en su silla, y abrió los ojos. Miró a su alrededor, confundida. La voz dejó de escucharse. El bus estaba casi vacío. Dos asientos más adelante iba una pareja de ancianos; a su derecha, a unos cinco puestos, un hombre de negocios, y atrás de su silla, un grupo de cuatro muchachos, claramente saltándose clases, en su uniforme escolar, que hablaban animadamente.

Por la ventana ya no se veía la ciudad. Cada vez había menos casas a los costados de la carretera, y el verde brillante tomaba más y más fuerza.

Reflexionó un instante. ¿Sólo puede hablarme en ciertas ocasiones?

Ya no le temía. Es más, ansiaba hablar con él. Necesitaba saber muchas cosas, y por lo que intuía, el sería el único que podría proporcionarle algún conocimiento.

Siendo consciente que cada vez más estaba aceptando a aquel monstruo oscuro en su vida, cerró sus ojos para poder dormir. No fue tan difícil. El sonido constante del motor, los sucesos del día y el rítmico movimiento le ayudaron. Y así, pudo verlo.

El ser estaba de pie, frente a ella, rodeado de oscuridad, pero su figura se perfilaba con un tenue resplandor azulado. Su boca, como siempre, era lo único visible, y sonreía como era usual. Detalló cómo ese brillo se movía con ligeras variaciones, y ahí lo supo. Esa boca era una llama azul, cuyo color era resultado de un calor muy intenso.

"Has venido" "Te esperé mucho, deliciosa Noelle"

"Estoy acá, pero deseo…"

"deseas saber quién soy, y por qué te ansío tanto."

"así es"

"Los hombres me han puesto muchos nombres, pero el más… apropiado es Mavi-Alev, que en una lengua extinta significaba llama azul. Soy un dios, un supremo, uno de los primeros. Me encerraron en un mundo de oscuridad, el Nifelheim, un mundo intermedio, con miles de puertas. Es un espacio que comunica a todos los mundos.

Cuando alguien desea cruzar los mundos y puedo verlo, le imprimo una marca, para rastrearlo. Los persigo fuera de mis dominios, pero sólo puedo hacerlo algunas veces, dependiendo de mi fuerza. En la noche es más sencillo, facilita la entrada espiritual al mundo que quiero ver, pero mi poder es limitado, y sólo puedo jugar con sus mentes para que viajen de nuevo al Nifelheim"

"¿Por qué los atraes a ese sitio?"

"Mi deliciosa Noelle, ellos son mi sustento. Tomo su energía, su poder. Me alimento de ellos, es lo que me permite poder hablar contigo. De lo contrario ya me hubiera vuelto loco en la oscuridad"

Noelle dudó. Si a Mavi-Alev se alimentaba de poder, ella podría ser el plato principal de esa noche.

"Sé lo que piensas, pero no temas. Para ti hay un destino diferente" – Las llamas azules de su boca se agitaron

"¿Y cuál es?"

"Sacarme de esta condena. Perdí la batalla equivocada y mi castigo fue este destierro. Mi destino no está en está perpetua oscuridad, hambriento, esperando a quien cruza, viéndome disminuido con el paso de los siglos. Yo nací para ser un dios de los hombres, para ser adorado, para tomar venganza de aquellos que me quitaron todo"

"No comprendo, ¿cómo encajo yo en esos planes?"

"¡Amada mía! Eres única. Hace siglos aguardo por alguien como tú, un simple kâhin que pueda viajar entre los mundos no es suficiente. Tú eres mi Fénix, mi diosa! tu poder, ¡ tu capacidad de modificar el cerebro humano! esperé mucho tiempo y ahora es el momento. Yo te daré poder, saciaré tu deseo, ese que cruza por tu vientre cuando utilizas tus poderes. Eso que sientes es sólo el principio, mi deliciosa. Te prometo que el éxtasis será aún mayor.

" No lo haré. No volveré a matar"

"¿sigues negando el placer?, sé que el sólo hecho de hablar conmigo acelera tu corazón. Puedo escucharlo, mi amada"

Se revolvió incómoda en su sitio.

"No, no es cierto"

Mavi-Alev desapareció de su vista. Asustada le buscó, moviéndose, dando vueltas en círculos, sintiendose muy sola. La oscuridad era completa, le mareaba. Perdió el sentido de lo que era arriba y lo que era abajo. Quiso despertar. Era una tonta por ir voluntariamente a ese sitio y hablar con ese dios loco.

Pero entonces, la voz provino muy cerca de su oreja derecha. Un calor casi sensual le atravesó el tímpano, plantándole al piso inexistente. Una ligera brisa, intensamente satisfactoria le rodeó el cuerpo.

"No niegues mi influencia sobre ti, no puedes hacerlo" –dijo la voz en su oído- "Recuérdalo"

Mavi-Alev lo hizo posible. Le recordó lo que había sentido horas antes. El Fénix estaba ahí, sus alas no se habían apagado

Fue inevitable


Su cabeza era una compleja sucesión de imágenes, de recuerdos y de coincidencias agudamente dolorosas, que presionaban cada neurona que deseaba desconectarse y huir de su cerebro.

Papá

El reloj despertador sonó. Adormecido y bostezando, tomó el celular que reposaba en el mueble al lado de su lecho. Y ahí, supo que algo malo había pasado. Eran 15 llamadas perdidas del compañero de trabajo de su padre.

Devolvió la llamada. Sus dedos congelados y temblorosos, acertaron en el botón apropiado por cuenta de un milagro. Se encontró rogando a todos los dioses que su presentimiento fuera erróneo, que su padre sólo se le había acabado la batería, o el saldo, que por favor no tuviera que escuchar una voz incómoda al otro lado de la línea diciéndole que lo lamentaba.

Cuando eso ocurrió, el celular se deslizó de su palma, la cual se había congelado, siguiendo el ejemplo de sus dedos y de todo su cuerpo.

Por unos minutos escuchó cómo desde el piso, el angustiado oficial seguía hablando. El aparato amplificaba esa voz, en medio del silencio del apartamento, que le inundaba con su presencia maldita, una presencia a la cual debería acostumbrarse desde ese mismo instante, pues ya nadie vendría a luchar con ella.

Papá

"Por favor ven a la comisaría, quisiera hablar contigo, frente a frente…Matt..Matt estás ahí?" –Decía la voz, dudando, saliendo del teléfono tumbado en el suelo-

Matt miró el teléfono en el suelo. ¿El piso podría tragárselo y seguiría sonando? El sueño volvía una y otra vez a su mente. La doctora Noelle Harris, entregándole un encendedor. Un encendedor, una llama. Fuego. Pero él no se quemaba, al contrario.

Papá

Y desde ese momento, poco recordaba realmente. Sólo cabeza se empeñaba en traer imágenes confusas: un café por la mañana, un juego de pelota, un regalo de cumpleaños, una tarde de palomitas de maíz viendo películas de acción, un abrazo, una sonrisa cuando llegaba a casa…

Fue a la comisaría, efectivamente. Quedaba relativamente cerca. Como un autómata tomó el metro, se bajó y caminó; se adentró en la estación y la fuerza de la costumbre lo condujo hasta el segundo piso, al cubículo donde varias veces le visitó. Se quedó observando su escritorio. Una taza, un esfero. Sus notas desparramadas…una foto.

Pero tan pronto vio a la persona que le había llamado hacía pocos minutos, lo único que preguntó fue:

- ¿Noelle Harris?

La expresión mezclada de reconocimiento y consternación del detective le dijo mucho más que un "sí" directo que jamás saldría de su boca.

Dejó que el compañero de su padre divagara y le proporcionara un inútil tratamiento psicológico a víctimas por medio de unas largas palabras. Al terminar, alegó cansancio, y salió de allí.

Tenía claro a dónde debía ir. Una furia desconocida nació en su corazón, un corazón que se ennegrecía por fruto de los lazos y cuerdas que ataba la lógica de una casualidad imposible, pero en la que él tenía un claro papel.

Así llegó a la clínica. Corrió el cerrojo y la reja con la adrenalina saltando de sus articulaciones. Silencioso, caminó a la trastienda. Allí estaban, mirándole.

Sus sentimientos cambiaron, y al fin lo entendió. Lucy jamás le había amado. Jamás. Y ahora, él había cambiado la vida de su padre por la de estas dos personas, que le veían como un intruso. El dolor por la pérdida le aprisionaba el pecho, a punto de colisionar junto con todos sus órganos contra su alma que atravesaba un metálico calvario.

- Te juro que si hubiera podido elegir, si hubiera tenido una ligera idea… -le dijo dirigiéndose a Lucy, entregándole una mirada cargada de un profundo odio- te hubiera dejado allí enterrada.

La chica se le cortó la respiración cómo si le hubieran clavado una estaca en el corazón. Bien.

Acto seguido, tomó su celular y marcó el 911. Lucy le miraba atónita, pero Latis se colocó de inmediato entre ella y el.

Escuchó a la operadora que contestaba del otro extremo de la línea

- "Si…para reportar una emergencia. He visto a una pareja muy extraña irrumpir por la fuerza en un local. Vestían batas de hospital. Una mujer pelirroja y un hombre alto. Se comportan muy extraño. ¿La dirección? Si claro…es….

Lucy abrió su boca, queriendo decir algo, pero las palabras no salieron.

Matt seguía hablando

- Si, muy cerca. ¿una unidad patrullando en este instante? Perfecto…

Latis tomó la mano a Lucy, y arrastrándole sin dudar, atravesó la trastienda, pasando por el lado de Matt para buscar la salida. El chico les observó pasar. Su mirada estaba vacía. Se quedó solo en la clínica, con el silencio dándole vueltas, con la soledad razgandole el alma.

- La encontraré Papá, y enmendaré todo. - prometió Matt hacia la nada-