Saludos desde el mas acá (como diría nambelle). De nuevo resucitando después de una laaarga ausencia. Siento no poder actualizar como antes, pero planeo volver a tomar un ritmo cada 15 días. Espero perdonen mi desaparición leyendo este nuevo capítulo y los que siguen.

Sus comentarios son, como siempre, haces de luz que iluminan un día gris. Gracias a bermone (¿significa que vamos bien?), AmandaCéfiro (Paris tenia una prueba que pasar, y la consiguió pero no de la manera que el esperaba), Tsunami azul (Ese tipo de poder no está diseñado para una guerrera del agua, las consecuencias son indecifrables), nambelle (vendetta!...es posible que Neferti lo considere), ascellastar (vas a ver lo que les toca al trio ahorita..) y al Guest (seguimos con una tónica parecida...vamos a ver hasta dónde llega)

Este capítulo es dedicado al presente. Noelle, Matt, Lucy y Latis; Todos ellos están atravesando por pruebas muy duras y en el sentido de Noelle, una prueba de ambivalencia entre el bien y el mal, un bien del cual se desea aferrar, contra el placer que le provoca accionar ese peligroso interruptor para hacer el mal. La última vez que los vimos, Noelle se había rendido ante Mavi-Alev, aceptando esa parte oscura dentro de sí misma, Matt delató el paradero de la pelirroja y el espadachín, Lucy está comenzando a recordar esa última semana antes de aparecer en el hospital con múltiples heridas y a entender que la relación entre Neferti y Latis es bien diferente a lo que se imaginaba.

Demasiado prefacio, como es usual...


Burn everything you love, then burn the ashes

In the end everything collides

My childhood spat back out the monster that you see

My songs know what you did in the dark

My songs know what you did in the dark - Fall Out Boy

Capítulo 16. En la oscuridad

Tiempo: Presente

Noelle supo que había estado a punto de ocasionar una catástrofe cuando abrió sus ojos y se percató que flotaba ligeramente sobre el asiento. Su cuerpo bajó hacia la silla, como si de un momento a otro se hubiera percatado de la existencia de la gravedad. Miró a su alrededor, pero los pocos pasajeros proseguían con sus vidas sin novedad.

El bus parqueó en una bahía desierta, al lado del camino. Bajó del autobús con una actitud muy distinta. El viento le acarició el rostro y revolvió su cabello. Sonrió. El conocimiento de su poder, de lo que podía hacer, era una droga que le alimentaba. Se sintió muy feliz, libre.

Los escandalosos colegiales descendieron después de ella y entre risas tomaron el camino veredal hacia el pueblo que se encontraba, según rezaba la señal romboide de la estación, a menos de 300 metros en esa dirección. Suspiró.

Se apartó tomando un camino alterno, que los pies de los hombres habían logrado delinear a través de la hierba a fuerza del paso constante, y que por tanto, no tendría de ancho más que un metro de tierra amarillenta y polvorosa.

Caminó durante largos minutos, hasta que dio con la casa. Se alzaba en un claro como un gigante taciturno, esperando a ser degollado. La visión formada en su imaginación le hizo reírse de forma audible. Reconoció a su pesar que disfrutaba de todo eso. Se acomodó las gafas con el índice. Sus ojos verdes centellearon detrás de los cristales.

Subió los tres escalones de madera, con calma. La casa estaba rodeada de un jardín precioso, pero mal cuidado. Hacía poco que el jardinero había pasado cortando las malas hierbas, arrancando la maleza y segando las ramas de los árboles en miniatura que crecían delineando el espacio con contundencia verde. El sólo hecho de observarlo, le hizo pensar que ella era un jardinero también, un jardinero errante que pasaría su guadaña, podando.

El fénix se movió con deleite dentro de su pecho, ansioso. Esto era diferente, muy diferente. El remordimiento por haber asesinado al detective se diluía y la anticipación le aceleraba el corazón.

Llamó a la puerta, dos delicados toques de su blanca y pulcra mano fueron suficientes. Un muchacho abrió, y le hizo una pregunta, a la cual no prestó atención. Los tentáculos invisibles salieron de su cuerpo, esta vez con pleno consentimiento y certeza de lo que hacía. Atraparon al chico tan pronto osó poner sus ojos sobre los de ella. Gran error.

- ¿Tu nombre? -Noelle tenía la voz dulce, y su sonido era un néctar suave -

- Oziel –le miraba atontado, incluso con un dejo de lujuria escondida-

- He sido afortunada de encontrarte, Oziel

Oziel abrió su boca en una sonrisa bobalicona, mostrando sus dientes. Noelle podía sentir su esperanza, su pequeña felicidad ante las palabras que había pronunciado

Se lo que has hecho…sé lo que has hecho en la oscuridad.

- Dime, ¿están los otros contigo?¿El otro chico y la niña?

- No somos niños –replicó serio, sincero. Su mandíbula se ensanchaba con la sonrisa que venía después de cada respuesta- Si, están dentro, con los cuerpos de las otras chicas.

- ¿Cuales chicas? –dijo ella, llevando su mano a la mejilla de Oziel-

- Las otras que viajaron a Céfiro

¿¡CÉFIRO!? Aquel nombre, ella lo había escuchado antes. Era...

La voz de Mavi-Alev le interrumpió los pensamientos, ansiosa

Las elegidas, las elegidas están aquí.

Noelle recordó. Céfiro. Ese nombre del dios griego del viento del oeste. Ese nombre lo había pronunciado repetidamente Lucy en sus sesiones de hipnotismo. Lucy de nuevo, apareciendo entre las sombras de aquellos acontecimientos. ¿Por qué Mavi-Alev tenía tanto interés en que ella pudiera experimentar sus poderes con estos niños?

- ¿Las elegidas? -repitió Noelle, volviendo a concentrarse en Oziel.

- Si –asintió con fuerza- si tú los quieres, yo puedo dártelas. Si me dejas estar a tu lado –suplicó con cadencia. Noelle preveía que dentro de poco estaría babeando si no dejaba de sonreír.

- Claro niño, pero debes esperar por mí. En el Nifelheim.

- Pero… –Oziel empequeñeció sus ojos vacíos- es peligroso. El dios…¿Estaré a salvo?

- Para siempre –dijo ella con ternura-

Oziel asintió, y ella lo liberó. El chico cerró sus ojos y tras un segundo, desapareció. Un grito agudo salió de la casa después de que Oziel hubiera desaparecido y una hermosa joven de ojos avellana detuvo en seco su carrera al toparse en la puerta con la doctora. Noelle no quiso meterse con su mente y le permitió evaluarle de pies a cabeza. El calor comenzó a envolverla y sus sentidos le juraron que el viento soplaba fuerte para evitar que se incendiara todo, a pesar que ella no había hecho nada. Aún

La chica "Se llama Irina" – pensó Noelle- percibió aquella corriente caliente que emanaba su cuerpo, pues le atacó. La doctora sintió la fuerza de la chica, tratando de empujarla, de tumbarle con una orden de su cerebro, pero la contraorden que el fénix emitió fue más fuerte.

- ¡Damien! –gritó la chica, presa de furia al ver que Noelle no se había siquiera despelucado ante su poder telequinético-

La hermosa doctora retrocedió varios pasos, sin darle la espalda, y se situó en el claro que rodeaba la casa de campo. Ante el grito de Irina, Damien apareció. Le observó de arriba abajo, con esos ojos azules brillantes y definitivamente seductores que le hacían muy atractivo, a pesar de su clara diferencia de edad.

Era muy fuerte, muy peligroso. Podía sentirlo a leguas. Bien. Aquel era un experimento conveniente.

- ¿Quién es? ¿Viene a tomar nuestros poderes? – preguntó Irina, pasando saliva

- No Irina –respondió Noelle con calma y cubriéndose de frialdad- No han cumplido su palabra con el dios de la llama azul, así que es necesario que desaparezcan

Damien no dijo nada. Actuó. Noelle sintió una presión agresiva sobre su columna. Sus vértebras vibraron debajo de la piel, resistiéndose a partirse. Al mismo tiempo sus pies trataban de alzarse del piso y voltearla sobre el suelo. Esa era la chica, envalentonada ante la respuesta de su compañero. Trató de acercarse con sus tentáculos, pero se rehusaban a salir y alcanzarles. Damien, el también tenía sus poderes concentrados en la mente. Sin meditarlo mucho, supo que se encontraba ante buenos adversarios, y eso era un reto que le encantaría superar.

El fénix no pidió permiso y sus delicadas plumas de fuego se abrieron imponentes para responder.

- Estuve hablando con el, aún estamos afinando detalles –dijo el fénix, sin levantar la mirada del suelo-

- ¿Hablando con quién? –gritó la muchacha de ojos avellana, vencida por la curiosidad. Damien le lanzó una gélida mirada, enviándole una silenciosa advertencia de no seguirle el juego a la extraña-

- Con el demonio. –murmuró, sin importarle si le escuchaban- Acerca de la mejor manera de despedazaros.

- No sabes con quien tratas –interpeló Damien, herido en su orgullo, convirtiendo su sonrisa en una mueca desagradable

El fénix rió con suavidad, inusualmente tranquilo. Dentro de su cuerpo los huesos rechinaban, pero no lograban partirse ante la orden del chico de ojos azules.

Sólo una pequeña chispa necesitaba…para arder

El mundo se detuvo. El viento dejó de agitar las ramas de los árboles. Los sonidos de la naturaleza callaron de súbito y las nubes dejaron de desplazarse por el cielo. La puerta de la entrada a la casa campestre, que golpeaba con acompasado ritmo contra el marco de madera detuvo su trayectoria.

- ¿Qué es eso? – alcanzó a pronunciar Irina antes de sentir un ardiente punzada en su cerebro y caer gritando sobre las tablas del solar-

Los aullidos de la chica alertaron a Damien, quien dejó de tratar de partir en mil pedazos el cuerpo de Noelle.

Y sintió miedo.

La atmósfera cambió de repente, como si se hubiera metido de cabeza dentro de un enorme hoyo cuyo fondo le esperaba con lava burbujeante. Los vapores le marearon. Concentró el poder dentro de sí, y trató de bloquear su cerebro, de crear una barrera…pero ¡qué difícil era!. Si no lo lograba, en segundos estaría igual que su compañera… Era imposible no tener un leve atisbo de lo que estaba viviendo Irina, todo por el vínculo que habían armado entre ellos.

Irina seguía retorciéndose en el suelo. Las manos se le arrugaban y al piel se cuarteaba perdiendo su humedad. Algo le succionaba la sangre de sus venas, secándola. Gritaba y gritaba en el paroxismo del dolor, al tiempo que su cuerpo se curvaba en un ángulo de 90° rompiendo con ello su columna con un sonoro crujido.

¡CRAC!

El sonido le produjo a Damien una agria sensación que bajó por su garganta causándole nauseas. Notó de nuevo el vapor caliente rodeándolo, tratando de entrar a su cerebro. Sin pensarlo dos veces, desvió con la maestría de un bateador profesional la energía que lo envolvía y la envió directamente por el vínculo que mantenía con Irina hacia el cuerpo ya estropeado y enloquecido que renqueaba desconectado de la realidad. Eso fue suficiente. El golpe final para esa figura humanoide antes llamada Irina.

Por su cara palpitaron las venas enrojecidas y los ojos avellana saltaron como canicas sangrientas impulsadas por una fuerza sobrenatural, y se alejaron rodando, dejando un delicado rastro rojo viscoso encima de la madera.

Percibió el vacío que se apoderaba del alma de la chica, Damien se enardeció inmerso en aquella curiosa excitación que acompañaba el ritual del asesinato y supo que era su oportunidad. Había sido el quien había matado a Irina desviando el ataque dirigido a su persona.

Sin perder tiempo, atrajo hacia su cuerpo los poderes de Irina y se llenó de ellos. Delante de él, la mujer, que no se había movido un ápice, arrugó su frente al desconocer esa niebla azulada que cubrió al chico. El fénix desapareció y Noelle se vio despedida tres metros atrás de su sitio en el segundo en que se descuidó y que el chico aprovechó para alzar su brazo mientras fijaba los ojos relampagueantes de furia azul en su adversario.

Noelle cayó, levantando grama verde.


Matt volvió a su departamento, ahora impregnado de oscura soledad. Logró derrumbarse sobre el sofá en vez de caer, pero sin saber si era un sueño o el presagio de la locura, el sofá cobró movimiento propio y comenzó a girar y a girar, acelerando, convirtiéndose en un carrusel infernal. En cada vuelta veía fragmentos de las pasadas 24 horas. Su conciencia volvía obstinadamente a la conversación con la doctora, a sus ojos verdes, al brillo de sus lentes, a la cadencia de su voz. Un trozo de imagen y una vuelta, una tras otra, sin parar.

Se arrojó del sofá. Cuando por fin la sensación de estar estático le sobrevino como el agua fría, vomitó sobre la alfombra con dolorosos estertores una comida inexistente.

Aún sobre el suelo, sintiendo mil emociones al mismo tiempo, se limpió con el dorso de la mano. Entonces se encontró mirando una carpeta abandonada sobre la mesita.

El expediente…

Se levantó resuelto. El dolor pasó por su espina, áspero, lleno de agujas.

Hurgó por las páginas, y encontró la dirección que buscaba. Pero antes de salir, se aseguró de llevarse el radio de backup que su padre guardaba en la cómoda.

Entró en la propiedad donde había ocurrido el asesinato sin ningún esfuerzo pues la puerta estaba apenas ajustada. Recorrió la sala. Cristales pertenecientes a la lámpara de techo explotaban bajo sus zapatos. Dio varias vueltas, en círculos asimétricos y tras largos minutos, la angustia le poseyó de nuevo al no encontrar nada.

Las paredes estaban salpicadas de un líquido marrón. Posó su mirada sobre una en especial, en la que si se observaba con atención parecían distinguirse letras, pero tras un esfuerzo, concluyó que su activa imaginación había tratado de formar una palabra semejante a "Fénix". Lo dejó. Era como interpretar las formas de las nubes. Podría ser cualquier cosa.

¿A quién engaño? ¿Qué busco acá? No soy mi padre. Soberana estupidez.

Avanzó para salir de aquel siniestro lugar. Dio un par de pasos, pero al hacerlo, sus pies tropezaron contra un peso extraño que le contrajo los dedos de dolor, como si se hubiera estrellado contra una pared. Al bajar sus ojos se encontró detallando un pequeño objeto no más grande que un durazno. A simple apariencia, era de piedra. Lo alzó. Para su sorpresa era increíblemente liviano.

Cabía en la palma de su mano. El artefacto era hueco, compuesto de triángulos equiláteros curvados suavemente hacia afuera, como si hubieran decidido unir dos pirámides por la base. Poseía 8 caras y en cada una de ellas habían grabado con asombrosa precisión cuatro círculos de radio perfecto, con un pequeño orificio en la mitad. Los tres círculos más pequeños se ubicaban cerca de las aristas, rodeando un círculo de mayor tamaño emplazado en el centro. Este poseía dentro de sí otras circunferencias, dándole un aspecto astral. Rematando en el centro, dentro del orificio, se depositaba una gema opaca de color diferente según la cara que mirara. En cada uno de los seis vértices del poliedro, una esfera de piedra rugosa y maciza se alzaba de forma extraña, completando el conjunto.

Concentró su atención en uno de los círculos grandes, y pasó la yema de sus dedos sobre la gema naranja. Al hacer esto, el triángulo cambió su color grisáceo por un dorado brillante y vibró levemente. Sus ojos dejaron de ver la sala y se trasladaron a velocidad pasmosa a través de una oscuridad profunda, más densa de cualquier cosa que hubiera presenciado. Pero entre ella, creyó ver una boca azul, cuyos dientes afilados sonreían con sorna. El miedo le obligó a desviarse. Al fondo distinguió una luz cetrina, lejana, pero sin más, un empujón cuya fuerza le aplastó las costillas le devolvió a la realidad. Una mujer gritó en su cabeza, con urgencia.

"¿Quién eres? ¿Qué haces con el makinesi?" "¡Responde! ¿Dónde está Latis?"

Matt dejó caer el octaedro y la voz calló. ¡¿Qué diablos?!

Sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz proveniente del radio que llevaba en su bolsillo. El tono captó su atención de forma inmediata y subió el volumen

….unidades. Sospechosa aborda bus. Repito…

Matt escuchó con atención lo que la operadora policial decía. En cuanto supo a donde debía dirigirse salió de la casa, llevando consigo el objeto, que por más desconfianza que le produjera, era algo que podría necesitar, si tan importante era para Latis.


Lucy corría

Las sirenas y las luces de los autos salían de todos lados.

Escuchaba gritos por todos lados. Unos eran advertencias, otros, iracundos e incluso los habían calmados, cuerdos y sin prisa. Pero estos gritos no era lo que le preocupaba en ese instante.

Acababan de salir disparados del callejón. Allí habían pasado unos valiosos minutos al resguardo, ocultos de la vista de los policías que les buscaban, detrás de unos enormes depósitos de basura. Allí acurrucada, había mirado el pequeño charco debajo de sus zapatos. Latis estaba a su lado, pero estaba pendiente de cualquier movimiento exterior, así que no se percató del cambio en su expresión cuando Lucy se concentró en ese charco. Un recuerdo sórdido, de una madrugada helada, de un callejón, del sonido de los botes de basura, de las voces lejanas y los ecos oscuros le devolvió los recuerdos que le faltaban de un solo envión y sin advertencia. Su cabeza quiso explotar, volar en millones de pedazos y todas las imágenes, el dolor y la oscuridad que había vivido se desbocó tan rápido que era una tormenta eléctrica dentro de su cerebro.

Lo supo todo, de golpe. Recordó el destierro de Guruclef, recordó porqué el ser de boca azulada le perseguía, recordó que no pudo evitar que Damien se llevara los cuerpos de Marina y Anais, recordó que fue vencida, y que le dejaron con los huesos rotos para morir en un callejón semejante a ese, encima de un enorme charco, para que se pudriera.

Habían tenido que moverse, seguían corriendo. De vez en cuando Latis le miraba de reojo, y a veces le tomaba de la mano para asegurarse de que le seguía el ritmo. Poco antes el simple hecho de tener su mano entre la de Latis le hubiera llenado de felicidad, pero ahora lo único que podía pensar era en sus amigas, con su espíritu perdido entre mil mundos, y en sus indefensos cuerpos custodiados por los tres que les habían llevado por ese camino.

Basta de todo. Salvaría a sus amigas, las encontraría.

Lucy paró de súbito y se soltó del espadachín.

- Sé quiénes tienen a Marina y Anais. Debo encontrarles.

Latis le evaluó en silencio.

- Lo haremos. Pero primero debemos recuperar el makinessi, lo dejé en la casa de la vidente cuando llegaron los policías. El makinessi nos dará una vía de escape una vez recuperemos a tus amigas.

Lucy asintió, la lógica era indiscutible.

La casa no quedaba tan lejos de la zona donde estaban. Tratando de pasar lo más desapercibidos que una pelirroja y un hombre de metro noventa podrían pasar, montaron un tren hacia el destino, y después de 20 minutos, desempbocaron en la estación más cercana.

Aún estaban a una cuadra del hogar de Mizuki cuando vieron salir a una persona del lugar. Era Matt. Un mal presentimiento les cruzó por la mente a ambos. En la mano derecha, el chico jugueteó con un objeto, y lo guardó en su pantalón. Acto seguido, caminó en sentido contrario, y levantó su mano para parar uno de los taxis que pasaban, subiéndose a él.

Lucy revisó en sus bolsillos, y dando gracias a los cielos por tener algún dinero sobrante que le había dado el mismo muchacho que se disponían a seguir, alzó su brazo para hacer una seña al siguiente vehículo que se acercaba con la señal de "libre".


Un dolor agudo en su mano derecha le hizo pensar en que no debía subestimar a sus enemigos de ahora en adelante. Trató de incorporarse pero él se estaba ensañando con sus huesos. Se dobló, acunando sus dedos, sintiendo pánico al verlos doblarse involuntariamente. Una punzada en sus hombros le puso en guardia.

No podía perder tiempo en dolores patéticos, tenía ciertos asuntos pendientes.

El asunto pendiente se le estaba acercando, sonriendo. Podría encender una hoguera azul con esos ojos por la forma en que brillaban. Damien despedía confianza y desprecio a cada paso que daba.

- Pensabas que esto sería fácil ¿no es así? – preguntó cuando estuvo lo suficientemente cerca- Pareces muy fuerte, pero se nota a leguas que eres una novata.

Noelle no se dignó a responderle. Trataba de enviar sus tentáculos, pero algo les enviaba de vuelta

- No te funcionará. Sé cómo bloquear esas cosas. Lo he aprendido con la práctica, cosa que a ti te hace falta.

Ahí estaba de nuevo, sus dedos trataban de moverse sin su consentimiento. Logró arrodillarse. Un paso más y estaría de pie.

- No no no… -negó el con la cabeza, regañándole como a un crio maleducado- no te dejaré. Soy el maestro y tú, solo una aprendiz

Dos dedos no aguantaron más la presión y se alzaron hacia los cielos, partiéndose en el curso de su inútil plegaria. Noelle aulló como una loba herida y se derrumbó. A lo lejos escuchaba la risa sádica de su oponente, cuya figura se delineaba por el ocaso naranja de un día muy largo.

Quiso contraatacar, pensó una y otra vez que debía despedazarle antes de que él lo hiciera con ella, pero el fénix permanecía al margen, en las sombras. Incluso la vocecilla del dios había callado abruptamente en su mente. El pavor de sentirse sola, indefensa, hizo aún más vívido el dolor y al ver cómo sus dedos colgaban flácidos, disparejos e inertes al llamado de sus neuronas no mejoró la situación. El dolor era una garra despiadada y punzante que le horadaba la piel. Temió desvanecerse en cualquier momento.

Damien alzó su brazo con segundos. Previó lo que iba a suceder, mas no pudo esquivarle, pues toda su concentración se centraba en sus palpitantes dedos. Su cuerpo de elevó a unos increíbles tres metros de altura sin esfuerzo y acto seguido el vacío de su estómago vaticinó que caería y se aplastaría como una fruta madura lanzada desde un abismo.

Le tomó pocos segundos captar que seguía viva. Su espalda rozaba la hierba a escasos centímetros, suspendida sobre ella. El chico golpeaba su puño sobre el suelo una y otra vez, pero ella seguía flotando.

Comprendió que debía de dejar la lógica a un lado. Su poder no emanaba de la razón. Fluía desde el hipotálamo: primitivo, básico. Era parte de su propio instinto.

Volvió a sentir fuerza al comprender eso. Ella misma se incorporó en el aire, y se depositó con elegancia sobre la alfombra verde. Se miró los dedos. Eran una agonía aplastante. Su brazo le pesaba como si estuviera esculpido en cemento. El médico dentro de sí le replicó que debía hacerse pronto un torniquete, pero decidió que eso que sentía podría ayudarle.

- ¡Tu poder será mío! –gritó Damien, alterado y cerrando los puños al constatar que no había podido dañarle-

Que siguiera con el monólogo. Poco le importaba lo que tuviera que decir.

La ráfaga llegó tratando se golpearla. Mas esa vez dejó que su instinto respondiera. El fénix le protegió, como una armadura hecha de llamas. Se sorprendió viendo el ataque que enviaba Damien contra ella. Era un flujo verdoso que salía de su cuerpo y se estrellaba contra la barrera que el fénix creaba alrededor de su cuerpo.

El de ojos azules ardía en rabia. Su orgullo le empujaba a continuar con aquello, pero su confianza se desmoñaba poco a poco.

Noelle pudo sentir el olor del té de manzanilla que su madre hervía antes de que la cocina explotara, y supo que iba a usar algo que había enterrado en su memoria por largos años.

La tierra tembló bajo sus pies y una capa de polvo se despendió del jardín. Un pulso seco y preciso barrió la superficie. Los árboles dejaron caer las hojas más débiles de sus ramas y Damien fue lanzado con la fuerza del impacto de un cañón hacia la casa de madera, atravesando la entrada. Su cuerpo despareció en la oscuridad, llevándose consigo un pedazo de la puerta de vaivén.

Caminó lentamente, sintiendo el escudo del fénix a cada paso. Sus dedos protestaron arduamente, recordándole su olvido. Pero siguió. Esquivó el cuerpo maltrecho de Irina como si de cualquier trasto se tratara y entró a la casa.

Vio a Damien casi desmayado sobre lo que quedaba de una mesa de comedor de madera oscura. A su paso, el chico se había llevado varias sillas. Tenía una herida muy fea en su frente, y en sus manos, signos de que había tratado de protegerse con ellas.

- Aprendo rápido –dijo calmadamente, con el mismo tono que usaría para detallar el estado de un paciente bajo su tratamiento- Te quemaré, y luego quemaré tus cenizas. Nadie engaña al demonio y permanece indemne.

- ¿Qué eres? –preguntó Damien, aún desafiante, aunque sus heridas le delataban-

Noelle rio y agitó su cabello rubio. Los dedos gritaban, bramaban, solicitaban su atención.

Aun no se dijo

- Soy un monstruo desde muy pequeña. ¿No era ese tu deseo? ¿Encontrar a un médium fuerte? ¿Una persona con enorme poder? Ten cuidado con los deseos que formulas en la oscuridad. No sabes a dónde van a parar.

Las luces que se colaron por las ventanas ocuparon su campo de visión al reflejarse por los vidrios. Afuera el atardecer estaba a punto de lanzar sus últimos rayos y la noche se colaba indómita en medio de los arreboles. Extrañada por ese concierto de azules y rojos artificiales se acercó con sigilo a la puerta, sin perder de vista a Damien, quien parecía demasiado herido para intentar algo.

Sus ojos verdes se abrieron al ver varias patrullas policiales que llegaban por un camino anexo, contrario al que ella había recorrido, para reunirse con otros automóviles que parquearon sobre el césped.


Matt llegó en una de las patrullas. Había sido fácil convencer a uno de los amigos de su padre para que lo llevara después que el taxi lo dejara en la estación central. A todos les hervía la sangre por lo que había ocurrido y el deber se mezclaba con la venganza fácilmente cuando se trataba de un conocido.

Había hecho la promesa de permanecer en el auto, una gran y descarada mentira. No había ido allí para eso. Sin que se percataran, se deslizó entre los autos y tomó un sendero de árboles para rodear la casa campestre. Para su deleite, una puerta trasera medio abierta le invitaba a entrar.

El peso del objeto en su bolsillo se incrementó… o eso le pareció cuando salvó los metros entre el pequeño bosque y la puerta.

Un muchacho despatarrado, herido de gravedad, de ojos azules, le miró implorante. Era Damien, el dueño de Kiki.

Mil engranes de recuerdos se juntaron al mismo tiempo en su cabeza. Luego vio a la doctora. Un aura borrosa le delineaba el cuerpo bien formado. El aire a su alrededor se ondeaba. Era como ver el calor que irradiaba un horno al contacto con la atmósfera. Se envenenó por dentro, lleno de la ponzoña de su pérdida.

Damien le miró de nuevo. Era la auténtica imagen de la desesperación. La mujer le había atacado, eso estaba claro. El universitario no le agradaba, pero…

El enemigo de mi enemigo es mi amigo

Y por eso, mientras la mujer avanzaba resuelta a la entrada principal, Matt decidió que debía ayudar a Damien a escapar.


Lucy hizo lo que Latis le aconsejaba, y permaneció en la oscuridad, rodeada por los árboles. Gracias al carácter gentil y la sonrisa de la pelirroja, un abuelito les había llevado en su automóvil hasta la entrada del pueblo. Había sido fácil seguir a Matt y a las patrullas. El anciano les había conversado todo el camino, emocionado por participar en aquella persecución policiaca, pues según él ya pocas cosas tenían sentido después de la partida de su esposa hacía dos años.

Acurrucada al lado del espadachín, Lucy se sintió orgullosa de su alto compañero. Sin sus capacidades para rastrear sin ser vistos y su prudencia no habrían llegado tan lejos. Le sonrió sin que él se percatara, y sus ojos le observaron con admiración. Por primera vez, quiso contarle a Marina y Anais lo que Latis había hecho por ella en esos días, con el único propósito de presumir su buena suerte.

Al pensar en sus amigas, su sonrisa se desvaneció y alejó esa tontería de su mente.

Latis le tocó el hombro, en señal de atención. Era Matt, quien salía por la puerta de atrás de la casa, con alguien apoyado en sus hombros. Las figuras se perdieron en la noche, pero aún a esa distancia, la guerrera pudo distinguir de quien se trataba. Su respiración se aceleró y sus puños se cerraron casi enterrándose las uñas. El espadachín tuvo que usar la fuerza para que no saliera disparada en persecución de esos dos hombres.

- ¡Suéltame! –le dijo ante la sorpresa de Latis, quien a pesar del reclamo, no le soltó, y mantuvo la suave pero firme presión de su mano en el brazo de la pelirroja

- Baja la voz –susurró con dulzura.

- ¡Ese hombre! Él tiene a Marina y Anaís. ¡El mismo que mató a Mizuki!

- Nos moveremos, pero con cuidado. Mira hacia allá.

Lucy arrugó su frente. Eso estaba mal. No encajaba. ¿Qué hacía la doctora Harris en ese lugar?

No tuvo tiempo para seguir con esa línea de pensamiento. Los disparos apagaron los demás sonidos. Uno tras otro los cartuchos se desocuparon. El tiempo pasó raudo y no hizo distinciones con nadie. Al final cesó, pero no hubo silencio. Ese vendría después.

Los gritos eran ahora los protagonistas. Docenas de gritos que decrecían en intensidad, tragados por el pasto manchado.

Ella estaba congelada en su sitio. No podía asimilar con veracidad lo que había visto. Latis fue quien le sacó del terror y le hizo reaccionar acariciando su mejilla y forzando a que le viera a los ojos.

- Lucy! –le llamó con voz queda- vamos!

- ¿Por qué? ¿Por qué se dispararon entre sí? Y los que estaban heridos…se arrastraban para rematar a los demás…sangre, sangre por todas partes..

- Noelle es peligrosa. Debemos ser cuidadosos.¡Vamos!

Lucy corrió, confundida, sin dejar de pensar en la gorgona del mito griego


Noelle regresó a la casa, pero Damien había huido. Maldiciendo su propia estupidez se dispuso a salir en su persecución, mas de golpe recordó lo que Oziel le había confiado y comenzó a buscar.

Les encontró con facilidad, en el segundo piso. Los cuerpos estaban intactos, acostados sobre dos camas gemelas. Las elegidas. ¿qué interés tenía Mavi-Alev en ellas?

Dudas y Demonios y mentiras

Adoraba ser el ángel exterminador. Pero aquello no tenía sentido.