Es emocionante saber que no han olvidado a "Es tan sólo tu imaginación" a pesar de no poder actualizar como antes. A todos gracias por continuar leyendo. Como siempre, comienzo dando gracias a los que dejaron sus valiosos comentarios. Dicen que la felicidad tiene muchas formas, y una de ellas, es escuchar el sonido de "mail nuevo" y saber que es un review.
Bermone (por fin! este fic posee tantas historias que desarrollar que ya ni se por dónde seguir, pero aquí estoy!) nambelle (cierto, Matt cree que sabe lo que ocurre, pero se envuelve cada vez mas en un camino nada agradable. Gracias por leer srta Musa :P) AscellaStar (:D qué mejor halago que poder desconectar temporalmente al lector de sus deberes inmediatos... jejeje lamento lo de tu clase) Guest (voy a llorar! es mi favorito por mucho y ser su aprendiz es todo un honor! snif snif) y cindela0 (wow! gracias por tu review y bienvenida, que bueno que te decidiste a leer esta no-tan-convencional historia, espero que lo sigas haciendo)
Ok, hago un pequeño review..creo que es necesario después de tanto tiempo...Múltiples historias van llegando a un sólo punto. Este es un capítulo del Pasado. Hemos dejado a Latis, Paris y Neferti en un tenebroso lugar: la cárcel de los ancianos; quienes causaron el asesinato de la hermana de la sacerdotisa a manos de Paris. Con esto, el príncipe gana su boleto para viajar entre los mundos. ¿Podrá Paris encontrar a Anaís? ¿Qué ocurrió con la guerrera del viento? ¿Mavi-Alev le dio caza finalmente? Marina, por otro lado, encontró a Ki, una elemental, quien le ha "prestado" sus poderes para atacar a Damien, Irina y Oziel, (quienes le habían perseguido al mundo destruido donde fue expulsada)gracias al hecho de escuchar el nombre de Mavi- Alev. ¿Por qué Ki ha accedido a ayudar a Marina ante la mención del dios del Nifelheim, si antes se mostraba tan renuente? ¿Marina podrá asimilar el poder que le fue temporalmente brindado? ¿Qué destino le espera en ese mundo? No debemos olvidar que en un capítulo anterior desarrollado en el "Presente" la guerrera del agua encuentra a Akil, el poderoso kâhin, o vidente, el amor perdido de Neferti.
Mientras tanto, en Céfiro, Freya se entrevista con Ascot ¿Qué trama la sacerdotisa? Y Guruclef se carcome sin saber que hacer..
Muy larrrgas estas notas de autor! Sigamos sigamos...
- Minino de Cheshire ¿podrías decirme qué camino debo seguir para salir de aquí?
- Eso depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato-
- No me importa mucho el sitio... -dijo Alicia-
- Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -dijo el gato-
Alicia en el País de las maravillas - Lewis Carrol
Capitulo 17. Caminos y encrucijadas I
Tiempo: Pasado - De cinco a cuatro meses atrás
La llanura era muerte. Y la muerte le rodeaba.
Estaba en forma de las piedras que mancillaban sus plantas y del polvo que se metía por los poros. Era el viento que escocía los ojos y el calor agobiante que venía en forma de latigazos en el día. Era el frío que calaba los huesos en las noches, y la ropa que se deshacía ante las inclemencias. Muerte. La llanura era muerte.
Sus pies se habían aliado con el ánimo de sus dos compañeros de travesía. Se negaban a que la energía retornara a ellos, y en ocasiones no deseaban moverse ni un palmo. Eran dos trozos de plomo fatigados e hinchados que se habían desconectado del cuerpo y del espíritu.
Cansado, muy cansado, Latis se obligó a dar otro paso. Miró sus tercas extremidades, que no respondían adecuadamente. No y mil veces no. Volvió a ordenarles avanzar. Y avanzaron.
Dos muertos vivientes caminaban a su lado.
A su derecha, la mujer, la definición del silencio.
A su izquierda, el hombre, que se carcomía por dentro a pesar de querer aparentar lo contrario.
Muerte, el precio del viaje. Un precio muy alto.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el hombre, que día tras día se esforzaba, aparentando superar sin consecuencias para su alma la prueba que le habían impuesto de forma tan miserable
- No puede faltar mucho, debemos estar cerca. – hizo una pausa, mirando furtivamente hacia la mujer- Dijiste cinco días, los he contado. Hoy hemos visto el amanecer del sexto. –recitó Paris con voz queda, cargada de esa culpabilidad inevitable que le impregnaba el tono cada vez que se dirigía a Neferti-
La sacerdotisa no le devolvió la mirada. El cabello rojizo oscuro había perdido el brillo y sus ojos vagaban vacuos. Desde que habían escapado de la cárcel de los ancianos y tomado el camino de la llanura para encontrar la brújula, con el objetivo de eludir a sus perseguidores, Neferti no había dicho más de lo estrictamente necesario. La mayoría del tiempo se comunicaba asintiendo con la cabeza, o señalando con sus brazos el sendero que debían seguir. Vivía inmersa en un mundo invisible, lleno de recuerdos y dolor.
Latis esperó en medio del silencio. Neferti había sido una aliada incondicional hasta el momento, ¿Pero lo seguiría siendo? ¿Estaba evaluando en ese preciso instante si era preferible entregarlos? ¿Los traicionaría?
La miró de reojo. Neferti seguía contemplando el piso, limitándose a caminar como un carrito de impulso.
Lo que Neferti pensaba era muy sencillo.
¿Vale la pena?
Lo había pensado desde que se hundió en las pupilas sin vida de su hermana.
Desde que sus ropas quedaron tan manchadas de sangre que tuvieron que conseguirle otras.
Desde que por las noches sentía el calor en sus brazos desaparecer como lo había hecho el alma de ella mientras le sostenía.
Desde que llevaba ese lastre a cuestas, ese peso invisible. Era como vagar por el desierto con el cadáver de su hermanita descomponiéndose sobre los hombros, destilando pestilencia, flácido e inmundo, dejando un rastro de sangre acuosa.
Desde que…
Desde que pensaba que Akil tal vez no había vuelto porque no quería.
Akil. La verdadera razón por la que ella se había lanzado a esa empresa peligrosa. Ella creía que Akil estaba vivo, y más importante aún…sabía que su amado kâhin había descubierto algo muy importante antes de ser apresado. Algo que no se había atrevido a decirle a nadie más que a ella: Akil había viajado a un mundo entre los mundos, y trajo consigo un nuevo par de makinesi y la forma de rastrear otros.
Una y otra vez en su memoria buscaba el recuerdo del día en que lo habían desterrado, y visualizaba a su adorado más preocupado porque no le quitaran las botas que por el castigo que iba a sufrir. ¿Acaso llevaba oculto allí ese poderoso descubrimiento? ¿Se los había llevado al Nifelheim consigo? Lo que Neferti no entendía era el por qué a pesar de tener semejante ventaja, Akil no había intentado volver. El otro par del makinesi continuaba en Xios, y según Akil le había confiado, esos artefactos fueron diseñados para poder rastrearse entre sí, independiente si no eran pares el uno del otro de forma directa.
Ella sabía lo brillante y talentoso que era su kâhin. Si tenía la posibilidad de viajar sin tener que matar, Akil sin duda habría salido del Nifelheim y se refugiaría en algún mundo, para luego regresar, para contactar con ella de algún modo.
Aun así los años habían pasado y Akil no regresaba. La sacerdotisa deseaba con todo su corazón tener los makinesi en la mano, robarlos, y tratar de viajar siguiendo los makinesi perdidos. ¡Y por los dioses que en los años siguientes al destierro de Akil lo había intentado! Sólo el enfermo agrado que uno de los ancianos sentía hacia ella le había concedido un indulto. Pero ese hombre, Nassor, se había encargado que la búsqueda de su amado kâhin fuera imposible. Llamó a los hechiceros para imponer sobre los artefactos una restricción exculsiva a su propio tacto. De esta manera Neferti jamás podría tocar los makinesi de Xios sin morir en el intento.
Por eso, cuando Latis le dijo que haría lo que fuera por encontrar a Lucy, Neferti sintió esperanzas. Alguien más se atrevería a robar los makinessi. ¿Podría viajar con él? ¿La restricción impuesta aplicaría también si se atrevía a cruzar la barrera de los mundos?
Pero ¿Valía la pena? ¿La búsqueda de Akil valía la muerte de su hermana?
- Ahí está –pronunció la sacerdotisa con un tono desprovisto de cualquier emoción-
Al ver que Neferti se había detenido en seco, los dos Cefirianos pararon de igual manera su avance. Sin embargo, ambos cruzaron una mirada de preocupación al no ver absolutamente nada diferente a la enorme llanura polvorosa que venían atravesando hacía días.
- No veo nada –confesó Paris con una precaución muy rara en el-
Neferti alzó su brazo y señaló un árbol de mediana altura, que escasamente se tenía en pie a unos 300 metros de ellos. Sus ramas eran como los huesos lamidos de un animal muerto. Tallos delgados y marchitos le colgaban como un harapo arcaico, y las deformadas extensiones con esfuerzo desafiaban la gravedad.
Mirarlo daba lástima. Era la naturaleza desafiando la naturaleza.
- ¿Eso? –continuó el príncipe arqueando una ceja- ¿Eso es la brújula?
- Les había dicho que era un árbol –corrigió ella secamente-
- ¿Quiénes la custodian? –preguntó Latis, sin detenerse a verificar lo que sus sentidos le negaban-
- Tiene su propio sistema
- Suena peligroso –apuntó el príncipe-
- Lo es –Neferti se aplanó el cabello en un gesto de nerviosismo-
- Bueno, ¿y que estamos esperando?
Anaís corrió.
En ese espacio de absoluta negrura, sin la entera seguridad de avanzar, decidió el todo el todo.
Aquel enorme gusano no le alcanzaría sin antes hacer todo lo posible para escapar. Se concentró en la luz naranja, que cada vez se hacía más grande, más brillante, más REAL.
- Paris, Paris…–dijo murmurando, hasta que su voz se hizo clara- Paris, Paris, Paris
La cosa que le cazaba hace días se abalanzó contra ella. Sintió una fría y húmeda sensación en sus piernas antes de que la halara hacia atrás.
Cayó al piso, empapándose de esa niebla oscura, indefinible, que extrañamente poseía gravedad.
- ¡NO MORIRÉ! –gritó hacia la oscuridad, desafiándolo, y haciendo un esfuerzo audible en las tinieblas por no ceder ante la fuerza que le alejaba de la luz-
La luz naranja brilló con fuerza ante su declaración. Anaís contempló aquel fenómeno con sus grandes ojos verdes. Pero al volver a enfrentar a su agresor, quedó anonadada.
En su larga travesía a través del espacio monótono y hueco, en todo ese tiempo en el que los segundos parecían no existir, en que no se decidían si devolverse o avanzar, nunca había visto con claridad a esa entidad que se arrastraba en la noche eterna, al rey de la oscuridad, la causa de su desazón; eso que crujía, resonando en ecos a su alrededor, y que le hacía sentirse como un pequeño ratón con el cual están sólo jugando antes de convertirse en cena…no, nunca le había visto, y había creído que no conocer la forma del perseguidor era lo que más le enloquecía, pero aquello…
Una descomunal oruga, o algo parecido, le empapaba las piernas de saliva, forcejeando con una lengua de relampagueante azul con la que se ayudaba para atraerle. El sonido de esa lucha era tan despreciable como lo que veía. La oruga se convulsionaba para poder tragarle entera y cuando hacía eso se mezclaba el cric cric que producía su delgada cola al arrastrarse, con un acuoso chirrido, lleno de humedad y chapuceos fangosos. Experimentaba la detestable sensación de ser saboreada y escupida al mismo tiempo. La cosa no se decidía si tragársela o disfrutar de la agonía que causaba. Sin embargo, su sexto sentido le dijo que esa cosa repulsiva, de cuerpo brillante, con largas vetas verde oscuras y pecas grisáceas que surcaban irregulares su anatomía viscosa, compuesta de múltiples anillos, era sólo una de sus apariencias, que había adoptado por conveniencia. Aún no vislumbraba lo que ese ente era en verdad.
Trató de reptar hacia afuera de las fauces abiertas, pero sus pies ya habían desaparecido por el agujero oscuro de la boca, y sus pantorrillas se tornaron moradas ante la corriente helada que exhalaban los poros del bicho, paralizando su cuerpo conforme se acercaba. Pudo ver los colosales colmillos que la cosa mantenía con aparente afán, sin tocar su cuerpo, como una fiera tratando de no vencerse a su instinto de morder, desgarrar y triturar.
Y entonces algo inexplicable ocurrió.
La luz naranja se intensificó. La oruga esperó al igual que Anaís, desubicada. Una puerta de marco dorado apareció en la nada. El marco se grabó en la negrura como si estuviera forjado con fuego, y el bicho reaccionó de inmediato, lanzándose contra el pórtico a una velocidad pasmosa, dejando a la rubia cubierta de una refulgente saliva. La guerrera quiso escapar, pero el horror le golpeó con la rapidez de un auto chocando contra una pared de concreto.
Negó con su cabeza, lo negó una y otra vez mientras escuchaba los embates del insecto contra el marco dorado. Quiso voltearse, quiso tocarlos…
Mis pies
y al hacerlo, una agria sensación le envolvió con la verdad.
Sus pies realmente habían desaparecido. Dos muñones perfectos reemplazaban el lugar donde antes terminaban sus extremidades. Se observó sin creer lo que veía. Era como si hubiera nacido así. Los muñones redondeados, cicatrizados, le devolvían el desafío con su inmovilidad.
No sentía nada, nada debajo de sus muslos. Sus pantorrillas descansaban inertes, de un color negruzco que llegaba hasta la rodilla.
Se sobresaltó al advertir que alguien tocaba su hombro. Volteó, y su cara debió reflejar un conjunto desigual de emociones, que formaban un peligroso huracán, pues el hombre desconocido de cabello oscuro y piel trigueña le dedicó una mirada de conmiseración llena de empatía; luego sin aviso alguno, le alzó en brazos y rápida pero silenciosamente le condujo al extremo opuesto, donde una tenue luz amarilla se percibía al fondo.
El hombre corrió, sin mirar atrás. El bicho seguía empecinado en atravesar el marco dorado, por los estruendosos golpes que oían. Pero luego, una paz vacía predijo una catástrofe.
Anaís no resistió y asomó el rostro encima de los hombros de su salvador. Con terror vio cómo la oruga se había volteado y se enroscaba, tomando impulso.
- ¡Corre!–le pidió con los ojos inyectados en miedo- ¡Ya viene!
El aire pareció aspirarse de un tajo cuando el insecto se lanzó en su persecución. La lengua azulosa fue la primera en llegar y envolverse como una serpiente alrededor de los pies del hombre para hacerlo caer. La artimaña dio resultado y Anaís cayó con él, rodando por la niebla. La guerrera reaccionó a tiempo y con un movimiento rápido alcanzó a sostenerlo de las manos, tratando de frenar la poderosa succión del monstruo que se los llevaba a los dos.
- ¡Toma la cuerda! –ordenó el trigueño- o estaremos perdidos
La rubia buscó en la oscuridad, con desesperación, esperando ver a lo que se refería. Fijó los ojos en la nada, presintiendo que el tiempo giraba en su contra. Su corazón saltó cuando la vio reposando a un lado. No era exactamente una cuerda, sino una sinuosidad naranja, delgada, escondida en el suelo de aquel espacio, que brilló curiosamente al posar sus ojos sobre ella, emitiendo un destello cristalino.
- ¡Ahora! ¡Ahora! –repitió con urgencia el hombre-
Anais soltó una de sus manos del brazo del hombre mientras eran arrastrados por la niebla, tomando velocidad. Se estiró… y la cuerda resbaló de sus manos.
- ¡De nuevo! –dijo el hombre-
Esta vez la rubia se concentró. La niebla pasaba vertiginosamente empapando su cara. Podía ver cómo eran irremediablemente atraídos ante esos colmillos, pero aun así, liberó su mente, se estiró una vez más…
La tensión contraria le atravezó la columna como un latigazo eléctrico. Al tomar la cuerda, una fuerza equiparable a la que estaban siendo sometidos les dejó momentáneamente quietos. Pero no podrían aguantar mucho. Los brazos de Anaís se estiraban y temió que terminara desmembrada en cualquier momento.
- ¡Hala de ella! –exigió el hombre-
- ¡No puedo! ¡No sin soltarte!
- ¡No pienses que acá dependes de tu fuerza humana! No funciona así. Eres un espíritu, al igual que eso atrás de nosotros. ¡Convéncete que posees fuerza! ¡Tal como la que poseías con tu elemental!
- ¿Mi elemental? ¿Te refieres a Windam?
- No sé su nombre, pero eres una elegida de un elemental, puedo sentirlo, al igual que el que trata de comernos. ¡Ahora hala de la cuerda!
Una risa hueca les llenó los oídos. El sonido provenía de la oruga.
Encima de la boca, sobre el lomo del insecto, surgió un apéndice redondo de menor tamaño. Una gelatinosa cabeza se formó con rapidez soltando un POP al llenarse completamente, tal como un globo relleno de agua. Una cabeza humana, con una gran boca azul, sin ojos, sin nariz u oídos. Sonrió, revelando la verdadera extensión de ese orificio, y mostrando unos dientes tan afilados como los colmillos de la criatura.
- Tu atrevimiento es sorprendente kâhin –dijo Mavi-Alev, aun mostrando esa sonrisa al tiempo que su voz resonaba con mil ecos- mencionaste que no volverías a pisar el Nifelheim.
- No soy un maldito juguete, dios de la oscuridad –respondió-
- Posees razón, humano. Eres sólo comida. Una vez creí que podías servirme, pero ya no hay problema. Le he encontrado a ella. He encontrado a mi dulce y herida fénix. Está muy cerca a la elegida de Rayearth. Me han colmado de regalos, tan deliciosos, tan poderosos y perfectos…
Al escuchar esto Anaís, quien se había empeñado en tratar de tirar de la cuerda para ganar terreno, volteó a mirar al hombre frunciendo el ceño. Pero luego volvió a su labor. Sus manos no resistirían unidas por mucho más. Alejó su mente y puso todo de sí para trabajar en su salvación.
Su esfuerzo se vio recompensado con un avance de unos preciosos centímetros. El kâhin notó esto, y con su mano libre trató de sostener por sí mismo la brillante sinuosidad.
- ¿Crees kâhin que podrás escapar? -continuó Mavi-Alev-
- Ya lo he hecho –respondió el hombre, con sorna-
El desafío no le agradó al dios, quien se llenó de rabia, retrayendo ese apéndice humano hacia el lomo para atacar. Al hacer esto, relajó la presión ejercida por la lengua que rodeaba las piernas del hombre. Con eso contaba el kâhin. En un segundo afirmó sus dos manos sobre la cuerda, soltando a Anaís.
- Vrne –ordenó en un dialecto extraño-
La cuerda brilló, y envió desde la luz desde donde se mantenía tensa, un impulso de energía que traspasó los cuerpos de la guerrera y del kâhin en menos de segundo sin dañarles, iluminando su piel. Sin embargo, al pasar por las piernas del hombre, hacia la criatura, el color cambió, tornándose de un furioso rojo. La oruga, rugió e involuntariamente soltó a su presa.
Anaís se vio proyectada a la velocidad de un rayo hacia la luz, sosteniéndose con fuerza. Al pasar a través del agujero brillante cerró los ojos…Pudo escuchar el último gutural bramido del monstruo detrás de ellos.
Cuando volvió en sí estaba tendida en el suelo. Trató de incorporarse, pero no pudo hacerlo. Se miró las extremidades inferiores, conteniendo las lágrimas, mirando esos muñones tan perfectos e irreales a la vez.
- No te preocupes –le dijo una voz a su derecha-
Era el hombre, quien se levantaba del suelo. Su confusión aumentó cuando vio al gemelo del mismo, acostado en un anguloso camarote, dormido.
- Es mi cuerpo. Debo retornar a el –explicó sonriendo- Esperemos que algún día tú puedas hacer lo mismo
La rubia fue testigo de cómo el espíritu del kâhin se unía a su forma corpórea por medio de un resplandor que vibró bajo la piel trigueña del hombre. Acto seguido, el kâhin, ahora completo, se irguió y caminó a zancadas hasta donde ella reposaba.
- Lo lamento, pero no puedo saludarte de la forma correcta –mencionó con dolor la guerrera del viento, refiriéndose a la tradicional inclinación que realizan los japoneses- No tengo mi cuerpo para hacerlo, espero que te baste con ver a mi espíritu hacerlo -dijo llevando su espalda a la posición más recta, con las manos cruzadas sobre su regazo- gracias por salvarme la vida.
El hombre calló unos segundos, evaluando a la muchacha
- Me recordaste a una amiga de mi prometida. -mencionó- Es rubia, como tú, y también exagera sus modales.
- ¿Quién eres?
- Mi nombre es Akil
Guruclef no daba crédito a sus ojos al entrar al salón circular.
- Enfócate mejor, no parece que quieras encontrarla –decía Freya con una mirada muy seria-
Una enorme bola de energía salida del ya conocido pentagrama que era parte del conjuro de invocación de Ascot relampagueaba inquieta amenazando con lanzar por toda la sala el poder contenido que el muchacho se esforzaba por mantener en su lugar.
- Cuéntame lo que ves -continuó Freya, cerrando sus ojos y extendiendo su mano hacia el- acércate a mí
- ¡No puedo! –respondió el chico- Si me muevo, no podré controlarlo, y ocurrirá una tragedia. Por poco y mueres la vez anterior.
La hermosa sacerdotisa rubia suspiró y abrió los ojos
- Ciérralo entonces –ordenó con fastidio-
Ascot obedeció frunciendo el ceño y de mala gana el conjuro desapareció.
Guruclef cambió su semblante atónito y se dirigió hacia la pareja
- ¿Entonces es verdad? –preguntó reuniéndose con ellos en el centro del salón de prácticas- ¿Ascot puede ver los mundos intermedios?
- No todavía con la eficiencia que se necesita –dijo Freya con cansancio- sigue empecinado en abrir el portal hacia el mundo de sus "amigos". No deja que lo guie.
- Creo que estás equivocada –refutó el chico parándose muy derecho e impregnado de terquedad- mis amigos se encuentran en una dimensión alterna a Céfiro. Ese no es uno de los mundos que dices. Es imposible que yo pueda tener acceso a eso.
- ¿De verdad? ¿Y qué fue lo que viste hace unos días? ¿Crees que ese desierto de hielo rojo era el mismo sitio desde donde sueles convocar a tus criaturas? ¿Habías visto antes ese lugar? ¿Vas a decirme a MI, que he dedicado la vida entera a estudiar los mundos intermedios, como todas las sacerdotisas de mi orden, que eso no era Jötunheim a pesar de que vimos a lo lejos a los gigantes vagando por las dunas?
- Sólo soy un invocador –negó Ascot, desviando su rostro-
- ¿Conoce otros "invocadores" en Céfiro, gran hechicero? –intervino Freya con ingenio,involucrando a Guruclef
- En realidad la técnica de Ascot es única, es diferente y nadie más la posee… ¿ Gigantes? –quiso saber Guru,mirando hacia el chico-
El aludido tardó en responder, pero Guruclef lo instó a hablar golpeando con su báculo el suelo en un gesto de impaciencia
- Si, los he visto. Del tamaño de los genios, pero diferentes.
- Los orígenes de Ascot son desconocidos, como él mismo lo ha comentado –siguió la sacerdotisa con calma- No sabe nada acerca de su pasado. Las criaturas con las que tiene un vínculo tan cercano no son de Céfiro, o no tendría que crear aquel pasaje para traerlos. Además si bien recuerdo, él fue el principal objetivo del ataque de aquellos visitantes, y bien podría ser ésta la razón. Si alguien con mayor conocimiento adquiriera esta habilidad, no tendría que "viajar" hacia los mundos. Bastaría con crear el portal y traer lo que se desee a través del mismo.
- ¿Traer lo que se desea? –repitió el Guru-
Sus pensamientos se desviaron una joven de cabello azul envuelta en un torbellino sobrenatural.
- Ascot –dijo el hechicero, cuidando sus palabras, sin traslucir cuánto le afectaba su propia impotencia- tú eres nuestra oportunidad de rescatar a las guerreras mágicas.
- Guruclef …
- Déjame terminar y escucha con atención –pidió apagando el brillo de sus ojos- Te ayudaremos para que controles tu habilidad. Haremos lo que sea necesario ¿me comprendes? Será un trabajo de equipo. Se los debemos, se los debemos a ellas.
Ascot afirmó con su cabeza
- Dígame por qué le está enseñando esto –dijo hacia Freya, quien le observaba con semblante adusto- necesito su sinceridad, porque esto no encaja con mis informes.
-¿Informes? -la sacerdotiza le miró con desconfianza-
De pronto escucharon un sonido apresurado. Unos pasos se acercaban, y por su ritmo, el mensajero traía una misiva de vital importancia. Antes de que se movieran hacia la salida, Ráfaga entró caminando a grandes pasos
- ¡Guruclef! –llamó con impaciencia-
- ¿Qué ocurre? – dijo volteándose para enfrentar al jefe de guardias, quien traía un semblante de preocupación genuina-
- Varias naves de guerra se acercan, las naves Xiosanas han decidido moverse.
- ¿Qué dices? –Freya abrió sus ojos y tragó saliva
- ¿Estás seguro? ¡Freya! –interpeló Guruclef- dime ahora cual es el plan de Xios ¿Cuál es la verdadera razón para que vinieran a Céfiro?
- El puente de magia con Autoz...
- No creeré esa mentira de nuevo -le interrumpió Clef, con calma estudiada. Estaba siendo respetuoso, pero en su mirada se notaba que no estaba para juegos- ¿Tu les avisaste acerca del plan de Neferti?
Freya se quedó mirándole en silencio, y suspiró.
- No tenía opción, amenazaron con acabar con toda mi familia -dijo cerrando sus ojos, y apretándolos- Todos están encerrados en el palacio, esperando que yo cumpla con lo que me han exigido. ¡No puedo negarme!
- Freya -Ascot le miraba con estupor.
- ¿Qué sabes de los planes de Xios? -Clef sabía que el momento de decir la verdad había lllegado. Y Freya tenía que abrir el libro de una vez por todas.
- No conozco el objetivo final, sólo sé que era conveniente crear el puente de magia. Autozam tenía una necesidad inmediata, nosotros podíamos sacar provecho de ello. Yo tenía que preparlo todo, para que la trasferencia fuera exitosa. Pero los planes de Neferti les dieron otra idea, más directa. ¡Intenté disuadirla, durante muchos días! Pero ella no escucha, está ciega por su amor a Akil. No podía arriesgarme.
- ¿Neferti conoce del plan de Xios? ¿Traicionó a Latis y a Paris? -preguntó Ráfaga.
- Neferti no sabe nada. Neferti es la primera sacerdotisa, y por eso su poder era necesario, pero ella desea vengarse de Xios de una forma u otra. Yo debía vigilarla.
- ¿Por qué te quedaste? ¿Estaba eso en el plan desde el comienzo? -era ahora Ascot quien se adelantaba, cerrando los puños.
- No. Eso lo decidí cuando escuché de tus poderes, y de que te habían atacado. Pensé que podía hacer algo. Tu -Freya se adelantó al encuentro del muchacho, y lo miró con admiración- tu pareces salido de una leyenda Xiosana. Quizás podría ayudar a Neferti si te ayudaba a ti.
- ¡ayudar a Neferti! ¡Pero le has traicionado! -Ascot explotó, olvidando la coerción de Xios para que Freya se prestara a eso.
- Nassor no permitirá que maten a Neferti. Ella sobrevivirá. -dijo Freya, casi para sí misma- Nassor es importante. No la tocarán. Y cuando me reuna con ella, podré...-Freya comenzó a llorar, tratando de mantener su frente en alto- podré pedirle que me perdone.
La sacerdotisa se derrumbó por fin. El peso de la culpa cayó sobre ella, y los largos días que había pasado en Céfiro, sabiendo que las tropas Xiosanas estaban cerca, le abrumaron de golpe.
- ¿Hemos recibido algún comunicado, Ráfaga? -dijo Guruclef, sintiendo la pena de Freya. No era más que un alma perdida, que había tenido que elegir entre la vida de su familia y traicionar a su mejor amiga.
- Llegó un emisario al castillo. Dicen que si no les entregamos lo que les pertenece, declararán a Céfiro objetivo de conquista
- ¿Qué significa eso? –preguntó el hechicero a la sacerdotisa, quien en medio de sollozos, respondió.
- Significa que enviarán a los ejércitos sagrados, quienes harán arder la tierra; quienes esclavizarán o matarán a todo aquel que se interponga en su meta. Después de eso, cuando Céfiro sea degradado, se proclamarán señores absolutos de todo su mundo y explotarán sus recursos hasta causar la muerte del planeta. Es la manera de Xios. Eso significa.
Ki le observaba intrigada. En el paroxismo del dolor podía percibir la juguetona mirada evaluando la reacción que estaba teniendo gracias a su magia.
- Los elegidos por los elementales de agua son muy volátiles. Cándidos en ocasiones pero normalmente explosivos. Son un sube y baja de emociones, como las mareas. Tal vez eso es lo que te está matando –explicó Ki, ausente de apego al ver a Marina debatirse y retorcerse, con múltiples luces naranjas, moradas y amarillas coloreando su piel traslúcida-
La fantasmal muchacha no respondió, aunque en su mente un enorme CÁLLATE pugnaba por volverse sonido. No podía hablar. O hablaba o explotaba en mil pedazos
Ki se sentó a horcajadas a su lado y colocó los codos sobre las rodillas, para apoyar el rostro
- Espero que esto no demore mucho. ¿Crees que podrías resolver si vives o mueres antes de que caiga el sol? Tengo varios asuntos que atender. Sobre todo los relacionados con Mavi-Alev –mencionó siguiendo con su monólogo- esto no me gusta.
Marina no pudo hacer nada más. Luchó por algún tiempo más, pero aquello no menguaba. Pensó en sus amigas, en Céfiro, en Guruclef… Sacó nuevamente fuerzas para resistir del fondo de su alma, mas las flamas seguían quemándole. El poder de Ki era tierra y fuego. Ella era agua…¡debía poder apagar esa hoguera interna que le estaba matando! Pero tal como toneladas de agua a veces no pueden menguar un enorme incendio en un bosque, la combustión en que había entrado su cuerpo después de haber utilizado la magia de Ki se la tragaba y le reducía a cenizas. Entró en un mundo oscuro, vacío. La voz de la impaciente elemental perdió significado y su mente vagó por los recuerdos…
El último residuo de conciencia le dijo que moría. Moría su mente, moría su espíritu, y con el, a mundos de distancia, el corazón dentro de su cuerpo inerte también comenzó a dejar de latir.
En la tierra, Irina se acercó a los cuerpos de las dos guerreras, los cuales mantenían en esa cabaña alejada del mundo. Se inclinó sobre la chica de cabello azul y puso los dedos cerca a las fosas nasales para comprobar lo que le había llamado la atención
- ¡Oziel! -gritó- ¿Damien ya está despierto?
El muchacho de cara redonda apareció en el marco de la puerta
- aún no se repone. le dieron un buen golpe.¿Qué ocurre?
- La chica está muriendo. - explicó con calma-
- No debe morir! No aún! Mi marca! -Oziel perdía más y más la paciencia a cada frase- ¡Debo transmitirla! Damien y tu pudieron librarse. ¡Teníamos un acuerdo! -chilló finalmente-
- Creo que has perdido, Oziel -repuso Irina saliendo de la habitación- No podemos hacer nada.
- ¡No perderé! ¿Me escuchas? -repuso ardiendo en rabia y apretando los puños- Para de una buena vez, ¡demonios!
Oziel utilizó su poder en contra de Irina. La chica no pudo esquivar el ataque y todos sus músculos se paralizaron, dejándola plantada en su sitio sin poder moverse un centímetro. Oziel rodeó a la muchacha y comenzó a hablarle, dando vueltas compulsivas y nerviosas a su alrededor.
- Ustedes dos se creen mejores ¿No es así? Pero son unos estúpidos. Sin mi Damien aún sería sólo el gigoló de la Universidad que en secreto se regodiaba matando las mascotas de sus vecinos y tú serías la rechazada de tu familia por querer saber que significaban las visiones que tenías. YO les enseñé a viajar. YO fui el que les hablé del Nifelheim y de los riesgos. ¿Creen ahora que me pueden hacer un lado? Hicimos un pacto por conveniencia y yo he sabido respetarlo, al igual que sus vidas. No me van a hacer esto. ¡No me van a condenar a una vida entera temiendo a la oscuridad!
Diciendo esto, Oziel Le tomó de la mano y le condujo cerca donde yacía Marina
- ¡Estás loco! Oziel! ¡No!
- Viajaremos, y pasaremos por el Nifelheim. Allí harás tu vudu y pasarás mi marca a esta chica antes de que muera, y la dejaremos como ofrenda al dios
- ¿No te das cuenta que si nos detenemos en el Nifelheim Mavi-Alev puede volver a dejarnos la marca?
- Eso es un enorme problema para ti, pero yo no tengo nada que perder
- ¿Y cómo estás seguro de que el cuerpo de esta chica viajará?¿Sabemos si ha matado a alguien?
- Lo averiguaremos en el camino
Cuando Oziel agarró violentamente el brazo de Marina, Los dos medium y el cuerpo agonizante de la guerrera desaparecieron
Ki se sobresaltó al observar cómo un niebla oscura comenzaba a cubrir el espíritu de la chica. Alterada, se irguió de un sólo impulso.
- ¡No pueden habérsela llevado al Nifelheim! ¡Eso no puede ocurrir!¡Está mal! ¡MAL!
El espíritu de Marina comenzó a desvanecerse. La guerrera del agua moría.
Las garras de Ki arañaron la piedra reluciente de su morada. Un chillido sobrenatural subió por su garganta.
- ¿Lo ves? ¿ves que estaba en lo correcto? Su espíritu...regresa... -dijo Oziel, ausente de su alrededor- mientras Irina se concentraba en escuchar la procedencia de un suave y acompasado cric cric-
- Oh no..ahí viene..tenemos que salir de aquí, movernos al siguiente mundo... -Irina era presa del pánico, pero no podía soltarse de la prisión del brazo de Oziel-
- Hazlo ahora, hazlo ahora Irina - embelesado miraba cómo una tenue luz surcaba las mejillas de la guerrera- un minuto más y se muere...
De pronto la luz que ingresaba al embalsamado y rígido cuerpo de la guerrera comenzó a menguar
- No no no no - negó Oziel con la cabeza- NO! muérete de una vez!
El cric cric cada vez se oía más cerca. El eco llenaba la oscuridad, y hasta la niebla que rondaba cerca a sus zapatos bajó la temperatura
- Vamos, demonios, ¡Oziel, déjame ir! Está muy cerca, no funcionará!
- ¡Muérete maldita o yo mismo te estrangulo! -Oziel zarandeaba el cuerpo de Marina, dentro del cual volvía a latir débilmente el corazón-
El enorme gusano emergió de la niebla y se plantó al frente de ellos irguiendo su viscosa barriga verdosa, listo para engullirlos. Sin embargo, se quedó quieto. Una voz proveniente de ningún lado habló. Su timbre era dulzón, casi gentil.
- Humanos...¿quién es aquella que visita mis dominios sin un alma que le acompañe?
Tanto Irina como Oziel jamás habían escuchado al dios hablar, por lo que el pavor de ser devorados sin remedio se mezcló con el estupor y un hilo de esperanza unió a los que antes se habían enfrentado.
Intercambiaron una mirada, y fue Irina quien finalmente respondió
- Dios de la oscuridad, ella es una viajera que conoce el planeta Céfiro.
Mavi- Alev no respondió de manera inmediata. Meditó unos instantes, los cuales para los dos medium fueron una eternidad. No dejaban de fijar la vista en la oruga, que despedía humedad por su piel y que se mantenía muy quieta.
- El hombre a tu lado posee una marca, pero tu no...es bastante curioso. ¿Acaso no te he sentido antes?
Irina se revolvió incómoda. No deseaba responder, y no lo hizo. Mavi-Alev aguardó, pero nadie dijo una sílaba
- Ya lo creo... -afirmó el dios, llegando a su propio razonamiento. Hizo una pausa y continuó- el espíritu de la chica...¿dónde se encuentra?
- ¿Está interesado en la chica? -intervino Oziel-
El dios soltó una carcajada seca, que se extinguió con rapidez
- Presiento que deseas hacer un trato, ¿no es así humano?
- Déjanos ir, y te entregamos a la chica, junto a su espíritu, para que puedas alimentarte de ella -increpó Irina, esperanzada-
- Esa chica debe andar con otras dos. Entréguenme a las tres y les aseguro que pasarán por el Nifelheim sin daño alguno
- ¿Para siempre? ¿Todas las veces que queramos? -preguntó Oziel-
- Los humanos son como pequeños roedores..siempre hambrientos, insaciables... -Mavi-Alev sonreía, pero los muchachos no podían ver aquella expresión- pasarán por el Nifelheim sin daño, las veces que lo deseen, mientras yo esté condenado a regir este mundo...Sin embargo - dijo la voz- si fallan...
- No fallaremos -prometió Irina-
Marina abrió sus ojos. lo primero que vio fue a Ki, quien volaba muy encima de su cabeza, cerca de la cúpula.
- ¿Qué ha pasado? Pensé que moría - mencionó levantándose del suelo-
- De hecho, estuviste muerta por un periodo muy corto de tiempo -aseguró la elemental, mientras aminoraba la velocidad y bajaba para conversar-
- ¿Tu me salvaste? -preguntó Marina, arrugando la frente- Pensé que no te importaba, pensé que era tu experimento particular -rezongó molesta, cruzando los brazos-
- No te creas la gran cosa, humana, actualmente eres sólo un espíritu errante -respondió Ki, con ojos llenos furia naranja y alzando la voz, que se volvió un rugido grave- NO me importa lo que le ocurra a ti, ni a tus amiguillas "salvadoras-de-mundos". Acá las cosas no funcionan igual.
- ¿Y entonces? ¿Para que RAYOS te molestas? -gritó Marina, enfrentando a la diosa-
- Sólo lo hice para salvar el equilibrio, para evitar lo que ese dios quiere. Es un maldito resistente-hizo una pausa, armándose de paciencia para explicar su punto- Si Mavi-Alev logra hacerse con los elegidos de un elemental, podría enfrentar los elementales de ese mismo poder. Podría canalizar esa energía y fundirse con el elemental de cualquier mundo. El salvaje lo derrotaría y se lo comería. ¿Te gustaría que ese dios maligno se comiera a Ceres? ¿Te gustaría?¡Si Mavi-Alev te hubiera tomado, podría hacerlo! Está en el Nifelheim, ¡pero no por eso voy a darle la maldita oportunidad!-se refugió en sí misma para decir la última frase, la cual escupió como un maleficio, en forma de susurro- ¿Puede ser posible?
-¿Qué dices?
- Mavi-Alev es un dios peligroso. Por eso está confinado en el Nifelheim ¿No creerás que se mudó por gusto a ese desierto negro,cierto? -dijo haciendo un gesto con su mano derecha, que torció en el aire- Es su castigo, el castigo por lo que hizo con los elementales de su mundo. Pero ahora está tratando de recolectar elegidos. -Ki finalizó su discurso mascullando las palabras que le preocupaban -Tal vez eso quiere decir que ha descubierto la forma de salir.
