Hola...si..debería darme pena actualizar hasta estas horas de la vida.
Hay muchos interrogantes que cerrar, pero ha llegado el momento en que la historia fluirá sólo en un sentido (ya era hora eh?) por eso, estas dos publicaciones serán las últimas concernientes al pasado. Antes de que piensen que pasarán dos meses entre la una y la otra les diré que no será así, pues ya hay bastante material adelantado.
Doy gracias como siempre a todas las personas que leen, y sobre todo a quienes dejan su opinión y comentarios: Bermone, Guest y Nambelle, sus palabras siempre serán el factor motivante principal por el que el siguiente capítulo deja de ser una hoja en blanco.
Sé que es fácil perder el hilo cuando no se actualiza lo suficientemente seguido, y sobretodo en una historia con tantos tejemanejes como esta. Tengo la esperanza de que aún recuerden en que íbamos...
Capitulo 18. Caminos y encrucijadas II
"Por muy lejos que el espíritu vaya, nunca irá más lejos que el corazón."
- Confucio
Brújula
Tiempo: Pasado: Cuatro meses atrás
Sentados en el suelo áspero, los dos Cefirianos observaban a Neferti. Desde hacía horas se encontraba en estado de meditación, completamente apartada de ellos. El Sol estaba en su cenit, y la deshidratación de días atrás se estaba acumulando. La cabeza les daba vueltas y Paris creía que muy pronto comenzaría a correr tras oasis imaginarios.
- No creo que podamos seguir así mucho tiempo –afirmó Paris- ¿qué crees que hace? –refiriéndose a Neferti-
- Tú mismo la escuchaste. Trata de romper la protección de la brújula
- No crees que más bien…¿esté esperando a que lleguen los refuerzos?
Latis dirigió la mirada hacia la sacerdotisa. Continuaba en la misma posición, arrodillada, de frente al árbol marchito que anteriormente les había señalado. Sus ojos estaban cerrados y su cabello rojizo, ahora suelto, se ondulaba con el viento. Latis tuvo una visión de que no era Neferti la que estaba allí, sino la propia Lucy y el corazón le dio un salto involuntario. Al parpadear de nuevo, Lucy había desaparecido.
- No. Neferti no nos traicionará. –aseguró-
- Las provisiones están por terminarse. Si no salimos de acá pronto, seremos parte del paisaje.
El espadachín se irguió sin prestar atención a la última frase del príncipe. Algo estaba ocurriendo. Neferti temblaba entera, y junto con ella, el suelo debajo de sus pies. Largas grietas se abrieron desde el árbol, epicentro de todo el fenómeno. En el medio, la sacerdotisa estaba en trance. Abrió sus ojos, pero Latis pudo ver que sus pupilas habían desaparecido. Un blanco lechoso era todo lo que quedaba.
Con asombro, y sin poder acercarse, ambos Cefirianos contemplaron cómo el color rojizo del cabello de Neferti comenzó a chorrear desde las puntas cayendo como sábila roja hacia el piso. Las grietas en el suelo absorbieron de inmediato el fluido viscoso, alimentándose de el, igual que el agua de una tormenta.
Le estaba drenando. ¡El árbol estaba drenando a Neferti!
Poco a poco, el bermellón fue reemplazado por un color intensamente blanco. Los últimos vestigios de ese fuego que había sido el cabello de la sacerdotisa se derramaron como un caudal de sangre y a través de las grietas corrieron diligentes hacia el árbol, el cual brilló con una luz sobrenatural. Latis temió que la brújula, o aquello que la guardaba, no se conformara con tomar el color del cabello de Neferti, sino que también se sirviera de sus venas o de existencia. Se lanzó hacia ella, saltando los gruesos surcos que latían con furia escarlata desde las profundidades, pero una fuerza desconocida bloqueó su intento y le envió en la dirección contraria, haciéndole caer metros atrás.
Una explosión carmesí les hizo protegerse. La tierra dejó de temblar y ante dos sorprendidos hombres el árbol desapareció, dando paso a una plataforma circular, de apariencia cristalina, la cual flotaba ligeramente sobre el suelo. Dentro de ella se veía correr un líquido ambarino, que brillaba intensamente reflejando el sol. Sobre esta plataforma, que rotaba a altas revoluciones, se materializó Neferti, de pie en la mitad, balanceándose, con el cabello completamente blanco acariciando su cuerpo y la túnica serpenteando alrededor. Sus ojos eran aún dos ópalos níveos.
Los párpados se cerraron y la plataforma se detuvo.
Como una hoja de otoño, grácil y sin peso, la sacerdotisa se desplomó.
Al despertar, lo primero que vio fue al espadachín. Sonrió. A veces envidiaba a Lucy.
- Neferti –pronunció Latis, con auténtica preocupación- ¿Te encuentras bien?
- Estoy perfectamente –respondió ella, tratando de incorporarse, sin mucho éxito-
- Será mejor que te tomes un momento –sugirió Paris-
- No es nada –hizo un nuevo intento, y con ayuda de Latis consiguió su objetivo, pero al instante, le sobrevinieron las náuseas. Se dobló sobre sí misma y colocó las manos sobre las rodillas, tratando de respirar-
Cuando finalmente se repuso, observó dónde se encontraba. A unos metros la plataforma giraba lentamente, levitando a un metro del suelo, como un enorme giroscopio cuyos ángulos y ejes fueran invisibles.
- ¿Cuánto tiempo ha pasado?
- Unas horas. Ya ha oscurecido –indicó Latis-
- Debemos darnos prisa, o toda esta energía llamará la atención. No me extrañaría que estuvieran rodeándonos ahora mismo.
- ¿Esa es la brújula? –preguntó Paris con desconfianza- ¿Qué fue lo que hiciste para que apareciera?
- Le ofrecí un sacrificio –respondió ella, mirándose su nueva cabellera y suspirando ante su nuevo aspecto- usualmente se le hace una ofrenda con criaturas, pero como ven, no teníamos ninguna disponible.
- ¿La brújula es un ser viviente? –indagó el espadachín, arrugando la frente ante la posibilidad-
- No exactamente. La brújula fue construida por nuestros ancestros, pero tiene un complejo sistema que podría llamarse inteligencia. Se alimenta de energía viviente.
- ¿Ofreciste tu propia vida? - Paris abrió sus ojos sin poder creer lo que escuchaba-
- Sólo dos años. Quería tres. Debido a que le llamó la atención mi cabello, se lo ofrecí a cambio de ese año. Al parecer funcionó.
Atónitos, Paris y Latis se quedaron mudos ante las consecuencias de lo que les confiaba la sacerdotisa. El príncipe se sintió muy culpable por haber dudado de ella.
- Debes prometerlo Latis –dijo Neferti de pronto, rompiendo el incómodo silencio, fijando sus ojos impregnados de resolución en el espadachín- prométeme que le buscarás.
La mujer extendió su brazo, dejando ver un tatuaje negro en forma triangular, que llevaba en el interior del antebrazo, justo a la mitad. Con la otra mano lo tocó, y como si fuera un objeto móvil depositado bajo la piel, comenzó a dirigirlo lentamente, pasando por la muñeca, la palma y finalmente subió por los dedos. Una vez allí, el triángulo se materializó sobre el dedo corazón. Neferti lo sostuvo con delicadeza.
- Este objeto lo he guardado desde hace años. Es capaz de rastrear otros makinessi. Es la clave para encontrar a Akil, pues él posee uno de ellos; se lo llevó cuando fue expulsado. Al pasar por el Nifelheim este artefacto te revelará los mundos donde hay makinessi. Akil estará en uno de ellos. Te ruego…te..pido por favor que intentes buscarle..y que le digas que yo... –su voz se tornaba más aguda, a punto de romperse en llanto-
Paris se adelantó y tomó las manos de Neferti entre las suyas
- Has entregado demasiado en este viaje. Deja que sea yo el que busque a esa persona. Me imagino que Akil es supremamente especial si estuviste dispuesta a acompañarnos en esta misión suicida para que le encontremos. Déjame saldar algo de mi deuda contigo. Yo buscaré a Akil. Después de todo, mi viaje no tiene un destino definido, pues Anais puede estar en cualquiera de esos mundos. Te prometo que haré lo imposible por que Akil retorne a ti.
Neferti había comenzado a llorar de forma involuntaria. Largas lágrimas mudas se deslizaban por el contorno de sus mejillas. Era la primera vez que se quebraba, que dejaba ver cuán rota estaba por dentro. Asintió ante la propuesta de Paris y le dio un abrazo inesperado; un abrazo que rompía esa tensa fricción que había nacido en la cárcel de los ancianos, pero que ante todo, era un abrazo lleno de esperanza.
En medio de una noche cerrada, sin luna, tres figuras se miraron las unas a las otras desde la superficie de la plataforma.
La única luz a su alrededor era el leonado brillo de la brújula, que seguía girando despacio sobre su eje invisible. Bajo esa estela sus caras se veían solemnes y el pálido esplendor les iluminaba sólo la parte inferior del rostro, marcando de forma brusca la mandíbula y dibujando cientos de sombras palpitantes a su alrededor.
Bajo ese ambiente, Neferti comenzó a darles las instrucciones que les llevaría con sus seres amados.
La sacerdotisa asemejaba un alma en pena con su larga cabellera blanca flotando cuando se inclinó para extraer un cilindro alargado del centro de la brújula. Sin abrirlo, se dirigió hacia Paris y se lo entregó en las manos
- He aquí los makinessi –dijo- yo no puedo tocarlos. Has de ser tú el que dirija su rumbo. Primero deberá viajar Latis, quien se llevará uno de ellos. Luego irás tú, pues el ritual del Nifelheim sólo requiere el makinessi que permanecerá acá
- Seguiré tus indicaciones –afirmó Paris-
Neferti caminó hacia Latis, quien se encontraba de pie sobre un símbolo redondo labrado en la cristalina superficie de la brújula.
- Las líneas doradas que ves en el cristal cambian su distancia radial en cada uno de los cuadrantes. La ubicación física en la brújula es una referencia, una coordenada dimensional.
- Creo que me he perdido –confesó Paris desde su ubicación, a espadas de Neferti, haciendo un gesto de confusión y llevando su mano hacia la cabeza-
La mujer siguió, hablándole al espadachín
- Dependiendo de dónde estés ubicado en el momento de la creación del pasaje dimensional, la brújula te llevará a determinado mundo, así que lo que debes hacer es tratar de mantener tu posición, a pesar de que la brújula esté girando. Debes estar completamente quieto.
- Entendido
Neferti asintió, y sonrió.
- Cuando quieras volver, toca las gemas verde, naranja y violeta. Recuérdalo… Verde, naranja y violeta.
- Muy bien
- Latis…Suerte –dijo ahogando un abrazo antes de que se atreviera a correr por sus brazos-
- Gracias, Neferti –pronunció sincero, con los ojos violeta brillantes-
- Espero la encuentres, y puedas salvarle de Mavi-Alev –los ojos de la sacerdotisa vagaron levemente hacia la oscura noche-
- Lo haré –aseguró Latis sin inflexiones-
Acto seguido, Neferti volteó hacia el príncipe
- Paris, por favor abre el cofre, y entrega uno de ellos a Latis. –ordenó- Luego, ubícate en el centro de la brújula.
Paris abrió la tapa superior del cilindro desenroscándolo. Dentro de él, dos artefactos extraños, huecos, brillaron levemente con la misma tonalidad ambarina de la brújula. Paris extrajo esos objetos similares a dos pirámides de cuatro caras unidas por la base. Dentro de cada cara, se veían grabados cuatro círculos, que asemejaban en miniatura a la brújula que tenía bajo sus pies. Dentro del círculo de mayor radio, ubicado en el centro, había una gema opaca, de colores diferentes según la cara del poliedro que se mirara. Entregó uno de ellos a Latis y el otro lo conservó en su mano derecha mientras volvía al centro de la plataforma circular.
- Toca las gemas en el orden que te voy a indicar. No salgas del centro de la brújula, por más que gire.
Dando media vuelta, Neferti bajó de la ambarina circunferencia y se alejó varios pasos. Paris le siguió con la mirada, confuso.
- ¿Qué haces? –preguntó indeciso-
- Confía en mí. –dijo desde el suelo, alzando su voz- Ahora, sin tocarlas, ubica las gemas amarilla, roja y negra. ¿Las tienes?
- Si, las veo –afirmó después de un momento, volteando el makinessi-
- Debes tocar cada color con un intervalo de 5 segundos, primero amarillo, luego rojo y por último negro. Es bien importante que sea en esa secuencia. La brújula irá incrementando las revoluciones a las cuales gira conforme toques cada color. ¡Latis, recuerda que no debes moverte!, -dijo mirándolo con dureza- ¡o terminarás en otro mundo! ¿Están listos?
Ese era el final del viaje, y el principio de otro, que debería sortear cada uno por su cuenta y riesgo. Sabiendo esto, los Cefirianos asintieron.
- Muy bien, Paris, ¡comienza ahora! –demandó la joven-
Desde su posición, Neferti pudo ver cómo los makinesi se sincronizaban mediante hilos naranja de energía, y la brújula comenzaba a girar más de prisa. Encima de la circunferencia, Latis permanecía indemne mientras aceleraba con cada vuelta. Cuando finalmente Paris hubo de tocar la gema negra, Latis había desaparecido sin dejar rastro. Se acercó a la máquina, la cual volvía a rotar suavemente sobre su eje invisible. En el centro, Paris estaba sentado a horcajadas, sosteniendo a dos manos el makinesi que habría de permanencer en Xios como vínculo con el que se había llevado Latis a la "Tierra".
No podían perder tiempo, la sacerdotisa presentía que les pisaban los talones, por lo que habló sin rodeos.
- Tan pronto llegues al Nifelheim usa el artefacto que te di, y cruza la primera puerta que el triángulo te señale. Es importante que sea lo más rápido posible, o Mavi-Alev te encontrará y se alimentará de ti. Por más que te llame la atención, no prestes cuidado a los sonidos que hace. Si piensas demasiado en ellos te encontrará más rápido. Esa es la forma de rastrear a quien cae en sus dominios: lo mismo hacen las arañas; encuentran a su presa es a través de los movimientos que sienten en la tela, sólo que en este caso, Mavi-Alev se guía por el pensamiento. Deja la mente en blanco y busca la puerta… o Morirás.
Paris afirmó lentamente, sopesando el peligro al que se enfrentaba. Neferti siguió
- Eso te llevará a un mundo donde se encuentre un makinesi. Al cruzar la puerta, el artefacto te llevará al lugar más cercano posible a él. Para saltar al siguiente mundo debes obtener ese makinesi, o no podrías salir.
- ¿Hay alguna forma de rastrear a Anaís? –preguntó el príncipe, pensando en las miles de posibilidades y en las miles de puertas-
- Puede sonarte egoísta…pero la mejor probabilidad de encontrarla es encontrando a Akil, o a algún "kâhin" lo suficientemente poderoso. Akil te ayudará, estoy segura.
La mujer bajó el rostro. No quería que el Cefiriano viera en su expresión lo que realmente pensaba, ese presentimiento que latía en su alma: Que sin la intervención de un tercero, la guerrera que el príncipe buscaba probablemente estaba muerta, pues todos los indicios le decían que había caído al Nifelheim. ¿Pero quién era ella para destruir esa esperanza? Freya le había dicho una y otra vez que Akil estaba muerto, pero ella sentía que no era así. ¿Podía el príncipe sentir lo mismo?
- ¿Preparado?
- Como nunca
- Ubícate en cualquier parte de la plataforma, menos en el centro. Sólo debes tocar una única vez la gema negra.
- ¿No llevaré el makinesi conmigo cuando desaparezca?
- No habrá problema por eso. Escucha…el triángulo posee la ventaja de "marcar" los mundos donde ha estado. Ese artefacto será la única forma de volver a este universo. Si lo pierdes o se estropea deambularás sin rumbo ¿Entendido?
Paris no tuvo la oportunidad de responder, ya que múltiples luces se encendieron desde distintos flancos, cegándoles momentáneamente. Enormes animales de largas patas delgadas y lomos jorobados les rodearon, salidos de la nada. Montados sobre ellos, hombres de piel oscura ondearon diestramente lianas de peso suficiente para atar a un caballo. El aire resonó cortante, agudo. Con un jadeo, Neferti corrió hacia la brújula antes de que varias cuerdas le apresaran las extremidades. El muchacho de ojos dorados tendió su mano para ayudarle a subir a la plataforma ambarina y de un único jalón le ubicó sobre ella. De todas partes se alzaban silbatos y una gran nueve de polvo se levantó ante la confluencia de los recién llegados.
- ¡Vete ahora! – Neferti debía alzar considerablemente la voz, pues la silenciosa llanura ahora era un mar de ruidos, ecos y bramidos-
- ¡Ven conmigo!
- ¡No puedo! El makinesi está hechizado ¡moriré!¡Vete!
- Si te quedas, igual te matarán. No añadiré otra muerte a mis haberes.
- ¡Detente! –gritó al ver que Paris acercaba sus dedos a la gema negra-
Era demasiado tarde. El makinesi escapó de las manos del joven y flotó al centro de la plataforma, la cual brilló intensamente, despidiendo un fulgor más fuerte que las luces a su alrededor.
Cuando paró, sobre la brújula sólo quedaba el makinesi suspendido; un recuerdo fulgurante de los pasajes que había abierto esa noche.
Resplandor azul
Tiempo: Pasado. Una semana atrás del punto de partida
Marina se detuvo cuando los humanoides lo hicieron. Muy quieta, aun con cierta aprehensión, les vio retirarse por donde habían venido y comprendió que ese era el lugar indicado.
Era de noche. Miró hacia el cielo y vio millones de estrellas. Por más que se hundió en el ejercicio, no pudo reconocer ninguna constelación. ¿Cómo podría? Ese no era su universo.
El bosque a sus espaldas gemía de silencio. Comprendió que ese mundo estaba en un delicado equilibrio entre la vida y la muerte. Por primera vez, lo que había ocurrido allí le llenó el corazón de tristeza.
Esperó. Parecía que lo único que hacía desde hacía algún tiempo era eso, esperar. Su libre albedrío estaba siendo reemplazado poco a poco por ese sentimiento de ser conducida hacia un destino ajeno. Una vez más se recriminó por haber sido tan ilusa en creer que volver a Céfiro, volver a ver a su adorado mago, iba a ser tan sencillo.
Miró hacia la inmensidad, sabiendo que el próximo paso que iba a dar no le llevaría ni a la Tierra ni a Guruclef. Un destino diferente le aguardaba, una misión que no había pedido, un cáliz del que no deseaba beber. La ironía y el deja vu de todo aquello le hizo soltar una carcajada abrupta y fangosa.
Recordó las palabras de Ki, justo antes de que partiera en su largo viaje para encontrar a los otros dos elementales y del "remanente de energía" lo cual para ella había sido simplemente otro acertijo más:
"Es necesario que dejes este mundo –sentenció Ki, después de reflexionar un momento- un hombre nos visitó hace muchos años. Trató de hablar con nosotros, de advertirnos. Pero no le escuchamos. Estábamos muy ocupados en nuestro propio apocalipsis. Lastimosamente, ya no se encuentra acá. Hay que encontrarle"
"No deseo ir a ninguna otra dimensión, mundo, realidad o lo que sea que se llame que no involucre a Céfiro o a la Tierra. Mis amigas se encuentran en peligro. Debo reunirme con ellas. ¿Por qué no vas tú y buscas a ese hombre?"
"Nuestro poder está anclado al sitio donde pertenecemos. Debe ser un humano. Por tu estado etéreo será más sencillo"
"No lo haré"
"Estamos hablando de la destrucción de todos los elementales. ¿No te importa acaso salvar a tu Ceres? Además, si entiendo correctamente, ese camino te llevará a donde se encuentran tus amigas"
"No puedes estar segura de eso"
"Es verdad, pero aun así lo harás. O yo te obligaré"
Tras esto, Ki había desaparecido. Le había dejado en la curiosa compañía de los humanoides, quienes en realidad le hacían sentir como una prisionera. Ya había comenzado a planear su escape cuando unos días atrás, cinco sirvientes de Ki le instaron a seguirles a través de largos pasajes subterráneos, los cuales finalmente habían desembocado en una cueva cercana al claro donde se encontraba. Ese comportamiento debía indicar que Ki finalmente se reuniría con ella.
Un ligero temblor bajo sus pies le obligó a volver a la realidad. Frente a ella, tres figuras, tres dioses, acababan de descender de los cielos. Uno de ellos era Ki, quien rasgaba el suelo con sus patas. Tenía sus alas recogidas sobre la espalda y le dedicó una sonrisa curvada. Marina sin embargo, se fijó en los otros dos. Uno de ellos, de largo cabello blanco hasta los pies y amplia túnica azabache le capturó la mirada. De inmediato lo supo: Ese era Abzu, dios de las aguas subterráneas. Su cercanía era intoxicante. Una sensación desconocida le rodeó como una caricia suave, embrujándola, atrayéndola. Sintió que las heridas de su espíritu comenzaban a cerrarse, y ella se renovaba, haciéndose más fuerte. Se sorprendió liberada de un peso el cual llevaba atado a los hombros sin que se diera cuenta.
- Qué particular criatura –dijo con voz de tenor el dios, sin dejar que su influencia se desvaneciera- Hace miles de años que no me encuentro con una elegida. Debo decir que Ceres posee el mejor de los gustos. Creo que estoy enamorado.
- Abzu, si sigues haciendo eso no va a quererse ir –mencionó Ki fastidiada- ya déjala
- ¿Pero no puedes ver que le estoy sanando? ¡Mírala! Pobre niña. Los elementales de Céfiro sólo poseen la mitad de nuestra edad. Jamás ha sentido un poder como el nuestro. Es una sensación desconocida para ella.
Marina se encontraba en éxtasis. Era sentir el núcleo mismo de sus poderes, era..increíble. Toda ella brillaba envuelta en un azul claro.
- Abzu –dijo el otro dios, tomándole el hombro con autoridad- es suficiente. Estás drogándole.
Abzu sonrió con beneplácito. El dios de corto cabello rubio y vestimenta blanca le observó, midiendo la respuesta de su igual. Viejos resentimientos cruzaron por el rostro de ambos.
- Enlil, señor de los vientos,-hizo un esfuerzo evidente por pronunciar la siguiente frase, casi atorándose en ella- líder nuestro, se hará como dices. –dijo al fin Abzu-
La guerrera dejó de brillar y se sintió en dominio de sí misma una vez más. Confundida, levantó los ojos hacia Abzu quien se limitó a voltear el rostro con elegancia.
- Ya que has terminado de jugar, bien podríamos ponernos a trabajar –les instó Ki con furia, desplegando sus alas con el sonido de un látigo.
- Es correcto –dijo Enlil con un gesto de cortesía. Al tiempo, desplegó tres pares de alas doradas que salieron sorpresivamente de su espalda-
- Te voy a extrañar –mencionó Abzu, simulando verdadera congoja, quien a su vez dejó a la vista su plumaje color zafiro-
Los tres dioses, sin mediar palabra alzaron vuelo sobre su cabeza. Planearon graciosamente sobre el lecho de estrellas y se perdieron en el firmamento nocturno. Marina ya pensaba que le habían montado todo aquel espectáculo para nada, cuando un poderoso rayo de luz bajó directamente desde el cielo hacia ella, golpeándole como un martillo. La voz de Ki llenó su cerebro mientras el suelo debajo de sus pies desaparecía, dejándole caer hacia un abismo dorado…
"Este el sitio desde donde el hombre viajó. Acá está el remanente de energía que será tu guía hacia el siguiente mundo" - habló Enlil dentro de su cabeza-
"Su nombre es Akil. Esperamos que aún se encuentre allí. Encuéntralo." –siguió la elegante voz de Abzu- "y felicita a Ceres de mi parte cuando lo veas"
"Ki…" –susurró Marina, tratando de despedirse-
Para la diosa no existían palabras tales como "buen viaje" o "cuídate". Por ello, sus únicas palabras fueron una advertencia:
"Al pasar por el Nifelheim no te entretengas…La energía te revelará la puerta. Y no dejes que Mavi-Alev te atrape"
Lo siguiente que Marina supo fue que apareció en un sitio que jamás pensó que existiera. La negrura era tan densa que no podía saber si sus ojos estaban realmente abiertos.
Este es el Nifelheim…el reino de ese dios, de Mavi-Alev
Vamos, no es hora de estar reflexionando; busca la puerta. Ki lo dijo…
Le pareció escuchar un golpe lejano. Algo se había detenido abruptamente. Algo…que tal vez se había dado cuenta que ella estaba allí.
El recuerdo de la voz de Ki en su cabeza le llenó el cerebro.
"¡No te entretengas!"
Dio un giro, buscando la puerta que le había mencionado Ki. ¡No podía verla!
Ahora lo escuchaba claramente, detrás suyo..¿o era adelante? Un golpe, un ¿Cric?
La desesperación se apoderó de sus sentidos, giró sobre sus talones una y otra vez, sin saber para dónde echarse a correr. ¡Se acercaba! Lo que fuera se acercaba, y aceleraba rápidamente.
Se le taparon los oídos. Toda ella destilaba pánico puro. Ahora estaba paralizada, esperando a verle aparecer, esperando a que…
La vio. ¿Cómo no había podido verla? Estaba allí, a su izquierda, brillando tenuemente. ¡La puerta!
Arrancó a correr. Justo en el momento en que sus pies se movieron una oleada de frio, como una brisa helada reemplazó el sitio donde se encontraba. Sin detenerse giró su cabeza y vio una lengua que buscaba una pista, saboreando el trozo de oscuridad donde ella estaba parada segundos antes. Entonces, un enorme gusano se materializó siguiendo a la lengua. Su viscoso cuerpo se tensó y se lanzó a la cacería, la lengua llegó primero y como una cobra trató de enrollarse sobre su cuello.
Marina le esquivó y siguió corriendo. Estaba cerca, la puerta brillaba más cerca, un poco más y podría perderle. Aceleró su paso. Rogó para no fallar.
Detrás de ella, la oruga tomó impulso y en un suspiro estuvo a un palmo de ella. Abrió su enorme boca, llena de dientes puntiagudos y se abalanzó para tragarle. Marina cerró los ojos, y defensivamente al ver que la criatura le había ganado, puso el antebrazo sobre su cabeza en un reflejo de protección.
De su cuerpo emanó un destello azul, el cual momentáneamente inundó la boca del gusano, quien se obligó a retroceder. Sólo fue un segundo, pues al sacudirse, se repuso rápidamente; sin embargo, Marina ganó tiempo antes de que cargara de nuevo. Cubrió los últimos pasos hacia la puerta sin atreverse a repetir el milagro o mirar hacia atrás…y la cruzó.
En la oscuridad del Nifelheim, Mavi-Alev retornó a su forma humanoide.
- Maldito Abzu –dijo para sí-
La boca azulada gesticuló una maldición en un idioma desconocido y finalmente retornó a sus dominios.
Ese mundo era la antítesis del anterior. Cientos de personas recorrían las calles, enfundadas en extrañas túnicas cafés y sandalias moradas. Marina se obligó a cerrar la boca, la cual delataba su asombro. Todos los edificios eran altísimos, hechos de un cristal azulado, y el suelo parecía labrado con millones de diamantes, que refulgían al Sol.
Sin embargo, tras varios experimentos simples, concluyó que seguía siendo un fantasma. Nadie podía verla, ni ella podía comunicarse. ¿Cómo se suponía que diera con ese tal Akil?
- Dioses remilgados. Al menos podrían haberme dado una pista –rezongó en voz alta, con el conocimiento de que nadie le escucharía-
- ¿Has visto a los dioses?
Se sobresaltó al escuchar una respuesta. Miró a su alrededor, pero no vio a nadie.
- Acá..¡hey! –dijo la voz, que ahora reconocía como la de un niño-
Bajó sus ojos, y se encontró a un chico calvo, de unos 10 años, con una de esas túnicas que llevaban los mayores, pero en versión miniatura.
- ¿Puedes verme?¿Puedes escucharme? –preguntó asombrada la guerrera-
- Por supuesto que sí. El maestro predijo que una presencia estaba a punto de cruzar por el Nifelheim; una de las elegidas. Me ha enviado a buscarte. Dice que es importante.
- ¿Cómo se llama ese maestro tuyo?
- El nombre del maestro es Akil. Seguidme.
