Cuando nombré esta historia "Es tan sólo tu imaginación", estaba pensando en aquellas cosas que vemos con el rabillo del ojo, a las cuales volvemos la vista y ya no encuentran allí. Una sombra, un movimiento furtivo, un presentimiento. Esas cosas que nos decimos y repetimos que son producto de nuestro pensamiento. Sin embargo ¿podemos estar seguros de la realidad que nos rodea día a día?
Tomó 19 capítulos, pero finalmente las historias se juntan. Todos los eventos pasados por fin llegan a este punto, y si son quisquillosos, pueden devolverse a leer el prólogo. ¡Qué reto ha sido! Pero no, no es el final, sólo el cierre de un método de narración. El capítulo 20 fluirá con los eventos relacionados después del capítulo "En la oscuridad".
Una vez más gracias a los que leen. Es fascinante ver las estadísticas y saber que las palabras que con tanto esfuerzo se plasman acá llegan a más personas.
Y como siempre, gracias quienes dejaron sus reviews: bermone ( :D si no era Latis tenía que ser alguien bien especial, verdad? Neferti me cae bien. Y si te extrañabas de la omisión de la pelirroja de mis afectos, pues...) James Birdsong (gracias! espero mantener el toque en los capítulos que falten)
Capítulo 19. Corazón
Tiempo: Pasado
Una semana antes del punto inicial
- ¿Qué es esto? –Lucy sostenía una hoja blanca, con detalles de su historia clínica-
- Es mi recomendación – respondió Noelle, con una sonrisa- creo que es hora que enfrentes a tus propios demonios, pero en un sitio más apropiado para ti-
Estaban en el consultorio de Noelle. Era una hermosa mañana. La doctora se levantó para abrir la persiana de la ventana que se encontraba detrás de la silla de su paciente, a unos cuantos pasos. Miró a través del cristal el prado verde del patio exterior. Suspiró concentrada, detallando a las personas que cruzaban el espacio, dando por sentado que la luz existía allí para ellas. No sabían lo afortunadas que eran de vivir siempre en la luz. En pocos días tendría nuevamente turno de noche y por todos los cielos que extrañaría esa luz solar. Últimamente no le agradaba estar trabajando en medio de la oscuridad, y más con esos extraños sueños con pájaros de fuego renaciendo de las cenizas.
Pero los sueños eran lo de menos. Quería finalizar con las sesiones de hipnotismo cuanto antes. En secreto creía que todo el asunto le estaba afectando. Había comenzado a tener alucinaciones, tal cual su paciente se las describía: Una sombra humanoide sonriente, lista para devorarle a la vuelta de un pasillo, en su dormitorio, escondido entre sus ropas. Un poquito más y se convertiría en residente de la institución donde trabajaba.
Regresó a su silla. Su paciente aún leía la carta. Sin romper el silencio, Lucy subió la mirada, conteniendo una gran alegría. La doctora sintió que la pelirroja estaba a punto de saltar como un resorte.
- ¿Quiere decir que puedo ir a casa? – su cara cada vez se hacía más resplandeciente, y su voz subía por la histeria sin que la propia Lucy lo notara-
- No tan rápido, primero te devolveré por unos días al St Lukes. Allá te harán algunos exámenes. Serán sólo cuatro días. Luego de eso, te llevarán a tu casa. Envié a un pasante a la dirección que me dijiste, la que lograste recordar la semana pasada, pero regresó sin que le hubieran atendido ¿Tienes alguna idea de dónde se encuentra tu familia? ¿has recordado algo más?
- N..no..-la pelirroja perdió sus órbitas en el vacío, signo de que trataba de hurgar en su cerebro por datos, por algo que explicara los últimos acontecimientos-
- Tienes suerte que dentro de tus pertenencias estén las llaves de tu casa, sino, tendríamos que llamar a la policía y a un cerrajero. –hizo una pausa, evaluando si debía decir lo que se proponía- ¿vas a buscar a tus amigas? Debo advertirte que si ellas se encontraban contigo en el momento de tu desaparición puede que…
- Lo sé –cortó la pelirroja- Puede que ellas también estén en problemas. Por eso tengo que intentarlo.
Noelle asintió
- ¿Aún estás segura que volver a tu hogar es la mejor opción? No quiero verte en una estación de policía arrestada por hurto ya que no tienes con que subsistir, especialmente si no están tus hermanos.
- Tengo unos ahorros. Solía trabajar en una veterinaria.
- Si tienes problemas Lucy…
- Le buscaré, claro que sí.
- No dudes en hacerlo
Lucy no pudo contenerse más y se lanzó con los brazos abiertos hacia la doctora.
Noelle no estaba acostumbrada a las muestras de cariño. Por eso, aquella reacción le tomó desprevenida, pero sin mucho esfuerzo se relajó, correspondiendo al abrazo. Si. Le había tomado cariño.
- Muchas gracias –dijo Lucy, sin soltar su abrazo, con largas lágrimas corriendo por el rostro- sin ti no podría haberlo logrado
- Lo has hecho tu misma.
- No..tu…me enseñaste a evadirle. Tu, entre todos, me creíste.
Y ahí la duda, infiltrándose en su mente racional. Lucy se refería a la criatura que por las noches le atormentaba, la criatura por la que estuvo a punto de suicidarse en dos ocasiones (situación que ella no había reportado, pues para su propio desvarío, en ambas ocasiones le pareció VER lo que la pelirroja le describía)
Y en eso había concentrado sus esfuerzos durante el último mes, -aparte de reconstruir la memoria de Lucy- como si fuera una película de terror de los 80s "Escapa del monstruo que se esconde entre las sombras" versión extendida, con escenas de director incluidas.
¿Estoy haciendo lo correcto? Fue el último pensamiento que cruzó su mente al ver salir a la pelirroja, con la esperanza de jamás volverla a ver.
Tiempo: El mismo día de los eventos iniciales
Guruclef resopló con impaciencia. Las cosas se habían venido abajo desde aquel incidente, aquel infortunado día en que desterró a las guerreras mágicas de Céfiro para perder sus espíritus entre los mundos.
Desde hacía meses Latis, Neferti y Paris se habían embarcado en una búsqueda incierta, y no habían vuelto a tener noticias de ellos. Mientras tanto, Xios había aprovechado el incidente, argumentando que Céfiro había obrado de mala fé, enviando la comitiva para hurtar los Makinessi, aseveración que era un simple ardid para tener razones para invadirles, sin que otros países se atrevieran a intervenir.
No había día en que no se reportaran incendios, toma de prisioneros (que serían convertidos en esclavos con seguridad) o graves terremotos. Sin duda la guerra estaba debilitando la fuerza de voluntad de las personas.
Montado en un caballo blanco, con sus ropas cubriendo gran parte de la silla, devolvió la mirada hacia las tropas, prestas a batirse en batalla; una batalla por su hogar, por su libertad. Los mejores estaban allí: magos, hechiceros, criaturas mágicas, espadachines y hasta Autozamitas. Sólo Ascot y Freya habían permanecido en el castillo. Debían encontrar a las guerreras mágicas, a Latis, Neferti y a Paris sin dilación. Tenpian que confiar en Freya a regañadientes, pues era la única que podía potenciar las habilidades de Ascot. Mientras tanto, pelearían con todo lo que estuviera a su alcance. No sería él quien cargaría la cruz de haber "perdido" lo que cientos de pilares antes de la princesa Esmeralda habían construido por medio del sacrificio.
Un sonido particular le hizo mirar hacia abajo. Una conocida amiga le observaba con sus largas orejas felpudas desde el suelo. Nicona saltó a su regazo hablando en su particular lenguaje. Guruclef le recibió en sus brazos sin mediar palabra.
Ese era el día. Si no defendían a Céfiro en ese atardecer de fuego, el planeta estaría perdido. Se preguntó si alguna vez él podría dejar todo de lado para ir en búsqueda de su propia felicidad.
Pensó en la figura de una niña, que ahora sería una bella mujer, con su cabello azul oscilando al viento. Su sonrisa era todo, todo lo que necesitaba para descender por esa colina.
Su báculo brilló y la voz de Geo de Autozam se escuchó con claridad.
- Reportándonos y esperando órdenes –dijo la voz del comandante-
- No inicien ninguna agresión si las naves de Xios no les atacan. Sólo háganles saber que están allí.
- Comprendido… Guruclef, Zaz se ha reportado desde el conglomerado de naciones, al cual pertenece Xios.
- ¿Qué han dicho ellos?
- Han dicho que Xios posee total derecho sobre los makinesi, y que le deben ser entregados. Sin embargo, tenemos noticias que los ancianos hicieron un pacto de cesar todas las hostilidades y devolver a los prisioneros una vez esto se complete. Hasta han ofrecido seguir con los planes para el puente de reconstrucción del núcleo de Autozam.
- Más mentiras. Atacarnos era su intención desde el principio. Es necesario sentar un precedente de fuerza, o no sobreviviremos.
El mago de cabello morado sacudió su báculo y la comunicación fue interrumpida.
- Nicona, ve con Ascot. Dile que dependemos de él.
Dicho esto, Guruclef dio la señal. Cubiertos bajo una estela mágica, producto de la voluntad de los más poderosos de Céfiro, miles de guerreros bajaron de la colina para encontrarse con un ejército antiguo de cascos dorados, quienes bajo perfecta formación se prestaron para recibirles con sus lanzas puntiagudas.
Tiempo: El mismo día de los eventos iniciales
La imagen de una casa desvencijada se formaba suavemente tras los esfuerzos de Ascot.
En medio del retumbar del castillo, Freya unía manos con el joven invocador, con los ojos muy abiertos, contemplando el pasaje que el chico estaba abriendo en medio del pentagrama dorado que sus poderes habían formado.
- Ascot, dime, ¿Qué es eso?
- Busco a las guerreras mágicas, busco el lugar donde estuvieron juntas
- ¿Puedes sentir su energía?
- Es… muy vaga
- ¿Están allí en ese momento?
- No…pero por más que lo intento, no puedo localizarlas en ningún otro sitio.
- Intenta con los otros…
- Está bien
La casa fue reemplazada por una calle desierta. Un hombre caminaba a prisa, con la mirada fija hacia adelante. Sus zapatos gastados y el polvo acumulado en su ropa dejaba ver que llevaba días, incluso meses en esa tarea inconclusa que se negaba a dejar.
- Ahí está de nuevo. Ascot, abre los ojos
La imagen de Latis era turbia, pero reconocible. Ascot apretó sus manos, concentrándose por hacerla más clara.
- Es el espadachín –afirmó Freya-
- Si, es Latis. Pero ya hemos intentado comunicarnos con el varias veces, es inútil.
- Recuerda lo que te enseñó Guruclef. Concéntrate. Lo más probable es que él tenga en su poder el makinesi.
- Lo sé, lo sé –refutó con desesperación. La imagen tembló y las sombras que ocultaban los detalles comenzaron a desvanecerse-
- ¡Muy bien!¡Lo estás logrando! –pronunció la sacerdotisa rubia, con la convicción escrita en el rostro, pues presentía que los largos días de tribulaciones tendrían una recompensa-
Tiempo: El mismo día de los eventos iniciales
Latis caminaba. No podía contar las veces que su cuerpo se había dado por vencido, ni quería hacer remembranza de los días que había pasado buscándole, sin ningún éxito.
En ese mundo todo era diferente. La comida y el techo eran lujos para algunas personas y ni de cerca estaban disponibles o accesibles como en Céfiro. De nada acá servía conocer a alguien si no sabías su APELLIDO o su DIRECCION, dos palabras que comprendió -con suma rapidez- eran de vital importancia. La otra palabra; DINERO era un ir y devenir incierto, que a veces se materializaba en forma de una hogaza de pan o un vaso con agua, otras era la recompensa de un trabajo de queahaceres o de cargar grandes bultos.
Comprendió que para encontrar a Lucy tenía que comer para sobrevivir, y que para comer, necesitaba trabajar, y que trabajando, conocería personas que tal vez le indicaran hacia dónde debía seguir.
Fue así, poco a poco, gracias a su contextura física y su dedicación que logró la pista sobre la que ahora estaba.
Viajó kilómetros sobre un carruaje de cuatro ruedas que llamaban AUTO-MOVIL, el cual a su era bastante lento e ineficaz. Lanzaba a su paso una nube fétida de energía negra, la misma que cubría las CALLES con el color de la muerte. Si algún día podía hablar con tranquilidad con su pelirroja, le preguntaría por qué los hombres de ese mundo habían decidido matarse lentamente para poder moverse de un lado a otro.
Caminaba, pues eso era todo lo que podía hacer. Le habían dado la DIRECCIÓN, y según podía ver en cada una de las esquinas que conquistaba en su marcha, se acercaba.
Con detenimiento comparó los números y los nombres que señalaba el papel amarillento que tenía en sus manos con el letrero al lado de la reja de metal oscuro que marcaba el comienzo de ese lugar. Era correcto. Ese era el lugar.
Una serie de campanas tañeron dentro del edificio, anunciando un evento que desembocó a cientos de personas fuera del complejo. Las puertas se abrieron y jovencitas de todas las edades salieron impulsadas por una fuerza invisible pero poderosa. El corazón le jugó una mala pasada, desbocándose ante la primera de ellas que vio, pero luego, comprendió que todas ellas llevaban el mismo traje que él había descrito con muchísimo detalle a la persona que amablemente escribió la DIRECCION en el papel que sostenía entre los dedos.
Lo que no entendía era la razón por la que varios grupos de chicas cuchicheaban entre risas al pasar por su lado. Aprovechó que una de esas agrupaciones, de unas cuatro jóvenes, pasó lo suficientemente cerca e interesadas en su ropa para acercarse. A pesar de que realmente no le gustara mantener conversaciones largas, era el único método de indagar acerca del paradero de Lucy.
- Señoritas, –saludó cortésmente, con una leve inclinación de cabeza, tal como había visto a varias personas saludarle a él- ¿alguna de ustedes conoce a Lucy? Es una muchacha que viste con ese mismo traje que llevan, tiene cabello rojo y ojos marrones.
Esperó la respuesta con paciencia. Las chicas habían abierto sus ojos atentamente al escucharle. Una de ellas rio nerviosamente, y otra le dio un codazo para que se recompusiera.
- ¿Querrás decir Lucy Shidou?- preguntó una voz atrás del grupo-
Las chicas y el propio Latis voltearon para observar a una joven delgada de cabellera castaña hasta la espalda y ojos cafés acercarse hacia ellos desde el camino de ladrillos.
- ¿Conoces a este hombre Naomi? –dijo la chica que había estallado en risa hace poco-
- No, en realidad no –respondió la susodicha- pero sus ojos… se me hacen conocidos. ¿Puedo preguntar tu nombre?
- Latis –manifestó con confianza en su voz- ¿Dime, esa Lucy Shidou, tiene el cabello rojo recogido en una larga trenza?
- Así es –afirmó Naomi con un movimiento de su cabeza-
- ¿Puedes decirme dónde puedo encontrarla?
- Hace más de seis meses que no sabemos nada de ella. Desapareció, junto a sus dos mejores amigas.
- ¿Desapareció? –su semblante cambió de repente y se oscureció- ¿Los nombres de esas amigas, son Anais y Marina?
- Es correcto –Naomi no pudo evitar que la sorpresa le recorriera. Su pensamiento divagó unos instantes. Ese hombre, ese hombre era…-
- ¿Tiene familia, alguien que sepa de su paradero?
- Sus tres hermanos están en el hospital…en estado de coma. La noche en que desapareció Lucy, salieron a buscarla. Tuvieron un accidente terrible, en la madrugada, cerca de un callejón.
Latis se interesó de repente por esa información.
- ¿Qué ocurrió? ¿Cómo sucedió el accidente?
- Según un testigo, el vehículo en que iban se alzó por los aires y cayó unos metros adelante. Esta misma persona incriminó en este suceso a una joven de ojos avellana, quien según él, fue la causante del accidente…pero la policía no le creyó…era sólo un mendigo ebrio que paseaba a esa hora. Aun así, es una terrible tragedia.
- ¿Podría darme la DIRECCIÓN donde vive la familia de Lucy Shidou?
- Probablemente no encuentre a nadie allá –le previno Naomi-
- No importa
Naomi y las otras muchachas contemplaron un momento en su sitio al hombre mientras se alejaba rápidamente, luego de que obtuviera la dirección de los Shidou.
- Naomi…¿por qué le has dado a ese hombre tanta información? –preguntó acercándose una chica de cabello corto color miel-
- ¿Recuerdas la clase de literatura del año pasado? –le interrogó Naomi sin dejar de ver al hombre perderse en las calles-
- ¿Eh? ¿Por qué?
- Lucy jamás fue muy brillante en Literatura, hasta que presentó su composición el año pasado…un 10 perfecto. Salimos a celebrar aquel día. Le compramos un enorme helado, que comió demasiado rápido, tanto, que al día siguiente se enfermó.
- Si, lo recuerdo. Pero ¿qué con eso?
- El escrito de Lucy. Siempre me llamó la atención cómo describía los ojos del protagonista, y su voz. En ese entonces me pregunté si realmente estaba inventando ese poema. Hasta se lo pregunté, pero no me supo responder. ¿recuerdas el nombre que le colocó al escrito?
- No me digas…
- El título era "Latis"
No tardó tanto como creía en llegar a la casa. El atardecer impregnaba de luces naranjas el techo de la morada. Así se le presentó el hogar en que vivía su Lucy, lleno de fuego, de flamas reconfortantes, como lo era ella. Un calor involuntario se deslizó sin permiso por su pecho y aun sabiendo que ella no estaba allí, estar al frente de su puerta le saturó el espíritu una energía que hacía meses le era esquiva.
Sin pensar en las sombras que traía consigo el crepúsculo buscó la forma de entrar. Podría estar en otro mundo, pero la gravedad no era un problema si se conocía cómo aprovecharla. Con la visión fija en los bordes de la cornisa, saltó y se impulsó.
Para su ventaja, la ventana del segundo piso se encontraba abierta. La deslizó e ingresó en una habitación que claramente pertenecía a uno de los hermanos de Lucy. Sin interesarse demasiado, abrió la puerta que daba al corredor principal. Allí se quedó un momento, y se decidió por la última puerta a su derecha. La abrió, y por un segundo, sintió que este mundo y todos los mundos en paralelo se detenían al mismo tiempo.
Era su cuarto. Su cama, perfectamente tendida, llena de varios muñecos. Un oso, un perro de grandes orejas pardas y un gato con pelaje naranja. Tomó este último y lo presionó suavemente. El peluche emitió un maullido claro e infantil. Pensando en las veces que ella lo hubiera hecho "hablar", esbozó una sonrisa, que la guerrera hubiera pagado por ver.
Dejando al curioso gato se dispuso a buscar lo que había ido a buscar: Un indicio. Volteó hacia el escritorio. Encima, varios papeles y libros desordenados llamaban su atención.
- ¡Vamos Ascot! ¿Qué estás esperando? –dijo Freya con desesperación-
En la imagen, el espadachín tomaba en sus manos una nota azul.
Ascot tenía los ojos dilatados, mientras observaba cómo el espadachín leía los garabatos.
- PUUUUU!
El sonido distrajo a Ascot de su estado, y la imagen de Latis osciló varios grados, degradándose.
Ambos voltearon a ver, pero la esponjosa criatura de largas orejas saltó sin remedio a la cabeza del invocador y se apoyó para observar la imagen de Latis.
- ¿Nicona? Auch! –se quejó el chico-
- ¡Quítate cosa! –gritó Freya con fastidio, sin decidirse a soltar las manos del invocador-
Pero Nicona no se movió. Su carita regordeta estaba absorta en la imagen. Sin aviso, la gema en su frente comenzó a brillar.
- ¿Es importante? –dijo Ascot- ¿ese papel es importante?
- PUU –afirmó Nicona, aún sobre su cabeza-
- Esa letra... ¿es de alguna de las guerreras mágicas?
- PU PU PU! – Nicona ahora saltaba, dando tumbos sobre Ascot, quien trataba de mantener el equilibrio-
- Está bien. Tenemos que hacerle saber eso.
Latis sostenía aquel pedazo de papel sin saber por qué le llamaba tanto la atención, hasta que la instancia entera se iluminó con un reflejo verde, de procedencia indefinible. En guardia, Latis, sin soltar el papel, se alistó para responder a un posible ataque, pero este llegó de la forma más inimaginable posible, al menos para ese mundo sin magia: Una sucesión de imágenes en su cabeza.
Una casa desvencijada
El castillo de Céfiro, deshabitado y envuelto en oscuridad
Una batalla vista desde la periferia, dos ejércitos chocando
Incendios, fuego, grandes grietas sobre la superficie de Céfiro
Naves y naves llenas de habitantes de Autozam saliendo del planeta, éxodo
Una casa desvencijada
Y la nota que el sostenía, vista desde otro ángulo
La luz paró y tuvo que sentarse en el lecho para recuperar el equilibrio. Con la mano sobre los ojos trató de procesar lo que en su cerebro se repetía una y otra vez, pero con menos rapidez, hasta que sólo fue un recuerdo.
Latis tuvo claro que aquel era un mensaje. Un mensaje que le instaba a darse prisa, pues Céfiro le necesitaba, y que el siguiente paso era buscar esa casa desvencijada.
Sostuvo la nota. Era una dirección y un nombre: Mizuki.
Era verdad lo que le confiaron. Lucy encontró su casa desierta. Antes de terminar sus exámenes en el St Lukes, le habían permitido hacer unas llamadas telefónicas, no muy halagadoras. La primera llamada fue a la casa de Marina. La máquina contestadora le devolvió una comunicación funesta: "si usted sabe el paradero de nuestra hija Marina, o una pista que pueda llevar a su ubicación, por favor deje su mensaje" decía la voz del padre de su amiga. Al llamar a la casa de Anaís, le contestó la empleada del servicio, quien le confirmó sus sospechas acerca de la desaparición de sus dos amigas.
Recorrió el patio, prendió las luces, esperando ver en cualquier momento a sus hermanos saltar sobre ella, sacudirle el cabello y abrazarle. Pero nada de eso sucedió. Su compañía eran las sombras, y la noche que cernía a su paso una amenaza latente que ella conocía muy bien. Demasiado bien.
Dejó la bolsa con sus pertenencias sobre una de las sillas de la sala. La miró y dudó acerca de dejarla allí, tan vulnerable. Esos objetos habían sobrevivido junto a ella seis largos meses de operaciones, recuperación, locura y exámenes. Sin razón aparente, se devolvió y buscó en ella su pendiente, aquel que Latis le había obsequiado. Era curioso cómo algunas cosas se aferran a uno a pesar de que por meses le había observado sin entender el significado que tenía. Pero ahora, su memoria había vuelto, y con ella, la dependencia a ese objeto tan especial.
Subió las escaleras y trató de encender todas las luces a su paso. Sabía que la luz lo mantendría a raya, al menos al principio. Se mordió el labio, tratando de relajarse, tal como Noelle le había enseñado. Atrás habían quedado las palabras de consuelo que le decían las enfermeras con tono condescendiente: "Es tan sólo tu imaginación" "¿Ves? No hay monstruos escondidos en el armario".
No, de ningún modo era su imaginación. Esa cosa venía noche tras noche y se escondía, esperando el momento para envolverla en miedo, para arrastrarle con su frío aliento hasta la locura, hasta que lo intentara una vez más…una vez más para ser completamente de él, para internarse en las tinieblas que ese ser despedía, y jamás retornar de ese sueño quimérico y constante.
Se internó en su cuarto, y algo cambió de súbito.
Miró su cama. Las colchas, estaban arrugadas… y su gato…
Ahí había estado alguien, ese mismo día, revolviendo sus cosas.
Sin embargo eso no le inquietaba en lo más mínimo. De hecho, su corazón latía fuertemente, adolorido, como si se hubiera perdido justo la visita de alguien importante, alguien que ella deseaba ver.
Un ruido sonó a sus espaldas
(toc)
Su respiración se aceleró. A pesar de haber escuchado aquello miles de veces en esos meses, jamás podría acostumbrarse, jamás podría dominar ese miedo, pues era espinal, nativo; nacido del mismo hipotálamo. Un miedo viejo, ese que se siente cuando eres pequeño y juegas a las escondidas en un sitio que no debes, un miedo que trasciende tu lógica y se queda allí, como una mota de polvo que flota en el aire, saltando de aquí para allá. Un miedo que vuela rápido y recorre tus órganos, enfriándolos en una carrera mortal, que te congela las extremidades y te nubla el cerebro…ese mismo miedo que te hace paralizar cuando ves un auto que va hacia ti, acelerando…ese miedo visceral de una llamada a media noche, ese conocimiento de que hay alguien detrás de ti que te está invitando a verle, a reconocerle, pero que después de eso, no volverás a ver la luz del sol.
(toc) (toc)
No, no.
Atrás suyo se materializaba la muerte misma, con dientes puntiagudos y boca azulada. Podía imaginarlo, podía describir cada detalle.
No, hoy no.
Lucy volteó con los ojos cerrados y salió corriendo del cuarto, se precipitó por las escaleras y llegó a la sala. Detrás de ella, los sonidos espaciados se hacían más fuertes, más rápidos.
Revolcó los muebles, tumbó algunas cosas, hasta que vio lo que buscaba: su vieja monedera. En un rápido movimiento la tomó, al igual que la bolsa que hacía minutos había dejado sobre la silla y salió disparada, sin querer mirar hacia atrás.
Al llegar a la estación de metro, cerca de las 8 de la noche, sabía a dónde debería dirigirse.
Tocó a la puerta con energía. Aún sentía esa presencia a unos metros, persiguiéndola.
Mizuki abrió la puerta sólo unos centímetros para verificar quien estaba del otro lado. Vestía su tradicional ropa: Pantalones negros entubados y camiseta gris oscuro con grandes letras rojas con la palabra SLAYER. La medium abrió los ojos descomunalmente al reconocerla.
- ¿LUCY? –gritó- ¡Estás viva!
A los pocos minutos, unos dedos se apoderaron del marco de la puerta y la abrieron en toda su extensión.
La luz del interior de la casa le cegó por un segundo, pero aun así, al ver a quien tenía en frente, los meses en el sanatorio le devolvieron una frase que ella misma ponía en duda conforme los ojos violáceos se la tragaban entera.
"Es sólo tu imaginación"
Pero su imaginación se volvió atrevida, y esa visión de Latis que estaba a palmos le llamó por su nombre, con un tono cargado de añoranza y de desesperación por sentir su tacto. Ese "Lucy" profundo le invadió los sentidos, bajó sus defensas, y le mareó por completo, plantándola al duro suelo con clavos de irrealidad.
Bajo todo pronóstico, fue él quien se acercó. Fue el quien, cuidando cada movimiento redujo la distancia entre los dos. Ella podía sentirse temblar debajo de sus ropas, en los límites de la locura. ¿Qué pasaría si le tocaba y sus dedos se desvanecían en el aire, como ocurrió aquella noche en que fantasmalmente el destino les había reunido en una cruel broma para no verse, para no tocarse, para dudar de sí mismos y luego separarlos?
Su mano tomó la decisión que sus pies no pudieron, y se encontró con una piel cálida, que trataba de tocarle con impulso encerrado y secreto, cosa que bastó para despertarle de un largo entumecimiento, despegar sus pies y dejarse llevar, dejarse abrazar, sentir ese corazón latiendo tan rápido como el de ella, aprisionado voluntariamente, a punto de estallar.
Misuki los condujo adentro, a pesar que le llevó tiempo lograr que le colocaran atención. Las sombras danzaban afuera, regodeándose de los amantes recién reunidos, ansiosos por separarlos.
Latis condujo a Lucy de la mano, hacia la sala, siguiendo a la adivina, preso de sus propios sentimientos encontrados: era un revoltijo que no alcanzaba a distinguir con claridad. Jamás en toda su vida se había sentido tan extremadamente desubicado sin que eso le importara realmente. Se concentraba en sus ojos, en la piel debajo de su mano, y en esa calidez que tanto extrañaba. Se sentaron en los cojines, uno al lado del otro. Mizuki les observaba con detenimiento, sentada a horcajadas enfrente.
- No puedo creer que estés aquí –dijo finalmente Lucy, sin atreverse a mover un sólo músculo-
- Ha estado indagando sobre ti desde que llegó acá –interrumpió la médium- él sabe que Mavi-Alev está tras de ti.
Lucy tembló al escuchar ese nombre, sin reconocerlo del todo
- Mizuki. –dijo, tratando de concentrarse, tratando de enfocar las preguntas que había ido a hacer- ¿Puedes decirme lo que ocurrió?
- ¿Quieres decir que no lo recuerdas? –Latis le miró interrogante-
- Latis, ¿sabes algo de mis amigas?
- Paris está buscando a Anaís, y a Marina. Presumimos que están vivas, pero es...complicado. ¿Recuerdas el hechizo de Guruclef?
Lucy visualizó a Latis con aquella mujer de cabello bermellón que llevaba en dos largas trenzas. Todas sus inseguridades de repente se materializaron y dudó acerca de la razón por la que su añorado espachín estuviera allí.
- No recuerdo ningún hechizo. Sé que desperté en un callejón, hace unos seis meses. Mis piernas estaban partidas, al igual que mis brazos. Recuerdo el dolor, y las luces del amanecer. Recuerdo la humedad que envolvía mi cuerpo, el frío y algo más oscuro, dándome caza. Estuve dos meses en un hospital St Lukes, pero luego me enviaron a una institución para analizar la pérdida de mi memoria. Hace poco recuperé mis recuerdos, tras muchas sesiones con una doctora llamada Noelle Harris. Ella me ayudó mucho para bloquear a ese ente oscuro que quería enloquecerme del todo. Eso..eso..no ha desaparecido. No recuerdo la última vez que pude dormir tranquilamente.
El hombre pasó saliva y la furia barrió su cerebro dejándolo ciego. Cada palabra que Lucy decía estaba cargada con una pena palpable. Una vez más se maldijo por no creer en su instinto, esa noche, cuando sintió la presencia de Lucy en el corredor del castillo. Si lo hubiera hecho, quizás nada de eso hubiera ocurrido.
Un estrépito les hizo volverse hacia la entrada. La puerta había sido abierta de un solo golpe, estrellándose contra la pared contigua. Lucy, Latis y Mizuki se incorporaron y vieron cómo tres figuras ingresaban en la estancia. Damien al frente, seguido de Irina y Oziel
- Irina! –gritó Mizuki- jamás pensé que regresarías después de lo que hiciste.
- Pues adorada tía…aquí estoy de nuevo. Y como siempre, ¡tu presencia estorba!
Irina alzó la mano y dirigió su ataque hacia la médium, pero esta sonrió, sin moverse de su sitio.
- ¿qué diablos? –Irina lo intentó de nuevo, de forma infrusctuosa-
- No he estado desocupada, como lo ves, querida sobrina. He anticipado tu visita.
Un símbolo brilló en los frescos que decoraban la sala, y varios hilos verdes se iluminaron colgados de la enorme araña de cristales que pendía del techo.
- Muy inteligente –dijo Oziel-
- Ha usado un contra bastante efectivo para tu poder cariño –dijo Damien con media sonrisa dibujada en su rostro-
- ¿Damien? –Para Lucy, aquella intromisión no tenía sentido. Damien era el dueño de Kiki, nada más-
- Me recuerdas bien, señorita elegida. No nos presentaron adecuadamente la primera vez. De haber sabido que eras tan delicioso plato para Mavi-Alev, te habría mandado con número postal directamente como ofrenda al dios. Estamos acá porque se nos ha dificultado cierto pacto que hicimos. Mavi-Alev desea una elegida. Lamentablemente no hay muchas disponibles, digo, con cuerpo y espíritu juntos si sabes a lo que me refiero. Cuando por fin logramos rastrearte, resulta que volvías al punto donde casi te mandamos al infierno. No sé si alcanzas a percibir la ironía en todo esto.
- Tú fuiste el que le lastimó – Latis inyectó sus ojos violáceos, llenos de rabia-
- ¡Vaya! ¡Pero miren a quien tenemos acá! ¿No es un Cefiriano? ¡Muy interesante! Así que pagaste con sangre tu pasaje. Dime…¿El mago anda bien de ánimo? Funcionó a la perfección su hechizo de expulsión, sólo que, curiosamente expulsó a sus adoradas guerreras en vez de a nosotros. ¡Qué contrariedad!
Mizuki predijo las intenciones de Latis de lanzarse contra a Damien y corrió para detenerlo.
- NO! –le sostuvo por la ropa- si sales del círculo estarás perdido. ¡Sus poderes son muy grandes!
Damien se acercó desafiante, con esos ojos azules llenos de las llamas como si el mismo Mavi-Alev le poseyera. Alzó su mano, justo en el límite de un círculo invisible que formaban las paredes sobre la sala. Pudo percibir la barrera que Mizuki había creado como protección. Se volvió hacia sus compañeros
- Irina…¿recuerdas lo que me habías dicho, hace algún tiempo, acerca de no dañar a tu familia? ¿Sigue en pie?
Irina dudó. Su propia vida estaba en juego. Si no conseguían darle al dios a una elegida de un elemental, estaría perdida.
- La verdad no tengo buenos recuerdos de mi tía. Solía darme regalos espantosos en navidad.
- Pues bien..si así es… Oziel, prepárate para llamarle cuando estemos listos
- Está acá. Hace rato. Lo he visto espiando en las esquinas. Ha venido con la chica. Está esperando.
- Excelente. Irina, la lámpara.
Irina se concentró en la lámpara del techo. Comenzó a mecerla de un lado para otro. Impulsaba su empeño los cristales que quedaban por fuera de la protección del campo. Pronto la misma barrera fluctuó. Mizuki corrió hacia una de las paredes y accionó un interruptor sonoro. La sirena llegaba a los tímpanos e impedía pensar. Todos se llevaron las manos a los oídos. Mizuki se reunió con sus invitados
- La barrera no resistirá por mucho tiempo. He accionado el sistema que conecta directamente con la policía. Eso al menos nos dará algún tiempo.
- Mizuki –susurró Lucy debajo del aullido de la sirena- me buscan a mí, debes irte.
- La elegida de un elemental –repitió Mizuki, sin prestar atención a la advertencia de la pelirroja- es un honor conocerte. Presentía que las tres lo eran ¿sabes?. Debí protegerte mejor, pero mi avaricia fue mucha.
La sirena fue cortada de súbito. Irina sonrió profusamente ante su logro.
- Si te mato a ti, ya no habrá más impedimentos. –dijo el de ojos azules hacia la adivina-
En ese instante, la lámpara del techo cayó como un ángel deslumbrado por su propia luz. Los cristales se esparcieron por el suelo y los hilos verdes dejaron de brillar. Damien alzó su brazo. Irina detrás hizo lo mismo. Oziel por su parte juntó sus manos, entrelazando los dedos.
Mizuki se elevó un metro sobre el mármol. Sus extremidades se paralizaron.
- ¿Necesitas todo eso para matar a una pobre médium? –le retó con voz aguda-
- No en realidad, pero adoro el teatro. –respondió Damien-
Damien no se hizo esperar. La cabeza de Mizuki estalló como un gran globo de sangre y materia blanca que fue a parar directamente sobre las paredes. El grito de horror de Lucy no acalló el resbaloso sonido esponjoso de esa mezcla pegajosa escurriendo de los objetos que había encontrado a su paso. El cuerpo sin cabeza aún se sostenía por la fuerza invisible, pero tras unos momentos interminables, se desmadejó como un trapo viejo. Un remolino azul salió del cuerpo de la adivina y rodeó a Damien, quien lo aspiró como si se alimentara de ella.
Latis ya se había colocado en frente de Lucy, defendiéndola con su propio cuerpo. Cuando el remolino azul desapareció, varias sirenas rodearon la casa.
- ¡Es la policía! –gritó Oziel- debemos salir de aquí
- Nada de eso. Acabaré esto en un segundo
- Damien, ¡no pueden encontrarnos acá!
Damien respiró audiblemente al tiempo que atrás suyo, sus compañeros emprendían la huída. Tras unos breves momentos, el también se dio a la fuga.
Lucy estaba en shock. Latis tuvo que tomarle por los hombros para que apartara su vista del cuerpo destrozado de Mizuki, pero esos segundos perdidos fueron suficientes.
Cinco agentes entraron, allanando rápidamente la morada. Tres de ellos fueron necesarios para contener al alto hombre, quien se negaba a colaborar. En el forcejeo, del bolsillo de Latis se escapó un artefacto, que rodó por el suelo sin ser notado por nadie.
El detective Adam Izuki entró minutos después de que la pareja fuera esposada y les subieran en vehículos separados. Con mirada endurecida, el hombre se alistó para escribir su reporte.
