Feliz Año! Después de tantas fiestas, nuevamente estoy tratando de ajuiciarme, retomando las historias, pues se merecen la continuación, y por supuesto, un final.
Como es costumbre, comienzo agradeciendo a los lectores anónimos y especialmente a aquellos que dejan sus reviews:
Bermone (te apartaré de Suzanne Collins un ratico...ojalá) Nambelle (Espero no decepcionarte con este cap, para que sigas temiendo a los monstruos jeje) Etzel47 (si, es un lío tremendo, pero vamos a ver si logro salir de esto :P) deisymoon2 (disculpa la tardanza. Espero que valga la pena la espera!)
Un pequeño recuento: Akil revela quién es Noelle y lo crucial que es su papel para que Mavi-Alev salga del Nifelheim. Paris llega al mundo donde están Marina y Anaís, Lucy encuentra los cuerpos de Marina Y Anaís y pide ayuda a Noelle para detener a Damien, mientras, Oziel muere en el Nifelheim y el dios se sorprende que su Fénix le haya bloqueado momentáneamente fuera de sus pensamientos.
Desconocemos aún que ocurre en Céfiro, pero Akil nos ha dado una pista: Xios mantiene una alianza con el dios de la llama azul, y por eso le envió como tributo al Nifelheim.
Capitulo 21. Pintura de Guerra
Put on your war paint
You are a brick tied to me that's dragging me down
Strike a match and I'll burn you to the ground
We are the jack-o-lanterns in July
Setting fire to the sky
Here it comes, this rising tide
So come on
- The Phoenix, Fall out boy
Paris llevaba sobre su espalda el cuerpo de Neferti, tal como lo había hecho durante su larga travesía, cuando un hombre más alto que el, de ojos oscuros y piel ligeramente morena se precipitó hacia la delicada carga que llevaba, arrancándosela y tomándola en brazos mientras acariciaba el cabello color nieve, que se regaba inerte como una catarata helada sobre el cuerpo del que llamaban "maestro"
El príncipe de Céfiro quedó estupefacto, tuvo que pensar dos veces para no responder. Pero luego entendió. El alivio fue un sedante efectivo, el cual le recordó su travesía. Ese era el hombre que había estado buscando.
Al principio no supo la enorme suerte que tuvieron. Ya fuera porque Neferti no mostraba señales de vida, o ya fuera por la casualidad, Paris no se encontró con Mavi-Alev. Aunque tampoco dio oportunidad para que ocurriera.
No fue sencillo dar con Akil. Hubo momentos en que su búsqueda no fue fácil, y menos por la determinación que había tomado de no abandonar el cuerpo de Neferti hasta que pudiera reunirla con su amado. Le debía eso.
La esperanza de que no estuviera muerta, le impulsó a seguir buscando. La sacerdotisa de cabello blanco parecía más dormida que muerta. No cargaba con el hedor inmundo de un cadáver, ni observaba su descomposición. El deseo de verle abrir los ojos aumentaba en cada mundo que saltaba, siguiéndole la pista a aquel que la despertaría, tal como en los cuentos de hadas.
Por eso cuando Akil dejó con delicadeza el cuerpo de Neferti en el suelo y se incorporó para enfrentarle, jamás imaginó que emprendería su venganza contra él.
- NOOOOOOOO –gritó la rubia cuando un poderoso puño mandó a Paris al piso-
Anaís se colgó del brazo de Akil, pero se la sacudió sin problemas: él le había enseñado aquel truco, sería una locura usarlo en su contra. Ningún espíritu normal podría hacerle daño.
La guerrera cayó al piso e impotente observó cómo Paris se doblaba por los golpes del kâhin, el cual se había ensañado con su príncipe, pero sin embargo, este contestaba cada provocación.
- MALDITO! –gritaba Akil- ¡¿POR QUÉ LA TRAJISTE?! ¡MALDITO! ¡ELLA NO PODÍA CRUZAR!
- ¡LE HUBIERAN ASESINADO!
Akil asestaba golpe en la cara tras otro, sin parar. Paris respondía, pero el kâhin estaba deteniendo sus golpes con algo más que la fuerza física. Estaba usando sus poderes.
Anais se levantó. No podía permitir que Akil matara a golpes Paris. Esto debía parar ahora mismo.
Marina por fin pudo bajar a la entrada principal del edificio, acompañada del niño y del mensajero que había irrumpido en la sala minutos antes. Llegó justo en el instante en que Anaís tomaba de la mano a una muchacha, y desaparecía para fundirse en ella.
Akil se vio sujetado por una fuerza poderosa, invisible, que justo en el aire, detenía sus brazos, evitando que bajaran para seguir triturando al recién llegado.
- ¿Vika? –dijo con sorpresa al ver a una de sus más aventajadas aprendices- No interfieras –amenazó con furia-
- Akil –dijo la voz de Anaís a través de los labios de la chica- te pido que te detengas, o lo matarás.
- A..naís? –Paris miró a la chica, que claramente no era su guerrera, pero luego, ella asintió con elegancia, devolviéndole una mirada que era indiscutible-
Paris tenía la cara hinchada y palpitante, le dolían los huesos y seguro tenía alguna costilla rota, pero al escuchar esa voz, al ver aquella expresión, una droga se inyectó en su sangre, le dio oxígeno e hizo correr la adrenalina por cada músculo de su organismo. Con un hábil movimiento se liberó del hombre y con una contundencia impensable le plantó un golpe en plena frente que obligó a Akil a retroceder.
El príncipe dio dos pasos rápidos para quedar a espaldas de su contrincante, al lado de la muchacha que tenía la voz de Anaís.
Akil se incorporó, meditabundo. Tardó en voltearse. Su cuerpo parecía más torturado que el del mismo Paris, pero no por el peso de los golpes. Les dedicó una mirada vaga, cargada de soledad y dejando la pelea de lado, recogió el cuerpo de Neferti en sus brazos y caminó hacia el edificio en medio de atónitas miradas.
Marina, quien seguía alejada, observó a Paris y a Vika, quienes no se conocían, mirarse en silencio durante largos segundos tras haber perdido de vista al atribulado Akil. Luego, regresó al edificio ahogando un suspiro.
Se me va a salir el corazón. No…no mi corazón. Voy a matar a esta pobre chica de un ataque cardíaco.
¿Cuánto pueden decirse dos personas con tan sólo mirarse?¿ Acaso pueden reconocerse dos almas gemelas así los sentidos les indiquen otra cosa?
Paris cerró sus párpados y le tomó de las manos. Anaís advirtió el tacto. Era áspero, lleno de polvo y de las cortadas que el asfalto le había ocasionado durante la pelea, pero no le importó. Eran las manos de Paris, que durante largo tiempo soñó tener entre las suyas. Sabía lo que el trataba de hacer, y por eso, cerró los ojos de Vika, para sentir con el espíritu y bloquear las barreras que les habían impuesto. Necesitaba liberarse finalmente y tener un reencuentro.
ESE reencuentro.
Escuchaba ambas respiraciones, acompasadas, tratando de sincronizarse. Un miedo distinto se acunó en su garganta, en su estómago. Era un miedo de anticipación, de desconocimiento, pero sobre todo, de que aquello no se extendiera por siempre.
Paris le abrazó y ella se arrulló en sus brazos. Un calor indescriptible llenó su corazón y supo que esa era la mejor descripción de la felicidad. Era el conocimiento certero de la energía que recorría ese cuerpo prestado, que fluía del uno al otro: AMOR.
- Paris –comenzó ella-
- Eres tú, mi querida Anaís. Te he encontrado.
- Siempre tuve la esperanza...de volverte a ver
- Lo que pasó en Céfiro…Perdóname.. Perdóname. Nunca debí dudar, debí saber que eras tú.
- Paris.. –su voz estaba a punto de partirse en llanto-
- Vas a romper el embrujo si lloras. No abras los ojos, por favor.
Paris acarició su rostro, y por un instante, estuvieron los dos allí, sin Vika. El mundo a su alrededor había desaparecido. Anaís sintió los labios del príncipe que se acercaban a los suyos, y los reclamaban con suavidad en medio de un beso que podría hacer girar todos los universos.
Escuchó con calma, y al final, Noelle sonrió. Cuando la señorita Shidou pidió su ayuda, pensó que se interpondría con su objetivo, pero…
- ¿Me estás pidiendo que mate a Damien? – recitó complaciente-
- ¡NO! ¡No quiero que lo mates! ¡Quiero que lo detengas! Debemos acercarnos a Matt para recuperar…algo… -Lucy percibió la mirada de advertencia de Latis. Entendió que no debía decirle todo a la doctora-
La mujer volteó hacia el espadachín. Le midió en silencio, sabiendo el cohibía a la señorita Shidou de recitarle la historia completa. Latis le devolvía la mirada, impasible, y Noelle supo que Latis podía percatarse de lo mucho que le alegraba enfrentarse a Damien, y del hecho que no perdería la oportunidad de triturarlo y de reducirlo a cenizas porque …quería. Su poder parecía estar diseñado para que la carne ardiera, y necesitaba con desesperación liberarlo de nuevo. Guardarlo con llave dentro de sí era imposible, sabiendo que eso le había conducido a tantos años de miseria y soledad. No replegaría al Fénix. Nunca más.
- ¿No siente como si se estuviera acabando el tiempo? –dijo al fin, dirigiéndose hacia Latis-
Ambos callaron. Latis sabía que Noelle se alzaría como un ave incandescente, y una vez lo hiciera, no habría nada que la detendría. Llegado el momento, ella se vestiría de oscuridad. La pregunta que hacía era una advertencia, pues la sentencia que había dictado contra el muchacho de ojos azules hacía tiempo estaba escrita con letras indelebles; y así como ella había decidido su muerte, bien podría decidir la de ellos.
- Es correcto
- Pero primero, una pregunta. ¡Y créanme! –rió entre dientes con gracia- estoy siendo amable haciendo esto de la manera tradicional – un brillo azul, dulce y perturbador, relampagueó en sus ojos verdes por un instante-dime Lucy, eso que desean recobrar, ¿es un makinessi? ¿es lo que tu ex se ha llevado?
- Matt no es…-negó Lucy, sintiéndose muy incómoda y sorprendida por el comentario. Volteó hacia Latis, negando con la cabeza, perdiendo el verdadero objetivo de la pregunta-
- Mi error –dijo Noelle, caminando atractivamente hacia la salida y sopesando la reacción del espadachín ante la mención de Matt y por supuesto, tomando nota mental, pues ahora sabía con certeza lo que Mavi-Alev deseaba que hiciera. Sin embargo, al final, la decisión era toda suya- ¿Vamos entonces?
Lo encontraron descansando en un claro. La noche cerrada se iluminaba por una fogata que el mismo Damien había encendido. En el cielo, la luna en menguante se colgaba del cielo, expectante ante una guerra declarada, lista para ser testigo del viraje que sufriría este mundo, y de muchos más.
El muchacho atizaba con una rama los troncos ardientes, sentado encima de una gran piedra. No dio muestras de sorpresa al ver aparecer a Noelle junto a Lucy y a Latis. Para incrementar los nervios de Lucy, hasta les dio la bienvenida con una amplia sonrisa.
- ¡Sean bienvenidos a mi fiesta! –declaró Damien con alegría gélida- les esperaba con ansias, especialmente a ti –clavó sus ojos en Noelle, quien le devolvió la sonrisa-
- Tenemos un asunto pendiente –la doctora se adelantó con finos pasos, con cada uno de sus sentidos expectantes, alerta-
- No me imagino cual puede ser –respondió con suspicacia. Los destellos de la hoguera hacían que su cara se viera fascinante y seductora, casi inocente. Era sólo un chico, un scout, que habían interrumpido justo antes de asar los malvaviscos-
Noelle rió con ese tono aristócrata que resultaba encantador.
Viéndoles hablar, observando sus movimientos, a Lucy le resultaba difícil creer en ese instante que esas dos personas fueran asesinos despiadados. Ambos emanaban un magnetismo sobrecogedor, que los volvía arrolladoramente atractivos…
Y entonces, el hechizo se rompió
La rubia ladeó su cabeza y el cuerpo de Damien se tornó rígido. En su frente sobresalieron dos venas que palpitaron ante el esfuerzo. El muchacho se levantó despacio, sin dejar de mirar a Noelle.
- No será tan sencillo, perra –declaró rechinando los dientes-
- Estoy siendo gentil. –dijo sin una pizca de ironía en su voz- Me pidieron que lo fuera. A pesar que ahora sé que tu hiciste posible que conociera a señorita Shidou.
La pelirroja sintió un escalofrío. El tono que había usado Noelle era tan frío como el dedo índice de una parca
Las ramas de los árboles se movieron al unísono, empujando sus ramas hacia el claro, como si fueran brazos extendidos prestos a ayudar a esa figura estilizada que hablaba en medio de él. Un viento proveniente de la nada se hacía presente, imitando un presagio, una invocación silenciosa. Las hojas se estrellaban unas contra otras, aplaudiendo hacia el escenario que las convocaba.
- Latis…-susurró- ¿qué es eso?
- La doctora – sus palabras fueron contundentes-
- Pero…¿cómo?
- Ella no deseaba apartarse de Mavi-Alev –dijo para sí, recordando la noche de su escape, que parecía contarse en años, no horas- cada vez es más poderosa.
- ¡No puede ser! – Lucy negó con su cabeza- ¡No puede estar del lado de esa cosa!
Delante de la pareja, Noelle comenzaba a disfrutarlo…
- Usted le rompió los huesos –dijo hacia Damien, avanzando- Le arrojó en un callejón, junto a los desperdicios de un restaurante –a pesar que relataba acontecimientos que debían implicar algún sentimiento, Noelle los enumeraba como una lista de síntomas antes de recetar un medicamento-
- Y lo volvería a hacer –le retó, con un gesto de triunfo pintado en su cara-
- Esperaba que dijera eso –contestó, aliviada-
Damien decidió que no permitiría que se acercara un centímetro más. Atacó.
La doctora sintió presión sobre su columna. Sus pies se detuvieron sin que ella tuviera nada que ver.
- Yo también estoy siendo gentil –se burló el joven al tiempo que sus ojos azules destellaban-
Pero el triunfo le duró poco. Tuvo que poner todo de sí, incluso interrumpir el daño que trataba de infligir para poner un escudo que detuviera el impulso que rodeó su cerebro, tratando de ingresar en él para arrasar con cualquier tejido.
Ambos midieron fuerzas. Ya no había marcha atrás. Muerte o vida, no habían más opciones.
El viento azotaba la noche. Varias ramas se desprendieron y comenzaron a girar enloquecidas sobre las copas de varios robles. Lucy alzó su brazo para protegerse los ojos, con el corazón encogido, furiosa consigo misma por no poder intervenir, y preguntándose por qué Damien estaba allí solo; temiendo que hubiera asesinado al que le había ayudado antes a escapar.
Matt ¿Dónde estás?
Ninguno escuchó el roce que provocaba una presencia contra un tronco cercano, que alistaba su mejor ángulo para causar el mayor daño posible.
Noelle lo intentó, una y otra vez. Detenía cada embestida, pero llegaría el momento en que necesitaría al Fénix para acabar con esa pelea antes que Damien encontrara algún punto débil. Sin embargo, no conseguía despertarlo. No conseguía volver a desplegar sus alas.
Lo necesito. Necesito a Mavi-Alev – se dijo, sabiendo que si dejaba de bloquearle, ya jamás podría detenerle-
Tomó la decisión. Era demasiado tentador.
El viento se detuvo. Un invisible maestro de ceremonia había decidido que la sinfonía se suspendería hasta nueva orden.
Fue gracias a eso que Lucy vio lo que estaba a punto de suceder. Corrió, pero ya no había nada que hacer.
En el silencio del bosque, el ruido sordo del arma hizo eco en cada piedra. El proyectil alcanzó a Noelle y cercenó el lóbulo de su oreja derecha. La doctora se encogió y llevó su mano hacia la herida. Más asombrada que nunca y respirando audiblemente, miró el color carmesí intenso que chorreaba de sus dedos, y que caía caliente desde su cabeza, haciendo surcos por el cuello hasta empaparle el traje.
Damien no esperó a que la mujer reaccionara. Era la oportunidad que estaba buscando.
Matt permanecía en su sitio mientras bajaba la escopeta que tras devolverse a la cabaña había robado de una de las patrullas. El cabello pegajoso por el sudor enmarcaba una expresión desconocida, incluso para el mismo. Con los ojos inyectados en odio y la cara blanca como la luna, volvió a alistarse para disparar, pero esta vez contra su antigua "amiga"
- No creas que no te dispararé –amenazó, apuntándole-
- ¡Matt! –Lucy paró en seco- ¿Por qué?
- No volveré a equivocarme contigo.
Matt disparó de nuevo, por encima de Lucy, haciendo que esta gritara. Volteó para ver a Latis que se había apartado justo para esquivar la bala
- Y dile a tu amiguito que se quede quieto, o te dispararé a ti y no fallaré. Dile que mida la distancia a ver si se atreve.
- Matt por favor, por favor, no hagas esto
- ¿Yo? ¡Tú me has convertido en lo que estás viendo!
Un grito les desvió de la conversación. Lucy vio a la rubia caer.
- ¡Noelle! –gritó Lucy-
- Deja que te destroce – pidió el dios-
- Duele…
- No es de tu cuerpo de donde obtienes fuerza, mi deliciosa Noelle, mi Fénix
- ¡No puedo! Debo detenerle, debo matarle, quemarle, destrozar cada parte de su engreído cuerpo.
- Si le matas de esa forma, jamás tendrás todo tu poder. ¿No quieres saber de lo que eres capaz?
- Yo…
- Claro que sí. Yo te ayudaré. Emergerás de las cenizas. Serás invencible. Eres Fénix
Damien daba un paso tras otro. Una mueca de placer incrementaba su amplitud a cada grito, a cada hueso roto, a cada gota de sangre que se derramaba sobre el pasto.
Cuando estuvo seguro de su victoria, se inclinó, doblando sus rodillas. Era ese instante el que estaba buscando: la súplica. El momento en que la víctima no podía hablar porque el sufrimiento se lo impedía, pero que aun así sus ojos trataban de implorar por que terminara, en el reino de los vivos o de los muertos, pero que terminara.
Pero cuando sus ojos encontraron los orbes esmeraldas de la mujer, allí no había súplica.
Intrigado, arrugó su frente, y decidió producir un poco más de dolor. Volvió a fijar su mirada…que extraño…sus ojos…¿Qué pasaba con sus ojos?
Retrocedió demasiado tarde cuando entendió lo que Noelle estaba tratando de decirle.
Latis estudió con cuidado la reacción de Matt, que apuntaba directamente al pecho de Lucy con la poderosa arma. Esperó paciente, sabiendo que el chico no podría evitar descuidarse ante los acontecimientos que se desarrollaban a sólo unos metros. Pudo leer en su cara el ardiente deseo por venganza cuando Damien tuvo a la doctora doblegada…y justo antes de que cambiaran las cartas del destino, se abalanzó rápidamente sobre él.
Su primer objetivo: desarmarle
Un golpe en el estómago fue suficiente para que la escopeta cayera al suelo. Sin mediar palabra, aprovechando la sorpresa del chico, se dispuso a asestar otro golpe que le dejaría fuera del juego para poder buscar el makinessi.
Pero Latis subestimó el entrenamiento del hijo del detective.
Matt se valió de toda la rabia contenida en su dolido espíritu para esquivar el segundo, justo para enzarzarse en una furiosa pelea. Ambos cayeron al suelo y rodaron por la gravilla en medio de puñetazos y patadas.
Lucy, en medio de ambos escenarios, de pronto se dio cuenta que no estaba sola. Allí entre las sombras, una sonrisa azulada le saludaba como a una vieja conocida.
Una figura desmadejada, a la cual le colgaban los brazos, se levantó a pesar que sus piernas se componían de centenares de fracturas. Como un títere jalado de cuerdas invisibles, Noelle volvió en sí. Una fuerza que jamás había percibido fue sellando una a una cada fisura, reconstruyendo rápidamente lo que el muchacho había roto. En pocos segundos la carne antes deformada, flácida ante la gravedad, recobró su firmeza.
Damien abrió sus ojos azules sin poder creer lo que veía
- ¡NO!…¡Estás muerta!¡Acabada! –le gritó, señalándole, al tiempo que retrocedía, esta vez, asustado hasta la médula-
Noelle miraba hacia el suelo. Alzó la mirada, sin responder, calmada. Por el rabillo del ojo vio que Mavi-Alev estaba allí, cubierto por las sombras de la noche, y que se acercaba a Lucy. ¿Trataría de que se suicidara de nuevo para llevársela consigo al Nifelheim?
Dudó de nuevo
Damien lanzaba de nuevo su ataque. Pero esta vez no sentía sino un pequeño punzón. Un insecto tratando de hincarle el aguijón. Con un movimiento de su cabeza, apartó aquel intento infructuoso como si de una abeja real se tratara.
- Debo darle las gracias –le dijo- quizás todo esto estaba cuidadosamente arreglado para que me encontrara con usted- ¿No siente cómo el tiempo se escurre sin remedio?
El chico no respondió. Pasó saliva. Sabía lo que iba a ocurrir, y estaba buscando la forma de escapar. Sus ojos buscaban entre la oscuridad una salida, un resquicio, una forma de huir.
Pero Noelle no le dio la oportunidad.
Damien fue golpeado por una pared invisible, que de un solo golpe le rompió todos los huesos. Un calor más fuerte que cualquier llama entró a su cabeza y le cocinó los sesos, enloqueciéndole de dolor. Lentamente, Fue ocupándose de cada rincón, estallando sus neuronas, desconectándolas con sevicia, dejando el centro del dolor intacto, para que sintiera cada sensación, para que experimentara cómo era ser arrasado sin esperanza.
Cuando Noelle no vio delante de sí más que un cuerpo sin alma, deformado por el fuego que le incineraba por dentro, decidió que ya era suficiente. El Fénix, cuyas alas ya no eran rojas sino azules, hirvieron a una temperatura sobrenatural cada tejido del que antes se llamaban Damien, para explotarlo desde adentro, regando sobre el prado una lluvia roja, de la cual no le importó empaparse.
El Fénix dirigió su atención hacia un par de hombres que deseaban matarse a golpes. Allí estaba, su próximo objetivo…aquel que le había volado la oreja. Decidió hacer algo para darle un escarmiento.
Alejada, Lucy buscó una roca, algo con lo cual defenderse. La sombra le rodeaba y susurraba su nombre. Pronto comenzaría a ver cosas…y tal vez esta vez no podría separar la realidad de la fantasía.
Cayó tratando de evitar la boca azulada, que seguía sonriendo, ansiosa.
Y comenzó a ver los insectos, que emergían de la tierra.
Matt sintió que sus puños se congelaban en el aire. Una voz dentro de su cabeza le dictaba órdenes y era imposible desatenderlas. Miró a la bruja que se acercaba, congelando en la lucha tanto a su oponente como a el.
La voz dijo que arrojara el objeto que tenía en su bolsillo. Como un juguete de pilas, Matt buscó el makinessi y lo lanzó a los pies de la rubia, que lo detuvo con su pie.
Luego, le dijo que tomara la escopeta y que la apuntara hacia su garganta. Obediente, su cuerpo así lo hizo. Con el dedo en el gatillo, temblando, trató de hablar…tenía que decir algo…
- Este es el precio –dijo con el cañón presionando su cuello-
Noelle se sobresaltó. Noelle había escuchado eso antes. Ese mismo día. El precio. El precio. Eso mismo había dicho el dios: Es el precio
- ¿El precio? -la doctora se acercó más-
- Si, siempre hay un precio. El precio de mi venganza, es esta muerte, a manos de la misma que asesinó a mi padre. Puedo decirle que lo intenté. Puedo decirle que al menos me enfrenté al demonio.
- ¡He matado sólo a quienes se lo merecían! –protestó Noelle-
- ¿Mi padre se lo merecía? –Matt consiguió bajar unos centímetros el cañón, y aflojar el gatillo-
- No tengo idea de a quién te refieres
- Adam Izuki. ¿Se lo merecía él? ¿Se lo merecía?¡ Sólo estaba tratando de encontrar al culpable que había asesinado a una mujer en su propia casa!
- Izu..ki –Noelle bajó la mirada, recordando con amargura el instante en que no pudo controlar su rabia, en que el deseo de matar al "doctor hielo" fue más fuerte que su sentido común.
- Ese día que se entrevistó con usted llegó a contarme a la casa que ¡quizás se había enamorado! ¡Enamorado! Y usted lo mató, le hizo sufrir, le torturó
- No..fue un error. ¡Se entrometió justo en el momento que no debía!
Matt sintió que la presión había aflojado. Sin dudarlo, posicionó su arma hacia ella y disparó.
La bala le atravesó la frente. El cuerpo de Noelle cayó inerte, dando pequeños estertores en el suelo. Su brazo cayó justo encima del makinessi, que al contacto con su piel, emitió un suave brillo.
Lucy asombrada, vio que los insectos desaparecían en un parpadeo, y la sombra de sonrisa azulada abría su boca en un gesto de infinito triunfo. Aquel ser de oscuridad se precipitó como un ave de presa sobre el cuerpo de Noelle e ingresó a él, cubriéndole con un vaho negro.
El cuerpo de Noelle se levantó una vez más. Pero no era Noelle, ni el Fénix el que ahora les miraba. El ser abrió sus ojos sin pupilas que refulgían con una energía azulada y sonrió mostrando unos dientes puntiagudos, brillantes como ópalos marinos.
- Si –la voz que salía de esa cavidad era cavernosa, asexual y potente- tiene razón –dijo dirigiéndose hacia Matt, que había soltado la escopeta dejándola caer en medio de su asombro- Es el precio. Todo tiene un precio. Y el precio para mi regreso se ha pagado.
Matt no tuvo tiempo de sentir nada. Alcanzó a buscar a Lucy con la mirada antes de que su cuerpo se vaporizara en el aire. El ser atrajo esa nube que hacía presencia donde antes había estado Matt y abrió la boca, tragándosela con gusto.
- Elegida de Rayearth. – mencionó volteándose hacia Lucy, que se había incorporado y lemiraba con espanto- me pregunto a qué sabe tu carne.
