Hola a todos!

Esta semana casi me voy para atrás cuando me dí cuenta que llevo escribiendo esta historia por un año entero. Santo cielo! el tiempo pasa rapidísimo cuando uno se divierte.

Inicio dando gracias a las personas que dejaron sus reviews: Bermone (vamos a ver que tan extremo queda definitivamente el rescate jeje) nambelle(gracias! que alegría haberte pegado a la silla un ratico) Ascella Star(me reí mucho con lo de "comerse el mandado" jajaja pobre Latis que ni un besito le dan) Etzel47(jajaja pues si mucha irreverencia! ya maté a Lucy en la otra historia, toca dejar algo de ella para esta, así sea en pedacitos. Que bueno que te hayas fijado en la letra de la canción!)

Sé que este capítulo es cortito, pero ya era necesario actualizar la historia...

Bueno, todos quedaron pendientes de que Latis salve a Lucy de ser masticada con sevicia..¿están seguros que esa es la única opción? :D

Capítulo 22. Indestructible I

Unlock the dark destroyer that's buried within

My true vocation and now my unfortunate friend

You will discover a war you're unable to win

- Indestructible, Disturbed


Los humanoides temblaron cuando Ki bramó con la fuerza de un huracán. Sus alas se abrieron y su instinto primario fue huir. Pero no tenía sentido. La ruina le alcanzaría, estuviese donde estuviese.

Alzó vuelo, tomando impulso con sus garras desde el suelo; allí se detuvo, mirando hacia abajo, hacia sus protegidos. Ella, ama y señora de esa tierra, no podía obviar en la oscuridad que se avecinaba. Planeó, indecisa, pero no tenía más opciones.

En lo alto de la cúpula, lanzó un nuevo grito, tan agudo que cualquier ser viviente a la redonda estuvo escuchándolo por varios minutos después de que finalizó.

Y tenía que ser así. Aquel era un llamado a los elementos, y todos los seres deberían replicarlo, hasta que los dioses lo atendieran.

Finalmente, la presencia próxima del líder de los elementales sacudió el recinto. Ki salió disparada, abriendo un hoyo en lo alto de la cúpula para encontrarle. Tres figuras aladas se midieron la una a la otra, ODIANDOSE mutuamente, pero sabiendo que necesitaban de la fuerza conjunta para afrontar lo que estaba por venir.

-¡Enlil! ¡Debemos actuar ahora mismo! -expuso Ki con vehemencia- ¡Mavi-Alev ha tomado un cuerpo! Podrá atravesar el Nifelheim. Debemos...

- Cálmate, vieja gruñona -replicó Abzu con una sonrisa- tenemos que organizar nuestras prioridades

- ¿Y si les encuentra? ¿A Marina y a sus amigas? Sabe cómo es su energía, ¡podrá rastrearlas! Y las engullirá. Podrá enfrentarse a Rayearth, Ceres y Windom, y luego vendrá por nosotros.

Enlil guardó silencio unos segundos. Ki encontró aquello desesperante. Sus garras se abrían y cerraban con impaciencia, esperando el veredicto, esperando que su líder tuviera alguna salida, una esperanza.

Y si no la tenía, ella misma encontraría la manera.

- Maldito dios, qué inteligente ha jugado sus cartas. ¡Haber encontrado semejante la solución! Un cuerpo humano que resista su poder. Ahora somos nosotros los que estamos atrapados en nuestros mundos, en espera de ser devorados -dijo Abzu-

Enlil le miró de forma conspicua. Abzu arrugó su frente y torció su expresión en desagrado ante la desaprobación que contenían los ojos del dios del viento.

- Abzu, en ocasiones me asombras -declaró Enlil sin soltar la mirada del dios de las aguas subterráneas- Creo que has dado con la solución.

Ki supo a qué se refería Enlil, a pesar que Abzu aún no parecía darse cuenta de lo que había dicho.

- Pero Enlil. No podemos llamarle.

- Por eso dejaremos la puerta abierta – respondió el dios-


- ¡Las encontré! –dijo triunfal el Palú, desatendiendo los temblores que sacudían el castillo desde hacía varias horas

- ¡Guíame a ellas!

Freya apretó las manos del invocador, impaciente por ver las personas que había estado buscando, e impaciente por saber si entre ellas estaría su hermana sacerdotisa Neferti.

En medio de sus manos, una energía dorada reburbujeó y se alzó hacia el techo, quedando encima de sus cabezas. Allí les distinguió: los dos cuerpos de las chicas permanecían sin inmutarse encima de dos camas gemelas.

- ¡Acércate! –ordenó Freya-

Pero la imagen se fraccionó y cambió. Ahora veían un alto edificio de puro cristal. Varias personas ingresaban a él, escoltando a una pareja tomada de las manos. ¡Era el príncipe Paris! pero la chica era alguien a quién no había visto jamás.

- ¡Las estás perdiendo! ¡Vuelve a dónde estabas! –espetó con furia la sacerdotisa-

- ¡Yo seguí el vínculo! No sé por qué se desvió

- ¡Demonios Ascot! ¡Eres más fuerte que esto!¡ Regresa AHORA!

La burbuja volvió a mostrar una imagen, pero no era de las guerreras mágicas que andaban buscando. Era una chica pelirroja, al borde del colapso, arrodillada sobre la hierba. A unos metros, ambos vieron un ser que jamás debió existir, un ser que debería estar confinado en la oscuridad, pero que sin embargo estaba allí. Su cuerpo era un títere de carne muerta, atravesado por un hoyo sangriento en el centro de la frente. Ambos se les paró el corazón cuando la cosa abrió la boca y sonrió.

- Mavi Alev – susurró Freya con apenas un hilito de voz- Por todos los dioses.


Fue como si los demás escucharan una alarma en una frecuencia que ni Marina ni Anaís podían oír. Todos los aprendices se miraron con un gesto de pánico que sólo contribuía a que Marina y Anaís se desesperaran más por saber lo que estaba ocurriendo. Paris no podía ver a su guerrera una vez dejó el cuerpo de la aprendiz de Akil, y mucho menos a Marina, pero notó el estado de Vika, que se llevaba las manos a los oídos y ahogaba un grito

- ¿Qué ocurre?¿Por qué todos están actuando tan extraño?

- Es...-comenzó Vika, tropezando con sus propias palabras- hay algo mal. Algo ha pasado.

- ¿Qué quieres decir? ¿les ha ocurrido algo a Marina y Anaís? –su tono subía sin que él lo notara, y sus ojos pidieron una explicación rápida-

- Están bien –la chica le tranquilizó con una sonrisa forzada- no es por ellas que nos preocupamos – se mordió el labio inferior, sin saber si debía continuar-

- ¿Entonces qué es?

- Es… el fin de los mundos


Akil estaba recluído en sus aposentos. No quería ver a nadie.

Depositó a Neferti sobre la cama, y se arrodilló sosteniendo su mano.

Su hermosa Joya, su prometida. Cuánto tiempo deseando volver a tocar su piel, cuántas ansias reprimidas de volver por ella, y ahora estaba allí, presa del hechizo de los ancianos de Xios, que la dejaría muerta en vida. Esa era la bofetada que el destino había guardado para él. ¿Ese era su pago?

Se concentró, tratando de leer sus pensamientos, de ingresar en su mente. Se encontró con un silencio abrumador.

Le miró interrogante, analizando su expresión. Esa pequeña arruga en su frente…¿era algo propio de la edad? Acarició sus mejillas, estaban heladas. Su cabello… ¿qué había ocurrido con su tonalidad?

Una idea cruzó su mente, causándole una enorme turbación; un pánico que no había experimentado en mucho tiempo ¿Estaba Neferti atrapada en su propio cuerpo, presa de las más horribles pesadillas? Al considerarlo, estrelló su puño contra el suelo, el cual le devolvió el impacto en forma de una descarga de dolor que subió serpenteando hacia su antebrazo

- Neferti, ¡maldición!¿Por qué lo hiciste? ¿por qué te arriesgaste?

Volvió a golpear las losas, una y otra vez, hasta que se dio cuenta de que podría perder su mano si seguía en el empeño. Replegó sus emociones, y se calmó. Su mano latió en protesta. Tenía que pensar. Tenía que solucionar esto, porque todo era su culpa.

Los problemas habían comenzado con el acenso de Nassor al poder. Nassor, que siempre estuvo enamorado de Neferti, y que no le hacía gracia que estuviera prometida con Akil, y que encima, se amaran.

Aquel hombre llegó con ideas para muchos innovadoras. Verdaderas soluciones para los tiempos turbulentos que estaba viviendo Xios. Las cárceles para ese entonces estaban abarrotadas y la solución de enviar a los condenados hacia el Nifelheim, utilizando las reliquias Makinessi que por largos siglos estuvieron bajo llave so pena capital, sonaba cuerdo. Sin embargo, para Akil, quien había tenido extraños sueños con el dios de la llama azul desde hacía años, ese edicto no podía ser casualidad. Más cuando de manera inexplicable comenzaron a reclutar a los kâhin como parte del ejército. Por supuesto, él fue reclutado.

Nassor le confió personalmente el proyecto para reactivar la brújula, proyecto que sacaría adelante en medio de rumores, y pequeños descubrimientos de un complot más grande que se fraguaba en Xios: una alianza con Mavi-Alev para asegurar el retorno del dios, en retorno por avivar el pasado conquistador de Xios, un planeta que estaba sobrepoblado, y en decadencia de recursos.

Casi rio cuando los capitanes le apresaron, diciendo a grandes voces que estaba siendo arrestado por "traición". ¿Traición? ¿Se atrevían a hablar ellos de traición? ¡Los ancianos estaban vendiendo a su propio pueblo como sacrificio a ese dios de la oscuridad! ¿y a él le condenaban porque se había atrevido a viajar a los mundos, usando el dispositivo que ellos le encargaron reparar, sin su consentimiento? Si, había inflingido las normas, pero Akil no podía quedarse de manos cruzadas viendo como Nassor y los otros les envolvían en un juego que Xios no podía ganar, si su compañero era el dios más temible de las leyendas antiguas. Había viajado a buscar más makinessi (una forma de asegurar su independencia para trasladarse entre los mundos) y a solicitar ayuda de otros elementales, quienes sin duda estarían en desacuerdo con el regreso del dios a quien encerraron.

Akil lanzó una risa insana. ¡Había sido muy inocente! Sus entrevistas con los únicos elementales que había encontrado, después de su destierro, no habían mostrado ni el más mínimo intererés en involucrarse.

Volvió a mirar a Neferti, mordiéndose los labios, sacando sangre de ellos. Sabía por lo que le había contado Anaís, que los ancianos habían utilizado a Neferti, envíandola a Céfiro. Eso sólo podía significar una cosa: Xios había elegido a su primer contendiente, un planeta regido por magia que les daría mucho poder. Si Céfiro descubría que Xios no tenía ningúna intención de ayudarle con Autozam, buscaría el cómo formar una guerra para justificar su invasión. Ahora, la elección de Neferti y Freya como embajadoras era perfecta: si algo salia mal podrían deshacerse de Neferti y de su amiga más cercana, a pesar de lo que dijera Nassor. Por más que él le hubiera conseguido un indulto, los otros miembros del consejo no olvidarían que la sacerdotisa era su prometida, y que había estado involucrada. Akil no le había contado ningún detalle acerca del complot, pero sí le había ayudado a viajar entre los mundos. Ese hecho le volvía una cómplice.

Akil apretó la mano de la mujer, cerrando los ojos, tratando de aclarar sus pensamientos y dejar quieto el pasado. Qué ironía tenerla allí, sin tenerla.

Posó sus labios sobre los de ella, deseando que ese acto de amor fuera suficiente para despertarla.

- Tu misma decías que los cuentos de hadas eran una tontería –susurró con dulzura cuando terminó el beso- ¿No crees que es una lástima que tengas razón?

Se derrumbó de nuevo, sentado en el suelo, sin soltar su mano.

Akil no había vuelto a su mundo porque sabía del castigo de Nassor. Neferti moriría si cruzaba los mundos, y volver para recuperarla y escapar, sólo la pondría en peligro. Con los recursos que tenía Nassor a su disposición, ellos no llegarían muy lejos antes de atraparles. La oportunidad que tenían era moverse entre los mundos, pero Neferti no podría hacerlo. Por eso era mejor dejarla ir, con la esperanza de que encontrara alguien más que la hiciera feliz. Además involucrarla en la lucha con un ser milenario como Mavi-Alev, no era la idea de tranquilidad que tenía en mente para ella.

Pero ahora, mirando ese cabello blanco, ese frío testigo del sacrificio que Neferti había hecho por saber su paradero, por encontrarle, deseó haber tomado el riesgo, deseó intentado. Todos esos años, tratando de mantenerse alejado, para detener lo que era inevitable.

Entonces, sin aviso alguno, la ola llegó con el ímpetu de una tormenta, y le derribó. El aire mismo se cargó de una densa fuerza que anunciaba aniquilamiento. Era innegable. Sus labios se agrietaron, y sus dedos trataron de sacarle esquirlas al suelo de cerámica. La adolorida mano le recordó su propia estupidez.

Akil se levantó a duras penas, su espíritu había sido aplastado de alguna retorcida forma. Con la respiración entrecortada, supo de la misma manera en que lo hicieron sus aprendices, que el Nifelheim ahora no estaba habitado por el dios. Mavi-Alev había vuelto.


La puerta del salón se abrió y Akil entró recorriendolo a grandes pasos.

Los miró a cada uno de ellos con los ojos oscuros. Los aprendices presentes quedaron congelados y el silencio se hizo absoluto.

El kâhin fue directamente hacia Marina

- ¿Viste a la trinidad junta?-soltó de pronto- ¿Viste a Ki, Enlil y a Abzu juntos?

Marina alzó las cejas, sin saber por qué rayos le preguntaba aquello tan tonto en un momento como ese

- Claro que los vi juntos…te dije que ellos abrieron el portal para que llegara acá.

Akil asintió y se perdió en su mente, dejando que sus ojos vagaran por el vacío. Vika, desde el otro lado del salón, se atrevió a hablar

- Maestro Akil, usted lo ha sentido sin duda. Ha salido del Nifelheim.

- ¿Mavi-Alev? – Anaís juntó sus manos a modo de plegaria sobre su pecho-

- Si –dijo tras una breve pausa- por eso estas dos chicas van a ayudarme a buscar sus cuerpos.

Marina y Anaís se sobresaltaron, Paris, quien se perdía la mitad de la conversación debido a que el nombre del dios no significaba nada, se alegró.

- Es por la mujer –comprendió Anaís- ella es la elegida y está en nuestro mundo, pues se contactó con Akil a través de nuestros cuerpos.

- ¡Y esa mujer mencionó a Lucy! –Marina se horrorizó con la posibilidad- ¡Hay que detenerlo!

Akil soltó una sonrisa amarga. Sus ojos vagaron de nuevo por el suelo. Sus palabras fueron un cuchillo helado que se hincó en la columna de todos los presentes.

- Al menos moriremos intentándolo.

Aún no se reponían de aquella intervención, cuando ante los ojos de todos, las dos guerreras desaparecieron.