WOW
Esto ha cambiado desde la última vez que me pasé por aquí...
Bueno, no he desaparecido del todo, aquí tratando de sobrevivir a mi trabajo (y hasta ahora no lo estoy logrando muy bien que digamos) y en mis ratos libres de las 00:00 a las 3:00 am escribiendo a una tasa alucinante de media línea cada dos semanas...queriendo seguir dándole forma a esta historia, que cada vez me sorprende más (227 hojas en Word! santo cielo!)
Como siempre, quiero agradecer sus reviews y sus mensajes: Ascella Star,Bermone,Etzel47,James Birdsong, Nambelle, Okamiaka. Aún me maravilla lo que puede hacer un review en un día tormentoso de oficina en mi ánimo. Gracias.
Este capítulo va corto, pero al menos va jejeje
Indestructible II
Another reason, Another cause for me to fight
Another fuse uncovered ,Now, for me to light
My dedication ,To all that I've sworn to protect
- Indestructible, Disturbed
¿Estoy muerta?
¿Dónde estoy? No veo nada. Sólo oscuridad. ¿Acaso tengo los ojos cerrados?
- Nolly
¡¿Quién es?!
- Te lo advertí. Aquella vez, en el hospital.
No…veo ¿Quién? …
- Pero no hiciste caso. Grité una y otra vez, pero tú te convenciste que no era sino un reflejo de tu conciencia. Quisiste impedir por todo medio que esa voz, la cual para ti sonaba como la de una niña, te detuviera…pero en el fondo sabías que esa voz no era la tuya.
Esa voz. Yo… No puede ser…¿Ma..Mamá?¿Cómo…?
- Tengo algunos poderes…pero no como tú. –rio de forma cansada, e hizo una pequeña pausa, bajando la voz- Nunca como tú. Desde que eras un bebé rosadito supe lo grandiosa que eras, y lo peligroso que era que ese maldito te encontrara, que te dijera cuánto "te amaba", cuánto "te necesitaba", como lo había hecho conmigo cuando era adolescente.
¿Estoy muerta? ¿Estás muerta también? ¿Por qué estás aquí?
- No estoy en ese lugar oscuro donde te encuentras. Y no, ninguna de las dos está muerta. Llego a ti de la misma forma en que te acompañé desde ese día, sólo que ahora es más sencillo, pues has bajado todos tus escudos. No me culpes Nolly. Nunca pensé que tuviera que dejarte sola. Siempre pensé que era fuerte –rio de nuevo con una carcajada hueca- qué insolente fui.
No comprendo, ¿Qué pasó ese día? Mamá…me duele respirar
- Traté de eliminarlo de tu mente; aquel día después del desastre en la cocina de nuestra casa. Pensé que si borraba todo, si no recordabas lo fuerte que eras, no usarías tus poderes y desaparecerías para él. Pero hacerle eso a un ser tan especial como tú tiene un precio. Toda mi energía debía bloquear tu capacidad de regeneración. En el momento que rompía una conexión neuronal, tú la sanabas. Debía concentrarme en ello.
¿Estás diciendo que elegiste quedarte catatónica para borrar mi memoria?¿Para mantenerme oculta de Mavi-Alev?
- ¡No lo elegí!¡Nunca! ¡No quería dejarte sola! ¡Eras tan pequeña! – respiró hondamente, con gran amargura- ¡Una vez iniciado el proceso tenía que completarlo! Pasaron meses hasta que al fin lo logré. Sin embargo, cuando traté de regresar…no pude…yo… quedé atrapada en mi propio cuerpo. Mi dolor fue peor cuando finalmente te encontró, por un medio más directo, a través de esa niña pelirroja. Luché contra ti, luché contra él, para que no pudiera hablarle a tu mente, pero no fue suficiente. Sabía que lo único que ese maldito quería era usar tu poder. Ahora entiendo para qué.
Noelle quiso llorar, quiso romper algo, pero ella misma se sentía rota. Rota en mil pedazos, poseedora de una extraña ubicuidad, que le desorientaba.
Oh…Mamá…
Mamá…
- Estás en un sitio que antes era la cárcel de éste ser: Un mundo intermedio, gigantesco y oscuro ¿No te había extrañado toda esa búsqueda del llamado "makinessi"? ¿Nunca te preguntaste para qué lo quería con tanta desesperación? ¿Jamás pensaste qué había detrás de ese impulso para que mataras, para que usaras tus dones más potentes: ese poder de regeneración por lo cual él mismo te nombró Fénix?..¿Y para qué buscar a ese chico de ojos azules? ¿Para qué Noelle? Eres una mujer inteligente Noelle Harris…¡PIENSA! Piensa ahora, ya que no lo hiciste durante mucho tiempo!
La verdad golpeó su cerebro, formando imágenes del pasado que se entrechocaban entre sí. La oscuridad dejó de ser tan apasionadamente negra y se tornó nítida.
Se imaginó así misma como un muñeco de madera, con largos hilos atados de sus articulaciones, bailando cuando el titiritero lo quería. Y ahora ese maestro le desechaba en una caja oscura.
Los gritos de sus víctimas resonaron en sus tímpanos, tomando fuerza, ahogando sus anteriores razonamientos, la voluntad que antes había sido tan férrea; se desbarató, y la dejó aún más rota y enferma.
La revelación que siguió la tomó exhausta. El mareo y aquella sensación de estar en varios espacios a la vez que le acompañaba desde el principio agotaron sus sentidos, y le permitió tomar conciencia de sí misma. Percibió con espanto que no tenía dos ojos…ahora tenía muchos. Una colmena de ojos hexagonales: ojos de insecto.
Mi cuerpo Mi cuerpo Mi cuerpo Mi cuerpo
Le costaba pensar, le costaba aceptarlo. El asco le sobrevino, y supuso que vomitaría, pero su estómago no era humano.
- Necesitaba que mataras, porque ningún humano puede atravesar los mundos sin tener una experiencia de muerte…
Quiso moverse, quiso constatarlo. Sólo consiguió un ruido acuoso, de algo que se arrastraba. Empezaba a tener mayor conciencia de lo que se había convertido.
- Necesitaba que usaras tus poderes, porque el recipiente que buscaba debía ser el mejor, el más perfecto. Mavi-Alev es demasiado fuerte. Si no tuviera un cuerpo que se regenerara solo, ninguna célula lo soportaría. Y debía estar vivo: el cuerpo debía vivir para seguir renovándose.
Quiso hablar, quiso articular un sonido. Sólo consiguió abrir su boca gigante, plagada de dientes.
- Pero debía sacarte de en medio. Jamás le permitirías una cosa así, y él lo sabía. La única manera de conseguirlo era enfrentándote a un enemigo poderoso. Alguien que fuera capaz de matarte, de liberar el espíritu de tu cuerpo aunque sólo fuera por un momento. Dudo que en sus planes estuviera que ese chico fuera el que diera el golpe final. Pero lo logró. Mas ¿cómo salir de esta prisión oscura? Algo debía poder intercambiarlos, algo que pudiera abrir un pasaje definitivo. Un makinessi. Sé que sientes que estás en dos lugares a la vez. Lo estás Nolly, lo estás. Estás aquí, dentro de esa..cosa, y estás allá, en ese bosque, curándote de un dolor muy intenso, luchando por sobrevivir a Mavi-Alev.
Noelle gritó. Su nuevo cuerpo cilíndrico, gris y repugnante apenas se sacudió.
- ¡LUCY! –gritó Latis con desesperación-
Pero la guerrera mágica no le prestó atención. Sus ojos iban y venían de dos puntos muy específicos:
Uno era el espacio donde antes estaba el cuerpo de Matt.
Podía jurar que aún el viento remolcaba algunas cenizas, pero por lo demás, no quedaba nada, nada,nada,n..
Y el otro era esa…pesadilla. No podía encontrar otra palabra para describirle.
En el fondo de su mente, sabía que debía moverse. Era apenas lógico. Sin poderes para enfrentarle, si quería sobrevivir, si quería de algún modo ayudar a sus amigas, debía huir. Ambos debían huir.
Esa cosa que habitaba el cuerpo de Noelle (se retuerce, parece que va a explotar…pero luego se recompone) deseaba apresarla, y destriparla…si, podía sentirlo en la piel… muy personal… eso que planeaba el ente para ella no lo haría con nadie más; eso que le aguardaba detrás de esa boca azulada y sonriente, de dientes crujientes, temerarios e indomables…era algo peor que la muerte.
Pero no podía moverse. Su capacidad de coordinación había sido aniquilada, al igual que Matt
Aún puedo ver algunas cenizas danzantes sobre el césped; efímeras volutas suspendidas en el tiempo, parpadeantes. Oh Matt..¿por qué?¿por qué?
Y allí estaba de nuevo: la sonrisa del ente se desarmaba, y daba paso al latido. Las mejillas deformadas se hinchaban, y Lucy se preguntaba, como lo había hecho anteriormente, si la piel de su antigua médica aguantaría tanto. Las manos se crispaban en garras; un líquido que no era sólo sangre manaba de la herida de la frente. Luego, el sonido de los huesos romperse, como fuegos artificiales… los ojos rodaban negros en las órbitas y cada célula emanaba una protesta de dolor y pánico.
Pero era un instante, cada vez más efímero, y Mavi-Alev se recomponía, volviendo a sonreír, pisando la grama verde..
Alborotando las cenizas, lo que queda de Matt…¿por qué?
Oh basta, basta, basta, basta…
Lucy dió un paso atrás, y luego otro, liberándose del hechizo que la sorpresa había tejido sobre ella.
- No –dijo con fuerza- no, y no.
Mavi-Alev le miró con lástima. La piel del cuerpo que ocupaba adquiría conforme pasaba el tiempo una tonalidad más oscura, y las facciones se reacomodaban, quitándole poco a poco cualquier rastro humano, cualquier rastro de Noelle.
Lucy se le revolvió el estómago al escuchar la voz ancestral del oponente más poderoso al que hubiera hecho frente.
- ¿No? – lo que parecía una carcajada salió de su pecho a pasos forzados, soltando baba azulosa- ¿NO?
El ente dobló su cuerpo de forma extraña y con un movimiento rápido, fluido, sin esfuerzo,recogió del suelo el makinessi, que estaba a sus pies, justo antes que Latis, quien se había acercado a sus espaldas en una sigilosa carrera, lo rozara con los dedos.
El espadachín se encontró de frente con la boca azul destellante.
El dios aprisionó de forma segura el Makinessi en su mano derecha y en un segundo, sin mediar palabras, o dar tiempo al ágil espadachín de retroceder, Mavi-Alev clavó los dientes en el rostro de Latis, salvando por poco su ojo izquierdo. La sangre brotó de inmediato de la mejilla y chorreó sus flancos, en medio de un grito de dolor al cual Lucy al unísono se ató desde su posición.
La pelirroja se lanzó en contra de Mavi-Alev, cegada por la visión de los colmillos refulgentes que no soltaban a la presa y que se hundían en la carne, sólo detenidos temporalmente por el hueso ante la resistencia de Latis en medio de una marea escarlata de tejidos triturados.
Lucy lloraba cuando una luz naranja iluminó el claro y le proyectó metros atrás.
Marina abrió sus ojos. Un techo circular con diseños dorados le recibió mudo.
La alarma fue mayor al querer moverse. Se sentía… pesada.
Parpadeó nuevamente, alejando el cansancio que se había apoderado de su espíritu.
¿Cansancio? ¿Cansancio? No he sentido cansancio desde…
Al sentir un temblor profundo que sacudió el suelo, producto sin duda de un poderoso impacto, olvidó todo, y se movió.
Logró desviarlo por pocos centímetros. Guruclef sabía que no podría detenerlo de nuevo.
Estaba agotado.
Vio a lo lejos al general de Xios y a sus sacerdotisas. Iniciaban el conteo de nuevo.
- Artego –dijo mientras sostenía en su mano derecha una gema de forma triangular, la cual levitó inmediatamente ante la mención del nombre y en una de sus caras mostró el rostro del comandante Cefiriano-
- Maestro Guruclef- respondió con semblante adusto un hombre moreno de rostro ancho y ojos violetas-
- ¿Qué sabemos del artefacto ubicado en el bosque del silencio?
- Lamento comunicarle –el comandante frunció la frente incómodo- que le hemos perdido de nuevo
- ¡Pero cómo es posible! Ya lo tenía en mira ayer ¿no era así? – Guruclef no pudo ocultar su malhumor-
- Si señor, pero…se ha movido, Señor. En su lugar ha quedado el árbol. A su alrededor han situado un puesto de avanzada. Sin embargo, los mismos guardias no se le acercan…a pesar de tener aspecto moribundo, ramas delgadas, amarillentas. La vegetación circundante comienza a morir. Igual a como ha ocurrido en otros sitios.
- Destrúyanlo –ordenó Guruclef- ya sabemos que utilizan esos extraños árboles para extraer de las entrañas de nuestro planeta la misma magia con la que nos atacan. No podemos dejar que se re-armen.
- Pero señor…lo hemos intentado
- ¿Y el resultado?
- El de siempre, no tenemos efecto alguno.- Artego hizo una pausa, inseguro de proseguir- Maestro Guruclef, hay algo más…tenemos razones para creer que los artefactos se dirigen hacia –se aclaró la garganta, preso de un incontrolable carraspeo- los templos de los genios.
- ¿QUÉ? – el mago adelantó el cuerpo, y apretó su báculo- ¿Están seguros?
- N..no..pero los indicios…
- ¿Cree que estas máquinas puedan extraer la magia que allí reside?¿La magia de los genios…? – Guriclef bajó la mirada, perdiéndola en un punto inexacto, maldiciendo una vez más ese hechizo de protección que había desterrado a las guerreras mágicas-
- Ya lo han hecho en todo sitio donde se han posado, Maestro
Era verdad. Guruclef no había anticipado la estrategia de la tropa de Xios. Al declarar la guerra frontal contra Céfiro habían ocultado otro propósito más oscuro, que ahora, después de cruentos enfrentamientos, revelaba su peligrosidad.
- ¿Por qué estarán extrayendo la magia de Céfiro? – se preguntó así mismo en voz alta-
- ¿Maestro? – interpeló Artego, pensando en que era inútil intentar responder aquella pregunta-
Muchos Cefirianos murieron durante los primeros días a cuenta del armamento peculiar que poseía Xios.
La primera batalla había sido desastrosa. Nadie se percató que Xios, aunque bien deseaba recuperar los makinessi, sólo necesitaba una excusa para una invasión largamente planeada.. y nadie previó que usarían la misma energía que sostenía al planeta entero en su contra.
Los Cefirianos, ciegos ante esos planes trazados desde que Xios decidió intervenir en la supuesta rehabilitación del núcleo de Autozam, se concentraron en aquel despliegue de fuerza que se les venía encima, sin saber que los líderes de aquel planeta realmente habían decidido conquistarlos de la misma manera como habían hecho sus antepasados con tantos otros mundos: Acabarían sus recursos. ¿Y cuál era el recurso más importante de Céfiro?
Magia
Succionaban la magia.
Lo peor era que cada vez que algún defensor usaba sus poderes, parecía que el armamento de Xios se amoldara para responder con un poder similar y de la misma intensidad. Y últimamente, entre más magia obtenían…
- Se vuelven más fuertes- dijo Gurucleb al vacío, mientras observaba de lejos el ritual que hacían las sacerdotisas- y si consiguen la magia que reposa en los templos serán invencibles.
El Guru se paró más derecho. La danza de las sacerdotisas estaba a punto de terminar.
Así había estado por días, cada vez con intervalos más cortos de descanso.
Completamente rodeados por el ejército de Xios, quienes empuñaban aquellas largas lanzas de color dorado con puntas iridiscentes, el mago de ojos violetas había logrado crear a su alrededor una cúpula de protección para encerrar a los guerreros y valientes civiles que se habían unido a la lucha.
A unos veinte metros se situaba una descomunal tienda de campaña circular, con finas lonas doradas y rojas que caían elegantemente sobre la grama. A su alrededor, Guruclef había contado 25 pilares de más de tres metros de altura, en cuyas puntas se situaban figuras doradas de cuerpo humano y cabezas de bestia.
Justo al frente de la tienda, un bosque maldito de árboles blancuzcos, a los que nadie, excepto las sacerdotisas, se acercaba. E incluso ellas pasaban poco tiempo entre ellos, procurando salir con prisa después de haber danzado entre sus dedos de madera podrida. Esos arbustos eran la clave de todo. Si lograban destruirlos, seguramente tendrían oportunidad de enviar de vuelta a los invasores a su planeta. Pero ¿cómo?
Las cinco sacerdotisas, tan parecidas entre sí que el Guru podría jurar que eran quintillizas, dieron la última vuelta entre los chamizos y salieron del bosque con premura. Sus ropas verdes brillaban con diminutos puntos de luz dorada
Ahora viene – pensó exhausto- es demasiado pronto
Las mujeres unieron sus manos, y uno de los soldados de rango medio se acercó a ellas con la poderosa lanza de 20cm de diámetro que estaba reservada para atacarles esta vez, puesto que una vez se impregnara de la energía obtenida en el ritual, se destruiría después del impacto contra la barrera de protección que el Guru había puesto.
Distinguía claramente que el golpe sería potente, casi mortífero. Seguramente tendría que ver con ese nuevo árbol hediondo que Artego había visto posarse en un nuevo punto de Céfiro.
La lanza tembló ante la energía que recibió y el soldado tuvo que solicitar ayuda para ponerla en la máquina que la impulsaría como un proyectil de alta potencia hacia ellos. Guruclef aferró su báculo con fuerza, y cerró sus ojos, en pro de reunir toda la fuerza necesaria.
Justo entonces, sintió algo completamente inesperado. Algo que desviaba su atención completamente, envolviéndole en una extraña cascada de urgencia, que lo turbaba de una forma inexplicable.
Escuchó como si estuviera a pocos centímetros el tic que hacía el dispositivo al eyectar la lanza en su dirección, pero eso le pareció menos importante que la presencia que percibía acercándose rápidamente desde el firmamento.
Por primera vez en mucho tiempo, Guruclef dejó de sentirse culpable de la acelerada destrucción de Céfiro, y se alegró de que por una vez, estaba haciendo lo correcto, a pesar que lo más probable, era que por aquella curiosa precisión de los acontecimientos, él podría morir. Con un último atisbo de conciencia, creó un segundo escudo sobre los demás, que no lo cobijaría a él.
El hechizo que había reposado en él desde que previó el regreso de las guerreras mágicas obró justo cuando Marina y Anaís llegaban transportadas en el artificio volador que Nicona había reservado para ellas por orden del Mago. Las dos muchachas de inmediato sintieron el aura de Guruclef, que les rodeaba gentil, sanando heridas que desconocían que tenían, producto del anterior encantamiento de expulsión que les había golpeado con tanta fuerza en el pasado, permitiendo que sus circuitos mágicos se activaran, devolviéndoles el poder para volver a ser lo que eran: Guerreras Mágicas.
Pero mientras esto ocurría, un zumbido partió el aire y se estrelló contra la barrera invisible, que reverberó como agua hirviendo, e incendió todo bajo su sombra.
Lucy cayó de espaldas, sintiendo sus músculos adoloridos chocar contra las piedras del suelo. Se arrastró rápidamente para tratar de levantarse. ¡Tenía que hacer algo!
Detuvo su impulso momentáneamente al ver un extraño de pie, con la mirada pétrea fija en Mavi-Alev, quien por primera vez desde que Lucy lo conocía, no parecía tan contento.
En el suelo, al borde de la inconciencia, Latis se movía lentamente. El corazón de Lucy estalló al verlo desfigurado, con una mezcla de tierra y sangre acumulado sobre la herida. Sin pensarlo dos veces, llorando sin contenerse, corrió hacia él, sin importarle que en el medio estuvieran aquellas dos figuras que temporalmente no notaban su presencia.
Pero esa invisibilidad duró poco, pues el extraño hombre moreno, de piel curtida por el sol y vestimentas extrañas, le habló con una voz átona y sin género.
- Elegida de Rayearth, si quieres poder, ahora mismo puedo dártelo –dijo sin mirarle, cuidando los movimientos del dios de la llama azul, que pasaba por uno de sus episodios de autodestrucción-
Lucy jadeó, sin decidirse a confiar, mirando a Latis, que había cesado de arrastrase y caía lentamente en un sueño infame, lleno de afiladas agujas azules que envenenaban su cuerpo.
- KI…-dijo Mavil-Alev, arrastrando cada letra en la lengua, relamiéndose los vestigios del líquido rojo que manchaba su quijada- entrometida diosa de un mundo en destrucción. ¿Crees que puedes interrumpir mi cena de esa forma?
- LUCY – gritó el hombre en esa voz acuosa indefinible, instándola a una respuesta-
Mavi-Alev comenzó a sonreír de nuevo. El suelo tembló y el aire se detuvo a la expectativa.
- ¡SI! –gritó Lucy, envuelta en lágrimas-
Un halo de luz naranja salió del cuerpo del hombre y de un solo impacto se abalanzó sobre la pelirroja, y a pesar que no era igual a la extraña sensación que alguna vez sintió en el templo del volcán, donde Rayearth y ella hicieron un pacto eterno, la sensación de bienestar y poder fue lo suficientemente poderosa para hacerle recuperar la esperanza.
Una diosa en el cuerpo de una guerrera mágica de ojos centelleantes se plantó al frente del ente que tanto daño le había hecho.
Mavi-Alev atacó
Y Ki respondió.
