Buenas!
ya ni se como comenzar! Mis desapariciones se volvieron algo frecuentes últimamente, pero sigo con el objetivo trazado de terminar las historias, así que si un día se preguntaron si había abandonado esto definitivamente, me alegra decir que no.
Muchas gracias a todos los que se tomaron la molestia de escribir un review, nambelle (si, hay muchas cosas que aplican en el mundo real, sobre todo el encubrimiento de verdaderas intenciones al invadir un pueblo, muchas gracias por notar esos mensajes subyacentes, un abrazote) etzel47 (me alegra mucho que pienses eso, de hecho, tus palabras son una razón para sonreir) Ascella Star (jajaja sobredosis de caballeros...si, la idea es que haya mucha acción! y tiene alguien que sufrir para que pasen las cosas..esta vez le tocó al apuesto) Bermone (nahh nada de demoras, muchas gracia s por leer y por estar allí. espero lograr captar ciertos sentimientos entre el moradito y la azulita en este chap) Rakelluvre( :P creo que no hace falta que yo te diga que también me gusta. Gracias por escribirme, y por seguir la historia!) y por supuesto doy gracias a Okamiaka por tus mensajes, por esa voz de aliento. Este chap seguro se habría demorado más sin tu intervención, y si, puede que quede cicatriz :O)
un recuento vendrá al caso? Situaré de forma rápida los escenarios para recordar en que íbamos
Mavi-Alev, el dios caníbal pudo salir del Nifelheim gracias a Noelle. Ella sufrió un "leve" -léase con ironía- trasplante de cuerpo y quedó atrapada. La Mamá de la médico disipa sus dudas (y las nuestras de paso) del por qué el dios necesitaba a su "fénix" y cómo manipuló los acontecimientos para lograr sus objetivos.
Después de que Latis sea mordido salvájemente, tras un fallido intento por recuperar el makinessi, Ki aparece en el cuerpo de Akil, y tras el aceptamiento de Lucy, toma posesión de su ser para enfrentarse al temido dios.
Guruclef en Céfiro se presta para bloqu
ear otro de los ataques de Xios, el planeta invasor. Estos conquistadores diezmaron las fuerzas de los Cefirianos usando unos extraños y deformes árboles, que succionaban la magia del planeta, conviertiendola en energía utilizable para sus propios artefactos de guerra. Justo llega el ataque en el momento en que las dos guerreras mágicas, Marina y Anaís hacen su aparición montadas en un artefacto que sin duda procede de los artilugios de Nicona. Allí se activa un hechizo que el mismo Guru había diseñado, para restaurar las heridas que había causado con su hechizo de expulsión y para devolverles su magia. Esto deja al mago con pocas fuerzas para enfrentar a Xios y el disparo logra impactar en el blanco. La barrera de protección que había formado se incendia con Guruclef dentro.
Capítulo 24. Guerreros Parte I
Farewell, I've gone to take my throne above
But don't weep for me,
cause this will be the labor of my love.
Warriors - Imagine Dragons
Un segundo después, Ki ya no estaba con él. La presión de la sangre bajó, y sus células, que se habían estirado lo suficiente para contener aquella energía increíble que era la diosa descansaron sabiendo que habían vuelto a la normalidad.
Akil pudo mover sus extremidades justo cuando "eso" se abalanzaba hacia él con una expresión de reconocimiento que le heló la sangre. El kâhin le observó impávido. Apretó los dientes, que crujieron a voluntad.
Antes de que Akil pudiera reaccionar, el tenebroso dios que había tomado el cuerpo de la mujer con la que había hablado a través de Anaís, fue embestido por un torbellino rojo desde su izquierda.
Envuelto en llamas, goteando tejidos y arrastrando una estela sangrienta, la cosa sonrió de nuevo, al tiempo que giraba para buscar a su oponente real
El kâhinvio al dios convulsionarse, moverse a una frecuencia imposible, frenético. Pero en esos microsegundos en que paraba para re-iniciar otro repique obsceno, también lo vio sanarse al momento en que las llamas seguían tratando de horadar en la carne.
Es su Fénix –pensó, y entendió cómo aquel trofeo era mucho mejor que un kâhin escurridizo-
Asqueado, y con el corazón palpitando en sus oídos, se arrastró sobre la grama
Delante de él, había un hombre empapado en sangre. Akil avanzó a gatas, pendiente de no entrometerse en la confrontación que se producía a pocos metros.
Cuando llegó hasta donde estaba el moribundo, que yacía boca abajo, le volteó para revisar la herida.
Al tocarle, su propio poder se activó sin haberlo llamado. Las imágenes llegaron a su cabeza de forma desordenada, pero captó un rostro familiar.
Ese hombre conocía a Neferti.
El impacto le hizo arder las manos. Un calor extraño rozó sus palmas y le provocó un cosquilleo crepitante.
Lentamente Lucy abrió los ojos y miró al frente. Su corazón palpitaba rápidamente, preso de la expectativa, agitado pero más que nunca con ganas de saber de qué era capaz.
Otro ataque le hizo saltar hacia un lado. A pesar del impacto, (que podría abrir un pequeño cráter en el césped) su caída fue grácil, como si tuviera un par de alas que le sostuvieran en el aire. Rápidamente dobló medio cuerpo, viendo la trayectoria del proyectil azul recién invocado a pesar de que acababa de esquivar el anterior. Saltó una vez más, desafiando la gravedad, alzando ambas manos por encima de su cabeza, creando una enorme llama carmesí que a la voluntad de la diosa fue a estrellarse en el espacio en que el cuerpo distorsionado de Noelle Harris siseaba mostrando los dientes.
Aterrizó suavemente, alerta a su enemigo, cuidando de acercarse a los dos hombres que estaban a su diagonal.
Lucy no pudo evitar volverse un segundo para buscar a Latis, a lo que la diosa le obligó a moverse para rastrear el siguiente paso del dios de la llama azul, a quien se le había borrado la sonrisa obsequiosa tras verse forzado a esquivar la arremetida.
- Sin distracciones – murmuró Ki valiéndose de los labios de su huésped- o nos matará
Tras un pequeño shock al escuchar su propia voz deformada y de verse controlada por aquella misteriosa aliada que compartía su piel, entendió que la única forma de ayudar a Latis era ganando el duelo.
La aceptación de su voluntad fue captada por Ki al instante, quien aprovechó para correr directamente hacia Mavi-Alev. A cada paso el suelo se hacía más suave, elástico, y conforme su velocidad aumentaba, un flameante poder bajaba por sus hombros. A pocos metros de encontrarse cara a cara, estiró hacia el frente los brazos.
Casi pudo verlas, paralelas a sus dedos tensados: dos enormes alas bermellón que enviaron un par de llamaradas carmesí hacia su adversario, con una potencia incomprensible. El ataque incandescente dio de lleno sobre Mavi-Alev, que prendió fuego al instante, mientras Ki aterrizaba para dar un bote en el suelo y alejarse hacia la derecha.
El grito sobrenatural fue sobrecogedor. Lucy sintió que se le oprimía el corazón de miedo. Pero Ki no se amilanó.
- De nuevo –la diosa era implacable, indómita. Lucy podía percibir que Ki no le agradaba causar daño, pero disfrutaba la sensación de enfrentarse a Mavi-Alev-
Cuando el grito cesó, ambas supieron que estaban en problemas. Un pulso seco sobre la tierra subió por sus piernas y osciló por las venas, despojándole de la sensación de bienestar. Su sangre se sintió densa y una imagen se filtró en el cerebro: una piedra
- ¿Qué es eso? ¿Qué pasa? –Lucy sintió pastosa la lengua, perezosa, como si acabara de despertarse-
- Está potenciando otro tipo de poder. Está tratando de manipular tu mente. Quiere dejarnos estáticas.
Y lo estaba consiguiendo. Lucy juntó toda su voluntad para accionar sus articulaciones, pero la conexión entre Ki y ella comenzaba a diluirse. Podía diferenciar entre lo que la diosa necesitaba hacer y lo que ella misma lograba conseguir. Un resplandor azul comenzaba a iluminar la noche. Un presagio que el dios no andaría con rodeos esta vez.
Doctora Harris pensó la pelirroja. El dios tiene acceso a su poder
- ¡Akil! – gritó Ki con voz ambivalente- ¡bloquea a la elegida!
Lucy vio en la expresión de ese hombre que Ki había dicho algo completamente imposible. Aun así, el moreno se incorporó y asintió con solemnidad. La gravidez de sus facciones y su determinación le recordaron brevemente a su propio espadachín, y una vez más se preguntó quién sería el llamado Akil.
Tal parecía que el hombre lograba algo, porque Mavi-Alev giró con odio hacia él.
- ¿Mamá?¿MAMÁ?
Hacía más de una hora (¿una hora? ¿Un día? ¿Un minuto?) que no había vuelto a escuchar la voz en su cabeza.
Después de haberse dejado llevar por el ataque de pánico, pudo oírla de nuevo, calmándola, instándola a jamás rendirse hacia su instinto o sería el final de todo. Pero después de eso había desaparecido, dejándola sola en la oscuridad; prisionera de sus pensamientos.
Volvía a llamarla de tiempo en tiempo. Infructuosamente
No quería estar sola.
La sensación de ubiquidad no había cesado. Y respirar era agónico, un reto. Hacía poco creía que había estallado en llamas, disparando su humanidad en pequeños pedacitos que horadaban la noche del bosque. Pero no, estaba allí, en ese cuerpo de miles de ojos que aún no controlaba.
Un comando innegable llegó para gobernar su ya confundida mente y le empujó al vacío. Noelle se vio a sí misma, en su destruido cuerpo humano. Al frente vio a la señorita Shidou, quien al igual que ella misma, era y no era la misma persona. El dios le obligó a girar esos engranajes imaginarios de la mente de su antigua paciente y pudo distinguir dos entidades separadas dentro del pequeño cuerpo de la pelirroja.
¡No! ¡A ella no!
Pero poco podía hacer. El dios tenía el control completo. Sus órdenes eran absolutas. Ya no había ninguna gentileza, ni palabras dulces. Recuerdos eran las caricias de fuego que solía sentir cuando él respaldaba su poder. Ahora era una hoz afilada que se hundía por sus flancos y que le instaba a no desafiarlo.
En su desesperación percibió que alguien trataba de alcanzar esos hilos invisibles que serpenteaban alrededor de Lucy. La presencia era fuerte, y cortó algunos lazos antes de que llegaran a la pelirroja.
"¡Ayúdame!" – le ordenó Noelle al hombre
Se reconocieron mutuamente, como seres poderosos que ambos eran. Él se sorprendió ante su presencia. No supo si porque la creía muerta o porque era impensable que ella se estuviera resistiendo al dios.
Sin embargo el esfuerzo conjunto no impidió que Lucy recibiera el impacto.
Lo vio venir directamente hacia ella: una avalancha azul de llamas que le abrazó vorazmente y se pegó a su piel inmovilizándole en dolor. Ki tampoco lo pudo evitar, y su dolor fue el de ella también. Lucy supo que otra de esas descargas lograría separarlas del todo, dejando a la diosa a la deriva…
Se retorció. Las llamas azules seguían incandescentes rodeándole. De nuevo vio la piedra en su mente, que le susurraba sin palabras "quieta". Ki gritaba, pero el lamento se escuchaba lejano: comenzaban a ser dos en vez de una.
Justo después de ver a la señorita Shidou se convirtiera en una tea humana de color cobalto, y de escuchar un grito severo y enfermo salir de su garganta arañando el aire, Noelle supo que Mavi-Alev desollaría a la pelirroja sin siquiera pestañear.
- Deben huir, no funcionará. Nosotros…yo…yo… no puedo detenerle. – había un dejo de rabia e impotencia en el tono de Noelle. Estaba acostumbrada a ganar a través del esfuerzo, la dedicación, y de su preciada inteligencia. Ahora sabía que había obrado estúpidamente y que estaba pagando las consecuencias de sus actos, sin tener derecho a una absolución.
- Usa tu poder para darle fuerza al señor Latis. –continuó la médica- no podrá seguirlos por sí mismo.
Akil le envió un asentimiento. Así sería.
Noelle se preparó. Debía darles tiempo. Cada segundo podría hacer la diferencia.
En medio de esa muerte azul, Lucy divisó a Mavi-Alev acercándose de forma inusual. Se zarandeaba aleatoriamente, y un paso no seguía al otro. Sus pies no llegaban al veredicto definitivo que los conduciría a avanzar.
Si no se movía ahora, el dios las separaría justo lo necesario para que Ki no pudiera hacerle daño, pero al tiempo la mantendría cautiva. El engendro engulliría parte por parte de su carne y no se molestaría en matarla durante el proceso.
Pero a través del flujo incandescente que le abrazaba, un movimiento diagonal captó la atención de Lucy.
Latis se había levantado, tambaleante.
Acompañado del hombre moreno, sortearon la poca distancia hacia ellas en una carrera sin esperanzas.
Ella esperó, deseando alcanzarles, pero su cerebro enviaba órdenes desordenadas que tampoco Ki podía llevar a cabo. La sinfonía que antes habían compuesto de forma perfecta era ahora una mescla de sonidos tan renqueantes como el espadachín que pugnaba por moverse.
Sin embargo, las intenciones del hombre fueron claras demasiado tarde para el dios. El moreno alcanzó a la señorita Shidou, junto con el desahuciado Latis.
En un resplandor plateado, desaparecieron de su vista.
El dios rugió de rabia, maldiciendo en un idioma extraño. El espíritu de Noelle fue expulsado con sorna, de vuelta a la cárcel negra.
Nuevamente tomó posesión del asqueroso cuerpo blando y cilíndrico, que por alguna extraña razón se tensó, atento al ambiente.
Un eco llegó hasta sus mandíbulas afiladas. El ambiente había cambiado, y ese cuerpo sabía de dónde provenía, con asombrosa exactitud.
El engendro se enrolló para tomar impulso, y zigzageó rápidamente atravesando un camino invisible. Noelle gritaba, aturdida, cegada por pánico, puesto que ese cuerpo había decidido por sí mismo avanzar; como si en vez de "ser" aquel monstruo, fuera una pasajera a lomos de él.
Guiado por el instinto, el endriago divisó el origen de lo que había generado su carrera: Un punto naranja lejano. La cosa se precipitó hacia él.
Cuando el regusto de sangre llegó a la garganta de Noelle al divisar a los humanos, el miedo se apoderó de sus sentidos y arrasó con cualquier lógica a la que se había aferrado.
El bicho necesitaba comer.
Corrió a través de la nube de tierra y de las llamas. Trastabilló dos veces y a la tercera por poco termina en el suelo.
Anaís le llamaba, su inconsciente le decía que debía dejar de avanzar, que estaba en medio de un peligroso campo de guerra, pero sus pies habían tomado camino por sí solos sin consultarle.
- GURUCLEF! – llamó nuevamente, por enésima vez. Ya en este punto su voz se partía, impregnada de miedo- GURUCLEF!
Escuchaba su propia respiración en los oídos, y un pitido precedente de quien sabe dónde invadía sus tímpanos. La angustia de no encontrarle se comparaba con la posibilidad de que finalmente lo hiciera, pero que estuviera…
- GURUCLEF! CÓNTESTAME por favor, por favor! ¡GURUCLEF! –gritó avanzando, girando la cabeza como una poseída en todas las direcciones posibles
De improviso, la bruma cobriza se levantó y detrás de ella apareció Anais.
Sus miradas se encontraron. Marina le agradeció con un asentimiento de cabeza y la guerrera del viento, pálida y con grandes círculos alrededor de sus ojos señaló hacia el frente.
Marina corrió hacia él. Su vestimenta quemada le hacía presagiar lo peor. Los segundos se alargaron mientras daba un paso tras otro, y el sonido dentro de sus oídos la dejó completamente sorda.
Faltaban unos metros aún, cuando Guruclef se revolvió y con lentitud se apoyó en los codos. Quedó temporalmente petrificado, detallando cómo se acercaba, cómo ondeaba su largo cabello. Marina sonrió, exhaló con alivio y finalmente se arrodilló a su lado. El mago le devolvió la sonrisa, y clavó las pupilas en su rostro, guardando silencio.
Por un instante, sus corazones sincronizaron sus latidos
Por un momento, sin necesidad de explicaciones, los sentimientos quedaron claros, diáfanos.
Por un largo segundo, ambos los aceptaron sin problema; incluso descubrieron que la ausencia les había mutilado, quitándoles un gozo que ninguno de los dos había experimentado mientras estuvieron alejados.
Mas el tiempo avanzó.
Marina vio cómo los pensamientos del Guru agriaron el encantamiento en que se sumieron sin planearlo y maldijo el siempre analítico cerebro de su mentor.
- ¿Estás bien? – le preguntó la guerrera, para tratar de situarlo nuevamente, de volver a tener la oportunidad de ese reencuentro. ¿por qué no podía ser para ella lo que fue con Anaís? ¿Por qué debía ser más complicado?-
- No te preocupes por mí. – el mago hizo una pausa y frunció el ceño- Todo esto al fin y al cabo es producto de mi insensatez. Me alegra saber que Ascot finalmente las trajo de vuelta. Al menos uno de nosotros logró corregir…mi error.
¡Vamos, por favor!. Si tengo que volver a vivirlo todo, lo haría. ¿No podemos simple y llanamente retroceder al segundo anterior?
- No importa, - negó con la cabeza- no importa, nunca fue tu intención.
- No Marina, debí hacerle caso a mi instinto. Debí saberlo. ¿Puedes perdonarme? – se aclaró la garganta- ¿pueden perdonarme?
Guruclef posó su mano sobre la de la guerrera, y ésta retrocedió en el tiempo a una noche tormentosa, en la que vagó por los pasillos del castillo, acosada por los recuerdos.
- ¡OH ANAIS! ¿QUÉ TE OCURRIÓ? –gritó una voz conocida a espaldas de ellos-
Marina retiró su mano de la de Guruclef al escuchar a Presea. Algunas cosas no cambiarían después de todo; y ya que había rememorado un episodio feliz, otro más agrio se superponía al acordarse de otra noche en la que también vagó como fantasma por los pasillos, unos meses antes de ser expulsada de Céfiro.
La atención del Guru fue desviada de manera exitosa, incluso magistral. Marina felicitó a la armera en su mente por tal logro. Tratando de no parecer una loca egoísta ante la situación, tomó una pausa para calmarse y no responder con una explosión de palabras furiosas. Ver a Presea la inundaba de un sinfín de sentimientos ambivalentes.
Estoy siendo egoísta. Debo permanecer calmada
Anaís se acercó al grupo, no sin esfuerzo.
Muy poco había trascurrido desde que recuperaron sus cuerpos. Recién abrieron los ojos, se encontraron en el suelo de un salón circular, lleno de escombros, golpeado por poderosos cimbrones. Ambas tuvieron que moverse con rapidez para no ser aplastadas por un techo que se caía a pedazos. El grito de una mujer hizo que se pusieran alerta, y corrieran para ponerse a salvo.
Pero allí mismo, Marina supo que algo andaba mal con su amiga rubia. Tuvo que ayudarle a sortear los obstáculos. Pudieron sentarse a un costado del salón retumbante. Todo a su alrededor vibraba de forma increíble. El recubrimiento de las paredes saltaba ante los continuos impactos de alguna fuerza indescriptible que azotaba el edificio.
- Anaís, ¿Qué tienes?
- Es..toy bien –la guerrera hizo una mueca de dolor- ¿esto es Céfiro? ¿Cómo llegamos acá?
- ¡Recuperamos nuestros cuerpos! Jamás pensé que iba a decir esto pero qué pesada me siento. – miró de nuevo a la rubia, cuya tez se ponía cada vez más blanca- No estás bien Anaís. ¡Dime que ocurre!
Marina bajó sus ojos, y se fijó en una mancha cenicienta que llegaba hasta las pantorrillas de la guerrera del viento.
- No puede ser –dijo mordiéndose el labio inferior- esto no puede pasar
- Akil me advirtió que podría ocurrir –respondió Anaís con ojos brillantes, bañados de tristeza- Mavi-Alev se llevó una parte de mi espíritu, de mi energía.
- Necesitamos magia. Guruclef te curará, o tu mismo encanto…
- Dudo que eso surta efecto Marina –negó con vehemencia- esto no es parte de una herida física.
- ¡No puedes darte por VENCIDA Anaís! – soltó con furia- ¡Hay que tratar!
Una nueva sacudida les llevó a volver su atención al recinto. Sin haberlo notado, una mujer rubia había aparecido acurrucada a su lado. Las chicas reconocieron a una de las sacerdotisas de Xios, Freya.
- ¿Están sordas? ¡Debemos irnos! Han tomado el castillo
- ¿Cómo es que llegamos a Céfiro? – preguntó Anaís, pero la última sílaba se alargó en sus labios al experimentar un súbito y agudo dolor en las piernas-
- ¿Qué le ocurre? –Freya abrió sus ojos con sorpresa al ver a la guerrera doblarse de agonía - ¿Ha salido algo mal con el ritual?
- ¡Ayúdame a cargarla! – ordenó Marina sin dilación- ¿hay alguien más contigo?
- Ascot dijo que nos daría tiempo para escapar – sentenció con rudeza Freya, mientras levantaba a Anaís del lado derecho- a pesar de estar débil por el esfuerzo que ha hecho trayéndolas de vuelta está afuera, peleando. Debemos irnos.
La guerrera del agua advirtió una oleada de calor que subió hasta las mejillas. Sus labios se sellaron y quedó muda, sin saber si su reacción había sido de asombro o de mera culpabilidad.
Ascot
En cambio Anaís, pese al dolor que sentía, extrapoló todas las preguntas que habían quedado en el aire
- ASCOT nos trajo hasta Céfiro? Pero ¿¡Cómo!? ¿¡Y cómo pudo devolvernos nuestros cuerpos!? ¿A quién está tratando de detener? ¡¿Qué ha ocurrido?! ¿Y..Paris?
Freya no disipó sus dudas. Se limitó a conducirlas fuera del castillo, hacia una de las aldeas más cercanas.
Detrás de sí, sentían el aire caliente, y el sonido retumbante de una batalla. Las dos guerreras se tensaron, deseando por quincuagésima vez, dejar de ser un trasto inútil para los demás.
Por alguna circunstancia, el estar en Céfiro no había activado esa "llama" (como diría su amiga Lucy) que las hacía capaces de transformar su fuerza de voluntad en magia.
Marchando a buen paso llegaron a una casa fabricada con una mezcla de madera y piedra. Allí Freya tocó cinco veces la puerta, formando una melodía corta, y se quedó plantada frente a la puerta color ébano.
- ¡Apresúrate! –instó Marina de mal humor e intensamente preocupada por Anais, quien se recargaba en su hombro izquierdo- ¡necesitamos ayuda!
Por una razón desconocida, Marina sentía aversión por Freya, que no había hecho sino ayudarles. Pero había en su mirada un dejo de suficiencia, de ego infinito que le desesperaba. Tampoco ayudaba que no les había aclarado sus preguntas. Ella sabía lo que estaba ocurriendo, y dónde estaban sus amigos, pero no decía nada. La desconfianza crecía en la guerrera, a sabiendas que Freya era de Xios, una extranjera.
Freya sin hacerle caso, volteó hacia Anaís, que estaba a punto de desvanecerse. La mancha negra cada vez era más oscura, y tomaba un tinte azulado. Largas venas de coloración púrpura crecían por sus muslos, y la guerrera tiritaba.
La puerta se abrió, en apariencia sin intervención. Pero al fondo, distinguieron una figura blanca pequeña, que saltó sobre su puesto, en indicación para que entraran rápidamente.
- ¡Nicona! –dijeron al unísono Anais y Marina, adelantándose al interior de la casa. Freya cerró la puerta tras de sí, y el marco de la misma refulgió con una luz dorada-
Pero en vez de su entusiasta "Puuu", Nicona enfocó con la luz rosada de su frente a Anaís. La chica pareció tomar fuerzas dentro de ese brillo, y se irgió sin la ayuda de su compañera.
- Gracias – Anaís recibió a Nicona en sus brazos-
- Si ves Anaís – Marina sonrió, acariciando las orejas de la criatura- Nicona te ha curado
La esponjosa bola de pelos, negó con tristeza y un "Puu" dicho tan alto como un susurro salió de su boca.
- ¿El dios de la llama azul te hizo eso? – Freya intervino, uniéndose al grupo-
- ¿Cómo sabes tú eso? –Marina se volvió hacia la mujer- . Su pregunta tenía un tinte de cautela implícito-
- Sé mucho acerca del Niefelheim y de Mavi-Alev. –respondió con calma, ignorando el tono de Marina- Soy una sacerdotisa de Xios
- Eso ya lo sabemos
- La magia de Céfiro no puede curar esa herida, podrá tratarla, hacer que se esparza con menor velocidad, pero nada más. Nicona te ha dado tiempo, guerrera, fuerza para que puedas caminar…por un tiempo.
Freya les dio la espalda y caminó hacia un taburete. Se sentó con movimientos elegantes.
- Debemos encontrar a Guruclef –propuso Marina a su amiga rubia- esta mujer no me agrada.
Anais había recobrado algo de su color, pero sus ojos estaban turbios, algo distantes.
- No te preocupes, encontraremos la forma de curarte
- Ascot sólo nos trajo a las dos, ¿verdad? –Anaís se dirigió a Freya, quien miraba hacia el piso de tablas- ¿sabes qué ha ocurrido con Lucy? ¡¿qué fue de Paris?!
Freya se revolvió en su asiento, notablemente incómoda.
- Lucy, es la chica pelirroja ¿no es así?
- ¿La has visto? –Marina se acercó al taburete- ¡Dinos dónde está!
- Ella…no creo…- Freya pasó saliva y un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar la cosa que habían visto justo antes de perder la ubicación de Latis-
- Responde, por favor – esta vez fue Anais quien demandó una explicación-
- Se está enfrentando a Mavi-Alev, en el mundo que ustedes llaman tierra.
Al sentir la vibración en el suelo, ambas inicialmente pensaron que era resultado de la noticia que les daba Freya, pero luego vieron las luces azuladas en las ventanas. El sonido de varias hélices ensordecieron la pequeña estancia. Todas se llevaron las manos a los oídos para aminorar el ruido, y Nicona salió saltando de los brazos de la guerrera del Aire.
Una voz potente, proveniente de todas partes, se mezcló con el aire
- ALTA SACERDOTISA, FREYA BERG.
Hermosa y distante. Fría y segura, Freya se levantó
- Nicona, llevalas con Guruclef
La voz se hacía más fuerte, violenta. La puerta de enfrente volvió a emitir el brillo dorado y un golpe seco sacudió la estructura.
- LOS ANCIANOS HAN HABLADO, SALID PARA AFRONTAR VUESTRO JUICIO POR TRAICIÓN
Un nuevo golpe vino sobre la puerta, que comenzó a crujir
- ¿qué esperan? ¡Sigan a Nicona!
- ¡Ven con nosotras! – Anaís tomó las manos blancas de Freya entre las suyas
- No tengo escapatoria. - se soltó bruscamente de ella -Esto iba a ocurrir tarde o temprano. Nicona conoce un pasaje, subterraneo, huid ahora.
Las paredes crepitaron como si estuvieran siendo cocinadas a una gran temperatura, pequeñas piedras saltaron volviéndose metralla. Todas se acurrucaron, protegiéndose la cabeza.
Las guerreras corrieron, siguiendo a Nicona, que había destapado una trampilla en el suelo. Ambas alcanzaron a ver, antes de cerrar la trampilla, cuando la puerta cedió en mil pedazos y varios hombres, de uniformes dorados tomaron a Freya y se la llevaron.
Ahora, al observar a Presea abrazar a Anaís, Marina se sentía de nuevo miserable al recordar lo injusta que había sido con Freya, quien les había salvado de ser apresadas por aquel ejército que invadía Céfiro.
Despejó su mente y se volvió hacia Guruclef, ayudándolo a levantarse definitivamente para que pudiera inspeccionar a Anais. El mago frunció el ceño, y mirando hacia el horizonte, hacia la dirección del último ataque, recomendó que se retiraran para unirse al grupo de Cefirianos.
- Vamos –anunció severo- muy pronto llegará el próximo ataque. Debemos prepararnos.
La dentellada llegó por la izquierda sin aviso. Lucy la evadió por poco. El enorme gusano pasó derecho y se enrolló para voltearse y cargar de nuevo
- ¡Corran! Sigan esa luz! – gritó Akil- Latis! Usted primero! Está rastreando la sangre!
El espadachín hizo lo que pudo, mas era imposible que pudiera moverse rápidamente. Su cara estaba hinchada, y unas venas moradas brotaban de la herida, bajando por su cuello.
Un silbido acuoso se escuchó cercano. El insecto se acercaba a Latis para embestirlo, al tiempo que abría su condenada boca de dientes puntiagudos.
Liberadas de la influencia del dios, Ki volvió a sincronizarse con Lucy y consiguieron adelantarse para recibir el embate del monstruo. Plantó sus manos en las mandíbulas abiertas, pugnando por evitar que se cerrasen sobre sí. La diosa aplicó más fuerza y desencajó los dientes inferiores, que volaron como puas hacia la oscuridad. Saltó hacia atrás, para ver a la cosa revolverse de dolor y emitir un grito humano.
El estómago de Lucy se revolvió al escuchar ese lamento femenino y quedó plantada en la oscuridad. Ki quiso que avanzaran, pero Lucy no le dejó moverse. Estaba atónita y su corazón se contraía al reconocer esa voz. Fue la voz de Latis la que la sacó de la ensoñación e hizo que al fin pasaran por la puerta dorada.
Mavi-Alev cerró su puño sobre el Makinessi.
Las manos humanas crujieron, adaptándose una vez más a la fuerza del dios.
Sabiendo exactamente a dónde lo conduciría el par de aquel dispositivo increíble, creado por humanos, sonrió y desapareció
