Hola! Por acá volviendo de entre las cenizas (lo siento, creo que he escrito mucho de fenix en el capítulo y se pega el vocabulario)

Sé que hace mucho la historia está en el tintero, y que hace mucho no actualizo. Perdón! En serio no es falta de inspiración, sino de tiempo. Agradezco que se pasen por acá y puedan dedicar unos minutitos a "es tan solo tu imaginación". Y si dejan reviews...me harían muy feliz.

Como siempre, gracias a las personas que me dejan saber su opinión: Bermone, Ascella Star, Rakelluvre, nambelle, etzel47. y A Okamiaka gracias por sus mensajes. Sigan ahi por favor! Prometo que esta historia tiene un final (y que no está lejos)

Muchas gracias a todos los lectores! Los dejo con un pequeño resumen para ambientarlos:

Lucy y Latis gracias a la intervención de Ki y de Akil, logran escapar de la tierra luego de una batalla cruenta con Mavi- Alev, quien desaparece después de la lucha con el makinessi en su poder.

Marina y Anaís recuperan sus cuerpos y son traídas a Céfiro por Ascot, quien enfrenta a la nación de Xios solo. Freya las conduce hacia Nicona, pero la sacerdotiza es capturada.

Marina se encuentra con Guruclef, quien está junto a la última contingencia de guerreros de Céfiro enfrentando la artillería de Xios. La guerrer del agua, al ver a Presea a su lado, recuerda la posibilidad que la armera se haya quedado con el corazón del mago.


Capítulo 25. Guerreros Parte II

Here we are, don't turn away now,

We are the warriors that build this town

From Dust..

- Warriors, Imagine Dragons

El salto por la puerta dorada fue parecido a una expulsión desde una nave presurizada.

Aterrizaron sobre la grava, sintiendo la inercia del Nifelheim detrás de ellos; justo al frente del enorme edificio de ventanales azulosos. La luz hería sus pupilas, pero les reconfortaba. En la luz había una oportunidad, había vida.

Lucy buscó a Latis tan pronto sus ojos se adaptaron al nuevo ambiente. Ki en su interior, con aburrimiento y desinterés por los sentimientos humanos, la dejó tomar el control.

El espadachín trataba de incorporarse.

Sus rodillas sucias, llenas de tierra y pasto que había trasladado desde el mundo anterior no se resolvían a aguantar su propio peso. Sus brazos, temblorosos, presos de terribles espasmos se estiraban una y otra vez en un esfuerzo notable por apoyarse, mientras sus dedos arañaban de mala gana el suelo.

Akil estaba más cerca de él, y se arrodilló para examinar la herida. Latis le miró con precaución, pero aunque quisiera, no logró moverse ni un centímetro.

- No soy su enemigo –aseguró el moreno-

Latis se limitó a asentir. Aquel escarabajo curioso que era su herida, se ensañaba en hurgar lengua y cuello con largas y afiladas patas hechas de lava viva, divirtiéndose con la carne, moviéndola, enrollándola miles de veces, envenenando la sangre que escurría. El dolor era un aro impulsado con el mismo fuego que nutria a ese escarabajo, y rodaba sin parar, confinándolo a ese infierno. Sus labios no podían articular palabras: los huesos de la mandíbula se astillarían a la menor tentativa de moverla. Los dientes, aún en su puesto, aumentaban su peso conforme pasaban los minutos, haciendo que sintiera la boca llena de bloques de hierro sólido, que se insertaban en sus encías con la misma suavidad que un herrero anclaría clavos a un caballo, haciendo difícil mantener aquella quijada sin desprenderse del resto. En su interior sabía que no duraría mucho tiempo consiente.

- ¡LATIS! – Lucy llegó a su lado, y se arrodilló junto a él. El impacto de ver aquella herida, que había alcanzado una profundidad repulsiva, le llenó de inmediato de angustia, urgencia y desesperación. Una lágrima silenciosa se escurrió por su mejilla y bordeó su mentón, quedándose colgada allí, sin saber que hacer-

- Debemos llevarlo dentro –Akil alzó los brazos del hombre, y los apoyó en sus hombros. Haciendo un esfuerzo, logró incorporarlo. La diferencia de altura complicaba las cosas. Akil era un hombre musculoso, pero a lo sumo llegaba al metro setenta- Lucy, ayúdame…

Llegaron al lobby del enorme edificio. El ascensor de paredes de cristal se abrió, dejando salir a Paris y a Vika, quienes al ver la escena corrieron a ayudar los recién llegados.

- ¡Maestro! ¡Sabía que estaba en dificultades tan pronto percibí su presencia! – la muchacha detuvo el ascensor de vuelta, mientras Paris reemplazaba a Lucy sosteniendo al herido, quien trastabillaba constantemente-

- ¡Paris!? ¡Paris! – Lucy sonrió levemente, aliviada de ver una cara conocida en aquel lugar desconocido- ¿Cómo llegaste acá?

- ¡Me alegra verte Lucy! Sobre todo saber que no eres un espíritu errante como mi pobre Anaís..¿Pero qué ocurrió?

- ¿Anaís? ¿VISTE a Anaís? Pero ¿Cómo?- Lucy frunció el ceño, confundida, pensando en las figuras de Marina y Anaís descansando en la cabaña de Damien- ¿Espíritu?

La condición de Latis hizo que dejara momentáneamente el interrogatorio para enfocar sus energías en llevarlo a lo que parecía ser la residencia del hombre que les había ayudado.

Subieron hasta la última planta. Una vez allí, los otros aprendices se hicieron cargo de Latis. Akil dio instrucciones de llevarlo a una habitación contigua a la gran sala rectangular donde tenían lugar las clases.

- Reúne a todos Vika, debemos tratar de sanarlo inmediatamente. Pónganle sobre la mesa. Voy por los ungüentos.

Vika miró a Lucy con los ojos entrecerrados, mientras ella se afanaba por entrar al cuarto donde varios aprendices quitaban los papeles, las tintas y otros instrumentos para darle paso al cuerpo del herido.

Una vez puso dos pies en ese sitio, Vika le obstaculizó el paso.

- Vika! –gritó Paris detrás de sí- Déjala pasar, ¿qué haces?

- No puede estar acá. Lo arruinará – explicó con severidad hacia el príncipe-

- ¿Qué? No…yo quiero ayudar ¡LATIS! –gritó forcejeando con Vika, quien sin ceder, se movía justo para impedirle que avanzara-

- ¡No puedes pasar! ¿Qué no entiendes? ¡Llevas a Ki contigo!

Lucy paró abruptamente. Miró a Vika a los ojos, y no vio maldad en ellos.

- ¿Qué tiene que ver? –Paris tomó a Vika por los hombros, sin maltratarle- Lucy debe estar junto a Latis.

Vika le miró con dulzura. El recuerdo de aquel amor que fluía entre Anaís y el muchacho aún estaba presente en su corazón como un recuerdo mal dimensionado. Por alguna razón, no podía enfadarse con Paris. Se dirigió con más calma hacia la pelirroja.

- Ki no es conocida por su paciencia. De por sí es increíble que seas tú la que está hablando, haciendo tu voluntad – le confesó mirándola con reticencia-. Pero la diosa se cansará, tomará control, y el proceso de sanación debe ser milimétrico. Sin interrupciones.

- Lucy puede controlar perfectamente a Ki. Es una guerrera mágica. Una elegida – intervino Paris-

- No es tan fácil. ¿Acaso no recuerdas cuando estuvo acá en el cuerpo del maestro? Por poco le vuela en pedazos.

Lucy sintió a Ki emanando odio hacia Vika. Una energía extraña se revolvió en su interior, como si un enorme halcón apretara sus hombros para elevarle sobre la multitud.

- Me quedaré afuera – accedió, sintiendo dentro de su cuerpo el zigzagueo de la diosa-

- Yo me quedaré contigo –dijo Paris- de todas formas dudo que sea útil allá dentro.

Akil pasó apresuradamente a su lado, con varios recipientes de vidrio, que situó en un taburete de madera oscura, justo detrás de la cabeza del espadachín, quien temblaba sobre la mesa.

Vika cerró la puerta. Por el canto, un brillo color rosáceo se filtró e iluminó el suelo de porcelana blanca.

- Ven, dejemos que trabajen. –Paris avanzó hacia los asientos de la sala rectangular y se sentó sobre ellos. Al ver que la chica seguía de pie, mirando hacia la puerta, suspiró- Estará bien Lucy.

- ¿Lo crees? – Recordó la risa hueca de Mavi-Alev, el grito angustioso de Noelle en el Nifelheim…y las cenizas de Matt, que nadaban en el aire, buscándose las unas a las otras. Si era la culpable de la muerte de Zagato y de la princesa Esmeralda, también era la asesina a sangre fría de aquel muchacho dulce, que alguna vez le ofreció su corazón. Y de la misma manera, sería responsable por lo que le pudiera ocurrir a Latis.-

Ambos guardaron silencio por unos segundos. Ki se revolvió inquieta en su cabeza. Lucy presintió que tal como ella a veces probaba algo de los sentimientos más fuertes de Ki, la inmortal percibía aquel dolor que se instalaba bajo la C de culpa en su biblioteca de recuerdos.

Paris decidió sacarla de sus pensamientos. Lucy emanaba un aura preocupante.

- Imagino que debes tener muchas preguntas.-rio con desgano- créeme, yo también las tengo. Cada minuto que pasa y sigo acá varado sin poder averiguar por el destino de Anaís es…- suspiró, y tomando aire, continuó- ¿Cómo te sientes?..digo..la diosa…

La pelirroja volteó para hablar con el príncipe. Al hacerlo, al fondo, vio la puerta abierta de una habitación muy iluminada.

Sin saber por qué, quiso dirigirse hacia allá. Pero frenó su impulso (o Ki lo hizo). En cambio, se acercó a su interlocutor, cambiando de vez en cuando sus ojos hacia ese lugar.

- Ella insiste en que perdemos tiempo valioso, que…- Lucy prestó atención a la retahíla sonora de la diosa, la cual se había despertado como un niño exigente- ¿Buscar a Marina? ¿Ki conoce a Marina? ¿Cómo es posible? ¿También mencionaste que habías visto a Anaís? ¿Dónde estamos?¿Cómo sabía Akil dónde buscarnos?¿Cómo es que Ki…

- En realidad el dios ese, Mavi-algo, fue el que se arruinó su propia fiesta. Supongo que no podía dejar pasar desapercibida su salida del Nifelheim.

Lucy sintió nauseas. Ki estaba contándole con imágenes todo lo que debía saber. Dejó de escuchar a Paris y se apresuró a llegar hasta una silla, pero su intento fue infructuoso. Tuvo que dejarse caer y poner las manos sobre el suelo mientras se sumergía en los recuerdos de la diosa.

La última visión que tuvo Ki de Mavi-Alev, hace eones, jurando venganza, atrapado en la oscuridad.

Guerra: Ki extendiendo sus alas, luchando contra Enlil, el dios del viento, con sus 4 alas extendidas. Al fondo, el mar se alzaba para tragárselos a los dos.

Humanos clamando por protección. Ki alzando un niño en brazos que jamás se levantaría de nuevo, y el llanto de su mundo destruido, fruto de esa lucha por el poder de los elementales; un llanto que le horadaba el alma eterna.

Akil, un humano lo suficientemente poderoso, alertándoles sobre los planes de Mavi-Alev, con el marco de la destrucción a sus espaldas. Enlil negando e instándole a pasar hacia el siguiente mundo. Suficiente apocalipsis tenían en su propio mundo para escuchar los desvaríos de un humano.

Marina. No, no precisamente ella: su espíritu. Una elegida para Abzu, reclamada por Céfiro. Damien, Irina, Oziel, asesinos, confabuladores. Peligro

Los tres elementales, esperando la aparición de Akil, sin poder saltar hacia el Nifelheim, enviando sus energías a través de la puerta de su propio mundo, sabiendo que el humano les buscaría; ya que ésta vez debían atender el llamado para protegerse a sí mismos, y a los universos.

Y Ki, ofreciéndose a luchar contra Mavi-Alev, entrando en el cuerpo de Akil para poder atravesar el mundo entre los mundos.

"Todos estamos en peligro"

- ¿LUCY? – Paris le sacudió-

La chica volvió a ver la sala rectangular y sus pupilas reaccionaron a la luz.

- Cuéntame cómo llegó Akil hasta Ki. – dijo sin hacer el intento de levantarse-

- Akil pudo sentir su "resurrección" en la tierra y de inmediato pensó en los únicos elementales que llegó a conocer en su exilio. Akil tiene dos makinessi, este…digamos que son unos pequeños aparaticos que sirven para no perderse al pasar de mundo en mundo, pero esos cacharros no le sirven para saber adónde salta. Eso sólo lo da la brújula. Akil dejó uno de esos acá, para poder volver.

- Creo saber qué aspecto tiene un makinessi. Latis y yo tratábamos de recuperarlo cuando el dios… –Lucy arrugó su frente, recordando nuevamente a Matt, y el sonido espumoso cuando Mavi-Alev cerró la boca sobre la mejilla del espadachín-

La chica se escondió bajo un silencio atormentado. Paris continuó, preguntándose qué horrores estaría recordando.

- Pues bien, Akil sabía por Anaís y Marina que tú estabas en el menú de Mavi-Alev tan pronto pudiera materializarse en la tierra, así que sabiendo que los únicos que podían enfrentarle serían otros dioses, se lanzó al Nifelheim, con la convicción que la trinidad que una vez conoció le indicaría el camino hacia ellos.

- Los elementales supusieron que Akil les buscaría; y Akil supuso que ellos responderían.

- Akil había sido apetecido por Mavi-Alev en el pasado, por su fuerte poder. Era posible que otro dios pudiera aprovecharse de esas habilidades.

Lucy sintió una risita aguda dentro su cabeza. Ki se reía. Al parecer la frase "aprovecharse" combinada con la palabra "habilidades" le hacía alguna gracia. La pelirroja se sorprendió del humor negro de Ki.

- Akill volvió con Ki, pero por poco no logra el siguiente salto. El poder de la diosa es muy fuerte para su cuerpo. Estuvo a punto de volarle como una piñata.

- ¿y cómo lograron dar con la Tierra?

- El ego de Mavi-Alev era como una señal luminosa. Mejor que la brújula. Creo que si no hubiera sido así, Akil hubiera muerto.

Fascinada por el relato y por la historia detrás de él, tomó fuerzas y se dirigió hacia las sillas. Pero Ki aulló, fastidiada. No deseaba que la guerrera mágica se acomodara. Con un conjunto de imágenes le explicó porque.

- ¿Ki sabe dónde puede estar Anaís? – preguntó el príncipe, sonrojándose un poco- yo no podía verlas, pero Vika mencionó que tanto Marina como Anaís desaparecieron… todo ocurrió muy de prisa. Debo buscarla, Lucy.

- Ki presiente que recuperaron sus cuerpos, pero me dice que no pudo percibir su presencia mientras estuvimos en la Tierra.

El príncipe se llevó las manos a la cabeza, en un gesto de desesperación. Lucy tocó su brazo.

- Las encontraremos.- aseguró con vehemencia-

- Creo que es mejor re-organizarnos, hacer un plan. Debemos regresar a Céfiro. Pero no sé cómo.

- No podemos demorarnos tanto- instó Lucy, con preocupación-

- ¿Por qué lo dices? – Paris percibía una mala noticia en camino-

- Mavi-Alev tiene un makinessi, y con él podrá dirigirse de forma directa hasta donde se encuentra su par.

- El makinessi que tiene, ¿es el de Latis, verdad? –Paris alzaba la voz, sin darse cuenta-

- ¿Está en Céfiro? Paris, ¿El makinessi está en Céfiro?

- No. Está en Xios. Lo dejé en el centro de la brújula. Neferti dijo que debía permanecer allí.

- ¿Neferti? – Lucy sintió que su estómago era lanzado hacia el vació- ¿la sacerdotisa de cabello trenzado?

- Si. La misma que se encuentra en ese cuarto del fondo, inconsciente – señaló la habitación iluminada que le había despertado la curiosidad unos minutos antes-. Ella viajó conmigo y con Latis a Xios, para que pudiéramos buscarlas.

El recuerdo de ese viaje y el estado actual de la sacerdotisa era una cuchilla venenosa en la mente de Paris, quien guardó silencio con tristeza.

Sin querer, Lucy volvió a mirar hacia el fondo.

La sacerdotisa estaba allí. ¿Qué quería decir eso?

Ki arañó con sus garras el estómago de la pelirroja. Si quería sentir algo en el estómago, se encargaría que fuera ella, para recordarle que debían proceder rápidamente, pero también para afirmar que estaba perdiendo la paciencia ante su drama amoroso personal. Y si lo de la "piñata" no le parecía suficiente motivación, ella le daría muchas razones para moverse con celeridad.


El dromedario se agitó en el resplandor de una luz intensamente blanca.

La brújula en medio del desierto giró vehemente, emitiendo un sonido agudo, un lamento. Quizás la brújula misma gritaba al saber lo que aparecería detrás.

Los soldados de Xios se prepararon para recibir al visitante. Bajaron de sus monturas y cubrieron el perímetro, apuntando con sus lanzas de energía hacia el centro del artefacto, que giraba sin detenerse, haciendo que la arena a su alrededor se levantara y les nublara la visión.

Esperaban a los prófugos que habían tomado el makinessi. La orden era eliminarlos y tomar los invaluables objetos.

Pero al despejarse la amarillenta y grumosa bruma, en medio de la brújula, la muerte misma les miró con sonrisa complaciente.

Muy pronto la arena se mezcló con las cenizas de los desgraciados que presenciaron el primer paso que Mavi-Alev daría en Xios.


Aún antes de que Guruclef les dijera que ese ataque podría ser el último que soportaría la resistencia cefiriana, Anaís y Marina se prepararon para luchar.

Se adelantaron juntas para divisar a los enemigos en su campamento que iniciaban la danza que utilizaban para "cargar" de magia la lanza que muy pronto arrojarían los invasores.

Sus cabellos comenzaron a ondear. Un viento mágico les rodeó, preludio de un llamado que no realizaban hace mucho tiempo. Ráfagas de aire salubre envolvieron a Marina, dándole fuerza, inyectando en su alma el poder de las olas que rompían con fuerza entre los peñascos de Céfiro.

Anaís sentía el viento rozando su cuello, entrelazándose con su piel. Era la fragancia de los bosques, el aire puro de las alturas. Su espíritu encontró algo de sosiego ante el veneno que infectaba sus piernas, y refrescó sus sentidos, imprimiendo la energía del tornado, la potencia de una tormenta.

Sus trajes de guerreras mágicas aparecieron, y sus capas ondularon orgullosas en medio de ese regreso. El cielo oscuro brilló, y dos puntos, azul y verde se movieron con rapidez, llamándoles a ser uno; a luchar de nuevo por esa tierra.

Ansiosas, con las espadas en alto, ambas pronunciaron sus nombres y de inmediato fueron transportadas hacia los cielos.

- Anaís – pronunció con voz profunda Windom- Lamento que hayas tenido que enfrentarte a Mavi-Alev por tu cuenta.

- ¡Windom! …puedo sentir algo diferente… tus piernas…

- Lo que Mavi-Alev te hizo nos afecta a los dos. La conexión entre un elegido y un elemental es más profunda de lo que crees.

Anaís se mordió el labio inferior. Sus ojos reflejaron determinación y rabia al mismo tiempo.

- Encontraremos la forma de vencerlo. Muy pronto nos enfrentaremos a él. Ya ha llegado. –Windom dejó que la última frase resonara un poco en los oídos de su guerrera mágica, con el objetivo de prepararla para la inminente batalla, una batalla que decidiría no sólo su destino, sino el de muchos universos- Sin embargo, debes saber que tu y yo estaremos en desventaja.

- Lo sé. –dijo Anaís, evocando el miedo paralizante que había experimentado en el Nifelheim mientras el enorme insecto le daba caza-

Ceres y Marina, quienes volaban al lado de ellos guardaron silencio. En su corazón, Marina decidió que haría cualquier cosa para balancear esa desventaja que mencionaba el genio del viento.

- Debemos ocuparnos de Xios por ahora – mencionó cortando el silencio- No les dejaremos acabar con Céfiro.


Dos enormes seres descendieron sobre el campamento de los invasores atacándoles con una magia desconocida para ellos. Los intentos del ejército por hacerles frente fueron en vano. Unos a otros se miraban impotentes, sin entender. Pues si habían succionado y cambiado la magia de Céfiro para su propio beneficio, ¿por qué con estas criaturas aquello no funcionaba?. Las sacerdotisas dejaron su danza y corrieron a pesar que los soldados trataron de detenerlas. La lanza quedó abandonada, titilando magia, a la espera de que alguien se atreviera a utilizarla.

El monstruo azul desplegó su magia sobre la tienda donde normalmente los generales trazaban sus planes de guerra. En poco tiempo cayó como un castillo de naipes. El verde acorraló a los que trataban de escapar, en una prisión de viento poderoso que se llevaría al que se atreviera a cruzarlo.

Tras pensar que todo estaba perdido, algunos de los soldados miraron al cielo, y sonrieron al ver que las naves habían respondido su llamado. Xios era una nación guerrera. No sería tan sencillo derrotarles.


La gota volvía a caer sobre ella

Freya sabía muy bien el destino que le deparaba.

Encadenada de pies, manos y cuello, tumbada sobre losas heladas e inmersa en la más absoluta oscuridad, sintiendo aquella gota de agua que golpeaba su frente a un ritmo constante, sin detenerse, predijo que tendría una muerte condenadamente lenta y espantosa. Lo único que esperaba era que de algún modo u otro Neferti hubiera encontrado la respuesta a tantos años de tristeza y abandono, y que finalmente supiera si su adorado Akil estaba vivo o muerto.

Y la gota de nuevo cayó sobre su frente

Trató de moverse, como había tratado de hacer mil y un veces, de apartarse de la gota de agua, pero era imposible.

Seguía cayendo, empapando su cara, su cabello, sin ser suficiente para beber. Y la sed era espantosa. Sus labios se habían estirado una y otra vez, en medio de gemidos por alcanzar algo de humedad, algo que calmara el dolor que todo su cuerpo sentía al verse privado de su sustento...mas nunca lo conseguía.

La gota caía, caía cada cinco segundos… a veces más, a veces menos.

Acudió a su entrenamiento. Una sacerdotisa podía encerrarse en su propia mente, aislándose del mundo, ¿pero cuánto tiempo podría recurrir a ese estado de profunda meditación? ¿Cuánto tiempo necesitaría antes de que la famosa gota que cada 5 segundos caía (a veces más , a veces menos) sin darle un respiro, horadara bajo su piel y terminara rompiendo el hueso de su cabeza? ¿Podría escapar del insomnio, del hambre, del miedo?

La gota caía, cinco, cuatro, tres, dos, uno…Toc

Trató, en serio trató. Y por una cantidad indefinida de minutos, segundos o quizás horas, logró escapar de ese cuarto…para volver a escuchar y sentir esa gota, ese trozo de muerte líquida que como un amante fiel le esperaba sin falta.

Cinco, cuatro, tres, dos, uno…Toc

Pero en esas idas y venidas había algo más, algo que les habían enseñado a percibir desde el comienzo de su vida como sacerdotisa. Algo ocurría en Xios. Y era malo, muuy malo.

Cinco, cuatro, tres, dos uno….

¿?

Un remezón le sacó de su estado. Aguardó los cinco segundos. Incluso los volvió a contar, pero curiosamente la gota no estaba allí. No tuvo tiempo de alegrarse, porque de repente, un frío inimaginable le bañó de la cabeza a los pies y lo que le pareció una tonelada de agua le cayó encima. Asustada al creer que esa marejada no se detendría y perecería ahogada, se revolvió en el suelo, gritando, sollozando, pero tas interminables segundos, el agua cesó.

Esperó en la oscuridad, empapada. Sin poder detener a su mente, ella seguía contando, esperando la gota. Llegó a pensar que era una nueva forma de tortura, hasta que sintió de nuevo un temblor profundo desde el suelo. Alcanzó a escuchar pasos apresurados que se acercaban. Acto seguido, unos golpes comenzaron a escucharse muy cerca, pero los sonidos se volvían ecos, y en la oscuridad era muy difícil ubicar su origen. Lo que si estaba segura era que ALGO estaba tratando de entrar a su celda.

Ahora si tenía miedo. Lo peor y más insano, es que una parte suya no sabía si debía pedir que volviera la gota.

Al romperse la puerta saltó involuntariamente en su puesto. Poco podía distinguir, pues la luz ardía en su retina. Parpadeó ante la intensidad desafiante de la luz artificial que llenó la celda.

- Malditos sean –dijo Zaz de Autozam al ver el estado de Freya, y se apresuró a acercarse para romper sus cadenas-


Akil fue el primero en salir de la habitación. Al verlo, Lucy y Paris se levantaron. Se sintió como un curandero de la peor ralea; de esos estafadores que se nutrían de la desgracia ajena.

- Mavi- Alev le atacó con sorna. – Fue lo primero que salió de su boca, un claro intento de justificar el discurso que debía pronunciar- Pudimos curar la herida pero el veneno…-negó con la cabeza-

- Quiero verlo –le interrumpió la chica, a dos voces: una propia y otra que generaba un eco indescifrable en el ambiente-

Akil no discutió. Dentro de la muchacha, Ki despedía poder dentro de la misma frecuencia. Asombrado por aquella sincronización, le dio paso, haciendo una seña a los demás para que dejaran la sala rápidamente.

La chica entró, y sin tocar la puerta, ésta se cerró con un portazo a sus espaldas.

Latis estaba tendido sobre la mesa central de la habitación. Era verdad lo que Akil había dicho, la herida física estaba sanando, pues una capa de fina y casi transparente piel rosácea se había formado encima de lo que antes había sido ese hueco lleno de sangre, tierra y pus entre la mandíbula y la mejilla. Sin embargo, no pasaría mucho tiempo antes que Latis se reuniera con su hermano Zagato.

Lo supo al ver esa coloración extraña que invadía el resto de su piel. Desde su mejilla habían crecido surcos de venas verdosas de un grosor impresionante y se habían regado, como un río de mercurio a través de su cara, de su frente. Y veía aquel líquido moverse, impulsarse, llenar más espacios, conquistarlo a punta de un bombeo salvaje generado en su mejilla. Temblorosa, levantó su camisa negra, y encontró la misma enfermedad, aglutinándose hacia el corazón, pero avanzando hacia todos los rincones en que el tejido circulatorio podría llegar.

Latis se revolvía. Estaba inmerso en un dolor muy profundo.

Lucy sintió que una parte de sí misma era arrancada despiadadamente. Que si él moría, su corazón se detendría con el suyo. En un segundo pasó por la desesperación, la impotencia y la negación. Necesitaba hacer algo, debía hacer algo. No podía permitirlo. No, mil veces no. Latis no podía morir.

Ki también sintió aquello, y en vez de encogerse en la pena de la guerrera mágica, se alzó desafiante, empujando el espíritu de la guerrera hacia un recurso peligroso, pero posiblemente efectivo. Y que Ki sabía, sería muy útil para otros propósitos.

"Estás loca", le dijo Paris.

"Irás hacia tu muerte" fueron las palabras de Vika

"Es imposible" dijeron los aprendices

Pero Akil…

"Yo te acompañaré" dijo

Porque Akil sabía que todo aquello no era sólo para salvar a Latis, si Ki estaba planeándolo.


Hambre. Tenía Hambre. Sus entrañas gruñían y tenía nauseas.

Movió su gelatinoso y enorme cuerpo hacia una de las puertas del Niefelheim que parecía tener otro color diferente a la nada. Un halo verde rodeaba el marco de la puerta. Se preguntó si alguien estaría a punto de cruzar. Pensó en la persona que estaría dispuesta a pasar por ese espacio y no lo comprendió. Pero esperaba, porque tenía hambre.

Sola estaba, y sola quedaría, porque parecía que la conexión con su madre se había roto hacía siglos. El tiempo era negro, el espacio era negro. Sólo quedaba el hambre.

Noelle sentía esa duplicidad de su ser todo el tiempo. Poco antes había pisado un desierto, alcanzó a ver un animal grande y amarillo, de una joroba, pulverizarse, pero luego volvió al negro, pensando en lo delicioso que sería no haberlo destruido, sino cortarle ese fino cuello y comerlo de una dentellada. Justo después, tendría un ataque de pánico al caer en cuenta que ella no debería estar considerando almorzarse un animal como aquel.

Al mirar la puerta, con su halo verde, imaginó de nuevo quien podría pasar por allí. ¿Sería un (jugoso) adolescente? O un (exquisito) adulto hecho y derecho…o tal vez una abuela (crocante, crocante) versada en magia?

(jugoso)(exquisito)(crocante)

Y ahí venía de nuevo. El pánico. El aire le faltaba, y su amplio cuerpo se retorcía para vomitar pedazos de muertes anteriores. Nauseas iban y venían al pensar en las personas a las que les arrancaría las extremidades con un solo mordisco de sus cientos de puntiagudos dientes, al desear que la sangre escurriera manchando su intento de quijada y pudiera relamerse con sus entrañas.

Y así, enferma y hambrienta, fue como la encontró la señorita Shidou cuando cruzó la puerta.


Ambos sabían que al cruzar el bicho les detectaría, pero no pensaron que les estuviera montando guardia.

El asombro al encontrarlo de frente fue casi tanto como ver lo que el monstruo hacía.

Estaba justo al frente de la puerta, pero emitía un gruñido lastimoso. La acuosa superficie gris temblaba y transpiraba unas horribles gotas rosáceas, especialmente sobre el torso. La boca, llena de los peligrosos dientes, se abría y se cerraba, como si buscara aire.

Los visitantes se miraron entre sí, y Lucy le transmitió a Akil un asentimiento.

De improviso, con una agilidad pasmosa, la babosa-dios atacó. Fue directamente hacia Akil, quien corrió a la izquierda, para tratar de esquivarla. Lo logró por centímetros, apresurándose a saltar de nuevo para alejarse. Lucy en cambio se quedó en su puesto, por orden de Ki.

El monstruo cargó. Le vio replegarse para adquirir muevo impulso y se deslizó nadando en la oscuridad para atraparla. La guerrera mágica emitió una luz intensa a su alrededor, que cegó a su contrincante. Dentro de ella, Ki alzó sus poderosas alas, y la pelirroja se alzó por encima del horrible engendro que la perdió de vista.

Akil alcanzó a gritarle un "NO" desesperado al ver lo que la diosa pretendía hacer, pero Lucy estaba absorta en la estrategia, determinada en lograr lo que Ki había prometido para obtener algo de ventaja en esa guerra por los universos.

El bicho, cuyo reino era esa infinita negrura, supo exactamente cuándo alzar esa boca cavernosa y mortal para tragarse de un solo envión a la chica. Akil vio la sangre en las pantorrillas de la guerrera, en sus manos, en su torso, en su cara, al chocar con los dientes que ahora le rodeaban y trataban de iniciar el cruento y doloroso proceso de triturar.


Mavi-Alev sintió un sabor exquisito, que sus encías recordaban levemente cuando probó a la guerrera del viento, aunque con un tono más picante. Las papilas gustativas se deleitaron en el suave recorrido que ese fuerte y jugoso manjar le proporcionaría.

Pero para poder disfrutarlo completamente, y extraer poder de aquello, debía él estar presente; realmente presente.

Consideró la posibilidad.

Miró el campo yerto que antes había sido uno de los poblados cercanos a la capital de Xios, donde millones de humanos seguían pereciendo rodeados de una nube azulada de alta radioactividad, cocinándose hasta morir. Observó las naves doradas que se alzaban encima de su cabeza para atacarle. Detalló cómo ese vaivén naranja que flotaba en el aire, lleno de la energía vital de tantos humanos, era absorbida por sus poros, llenándole de poder, convirtiéndole poco a poco en el dios que antes había sido antes de que le desterraran.

Pero por más que se nutriera de los efímeros y tiernos humanos, el premio que tenía su pequeña Fénix era muy grande, y muy importante.


En Xios, los generales se apresuraron a informar al alto mando que el ataque a la misteriosa entidad había sido un éxito, puesto que tras la aparición de las naves de guerra, el ser había desaparecido, seguramente lleno de temor de enfrentar la poderosa nación guerrera.

A pesar de eso, los ancianos miembros del gran concejo (el mismo grupo que hacía años consintió un pacto con el dios del Nifelheim) supieron que el dios no se había retirado por la amenaza ínfima que representaban los instrumentos de guerra de Xios. Inmediatamente decidieron poner a rodar el plan que habían trazado desde ese tiempo, y enfilaron su rumbo hacia Céfiro, llevándose el arma que habían aceptado construir bajo las instrucciones de Mavi-Alev, con el propósito de ser utilizada en beneficio de Xios. De cualquier manera.

El mensaje debía ser claro para el dios de la llama azul. El pacto seguía vigente. Los ancianos no dudaron por un segundo.

En la capital de Xios, el suelo tembló. El protocolo de emergencia se había iniciado.

Sobre las enormes columnas palmiformes que adornaban la ciudad, donde se posaban diferentes estatuas de animales dorados enfrentados en batalla, un bramido bajo y poderoso nacía desde el interior de ese metal áureo. Al unísono, las efigies explotaron, dejando tras de sí una estructura circular grisácea, con una fuente luminosa en el centro, la cual comenzó a girar emitiendo un llamado que sólo algunos podrían oir.

De ciertas casas, salieron hombres, mujeres niños, ancianos…todos tenían en común un don que Akil reconocería de inmediato, un don difícil de conseguir, que era bien recibido en la corte de Xios y que por generaciones trató de cultivarse.

Expertos y novatos kâhin se congregaron en la plaza principal. Sus ojos reflejaban un estado de obediencia ciega, sus expresiones eran planas, asiosas de recibir instrucciones.

Xios era una nación guerrera. Pero su arsenal en realidad nada tenía que ver con armas.


Noelle había dejado su conciencia atrás impulsada por el sabor de la sangre, pero había ocurrido un evento imprevisto que unos segundos después le desequilibró a todo nivel.

Su duplicidad de pronto se vio reunida en el Nifelheim, y supo que a kilómetros, una puerta se había abierto. El olor del ser que pasó a través de ella le provocó nauseas (cosa que ahora se había convertido en una rutina dolorosa) y escupió lo que tenía en la boca.

Sus (cientos) de ojos miraron con repulsión lo que había lanzado fuera, y reconoció la forma de un ser humano en medio de la baba brillante y el tejido regurgitado de antiguos almuerzos. Saber que había estado a punto de tragárselo no mejoró su estado y nuevas nauseas le cegaron, al tiempo que la endiablada sensación de duplicidad, en que se sentía atravesar el espacio del Nifelheim y al mismo tiempo estar estática, esperando que pasara la bilis que subía por su tracto digestivo. Aquello le hacía perder la noción de su propia existencia. Ese era el purgatorio que se había buscado para sí.

Sorprendida, volteó su voluminoso cuerpo con una elasticidad que no pensó que tuviera.

Y se vio. Se vio al mismo tiempo desde los ojos de su antiguo cuerpo, completamente mutado, sonriente y desde sus (cientos) de ojos insecto.

Fué demasiado. Demasiado para soportarlo, demasiado…

Caminaba hacia adelante y retrocedía, estaba aquí, estaba allá, sonreía, se acercaba, se apartaba, se deslizaba entre la nada y al tiempo sus pies se hundían en el piso gomoso e incoherente del mundo entre los mundos.

Creyó enloquecer cuando ella/el (no, soy yo/no, es él) se movió veloz hacia el grupo.


Lucy sabía que poco había faltado, pero el plan había funcionado. Llena del vómito de la babosa, trató de no descomponerse ante el hedor de carne podrida que le llegaba por todos lados.

Carnada -dijo Ki en su cabeza, burlándose de su evidente malestar-

Y carnada había sido. Si esa era la única forma de salvar a Latis, lo haría.

Siguiendo las instrucciones de Ki, la guerrera mágica se preparó para causar el mayor daño a la pobre Noelle. Con una seña, le indicó a Akil que debían seguir con el plan. El hombre, que estaba tratando de esconderse detrás del cuerpo de la babosa, para no darle cara a Mavi-Alev, asintió.

Con el corazón encogido, recordando a la hermosa doctora, Lucy llamó el poder que Ki le prestaba: Magia de las entrañas del mundo malherido de Ki, que en sus venas se volvía un torbellino de lava. Tratando de no pensar a quién dañaba, envió su fulgurante ataque, que impactó de lleno al gusano verde –marrón en los ojos. Un grito doble hizo eco en el vacío.

Lo imaginaba – dijo Ki- forcémosle a hacer algo

"Pero Noelle…no quiero hacerle daño. Ella está sufriendo"

¡Elegida de Rayearth! ¡Calla y haz lo que te digo!

Esta vez fue Ki quien le dejó atrás. Lucy por primera vez sintió que la diosa podía hacer su propia voluntad en el momento que ella lo desease. Ki se comportaba como una mezcla entre un ave de rapiña y una serpiente, medía los movimientos de Mavi-Alev y predecía sus movimientos. Astuta, rápida, y eficaz en cada momento. Se movía con naturalidad en el Nifelheim, rodeando en un abrir y cerrar de ojos al dios de la llama azul, que había iniciado el contra-ataque. El gusano seguía balanceándose adolorido, y emitiendo gruñidos espantosos.

Si estás tan preocupada por esa mujer, deberías darle una muerte digna. Nadie merece vivir así.

Ki y Mavi-Alev saltaron al unísono, y su poder se encontró en el aire. El azulado infierno que el dios envió como un látigo de llamas se estrelló con las centellas luminosas de Ki, pero el látigo comenzó a girar, envolviendo y sofocando el escarlata furioso que procedía de las manos de la diosa.

Se ha hecho más fuerte, No podré…

"KI!" –gritó Lucy en su mente

Mavi Alev torció sus manos, y el látigo estranguló las llamas emitiendo una detonación. Ki no pudo reaccionar y se vio alcanzada por el impacto. De inmediato, el lazo se enroscó como un ser vivo por la cintura de la pelirroja, y le empujó hacia adelante, hacia la sonrisa puntiaguda, a toda velocidad.

Lucy alcanzó a sentir el aliento del horrible mutante justo antes que el ente cambiara su expresión socarrona a una de intenso dolor y el lazo se desvaneciera, enviándola hacia el suelo por la misma trayectoria. Ambas se estrellaron contra la superficie gomosa del Nifelheim.

Se incorporaron rápidamente, ayudadas de las alas invisibles que Ki abrió.

Allí estaba Akil, cubierto de sangre verdosa y tripas carmesí, quien había rasgado un camino de por lo menos dos metros, del estómago hasta la cavidad bucal del gusano con un largo cuchillo de caza que había traído desde su mundo. Parecía un guerrero prehistórico, de mirada oscura y expresión conspicua.

Ki sonrió y el orgullo resonó por el interior de la guerrera del fuego. Pero Lucy, en cambio, horrorizada, logró materializar lágrimas y lanzarse dos, cinco pasos hacia eso que era una Noelle vencida, una Noelle torturada, una Noelle que se le escapaba la vida en forma de líquido putrefacto. La diosa la detuvo, férrea, tranquila, sintiendo la pena y angustia de la elegida de Rayearth, sin perder de vista a Mavi-Alev, que ahora desplazaba su figura humanoide hacia el desastre en que habían convertido a su fénix y a su propio cuerpo.


Al principio Noelle había sentido rabia, y su primer impulso fue triturar al humano que se había atrevido a hacerle aquello. Pero luego, a pesar del increíble suplicio, quiso que terminara de una vez. Esa sería su salida de ese mundo, de ese asqueroso cuerpo…pero entonces…

Mi Fenix, dulce y deliciosa Noelle

"No, no, no, lárgate, déjame, vete, maldito mentiroso, MALDITO"

Mi fénix… aún no es tiempo que te vayas. Aún tenemos mucho por hacer

NOoooo! Déjame morir!

Eso no es posible. Te necesito con vida. Eres mi fénix.


Ki dejó a Lucy hacer. Era el momento. La guerrera corrió hacia el gusano, que emitía un latido sordo. Akil, a su lado, le entregó un recipiente cilíndrico, que acercaron a la herida que se cerraba. Un líquido brillante alcanzó a caer en tres grandes gotas antes que la babosa diera media vuelta y les atacara de frente.


Atrás, el cuerpo mutante de Noelle, se movía desorientado. Los afilados dientes retrocedieron unos milímetros su longitud. Unos ojos verdes, completamente desconsolados, se abrieron para encontrarse con una batalla extraña de un monstruo y dos humanos. Quiso moverse, quiso ayudar de alguna manera a destruir a aquel que había usurpado su vida, pero sus ojos vieron de nuevo un estelar pentagonal de imágenes, y la duplicidad le paralizó.

No había regresado. El dios sólo había hecho que viviera un poco más en su cuerpo que en la babosa, pero no más. Aún podía sentir el pecho destruido, el dolor, y los deseos de matar.

Akil se apartó, ante una embestida de la babosa que casi le dejó sin aliento. A pesar de estar herida, la cosa había adquirido más fuerza de lo que recordaba, y las dentelladas que propinaba no eran para tomárselas a la ligera. Afortunadamente Ki estaba con ellos, y lograba detenerle lo suficiente.

Alistó aquella ancla que alguna vez había usado con Anaís para sacarla a toda velocidad del Niefelheim. El hilo dorado se tensó, y Akil lo aseguró a su cintura. El hombre corrió hasta donde estaba la pelirroja, quien se enfrentaba con todo su poder al dios.

Noelle pudo ver lo que hacía la señorit Shidou y el moreno. Lamentó saberlo, porque sabía que el dios lo sabría por culpa suya.

Pensó en pedir ayuda, pensó en una posibilidad de salvación.

Pensó en que podía gritar y rogar, suplicar

Pero el hambre y el odio que Mavi-Alev le trasmitía era suficiente veneno para ella sola como para cargarlo hacia los demás. Además no estaría mucho tiempo en ese "envase" porque la babosa estaba casi curada.

Y gritó, pero no para pedir una posibilidad de escape, o una oportunidad de absolución.


Akil tensó el hilo dorado, y en un abrazo que incomodó a Ki, accionó el invento que les llevaría lejos de ese lugar de pesadilla. Pero alcanzó a ver a la elegida del dios de la llama azul. Recordaría para siempre esos ojos verdes, que como los de un soldado que ha participado en mil horrores, le miraban con la sombra del terror en las pupilas.

- Shidou! ¡Acá estaré!

Akil supo que no era una amenaza, ni un reclamo irónico por abandonarle allí

Era un ofrecimiento.