CAPITULO 30. INMORTALIZADO II
Are you ready for the test of your life?
See the fear bleeding right through their eyes
Feel the energy build in your soul 'cause it's time
Immortalized - Disturbed
Ki fue la primera que tocó tierra con sus filosas garras. Les observó con malévola curiosidad, mientras exhibía una sonrisa satírica. Abzu y Elil le siguieron a los pocos segundos. El dios del viento se adelantó hacia Lucy, guardando detrás de su espalda los dos pares de alas doradas.
Enlil era un ser extraño. El más impactante de los tres. Su piel límpida reflejaba todos los rayos del sol, demasiado puro, demasiado…perfecto. Su paso majestuoso no dejaba duda que él era el absoluto soberano de aquel mundo. Les contempló con aquellas pupilas del color del oro, y estiró su mano hacia la muchacha, sonriendo de una manera perturbadora, indicándole que se acercara a él.
Había algo que no le terminaba de agradar acerca del dios del viento. Quizás era esa forma de mirarla lo que le ponía de mal humor. Sintió la urgente necesidad de alejar a Lucy de aquel dios. Esos ojos dorados…
Como si quisiera…
Latis no se fiaba de la aquella sonrisa, ni el paso ominoso del elemental. Mucho menos le gustaba la forma en que Lucy le seguía con la mirada, hipnotizada. Se adelantó para quedar justo al lado de ella.
Como si quisiera poseerla
Por el rabillo del ojo vio a Ki, quien lo observaba detenidamente.
Enlil le hablaba a Lucy con tono suave. La melodiosa voz del dios le desagradaba aún más que su sonrisa.
- Ki me ha contado algo interesante acerca de tu amiga, la elegida de Ceres.
- ¿Marina?
- Cuando ella estuvo aquí, tuvo que enfrentarse con unos humanos que le perseguían. Ki le prestó sus poderes. Aun siendo incompatibles, tu amiga no murió. Resistió, y logró vencer a sus enemigos.
- Marina es muy fuerte. – dijo Lucy, sonriendo orgullosa por la anécdota-
- Por eso tengo grandes esperanzas en ti, elegida de Rayearth. Rayearth es actual líder de la trinidad de Céfiro. Así que espero que su elegida esté a la altura del soberano. A pesar que Rayearth sea, digamos, una deidad más… joven.
- ¿Líder? No creo que Rayearth, Ceres y Windam trabajen de esa forma. Ellos nos permiten luchan por el bienestar de Céfiro. Somos un equipo.
Elil quedó en silencio. Los ojos dorados brillaron con feroz intensidad. No se preocupó por debatir con Lucy.
- Dame tu mano, elegida
Latis se guardó el impulso de impedírselo. No quería bajo ningún concepto que el dios tocara a Lucy. Su reacción fue casi obvia, incluso se adelantó un poco y su mano se crispó como una garra. Sin embargo, sabía que no podía ceder ante su instinto. Esos dioses eran la única posibilidad que tenían de enfrentarse con Mavi-Alev.
El movimiento no pasó inadvertido para Enlil, quien desvió sus ojos de Lucy por un segundo, para volver de inmediato su atención a la chica. Depositó en su palma una galleta redonda, de color ceniciento. En relieve, se veían las figuras de dos hombres sentados en sillas, uno al frente del otro, sosteniendo con una mano un extraño objeto, parecido a un odre, del cual salían dos largas extensiones para facilitar la extracción del contenido, del que ambas figuras parecían beber al tiempo.
- Es el alimento de Dilmún, del templo del viento.
- ¿Dilmún? -repitió, sin entender qué era lo que le estaba ofreciendo-
- Es nuestro hogar. Un lugar donde la libre y el león pueden caminar sin miedos. Fuente del sol eterno y de las noches más cálidas. Es una tierra pura y luminosa. Si un mortal se alimenta de sus frutos, podrá elevarse al nivel de los dioses. Te obsequio ambrosía, para que puedas resistir la prueba que seguirá.
- ¿Qué prueba? – Preguntó Latis, amenazante-
Enlil le miró de arriba abajo, sin traslucir ninguna emoción, pero al responder, se dirigió a Lucy.
- Mavi-Alev debe ser detenido, pero no podemos cruzar el Nifelheim por nosotros mismos. Así como lo hizo aquel hombre que llegó hasta tu mundo, con Ki en su interior, tu deberás llevarnos al encuentro del dios de la llama azul.
Lucy dudó un segundo. Latis arrugó la frente.
- ¿Deberé hacer tres viajes? – Lucy ahora desviaba su vista hacia Ki, quien había cambiado su semblante cínico por una seriedad absoluta-
- No hay tiempo – dijo la diosa, arañando con impaciencia el piso- por eso hemos traído los regalos de Dilmún, uno por cada templo.
- Primero debemos ver si la elegida de Rayearth puede soportar a ese viejo elemental del viento – acotó Abzu, divertido- ya sabemos que la elegida de Ceres pudo hacerlo con Ki.
- La prueba es más que eso –aseguró Enlil- tu amiga logró controlar el poder que Ki le prestó por pocos minutos sin morir, pero esto será diferente. Muy diferente
- Puede que explotes primero–añadió Abzu, como si fuera un hecho seguro, que no le afectara en lo más mínimo-
- No lo hará –dijo Ki, igual de seria, devolviendo una fiera la mirada hacia Lucy, quien estuvo segura que si moría, Ki le devolvería del reino de los muertos sólo para poder matarla con sus propias manos- ¿Qué esperas niña? Cómelo de una vez.
Lucy observó con detenimiento la galleta que tenía en la mano. Sin mediar palabra y antes que Latis pudiera decir algo, la llevó a su boca, dándole un bocado. En poco, terminó de comerla. Volteó hacia Latis, para regalarle una sonrisa tranquilizadora, pero en vez de eso, su rostro cambió en una mueca.
- ¡Lucy! – Latis tuvo que sostenerla, al verla escurrirse, sin control de sus piernas-
Ella se doblaba de dolor, abrazando su estómago. Ambos terminaron en el suelo, de rodillas. Rígida entre sus brazos, Lucy no podía moverse. El dolor le había paralizado. Jadeaba. Latis comenzó a sentir la desesperanza apoderándose de su cuerpo, al no poder hacer nada para aliviar su suplicio.
- La…tis –balbuceó ella, apretando los ojos, tratando de no traslucir su sufrimiento, tratando de resistir-
Latis buscó ayuda con su mirada. Se encontró con los ojos inexpresivos de Ki y las ansiosas pupilas de Abzu. Pero lo que lo dejó sin palabras fue la transformación que experimentaba el dios del viento.
Enlil desaparecía en una fina tormenta de minúsculas y brillantes piedras, semejantes a la arena, que formaban una vorágine amarillenta, la cual se acercaba serpenteante hacia Lucy. Cuando esa corriente alcanzó la piel de la guerrera mágica, fue como si le hubieran dado vía libre para llenar sus poros de un solo golpe. El impacto estremeció el pequeño cuerpo de la muchacha, y su boca se abrió, emitiendo un grito agudo, que atravesó el claro, haciendo que los pájaros alzaran vuelo.
El grito parecía eterno, lleno de angustia, de infinita tortura. Los ojos de Lucy, fuertemente cerrados, dejaron escapar copiosas lágrimas, que siguieron el camino por sus mejillas llegando a ser degustadas por los labios, que blancos por el esfuerzo, se agitaban en un rictus extremo. El tenebroso sonido por fin cedió después de unos largos segundos, pero al apagarse, le siguió un temblor irascible, que con el tiempo sólo adquirió más fuerza. Se convirtió en un episodio de convulsiones terribles, que forzó a Latis a acostarle sobre la grama y colocar sus manos debajo de la cabeza para evitar que se golpeara contra el suelo.
¿Qué podía hacer? ¿Cómo podría ayudarla? ¡No podía seguir así! El miedo de perderla y de su imposibilidad de protegerla ante esa fuerza desconocida que parecía destrozarla por dentro le volvió violento. Miró hacia los elementales con odio, deseando estar en Céfiro para invocar tormentas y despedazarlos a ellos también.
- ¡DETENGAN ESTO! – gritó furioso, con el instinto asesino reverberando como agua hirviendo, pronto a salir a la superficie-
- Es un proceso que debe continuar. Es la única manera. – respondió Ki queriendo sonar ácida y elocuente, ocultando su preocupación- Ella es fuerte.
Latis no dudaba de la fortaleza de Lucy. Pero tal como había advertido Enlil, esto era distinto.
- ¡DETÉNGANLO! – gritó una vez más, presto a amenazar, listo al enfrentamiento-
Las convulsiones pararon, y el grito volvió. Esta vez Lucy se revolvía, como si el pasto fuera una superficie ardiente. Las piernas golpeaban el suelo y los brazos temblaban, con las manos apretadas, clavándose las uñas. La cara comenzaba a enrojecerse, y de los ojos cerrados, seguían saliendo lágrimas. Latis tenía las manos bañadas en lágrimas, las sentía resbalar entre sus dedos…
- ¡HAGA QUE SE DETENGA! ¡AHORA!
- No es posible…-comenzó Ki-
Latis se levantó y avanzó amenazante hacia los dioses. Ki siseó y extendió su brazo, pero se detuvo en el último segundo. Le dejó alcanzarla, pero cuando estaba a punto de agarrarle, Ki se movió suavemente hacia atrás, como si siempre hubiera estado allí. Abzu se apartó, sin ganas de intervenir.
- No quiere hacer eso, humano –aseguró Abzu con tranquilidad- Ki lo vaporizará en un segundo, y lo sabe.
- ¡DETÉNGALO! ¡DÍGALE QUE SALGA DE SU CUERPO!
- Es muy tarde – dijo Ki, haciendo un gesto con su cabeza hacia la chica-
El silencio atrajo su atención. Latis se apresuró a volver a su lado, y se arrodilló, para alzarle en brazos. Lágrimas y más lágrimas. Era lo único que había allí. Trofeos líquidos de una batalla que Latis no llegaba a imaginar. La sentía helada bajo la ropa, y temblaba por esa misma razón. Parecía que su cuerpo era sometido a todos los vaivenes de los elementos, uno tras otro, mientras su alma se aferraba en estado de desesperación a la carne, para evitar ser arrancada por la fuerza.
Lo ojos de Latis también se aguaron, a pesar de no querer mostrar ni un ápice de debilidad a los dioses. Era imposible que ese torrente de desesperanza no cayera sobre su ánimo, haciendo mella en la dura piedra que había elegido erigir hacia los demás.
Lentamente, Lucy abrió los ojos.
- ¿Quién...siguiente…? – dijo en un suspiro, llorando, con la voz partida-
- No hagas esto. – rogó él-
Latis no estaba seguro que Lucy estuviera del todo consiente. Su mirada se desviaba en el infinito, y sus palabras salían pegajosas, como si prefieran quedarse en su cerebro en vez de salir a la realidad.
- ¿Crees que Marina y Anaís estén en Céfiro? – preguntó, casi para sí misma- hace tanto que no las veo. Cómo quisiera…que estuvieran allá.
Las lágrimas seguían cayendo en una constante cascada, abundantes, llenas de una tristeza honda. Latis las limpió con delicadeza, acariciando su rostro
- Lucy…
- Ya no sé dónde buscarlas…y yo…-tragó saliva, tomando valor para lo que confesaría- quisiera verlas antes de…
Latis sitió su angustia. Ella no quería reconocerlo, pero intuía que esa empresa saldría muy cara.
Abzu se acercó, y observó a la pareja. Intercambió una mirada con Ki.
- Seré yo. – dijo arrodillándose para extender el alimento hacia Lucy- Obsequio de Dilmún del templo de las aguas subterráneas.
Latis le regaló una mirada cargada de asco, como si Abzu fuera una enfermedad.
- Yo la tomaré por ella –dijo-
- ¿Tu? –preguntó Abzu con una sonrisa diabólica en el rostro, alzando sus cejas, lleno de asombro por lo que acaba de escuchar- ¿Tu? Humano, no eres nadie. Ni siquiera posees el poder el hombre que llevó a Ki. No me hagas perder el tiempo.
- Podré resistirlo
- Morirás de inmediato. Además, no ensuciaré mi esencia con la de un simple humano.
Latis intentó tomar la galleta de las manos del dios, pero éste previó su reacción y sin miramientos, le envolvió en un remolino de aguas oscuras apartándolo de Lucy, para luego aplastarlo con ira contra el árbol más cercano. Allí quedó, inmerso, sin posibilidad de moverse. Un intento de grito se ahogó, tal como lo hacía el resto de él, sumergido en líquido.
Lucy se apoyó en los brazos, tendida en el suelo, y como pudo rodó sobre el pasto, para ver hacia atrás
- No…no…-balbuceó, respirando sin fuerzas-
Un impacto cortó el árbol en dos, y la magia que había usado Abzu, se evaporó en medio de un chasquido. Latis cayó, tosiendo y expulsando el agua que se había metido a sus pulmones. Lucy y Abzu vieron a Ki avanzar suspendida unos centímetros del suelo, al tiempo que mantenía el brazo extendido en dirección a la detonación que acaba de causar.
- Cómela niña –ordenó, señalando la galleta de aspecto insalubre que le ofrecía Abzu-
- Ki – dijo Abzu, arrastrando desidia en su voz-
La diosa se volteó hacia su par. Sin quitarle la mirada de encima, lo evaluó de arriba abajo.
- Los años en el templo submarino te han vuelto ciego, Abzu. Ella jamás te aceptará si matas a ese humano. Como tú mismo dices, estás perdiendo el tiempo. Y eso es lo que no tenemos. Ahora –dijo, volviendo sus ojos felinos hacia Lucy- come esa maldita cosa.
- ¡N..!
Latis fue silenciado de inmediato por una pared de llamas que se encendió formando un círculo a su alrededor. Lucy no pudo oírlo más. Dentro de esa prisión de fuego, Latis por enésima vez, deseó estar en Céfiro. Su espada se había perdido en Xios, pero en Céfiro al menos poseía magia. Intentó atravesar la barrera, como lo había hecho en el hogar de Akil. Se impulsó, pero el fuego de alguna manera lo empujó hacia atrás. Ki tenía buena memoria, y había aprendido a retenerlo
Escuchó el grito, de ser posible, era aún más terrible. Era un aullido…agónico.
- Entiendo – dijo la señora Harris. Lo haré.
- Gracias
La esperanza llenó el alma de Neferti. Había una posibilidad. Pequeña, pero se aferraría a ella hasta las últimas consecuencias.
La luz había atraído al bicho. Era una luz muy distinta, diferente a la posible apertura de una de las puertas. Sin embargo, hasta que los centenares de ojos fueron deslumbrados por ese fenómeno nunca antes visto en el Nifelheim, Noelle no reaccionó.
Su mente volvió a trabajar, de la manera más coherente que le era posible, pues aún veía los trozos de un firmamento azul y de dos enormes…¿robots? que se plantaban al frente del dios que había robado su cuerpo.
- ¿Nolly?
La voz la tomó desprevenida entre el inagotable silencio al que sorpresivamente se había acostumbrado. No reconoció a quién le hablaba. Como si fuera una fiera que un intruso hubiera pillado justo antes de saltar sobre su presa, se enfurruñó, aguardando por la siguiente acción que tomaría el forastero que osaba interrumpirla.
- ¿Nolly? No temas. Soy yo, tu madre. –la voz hizo una pausa, y tras no obtener respuesta, repitió con tiento, incluso con algo de temor- ¿Noelle?
¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué no respondía?
- ¿Noelle?
¿No le agradaba escuchar a su mamá, en aquel mundo desolador de oscura muerte?
¿Acaso el bicho había tomado algo más que su visión, que sus manos, sus piernas? ¿Acaso estaba fundiéndose con su…alma?
"¡Mamá!"
La palabra le inyectó fuerzas. No estaba sola. No estaba sola. Noelle existía, escondida entre las repugnantes arrugas de la piel sebosa.
"¡Mamá!"
¿Estaba llorando? ¿Cómo saberlo? El bicho no tenía glándulas para eso. Las lágrimas eran un alivio líquido al abandono, al aislamiento, un lujo que la enorme babosa no necesitaba; pero sin embargo, de alguna manera sollozaba, con una alegría amarga, feliz de demostrar que continuaba siendo humana.
- Nolly. Escucha. No puedo estar mucho tiempo. Dudo que pueda volver a ti, por un largo tiempo. Nuestro vínculo se rompe a medida que te…transformas.
Un escalofrío, creado de puro e indivisible terror estremeció a Noelle. En el fondo lo sabía. Sabía que estaba ocurriendo. Ella desaparecería entre los órganos extraños del bicho, y su conciencia sería absorbida para obedecer a su amo, el que ahora gobernaba sobre su destino, de la forma más absoluta posible.
- Pero hay una oportunidad –continuó- Es peligroso, puede que no lo logremos, pero ¿Estás dispuesta? Necesito que confíes en mí…. Y en alguien más.
No lo dudó un instante.
"Así tenga que ofrecer mi vida, mamá. Aunque incluso ya ni siquiera tengo claro si me pertenece."
- Ella te espera en la luz. Confía Nolly. No olvides quien eres. No me olvides. El bicho intentará reducirte. Estaré contigo lo que más pueda, siempre escucha mi voz, pero si me pierdes, aférrate a nuestros recuerdos. Recuerda Noelle, recuerda lo que es ser humana.
Noelle avanzó hacia la luz, escuchando el dulce y cálido sonido de la voz de su madre, pero al poco tiempo, quedó petrificada. La babosa odiaba la luz, incluso, le causaba dolor físico. Su piel grisácea perdió el líquido amarillento que la recubría, evaporándose, desprendiendo un olor putrefacto y dulzón, como el de la carne en descomposición. Sintió las arcadas subiendo por la garganta, mientras el ácido que anticipaba al vómito inundó su boca. No podía soportar el hedor, y menos sabiendo que provenía de si misma. La imagen vívida de una oruga blancuzca, friéndose sobre una paila caliente hizo que no pudiera contenerse más. De su boca plagada de filosos dientes salió una mezcla de pus verdoso, que de sólo verlo le causó mayor impresión. El asco le estaba enloqueciendo. Necesitaba volver a la oscuridad, donde no distinguiría su horrendo cuerpo ni los asquerosos fluidos que salían de ella.
- ¡No! ¡Contrólate Nolly!
La voz de su madre se escuchaba lejana, ajena a toda esa inmundicia que le escurría de la mandíbula.
Volvería, sólo un momento…
- ¿Recuerdas nuestra casa? Teníamos un pequeño jardín en la parte de atrás. Yo era pésima en la floricultura, pero después de muchos intentos, logramos que germinara una enclenque ramita de lirio
Ardía. Su sangre parecía hervir. Se quemaba. SE QUEMABA
- Recuérdalo, eres humana. La luz no te daña. Recuerda el lirio, recuerda que saliste a primera hora de la mañana, con los rayos del sol despuntando, y me llamaste para verlo abrirse. Tú y yo, sentadas bajo el sol.
No era cierto, la luz era su muerte. Una muerte reciclada que no pararía nunca, que le derretiría por dentro. Vomitaría sus entrañas apelmazadas en un fluido purulento, y al llegar al piso se cocinarían soltando burbujas de sangre y materia…
- ¡Nolly! ¡No regreses!
Soy un insecto repugnante y cobarde. No puedo hacerlo, no soy tan fuerte
- ¡Eres humana! ¡La más poderosa! Eres MI HIJA. SÍ PUEDES HACERLO. DIJISTE QUE LO HARÍAS
Así me cueste la vida
El lirio. Blanco y delicado. Su olor fresco, lleno de rocío de la mañana.
Mi vida me pertenece
- No dejes que te controle, ¡ya lo ha hecho demasiado! ¡Recuerda!
MI VIDA ME PERTENECE
El lirio. Lo vio allí, en medio del vacío luminoso. Brillaba incandescente, más fuerte aún que el tenebroso resplandor que momentos antes había creído su perdición.
Pero quizás lo más maravilloso de todo era que ella...era ella. Tenía un cuerpo humano. Se miró extasiada los brazos, las manos. Tocó su cabello rubio sin poderlo creer. En medio de una carcajada frenética se llevó las manos a la cara, pellizcándose las mejillas. Lágrimas de alivio mojaron la punta de sus dedos. Cayó al suelo, que le recibió esponjoso, lleno de pasto suave que le hacía cosquillas a sus piernas. Sin creerlo, siguió riendo como una loca, tocando su piel y el largo traje de seda negra con el que mágicamente estaba vestida. Tocó los centelleantes topacios que enmarcaban el escote del vestido, deslizó sus manos por la falda, que caía elegante sobre sus piernas, y volvía a tocar su piel, ¡su piel! no esa hediondez grisásea a la que estaba condenada.
Poco a poco, su éxtasis aninoró, y volvió a concentrarse en el lirio, que parecía invitarla a acercarse. Se levantó, sintiendo sobre los pies desnudos el contacto exhuberante de la grama húmeda. Caminó lentamente hacia la flor, deleitándose en la sensación, como si sus pulmones aspiraran luz en vez de aire. A lo lejos, enormes montañas azules, de altos picos nevados rodeaban la planicie verde. El sol salía tímido, perezoso, recortando su figura por el horizonte, y una estela fina llena de relucientes partículas, iluminó sus pisadas. Al llegar al lado de aquella solitario lirio, se arrodilló con un sentimieto de misteriosa adoración. Sentía que la planta era un regalo solitario de la enorme pradera, especialmente para ella. Le acarició. A su nariz llegó un aroma límpido, que le recordaba esas mañanas felices de su niñez.
Pero una inquietud extraña crujía en su interior: ¿era su imaginación? acaso el lirio aceptaba su contacto, ¿pero en realidad su caricia le causaba dolor? ¿estaba tor..torturándolo? ¿Su roce era equivalente a sumergir la bella flor en ácido?
- Bienvenida, elegida del dios de la llama azul
Dió un respingo, pues no había escuchado ni visto a nadie a sus espaldas. Era una voz joven, que cargaba cierto eco, como si estuviera en un espacio vacío.
Se volteó. Una hermosa mujer vestida con un largo vestido blanco, de delicada seda le observaba con precaución. Su cabello, también del color de la nieve, se trenzaba en dos partes, cayendo sobre su pecho, atado con listones de rojo intenso. La yuxtaposición de colores le llamó la atención. Ella negra, la otra, blanca...como el lirio.
- ¿Quién eres?
- Soy Neferti. Quisiera ayudarte con tu venganza...y que me ayudes con la mia.
El eco de sus palabras resonaba en paredes inexistentes. Nerviosa, Noelle miró de un lado a otro. ¿Dónde estaba realmente?
- ¿Mi venganza? – repitió, insegura que hubiera escuchado bien-
- Mavi-Alev te ha causado cientos de muertes inconcebibles, te ha manipulado, te ha robado tu cuerpo. ¿No deseas venganza?- preguntó, confundida-
- No sé- dijo indescisa, recordando el odio, ¡el placer! que había sentido al asesinar a Eliott. Eso había sido venganza en su más pura expresión. ¿y esa muerte dónde le había conducido? a ser un horripilante insecto, encerrado en su propia telaraña. Sin embargo, cuando pensaba en el maldito dios de la llama azul...- sólo quiero salir de ese infierno negro -respondió, sin saber si estaban probando su arrepentimiento-
- No puedo ofrecerte eso, y no sé si sea posible.
- ¿Estás diciendo que no hay salida? – gritó con furia- ¿¡por qué me muestras esto entonces!? ¡No me engañes con absurdas ilusiones de una vida que no puedo tener!
- ¿Tu madre no te dijo que confiaras? - espetó Neferti, mirándola de arriba a abajo-
Noelle contuvo su ira. El viento era más fuerte, y la temperatura decrecía. El paisaje esaba cambiando. Una tormenta se acercaba, galopando como un corcel embravecido. Sintió frío. Un frío que se colaba en los huesos.
- Mavi-Alev te escogió bien. Cuento con tu poder, con el poder del fénix de llamas azules, el poder del que renace. Quiero que te conviertas en su pesadilla.
Comenzó a llover. El viento sacudía el vestido blanco de Neferti, y enormes gotas negras manchaban su tez, dejando rastros cenicientos, de hollín oscuro. Un relámpago cruzó el cielo y el estruendo del impacto estremeció la tierra. En poco, esas cenizas opacarían el verde, se tragarían el amanecer, engulléndolo en sus fauces, al ritmo constante del destino oscuro que deseaba alcanzar a Noelle, inexorable.
- ¿Cuál es tu venganza? ¿Por qué me dices esto?
- Mavi-Alev también me lo ha quitado todo.- dijo apretando las manos, cerrando los ojos con fuerza. Cuando los volvió a abrir, estaban brillantes, como un recipiente que habieran llenado hasta el tope de pequeñas gotas de sufrimiento- Todo lo que puedo hacer ahora es ayudar a mover los hilos, con la esperanza que sean lo suficientemente fuertes para que se ahorque si trata de evadirlos.
Neferti decía todo esto sin un rastro de odio. En su tono sólo había profunda convicción. Era un deseo que iba más allá de cualquier mundanidad. Noelle sintió una repentina admiración por su interlocutora, avergonzándose de su autocompasión.
Las gotas negras seguían cayendo, el cabello de la extraña mujer ahora era completamente negro. Noelle ya no distinguía la pradera, la oscuridad estaba cerniéndoce sobre ellas, haciéndose poderosa, palpable para ambas.
- No tenemos nada - aseguró de forma enigmática- Y tampoco tenemos nada que perder. Muerte, si, eso es lo que nos espera. Pero también podría haber victoria. No tengo redención para ti, no te ofrezco recuperar tu vida. Sólo quiero que pelees.
La mujer extendió su mano hacia ella. En su palma reposaba un objeto pequeño, que no acertaba a distinguir.
- Muerte y victoria - repitió Neferti-
En el campamento Cefiriano, Clef pretendía escuchar el informe de Presea. Apretaba el báculo de tal forma que la sangre había huido de sus dedos, dejándolos blancos.
¿Qué era eso? Esa cosairradiaba un poder similar al de los genios de las guerreras mágicas
- Clef, sé que está ocurriendo algo grave. Los soldados hablan de monstruos creados con tormentas. ¿Clef?
La miró, lamentando su distracción de asuntos que apremiaban, pero…
Pero cualquier estrategia, cualquier camino que tomaran, no serviría de nada si esa cosa, de la que emanaba un terrible poder maligno, lograba triunfar.
- Debo pedirte algo – Guruclef se tragó sus dudas y siguió su instinto- Es muy importante.
- En lo que pueda ayudarte, daré todo de mí para cumplirlo, Clef.
- Me has acompañado en esta cruenta guerra desde el inicio, siempre has estado a mi lado. Has infundado esperanza en los que están combatiendo, y has demostrado, junto con Caldina, Ráfaga y Artego, ser una excelente líder. Gracias a tus habilidades hemos podido dotar al ejército primerizo de Céfiro con buenas armas para contrarrestar los extraños artilugios de Xios.
- ¿Por qué me dices todo esto? –preguntó Presea, extrañada por el discurso de elogios que recibía-
- Sabes la estrategia a seguir, ¿verdad? Lo hemos discutido varias veces- enfatizó suavemente-
- Si, pero…Clef, ¿Qué estás insinuando?
- Debo irme.
Le observó palidecer. La armera le observaba extrañada, en medio de la sorpresa y el miedo.
- ¿Qué ocurre? ¿Tiene que ver con lo que han contado los soldados que está pasando cerca de la costa? ¿Están Marina y Anaís en peligro?
El mago asintió despacio. En silencio, ambos bajaron la cabeza. El día ya estaba oscuro, arremolinado, pero en ese instante, a ambos les pareció que una sombra negra avanzaba por la tierra. Era una sombra premonitoria, que delataba lo que Céfiro estaba viviendo.
- ¿Acaso Lucy ha vuelto? – dijo Presea, rompiendo el presagio mudo que la naturaleza les contaba acerca del destino del planeta-
Lucy. Clef también se había preguntado varias veces por la suerte de ella. Sin Lucy, Rayearth permanecía quieto, en su dimensión. No había nadie que lo invocara. El poder combinado de las tres chicas del mundo místico quizás les daría una oportunidad contra ese indescriptible ser, pero Lucy seguía perdida, alejada de Céfiro por su propia mano, y su paradero era desconocido.
Tampoco tenían noticias de Latis, Paris y de la sacerdotisa Neferti. Permitir ese viaje a Xios había sido un error tremendo. No debido a que le había proporcionado a Xios una excusa para atacarlos con el famoso robo de los makinessi, ya que Clef sabía de antemano que ese planeta fraguaba alguna traición; sino porque había enviado a tres personas a una empresa imposible, dejándolos expuestos a la sevicia de una nación inescrupulosa y violenta, todo por enmendar el destierro al que él había sometido a las guerreras mágicas.
¿Estarían con vida? Paris se había unido a esa empresa sólo por encontrar a Anaís, pero la guerrera del viento estaba en Céfiro, así que intuía que no se había podido encontrar con ella. Si no era así, entonces, ¿Qué había ocurrido con ellos?
- No. Lucy no ha llegado a Céfiro, y desconozco su suerte.
- No te mortifiques más, por favor – pidió Presea al escuchar el tono del mago- estabas defendiéndonos a todos, y Ascot hubiera muerto sin tu intervención. No debí preguntarte eso, discúlpame.
- Está bien, Sierra – aseguró GuruClef, mirándola con seriedad. Ella abrió sus ojos con sorpresa al escuchar su verdadero nombre- sé cuánto aprecias a Lucy. Pero precisamente es por eso que debo ayudar a Marina y Anaís. Su enemigo, es…muy fuerte. No quiero que las guerreras mágicas, quienes ya han arriesgado su vida varias veces por nosotros, mueran en una batalla que no es su responsabilidad. Por eso, Sierra, ¿Podrás dirigir nuestro ejército según lo planeado?
La armera se paró firme, y sin dudarlo, asintió con vehemencia
- Lo haré, pero debes prometerme algo Clef
- ¿Qué cosa?
- No mueras –dijo reprimiendo las lágrimas-
"Les daré tiempo para escapar"
Esas habían sido las últimas palabras con las que Ascot se había dirigido a Freya, antes de precipitarse por los pasillos del renqueante castillo de Céfiro, que crujía bajo el ataque de una de las enormes naves de Xios.
No lamentaba haber tomado esa decisión, a pesar del sitio en que ahora estaba; sin embargo, lo que si llevaba en su memoria era ver a Marina aparecer en medio de un remolino brillante de magia, el cual nunca creyó capaz de lograr, sin que él pudiera abrazarla, o si quiera dirigirle la palabra.
Había invocado a dos de sus amigos, quienes bajo su mando, embistieron contra la nave Xiosana con toda su fuerza. Sin embargo, no contó con la violenta respuesta de los invasores. Sus dos amigos ahora habían desaparecido, asesinados con saña en frente de sus ojos: Kotorau* recibió una descarga sobre sus alas, y se precipitó a tierra, pero aun así, siguió luchando, enviando ondas en la misma frecuencia que el casco de la nave, causándole destrozos en numerosas partes, pero no pudieron ver el rayo proveniente de otra nave que hizo su brutal aparición por la espalda, el cual le partió en miles de pedazos. Al ver aquello, Oroshi** y Ascot se enardecieron de venganza, y atacaron con toda la potencia que la magia de uno y la fuerza del otro.
Más de nada sirvió. Los enemigos les rodearon, y acribillaron a Oroshi con potentes rayos naranja, que le atravesaron la carne.
Ascot gritó desgarradoramente mientras Oroshi se desangraba. Se abrazó al enorme cuerpo de su amigo, y deseó con toda la fuerza de su corazón ser más fuerte, convertirse en un invocador que no tuviera necesidad de llamar a sus amados compañeros, a sus queridos amigos para librar sus batallas.
Oroshi cayó sobre el pedregoso suelo que circundaba el palacio y al hacerlo, su cuerpo comenzó a enfriarse, al tiempo que Ascot seguía gritando y llorando, aún poseído por la impotencia y la ira, abrazado al cuerpo del que otrora había sido su buen amigo.
Fue allí donde sintió que su llanto resonaba de forma distinta. Sus ojos, cegados por las lágrimas se abrieron por completo. Oroshi había desaparecido, la nave de Xios había desaparecido. ¿Eso seguía siendo Céfiro?
Se levantó del suelo. Estaba en medio de una verde planicie, rodeada a lo lejos de una larga cordillera de montañas azules, en los que podía ver la nieve rematando sus picos, salpicando de blanco los sinuosos pliegues. Desde su posición, algo elevada, veía varios lagos cuya agua estaría helada, enmarcados por hileras de pinos que juiciosos se ponían uno detrás del otro para mantener la armonía del frío paisaje.
Sin más que hacer, Ascot se tragó su tristeza y comenzó a deambular. Al poco tiempo de comenzar a caminar, cayó la noche, a pesar de poder jurar según la posición del sol que acababa de despuntar la mañana. La noche fue inmensamente larga, tanto, que perdió la cuenta, pero por una misteriosa razón, durante ese lapso, nunca sintió hambre ni cansancio. La temperatura también fue incrementándose, al punto que se sintió cómodo acostándose en la mitad de esa pradera, dejando que el pasto fuera su mullido colchón.
Lloró de nuevo, sintiéndose solo como nunca. ¿dónde estaba? ¿por qué había sido conducido allí? ¿cómo era posible que únicamente el llegara a ese hermoso pero desolado lugar? ¿por qué justo cuando había logrado recuperar a Marina y Anaís, ahora él era el perdido?
Poco a poco, Ascot se fue durmiendo. En sus sueños, estaba rodeado de miles de brillantes puntos de luz dorada, que le susurraban palabras en una lengua desconocida, pero que él, podía entender a la perfección.
Despertó con las chispas delicadas de la aurora. Suspiró, tratando de ser fuerte y no desesperar. Tenía que regresar, no podía seguir allí, tenía que volver a Céfiro. Se incorporó, sacudiéndose la tierra y el pasto de su traje y volvió a emprender el camino.
El día era frío, muchísimo más que la noche. El viento fue tomando fuerza, trayendo consigo un aroma floral, a pesar de que no hubiera ningún brote cercano. El aire cada vez era más álgido y el cielo comenzó a oscurecerse. Nubes grises aparecieron en el antes límpido firmamento, y sin ningún aviso más que un centelleante rayo, comenzó a llover.
Ascot vio con horror que la lluvia era negra, llena de ceniza. Se miró las manos, manchadas, llenas de ese líquido anormal que dejaba pequeños residuos negros, con el corazón latiendo con fuerza, palpitando de miedo. Su traje resumía esa sustancia, que más parecía extraída de algún volcán, que lluvia verdadera. Era perturbador. No quería verse así, lleno de esa lluvia extraña, impregnado de esa oscuridad que teñía de oscuridad la otrora verde pradera.
Entonces, de súbito, la vio. Una mujer, ascendía con dificultad desde el valle hacia su posición. Tenía un largo vestido, que al igual que el suyo, se había manchado con la cenicienta lluvia. Venía concentrada en sus pensamientos, por lo que al alzar la cabeza, y verlo petrificado en la cima, la mujer paró de inmediato. La lluvia le escurría por el cabello plateado, y por su pálido rostro bajaban largas líneas negras desde la cabeza, haciéndola parecer alguna actriz de una tragedia renacentista. Ascot pudo notar en su expresión corporal que ella estaba aún más perpleja que él.
No podía verla con claridad, pero había algo familiar. Estaba seguro de haberla visto antes. ¡¿pero dónde?!
Ascot avanzó, descendiendo por la suave pendiente, hasta llegar a pocos metros. La lluvia se detuvo, tan fácil como había llegado. De su paso, quedaban manchones negros por todo lado, como si un pintor hubiera regado tinta negra sobre su óleo favorito.
- No es posible – dijo la mujer-
- Ho...hola. Disculpa, eres la primera persona que veo aquí. ¿Podrías decirme dónde…?
- ¡Ascot!. ¡Ascot! – gritó la mujer, con una sonrisa perturbadora en aquel rostro ceniciento-
- ¿Cómo sab…?
Entonces su cerebro se iluminó. El cabello era lo que le había confundido, ya que el recuerdo no correspondía con la imagen que estaba viendo, pero su acento, era inconfundible, pues era el mismo de Freya, a quien había escuchado durante largo tiempo. Neferti. ¡Era Neferti!
NOTAS DEL AUTOR
Bueno, espero haber compensado en algo la larga ausencia. Las tramas se van uniendo y nos acercamos al descenlace. Quiero dar las gracias a las personas que dejaron su review, y que me animan a continuar con sus palabras:
LucyKailu (ah! no hay mejor halago que servir de inspiración. Muchísimas gracias por la observación a la redacción, estoy tratando de cambiar ciertos vicios que tenía, aunque creo que necesito seguir leyendo manuales XD. La escenita del beso hace rato que quería escribirse, porque no hay mejor reconciliación que algo así tiernito pero ardiente. Y...ugh...acerca de la espera...los tres meses se convirtieron en...mejor no contemos los meses)
Letuka (Mil gracias! ya saben que es imposible que no me desviva por mi pareja preferida, tenía que darles un espacio para esa necesaria reconciliación. Gracias por tus halagos, precisamente trato que la historia sea entretenida y que los personajes no entren y salgan de la trama sin pena ni gloria. Trato, dije trato, esperemos que la suerte em acompañe :P)
Bermone (Gracias por tus reviews, que emocionante leerte doble jejeje. Si, Quería darle a Anaís un buen papel, Céfiro significa viento, por lo que sería justo que ella tenga muchísmo poder. Clef la tiene complicada, con tantos frentes que atender, vamos a ver si sale airoso de la prueba, y Marina, pobre de ella, se le van a complicar las cosas muy en breve)
etzel47(y las batallas llegaron y se quedarán un ratito, muchas gracias por tu review, esperanza siempre hay, pero la cuestión es lo caro que puede costar mantenerla)
El Grinder(ya te he dicho que tus reviews son motivo de alegria y miedito no? Me encanta tu crítica honesta, muy pocos se toman el tiempo para escribir lo bueno, lo malo y lo feo. Gracias por tu descripción acerca de lo maravilloso, como he dicho, me parece que el poder de batalla de los tres elementos debe ser igual. No es justo que a Anaís se la vea como un elemento de defensa nada más. Acerca de los peros...bueno, muchas de las cosas son cuestión de paciencia y de desenlace. Si bien ya he dejado claro que es Mavi-Alev, aún falta el desarrollo del porqué Xios firmó el pacto con el dios y qué alianza fue exactamente la que firmó. Paciencia, ya llegará una explicación, pero gracias por la crítica, porque sin ser así, era posible que le dedicara menos líneas de las que mereciera, porque ya sabes, mi gran defecto a veces, es que me da prisa -sin reirse, ya sé que el concepto de "prisa" es difuso en un fic de 30 caps y contando, pero así es XD)
Ascella Star (sis! que bueno verte por esto lares. Y por favor deja de leerme la mente que me hace quedar mal con el público jajajaja. (Mi) Latis divino, tenía que rifarsela ahí o si no cuándo! Me alegra que el fic siga manteniendo la atención, me cuentas este double cap a ver que tal)
Okamiaka (Ni peinados ni alborotados los dejaré jajaja. Sé que dije que los primeros días de Enero, luego que el 21, pero aquí estoy. Muchas gracias por tus mensajes y sigo diciendo que la presión siiiirve. Espero me cuentes que tal te parece)
Obivamente doy las gracias a quienes colocaron a "Es tan sólo tu imaginación" de favorito. Por su apoyo, muchas gracias. Los favoritos hacen que más personas lean la historia, y que mi corazón se ilumine, así que MIL GRACIAS: , Gabyhdzd, Prescea guerrera magica, Gatita Kon
Finalemente, a los lectores silenciosos, gracias. Espero me dejen saber que existen. Ya saben que es lo único que le da a uno ánimos para seguir publicando.
Un abrazo!
