ok...yo de nuevo, esperando los tomates que con razón estaban preparando desde que el fic no tiene actualización. Pero ya he dicho que los fics (todos ellos) tendrá un final. Y por eso aquí estoy.

¿resumen? Listo. Es justo, ya que no deben acordarse a qué iba toda esta parafernalia. Me perdonarán les pido que se remitan al capitulo 29, y hago un resumen de lo que ocurrió en los cpas 29 y 30.

EN CAPÍTULOS PASADOS DE "ES TAN SÓLO TU IMAGINACIÓN"...

Lucy y Latis (dejando a Paris y Akil atrás, debido a la prisa de Ki por regresar a su mundo y coordinarse con los otros elementales para hacer frente a Mavi-Alev) llegan al mundo de Enlil, Ki y Abzu. Allí, los dioses los dejan solos para traer consigo los "obsequios de Dilmún" que aparentemente les ayudarán en la confrontación. Lucy y Latis por fin aclaran el malentendido que presenció Lucy, donde creyó que Latis estaba enamorado de Neferti. En la mañana los dioses llegan y le refieren a Lucy que debe prestarse para transportarles a Céfiro al mismo tiempo. La posesión de los dioses causa un enorme dolor a Lucy, y Latis intenta interferir para detener el proceso, a lo cual Ki le encierra en medio de llamas.

Mientras en Céfiro, Marina sale del océano, habiendo fallado en evitar que los árboles se implantaran en el templo de las aguas para ayudar a Anaís, ya que Ceres le confía que Mavi-Alev matará a Windam y a Anaís consigo si no hacen algo. Clef le advierte a Marina que el dios es una entidad muy poderosa y que posiblemente nada en Céfiro pueda con él. Marina desoye sus palabras y corre a auxiliar a Anaís. Debido a que Marina desoye el consejo de Clef, éste cede el mando de las tropas Cefirianas a Sierra para ayudar a las guerreras mágicas.

Neferti hace contacto con múltiples personajes:a su prometido Akil le dice que debe ir a reunirse con la madre de Noelle en la Tierra y que Paris debe ir a Céfiro.

Gracias a un enorme cerezo plantado en el jardín de la institución donde se encuentra la catatónica madre de Noelle, Neferti logra convencerla que le ayude para hablar con su hija antes que ella enloquezca dentro del bicho, pues requiere de alguien que la convenza para que le escuche. Neferti pregunta a la señora Harris si conoce qué es Yggdrasil. Por fin, Neferti logra una audiencia con Noelle, transportándola a un paisaje extraño donde tienen una conversación y le hace entrega de algo que según la sacerdotisa, ayudará a su venganza. Noelle se convence que aún su tiempo no ha terminado y que su dolor puede servir para un propósito.

Luego de la conversación con Noelle, Neferti se encuentra con Ascot, quien aparece allí de manera misteriosa luego de enfrentarse a la nave de Xios


CAPÍTULO 31. YGGDRASIL

¿Tú también, Bruto, hijo mío?

- Julio César

La figura que Anaís veía en el firmamento a algunos metros de distancia, era como un fuego fatuo. Una llama azul suspendida, impasible ante el embate del viento, que se deleitaba en verla dudar.

El recuerdo de la eterna oscuridad del Nifelheim le hundió los sentidos, aguijoneándole el valor y destrozando el arrojo que acababa de demostrar sobre la nave Xiosana. Pudo sentir una vez más las dentelladas sobre sus piernas, los dientes clavándose en su piel, la sensación de ser el alimento de un ser cruel, despiadado, el cual disfrutaba con su sufrimiento.

El corazón comenzó a palpitar desaforado en su pecho. No quería admitirlo, pero tenía mucho, muchomiedo. Sudaba frío. Si esa llama se acercaba más, dejaría de existir como la guerrera mágica que era, como Anaís Hououji. Se convertiría en una piltrafa que temblaría ante la presencia del dios, sin poder enfrentarle.

- Windam –susurró, cauta, sin perder la mirada hacia la criatura que presentía, le sonreía. Necesitaba escuchar la voz de alguien más para no perderse en aquel pánico, para no dar rienda suelta a ese horror-

- No hay que dejar que se acerque –advirtió el elemental- o será nuestro fin

- Yo…yo… –tartamudeó-

- Esta bien tener miedo, Anaís.

Mavi-Alev giró su cabeza en un rictus de marioneta, con una expresión de suficiencia plástica, que le provocó un escalofrío. Sentía su mirada fija, sentía su dominio cruzando los cielos, invitándola a permanecer quieta. Quieta mientras se acercaba, quieta mientras sus dientes rasgaban, quieta mientras halaba sus tendones, rompiendo sus músculos, mientras sus venas colapsaban en una fuente roja, que teñirían esa boca hedionda, puntiaguda, que bañaría de escarlata su traje, empapándose de la vida que Mavi-Alev le arrancaría a grandes y ansiosos mordiscos.

- Pero no dejes que el miedo decida por ti.-dijo Windam, rompiendo sus oscuros pensamientos-

El dios de la llama azul desapareció de su vista. Anaís le buscó de un lado a otro, con el pulso alborotado. ¿Dónde estaba?¿Dónde estaba? Era demasiado rápido. Su instinto le advertía que se lanzaba sobre ella, pero no podía distinguir desde dónde atacaría. El aire había cambiado su flujo, y ahora la enorme tormenta que ella y Windam habían provocado se cernía sobre ellos.

- ¡ANAÍS! ¡CUIDADO! ¡A LA IZQUIERDA! –gritó una voz familiar, a sus espaldas-

Se movió automáticamente, haciendo caso a aquel inesperado salvavidas, sintiendo cómo la ruina había pasado muy cerca. Giró de nuevo, tratando de rastrearlo, pero ella continuaba como si le hubieran puesto una venda sobre los ojos, que ardían ante el esfuerzo y el viento helado. La ráfaga que había esquivado siguió su curso y se perdió en el cielo de Céfiro que oscuro y tormentoso, tembló, absorbiendo la energía del ataque.

Anaís volteó a ver a Marina que se situó a su derecha. Ambas intercambiaron un breve asentimiento y una sonrisa, pues no había tiempo para nada más. Sabían que debían estar alerta. Mavi-Alev era un enemigo formidable. Pero la compañía de su amiga lo cambiaba todo. Todo.

- ¡ALLÁ! – Marina señaló hacia un punto, que se movía rápido, saltando en trayectorias curvas-

La guerrera del agua alistó su ataque, y Anaís hizo lo propio. Ambos poderes salieron al tiempo, enlazados en una espiral verde y azul que impactó directamente contra su objetivo, que debía, que se suponíaque le haría daño. Sin embargo nada de eso pasó, nunca perdió su agilidad. Ambas vieron al dios acercarse a toda velocidad, directo hacia ellas.


La pared de llamas se extinguió, dejando a Latis libre para acercarse a Lucy, quien temblaba sobre la hierba. Le tomó con cuidado, y le apartó el cabello de la cara. Su rostro estaba lívido y helado, sus ojos intensamente abiertos, fijos, como si quisiera declararle al cielo su dolor.

- ¿Lucy? –le llamó, mientras la sentía estremecerse bajo sus brazos-

Ella no se inmutó. En aquel cuerpo cuatro voluntades: tres dioses y una guerrera mágica residían sin que ninguno pudiera tomar pleno control de ese enredijo de órganos, nervios y venas que era el catatónico cuerpo de Lucy.

- Devuélvanla –ordenó con un gruñido sordo mientras la mecía en su regazo como a una niña pequeña-

Le llamó de cientos de maneras, acarició sus mejillas, apretó sus manos, pero Lucy no respondía. Su boca trataba de emitir sonidos, pero los dientes castañeaban, hasta que impactaron la lengua, de la cual brotó un hilito de sangre que se escurrió por la barbilla.

- Devuélvanla-repitió con mayor contundencia, con su voz golpeando el aire-

Latis sentía una rabia primaria agolparse en su garganta, queriéndose transformar en un hechizo mortal contra el mundo, contra todos los malditos mundos. De nada serviría todo aquello si la perdía. No podía perderla. No podía. No lo permitiría.

Las convulsiones se volvieron más fuertes, lo que le obligó a dejarla sobre la grama, y girar su cuerpo para que quedara de lado, tratando de no interferir con sus movimientos. Al ver que la cabeza daba pequeños golpes contra el pasto, se quitó la camisa y la enrolló bajo su nuca, para evitar que se lastimara. Comenzaba a desesperarse, pues no sabía qué hacer para aminorar su dolor. Tenía unas enormes ganas de abrazarle, de transmitirle calma, pero temía empeorar la situación si la movía. La crisis duró mucho tiempo, durante el cual Latis le vigiló de cerca, impaciente, dando vueltas embrollado en sus pensamientos, considerando en el paso a seguir si ella no se recuperaba pronto. Sabía que Lucy tenía aún en su poder el makinessi que la diosa le había robado a Akil…¿debería intentar cruzar hacia Céfiro? ¿O debería desobedecer los deseos de esos dioses que en su increíble egoísmo habían arremetido contra su guerrera mágica como si su vida no importara? ¿Podía garantizar que una vez llegado a Céfiro los dioses saldrían pacíficamente del cuerpo de Lucy? ¿Qué ocurriría entonces? No podía quedarse allí, desmeritando el sacrificio y la tenacidad de Lucy, pero viajar entre los mundos implicaba pasar por el Nifelheim y sin un rumbo exacto, sin la brújula, sería darle la oportunidad al bicho de matarlos…

Su atención se desvió de aquellas diatribas, puesto que una fuerte luz dorada refulgió rodeando el suelo alrededor de Lucy, quedando ambos inmersos en ella. Poco a poco, la figura de un círculo perfecto apareció con claridad, y varias líneas emergieron de la nada, armando complicados símbolos, como si una mano invisible estuviera dibujándolos desde las entrañas de la tierra.

Al mismo tiempo, cesaron las convulsiones, y Lucy se quedó quieta en la posición en que Latis le había dejado. La luz brillaba con la intensidad del mismo sol, deslumbrándole, haciendo que los rasgos de la guerrera se difuminaran, que todo su cuerpo se recortara como una silueta traída desde los cielos, que estuviera emanando esa terrible aura.

- Céfiro –dijo una voz surrealista, saliendo de los labios casi cerrados de la guerrera mágica-

La luz les rodeó por completo, y en menos de un segundo se encontraron envueltos por las sombras etéreas del Nifelheim.

Sin dudarlo, Latis alzó a Lucy en brazos, para alejarla de la negrura y el vacío; en el mismo movimiento, cargó su camisa que había quedado descansando en el suelo brumoso y helado del mundo entre los mundos. Al hacerlo, levantó una nube surreal de pasto que había sido transportado con ellos, al igual que algunas plantas desafortunadas, condenadas a morir de inanición. Aquellos vestigios verdes comenzaron a esparcirse, flotando en la oscuridad, arrastrados suavemente como si aquel espacio fuera el fondo de un sórdido pozo de aguas oscuras, donde fueran a terminar los despojos de lo que ya nadie quería ver en la superficie.

Lo dejó de momento, mirando hacia todos lados, alerta, esperando escuchar el fangoso sonido del bicho acercándose. Desconfiaba de ese silencio absoluto del Nifelheim, y de su olor metálico, inerte, que se pegaba a la piel dejándola igual de congelada como el tiempo que trascurría en el. En un reflejo, apretó a Lucy contra su pecho, para protegerla de la oscuridad rampante. La muchacha tenía los ojos muy abiertos y las pupilas dilatadas. Se fijó en su mejilla derecha donde un moretón conquistaba una parte de su piel, como si de un momento a otro, Lucy hubiera recibido un golpe de frente. Arrugó la frente ¿Cómo se había hecho eso?

- Muévete hacia la puerta –dijo la voz llena de ecos que emitía Lucy, manteniendo su inexpresiva pasividad, moviendo sólo los músculos necesarios para articular las palabras, pero sin acompañarlos de ningún gesto, ni de la luz de sus ojos, que ahora estaba extinta-

Le costó responder a esoque le hablaba.

- ¿Cuál puerta?

- ¡Muévete humano!

La desidia subyacente en la orden no pasó desapercibida. Los ojos de su guerrera seguían vacíos, como un campo yerto en el que no podría plantarse nunca más. Otro moretón, esta vez en la barbilla de la muchacha lo hizo ponerse en marcha.

Esos moretones parecían la consecuencia de una fuerza despiadada liberada desde dentro, como si la presión dentro de su pequeño cuerpo fuera demasiada para que la tersa piel de la guerrera aguantara.

Debía apresurarse


Paris contempló desde una de las rocas cercanas al templo del Fuego el paisaje de Céfiro, ahora fracturado y revuelto. El aire olía a cenizas y a lluvia; el aire gélido le hacía desear una buena hoguera, que le reconfortaría sus ateridos huesos con su chisporroteante bienestar.

Alzó la vista y vio a Windam y a Ceres en el firmamento de Céfiro, tratando de resistir el embate del que debía ser Mavi-Alev. Apretó el puño, entrechocando sus dientes de rabia, sabiendo que Anaís estaba allá arriba, peleando en desventaja, defendiendo un planeta que no era el suyo. Quiso disponer de un mashin, un elemental para luchar a su lado, o poseer magia suficiente para detener a ese horrendo dios; pero todo lo que podía hacer era entregar el mensaje que tenía, un mensaje que le había sido entregado antes de partir caminos con Akil en el Nifelheim, un mensaje que si era verdad lo que había dicho el kâhin,cambiaría el curso de la batalla.

Sin demorarse más en sus pensamientos, salió corriendo por la ladera, rogando llegar a tiempo para salvar a su querida Anaís del presagio malévolo que era el dios de la llama azul.


Desde la nave nodriza Xiosana, Nassor, miembro más joven del consejo de ancianos y responsable directo del plan de invasión de Céfiro desde hacía más de 5 años, miraba las figuras de los elementales de Céfiro, que realizaban varias estratagemas para evadir a Mavi-Alev. Aquella era una danza macabra, un juego del gato y el ratón que no duraría mucho, especialmente para el dios del viento que se veía en clara desventaja ante los ataques del engendro. Nassor sabía que el árbol plantado a medias en el templo no era el responsable de esa fatiga, de esa falta de eficacia e incluso de puntería. Allí presidía una enfermedad, una fiebre incapacitante que tenía que ver con las elegidas.

Pero el sólo hecho que la elegida del viento hubiera logrado escapar del Nifelheim le revolvía el estómago. Mavi-Alev había fallado precisamente con el poder más importante, y eso le hacía dudar en que alcanzara su propósito.

Su mente voló años atrás, en la época en que él mismo había condenado al destierro en el Nifelheim al prometido de Neferti, Akil, ese maldito kâhin que había descubierto la brújula y el árbol guardián cometiendo una trasgresión a las normas. El mismo kâhin que había descubierto que él tenía tratos con el dios de la llama azul y que si no lo detenían, haría pública dicha comunicación. Akil mismo le había dado razones para enviarlo al Nifelheim, sin embargo, ese destierro había sido clave, pero no por las razones que el mismo kâhin creía.

Después del primer encuentro con Mavi-Alev, el joven Nassor de 17 años había comenzado a investigar. Su familia era una de las más importantes en Xios, pero no tenía acceso a la información privilegiada, que se guardaba en la magnífica biblioteca de la capital.

Ante una obsesión que su familia no entendía en ese entonces, su padre cedió antes sus deseos y le consiguió un acceso después de mover muchos hilos políticos, bajo el cargo de aprendiz de bibliotecario. Nadie lo supo en esa época, pero ese puesto había sido el inicio de su carrera para ser nombrado dentro del concejo de ancianos, porque lo que él había re-descubierto y ratificado sería la fuente de todas las movidas militares, políticas y financieras de Xios en los años venideros.

Los pensamientos de Nassor saltaron 15 años después, y sonrió ante el recuerdo de Akil escondiendo los Makinessi, creyendo que no lo habían visto, creyendo ilusamente que el concejo de ancianos perseguía sólo el cumplimiento de las leyes antiguas al desterrarlo al Nifelheim.

Akil no tenía ni idea que esa era sólo una excusa.

- ¡Señor! –dijo uno de los técnicos a cargo de las consolas del puente de mando, sacándolo por la fuerza de sus deliberaciones- ¿confirma extracción?

- Aún no –ordenó Nassor-

Volvió su atención sobre las pantallas, cruzando las manos detrás de la espalda en una actitud contemplativa. El dios de las aguas subterráneas de Céfiro, o como quiera que se llamara el dios azul, era quien llevaba en sus hombros el liderazgo, y quien se mantenía atento a la cercanía, a los embates y los trucos de Mavi-Alev ante la evidente debilidad de su compañero. Pero ya estaba herido, no duraría mucho.

- Pero Señor…a éste paso Mavi-Alev destruirá Céfiro tal como…

- ¡AUN NO! –dijo Nassor alzando la voz para que todos en aquel espacio le escucharan-

Todavía necesitaban a Mavi-Alev, todavía el trato estaba en pie a pesar de la destrucción de Xios, por eso no podía disponer de ese condenado y peligroso dios caníbal.

- ¡Señor! ¿Señor? –dijo un nuevo tripulante, con la cara roja y sudoroso, quien se acercaba caminando a prisa desde la entrada-

- HE DICHO QUE….

- No Señor, no es eso. Tenemos reporte del templo del fuego. El árbol destinado a esa ubicación fue robado.

- ¿¡QUE!? ¡Envíen un contingente de inmediato! Dos si es necesario ¡Debemos recuperarlo a todo costo!

Nassor dejó de escuchar a los tenientes que se hicieron cargo de la estrategia para perseguir a los Cefirianos que habían osado semejante disparate, y siguió mirando las pantallas, tratando de no iniciar una trifulca surgida de la rabia. ¡Inútiles! ¡Podían arruinarlo todo! No era el momento para andar perdiendo fichas en ese ajedrez. Más cuando presentía que el momento estaba por llegar.

Mavi-Alev había dicho que el anzuelo había funcionado, incluso mejor de lo que esperaban, producto de la casualidad. Y en ese particular, Nassor sabía que el dios no mentiría.

- Hazme un creyente, Mavi-Alev –susurró Nassor, mirando las pantallas, esperando la aparición-


- ¿Neferti? –preguntó Ascot- ¡Freya se alegrará muchísimo cuando te vea! ¡Yo le dije que estarías bien!

Neferti sonrió con tristeza, sin hacer ningún comentario acerca de lo que acababa de escuchar. En cambio, se acercó, tocándole un brazo, y tomando sus manos.

- ¿Estás acá? No es posible. Tu piel se siente real

Ascot se sonrojó ante el contacto y se rio con nerviosismo hasta que ella le soltó.

- ¿Cómo es posible? ¿Ascot? ¿Qué haces dentro de Yggdrasil?

- ¿Dentro de qué?

- ¿Cómo llegaste acá? ¿Te reclamaron para él también?

- Yo…desperté aquí. Estaba peleando con la nave de Xios, y mi amigo había muerto, nos desplomamos a tierra y luego no recuerdo cómo llegué aquí.

Neferti se quedó mirándole sin decir palabra, lo que generó que nuevos colores subieran al rostro de Ascot, quien no estaba acostumbrado a manejar semejante interés en una mujer.

- Tu…vibras –le dijo al final Neferti- Era por eso -susurró hablando para sí- oh por todos los dioses ¿Xios lo sabrá?

- ¿Eh? Neferti, ¿te sientes bien? –preguntó sin rebajar el rojo de sus mejillas-

- Freya tenía razón, eres muy especial. Pero ella no se imaginó cuán especial.

- Caldina siempre dice eso – acotó Ascot- pero no es cierto, sólo soy un invocador.

- No Ascot. No eres un invocador. –negó Neferti tomándole de nuevo de las manos-

- ¿No lo soy? –dijo abriendo sus ojos verdes aún más-

- Te llevaré con tu familia.

- Puede sonar raro, pero mi familia es Caldina, y me siento muy bien con ella. No necesito más familia.

- Oh Ascot –le corrigió la sacerdotisa- la necesitas, ahora más que nunca.


Marina se interpuso entre Anaís y el horrible engendro sonriente. No era fácil conservar la cordura ante los ataques del dios, ya que no se enfrentaban sólo a su poder mágico o su alucinante velocidad. Mavi-Alev utilizaba una técnica perturbadora directo a sus mentes, la cual tenía mayor eficacia en la guerrera del viento. Se sorprendían pensando en que era mejor para todos si se dejaban devorar, que era mejor quedarse quietas, sin utilizar sus poderes.

La única salvación era el diálogo con sus elementales, que inyectaban en ellas la suficiente dosis de realidad para sacarlas de esa ilusión insana que las precipitaría a la perdición.

- Marina –le llamó Ceres-

- No podré resistirlo mucho tiempo –dijo ella, agotada y herida, habiendo lanzado su dragón de agua contra Mavi-Alev, que lo esquivó con una mueca-

- Windam va a llamar una tormenta. Alinéate conmigo. Levantaremos el océano.

- ¿Anaís? –constató para saber si su amiga estaba de acuerdo con eso, debido a que sus últimos ataques no tenían el mismo efecto que antes-

- Estoy bien –contestó ella-

Aquella era una enorme mentira, tan grande, que le trajo memorias de Lucy, con su "estoy bien".

Al momento de estar enfrentando a Mavi-Alev, Anaís se sintió enferma y su pierna había empezado a doler como si el dios estuviera masticándola todavía. Marina podía ver que mientras Anaís se hacía más débil, Mavi-Alev se fortalecía.

Todas las alarmas se encendieron cuando Mavi-Alev les envió una ráfaga de viento que les envolvió tal como hacía la magia de Anaís. Marina rompió el remolino de inmediato con sus espadas de hielo, pues no era tan poderoso como lo era el de su amiga. Pero era una advertencia a lo que podía pasar.

- Acabemos con ese horrible monstruo –le animó Marina-

Pero Mavi-Alev no les dio tiempo, lanzó hacia ellas con una velocidad inimaginable una llamarada fulgurante que las atrapó en un segundo, sin posibilidad de respuesta. Dentro de aquella cárcel de trueno, en medio del dolor, sintiendo que su piel se derretía, y que su sangre iba a evaporarse, Marina vio con horror la pequeña figura del dios, sonriendo con esos afilados dientes, llegando hasta ella, hasta Ceres, sin ser afectado por el fuego azul. Mavi-Alev trepó por su brazo hacia su cuello, como una sanguijuela buscando el punto más caliente para morder y succionar, para destripar y roer.

Quiso gritar, pero se dio cuenta que ya lo estaba haciendo. El grito de dolor no era suficiente para expresar su terror, su incapacidad para quitárselo de encima, el asco dentro de la burla, y del contacto frío de sus manos, sus manos…

Estaba a punto de lanzar un ataque sobre sí misma cualquier costo, cuando una columna de energía irrumpió como una marea liberadora, alejando a Mavi-Alev de un empujón. El dolor se disipó tal como había llegado, y Marina pudo mirar hacia abajo, para constatar el origen de su salvación.

Clef alzó su rostro, y sonrió en medio de la descomunal columna de energía plateada, del escudo que había creado para protegerlas del dios.

Marina empezó a temer por Clef en el momento en que el dios clavó la mirada en el mago.


Akil avanzó hasta la recepción de aquel edificio de dos plantas, repitiendo en su cabeza el repertorio de frases una y otra vez para no olvidarlas.

- Saludos. Soy un familiar de la paciente Erica Harris – inició con una sonrisa en el rostro- Me gustaría verla.

La asistente le miró de arriba abajo, sin dar muestras de moverse o de buscar el directorio. Akil había utilizado su poder para dar una impresión hacia los demás de portar un atuendo como alguno de los que había visto en la calle. Un traje negro con camisa blanca y corbata azul. Podría haber comenzado utilizando sus habilidades con su interlocutora para darse paso, pero la experiencia dictaba que obtendría mejores resultados empezando con suavidad, con una conversación que después aquella mujer pudiera recordar sin sospechar.

- ¿La señora Harris?–dijo la mujer, clavando su mirada en Akil- ¿qué grado de familiaridad tiene con ella?

- Soy su sobrino

- ¿Puede mostrarme algún documento?

- Por supuesto –dijo Akil, extendiendo su mano vacía hacia la recepcionista, y concentrando su atención en ella-

La mujer tomó la inexistente identificación, como si sostuviera una tarjeta en su mano derecha. Su propia mente se encargó de dibujar los espacios, el nombre, la foto y todo lo que era necesario para validarla como auténtica.

- No sabía que la Señora Harris tuviera familiares adicionales a su hija –mencionó con extrañeza la recepcionista, devolviendo el etéreo documento a Akil, quien hizo el ademán de tomarlo-

- Mi padre vive en Inglaterra, y está muy enfermo. ¿podré verla?

- Primero debe llenar este documento y firmar aquí –advirtió ella extendiendo una hoja de papel con un párrafo escueto y un espacio para firma-

Fue conducido por un enfermero a la habitación de Erica Harris y tras un pequeño empujón mental de su parte, los dejaron solos. Se notaba que los empleados tenían un apego especial por aquella mujer delgada de mirada ausente, a pesar de saber que no recibirían ninguna realimentación por sus atenciones. Pero a diferencia de los que laboraban en aquel hogar, Akil sabía perfectamente el porqué de ese sentimiento, dado a que sintió de inmediato el aura que emanaba de ella. Era un aura delicada, casi imperceptible; podría decir que involuntaria, pero que generaba a su alrededor una empatía dulce, que ella podría aprovechar para que se le tratara con cariño. Aquello era muy inteligente de su parte, pues en la condición de vulnerabilidad física en que se encontraba, lo mejor era tener de parte a sus cuidadores.

"Buenas tardes, Akil" –saludó la mujer directo a su mente-

"Saludos, Señora Harris. Estoy aquí, como pidió Neferti. ¿Dónde está ella?" –respondió Akil, asombrado por el poder de quien tenía en frente. Un poder similar al suyo, pero que vibraba en otra frecuencia-

"Llévame al cerezo, el enorme cerezo que preside el jardín"

Akil tomó los manubrios de la silla de ruedas y condujo a la dama hasta el jardín. Al ver el majestuoso cerezo incluso a metros de distancia, supo que era el lugar correcto. El árbol podía ser en sí mismo un escape para los sentidos sin aquellas temibles enredaderas fulgurantes que lo rodeaban, pero por supuesto, no era por el cerezo que él estaba allí, sino por esa otra entidad que había tomado posesión de él.

"Yo tampoco podía creerlo cuando lo vi" – dijo la señora Harris, leyendo sus emociones-

Avanzaron hasta que quedaron a la sombra de las ramas blancas que los demás no podían ver; de ese segundo árbol que nacía del cerezo y que se expandía a través de él. Akil recordó de inmediato la brújula que hacía años había descubierto en Xios. Evocó el árbol paliducho, casi informe que era el guardián indiscutible de aquel mecanismo. Pero esa era una sombra maltrecha del sublime espectáculo que ahora veía.

El cerezo era alto, pero el árbol blanco había crecido ayudándose en su tronco, fundido a él, en una simbiosis digna que elevaba a la planta sobrenatural más allá de las copas, para alcanzar unos ocho metros de altura. Su envergadura tampoco era similar a la de la raquídea planta en Xios. Se extendía ondulante como si quisiera abrazar el jardín entero, suave como una ola de verano a través de las hojas e incluso de las ramas más débiles; floreciendo a millares con pequeños y tupidos botones plateados, dorados, azules, rojos y violetas, que cambiaban constantemente de color en un orden misterioso. Era como estar en medio de las tonalidades del reflejo de un prisma, cuya fuente de luz modificaba su ángulo y frecuencia, haciendo que por dónde lo miraras, vieras un color distinto.

Akil tocó las ramas blancas con cierta veneración, porque incluso antes del contacto percibía una energía indescriptible fluyendo a través de ellas. Pero una vez su piel rozó la madera blanca, su mente se precipitó por un pasadizo lleno de imágenes desordenadas, un tobogán de altísima velocidad, que lo zambullía en tonalidades, texturas, olores y sensaciones distintas, todo al mismo tiempo, sin lugar a respirar. El mareo le venció y quiso salir de inmediato de allí, apagar aquellos estímulos desordenados que no podía entender, que no podía leer, porque ese vértigo iba a consumirlo, iba a enloquecerlo, iba a matarl…

"Akil, despacio" –la voz de Erica Harris sonó única, blanca, e hizo desaparecer el torbellino-

"No puedes hablar con ella si intentas controlar a Yggdrasil. Ella es parte de Yggdrasil e Yggdrasil no puede ser controlado. Déjalo estar"

Akil dejó su mente en blanco. El torbellino volvió, pero esta vez dejó que todo pasara como si lo estuviera viendo a través de una ventana. Al final cayó en un espacio blanco, donde a su alrededor giraban espirales con las imágenes que antes había visto, pero que estaban lo suficientemente lejos para no interferir con su sitio.

Y justo al frente…

- Neferti –dijo él lanzándose hacia su hermosa sacerdotisa, fundiéndola en un abrazo que soñó por largos años de exilio, tocando su espalda, su largo cabello ahora blanco, sintiendo su calor a través del curioso vestido que llevaba puesto-

- Akil-respondió ella, en medio de lágrimas- sabía que estabas vivo, lo sabía, lo sabía.

Soltaron su abrazo para mirarse, pero entrelazaron sus manos. Ambos sonrieron, ebrios de felicidad, y luego se unieron en un largo beso: un beso ansioso, añorado, que quería continuar, que deseaba seguir para convertirse en algo más. Un beso indómito que reflejaba años de separación, dudas y dificultades.

Neferti se separó dejando a Akil con el corazón latiendo en sus orejas, presto a tomar el amor que le había sido arrebatado, sin importarle que todo aquel contacto fuera un producto de su mente anestesiada por el poder del árbol.

- Neferti –rogó-

- Lo siento –dijo ella, con los ojos inundados en lágrimas amargas, con el rostro desencajado en un rictus lleno de dolor y desesperanza- Lo siento

Neferti se derrumbó. Akil se arrodilló con ella abrazándola con fuerza, sintiendo sus sollozos emerger como un grito ahogado, surgir para desde las profundidades para volverse plenos, para arrasar con esa fachada de fortaleza que venía interpretando hacía quien sabe cuánto, para rasgar lo que quedaba de su existencia y partirla en dos.

- No podré volver Akil, -decía ella mientras ese caudal de tristeza se la llevaba rio abajo, en un eco átono nacido de su corazón roto- no podré estar contigo

- ¿Qué dices?

- Sólo me deja existir porque las cosas han llegado muy lejos, porque no puede permitir que el desequilibrio persista.

- ¿Quién? Neferti, ¿Quién está haciendo todo eso?

- Yggdrasil. –dijo ella, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano, respirando una y otra vez para poder articular sus palabras, tratando de calmarse- ¿Recuerdas la sentencia que nos dieron en Xios? ¿La sentencia por tus descubrimientos? ¿El supuesto tabú?

- Descubrimientos que luego usaron en su beneficio, si claro. La brújula, el árbol guardián, los makinessi, el Nifelheim, los mundos que podían accederse a través de ellos.

- Nos habían dicho que debido al pasado conquistador de Xios era prohibido acercarse a tales poderes, ¡pero en realidad no era así!-chilló- Nunca hubo ningún conglomerado de naciones que impusiera sanciones a Xios por sus conquistas. ¡Nuestro pasado es una mentira fabricada por el concejo de ancianos! Y nosotros, tú y yo, somos los peones de Nassor y del resto, los títeres que utilizaron para lo que ahora está ocurriendo. ¡Tu exilio y el encuentro con aquella trinidad de dioses fue una trampa!

Akil soltó su abrazo, y se quedó mirándola con los ojos muy abiertos, negando con la cabeza de un lado para otro.

- Mi encuentro…-balbuceó-

- Se inventaron lo de las sanciones y el supuesto tabú era una fachada para que los kâhin no hurgaran en las visiones del pasado y alimentarnos con un resentimiento contra algo material, algo posible, y así desarrollar un ejército infalible. Pero el verdadero enemigo de Xios no es humano y viene de una venganza de muchas centurias atrás, tanto, que ninguno de nosotros la recuerda.

- Pero Yggdrasil si. Yggdrasil recuerda todo –dijo una voz detrás de ellos-

Akil volteó, y se encontró con una Erica Harris muy distinta a la que había visto hacía unos segundos. Esta era una mujer rubia de mediana edad, hermosa y elegante, vestida con una blusa del mismo color rosa pálido de las flores del cerezo y una falda blanca ajustada que enmarcaba su bella figura, la cual caminaba hacia ellos valiéndose de sus propias piernas.

Ambos se levantaron en su presencia, y ella les sonrió con una expresión delicada, de aquel que la vida ha dejado mucho tiempo entre los desafortunados, pero que renacen de entre las cenizas más fuertes que nunca. Akil lo sabía, esa mujer era fénix, al igual que su hija.

- Neferti no podía contarte todo esto a través del pobre vínculo que ahora tiene con su cuerpo, porque su existencia está migrando a ser parte del fresno del universo, o como ella lo llama, Yggdrasil. –dijo Erica Harris- el árbol de la vida cuyas ramas mantienen unidos todos los mundos.

- El Nifelheim es el motor del paso entre los mundos como tú me habías dicho, Akil –continuó Neferti- porque está más cerca de las raíces de Yggdrasil que ningún otro. Es el mundo de las tinieblas, lo que paradójicamente hace más fácil ver las puertas que en otros mundos están escondidas en medio de la naturaleza, las montañas o las construcciones hechas por los hombres. En el Nifelheim no crece nada que pueda ocultar las puertas.

- ¿Me dices que el enemigo de Xios es realmente Yggdrasil? –preguntó Akil-

- No. Yggdrasil no tiene enemigos, Yggdrasil es todo, y no ha tomado partido por ningún ser en milenios. Pero está cansado que le manipulen, y que utilicen a sus hijos. Akil, el árbol guardián de la brújula es un hijo de Yggdrasil que fue manipulado por Xios.

- ¿Pero entonces quién es el verdadero enemigo de Xios?

- Enlil. El verdadero enemigo es Enlil. Y tú fuiste enviado al exilio para articular una trampa.

- ¿Enlil? –repitió Akil, sintiendo un escalofrío bajar por su columna- ¿El elemental del viento del mundo apocalíptico?

- Enlil no es el dios que aparenta ser –dijo Erica Harris-


NOTAS DEL AUTOR (PARTE 2)

Siento no haberle dado a "Es tan sólo tu imaginación" la atención que merece. Les cuento que el final está a la vuelta de la esquina, y espero poder terminarlo éste año, si todo sale bien.

Quiero dar gracias como siempre a las personas que me acompañan en ésta aventura y que con sus comentarios y favoritos hacen que sienta que no estoy parloteando como loca. Gracias a Pawiina quien me regaló un favorito para ser feliz, y para que a más personas les llame la atención leer la historia. MIL GRACIAS. Y si se me escapó la vez pasada, gracias también a Gatita Kon

Okamiaka: Lo prometido es deuda. El fic raro ve la luz! Y sigue raro! jajaja. Gracias por tus mensajes y tu constante apoyo. Digamos que Octubre se extendió un tricito jejeje.

LucyKailu: Las chicas siguen sin verse, pero ya las cosas están en movimiento. Lantis como raro la sigue teniendo complicada, pero no te preocupes, está lejos de volverse un Darien XD Mil gracias por todo tu apoyo, por tus mensajes, por tu constante ánimo. Este proceso no sería el mismo sin las pequeñas y grandes emociones del día a día.

Bermone: Muerte de Marina? OMG tu si que eres cruel (dijo el cuervo al grajo), y sí, parece que tengo la maña de enredar todo un poco más, pero ese es mi don, mi maldición jajajja. Claro que aquí ya voy hilando un poco más hacia donde quiero que termine todo y sí, todos los actores están llegando a sus puestos. Gracias por tus comentarios, es espectacular leerlos.

El Grinder: Creo que de todos los tomates que espero, los tuyos van a ser los que más anticipo jajaja. Perdona por dejar tanto tiempo la historia. No sé si mis diatribas te acabarán de sorprender o no, pero haré todo el intento. Mil gracias por tus felicitaciones por el capítulo 30, créeme que jamás pensé llegar a esta magnitud cuando comencé. A propósito, me reí mucho con lo del "final Gonzo" pero no, desafortunadamente (o afortunadamente) tiendo a ser bastante...habladora y semejantes lios que he armado deben desenvolverse con más palabras. Cruzo los dedos por que aún quieras leerme después de tanto tiempo. Como te digo, no sé si estoy uniendo o no las dos tramas que mencionas detectar en el fic, pero igual leer tus críticas me ayudan a mejorar y a ser exigente con el desarrollo de la trama, esperando estar a la altura de mism lectores. Nuevamente gracias por tus palabras,son combustible puro.

¡Nos leemos a la próxima! Y quienes están siguiendo Raikou, la actualización llegará muy pronto. ¡Un abrazo! Nos estamos leyendo.