CAPÍTULO 32. EL INICIO DEL PACTO
" Y Cosecharon los frutos maduros de su perdición."
- Edgar allan Poe
Latis llegó a Céfiro con Lucy en brazos sin que en el Nifelheim tuvieran ningún contratiempo. Era peculiar que el bicho no hubiera aparecido considerando las veces anteriores. No podía concluir si ese evento era algo bueno o no, pero deseó que no fuera un signo que la horrenda criatura había tomado control completo del alma de la doctora Harris. Ese era un final que nadie merecía, ni siquiera alguien tan impredecible como Noelle.
No fue necesario dar más de dos pasos en ese Céfiro marchito para que la visión causara un gran impacto en su ánimo. El semblante del espadachín se ensombreció al ver apostadas naves invasoras, campos quemados y una desolación estremecedora, producto de un término que para Céfiro había sido esquivo por largo tiempo: Guerra. Pero en ese momento tenía algo más urgente en lo cual enfocar su inmediata atención.
Se disponía a depositar a Lucy en el suelo cuando comenzó a sentir que sus brazos ardían ante la emisión de una energía sobrecogedora originada por la guerrera mágica. Fue presente cómo una atronadora luz emergió desde ella hasta los cielos como un haz potente, que sería capaz de iluminar el firmamento de Céfiro e incluso perforar su atmósfera. Latis resistió el calor, la combustión a la que estaba sometida su piel concentrándose en un hechizo mágico de escudo, que flaquearía en cualquier momento si continuaba por esa senda. Para su desesperanza, en medio de aquella ignición, podía ver la piel de Lucy llenarse de moretones a una velocidad inaudita, que comenzaron a tiznar su tono y a consumirla. De la boca de Lucy salía un grito sostenido y mudo, alimentado por un dolor inimaginable y regado por varias lágrimas que caían en testimonio del tormento.
No le importó si con lo que hacía desbarataba el plan de salvación de Céfiro que podrían traer los dioses, o si con su intervención las posibilidades de derrotar a Mavi-Alev se diluían en la nada.
Haciendo acopio de una gran cantidad de magia, comenzó a llamarla
¡LUCY!
- ¡Señor! -dijo uno de los oficiales Xiosanos llamando la atención de Nassor, quien hacía poco había solicitado imagen sobre aquel hechicero Cefiriano que se había involucrado en la batalla de los elementales contra Mavi-Alev- ¡Registramos una energía inusual!
Sin tener que dar la orden, una de las pantallas del puente cambió y mostró a lo lejos entre las montañas pedregosas, un poderoso haz de energía capaz arrasar con lo que encontrara en su camino al encuentro con las nubes, rasgando el paisaje de Céfiro, partiéndolo en dos. Alrededor de aquel obús, múltiples rayos aparecieron para envolverlo como una armadura, para limitar su radio que continuaba creciendo, devorando el cielo. La tormenta intentaba colapsarlo a su núcleo en una batalla de electrones que despedía enormes llamaradas iridiscentes, como si una espada estuviera cortando la superficie del haz y el contacto a hierro vivo hiciera saltar fragmentos unifilares de luz que salían huyendo de la confrontación chispeantes y moribundos.
Nassor sonrió. Mavi-Alev había dicho que Enlil aparecería, y allí estaba. Su mente se remitió años atrás, cuando supo la cruda verdad acerca de sus antepasados.
Mavi-Alev le miraba con displicencia a través de las orbitas huecas del esclavo poseído que utilizaba para comunicarse con él. Era la cuarta vez que tenían una conversación, y no sería la última, a pesar del deseo de Nassor de alejarse de aquel engendro.
- No he encontrado en los anales más antiguos de la biblioteca información sobre lo que dice. En Xios no hay ningún poder capaz de trasladar la esencia de una persona hacia otro ser viviente. No veo evidencia de que esté diciendo la verdad –dijo el joven Nassor, tratando de no mirar directamente hacia la cosa que tenía al frente- y por tanto no veo la ventaja en ayudarle.
La cosa siseó y mostró una sonrisa perturbadora, que le puso la piel de gallina.
- Claro que no, en éste planeta no lo hay y es por eso que están todos aquí. En "el nuevo Xios" –Mavi-Alev rió alzando la cabeza del sirviente como si fuera un títere- veo que lo han olvidado todo, o el pobre y inexperto Nassor no tiene acceso a temas tan delicados.
- ¡Déjese de adivinanzas y dígamelo!- espetó con todo el ímpetu de sus 17 años- ¡He buscado, pero no hay nada! ¿Cómo piensa devolver la antigua gloria de Xios? ¿De su pasado conquistador? ¿Por qué debería ayudarle a un monstruo a salir de un sitio donde fue encerrado?
El ambiente se oscureció. La suave brisa nocturna dejó de existir, apagándose como una llama encerrada en un recipiente de vidrio. Un ruido rastrero, de algo que se acercaba a la superficie haciéndose espacio entre la tierra se alzó a cambio de los cadentes sonidos de las cigarras y de las hojas mecidas por el viento. Por las uniones de las losas del jardín comenzaron a emerger descomunales y violáceos ciempiés alargados moviendo sus asquerosas antenas, plagando el jardín donde estaba teniendo esa charla, volviéndolo una masa viviente de insectos retorciéndose y buscando alimento en medio de la grama, para ubicar que la única fuente de calor eran los pies de Nassor.
- Monstruo –repitió Mavi-Alev- Dices que soy un monstruo
- ¡Aléjalos!¡Aléjalos maldita sea! –gritó, sintiendo las patas de los ciempiés escarbando su piel, rozándole con una fría caricia, evaluando si valía la pena clavar las mandíbulas en su presa-
- Mi cuerpo no tenía el aspecto de lo que ahora vaga por el Nifelheim. Yo era maravilloso. El más poderoso y hermoso de mis congéneres, y los humanos me adoraban. Yo era el dios magnificente, el dios de la llama azul era sinónimo de elegancia, de grandeza.
Los cien pies comenzaron a trepar por las piernas de Nassor, directo hacia los sitios más calientes. El asco había dado paso a la supervivencia, y el joven se arrancaba los insectos como si fueran moras, manchando sus manos de un líquido ámbar y pegajoso al aplastarlos con sus palmas.
- ¡Mavi-Alev! –rogó Nassor- ¡Por favor!
- Yo había encontrado a mi elegida hace poco. Era una preciosidad rubia de ojos azules como el mar, como mi propio poder, y en unos días sellaríamos el pacto donde mi mente se regeneraría durante otros siglos más. Iba camino a convertirme en el rey, en el primer dios de llama azul en ser el rey de los elementales de su mundo. Pero conocí a Enlil.
Un ciempiés calvó sus dientes en el muslo de Nassor, corriendo un hilo de sangre. Ante el olor del manantial rojo, los demás ciempiés enloquecieron y al unísono clavaron sus dientes hechos para triturar en cada pliegue del joven.
Nassor gritó y gritó. Gritó tanto que ya no percibía los demás insectos que habían subido por su espalda y buscaban las cavidades de su rostro, lo más dulce, lo más vulnerable…
- ¡MAVI-ALEV!
De la nada, todos los bichos desaparecieron, y Nassor se derrumbó en el jardín que nuevamente recobraba su aspecto anterior, la brisa nocturna impregnada de rocío y humedad llenó sus fosas nasales.
- No me llames monstruo de nuevo, humano. –advirtió el dios- O te conduciré al Nifelheim y morirás bajo mis dientes
Nassor no podía hablar. Aún sentía los fantasmas de los ciempiés horadando su carne para hacerse espacio, para entrar en su cuerpo y triturar, triturar, triturar. Asintió, sin aliento para hacer otra cosa.
- Éste no es su mundo, humano. Este no es el Xios original, sólo es una antigua colonia de un imperio ahora desaparecido –anunció Mavi-Alev con un tono nostálgico en su voz, un tono que Nassor no creyó posible- Enlil se encargó de llevar la peste desde mi mundo al suyo, al antiguo Xios que ahora es un mundo desolado, donde los únicos sobrevivientes aún llevan en sus genes la enfermedad y mutaron para adaptarse a las penumbras.
El joven se quedó mirando a aquel que habitaba al sirviente, sin poder procesar lo que estaba diciendo
- Es tiempo de saldar viejas deudas Nassor, ustedes que fueron la raza que adoraron a Enlil en el pasado, ahora me adorarán a mí. Me alimentarás y te pagaré con el conocimiento de la inmortalidad que tenían tus antepasados que se guarda en el antiguo Xios para que vuelvan a forjar el imperio. Traicióname miserable humano y volveré locos a todos los miembros de tu familia.
Lo que veía en las pantallas era la confirmación de su plan, la culminación de ese camino de largos años. Recuperarían su planeta a como diera lugar, expulsarían a Enlil. Probablemente Nassor era el único que entendía el verdadera razón por la que Mavi-Alev había destrozado "el nuevo Xios". Era su declaración para hacerles saber que no había vuelta atrás. Con ese monstruo no había un punto intermedio.
- ¡Confirmen extracción!– ordenó Nassor con voz retumbante y segura, dando un paneo por los rostros de todos los oficiales, para confirmar que estaba siendo escuchado- ¡En todo Céfiro!
Caldina iba de vuelta con su contingente a lomos de un hermoso caballo negro cuando divisó una figura que venía hacia ellos corriendo. Alzó su mano en un puño para señalar que debían detenerse, conforme a la enseñanza militar que le había trasmitido Ráfaga. Se sentía muy sexy haciendo todo eso, a lo que derivó un pensamiento que implicaba a su esposo en la cama y ella con botas militares que no venía al caso. ¡Por el elefante sagrado de Chizeta! No veía la hora de volver junto a él.
- ¿Disparamos a discreción? –preguntó uno de sus oficiales, acercando su caballo-
- Un momento –dijo ella, esperando que pudiera verlo con mayor claridad-
- No podemos confiarnos, mi señora. Puede ser una trampa
- Tengo lista una ilusión que nos ocultará si lo es.
El desconocido se acercó lo suficiente para que Caldina comenzara a gritar como loca, asustando a los hombres que venían con ella. Pero la sorpresa duró solo unos segundos, cuando los soldados constataron que los gritos eran de felicidad.
La mujer bajó del caballo de un salto y salió al encuentro del hombre, dando chillidos de gusto, corriendo hacia él, con el objetivo de abrazarlo y estrujarlo en medio de sus abundantes pechos.
- ¡PAAAAARISSSSS!
Paris levantó las manos en señal de defensa, haciendo un gesto de incomodidad infinita y detuvo a Caldina que se abalanzaba sobre él, sosteniéndola de los brazos, rogando no tener demasiado contacto con esos pechos que rebotaban de arriba abajo, ya que si Anaís se enteraba podría mandarlo a envenenar en secreto.
- ¿No me vas a dejar abrazarte después de creer que nunca regresarían? ¡Eres un desagradecido!
- Me alegro de verte también, Caldina – mencionó el con una sonrisa en sus labios, cuidando de no moverse ni un centímetro para evitar que sus manos se desplazaran-
- ¿Dónde dejaste al grandulón? –dijo mirando por encima de su hombro- bueno, ni para qué pregunto, Latis es el que menos dejaría que le diera un abrazo de bienvenida.
Paris recordó la última vez que vio a Latis, saltando a un aro de fuego creado por la diosa Ki, y transportándose con Lucy hacia el Nifelheim. Quitó sus manos de Caldina, cambiando su expresión.
- Necesito un transporte rápido Caldina. ¿Hay alguien aquí con habilidades mágicas?
Un joven se adelantó entre el resto, sin desmontar su caballo. Era el mismo que había ayudado suspendiendo las rocas que caerían sobre el ejército Xiosano cuando interceptaron la plantación del árbol en el templo del fuego, árbol que ahora llevaban en custodia hasta el alto mando Cefiriano.
- ¿A dónde requiere llegar?
- Al templo del viento
- El templo de Windam está repleto de contingentes Xiosanos –le advirtió Caldina- Ráfaga está liderando el retoma del templo antes que los invasores desalojen a las personas que están orando por la estabilidad de Céfiro.
Un silbido agudo interrumpió la conversación. Era un impresionante haz de luz, el cual se elevó al cielo, cerca a la montaña del templo del fuego.
- ¡¿Qué es eso?! –señaló Caldina hacia el haz- ¡Todo Céfiro es un festival de extrañezas el día de hoy!
Una tormenta de rayos conocida para los dos amigos rodeó el fenómeno y trató de contenerlo. Paris tomó de los hombros al hechicero para hacerlo volver a la conversación.
- Necesito ir al templo del viento de inmediato
- ¿Ese será Guruclef? –preguntó Caldina, sabiendo que la magia de electricidad era del dominio del mago supremo-
- No, ese es Latis –confirmó Paris-
- Llévate una espada Paris –le aconsejó Caldina, viendo el semblante serio del joven- en el templo del viento están peleando con todo lo que tienen.
El suelo retumbó con un sonido familiar para los guerreros allí presentes, que se colocaron en posición de defensa de inmediato. Caldina también lo sintió y tomó su abanico para alzarlo, esperando la aparición de los hekau o carros de guerra Xiosanos.
- Vienen a recuperar el árbol. ¡Vete ahora! –gritó Caldina-
- ¿Tienen un Yggdrasil? –preguntó Paris mientras recibía una espada de reserva de uno de los soldados- ¡necesito verlo!
- ¿Qué piensas hacer con él?
- ¡Confía en mí!
Caldina soltó una expresión que Paris no le había escuchado nunca, e hizo el ademán que acompañaran a Paris hacia la mitad del grupo, donde sobre uno de los caballos llevaba bien atado un cofre plateado cubierto con una manta. Lo descubrió con rapidez y cortó las sogas para dejar el árbol en el suelo, y comenzó a hacer un hoyo en la tierra, para hundir las raíces.
Los hombres tomaron posición de ataque formando en cuña, con un solo soldado en el vértice de un triángulo sabiendo que era su mejor oportunidad para resistir el choque de los carros. Los guerreros se colocaron de manera diagonal abriendo el triángulo para romper la máquina de guerra que se les venía encima. Caldina tomó su posición justo detrás de las 4 filas de jinetes que ya alistaban sus lanzas, pero alcanzó a ver lo que Paris estaba haciendo.
- ¡NO! ¡No debes plantarlo!
Los hekau estaban casi encima de ellos. El suelo temblaba con el furor de guerra y Caldina decidió utilizar de una vez la ilusión para darles una ventaja.
Ante ellos, una enorme pared se levantó del suelo para cortar el paso de los carros Xiosanos, que eran cientos. Caldina al ver la superioridad numérica sintió un miedo terrible de no poder volver a hundirse en los brazos de Ráfaga, olvidó lo que Paris estaba haciendo y se concentró en brindar a aquella ilusión todo el realismo posible si querían sobrevivir. Dependía de lo que vieran los caballos que conducían esos carros como impulsados por el mismo hades.
Los caballos relincharon confusos, tratando de parar la carrera y evitar estrellarse contra la pared, los soldados Xiosanos tensaron las riendas, desviándose de la línea recta para invadir el carril de sus congéneres, lo cual decantó en un impacto sórdido, estrepitoso de varios carros, en que los animales se partieron las patas al entrar en contacto con las cuchillas que los hekau llevaban a los costados. Los carros salían destrozados en aquella pista que se estaba tiñendo de rojo.
Pero los Xiosanos no se detendrían. Los números les favorecían, y enviaron la infantería para rodear el ataque frontal de los hekau, sabiendo los trucos que podían utilizar los hechiceros de Céfiro.
- ¡Vienen! ¡Alístense! –gritó el hechicero que estaba sobre uno de los caballos, blandiendo su báculo hacia la infantería-
Los guerreros Cefirianos avanzaron primero a trote y luego a la carrera con sus lanzas en ristre. Ambos oponentes se fundieron en una mezcolanza de escudos, espadas y hechizos, de golpes, de cortes, de sangre. El contingente era un grupo pequeño, y los Xiosanos eran cientos, que caían a mares sobre los valientes soldados.
Caldina saltaba entre los enemigos, empuñando sus dagas, defendiéndose.
Paris logró poner en contacto con la tierra la mitad de las raíces del Yggdrasil, y con su otra mano, sostuvo las demás. Hizo un pequeño corte en el tronco del árbol, y bañó la mano que sostenía las raíces en la savia transparente que goteaba sin prisa. A sus espaldas escuchaba el combate ensordecedor, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba previendo la acción, con el impulso ciego de participar. Tenía que terminar rápido para ayudar al comando de Caldina y luego dirigirse hacia el templo del Viento.
Pronunció las palabras en su mente, tal como Akil se las había confiado y luego esperó a que funcionara.
Nada ocurría
Esperó un momento más. Tenía que funcionar. Anaís dependía de aquello, Céfiro dependía de eso.
Nada
Paris se disponía a soltar las raíces y tomar su espada para unirse a la batalla campal, pero las raíces se enredaron en su mano aprisionándola. El árbol refulgió palpitando luz con un ritmo suave, tomando aliento en cada destello.
Buscó a Neferti en su mente, se fijó en su imagen, uniendo su corazón al latido del árbol como le había dicho Akil.
"Neferti" llamó a la sacerdotiza, conciente del universo de luces titilantes que veía a través del árbol, antes de soltar las raíces que ahora se sentían suaves al tacto, liberándose sin oposición.
Era el momento, estaba hecho. Paris tomó la espada que había dejado en el suelo junto a él, y volteó para presenciar el espectáculo que su mensaje había logrado.
Los asombrados Xiosanos vieron como su fuerza comenzó a mermar; ya no tenían ese combustible mágico del que se servían para empuñar sus armas, esa fuerza descomunal que les permitía de un solo golpe dar terribles estocadas con sus espadas. Sólo quedaba la fuerza pura del ser humano.
El hechicero de Céfiro sintió que algo había cambiado en el ambiente. Hizo un conjuro que antes podría haber servido para detener momentáneamente a los hekau, pero que ésta vez les destrozó desbaratando las ruedas de los carros, y haciendo saltar por los aires a los jinetes que aterrizaban en el suelo golpeados, pero vivos. Caldina, quien trataba de no infligir heridas mortales a aquellos hombres también lo percibió. El inherente brillo y ferocidad de los Xiosanos había desaparecido.
- ¡Ataquen con todo lo que tengan! –gritó Paris saltando al campo de batalla- ¡hay que hacerlos retroceder!
- ¡NO! ¡CLEF! –gritó Marina desde lo más profundo de su alma que se congelaba en el pánico, en los inviernos de la impotencia-
Encerrada en medio del escudo que había creado el mago para protegerlas del dios, Marina observó a Mavi-Alev bajar en picada hacia GuruClef, que se mantenía calmado sobre una colina, metros abajo, con los ojos fijos y resueltos, sosteniendo el báculo.
Marina comenzó a golpear el escudo, que no la dejaba pasar, que no se rompía, que había sido diseñado para que ella no pudiera intervenir con los eventos que estaban a punto de ocurrir.
- ¿POR QUÉ? –dijo derrotada, mientras levantaba su puño contra la barrera, haciéndolo tronar-
"Porque no puedo quedarme viéndolas sufrir" -dijo la voz de Clef en su cabeza-
Mavi-Alev estaba en frente de Clef, y abrió su boca llena de dientes puntiagudos. Si Lucy estuviera presenciando aquel gesto, recordaría el momento en que Matt Izuki se había fundido con el viento mismo, vaporizado en millones de volutas de polvo.
Clef levantó el báculo para contrarrestar el ataque que se le venía encima. El aliento del dios alcanzó la vegetación circundante, las rocas, incluso la ladera misma, que comenzó a desaparecer en fragmentos, triturada por una fuerza incomprensible. El mago creó un segundo escudo que le ayudó a quedar suspendido en el aire sobre un acantilado que daba sobre la costa, mientras todo su alrededor se volvía una nube de partículas.
El escudo que Clef había puesto alrededor de su cuerpo comenzaba a hacerse más pequeño, más compacto. El embate de Mavi-Alev estaba haciéndolo retroceder. Fue en ese instante en que presentimiento de Marina se hizo vívido. Clef iba a morir. Clef iba a morir. Clef iba a MORIR.
- Salvemos a GuruClef –dijo la voz de Anaís, entrecortada y enferma, detrás suyo-
Asintió, no podía negarse, a pesar de ver el estado de su amiga. Tenía que intentarlo.
Aún recordaba el poder del elemental fluyendo por sus venas, pero sintió lejano el vínculo, más lejano que nunca. Rogó para que fuera suficiente. Se tomó de las manos con Anaís, percibiendo el poder del viento que emanaba de ella concentrándose en el último ataque que su amiga podría manejar si seguía así. Ambos elementales brillaron en una constelación que traería consigo un golpe contundente y definitivo.
Los tornados ya no eran las bestias magnificentes que otrora atacaron la nave Xiosana, pero harían su labor. Se originaron en el inmenso mar, levantando las olas, enredándolas en su cuerpo, llevándolas hacia arriba, hacia donde se suspendía el dios caníbal. El océano se convirtió en un cuerpo embravecido que golpeó las costas con una fuerza exponencial, que se intensificaba con cada pensamiento de Marina. Sobre las costas el agua retrocedió y se acumuló, listo para el último acto.
Clef vio emerger justo debajo de Mavi-Alev un monstruo de viento que giraba sobre su eje y se combaba hacia los lados por el peso que transportaba. Aquella maravilla se tragó al dios ahogándolo en el embudo de agua que giraba dentro del tornado. Pero el dios rompió el remolino de aire con sus propias manos, riendo.
Lo que no esperaba era la pared de agua, la gigantesca ola que lo estaba esperando justo después. Marina y Anaís gritaron de júbilo dentro de la barrera cuando el agua le arrasó, estrellándolo contra las rocas de la costa.
- Mi magia no funciona con él-dijo Anaís- pero lo único que necesitábamos era una distracción
- ¡Ahora si! ¡Odioso dientudo! –exclamó Marina con una sonrisa- ¡haré eso mil veces si tengo que hac…
Una punzada atravesó su columna, dejándole sin habla y sin posibilidades de terminar la frase. El brillo azulado que rodeaba a Ceres se marchitó y Marina tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no desplomarse. Volteó a ver a Anaís, quien ya iba cayendo inconsciente hacia la costa.
- Han activado a los hijos de Yggdrasil –sentenció Ceres- nuestro poder está siendo succionado y los vínculos se romperán
Marina no escuchaba con claridad lo que decía. Sólo veía a Anaís caer y en medio del mar, una sombra se alzó triunfante para arremeter contra el indefenso Clef.
- N…no
La barrera desapareció y ella comenzó a perder la conciencia. Su cuerpo no sería detenido por las aguas y se hundiría en el corazón de Céfiro. El aire no ofrecía resistencia alguna y pasaba rápido rozando su existencia, difusa y pesada. Pero algo la detuvo.
Abrió los ojos para verse inmersa en una espiral azulada, y al frente suyo, una figura alada, una presencia que le trasmitía calma y sosiego. Ella lo conocía, sabía su nombre, pero ¿qué hacía en Céfiro?
Abzu
NOTAS DEL AUTOR
Yo de nuevo por estos lares, lanzando secretitos cosechados por largo tiempo. Muchas gracias a los que leen Es tan sólo tu imaginación, y gracias especiales a quienes después de TANTO tiempo siguen pendientes de las actualizaciones y me alegran la existencia con un review.
LucyKailu: Mil gracias por seguir leyendo y por tu hermoso review. Perdón por dejar los escenarios en modo pausa, pero aquí ya tenemos algo más de avance. No completo (como raro) Y tienes toda la razón por preocuparte por Anaís, de hecho, preocupémonos por todas :P
Okamiaka: La loca historia está comprometida a llegar a algún lado este año si es posible. Gracias mil por tus comentarios y realimentación. No puedo garantizar que no te siga dejando en patatus
Bermone: Hooola! Muchas gracias por tu review! En el siguiente cap tendrán clarísimo a qué atenerse con Enlil, y si, eso de que vivieran en un mundo apocalíptico y que esa trinidad se odiara entre si, es sospechoso. Ascot lo visitaremos en el siguiente cap...y en este momento no puedo garantizar la seguridad de nadie, más cuando no estamos seguros de las intenciones de la trinidad en Céfiro. Y perdón por ese monumental resumen.
Gracias a todos! nos vemos pronto. Ah! y no se olviden de participar en la SEMANA DE PAREJAS MKR!
