CAPITULO 36. CUATRO MUERTES. PARTE 1

"El odio es una sombra negra y alargada. En muchos casos, ni siquiera quien lo siente sabe de dónde le viene. Es un arma de doble filo. Al mismo tiempo que herimos al contrincante nos herimos a nosotros mismos. Cuanto más grave es la herida que le infrigimos, más grave es la nuestra. El odio es muy peligroso. Y, una vez que ha arraigado en nuestro corazón, extirparlo es una tarea titánica" Haruki Murakami

Everything is so dark and I know there's
Something wrong but I can turn the light on
In that split second change
When you knew we couldn't hold on I realized
I live to love you

Never go back - Evanescence


CÉFIRO TIEMPO PRESENTE

Mavi-Alev se abalanzó sobre Lucy, pero Enlil detuvo su avance atacándole por la espalda, aprisionándolo en una corriente de aire dorada. La polvareda llena de cenizas que levantó el encuentro le impidió a la chica ver con claridad y se llevó las manos a los ojos, retrocediendo rápidamente.

Lucy corrió, si los dioses estaban ocupados entre ellos, podía escapar. El cuerpo aún le dolía, pero la adrenalina se encargó de hacerlo mover a como diera lugar. Atrás escuchaba el rugido del choque de los elementales, y no tuvo tiempo para pensar cuál de los dos sería más terrible.

Tropezó con las ramas carbonizadas y cayó al suelo. El dolor volvió, clavándose más profundo, y no pudo evitar que un grito se escapara de sus labios. El sudor hacía que el cabello se pegara a la cara, y lo apartó con rabia, mientras se levantaba, tratando de obviar que la vista se le nublaba de nuevo.

Tambaleante, se puso de pie, presta a seguir huyendo. Se alejó, poniendo metros detrás suyo, hasta que las figuras de los dioses se hicieron pequeñas. Paró a recobrar el aliento, considerando si era la dirección correcta para encontrar a Latis. Recorrió con sus ojos la extensión de terreno que se abría ante ella, y con toda convicción se irguió para continuar.

No había dado el primer paso cuando una sombra llegada de la nada le cortó el paso. Las garras que esa persona tenía por pies hurgaron en la tierra mancillada de Céfiro, levantando una pequeña humareda de partículas. Lucy se puso en guardia, sin saber qué esperar de la diosa.

— ¿Ahora me temes? —preguntó Ki, despojada de cualquier ironía.

— No seré la elegida de Enlil, ni de nadie más que Rayearth —advirtió apretando los puños

— Lo sé.

Ki le había salvado en la Tierra de Mavi Alev, habían convivido como una sola entidad. Pero ¿cómo confiar en ella después de lo que había ocurrido?

— ¡Aléjate!

— Enlil está actuando por su cuenta. —Ki lanzó un bufido de impaciencia— No voy a traicionarte, ¡demonios!

Las alas de Ki se replegaron, y su mirada evitó la de Lucy. Un gesto que parecía ser una disculpa disfrazada por el orgullo.

— No quiero desconfiar de ti — dijo Lucy, deseando no equivocarse.

— No tienes por qué. — Ki volteó los ojos, recuperando su mueca de suficiencia— reunámonos con Rayearth.

Dentro Lucy, bullía una chispa mágica que aún no lograba hacer ignición, hambrienta por nutrirse de su fuerza de voluntad. Era la magia de Céfiro que aguardaba la oportunidad. Ante la mención del nombre de Rayearth, el poder de la elegida del dios del fuego rugía ansioso.

Pero no podía desaparecer sin más, no sin Latis.

— No me iré sin Latis, debe estar cerca.

— Aquí no hay nadie. Por el aspecto que tiene el terreno, debió carbonizarse todo en un radio de al menos un kilómetro.

— No, no entiendes, Latis invocó su magia para salvarme de Enlil, esto es resultado de su magia, debe estar herido.

— Tenías que seguir por ese camino. Es como una maldita enfermedad entre las elegidas de éste mundo —dijo Ki con rabia, expandiendo sus alas como dos gigantes puños hacia adelante—

Lucy pudo ver con un segundo de anticipación lo que iba a ocurrir, y se apartó justo a tiempo para evitar un golpe que sonó como un latigazo en el aire. El movimiento rápido hizo que el dolor volviera sobre su costado, y le quitó el aire, terminando en el suelo.

— ¡¿Cómo quieres que confié en ti si me atacas a la primera oportunidad?! — gritó conociendo en la situación precaria en que se encontraba—

— Los muertos, muertos están.¡Todos los humanos mueren tarde o temprano!

Ki se alzó como un ave de presa, lanzando sus garras delante para atraparle. El intento se vio bloqueado por una columna de llamas que rodeó a la supuesta víctima, que se levantó de nuevo, no sin dificultad.

— Recuperaste tus poderes, por lo que veo. — Ki se replegó, mirándole con desconfianza— a pesar de lo que te hizo Enlil. Interesante detonante. Es bueno, nos puede servir.

La diosa cargó una vez más. Lucy no sabía hasta qué punto podía usar magia, pero respondió con una llamarada que surgió de su mano, que debió reconocer, no tenía la potencia necesaria para detener a Ki. Todo aquello era inaudito. Sus enemigos estaban justo detrás y estaba enfrentándose con la única que podría ayudarle.

— ¡Detente! — gritó Lucy, viendo cómo Ki seguía adelante a pesar de su intento— ¡iré contigo!

Ki sonrió y su actitud agresiva quedó a medio camino.

— Entonces vamos.

— Pero primero debo…

Lucy apenas logró distinguir una mancha oscura que le empujaba hacia arriba, arañándole los hombros, la sorpresa le dejó con la frase a medias. Sus pies eran separados de la superficie y cada centímetro que aumentaba aquella distancia de su cuerpo con la tierra de céfiro era como si cayera en vez de alzarse. Lucy se sentía caer por un acantilado oscuro.

— ¡KI! — reclamó arrepintiéndose de inmediato—

— Míralo tú misma.

La verdad le sacudió cuando pudo ver desde los cielos que no había nadie a metros a la redonda. Sólo vegetación quemada y restos carbonizados. Nada. No había nada.


El dios de la llama azul bloqueó el ataque de Enlil rasgándolo con sus uñas, como un felino.

— No lo has entendido, engendro —dijo Enlil con voz de barítono— ¡es mía!, como lo fue Aysel, como lo serán todas las que sean bendecidas por el verdadero dios Rey

Enlil volvió a atacar, y esta vez Mavi-Alev no se molestó en esquivarlo. La cosa, ahora envuelta en el poder del dios del viento, se volteó con estudiada lentitud, controlando los pequeños tics que saltaban por su cuerpo robado. Los puntiagudos dientes rechinaban en la boca, y su rostro no mostraba la pérfida sonrisa con la que había surcado los cielos de Céfiro.

— Aysel —murmuró Mavi Alev.

El cabello otrora rubio de Noelle, enredado y lleno de tierra, brilló ante el comando del dios que ahora ocupaba ese cuerpo. Pareció alongarse y crecer en ondas sobre los hombros de la criatura. Debajo de las capas de suciedad y de las cenizas de aquellos a los que había destruido, las fibras se oscurecieron volviéndose de un negro azulado que los antiguos habitantes de Nurdán hubieran reconocido de inmediato. Pequeñas chispas que recordaban las 50 llamas del templo que hace 2300 hubiera visto el pacto entre un elemental y su elegida se encendieron entre las hebras de aquel envase robado, que soportaba la destrucción y la reconstrucción como un verdadero fénix.


NIFELHEIM TIEMPO PRESENTE

Un escalofrío recorrió el cuerpo de la babosa como una corriente eléctrica helada, que dejó a Noelle paralizada.

"Aysel"

El nombre se filtró entre sus pensamientos, y supo que Mavi-Alev imprimía suficiente fuerza sobre esa palabra, tanto para que ella pudiera leerlo con claridad.

Era el momento que estaba esperando, el momento en que estuviera distraído y no pudiera conocer sus intenciones. Noelle había regresado a su inmunda forma después que Neferti le hubiera entregado la semilla, por eso antes que ocurriera, se la había tragado, sabiendo que no tendría manos para sostenerla cuando llegara la oportunidad.

El bicho rejurgitó el contenido de su estómago, fétido y burbujeante al suelo negro del Nifelheim. En medio de la inmundicia y la bilis, la semilla de Yggdrasil permanecía intacta.

Tratando de mantener su mente enfocada para bloquear al bicho que con el tiempo se hacía mas fuerte, más impulsivo y reaccionario, Noelle presionó con su serpenteante cuerpo la semilla, para que se hundiera en la bruma del mundo entre los mundos. Una vez su peso logró que se enterrara en la negrura, recitó las palabras que le había murmurado la hermosa Xiosana de blanca cabellera, rogando porque funcionara.

Justo después de terminar el corto ritual, una nueva imagen llegó vívida, empujando su mente con el peso de los recuerdos amargos, exceptuando que aquel no era un recuerdo suyo. Era una niña de cabello rubio, de un color similar al suyo y pálidos ojos azules, que le miraba con odio…con todo el odio de alguien a quien le han roto el corazón.


MUNDO NURDÁN, 2300 AÑOS ANTES

Verano del año 119 del calendario Nurdita

El horror empezó con el grito que penetró sus tímpanos como un cuchillo aserrado. Aysel no podía moverse de su puesto, ni articular palabra. Estar de pie era un esfuerzo descomunal, y rememoró la tortura en manos de Enlil. Escuchó el sonido de su propia respiración, entrecortada, y el pulso dándole tumbos en la garganta.

A ese grito se unieron otros, estridentes, y la sala de las 50 llamas se cubrió de sangre espesa, que caía a chorros, manchando las losas. Aysel retrocedió un paso, dos, tratando que el líquido no manchara sus pies. No quería levantar la mirada hacia el sonido chasqueante, hacia el húmedo cantar de la carne rasgándose, pero tampoco podía alejarse mucho sin mostrarle al dios lo que estaba pasando por su mente. A pesar del festín, podía sentir su perspicaz atención recorriéndole de arriba abajo, atento a ver sus reacciones. Se concentró en ver cómo avanzaba hacia ella ese carmesí oscuro, tratando de bloquear el recuerdo de su origen.

Pero por más que daba pequeños pasos para evitar el contacto de la mancha que parecía tener mente propia, que le reclamaba su engaño, no conseguía aislar de sí el miedo que reptaba sobre las paredes del templo, sobre su propia piel, como un pegajoso y palpable recordatorio de que no estaba a salvo. La indómita manera en que sonaban las mandíbulas del dios, horadando el cuerpo de las desafortunadas, le paralizaba. Se abría paso entre los tejidos y los huesos con los ahora puntiagudos dientes que había aquirido a través del hechizo que hacía parte del ritual al que asistía.

Había convencido a las tres elegidas de los dioses de Nurdán de ir al encuentro de Mavi—Alev. Tres niñas inocentes que no conocían la guerra, pero que estaban prestas a evitarla. Aysel les había relatado lo que había sufrido a manos de Enlil, y lo que podía esperarse de la conquista Xiosana. Sus lágrimas habían sido sinceras, y la petición de salvar a Nurdán era verdadera, a pesar de esconder las ansias de venganza entre los adjetivos. En su fuero, Aysel sabía que el único dios capaz de hacerle frente a Enlil era Mavi, por más que las demás declararan poder ilimitado de los otros elementales.

Pero no podía decirles cual era el real propósito de la entrevista, puesto que ella misma la negaba. Desconocía los detalles, pero tampoco era que no lo intuyera. Mavi juraba que sería gentil, que estarían inconscientes. Quería convencerse que la sonrisa torcida de Mavi cambiaría cuando le presentara a las tres elegidas; que no había perdido por completo la razón al romperse el vínculo. Quizás al verlas dispuestas a unir fuerzas con él, de subyugarse a las órdenes de la llama azul, regresaría a ser el dios Rey que ella siempre quiso que fuera.

Al llegar a la puerta del templo del dios de la llama azul, y conminarlas a entrar, supo que se estaba engañando, que toda esa parafernalia era una fachada para ocultar un sentimiento más fuerte, que se movía entre el miedo, la sobrevivencia o la necesidad de complacer a quien le había relegado. Por nada del mundo podía dejar que Mavi volviera a mirarla de esa manera.

Al comenzar la carnicería, desprovista de cualquier gentileza prometida, su alma ya partida terminó arrestándose como un gusano carroñero. El camino que había iniciado estaba lleno de espinas, y ahora estaba segura que se las enterraría, sangraría.

— Mírame Aysel —ordenó Mavi-Alev

¿Qué encontraría cuando lo viera? ¿un monstruo? ¿un loco? Alzó la cabeza, temblando.

Mavi—Alev brillaba con una intensidad cegadora. Aquel brillo opacaba el trozo de cráneo que mantenía atado un mechón de cabello, que el dios balanceaba sobre su mano. El brillo deslumbró a Aysel, haciendo que obviara los dedos amputados que el dios pisaba con su bota izquierda. Los restos de ropa manchados de sangre reflejaron una luz violácea etérea, que sólo lo hicieron a sus ojos más irreal, perfecto. Su dios con la armadura llena de pegajosos restos de piel, era imponente.

Aysel comenzó a llorar, porque aquel sentimiento no estaba bien, pero era imposible oponerse. Mavi había hecho suyos los poderes de múltiples elementos, incluyendo el del viento, el cual lastimosamente percibía después de lo que Enlil había hecho con ella. Tenían una débil conexión, casi ínfima, pero eso era mejor que nada y ambos lo sabían.

— Mi dios Rey — recitó Aysel, vencida ante las circunstancias.

Mi dulce niña

Esas palabras, que sabían a un néctar prohibido, perdieron la competencia contra la razón. Mavi le sonrió con la provocación naciendo de las mejillas, más apuesto que nunca y abrió sus brazos, listo para acunarla en ellos. Aysel se precipitó hacia él, caminando sobre la mancha roja, que se sentía como agua cristalina bajo sus pies, y se fundió en un abrazo deseado, que le hacía arder la piel.

El templo se sacudió sobre sus cimientos, y finas cataratas de polvo regaron la sala, abriendo caminos de luz que antes no estaban allí. En medio de su éxtasis, Aysel no se dio cuenta que estaban siendo atacados por los dioses de Nurdán, que habían acudido en masa heridos de muerte ante la pérdida de sus elegidas. Alzó la mirada hacia su dios, que le acariciaba el cabello con delicadeza.

— Quiero que mires.

El resquicio de conciencia que no había caído bajo la droga que despedía su cercanía, le alertó acerca de lo que iba a pasar, lo cual significaría la ruina para el balance de Nurdán. Deseó gritarle que se detuviera, que esos no eran sus enemigos; pero era tarde, tanto para él como para ella.

Tal vez Aysel si había muerto en Xios, y lo que quedaba era sólo un fantasma de sí misma, hambrienta del calor de la llama azul.


MUNDO XIOS, 2300 AÑOS ANTES

Verano del año 119 del calendario Nurdita

— Lo tenías — dijo Ki, sentada sobre una roca que se todavía impregnaba del calor abrasador de la tarde, a pesar que era noche cerrada— lo tenías, pero no lo terminaste.

Abzu estaba a sus espaldas, con una de sus alas rotas colgando sobre su espalda cuya punta se arrastraba entre la vegetación de la montaña. Ki asumió que su silencio se debía a que le quedaba imposible defender cómo no había sido capaz de cercenarle la garganta a Enlil en el momento cumbre de la lucha. Aquella omisión había desencadenado la reagrupación de los fieles al dios del viento, puesto que se vieron envalentonados ante el contrataque del dios Rey, que les barrió sin misericordia. Habían masacrado a la mayoría de los guerreros que Ki había convencido de unirse a su causa y ellos habían escapado.

— No creí que fuera tan fuerte —dijo Abzu entre dientes.

— Ninguno de los dos queríamos enfrentarnos a este Enlil "renovado" por la energía de la elegida de Mavi-Alev, pero de ninguna manera es invencible. No si los dos estamos en la misma página.

— Durante la lucha no dejaba de pensar que no deberíamos matarlo.

— Al menos lo dices de frente — Ki levantó sus ojos, hastiada del sentimentalismo que demostraba Abzu, y se irgió, sacudiéndose el polvo— la próxima vez no me estorbes, yo misma le daré el golpe de gracia.

— No podemos matarlo— Abzu se movió con rapidez para agarrar de un tirón el antebrazo de Ki, deteniendo sus movimientos.

— No me toques de esa forma, hermanito —amenazó apretando los dientes.

— ¿Has pensado en las consecuencias de lo que Enlil hizo? ¿Crees que Mavi-Alev va a quedarse tranquilo? Ninguno de nosotros lo haría, menos ese salvaje que estando cuerdo es tan peligroso. Ahora imagínalo con el dolor de haber perdido a su elegida, imagina cómo se siente eso.

— ¿Quieres que nos aliemos con Enlil para detener una represalia del dios de Nurdán? —Ki se soltó de un jalón de Abzu— ¿Hacemos como si no hubiera pasado nada? ¡Estás loco!

El dios de las aguas subterráneas soltó una carcajada

— ¿Por quién me tomas? lo que necesitamos es que Mavi-Alev encuentre en quien descargar su furia. Si matamos a Enlil, irá por nosotros.

— Por eso dejaremos que Enlil siga con su plan de invasión, le haremos creer que nos derrotó —Ki cada vez le gustaba más lo que Abzu le proponía, y sus ojos brillaron con comprensión.

— Su ego le hará creérselo. Enlil irá a Nurdán, probablemente ganará esa batalla. Mavi-Alev debe estar debilitado, pero no será fácil.

— Al final estará cansado. Lo estaremos esperando en Nurdán.

— Morírá antes de regresar a Xios.

Y si no gana, Mavi-Alev nos habrá hecho un favor


MUNDO XIOS, 2300 AÑOS ANTES

Verano del año 119 del calendario Nurdita

Al finalizar el quinto día del rapto de Aysel, todos los soldados que habían caminado por las pedregosas calles de Nurdán habían pasado a mejor vida tosiendo sus tripas, ahogados en un charco de sangre, esparciendo una enfermedad que para los pobladores del lejano mundo no pasaba de ser una de las tantas fiebres que con la llegada del otoño desaparecería, sin dejar más que algunos decesos entre los más viejos o los bebes de brazos. Pero para los Xiosanos, quienes jamás se habían expuesto a ella, significaría el comienzo del fin del mundo que conocían.

La guerra entre los dioses hizo que los pobladores se agruparan en lugares sin ventilación, escondiéndose de las tropas, apeñuscandose en espacios reducidos. El caldo de cultivo apropiado para el desastre. Los Xiosanos pagarían con creces la invasión de Nurdán y la ambición de su dios Rey.


MUNDO NURDÁN, 2300 AÑOS ANTES

Otoño del año 119 del calendario Nurdita

— ¿Qué has visto, mi niña? —dijo Mavi-Alev, al percibir que su presencia se acercaba, pero al voltearse el dios se quedó mirándola con cierto asombro.

Aysel estaba en la entrada del salón. Su sombra se proyectaba en el suelo, quieta y alargada gracias a las perennes antorchas del hogar del dios. Afuera acababa de oscurecer, y el aire con tintes de invierno que se colaba por la entrada de la gruta agitaba el cabello rubio de la antigua elegida de la llama azul.

Había delineado sus ojos con pintura negra, que resaltaban los feroces iris que devolvían la mirada hacia Mavi-Alev. Su cabello peinado en finas trenzas, dejando algunos mechones de oro libres le hacía verse mayor, más salvaje. Su aspecto indómito se reforzaba gracias al atuendo de dos piezas, con mangas largas y tela gruesa cubriendo su torso, y una falda rasgada, que ella misma había modificado para moverse con mayor facilidad, la misma con la que una vez se presentó en ese mismo recinto con esperanza y felicidad. Parecía mentira que eso apenas hubiera sido unos meses atrás. La chica que ahora estaba delante de él, era muy distinta. Aysel había sido forjada con sangre y dolor, con lágrimas y venganza. Mavi-Alev podía intuir lo que la humana traslucía en sus gesto pétreo, y por una milésima de segundo, se preguntó qué hubiera pasado de continuar siendo dios y elegida. Extrañaba su vínculo, extrañaba su cordura, pero también le extrañaba a ella. Aunque…

Mavi-Alev sonrió con desidia, una sonrisa aguda y traviesa, porque se sentía mejor de lo que se había sentido en siglos. Dentro de sí reverberaba un poder que no se habría atrevido a tomar, no sin el catalizador ofrecido ante el despojo de su vínculo con Aysel. Era un poder que gritaba como gritaron las elegidas de Nurdán bajo sus dientes, que se retorcía como los dioses que se atrevieron a pensar que podían detenerlo, un poder que lo valía todo.

¿Valía la pérdida de Aysel? — se preguntó, sabiendo la respuesta, y mirando a la chica, que avanzó dando unos cuantos pasos.

— Enlil está pronto a aparecer —aseguró ella, puesto que aún conservaba los poderes de adivinación— pero no viene con la cantidad de tropas que había previsto.

— ¿Vas a acompañarme? —preguntó el dios, acercándose a Aysel hasta quedar justo al frente. Mavi-Alev tomó uno de los mechones dorados de su cabello, y lo enredó con delicadeza entre sus dedos. El contacto le gustaba. Pero más le gustaba la respuesta que desencadenaba ese simple acto en Aysel. Un atisbo al placer antiguo que habían compartido.

— Si.

— La visión de tu dios debilitará tu convicción. El vínculo será más fuerte que cualquier resolución que aquí hayas tomado.

El dios le soltó el cabello, y se quedó en silencio. Aysel sentía la corriente de calor que Mavi-Alev formaba a su alrededor, un aura roja y azul, que era su manifestación ante el malestar que le causaba pensar en Aysel al lado de Enlil.

— No es mi dios, Enlil no es mi dios —aclaró Aysel

— Claro que lo es. —siseó—No podrás obviar su llamado.

— Iré con él —respondió, midiendo sus palabras, midiendo el cambio en las pupilas de Mavi-Alev, y de su aura, que se encendía como una antorcha. Aysel sabía el efecto que tenía esa afirmación por sí sola — si así lo deseas…

Al decir esto último, calló. Mavi—Alev le miró como un hombre cualquiera, esperando.

— …siempre y cuando lo mates antes que me toque —completó para satisfacción del dios de la llama azul.

Mavi-Alev le miró de soslayo, siempre midiéndola, siempre pendiente de su tono de voz, de la forma en que articulaba cada palabra, aturdido por su propia ferocidad; por esa rabia y deseo de destrucción infinita que deseaba explotar desde sus entrañas.

— Lo heriré, lo torturaré —dijo él — y tú podrás sentirlo como su elegida. ¿Podrás soportarlo? ¿no me dirás que me detenga?

Aysel quedó muda por unos segundos. El dios esperaba su respuesta, le sentía ansioso. Ella ya había aprendido a identificar las ocasiones en que él trataba de activar la telepatía que alguna vez compartieron, un enlace que no recobrarían nunca. Odiaba a Enlil más de lo que creía posible cuando notaba la frustración de Mavi al no poder hablarle directamente a su mente, como en el pasado.

— No he llegado hasta aquí a pedir clemencia para quien me lo quitó todo —dijo al final.


La guerra con sus hermanos había a dejado a Enlil sin una de las armas cruciales para la prometida conquista de Nurdán.

Los hijos de Ygdrassil habían sido asesinados según los reportes. Todos ellos. El consejo había liderado una búsqueda de sobrevivientes, y hasta el momento el resultado era negativo. Xios tendría que volver a incubar una generación de niños desde la cuna, y para que pudieran transportar el armamento necesario para una conquista a mediana escala, pasarían al menos 10 años, 6 si tenían suerte de encontrar algún genio.

Por eso el ejército invasor era menos de la tercera parte, puesto que tenían que atravesar el Nifelheim, y los carros de guerra se atascaban en la oscuridad. Los hombres se ponían nerviosos en esos parajes, y tendrían bajas ocasionadas por el nerviosismo. Adicional que sólo podrían llevar personas que ya hubieran tenido una experiencia de muerte, y con la sublevación, quedaban pocos soldados experimentados pues muchos habían perecido. El ejército que llevarían a Nurdán no era el ejército avasallador de antaño, sino uno compuesto de hombres que les obligaron a matar sin otro argumento que atravesar el Nifelheim, y que de guerra, poco sabían.

Pero Enlil estaba henchido de orgullo. El dios rey de Xios todo lo podía.

Las tropas de Xios salieron del Nifelheim una mañana de un día de Otoño nurdita, dispuestas a conquistar lo que el corazón de Enlil alcanzara a ver, y más allá, si era preciso. Llegaron confiados, sin conocimiento del apocalipsis que comenzaba.

Habían llegado hacía algo más de tres horas a la punta de esa montaña, que les daba una vista privilegiada sobre la llanura pedregosa que Xios había elegido como campamento. Mavi-Alev esperó pacientemente junto a ella, con una actitud pasiva que le ponía nerviosa, algunas ocasiones nerviosa—bueno, y otras nerviosa—malo. En su corta experiencia Aysel no podía saber que lo que sentía era una mezcla de fascinación y miedo, el mismo miedo que sentiría un cervatillo ante un carnívoro. De vez en cuando lo sorprendía mirándole en silencio, y le sostenía la mirada flameante por largos segundos, hasta que ella decidía volver a inspeccionar la llegada de tropas Xioxanas.

Pero al llegar Enlil, se olvidó de Mavi. Sus piernas decidieron caminar hacia el frente por sí solas, y el magnetismo que sólo había sentido con el dios de la llama azul de Nurdán le inundó el corazón. Era un impulso que no podía ser desatendido, pero que entrelazado con su odio le hacía tener nauseas. Quería vomitar ante esas ansias de reunirse con Enlil. Se agarró de las rocas que daban contra el precipicio para detener el insano deseo de lanzarse a su encuentro, clavándoselas en las manos, que sangraron ante la presión. Ahogó un grito de desesperación, no podía respirar. Recordó la muerte de su familia, recordó la travesía en el saco, el olor de sus propios fluidos secos en la ropa, el árbol…pero allí estaba, inevitable y primario: el llamado de un elemental a su elegida.

El sonido de las botas de Mavi le hizo girar la cabeza. De pie detrás de ella, vestido con la armadura magnífica con que le había recibido al llegar de Xios, completamente listo para la guerra. Aysel le pareció que medía más de dos metros, que ella se hacía minúscula al lado de él, que sonreía mostrando unos dientes puntiagudos, que brillaban con tonos azulados. Su cara se deformaba en una mueca de placer y su boca se agrandaba más y más. El depredador estaba listo para hacerse con toda la cadena alimenticia de un solo mordisco.

— Abre bien los ojos—le dijo— tu dios Rey está a punto de convertirse en el amo de Xios, ¡en el amo de todos los mundos!.

Mavi Alev se alzó para caer como una nube de infortunio sobre el ejército.

Sería la última vez que Aysel lo vería como el dios de Nurdán. Se encontrarían después, en la oscuridad.


CÉFIRO TIEMPO PRESENTE

Marina sintió la presencia de su elemental incluso antes de verlo. Abzu le había conducido con rapidez hacia las oscuras profundidades, enmarcadas por un acantilado donde seres gelatinosos se apartaban ante la suave luminiscencia de la cápsula mágica desde donde ella observaba el entorno negro, lleno de telarañas tridimensionales.

En aquel ecosistema, la luz era un fenómeno impulsado por las criaturas que lo habitaban, lleno de explosiones coloridas impredecibles, como si algún loco estuviera a cargo de los fuegos artificiales más hermosos y temibles del planeta.

— ¿Ceres? ¿Ceres, estás bien? —Marina llamó a su genio con urgencia, sabiendo que la energía que Ceres despedía tenía fallas, como un bombillo parpadeante cuyo filamento estaba por romperse.

Pero no fue a ella quien el elemental de Céfiro dirigió sus palabras.

— Abzu, ¿Por qué le has traído? —dijo sin ocultar su rabia—

La voz de Ceres reverberó en su cabeza, y fue transmitida por el agua con una pequeña vibración que incluso dentro de la cápsula, distinguió con claridad. Abzu no replicó de inmediato y replegó las alas sobre su espalda, cuyas membranas emitían una tenue luz iridiscente, apenas para que Marina pudiera distinguir su figura en medio de la oscuridad. El dios se irguió solemne, sonriendo.

— Creí desgastante enfrentarnos antes de hablar. No me habrías escuchado sin ella aquí.

— ¿Cuánto resistirá la burbuja?

— ¿Eh? —Marina no había considerado su propia seguridad, y tocó la acuosa superficie que la rodeaba con reluctancia—

— Te preocupas por la elegida, a pesar de tu propia juventud —respondió Abzu, simulando enternecerse ante sus palabras— pero cuánto dure el transporte de la chica, depende de ti. Sé lo que están haciéndote esos árboles. Te succionarán los poderes hasta que no quede nada. Ni siquiera puedes prestar tu forma a la elegida, la vi salir expulsada de la gema en la batalla. Quizás deberías preocuparte más por cuánto tiempo te queda a ti.

— ¿Y RESTREGARLE ESO EN LA CARA ES LO ÚNICO QUE SE TE OCURRE A TI? — interrumpió Marina, con la preocupación y la ira a flor de piel— ¡Si tanto dices interesarte por detener a Mavi—Alev, ¡HAZ ALGO!

Abzu se quedó mirándole sorprendido, divertido por la reacción

— Tienes una elegida muy particular, dios de Céfiro. —Abzu hizo una pausa, acercándose hacia la burbuja, mirando a Marina de arriba abajo con deleite—Me hubiera gustado que fuera para mí.

El mar vibró, y varias criaturas luminiscentes se reunieron rodeando a Abzu respondiendo a semejante afirmación con contundencia. El dios flotó para dirigirse al enorme mashin, alejándose de Marina para tranquilizarlo.

— Veo que aún conservas algunos poderes, pero no creo que sea sabio utilizarlos. Quizás tienes razón al sentir desconfianza. Ki y yo pagamos las acciones de nuestro hermano con creces. Pero no he venido a robarte a tu elegida. Sólo quiero utilizar la fuerza de éste planeta. Si no quieres que la chica muera, deberías considerarlo.

— ¡Eres un miserable! — Marina golpeó las paredes de la burbuja, que se combaron ante su fuerza y luego recuperaron su forma perfecta— Ceres, no lo escuches, ¡arrancaré los árboles Yggdrasil como de lugar!

— Silencio— Abzu se giró de nuevo hacia Ceres, fastidiado por el optimismo de la ignorancia— Ceres, la magia de esa burbuja desaparecerá a menos que me entregues la conexión con Céfiro.

— ¿Qué evitará que la conexión se quede contigo?—respondió Ceres, solemne pero tajante.

Cada sílaba pronunciada enviaba ondas a través del agua, y las criaturas transparentes seguían reuniéndose, formando un ejército de estridentes luces fluorescentes, que se encendían y apagaban ante cada inflexión del mashin. Sus voces de colores reafirmaban la soberanía del señor de las profundidades, como una muestra de poder. El mensaje era claro. Ceres había perdido poder, pero aún podría enfrentarse a Abzu si fuera su deseo.

— ¿Acaso planeas devolverla? — siguió Ceres— ¿o tomarás Céfiro como tu dominio una vez todo termine? ¿No es la conquista la doctrina de Enlil, tu dios Rey? ¿Podría confiar en el dios de los mismos humanos que acogimos hace 2300 años, exiliados de un mundo en decadencia, mundo cuyos mismos dioses se encargaron de destruir y que ahora nos pagan la hospitalidad trayendo la desgracia?

— Podría trasladar la presión de miles de toneladas de agua al interior — dijo Abzu, eludiendo las preguntas de Ceres— O podría jugar con la temperatura. Joven dios de Céfiro, ¿Sabes lo que le pasa al cuerpo humano cuando se somete a estas profundidades?

Marina pasó saliva, la sombra de una muerte espantosa se posó fría sobre su espalda. Abzu no era capaz de eso, no podía ser capaz de semejante cosa…Esa no había sido la impresión que se había llevado la primera vez que se vieron. Abzu no era cruel.

— En éste momento sólo serás un incordio —advirtió el dios de Xios hacia su par— tu templo en vez de reforzar tu poder, lo extrae. Te debilitarás hasta extinguirte.

— No. —dijo Marina, sacudiendo la cabeza, alzando la voz para que Abzu le escuchara con claridad— ¿acaso no conoces otra forma de unir fuerzas? ¿La amenaza es lo único que se te ocurre? Derrotaremos a Mavi-Alev, pero me niego a sentirme así por alguien que en poco tiempo luchará a mi lado.

Los dioses quedaron en silencio. Abzu se limitó a mirarla, descifrando la verdad en sus palabras.

— Verdaderamente es digna, Ceres —dijo con la derrota sosteniendo su voz, al tiempo que levantaba su mano para desaparecer la burbuja


NOTAS DEL AUTOR

El fantasma de AdiaSkyFire aparece para octubre, apenas para Halloween jajajaja.

Ok, perdón por la broma y por desaparecer. Este año ha sido ignominioso :P

Si, voy a terminar las historias, ¿cuánto me llevará?,espero que imaginación vea la luz este año, y por eso me he dedicado a ella, creo que es justo acabar una. Es terrible para el record de mis long fics que el único que esté completo sea Secretos (y eso que no si contarlo, porque tiene segunda parte). Por favor no desesperen, el otro cap de imaginación ya se está fraguando así que lo verán pronto, creo que en dos semanas. Los separé en parte I y parte II por la extensión.

Ojalá aún se animen a leer lo que falta de "es tan sólo tu imaginación". Gracias por acompañarme toooodos estos años. Son los mejores lectores du mundo. (y los de más paciencia btw) Si me regalan un review, quedaré muy agradecida, y me sentiré acompañada en la travesía. Ya saben lo que puede hacer un review para un escritor.

Mil gracias a quienes dejaron sus reviews en el capítulo pasado (cof cof, eso fue hace meses, cof, lo siento por no responder apropiadamente, cof)

LucyKailu: Gracias gracias por tu review. No se si te siguen dando de ver acción entre Aysel y Mavi, pero el camino de este ship es oscuro. Todavía tengo varias cosillas sin resolver del pasado de Nurdán, que se cerrarán en el prox capítulo. Releí este review varias veces, jajaja son como una droga, de verdad. Muchas gracias

Bermone: Ejem! Perdón por revivir hasta ahora. Si, aún no sabemos cómo llegó a Céfiro Ascot, pero en el próximo lo sabrás y siento que siga enfocándome en el pasado sólo dando algunos tintes de lo que está ocurriendo, pero es preciso para el argumento (o eso cree esta autora jejej).

Etzel47: Si! lo has descrito tal cual es mi objetivo. Estos dioses no se preoucpan por el devenir humano, como los griegos, y tienen fallas, sentimientos y deseos comparables con las criaturas a las cuales desprecian, pero curiosamente necesitan. Eso que me dices de "ver" creo que es un elogio muy grande, y un objetivo que a veces es complicado de lograr uno aquí detrás del teclado. Muchas gracias.

gueramonti88: Hola! AHHH Bienvenido/a que emocionante ver alguien nuevo que quiera leer esta historia loca. Ojalá me acompañes hasta el final. Gracia spor leer y por tu review!

Nos estamos leyendo. Gracias!