CAPITULO 38. MI DIOS REY
You want a little of it
You just can't let go of it
You've got an ego to feed
Too late to rise above it
Don't look now but the little girl's got a grenade
Imperfection - Evanescence
CÉFIRO — TIEMPO PRESENTE
…digna de su poder. Pensó Abzu con cierta envidia, mientras quitaba poco a poco la protección que había puesto alrededor de Marina, sintiendo un deja vu que le recorrió con un escalofrío.
Esperaba que la parsimonia le diera tiempo al joven Ceres para reaccionar, y que al utilizar su poder se debilitara aún más. Abzu nunca estaría de acuerdo con sacrificar una elegida, y menos una tan hermosa y digna como lo era esa niña, pero Ceres no lo sabía y tenía que mostrarle que estaba dispuesto a todo para hacer el pacto.
Sin embargo jamás previó que un tercero se interpusiera en la disputa, menos alguien con el suficiente poder para llegar a esas profundidades, y para salvaguardar a la elegida sin que Ceres tuviera que mover un solo dedo.
— ¡Guruclef! —dijo Marina, al verse transportada a un vehículo similar al que habían utilizado para llegar al templo de Ceres, cuando aún no eran guerreras mágicas.
Clef sonrió al verla, y le brindó su mano para que se levantara del suelo del vehículo.
— ¿Estás bien?
— ¡Yo debería preguntarte eso! ¿Cómo esquivaste a Mavi-Alev? — no podía ocultar su emoción. Verlo allí, a su lado, cuando pensaba que estaba gravemente herido o muerto era más que reconfortante. Era alegría pura.
— He sobrevivido el convertirme en roca.
— ¿Crees que es hora de vanagloriarse? ¡Ese dios quería desintegrarte!
— ¡Tú preguntaste!—respondió agarrando con fuerza su báculo.
— ¡Y tú respondiste como si nada hubiera pasado! ¡Ese dios idiota me secuestró y yo no podía ir a buscarte!
Marina se percató de lo que acaba de decir y apartó la mirada, roja de la rabia y de la pena. Clef se aclaró la garganta.
— Sentía fluctuar tu energía junto a una fuerza similar a la de Ceres, pero no era de Céfiro. Creí que sería prudente acompañarte.
¿Era esa su forma de decirle que había venido porque creía que estaba en peligro? Marina no dijo nada, pero quiso creerlo, así fuera sólo un juego de palabras.
— Gracias por salvarme, Clef — dijo sosteniéndole la mirada—
Quizás había sido demasiado sincera, porque el mago apartó su cara antes de responderle
— Siempre
— ¿Qué dices? — la pregunta era genuina. No había escuchado con claridad.
— No es nada. Se acerca.
Hasta ese momento, Abzu había guardado su distancia. Al ver que su moneda de negociación había desaparecido, la ansiedad crecía en su ánimo, hasta que decidió tomar acción.
La nave se bamboleó al chocar con una corriente de agua que deseaba aplastarla. Clef y Marina se sacudieron en su interior con el choque. Marina chocó contra una de las paredes de la cápsula y tomándose el brazo que recibió el impacto, se arrodilló sobre el suelo de la nave. El conocimiento de algo familiar se encendió de golpe en su alma, pero nada tenía que ver con lo que estaban viviendo. Era un sentimiento familiar, que hacía años…
— ¡Marina! ¿Estás bien?
— Si —afirmó mirando hacia un punto indeterminado— Me pareció sentir…
— ¡Entrégame la conexión, Ceres! — gritó Abzu, interrumpiendo la respuesta de Marina, quien vio con horror cómo el dios alistaba una segunda embestida, más poderosa que la anterior.
Clef se aferró a su báculo, estando en el suelo de la nave. Un escudo mágico rodeó la cápsula para hacerle frente al poder de Abzu. Cuando chocó contra ellos, se desintegró de inmediato.
— Lo siento — dijo el mago con el cabello revuelto, pegado a la cara llena de sudor por el esfuerzo— ha sido un día largo.
— ¡Clef!
El tercer golpe se preparaba en las manos de Abzu, que dudaba ahora si esa estrategia ablandaría a Ceres, que se alistaba para contrarrestarlo. Sintió la energía del mar concentrándose cerca al elemental de Céfiro. Una tormenta se fraguaba en los abismos más profundos.
— ¿Permitirás que Mavi-Alev destruya Céfiro por tu falta de confianza? — indagó Abzu.
El enorme mashin brilló con fuerza, y cambió de forma. El dragón azul que Marina había visto el día en que hicieron el pacto con Ceres apareció zigzagueando utilizándolas corrientes de agua para impulsar su velocidad. El dragón extendió las alas, interponiéndose entre la cápsula y Abzu.
— No es un secreto que jamás devolvieron la conexión de Nurdán. Los elementales de Céfiro nunca les entregaremos nuestro poder. Menos a quienes intentaron robarle la elegida a Rayearth.
La voz de Ceres era la voz del océano. El dragón no movía su boca, pero el sonido llegaba hasta sus oídos. Había una furia latente en cada palabra, una amenaza que estaba a punto de materializarse.
— ¿La elegida de Rayearth? — a Marina el corazón le dio un vuelco— ¡Lucy! ¡Eso era Clef! ¡Eso era!
— Después de la llegada de esos seres no he…—Clef hizo una pausa, ensimismado. Sus pupilas se movieron de un lado a otro—
— Está en Céfiro. ¡Lucy está en Céfiro! —su sonrisa se ensanchó—
— ¿Estás segura?
— ¡SI!
Las alas del dragón enviaron una ráfaga hacia Abzu, que lo recibió cruzando los brazos al frente de su pecho para luego soltarla hacia los lados.
— Las acciones de Enlil no son las mías
— Los elementales de Xios destruyeron dos mundos y jamás mostraron…
MUNDO XIOS, 2300 AÑOS ANTES
Otoño del año 119 del calendario Nurdita
— … arrepentimientos —dijo la nodriza, de pie ante el grupo de Xiosanos que se resguardaba a las afueras de la ciudad.— No podemos esperar más tiempo ni mirar atrás o moriremos todos. Las nueve ciudades del imperio han sido infectadas.
El último mes la sociedad Xiosana había colapsado. La gente se ocultaba en sus casas o emigraba hacia las montañas. Los barcos mercantes que zarparon del puerto de la capital se encargaron de diseminar la enfermedad a las provincias y a los reinos conquistados. En las calles se apilaban los cadáveres, que ya no cabían en los cementerios, ni en las fosas comunes.
Los pocos miembros del concejo de ancianos que aún permanecían con vida había huido, dejando a la ciudad a su suerte. Los templos de los dioses estaban llenos de enfermos en su etapa más avanzada, que rogaban por el regreso del dios Enlil, el dios rey que los salvaría del infortunio, pero hacían semanas que no se tenían noticias de la campaña en Nurdán, ni de si los ejércitos habían pasado el Nifelheim.
No se conseguía comida, los mercados habían cerrado y se rumoraba que el agua estaba contaminada. La enfermedad seguía su rumbo inclemente, conquistando a ricos y pobres, plantando las semillas de la locura en los pocos que sobrevivían, o matando de hambre a los huérfanos. Una nueva religión se fraguaba, que desdeñaba de los dioses antiguos por haber permitido la desgracia. Los miembros de esta secta secuestraba niños sanos para ser ofrecidos en sacrificio, y bañarse en su sangre, que pregonaban como remedio para conseguir inmunidad ante ese castigo que debía provenir de la riña de los tres dioses.
— Debemos irnos antes que los dioses vuelvan de su campaña contra Nurdán—completó una de las mujeres, que sostenía en sus brazos a un bebé envuelto en una manta.
Varias voces se levantaron en protesta. Muchos no estaban de acuerdo con la medida que proponía la antigua nodriza, quien les había dicho que en los niños de Ygdrassil estaba su única oportunidad. Un llamado al orden calmó a algunos de ellos, pero otros siguieron murmurando sus opiniones. Dentro de ese grupo había un regimiento entero de soldados, una docena de sacerdotizas y algunos nobles, que permanecían callados sabiendo que su intervención podría tomarse a mal.
— ¿Qué sabemos de la diosa Ki y del dios Abzu? —interpeló el hombre sentado atrás de la mujer. Era el mismo soldado que había salvado a los tres niños de Yggdrasil que su hermana mantenía escondidos.— No podemos dejar que se enteren que hay sobrevivientes, o nos matarán con ellos.
— Creemos que cruzaron el Nifelheim, persiguiendo a Enlil —respondió otro de los que presidía la pequeña asamblea— sabemos que desean acabarlo de una vez por todas.
— ¿Qué le pasará a Xios una vez maten al dios del Viento? —dijo un hombre entre la multitud, levantándose con dificultad del suelo para hablar— los dioses están dispuestos a terminar con el balance, Xios sufrirá las consecuencias. La enfermedad es sólo el comienzo ¡El fin de este mundo está cerca!
— ¿Qué nos esperará del otro lado si nos vamos? —dijo un joven, con desdén, desde su puesto— ¡es un universo completamente distinto! ¿Qué nos garantiza que otras enfermedades peores no nos estén aguardando en otro mundo?
— ¡La enfermedad es un castigo divino! —gritó una joven, levantando los puños al aire—
— La maldición puede seguirnos a donde quiera que vayamos —respondió el joven—
— Así no nos mate la enfermedad, Xios está condenado. Cualquiera que gane la contienda no podrá mantener el equilibrio. Nos deparan tiempos oscuros —la nodriza habló con voz clara y firme, que hizo que todos le escucharan con atención— Los que quieran venir están invitados, los demás deberán guardar el secreto. No les obligaremos a partir, pero entre más seamos, será más probable nuestra supervivencia.
— ¿Sabe al menos a dónde deberíamos ir? —dijo el joven—
— Hay un mundo, al que llamamos "Céfiro", debido a que ese es el planeta más importante del sistema a donde pertenece. Es allí donde se encuentran los elementales. Estaba en la lista de los objetivos del concejo. Hicieron estudiar las coordenadas a los niños mayores, para una posible invasión, y yo las recuerdo.
— ¿No podríamos migrar a una de las colonias ya conquistadas, en los otros mundos?
— ¡Así es! — dijo otro hombre— son mundos ya conocidos, y los Xiosanos en sitio podrán ayudarnos.
— ¿Qué creen que ha pasado en las colonias?— interpeló el soldado— ¿no recuerdan que Xios los sometió por la fuerza? Los jefes y antiguos reyes de esos mundos se han sublevado para recuperar su poder. Saben que es su mejor oportunidad. Todos los residentes Xiosanos de esos mundos han sido apresados o asesinados de la peor manera. Si ustedes quieren ir a probar suerte a esos mundos, les facilitaremos la huída. No estamos para obligar a nadie.
Se miraron los unos a los otros. No, no era una opción.
— ¿Podrán los niños transportarnos a Céfiro? ¿A todos nosotros? —dijo un hombre con larga barba moteada por las canas.
La pregunta era válida. Aún para un niño entrenado, era complicado trasladar una gran cantidad de seres vivos. Todos sabían que el experimento podría salir muy mal si los niños fallaban. Podrían terminar en diferentes mundos, separados, o morir si no se completaba la trasferencia de la forma correcta. La nodriza guardó silencio por sólo un momento, pero era suficiente para despertar las dudas incluso en los que estaba a favor del viaje.
— ¿Estos niños, tienen experiencia o no? —preguntó la mujer que antes tan apasionadamente había apoyado la propuesta.
— Miriel y Cirdán podrán manejarlo si hacemos varios grupos. — respondió la nodriza, sabiendo que Miriel había realizado varios viajes exitosos, pero Cirdán…—No deben temer.
— ¿Y el pequeño?
— ¿Ascot? Sólo tiene dos años. Es muy pronto para él
— Podría ser muy pronto para todos ellos. Miriel sólo tiene 5 años y es la mayor. —dijo el anciano.
La asamblea volvió a quedar en silencio, hasta que el soldado se levantó de su puesto
— Mi familia y yo nos arriesgaremos. La opción aquí sólo es la muerte. No confío en los dioses de Xios, ni en el nuevo culto. ¿Alguien más?
Las manos se levantaron poco a poco, hasta que la gran mayoría estuvo de acuerdo. Un grupo decidió alejarse por su cuenta, sin mediar palabra.
— Debemos llevar lo que sea más importante para asegurar nuestra supervivencia. —continuó el soldado— todo lo que signifique Xios para nosotros.
MUNDO NURDÁN, 2300 AÑOS ANTES
Otoño del año 119 del calendario Nurdita
— Enlil es más poderoso que Mavi—Alev, no podrás quejarte —le atizó Abzu—
— Es verdad —Ki comenzó a disfrutar de la conversación. Debían sacarle la información como diera lugar— Mavi-Alev es un dios cobarde que se esconde en su templo y desuella a venados y hombres por igual.
Aysel sonrió.
Estaba atrapada, lo sabía. Pero aún así, Ki y Abzu vieron esa sonrisa helada crecer en sus labios, como la de un muerto. Excepto que los muertos no lloraban. Las lágrimas de Aysel estaban llenas de una verdad tenebrosa que hería, pero que reflejaba orgullo.
— Mavi-Alev es ahora el único dios de Nurdán — las palabras salían ponzoñosas, a pesar de que se le secaba la saliva por la temperatura del anillo de fuego de Ki— los triturará con sus dientes y se hará aún más poderoso.
Ki y Abzu quedaron en silencio ante la revelación. Durante unos segundos lo único que se escucharon fueron los gritos perennes del ejército de Xios, que seguía clamando por descansar. Pero de pronto, se hizo el silencio.
El momento se rompió con un grito de Aysel, que se rodeó con los brazos y cayó arrodillada. El anillo de fuego prendió su falda, consumiéndola por las puntas, pero la chica no hacía esfuerzos por apagarlas. Se abrazaba el torso, jadeando. Abzu iba a darle una señal a Ki para desbaratar el hechizo, pero no fue necesario. La diosa lo había anulado con el segundo grito, viendo que la humana se encogía ante un dolor más urgente que la amenaza de su magia.
— ¿Has hecho algo, Abzu? —desde que la niña había confirmado sus sospechas, Ki sentía miedo real por primera vez en muchos años, y aquella elegida, revolcándose de dolor, no le daba buena espina.
— No he hecho nada. —El dios miró hacia el fondo, donde los relámpagos de magia morían como si el cielo fuera a partirse. Los gritos de los soldados habían cesado de golpe y, un silencio antinatural mordía el aire, hasta consumirlo. Un estremecimiento bajó por su columna.
— Apaga las llamas de su vestido,—dijo Ki señalando a Aysel— todavía nos debe más explicaciones.
— Ki, Mavi-Alev viene hacia acá.
Las chispas de su vestido se apagaron con la ráfaga de viento que pasó encima de su cabeza. No lo vio, pero sabía que era Mavi. Estaba muy ocupada con el dolor en su espalda.
Había preparado su mente para las heridas que Mavi infringiría a Enlil. Sabía que dolerían, sabía que sin eso no habría venganza, pero ahora mismo toda su dignidad quedaba en el suelo, retorciéndose, sintiendo la pérdida de unas alas que no tenía, unas alas que habían sido arrancadas con sevicia de la espalda del dios del viento de Xios.
Levantó la cabeza. Sólo distinguía siluetas moviéndose con rapidez. El enfrentamiento había sido alejado de ella, de manera intencional. Escuchaba la voz gruesa de su dios, levantándose en ecos, llena de rabia, y la réplica de la diosa Ki, que le acusaba de destrucción.
Destrucción. Una sonrisa apareció en su cara pálida. Qué ironía. ¿Quiénes podrían saber más de eso que los dioses de Xios?
Se arrastró, sudando en esa mañana fría, tratando de respirar sin ahogarse, rogando porque esas inclementes punzadas que sentía fueran sólo un pellizco comparado a lo que sentía Enlil. Escuchaba un grito de Abzu y un estruendo cercano a la montaña, que debía mirar impávida el choque de aquellos titanes. Ahora era la risa de Mavi, segura e imponente, la que trasmitía el aire. Le imaginó con su armadura, su cabello azuloso enredado sobre los hombros, mirando con intensidad depredadora a los trasgresores.
Pero cayó en cuenta que podía escuchar todo aquello con claridad, porque faltaba un sonido importante. Los soldados ya no gritaban. El ejército de Xios estaba silencioso.
Eso era, por eso Mavi estaba allí. Suponía la respuesta al acertijo del cómo Mavi había llegado ahí, y le aterraba. Mavi-Alev había prestado especial atención para captar su reacción cuando amputó a Enlil, y por eso terminó la agonía de los soldados. Todo por oírle gritar. Cuando su voz rasgó la llanura, en vez de originarse entre las rocas de la montaña, se había dado cuenta que Ki y Abzu estaban allí, y dejó a Enlil en agonía para enfrentarse con los otros dioses. Si tanto le despreciaba, si tanto quería escuchar su dolor, ¿por qué le importaba si los otros dioses le mataban?
Llorando porque tenía un mal presentimiento, llorando porque no quería soportar más dolor, porque nada de eso era justo, hizo el esfuerzo de erguirse. Tenía algo importante que hacer. Una orden que le era imposible no cumplir.
— ¡Éste no era el plan! —dijo Abzu, acercándose a Ki, quien se levantaba del suelo, limpiándose la ropa — ¡este no era el plan!.
— ¡CUIDADO!
La magia del agua impactó contra Abzu, impulsada por un enorme torbellino, llevándoselo por delante para estrellarlo con fuerza contra las rocas metros atrás. Ki iba a levantar vuelo, cuando Mavi-Alev apareció enfrente, como si se hubiera materializado. Extendió su mano y atrapó el ala izquierda de la diosa, la cual se incendió en medio de llamas azules. Pero la diosa en vez de aullar y tratar de liberarse, le tomó desprevenido, y con un movimiento se impulsó hacia atrás, para que sus garras le atraparan el rostro. Hundió sus uñas en la cara del dios, aleteando con su única extremidad, al tiempo que le respondía con una explosión de fuego que dirigió directo hacia los ojos del dios. Fue el turno de Mavi-Alev de gritar.
— No me subestimes, Mavi-Alev— dijo Ki, separándose en el momento justo para que la explosión no le afectara, renqueando el aire con su única ala, y con las llamas azules llegándole a la espalda.
Abzu llegó hasta ella, y apagó con magia la destrozada ala. La diosa estaba pálida, y algunas venas resaltaban en su rostro.
— No podremos derrotarlo si tiene cuatro elementos a su disposición. —dijo Abzu muy serio, sin perder de vista al oponente, que parecía recuperarse del ataque de Ki—
— ¿Qué propones?
— Regresemos, dejemos a Enlil con este loco, y que se divierta destrozándolo.
— Nos seguirá hasta Xios.
— Entonces debemos debilitarlo para que no pueda cruzar, para que no pueda abrir el portal
— ¡Sólo servirá temporalmente! —Ki se imaginaba a Mavi-Alev cazándolos por las montañas de Xios, con esa sonrisa maniática.
Se obligaron a separarse, Mavi-Alev atacaba de nuevo. Ki salvó por poco una llamarada, y rodó por el suelo, dado que la fuerza no le alcanzaba para elevarse sólo con una de sus alas. Le gritó a Abzu, mordiendo el polvo, con el ego implosionando en el pecho, y la epifanía brillando en los ojos.
— ¡CON SANGRE LO CONSIGUIÓ, CON SANGRE SE LO QUITAREMOS!
Con un objetivo en mente, Aysel atravesó la llanura calcinada, llena de cuerpos negros e irreconocibles, haciéndose inmune al olor y a las cenizas que flotaban por el aire. Se detuvo varias veces, hurgando entre los restos del campamento hasta que la búsqueda dio frutos. Guardó la recompensa en uno de sus botines, y se dispuso a seguir el llamado del dios del viento.
Al fondo, a unos metros de una magnífica tienda de campaña que se conservaba intacta por algún ardid del destino, estaba el rastro. Aysel siguió las pistas como un sabueso, sin necesidad de detallar la dirección de las gotas de sangre sobre el pasto para saber a dónde debía dirigirse, pero mirándolas de todos modos, con el pulso a cien, entendiendo la sed de destrucción que debía sentir Mavi, alineándose con la locura.
Enlil estaba en el suelo, arrodillado, esperando que entrara en su campo de visión. Justo como había supuesto, no tenía alas. ¿Mavi se las habría comido? Avanzó hacia él. Los separaban unos seis metros.
Aysel caminaba despacio. Todavía sentía dolor, pero se había vuelto sordo como una canción a la que se le quitaran las frecuencias más altas.
— Llegas tarde humana
— He venido tan pronto he podido —respondió sin dejar de caminar hacia él.
Enlil le miró con desconfianza. Su armadura estaba destrozada, sólo se mantenía parte de la pechera en el puesto, y trozos de las placas de las piernas. No tenía ningún casco puesto, por lo que podía verse con claridad los cortes profundos que surcaban su rostro. El otrora hermoso cabello dorado estaba quemado en varias partes. La sangre manaba copiosamente de los cuatro muñones de alas que ahora tenía, y una de sus piernas estaba negra como el carbón.
— ¿Has respondido mi llamado?— preguntó Enlil, poniéndose en guardia.
— No tengo opción— Aysel bajó la cabeza, arrastrando la voz.
Se detuvo a un palmo de Enlil, y se arrodilló a su lado, sumisa.
— ¿Cómo llegaste a éste mundo?
— No lo sé.
— Responde —ordenó el dios.
Aysel sintió la orden presionando su garganta. Mavi-Alev jamás le había dado una orden ni presionado a nada mientras tuvieron el vínculo. No lo necesitaba. Aquella urgencia por sincerarse con Enlil era nueva y amarga, pero no le dejó más opción.
— Los dioses de Xios me salvaron —dijo sin faltar a la verdad.
— Te trajeron acá, para que Mavi-Alev tomara venganza.—Enlil levantó sus cejas, mirando al vacío, admirando la idea.
La chica lo miró con curiosidad, silenciosa.
— ¿Puedo ayudar al dios rey a acabar con sus enemigos?
— ¿Así que quieres ayudar a tu dios rey? —Enlil borró la sonrisa de su rostro, y sus ojos dorados se oscurecieron— Habla.
— Lo que más deseo es que mi dios rey triunfe, y mueran todos sus enemigos. —dijo Aysel, respondiendo obligada por el vínculo.
Enlil asintió complacido con la respuesta.
— ¿Amas a tu dios, humana?
— Más que a nada
— ¿Tienes miedo?
— Ya no— dijo tajante, levantando sus ojos, para que Enlil los viera muy de cerca.
— Una elegida siempre debe estar al servicio de su dios—dijo sonriendo de nuevo— La daga y los obsequios de Dilmún. Tráelos. Ya decidiré cómo te castigaré por haber seguido a mis hermanos.
— ¿Daga?
— Calla y obedece
El dios de Xios le dio instrucciones precisas para encontrar los objetos que pedía, que descansaban ocultos en la tienda de campaña. Aysel no demoró mucho en hallarlos. Alzó la daga, que se sentía bien en sus manos y se demoró unos segundos contemplándola. El brillo parecía susurrarle secretos. Era un arma especial, que Enlil deseaba. ¿Qué milagros podría obrar aquella daga?
Quizás…
El comando todavía actuaba sobre ella, y le obligó a ponerse en movimiento. Recordando el sabor inmundo de las galletas que Enlil llamaba "obsequios de Dilmún" que llevaba consigo, tomó el camino de vuelta.
Enlil no estaba pendiente de sus pasos. Repasaba con los dedos los surcos abiertos de su rostro, sellándolos con esfuerzo, mediante una luz tan brillante como un sol en miniatura. Aysel lo vio utilizar esa magia curativa, y pasó saliva.
Llegó hasta él. Pero esta vez no se arrodilló a su lado.
La daga era ligera, aunque era de oro puro. La hoja dorada viajó aserrando el viento del otoño, y aterrizó en el espacio entre el cuello y el hombro del dios del viento, que su armadura rota ya no protegía. Penetró con poca resistencia, como si fuera tierra húmeda. El dios le miró con ojos desorbitados, vomitando sangre.
— Mi dios rey es Mavi-Alev. —dijo Aysel, retrocediendo dos pasos, antes que el dolor le dejara imposibilitada.
— Maldggg —Enlil se ahogaba en su propia sangre, y el insulto no alcanzó a formarse en la boca.
Aysel cayó al suelo. Su fuerza de voluntad llegaba hasta ahí. Su resistencia a obedecer Enlil llegaba hasta allí. Se sentía morir.
Bien.
Abzu alzó a Ki, y ambos retrocedieron adentrándose en el bosque a sus espaldas. Volaban lo más rápido posible, planeando entre los árboles con Ki pasando un brazo sobre la espalda de su hermano, para ayudarse a equilibrar el peso del ala que le faltaba. Tenían que trabajar al unísono, lo más rápido posible, puesto que Mavi-Alev les seguía muy de cerca. Ki utilizaba la magia para ponerle obstáculos y trampas para ralentizar la persecución, pero Mavi-Alev parecía incansable. Lo único que les ayudaba era desplazarse entre las ramas, y la vista privilegiada de Ki, que lograba predecir los espacios abiertos entre los árboles.
— Le hicimos daño, por eso avanza con mayor precaución, pero tarde o temprano nos alcanzará —dijo Ki.
— La llama azul tiene algo de cada uno de nuestros elementos, deberíamos ser capaces de encontrar el templo. —Abzu se concentraba en el camino. Si fallaba, ambos sufrirían las consecuencias.
— Si está al otro lado de este mundo, nos matará antes. ¡Acelera!
Justo cuando una enorme ola de fuego multicolor abría un túnel rostizando los abetos a su alrededor, el templo que buscaban apareció escondido en las grutas. No tuvieron que buscar la entrada, puesto que un enorme agujero en la parte superior les daba acceso directo. Se precipitaron dentro, aumentando la velocidad.
Lo que buscaban estaba por todas partes. La enorme sala olía a altar de sacrificio. La sangre seca decoraba las paredes y hacía mosaicos de muerte en el suelo. Sin miramentos, las garras de Ki cercenaron la piel del brazo izquierdo de Abzu. La diosa se calvó las uñas en el antebrazo con violencia. De ambas heridas manó sangre que se mezcló con la del templo.
El corazón de Nurdán recuperó una parte de su latido, antes disfónico. Los elementos de Fuego y Agua se postraron para fluir en el cuerpo de los dioses de Xios.
Mavi-Alev aterrizó a los pocos segundos, su rostro mostraba las heridas de las garras de Ki, que resaltaban los ojos astutos, y a la vez enloquecidos. Miró la sangre goteando de los brazos de sus enemigos y sonrió con displicencia.
— Su pacto con éste mundo es sólo temporal. Es un vínculo endeble que no sobrevivirá. —se llevó la mano al pecho, y le dio un suave golpe a la pechera de la armadura—yo los mantengo vivos, en mis entrañas.
— Ahora compartiremos ese poder — Ki sonrió complacida— dudo que a Nurdán le plazca reducir su planta de inmortales.
— Los muertos no comparten nada
Mavi—Alev se lanzó contra ellos, pero sentía que el impulso mágico de los elementos no era el mismo. Estaba siendo drenado por los inmortales que habían nacido para portar el fuego y el agua. Pero si Nurdán estaba actuando en su contra, él actuaría en contra de Nurdán. Obtendría lo que…
CÉFIRO — TIEMPO PRESENTE
…quería, pero sus fuerzas no llegaban a tanto. Latis acababa de despertar, atrapado bajo un tronco rostizado que le había caído encima después de salir despedido por el impacto. Estaba exhausto, y tenía una sed que le calcinaba la garganta.
Un sonido captó su atención. Las ramas se habían partido a la derecha, y unas hojas calcinadas se reducían a cenizas, aplastadas por unos pasos que se acercaban. Usaría su magia para quitar el árbol, al tiempo que alejaría al posible…
— ¿Latis? —susurró una voz femenina— ¡contesta muchacho!
— ¿Caldina?
— SHHHHHHHH ¡habla más bajo! —increpó. La cara de la bailarina apareció junto a la de él— no pueden verme, pero de seguro podrán oírte. Debemos irnos. Esa pelea se ve complicada.
— ¿Quiénes…?
— Dos cosas ni sé lo que son. Lo cierto es que no debemos meternos en su camino.—Caldina se volteó para dar órdenes— ¡muevan con cuidado el árbol, no podemos dejar que haga sonidos extraños!
Latis sintió que el peso se aligeraba, en pocos segundos se vio libre, y rodeado de un grupo de Cefirianos. Los soldados al mando de Caldina hacían el menor ruido posible al caminar, y por su actitud, deducía que estaban habituados a las ilusiones que desplegaba su comandante.
Latis dio un largo paneo por la llanura, buscando a Lucy. En vez de encontrarla, vio dos figuras que luchaban. Uno era Enlil, y el otro, lo que quedaba de la doctora Harris. Sintió asco al ver el cuerpo deformado en que Mavi—Alev había convertido a la bella mujer.
Caldina le tomó de la mano y le empujó a caminar con ella. El respondió silencioso, dándole a entender que debía permanecer allí.
— La vimos—susurró Caldina— Lucy no está aquí.
No había más que discutir. Latis asintió, y dio un último vistazo al enfrentamiento de los dioses.
Siguió al grupo que caminaba con tiento entre los restos de los árboles para perderse en el bosque próximo, donde no había llegado la explosión. No esperaba que en medio de la espesura, un contingente grande de tropas saliera a su encuentro. Caldina dio órdenes con un gesto de sus manos, y los hombres avanzaron, regresando por donde habían venido.
Marcharon durante unos minutos, hasta que desembocaron a un claro. Sabiendo que era un lugar apropiado para hablar, Latis se acercó a Caldina.
— Ya sé lo que vas a preguntar, cariño.—le dijo antes de que el musitara una sílaba— ¿pero primero me dejarías abrazarte? Me alegró mucho ver que habías regresado. ¡No teníamos noticias de ti hacía mucho tiempo! Y la chica ésta, que partió contigo…la sacerdotisa, ¿cómo era su nombre?
— Preferiría que me dijeras a dónde fue Lucy.
— Suponía que ibas a decir eso. Ten en cuenta que al menos te pregunté. —mencionó como si se salvara de toda responsabilidad— Lucy se fue con una de las criaturas aladas. Creemos que se dirigían al templo de Rayearth.
— Voy a ir.
— ¿Puedes convocar una criatura mágica sin tu espada? No veo que la lleves contigo.
— Me las arreglaré.
— No puedes ir por ahí sin un arma.
— ¡Comandante! —uno de los soldados se acercó a ellos y se paró rígido, esperando autorización para hablar.
— ¿Ocurre algo? —Caldina se volvió hacia el hombre— Sabes que puedes interrumpirme.
— El comandante Ráfaga ha enviado noticias desde el templo del viento. Múltiples árboles han sido plantados en las faldas de la montaña y las tropas de Xios son numerosas. De la nave nodriza han bajado otras naves con soldados que han reforzado el ataque. El comandante Artego está vivo, pero ha enviado a un hada con mensaje de auxilio desde el interior del templo. Fyula ha sobrevolado la zona, el cual era conducido por Paris, quien ha ingresado a la montaña cargando a quien se cree es la guerrera del viento.
— ¿Paris? —Latis se adelantó, interesado por la noticia— ¿Ha vuelto a Céfiro?
— No sólo ha vuelto, sino que trajo consigo una cura para esos asquerosos árboles. —explicó ella—Xios lo ha plantado por todo Céfiro, para que succionaran nuestra magia. Logramos detenerlos a tiempo en el templo del fuego, pero no podemos decir lo mismo para los otros dos.
Latis tuvo la certeza que aquello era obra de Akil. No podía ser de otra manera. ¿ya lo sabía desde antes? ¿O había tenido ayuda?
— ¿Arrancaron los árboles?
— Creo que habló con él —Caldina se llevó el índice a los labios, recordando el episodio— luego de eso, el árbol cambió. ¡Incluso floreció! —hizo una pausa, recordando que aún estaba el soldado esperando por instrucciones, así que se dirigió a él— ¡OH!¡ Lo había olvidado! Hey, ¿tenemos todavía armas enviadas por Presea?
— Sí, mi señora, —dijo el soldado, ocultando su ansiedad— ¿Qué mensaje debemos enviarle al comandante Ráfaga?
— Iremos por supuesto. Pero no podemos dejar esta zona desprotegida. No queremos que nos ataquen por la espalda.
La situación de Céfiro era crítica y había muchos frentes que atender. Latis detalló a Caldina, quien miraba hacia el cielo. A lo lejos, distinguía una forma ovoide. Era la nave nodriza de Xios, de la cual salía un torrente de pequeñas embarcaciones.
— ¡VIENEN HACIA ACÁ! —fue el grito unánime de los hombres.
NOTAS DEL AUTOR
Feliz 2019!
No tengo verguenza, lo sé. Iba a publicar un capítulo de resumen antes de este par, y lo tenía casi listo y fanfiction me jugó una mala pasada con el time out de la sesión (si, no había guardado) así que lo siento, pero no pude reunir energías para escribirlo de nuevo.
Gracias por estar aquí! por leer y por dejarme saber lo que piensan. Trato de congraciarme con ustedes que muy pacientemente han esperado el final de esta historia, subiendo dos capítulos. Imaginación va a cumplir 6 años de publicado, (como diría el sabio Ralph de los simpson "Estoy feliz y enojado") espero que pueda concluirse para cerrar su aniversario. Va bien, soy optimista -ya sé que no me creen ni la risa, pero bueno, se hace el esfuerzo-
Como es tradición, doy especiales gracias a quienes me dejaron un review o han marcado esta historia para seguirla. (gracias velvetyredfox y darkselire)
Bermone: AHHH que lindo leerte. Gracias por el review! Estoy muy contenta que haya logrado transmitir algo de lo que veía en mi mente con esa escena que mencionas, cuando Mavi se come a las elegidas. Estoy feliz que te haya gustado! Por fin aparecieron algunos que faltaban en escena. Clef vivito y peleando, eso si jajaja.
Magda: No te preocupes, Lantis está bien. Desafortunadamente Lucy no sabe que aún está con vida. Estoy encantada que hayas leído completa imaginación y con tanta rapidez! Mil gracias por tus reviews!
Etzel47: Que lindas palabras! Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer y de escribirlas. Trato de armar la trama lo mejor que puedo, recordando todos los (malditos) escenarios que tengo y que las cosas no se resuelvan por arte de magia. Más de una vez he estado tentada a escribir que con un superpoder todo se resolvió, que nadie se debe acordar de algo que dejé abierto y sin explicación 6 capítulos atrás, pero creo que eso sería un irrespeto con la historia, con los que son tan pacientes para leerme y conmigo misma. Aún sigo aprendiendo y claramente habrán miles de cosas que debo mejorar. (Nota mental: Si creo tantos personajes, deberé desarrollarlos a todos con paciencia, no debo desesperar, no debo desesperar, ahhhhhhhhhh)
rakelluvre: Ver el mail con ese mensaje fue lo más hermoso de mi 31. Me inyectaste mucha energía para decirme "mi misma, debes terminar imaginación antes de GoT". Muchas gracias por tus preciosas palabras, por seguir ahí a pesar de mi inconstancia. Feliz año para ti también, y que todos tus deseos se hagan realidad (sin letra pequeña) Un abrazote.
A los lectores fantasmas gracias también!
Nos estamos leyendo.
