CAPITULO 39. CUATRO MUERTES PARTE 2

Second things second
Don't you tell me what you think that I could be
I'm the one at the sail, I'm the master of my sea, oh-ooh
The master of my sea, oh-ooh

Believer - Imagine Dragons

Don't you dare surrender
Don't leave me here without you
'Cause I could never
Replace your perfect imperfection

Imperfection - Evanescence

CORAZÓN DE YGDRASSIL TIEMPO PRESENTE

En aquel espacio atemporal, donde las luces emanaban vida, Ascot sentía que su corazón vibraba. Sus oídos habían estado sordos a las miles de voces de los universos, que cantaban una melodía intensa, hermosa, que él podía entender.

Una alegría que no conocía, una alegría que jamás pensó en experimentar, llenó su alma. Las luces se acercaron a él, y al verlas de cerca, supo que no eran sólo eso. No podría explicarlo, pero las luces eran sus hermanos, pero también eran él, y él era pate del todo. Él y las luces, eran entidades únicas pero eran Ygdrassil.

Su mejilla se humedeció. ¿Lloraba acaso?

Un pensamiento viejo regresó a él, desencadenado por el sabor a la sal de las lágrimas. Pero ahora había alivio, una sensación de pertenencia.

Se secó las lágrimas con el dorso de la mano, apenado por su actitud infantil.

— Antes lo había dudado. —dijo Neferti, sin reparar en su llanto— Cuando las luces me dijeron que había una forma de enmendar las antiguas deudas, no lo creí, pero ahora todo ha cambiado. —Sonrió hacia Ascot, esta vez de manera sincera— Tu lo cambias todo.

— Dijiste que era un niño de Yggdrasil.

— Eres muy especial, Ascot. Muchos envidian y temen tu poder. Podría apostar que el que te quedaras en Céfiro fue una medida de protección diseñada para ti, para esconderte en un mundo donde la magia y la fuerza de voluntad podían lograrlo todo. Ki destruyó a los niños Ygdrassil porque preveía un peligro grande. Ustedes son descendientes directos, igual que los elementales.

— ¿Elementales? ¿Cómo Ceres, Windam y Rayearth?

— Eres el hilo conductor del poder del árbol de la vida, y todos los mundos. Podrás quitarles lo que tomaron a la fuerza, lo que no les pertenece, y quizás… —Neferti rio. Sus ojos brillaban, encantados. En un impulso, le tomó de las manos, y se las apretó. Ascot sintió el poder de la esperanza fluyendo a través de la sacerdotisa.

— ¿Quizás…?

— ¡Olvídalo! —pero claramente Neferti no lo había olvidado— por ahora debemos concentrarnos en quitarle a Xios la ventaja sobre Céfiro.

— No se cómo puedo hacer lo que dices…— dijo mirándose los pies, y ruborizado ante la demostración de confianza— Pero estoy dispuesto a proteger mi hogar, y a las personas que quiero. ¿Me enseñarás?

— No puedo enseñarte lo que no sé. Lo que puedo asegurarte es que la misión que nos encomendaron la cumpliremos. Una vez Paris convierta los árboles, tendrás cientos de aliados luchando contigo. Akil preparará el Nifelheim y yo regresaré a mi puesto.

— Y entonces, ¿qué debo hacer?

— Escucharles —dijo mirando hacia las luces— y aprender.


NIFELHEIM TIEMPO PRESENTE

— Lárgate. —dijo Noelle hacia la figura que se acercaba a ella.

No quería comerse a una persona, ¡pero el hambre era tanta! No sabía cuánto tiempo más podría soportar las ansias de consumirlo todo. ¿Por qué el bicho sentía tanta hambre? Era mejor que se fuera, que le dejara en paz.

— A Mavi—Alev le costó mucho mantener su mente y poder todos estos años—dijo la voz—Después de perder su elegida y su mundo, eligió consumir mentes humanas para sobrellevarlo. El cuerpo en el que estás está programado para eso, para alimentarse de la manera más eficaz posible. Admiro tu determinación, tu control para no seguir por ese camino. Supongo que no es fácil.

— He dicho que te largues — Cerca, más cerca. Sus sentidos se tensaban, como los de una araña hambrienta que detecta un cambio en su red.— No tienes idea de lo que se siente.

— Tienes razón, no puedo saberlo. ¿Pero no te interesa lograr la misión que te encomendaron?

¿Cómo sabe del dios de la llama azul? Noelle se dio cuenta tarde que la voz había respondido la pregunta que se había hecho en la mente. Era similar a cuando ella sabía cosas.

— ¿Quién eres? — El instinto animal le decía que debía entretenerlo, que faltaba poco para atraparlo de una sola dentellada, pero Noelle, la médica, la intelectual, quería saber quién era esa persona que conocía su situación, y qué provecho podría sacar de ello.

— Hablamos alguna vez, cuando aún tenías forma humana.

La figura se detuvo justo al frente. Noelle pudo verla con la turbia claridad de los miles de ojos hexagonales. Era un hombre de tez canela, tostada por el sol. Si, ahora lo recordaba. Era quien se llevó a la señorita Shidou y a Latis justo después de que Mavi—Alev tomara posesión de ella.

"Forma humana" había dicho.

Quería destrozar su "forma humana" para que de verdad pudiera decirle qué se sentía. Con un movimiento era suficiente, sólo tenía que morderlo un poco. Quizás el hombre podría arreglárselas sin esa pierna, sin ese brazo. La medicina moderna estaba llena de maravillas, ¿no?

— Soy Akil —continuó— Hoy he visto a tu mamá. Es una mujer muy valiente.

Las ansias asesinas se diluyeron. Noelle recordó la voz de su madre, justo antes de entrevistarse con Neferti.

— ¿La viste? ¿Cómo que la viste?

— Me gustaría explicarte, pero debemos hacer germinar la semilla, y rápido.

— Conoce a Neferti —dijo Noelle, con la seguridad de antaño, cuando podía saber el momento en que alguien le mentía, o decían la verdad.

— Si. Pero eso no necesito responderlo, ¿verdad?

— Puede leerme —constató Noelle— hay que tener valor para hablarme, sabiendo que segundos atrás quería matarlo.

— Por eso he mencionado a la Señora Harris. Sabía que eso le calmaría. No me place servirle de alimento.

— El estar atrapada aquí me vuelve impaciente.

— No lo dudo. Ambos somos mentes inquietas, mediums, lo que en Xios llamamos Kâhin. Aunque desde el momento en que pisé el Nifelheim ya debías saberlo, así como yo sé que no has hecho crecer al hijo de Ygdassil porque…

Mavi—Alev está mirando, todo el tiempo —completaron al unísono—

— Pero ahora está distraído —aseguró Akil.

— Es cierto. Está luchando contra alguien por el cual siente un enorme desprecio y está enfocándose en destruirlo. Pero ese ser le ha hecho recordar a alguien, y eso no me deja concentrar. Hay demasiado enojo y vergüenza.

— ¿Vergüenza? —repitió Akil— eso no puede ser. ¿Mavi—Alev capaz de sentir vergüenza?

— Está todo mezclado. Rabia, celos, ansias de grandeza. No puedo leerlo correctamente. Son demasiadas emociones juntas, siento que me borra. Todo se reduce a matar, a tomar, a reclamar, a hacerlo pedazos. Si trato de hacer crecer Ygdrassil así, terminaré destrozándolo.

— La señora Harris me ha enseñado una técnica que puede servirnos.

— Supongo que es la misma técnica que la dejó atrapada en un asilo, y a mí con problemas de memoria.

— Funcionará.

— Tienes mucha confianza en tu poder.

— Es lo único que me quedó después de salir de Xios. —dijo extendiendo la mano hacia una de las secciones cilíndricas del bicho— Requiero contacto. No me muerdas.

— Haré lo posible.

— Puedo percibir que quieres amputarme el brazo.

— Dije que haré lo posible. ¿Bien?— dijo con acidez.

Akil avanzó, y entró en contacto con su piel gelatinosa. El hombre tenía razón en su orgullo particular. Nunca había sentido emanar tanto poder de una persona en su vida, que no fuera ella misma, claro. La activación de la barrera fue como entrar a una caja con gruesas paredes, y arrastrarse por ella.

Pero había algo maravilloso en ese incómodo estado. Estaba sola. Sola por fin. En su mente sólo estaba ella. La duplicidad había cesado. No sentía dolor, no estaba reconstruyéndose.

— Apresúrate —reclamó la voz de Akil— esto es sólo temporal. La unión con Mavi—Alev no puede ser diluida de este modo.

— Lo sé.

Noelle suspiró. Lo sabía, pero cortar lazos con Mavi—Alev era su deseo más profundo. Lo odiaba. Odiaba en lo que le había convertido, la forma en que le había usado. Haría lo que fuera por dejar de ser su elegida.

Se concentró, era cierto que no tenían tanto tiempo.

La semilla estaba justo debajo. Pensó en el lirio que plantaron con su madre en el jardín. Pensó en la tierra húmeda, en el olor de la primavera, en el viento, y en el sonido de la risa de su mamá. El recuerdo imprimió todas esas sensaciones en un punto, convirtiéndose en luz. La oscuridad del Nifelheim no pudo tragarse el pequeño halo brillante, que cayó como una gota de agua sobre la tierra árida y negra, que palpitó al recibirla.

Debía lograr que la semilla creciera, y que se uniera a la red para que el Nifelheim también fuera territorio de Ygdassil, y no hubiera escapatoria para Mavi—Alev.

Neferti le había dicho que los árboles Ygdrassil crecían con la energía de los seres vivos, que procesaban y devolvían, para hacerse parte de la red de los universos. Pero el Nifelheim, a pesar de ser un pasaje entre los mundos, había quedado aislado en el momento en que Mavi—Alev quedó aprisionado, ya que toda la energía era consumida por el dios.

Ygdassil no perdonaría a ese dios que mató a sus semejantes, causó la ruina de Nurdán, y succionó durante años y años todo lo que pasara por ese pasaje oscuro. Se había nutrido de la energía remanente de las puertas de los mundos, convirtió el Nifelheim en un lugar de pesadilla, tomó poderes humanos que no eran de él. ¿Alguna vez creyó que lo que estaba haciendo no tendría consecuencias?

La semilla hizo un pequeño sonido. Estaba funcionando. Muy pronto Ygdrassil tendría posesión completa del Nifelheim.

— Rápido, Noelle. —Akil tenía un aspecto pétreo, que combinaba con la desierta negrura que les rodeaba.— Si el dios se da cuenta, el esfuerzo será en vano.

Akil tenía razón, no podía ser vergüenza lo que sentía ese dios rastrero. Mavi—Alev jamás podría alinearse con ese sentimiento. Para sentir vergüenza debía tener una mínima empatía por…


MUNDO NURDÁN, 2300 AÑOS ANTES

Otoño del año 119 del calendario Nurdita

…una humana, su propia elegida le había herido? Enlil iba a utilizar esa daga divina contra Mavi—Alev cuando hubiera recuperado sus fuerzas tras consumir los obsequios de Dilmún, pero en cambio, se desangraba en el suelo de Nurdán.

Enlil no era idiota. Sabía que las posibilidades de salir victorioso eran ínfimas. Por eso decidió que la mejor estrategia era la retirada. Percibía a sus hermanos en Nurdán, así que decidió pagarles con la misma moneda. Si ellos querían que Mavi—Alev se encargara de matarlo, él haría lo mismo.

— Tú vendrás conmigo. —dijo hacia la niña rubia, que continuaba desmayada a unos pasos de él.— Te enseñaré a ser una elegida obediente.


Se siente realmente bien, pensó Ki, al tiempo en que luchaban contra Mavi—Alev.

Aún tenían problemas, pero la pelea ya no era tan desigual. Ellos se nutrían de la conexión con Nurdán para amplificar sus poderes, y ahora eran dos fuerzas contra dos: Mavi—Alev con los elementos de la llama azul y el viento, y Ki y Abzu con el fuego y el agua.

Sin embargo, jamás pensó que se sentiría tan bien drenar a Nurdán. Mavi—Alev debió sentirse en éxtasis profundo al tener los cuatro poderes, más con elementales que recién habían encontrado a sus elegidas. Ni ella ni Abzu habían tenido elegidas hace tiempo, y ese poder renovado era maravilloso.

Se preguntó qué podía hacer para conservarlo. Para hacerlo suyo, para llevárselo a Xios. ¿Qué tanto quedaría de ese poder una vez volvieran? Era un terreno desconocido. Sin duda el dios de la llama azul recuperaría ese poder, su conexión de sangre era más fuerte. Incluso ya podía usar algo de agua de nuevo.

— Abzu, ¿quieres conservar éste poder? —preguntó mientras lanzaba una espiral de llamas hacia su contrincante.

— Iba a proponer lo mismo, querida hermana. No veo por qué no. Nurdán ya está condenado.

— Debemos apresurarnos, la conexión regresará a Mavi—Alev.

— La conexión sólo puede funcionar si hay manera de usar los elementos. Si lo llevamos a un sitio donde no pueda hacerlo, quizás podamos retenerla. Conozco el lugar perfecto para eso.

Ambos se separaron, Mavi—Alev no les daba cuartel, la situación empeoraba.

Abzu se refería a Nifelheim, claro.

Pero eso significaba que deberían sellar todo el Nifelheim. Claro que tampoco veía otra manera de sobrevivir a ese enfrentamiento. Ellos no lograrían acabar con Mavi Alev.

Lo haremos


No le quitarían ese poder, como le habían arrebatado a Aysel, a su fénix, a su elegida. Los dioses de Xios no merecían nada de Nurdán, todo Nurdán era suyo.

No les dejaría nada para usar. Si no lo poseía él, nadie más lo haría. Aquel poder sólo podía tener un dueño, así como Aysel era de él y no del maldito dios Enlil.

La llama azul tenía una cualidad, que combinada con un poco de los otros elementos, que recuperaba poco a poco, podía obrar el milagro que deseaba. Sólo la llama azul podría alcanzar una temperatura tal para volver polvo en instantes lo que se pusiera en su camino.

Mavi—Alev extendió los brazos, y emitió su veredicto. Todos los seres vivos de Nurdán esperaron en suspenso por el desastre. El dios rey de Nurdán les pedía sumisión, les exigía su vida, y la completa extinción, a cambio de poder.


Ki y Abzu lo vieron mientras ocurría. El cuerpo de Mavi—Alev comenzó a cambiar, a deformarse, mientras el suelo del templo se resquebrajaba, las paredes caían, y la tierra se estremecía.

— ¡Debemos hacerlo ya! —gritó Abzu, tomando a Ki por la cintura y elevándose para salir por el agujero del techo, que se agitaba como una hoja al viento.

— ¿Qué está ocurriendo? ¿Qué ha pasado? —Ki miraba con asco la cosa en la que estaba convirtiéndose el dios de Nurdán. Su cara se estaba agrandando, sus dientes salían de su mandíbula. Sus manos se habían vuelto largos tentáculos que serpenteaban inquietos.

Los dioses de Xios huyeron, y la cosa les siguió.


Aysel estaba de pie, en la capital de Nurdán. Sabía que era una visión, porque los colores eran fuertes, enceguecedores. Nurdán moría en medio de gritos, de llamas azules. No era el futuro, no era un pronóstico lejano. Ocurría ahora mismo.

La tierra temblaba, se abría, y engullía a hombres y criaturas por igual. En la ciudad, las casas se derrumbaban. La gente corría, tratando de escapar, pero era imposible. Caían fulminadas, y antes de tocar el suelo se volvían cenizas. Los árboles eran exprimidos, las cosechas se secaban, cabras y ovejas corrían despavoridas para caer enjutas sobre un pasto amarillento que se quebraba bajo su peso.

Mavi—Alev estaba allí, y sonreía mientras brillaba, mientras su cuerpo cambiaba, mientras fluían los elementos a través de su sangre, y se volvía demasiado para que incluso un dios lo soportara.

— ¡NO LO HAGAS! —gritó— ¡No hay vuelta atrás! Mavi, ¡por favor!

Aysel despertó mareada. La visión le había dejado sin aliento, el suelo temblaba, y ella se bamboleaba dolorosamente. Su espalda era fuego y la tierra le salpicaba en la cara.

Pero cuando ubicó quien la llevaba a rastras por la llanura sosteniendo su pie derecho, su parálisis desapareció. Pataleó llevada por la desesperación. No no no no, no dejaría que Enlil se la llevara de nuevo, ¡NO!

— ¡MALDITO! ¡LO MALDIGO MIL VECES, MIL VECES! ¡SUÉLTEME!

— Dejarás que te lleve — dijo Enlil con el tono de una orden mientas renqueaba, mascando las galletas— no caminarás, soportarás mi ritmo y sangrarás como yo. Elegida y elemental deben compartir la misma suerte.

Aysel acató la orden, y se dejó arrastrar. Por más que trataba de oponerse, su mente no lograba controlar sus extremidades. Pero se negaba a que eso terminara así.

El cielo estaba convulsionado, y el pasto se tornaba amarillento, como si se hubiera sometido a una helada, quebrándose con un ligero toque. Vio varios pájaros en el suelo, que se habían estrellado, desplomándose desde las alturas.

Mavi, ¿qué has hecho?

Enlil abrió el pasaje al Nifelheim una vez terminó con las galletas. Aysel vio que se había arrancado la daga del cuello, y que la llevaba en la mano libre.

La oscuridad se los tragó, e iniciaron el trayecto hacia Xios.


Mavi—Alev era un dios poderoso que pocas veces fallaba en sus apreciaciones. Pocas veces dejaba su presa con las suficientes fuerzas para volver a levantarse. Se le conocía como un dios inclemente, sanguinario e incluso sagaz, en medio de sus desvaríos ocasionales.

Sin embargo ese aciago día de otoño, la presa que consideraba terminada, se llevaba a Aysel hacia el Nifelheim. Enlil estaba vivo porque al dios de Nurdán le había ganado el orgullo. El orgullo le había dicho que podría derrotar en un segundo a esos dioses entrometidos, pero no fue así.

El dios rey de Nurdán vio a Enlil llevarse a Aysel al tiempo en que Ki y Abzu abrían otro portal hacia el mundo entre los mundos. Si no hubiera considerado a Aysel como su propiedad, jamás los hubiera seguido, dejando el plan de los dioses sin sustento alguno, y la conexión de Nurdán hubiera vuelto a él.

Si Mavi—Alev no los hubiera seguido, quizás Nurdán habría tenido la oportunidad de renacer, y quizás Xios hubiera sobrellevado la plaga que diezmaba su población. Si el dios de la llama azul, que ya no era un hombre imponente, de perfectas facciones y largo cabello azul no hubiera perseguido a Aysel, la historia sería otra.

Pero Mavi—Alev abrió un portal hacia el Nifelheim, y al internarse en la oscuridad, condenó con ello a Nurdán, a Xios, y a Aysel.


Cuando vio la cosa que se lanzó contra Enlil, Aysel sintió que el corazón se le detenía. Sabía que eso era Mavi, pero no quería aceptarlo, no quería que fuera cierto.

Rodó hacia un lado, para no quedar justo debajo de ellos. La lucha se volvió una consecución de descargas que explotaban a un lado y al otro, como fuegos artificiales.

Los dioses Ki y Abzu pasaron cerca, sin detenerse, y se dirigieron a la enorme puerta dorada que aparecía al otro extremo. Por algún extraño presentimiento, les siguió corriendo, con el poco aliento que le quedaba. Esos dioses no podían alcanzar esa puerta, o sería la perdición de todos.

— ¡MAVI! —gritó haciendo ecos que se reflejaron en la inmensidad del Nifelheim, corriendo como si su vida dependiera de ello— ¡LOS DIOSES, LOS DIOSES NO DEBEN LLEGAR A XIOS!

Estiró su mano, si alcanzaba a tomarles un pedazo de la ropa, al menos tendrían más peso que cargar, al menos podría estorbarles…

Abzu lanzó su poder contra ella, lo alcanzó a ver venir, y se arrojó al piso. Mordió la superficie del Niefelheim, y la bruma cubrió su cuerpo. Alzó su cabeza, se arañó las rodillas y volvió a lanzarse a la persecución.

Atrás suyo, un grito de dolor hizo que parara su carrera. Volteó con el pulso a mil, para ver el brillo de la daga atravesar la bruma y clavarse de nuevo en el cuerpo de Mavi.

— ¡NOOOOO!

A partir de allí, todo ocurrió rápidamente, como si hubiera caído por un precipicio, y la gravedad le aplastara con toda fuerza. Enlil giró hacia la puerta, y corrió a toda velocidad, dejando a Mavi herido. Un pulso de energía invisible sacudió el Nifelheim y derribó a Enlil. La cosa había vuelto a mutar. Eso se acercó burbujeante, con una rapidez asombrosa hasta el dios del viento y le calvó los dientes en las piernas. Enlil gritó en agonía, pero una fuerza proveniente de la puerta de Xios les barrió a todos, haciendo que Mavi soltara su presa.

Aysel cayó al suelo y no pudo volver a erguirse. Un tornado proveniente de la puerta hacía que fuera imposible, pero aun así, Enlil se levantó y lo utilizó como su ventaja. Aysel lo vio recibir el viento y nadar por él, hasta que llegó a la puerta justo antes de que un sonido monstruoso se propagara por todo el Nifelheim y les dejara de nuevo a oscuras.

El silencio que siguió le asustó. No podía haber terminado, no así.

Se levantó, y volvió sobre sus pasos, buscando a Mavi.

En medio de la oscuridad encontró un insecto enorme, con una mandíbula llena de dientes azulados, en lugar del dios magnifico que buscaba. No pudo seguir avanzando. No pudo hablarle. No pudo conciliar la imagen que tenía de él con eso.

El insecto se marchó, serpenteando por el Niefelheim, dejándola sola.

Dejándola atrapada.


¿Cuánto tiempo pasó entre ese momento y su muerte? Aysel nunca lo supo.

Mavi trató de cruzar las puertas doradas muchas veces. Lo intentó de múltiples modos. Utilizó toda la fuerza que tenía, el poder que había obtenido de los seres vivos de Nurdán, hasta que se agotó. Pero las puertas jamás se abrieron para él.

Al principio, Aysel lo miraba desde la distancia, pero luego del primer intento fallido, intentó acompañarlo. Mavi estaba dentro de esa cosa, después de todo. El silencio helado que había entre los dos se rompió al momento en que ella habló. En esos primeros momentos aún conservaban la esperanza.

— ¿Todas las puertas tienen la misma reacción? —preguntó Aysel, de pie al lado del bicho.

— Habría que probarlo con varias —Mavi no dijo más, y siguió en su labor.

Las cosas fueron de mal en peor conforme Nurdán moría. Con el poder de los elementales ausente por tanto tiempo, el mundo comenzó a extinguirse, y con él, el poder de Mavi—Alev. El bicho comenzó a reducirse, a convulsionar, pero a mostrar algunas características humanas. En uno de esos terribles episodios, Aysel creyó ver el amago de una mano saliendo del lomo del insecto. Guardó en secreto la posibilidad que aquella desgracia traería al menos algo bueno, así que esperó.

Pero Mavi—Alev era un dios codicioso, que no dejaría escapar un poder con el cual se sentía muy cómodo, así que comenzó a tomar del Nifelheim lo que Nurdán ya no podía darle.

Los humanos cruzaban de vez en cuando. Algunos llevaban agua, otros llevaban víveres. Aysel sabía que esos humanos eran especiales si podían abrir el paso por sí mismos, y que habían tenido una experiencia de muerte. Ella les amenazaba con el par de cuchillos que había escondido en sus botas cuando atravesó la llanura en busca de Enlil, para quitarles sus pertenencias, pero llegó el día en que estuvo a punto de morir a manos de uno de los viajeros y Mavi tuvo que interceder.

Ese día, Mavi—Alev se tragó al hombre, y descubrió que la carne de esos viajeros no sólo le alimentaba, sino que sumaba una nueva habilidad. Si las elegidas de los elementales le habían permitido acceder a los poderes y a la carne de los otros dioses, el comer humanos "especiales" le daba la posibilidad de conectarse con el mundo de dónde provenía. Además el combustible hacía que pudiera conservar sus poderes. Ese conocimiento no le fue transmitido a Aysel, sino hasta que fue demasiado tarde.

Ocurrió finalmente. Durante un periodo, nadie cruzó. ¿Cuánto fue? En el Nifelheim el tiempo era una quimera, un deseo del corazón. Podría no haber sido tanto, porque en el día definitivo, el hambre y la sed no le habían doblegado por completo.

Sintió el deseo depredador del insecto cuando se le acercó por la espalda. Sería una mentira si Aysel no había considerado que eso podría ocurrir, pero se resguardó en un vínculo débil, en un pasado donde aquello sería una profanación, y la misma perdición del dios.

Fue ingenua.

— ¿Mavi? —dijo mirándolo con miedo—

Mi niña. —respondió el dios, moviéndose lentamente, zigzagueando.

— No. No hagas esto. —alcanzó a retroceder, alcanzó a pensar hacia donde correr.

— Necesito conservar mi poder. Los humanos especiales como tú, alimentan mi poder.

— ¡¿De qué hablas?! Mavi, no. Por favor.

— No hay adonde ir, mi niña.

— ¡No!, dijimos que yo debía ver cómo matabas al dios de Xios. No puedo morir sin verlo. Recuérdalo.

Aysel temblaba de pies a cabeza. Parecía que el Nifelheim había bajado su temperatura a propósito para verla castañear los dientes.

Miró hacia varios lados. Las puertas no refulgían ese día, porque Mavi les robaba la energía como nunca para mantenerse. Estaba cerca de una. Si tomaba impulso, quizás lograría alcanzarla. Desde que habían quedado allí encerrados no pasó por su mente la opción de cruzar por su cuenta. ¿Creía que sólo Mavi podía abrir las puertas? ¿O era que no quería estar sola?

— No vivirás tanto como yo. El hambre te consumirá.

Lo había amado. En esos días en que eran uno, ella lo había amado, le había admirado, había necesitado de él. Su compañía era intoxicante, maravillosa. El poder que compartían, sublime. Pero…

— Tú eras el dios Rey. —su voz se partió, pero siguió retrocediendo, cada paso que daba le acercaba a la puerta— Se suponía que debías proteger a Nurdán.

— Nurdán fue un instrumento. Sus seres me debían obediencia.

— ¡Tus ansias de poder te convirtieron en esa cosa! ¡lo destruiste, ¡lo destruiste TODO! ¡Cómo pudiste! ¡CÓMO PUDISTE!

— Nurdán es mío, como tú eres mía. Puedo hacer lo que me plazca con lo que es mío.

— ¡SE SUPONÍA QUE DEBÍAS PROTEGERME!—gritó.

Mavi—Alev paró su avance. El bicho quedó congelado, expectante. Aysel siguió retrocediendo. Le dolía el pecho. La verdad salía a flote, y con ella, los sentimientos guardados desde tiempo atrás.

— ¿POR QUÉ DEJASTE QUE ME LLEVARAN? ¿POR QUÉ? — le recriminó, llorando—

— Mi…

— ¡TU NIÑA, SI! ¡PERO ESE DÍA TE OLVIDASTE DE MI! ¡MATARON A TODA MI FAMILIA, HICIERON QUE ASESINARA A MI HERMANO! ¡ME LLEVARON EN UN SACO! ENLIL ME TORTURÓ, ME PARTIÓ EN MIL PEDAZOS, DESGARRÓ MI PIEL, MI ALMA. ¿DÓNDE ESTABAS TÚ?

— Te perdí el rastro. Te dieron a comer…

— ¡NO ME BUSCASTE! ME DEJASTE SOLA, ¡SOLA!

— Te busqué por todo Nurdán. Pero al final, pensé que cerrabas tu mente, ocultabas tu presencia para alejarte. Yo tenía una sed insaciable por mi elegida, pero Aysel sólo era humana.

Estaba a pocos metros de la puerta. Podría alcanzarla si corría. Se detuvo. Ya no tenía miedo.

— No te atrevas a rendirte—Su corazón estaba roto, pero con esa frase, las heridas se hacían menos profundas— Necesito mi venganza.

Mavi—Alev reaccionó tarde. Aysel corrió con todas sus fuerzas y atravesó la puerta.


Cuando volvió a mirarse en un espejo, en un mundo llamado Tierra, Aysel ya no era una niña.

Jamás volvió al Nifelheim. Temía que si lo hacía, sucumbiría al deseo de quedarse con él. Nunca olvidó a ese dios imponente e imperfecto, que plagaba sus sueños en las noches. Incluso el día de su muerte, ese día en que se derrumbó de un ataque al corazón en medio de un campo de espigas, le pareció verlo caminando hacia ella, con sonrisa cómplice.


HOLA!

Si, quedan dos capítulos para el final. Logré escribir este en tiempo record. Espero lograr darle una conclusión rápidamente.

Muchas gracias por leer! Agradezco con el corazón a las personas que me dejaron saber su opinión

rakelluvre: Hola! AAH! Gracias por leerlo. ¿Sigue siendo muy loco? XD

ErikOutsider: OHHH bienvenida! Una maravilla tenerte por aquí! Gracias por leerlo (omg, lo leíste super rápido! me siento honrada por haber captado tu atención) Es cierto que el fandom anda un poco quieto, pero trataré hasta que termine las historias que comencé. Ojalá te guste este nuevo capítulo! Me siento muy ansiosa por saber tu opinión.

A los lectores fantasmas gracias, y a los que ya no están...saluditos, se les extraña.

Nos estamos leyendo!