Quizás algunos capítulos sean más largos que otros espero no sea una molestia.

Descargo: Little witch academia no me pertenece, ni tampoco ninguno de sus personajes.

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Limpiar el desastre producido en la sala de pociones tras la explosión que Akko generó al agregar un compuesto incorrecto en el caldero no solo les llevo el resto de la tarde, sino, también, la mayoría de sus fuerzas.

─ ¡Oh, estoy tan cansada!─ masculló Akko haciendo a un lado su bandeja con la cena ya terminada y dejándose caer sobre la mesa.

─ Recuérdame golpearte la próxima vez que seas una tonta.─ dijo Sucy. Ella abrió los ojos y gruñó.

─ Lo de los hongos fue tu idea.─

─ Tú querías que te leyera las runas.─ recordó Sucy. Akko iba a decir algo cuando Lotte pregunto.

─ Es verdad, ¿Por qué tenías tanta urgencia con eso Akko?─ ella enderezó el cuerpo y observó a sus amigas.

─ Antes de venir a aquí yo tenía mucha curiosidad sobre mi futuro, quería saber si vendría a luna nova y si me convertiría en alguien como Chariot, así que busqué a una bruja y luego a otra y otra.─ Akko recordaba cada sesión, recordaba las casas, el aroma mirra y la cara de cada mujer que busco a través del tiempo y el espacio tratando de ver más allá.

─ ¿Ellas fueron la que dijeron lo mismo?─ cuestionó Sucy. Akko asintió.

─ ¿Qué te dijeron, Akko?─ preguntó Lotte. De pronto se vio a si misma sentada con los dedos extendidos, con la palma de su mano siendo examinada, con las cartas de la baraja que le tocaban volando y aterrizando sobre la pelusa de algún mantel raído. Los dedos presionados en su tercer ojo místico e invisible. Vio las runas tiradas y el papel que interpretaba los sueños, las hojas de té y la bola de cristal en sesiones de espiritismo.

Todas las mujeres llegaron a la misma y trágica conclusión, la misma que Lotte obtuvo esa mañana, y luego Sucy.

─ Lo mismo que ustedes. Que si lo beso, mi amor verdadero morirá.─ el silencio las envolvió.

─ Eso es terrible.─ masculló Lotte.

─ Y muy poco específico.─ agregó Sucy.

─ Lo sé, es lo peor de todo. Es decir, ¿Cuánto tardara en morir después del beso? ¿Será inmediato o no? Y en cuanto al beso, ¿Tiene que ser en los labios o basta con que bese su mano? ¿Acaso si mis labios lo rozan ya caerá ante mi muerto?─ preguntó con desespero.

─ Quizás lo mates tú con tu propias manos al descubrir que en realidad es un monstruo que intento engañarte.─ comentó Sucy divertida.

─ Tal vez lo mate alguien más. Podría ser un amor trágico, una pasión prohibida como en el volumen 105 de Nightfall.─ dijo Lotte soñadora.─ ¡Oh, Akko, estas ante la posibilidad de vivir una historia de amor extraordinaria!─ agregó mientras Sucy realizaba un gesto indicando que aquella idea le producía repulsión.

─ No, no, no. No pienso enamorarme. Tengo mucho que estudiar no tengo tiempo para esas cosas.─ afirmó con seguridad.

─ ¿Entonces por qué te preocupa tanto?─ cuestionó Sucy. Ella alzo un dedo como para responder…

─ Ustedes tres, ¿Qué hacen aun aquí?─ la voz de Diana las hizo dar un salto en las sillas y notar que el comedor se había quedado vacío.

─ Hum… ¿Diana?─ ella se cruzó de brazos.

─ Ni siquiera notamos que todas se habían ido.─ explicó Lotte.

─ Pues la profesora Úrsula lleva un rato buscándolas. Quiero creer que no te has metido en problemas otra vez.─ dijo esto último mirando a Akko. Ella se puso de pie.

─ Es cierto, el desfile de espíritus. ¡Será emocionante! Debemos apresurarnos, Lotte, Sucy.─ Diana frunció el ceño.

─ ¿El desfile de espíritus?─ cuestionó.

─ Será genial. ¡Veremos fantasmas!─ exclamó Akko que ya había recuperado las energías.

─ Por culpa de Akko, Finnelan nos encargó esa terrible tarea.─ le explicó Sucy a Diana que miraba a su eufórica compañera confusa.

─ Así que es eso. Ya veo, pues deberían darse prisa si no quieren que la profesora se marche sin ustedes.─ esto hizo que Akko le hiciera un gesto a Lotte y Sucy para que se pusieran de pie rápidamente.

─ Es cierto, tenemos que apresurarnos. ¡Gracias Diana!─ gritó sonriente ya empujando a sus dos compañeras con ella.

─ Esperen, no pensaran dejar sus bandejas… aquí.─ dijo ella pero ya era tarde pues el torbellino Akko ya se había marchado.

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En aquella especie de campo santo a unas millas de luna nova, pero aun en tierra mágica, hacía mucho frio incluso antes de que los muertos llegaran. La profesora Úrsula se pasó el camino hasta allí hablándoles de que los muertos eran los únicos que marcaban el día de san Marcos como una fecha importante en el calendario ya que ni las brujas lo tomaban con mucha importancia.

Temblando de frío Akko se sentó junto a las demás en el muro de piedra y observo el viejo templo. "Es tan antiguo que ni las brujas recuerdan su nombre" había dicho Úrsula. Las ruinas se cobijaban en las tupidas colinas del bosque, a unos cuantos kilómetros de las verdaderas montañas.

─ Eso ni siquiera parece un templo.─ comentó Sucy que se había pasado caminando de un lado a otro cosechando cuanto hongo encontraba. Akko estaba de acuerdo con aquello. Solo permanecían de pie algunos muros; el tejado y los suelos hacia mucho que se habían hundido. Lo que no se hallaba podrido del todo estaba oculto por enredaderas y arbustos de olor rancio. Circundando el predio había un muro de piedra interrumpido solo en un punto por una entrada lo suficientemente ancha como para permitir el paso de un sarcófago y sus portadores. Un sendero lleno de hierbajos conducía hasta la puerta del templo.

-Ah.- susurró de pronto la profeso Úrsula.- qué noche, esta noche.-

Lo había dicho así: "qué noche, esta noche." Akko sintió un escalofrió recorrerle el largo de la columna, aquel viaje no se parecía en nada a lo que ella tenía pensado. En especial porque aquella noche la llamaba al silencio, aquello noche era diferente podía sentirlo.

Qué noche, esa noche.

Lotte a su lado abrió y cerró las manos seguramente congeladas por el frio. El clima también volvía la noche extraña. Abril solía ser un mes de buen tiempo con ternuras varias, arboles desperezándose y floreciendo, y vaquitas de san Antonio locas de amor golpeándose contra los vidrios de la academia. Pero en ese momento parecía invierno.

─ ¿Cuánto falta para que aparezcan?─ cuestionó estirando su espalda. Úrsula miro al cielo encapotado.

─ Difícil decirlo. Los muertos no saben de horario y mucho menos las noches sin luna, Akko.─

─ ¡Pero si aún no están muertos! Que les cuesta ser puntuales.─ comentó. Úrsula suspiró y ella se volvió para encontrarse a Lotte quieta como una gárgola acurrucada bajo su capa.

─ Lotte, ¿estás bien?─ le preguntó moviendo la mano enfrente de su rostro.

─ ¿Oyes eso?─ le preguntó ella a cambio. Akko torció la cabeza y guardo silencio para forzar a sus oídos a escuchar.

─ Perfecto, Lotte ha enloquecido.─ masculló Sucy guardando un nuevo hongo en su bolsa.

─ Nada de eso.─ comentó la profesora Úrsula quien dirigió la mirada a un lado con los ojos centelleantes.

─ Mmm… ya veo.─ susurró entonces Sucy.

─ Hay mucho que oír.─ agregó Lotte. Akko limpió sus oídos y se dispuso a escuchar pero nuevamente no oyó nada, ni siquiera el ruido de los insectos que a esa altura del año no deberían callarse. Lo cierto era que la noche para ella era pleno silencio.

─ ¿Cómo es que yo no escucho nada? ¿Qué están diciendo? ─ preguntó elevando un poco de más el tono de voz.

─ Akko, guarda silencio.─ le pidió Úrsula.

─ ¡Pero no es justo! ¿Cómo es que ustedes pueden oírlo y yo no? Así nunca veré un espíritu.- se quejó y se cruzó de brazos, fue cuando sintió algo posándose en su hombro. Su cuerpo se puso rígido y su temperatura corporal pareció descender en picada.─ ¿Qué es…─

─ ¡Murowa!─ dijo la profesora Úrsula sacando su varita y dirigiendo un rayo color amarillo hacia ella, la sensación desapareció de inmediato.

─ ¿Qué era es cosa?─ cuestionó Sucy.

─ Un Boggi.─ respondió Lotte casi tan pálida como Akko.─ Pero… ¿qué hacía aquí?─

─ ¿Akko, te encuentras bien?─ preguntó la profesora Úrsula poniéndose de pie y aproximándose a ella.

─ Yo…─ llevó una mano a su pecho donde la sensación de terror se disipaba lentamente.

─ Te advertí que bajaras la voz. En noches como está no solo los espíritus vagan por aquí.─ Akko soltó un chirrido de terror.

─ ¡Este es el peor castigo que nos han dado!─ gritó haciendo que tanto Lotte, como Sucy golpearan sus manos en sus frentes.

─ Baja la voz, pronto terminara esto y podremos…─ Úrsula se llamó al silencio de pronto.

─ ¿Son ellos?─ cuestionó Sucy. Lotte asintió y tomó su libreta.

─ Será mejor que comencemos.─ dijo la profesora Úrsula sin rodeos.

Akko abrió y cerró la boca, frotó sus ojos una y otra vez. Sus compañeras se alejaron y vio a Lotte saludar antes de preguntarle a la nada misma.

─ ¿Quién eres?─ anotar algo en su libreta y decir.─ Muchas gracias.─ Akko volteó y la profesora Úrsula hacia lo mismo, también Sucy. Ella miró el camino y solo vio a los mismos robles insinuándose entre las tinieblas, y el templo, como una boca oscura. Nada que oír, nada que ver.

─ Akko, apresúrate.─ le dijo la profesora Úrsula. Ella bajo los brazos y negó con la cabeza.

─ Yo… no puedo verlos.─ susurró. La profesora soltó alguna palabra de aliento pero ella no la escucho. Ni siquiera podría ver un espíritu, aquello era injusto, ¿por qué ni siquiera podía…?

─ ¡Oye, tú! ¿Cuál es tu nombre?─ cuestionó Sucy cambiando su tono de voz. Akko elevo la mirada al igual que las demás, y allí vio a alguien.

─ Lo veo. ¡Lo veo!─ exclamó con su corazón dando puñetazos contra sus costillas. Estaba tan alegre; donde no debería haber nadie, había alguien.

─ Ve y pregúntale su nombre entonces, Akko.─ la invitó Lotte. Ella tomó la libreta y asintió con determinación.

Akko imaginó que la procesión de espíritus era algo organizado, como un desfile, pero aquel espíritu en particular vagaba sin rumbo, titubeante. Era una mujer joven con el pelo largo revuelto, llevaba una especie de falda y capa; vestimenta que se le hacía levemente familiar. Aun que era difícil decirlo pues la aparición no llegaba a ser transparente pero tampoco era corpórea. Su figura le recordaba al agua turbia, azul o gris. Turbia y sin rasgos definidos; un borrón indistinto.

Al aproximarse sintió que el espíritu era tan joven que costaba digerir su espectral situación. Akko se detuvo a observarla cuando se tocó la mejilla en un gesto que poseía tal vitalidad que la hizo pasar saliva y dudar.

─ Akko, que te diga cómo se llama antes de que entre en el templo.─ le recordó la profesora Úrsula. Ella asintió, dio un paso más hacia el espíritu con su corazón retumbando. Se sentía extrañamente tonta.

─ ¿Cómo… cómo te llamas?─ cuestionó. La aparición no la escuchó. Sin inmutarse, con parsimonia y perplejidad comenzó a caminar hacia la puerta del templo. Akko se preguntó de pronto, ¿si así era como se dirigían hacia la muerte? Nada de grandes respuesta que nos ayudaran a comprendernos a nosotros mismos. Apartó ese pensamiento y dio un par de pasos más hacia la figura de la chica. Se detuvo a nuevamente a una distancia prudencial.

─ ¿Quién eres?─ preguntó. La silueta no tenía un perfil definido, ni nada que Akko pudiera reconocer como humano. Aquella visión no estaba provocándole las emociones que esperaba y su mente no dejaba de repetirle que "Estará muerta en un año."

Sin darse cuenta comenzó a aproximarse más. Los pelos se le pusieron de punta y sintió aún más frio.

─ Por favor…─ la aparición se detuvo frente a la puerta del templo.─ dime cómo te llamas, por favor.─ insistió. El espíritu se volteó y ella dejo caer su libreta y su bolígrafo a la hierba. El uniforme de luna nova, el espíritu tenía el uniforme de luna nova.

─ Cavendish. Diana Cavendish.─ el corazón de Akko quizás se detuvo al escuchar el nombre, y entonces, pudo recocer esos rasgos que hacía solo un instante le parecieron borrosos. Era Diana, era ella, con su aroma a menta y jazmín; con su uniforme ligeramente mojado por una llovizna que aún no había ocurrido. Era tan real. Aquello no era la magia que esperaba. Aquello era una tumba, una maldición.

─ No. ¡Tú no, Diana!─ exclamó llamando la atención de sus acompañantes.

El espíritu pareció cerrar los ojos y cayó de rodillas: un gesto sin ruido, extendió las manos y hundió los dedos en la tierra. Akko sintió una angustia que se volvió una bola de oscuridad al notar que la silueta se hacía más clara.

─ Chariot.─ dijo mirando a su mentora.─ está muriendo ¡Diana está muriendo!─ sintió la mano de la profesora en su hombro.

─ Todavía no.─ respondió con la voz en sombras. Diana pareció fundirse con el templo, o tal vez, el templo se fundió en ella. La voz de Sucy fue un murmullo lejano.

─ Ni siquiera Diana merece esto.─

─ Sucy…─ la regañó Lotte. Akko sentía un nudo en la garganta.

─ ¿Por qué… por qué ya no puedo verla?─ la profesora Úrsula miro a un costado y pasó su mano por la espalda de una Akko que sentí que estaba cayendo en una tristeza peligrosa y absorbente.

─ Akko, ¿sabes porque una bruja no vigente puede ver un espíritu la víspera de san Marcos?─ cuestionó. Ella negó lentamente mirando el lugar donde Diana había desaparecido.─ o bien eres su amor verdadero, o…─

─ o eres tu quien va a matarla.─ agregó Sucy.