¡Hola!...
Estoy aquí con la actualización como prometí. Espero les agrade. De antemano lamento si hay errores, faltas ortográficas u algún problema con la redacción. Acabo de terminar de escribirlo y no tengo tiempo para editarlo :(. Como siempre agradezco que lean.
Capítulo V
En una cuestión de orgullo y respeto, ambos estaban heridos. Todavía contaba con la ofensa y me sentía avergonzada a la par de molesta. Mi cerebro no se acostumbraba a la idea que una persona -que no era Nana-, me había visto en ropa interior, se había atrevido a rebuscar en mi equipaje mis prendas de dormir, y me había cambiado la bata de baño por el pijama. Ese chico era un abusivo. Y no tenía idea de qué hacer con respecto a la situación, trataba de que no me sobrepasara por completo, pero era difícil. No podía comentarlo con nadie, si lo hacía, saldría a la luz todo lo ocurrido y eso era algo de lo que no era conveniente hablar. Por más que quisiera, mis labios debían permanecer sellados. Y el sólo hecho de imaginarlo me irritaba.
Mis dedos no paraban de golpear, con repetitiva molestia, la madera lijada y perfectamente pintada del pupitre mientras mis ojos se mantenían ocupados viendo el solitario jardín a través de la cristalina ventana, estaban ansiosos y un tanto frenéticos, pero el motivo de su persistencia se debía a la cantidad de cosas que mi cerebro tenía por analizar. Como una respuesta pasajera, me advertí que debía hallar la manera de dar con el chico sin atraer la atención de nadie en específico. No sabía quién era, mucho menos si aún seguía dentro de las instalaciones, no había nombre o algún indicio de registro, solo contaba con un recuerdo y la imagen asociada a él de su apariencia. Rubio y ejercitado. Rubio y ejercitado. No sería problema, ¿verdad?
El enorme bullicio a mi alrededor me despertó de mis atormentados pensamientos. Detuve mis golpes. Estaba tan distraída y tan metida en mi azaroso mundo, que no escuché cuando el resto de los alumnos, que a partir de ese momento serían mis compañeros de clases, entraron en el aula con una apariencia intachable. Mis ojos curiosos se desviaron al paradero de cada uno de ellos sin detenerme demasiado en un grupo exacto. Tenían el mismo uniforme, pulcro, planchado y correctamente colocado. Falda y chaqueta oscura para nosotras las chicas, y pantalón y chaqueta oscura para los chicos. Todo en nosotros representaba la imagen en general de la institución y lo que la directiva deseaba pudieran observar las personas del exterior. No por algo era una de las instituciones más respetadas del país. Hacían nombre y prestigio a su imagen.
Muchos de los que veía estaban contentos y lucían alegres y divertidos. Tomaban la libertad de pasearse por todo el aula y conversaban con algún que otro compañero de una manera desorbitadamente alta y bulliciosa, se abrazaban, reían y comentaban el como habían estado sus vacaciones, familiares y viajes a diferentes estados y naciones. Las conversaciones que tenían además de parecer un diálogo abierto donde todos y cada uno podía adentrarse y participar, denotaban con facilidad la cotidianidad de esas pláticas entre ellos.
¿Eso era tener amigos?
Me pregunté confusa.
Algunos destinados a compartir sus charlas de una forma poco parcial y democrática, formaron reducidos grupos selectos donde apenas permanecía un puñado de alumnos que daban notoriedad a la fachada de lo atractivo y genial; y pocos permanecieron como yo, sentados, ajenos a cualquier acción y en postergado silencio.
Una agradable sensación de alivio se expandió en mi pecho cuando abrí camino a la curiosidad, y me di cuenta que ninguno de los que ahí se encontraban se había dedicado tiempo extra en prestarme una exagerada atención; pude sonreír en mi interior y celebrar por ello. Me miraban, pasaban y seguían su camino, o simplemente me ignoraban por completo. No representaba nada de otro mundo para ellos. Y me emocionó ese comienzo.
La puerta se abrió una vez más y vi como una cara conocida entraba seguida de dos chicas. No evité sonreír con placidez. Era Tenten, la agradable y preocupada chica que se tomó la molestia de ir a revisar si me encontraba bien. Su sonrisa era amplia y lucía atenta y despierta. Me gustó la idea de que alguien que preciaba de una actitud diferente y agradable, fuese mi compañera de estudio. Pude tomar un poco más de confianza en lo que representaría ese año para mí. La observé hablar con las dos sonrientes chicas a sus costados antes de perderla de vista entre el descontrolado gentío.
En eso la puerta principal se volvió abrir, pero a diferencia de Tenten, quien entraba no era un estudiante más.
El salón rápidamente se volvió un silencioso entorno. Cada quien tomó camino a sus respectivos asientos y permanecieron atentos a la figura femenina y de belicosa mirada que se presentaba ante nosotros.
Una mujer de veinti tantos años, de apariencia sencilla, ojos atentos y de una expresión levemente fruncida, se encaminó con pasos certeros y elegantes hasta posicionarse a un costado del escritorio - que estaba en el medio del aula frente a nosotros -, y soltó de sopetón el pesado maletín junto a una abundante documentación encima de la madera barnizada.
Algunos saltaron nerviosos en sus asientos tras escuchar el sonido adusto de los materiales al chocar con la superficie plana. Yo me retraje y tragué en seco. Quise evitar que el nerviosismo volviera a escena y formara parte importante de mi personalidad, pero su presencia en general irradiaba control y miedo. No pude evitar que un rayo vertiginoso se trasladara por toda mi columna e hiciera que los vellitos de mis brazos se alzaran con escalofríos.
No fui la única en el salón que reaccionó de ese modo.
Aclaró su garganta antes de comenzar a hablar.
- mi nombre es Anko Mitarashi, y a partir de ahora seré su profesora de matemáticas por el resto de su desquiciado año - cada una de las palabras que salió de su boca poseía una fluidez y rectitud ligada a una seriedad perturbante que sobrepasaba lo ordinario, eran lentas y pausadas, sabía como pronunciarlas con voz certera y audible, igual a una chica acostumbrada a los buenos modales - seré clara y concisa en este punto, y espero que sus aturdidos cerebros puedan captar rápido el mensaje; no me agradan los bulliciosos, problemáticos, burlescos, irrespetuosos y groseros estudiantes que actúan debido a un impulso neuronal asociado a la parte no cuerda de su cerebro. Si alguno de los que está aquí presente, posee ciertas cualidades que ofenden mi criterio personal y profesional, no se sorprenda cuando haga uso de mis facultades para intervenir en las actitudes poco racionales que desempeñen. Considérese advertidos. Haré que el respeto hacia mi práctica sea merecedor de cambio - realmente daba miedo. Toda esa actitud de "Aquí mando yo", acordaba perfectamente con su apariencia en general. No fue problema alguno creer que hablaba en serio. - ahora bien, aclarado ese punto, es hora de comenzar con lo que vinimos hacer. Primera clase del día, daremos un repaso a lo que representa la trigonometría. Apunten.
Luego de esa perturbadora apertura y de una pequeña intromisión para un desayuno formidable, el resto de la primera clase y de las horas subsecuentes a ella pasaron en un abrir y cerrar de ojos. A diferencia de la profesora Anko, los profesores que siguieron las clases en el transcurso de la mañana, consiguieron dar el punto inicial de cambio de actitud hacia nosotros. Se mostraron más receptivos, agradables y hasta un tanto graciosos. Kakashi Hatake y el profesor Gai, nos enseñaron el incentivo y nos dieron un motivo para adorar sus clases. El profesor Kakashi además de parecer sereno y ajeno a toda actitud negativa del estudiantado, consiguió dar en el clavo con esa personalidad tranquila, misteriosa y ligeramente interesante al impartir su clase de Literatura. La manera de relatar la Historia Literaria apaciguó nuestras mentes y nos hizo receptivos y anhelantes a querer escucharlo un poco más. Tenía un don natural para mantenernos interesados. Tomé importantes apuntes en su charla.
El profesor Gai por su parte fue el deslumbre de nuestro día. Esa energía propia y original que destellaba de su cuerpo logró atraer a más de un alumno, yo incluida. Era como ver a una chico de nuestra edad impartir la clase de Biología. Fue agradable el poder identificarnos con él. Era gracioso y no hacía esfuerzo en ello, podíamos sentirnos cómodos, y eso fue razón suficiente para adorar su clase y su exuberante personalidad.
Las horas pasaron tan rápido que los alumnos que nos encontrábamos inmersos en la plática de Gai, nos sorprendimos mucho cuando la campana sonó. Ya era mediodía.
El profesor se despidió y fue el primero en salir del aula, seguido de él el resto de mis compañeros se aventuró a seguirlo. Por mi parte salí de última luego de guardar mis pertenencias en la mochila .
Cuando crucé la puerta, sentí como mi antebrazo era jalado.
- ¿Hinata? - me volteé confusa y encontré la radiante sonrisa de Tenten y sus ojos sorprendidos a dos pasos de distancia. Terminé de darme vuelta y la detallé, estaba acompañada de las dos chicas de esa mañana.
Le sonreí con suavidad.
- Tenten, que bueno verte - la saludé.
- lo mismo digo, ¿estás bien?, no sabía que estabas en mi sección, no te había visto, ¡eso es genial! - una de sus acompañantes le dio un notorio codazo y le llamó la atención antes de permitirme contestar. Tenten rio antes de negar con la cabeza. - Lo siento, Hinata, ellas son Ino Yamanaka y Sakura Haruno, Sakura, Ino, ella es Hinata Hyuga, compartimos el piso. Y por lo que ahora noto, el salón - agregó con una sonrisa mientras se sobaba el lugar afectado por el golpe.
Acomodé el bolso que casi resbalaba de mi hombro y cambié la enorme y pesada enciclopedia -que había repartido el profesor Gai con fines documentalistas hacia su materia-, y la agarré con un brazo mientras me presentaba con el otro.
- un placer conocerlas - dije apretando sus manos, y ellas sonrieron tras responder un: Igualmente - ¿van todas a almorzar? - pregunté curiosa. Se supone que debíamos presentarnos en la cafetería a tiempo si queríamos abastecer nuestros estómagos antes del cierre. Y yo tenía muchas ganas de comer, pero ni una pizca de idea hacia donde tenía que ir. Vi la posibilidad de orientación frente a mí, y no la desaproveché.
Tenten sonrió y la que se hacía llamar Sakura se adelantó en responder.
- por eso nos acercamos a ti. Tenten nos comentó que apenas es tu primer año, ¿quieres acompañarnos?
Asentí de inmediato. Agradecida.
- Gracias, sería grato. No se donde se encuentra - me sinceré.
Ino me sonrió con amplitud y con una confianza puritana y alejando cualquier posible prejuicio creado hacia mí, me tomó del brazo y lo entrelazó con el suyo.
- ¡Bien!, entonces no se hable más... ¡a comer! - y con ello las cuatro nos encaminamos al lugar.
No me permití pensar en lo extraña que me sentía durante el recorrido colgada del brazo de Ino, pero no digo extraña de una manera que se entienda como negativa y odiosa, era una extrañeza más bien ligada a una plenitud y alivio en mi pecho. Aunque era nueva esa sensación, deseé llegar a acostumbrarme a ella.
Estábamos en el comedor, con una bandeja de metal en las manos mientras hacíamos una cola, que aunque era concurrida y pasaba rápido, era larga.
Yo estaba detrás de Sakura, y Tenten e Ino iban por detrás de mí. El simple hecho de estar en el medio de ellas no evitaba que entablaran una conversación animada y entretenida entre las tres. Contaban anécdotas graciosas de viajes familiares o excursiones que se habían convertido en un desastre, daban chirridos emocionados cuando hablaban de alguna celebridad de su gusto, se burlaban, hacían bromas, chistes... todo mientras trataban de incluirme. Lo cual agradecí, aunque no participaba activamente en su charla; sólo reía, sonreía y decía cualquier ocurrencia que llegaba a mí, corta y precisa. Todavía no me hallaba a la idea de que estuvieran tratando de meterme en su conversación, ni siquiera me hallaba a la idea de que estuvieran conversando conmigo. Eso era nuevo para mí. Y tenía que aprender a sobrellevarlo. Poco a poco.
Le tocó el turno a Sakura y esta no perdió tiempo en pedir. Una hamburguesa vegetariana, papas fritas, refresco de cola y una galleta dulce. Cuando me tocó a mí, tardé más de lo que debía. Estaba indecisa. Por una parte, mi cerebro me recordaba que debía cuidarme de los azúcares, carbohidratos de más, y grasas dañinas mientras dictaba en mis pensamientos la imagen de mi madre en panorámica con gesto de desaprobación. Y por otra parte, la rebeldía y las ganas de probar algo de lo que supone estaba prohibido, pero resultaba delicioso a la vista, me tenía cohibida.
- disculpe, ¿puedo pedir cualquier cosa que se encuentre en ese menú? - pregunté con pena a la encargada de servir la comida.
Notó mi inseguridad y me sonrió con cariño. Sus arrugadas manos y ojos tiernos y maternales me recordaron a Nana, me hizo extrañarla.
- si cariño, la comida está a tu completa disposición.
Volví a mirar las atractivas ofertas y mordí mis labios.
- todo siempre está delicioso Hinata, María es buena cocinera, no te preocupes por los pormenores - miré a un lado y Tenten junto a Ino y Sakura me miraban con amabilidad. Aunque lo que había dicho no correspondía a mi caso, bastó para mí.
Fue por ello que por primera vez, mandé al diablo los ideales de mi madre.
Sonreí y me volví de nuevo hacia María.
- entonces me apetece pasta con albóndigas, plátano dulce y una malteada de chocolate, por favor.
- enseguida.
María asintió y comenzó a llenar mi bandeja con el pedido. Cuando culminó conmigo, le agradecí.
Una pequeña parte del caparazón construido por mamá, se desprendió en ese momento.
Cuando Tenten e Ino terminaron su pedido, las cuatro comenzamos a avanzar en busca de algún lugar disponible en la enorme sala. Casi todo estaba abarrotado, pero el sitio era lo suficientemente amplio y acogedor como para no notarlo sobrecargado.
Estaba tan distraída tratando de entablar una larga conversación con las chicas, que no me percaté de la figura curvilínea y de piernas largas que se aproximaba en nuestra dirección. Cuando lo supe, fue demasiado tarde.
- Uy, pero mírenla, unida a un séquito de zorras - eso lo escuché cerca de mi oído en un susurro agresivo y cargado de amargura, justo antes de sentir mis piernas desfallecer, perder el equilibrio y caer de sopetón contra el suelo liso y pulido de grafito. La bandeja en mis manos salió disparada, y perdí el almuerzo, a la par que la vergüenza llegaba a mí.
Muchos se rieron y otros soltaron murmullos sorpresivos y cargados de tensión, pero fue la ronca y profunda exclamación que llegó en un repentino momento, lo que me descolocó. Sabía que la había cagado, de nuevo.
- Naruto ¿estás bien? - escuché una voz masculina llegar al lugar cuando trataba de levantarme. Me impulsé con mis manos y logré estabilizarme. Las piernas me temblaban. Todavía mi cuerpo estaba atónito por lo que había sucedido. Ni siquiera estaba segura de que fue lo que pasó. ¿Me habían empujado?, o ¿sólo había tropezado?, la respuesta llegó a mí cuando al voltearme vi a Tenten y a Ino involucradas en una contienda con una chica rubia, alta y de cuerpo moldeado. Fruncí el ceño al notarla familiar. Y puse mi aturdido cerebro a trabajar en ello de inmediato, no fue difícil encontrarla. Di con ella al aventurarme a la noche anterior, cuando llegué a la institución. Era la misma chica de escote pronunciado y mirada fría que no apartó sus ojos punzantes de mí mientras yacía paralizada por el nervio. Era ella, no había duda.
¿Por qué me había empujado?
- ¡Hinata! - la reconocible voz de Sakura llegó a mi aturdida cabeza en un pestañeo, logré volcar la cara y la vi correr en mi dirección. Su gesto pasó de lo agresivo a lo comprensivo. Tomó mis hombros y me volteó en su dirección - ¿te encuentras bien?, ¿no te pasó nada?
Sacudí la cabeza mientras limpiaba la invisible capa de polvo que cubría mi atuendo. Por lo menos no me había manchado la ropa con la comida. Eso era un mérito.
- estoy bien, tranquila, no fue nada.
A continuación escuché un bufido profundo cerca de nuestros cuerpos .
- claro, y eso fue porque toda tu porquería recayó en mí. - su voz profunda y sin ningún ápice de tranquilidad me dio escalofríos.
Esa no era la voz de Sakura.
Un vuelco completo en mi estómago revolvió mis tripas y quise vomitar.
No quería mirar a quien tenía al frente, pero fue imposible detener mi curiosidad.
¿Había causado un problema mayor con otro chico?
Levanté el rostro con lentitud y me encontré con unos grandes ojos azules impasibles, un gesto fruncido y la mirada atrolladora del chico rubio ejercitado.
¡No era uno nuevo!, ¡Era el mismo!
Los largos mechones de cabello amarillento caían sobre sus ojos y oscurecían su mirada, le daban más notoriedad a su creciente molestia.
Tragué en seco y mis ojos se agrandaron. Esto tenía que ser una maldita broma.
El usurpador abusivo estaba frente a mí, mirándome airado, bañado por completo de pasta y albóndigas, con batido de chocolate esparcido por toda su ropa y con algún que otro salpicado en el rostro.
A mí la vida no me quería, pero a él definitivamente lo odiaba.
Mis labios temblaron. Y un cosquilleo extraño me picó la garganta. Una satisfacción hurgó dentro de mi pecho y se asentó con comodidad. No sé por qué quise reírme en ese momento. Y la sonrisa surcó mis labios antes de siquiera notarlo.
¿Acaso era esto el llamado Karma?
Bien, eso es todo por ahora :). Espero hayan disfrutado el capítulo, si ha sido así, como siempre agradecería que plasmaran sus comentarios u opiniones mediante un review y me lo hagan llegar.
Que sigan disfrutando su tarde. Me despido de este lado del monitor. Cuídense.
DLBS
