Capítulo VI

Mis labios temblaban sin contemplación alguna mientras mantenía la mirada fija en ese atractivo rostro fruncido y molesto que lanzaba punzadas áridas a mi burlesca figura. No tenía intención de parecer irrespetuosa a la extraña situación que se presentaba y quería estropear, como el día anterior, mi hasta ese momento grato día; pero mi cuerpo estaba reaccionando de la manera menos prudencial para la extraña ocasión que se cernía sobre mí, parecía decirme: "al diablo con lo que se supone es correcto, quiero reírme, y me reiré".

Su rebeldía era totalmente ignorante del nervio que corroía mi cerebro preguntando: ¿Y ahora cómo saldré de esta?; no le interesaba nada. Y eso, además de preocupante, era extraño.

Una parte que no conocía de mi personalidad quería dar a conocer su encanto porque sentía la necesidad de la venganza, para mí, merecía lo que le sucedió.

La amargura que presentaba mi organismo por todo lo que hasta ese momento había tenido que soportar, deslumbraba a todos y hasta a mí misma al tratar de florecer mediante una chocancia genuina. Mis pensamientos revoloteaban y vislumbraban en mi memoria el período (nada lindo) transcurrido hacía más de veinticuatro horas. Sentía gran coraje hacia el individuo frente a mí, no sólo porque se había atrevido a faltarme el respeto al invadir mi privacidad, sino por todo el avasallante transcurso de tiempo que me hizo pasar gracias a su equivocación. Nunca me había sentido tan desesperada en mi vida.

Nunca, hasta que llegó a mí en forma de problemas.

El entorno alrededor de nosotros se había opacado, y un silencio más que sospechoso, fúnebre, nos envolvía a todos. Aunque no veía a nadie más a mi alrededor, sólo al dueño de mis fechorías y malos ratos, sabía que el resto de los chismosos nos estaban mirando atentos, y esperaban con ansias que una imprudente reacción se accionara por parte de alguno de los dos.

Yo estaba risueña por la situación, y el sujeto usurpador/abusivo me miraba iracundo, no era difícil dar con la ecuación y descifrar que esto no acabaría bien.

Y para fines de entretenimiento, era el mejor espectáculo a la vista.

Sentí una mano en mi antebrazo y sólo por esa fracción de segundos desvié la mirada para concentrarme en el gesto fruncido y preocupado de Tenten. Miré con atención sus grandes ojos marrones y denoté como éstos se sacudían acordes con los movimientos de su cabeza. Era claro el mensaje que denotaba: No es buena idea, Hinata.

Traté como pude de sonreír para tranquilizarla, no tenía por qué preocuparle esta pequeña confrontación entre el rubio y yo; ese chico tenía unas cuantas cosas que saldar. Si él estaba molesto por eso, yo estaba rabiosa por el acontecimiento poco previsto de respeto que él provocó hacia mí al entrar a mi dormitorio sin permiso, y osar cambiar mi ropa.

Ser nueva, algo torpe y nerviosa, no me convertía en una persona estúpida y temida al intercambio de palabras nada aceptables en mi vocabulario. Seguía siendo una persona, y sobre todo, seguía siendo una chica. La fuerza y la energía para defenderme sobrepasaban mi personalidad y destellaba fuera de mi cuerpo.

No se saldría con la suya.

- está bien... tranquila - susurré para ella, y luego me volteé a encarar de forma directa al sujeto, algo que por supuesto no me salió del todo bien, ¿por qué?, porque Míster abusivo se encontraba a sólo pasos de mi rostro contactando directamente con mis sorprendidos ojos.

Sentí su aliento fresco dar de bruces contra mi rostro y me desorienté. Di dos pasos atrás en cuestión de segundos y me alejé molesta por la usurpación de espacio personal. Al parecer el chico no conocía límites y eso me importunó lo suficiente como para fruncir el ceño. Eso a él no pareció importarle.

- ¿te parece gracioso?- alcancé a escuchar en un susurró bajo y ronco, casi como una profunda reprimenda, justo antes de separarme.

Nuestras miradas colisionaron. Éramos dos mulas contraatacando una contra la otra. Ninguno de los dos quería rendirse.

- ¡oye tú pelinegra!, ¿no piensas disculparte? - una voz femenina y que no distinguí en ningún momento, gritó por encima del abrasador silencio de la sala y llamó la atención de todos, quienes luego de escuchar su acusación y pedido, voltearon hacia mí.

Escuché murmullos burlescos y algunos comentarios incoherentes a través de nosotros. Parecían querer incitar la contienda.

Los ojos del rubio brillaron divertidos y su ceño dio paso a la relajación. Sus ejercitados brazos se juntaron y expusieron un pecho fuerte y marcado por debajo del uniforme - cuerpo ejercitado que había tenido el placer de observar en los minutos de locura que sufrí en mi dormitorio por haberlo golpeado-. Lo odié por lo cómodo que parecía.

- cierto, una disculpa sincera bastará. Me agrada la idea.

Sus ojos se dignaron a mirarme y la burla recayó como balde de agua fría sobre mi cabeza. Casi abro la boca con una gran O de indignación.

¿Qué diablos era esto?, ¿Un show televisivo llamado: mira a la inocente chica haciendo el tonto? debían estar bromeando.

Era a mí a quien habían agredido y a quien le habían faltado el respeto; si había disculpas que ofrecer por parte de alguien, era definitivamente del abusivo y de la rubia oxigenada, no de mí.

¿En qué extraño mundo había caído?

Apreté los dientes.

- yo no pienso que...

- ¡Discúlpate! - volvieron a gritar y me interrumpieron. Un murmullo generalizado se hizo escuchar como apoyo al comentario. Eso me molestó aún más.

Miré al idiota jefe de mi desgracia. Todavía le hacía gracia el asunto, pero al notar como en la comisura de sus labios se creaba una casi imperceptible sonrisa, una fuerza irreconocible salió de mi cuerpo convertida en una oleada salvaje en pos de la defensa.

Una llamarada se encendió en mi pecho.

- no, no lo haré - dije tranquila pero seria, como una niñita malcriada dispuesta a defenderse hasta la muerte.

La indignación que sentía en mi interior al parecer tocó al público en general, porque apenas escucharon mi negativa los murmullos de indignación y protestas se oyeron con plenitud en todo el terreno.

Humedecí mis labios e hice escuchar mis razones antes de que se me lanzaran encima para defenderlo.

- créanme, si la situación lo ameritara y todo esta descabellada situación hubiese sido mi culpa, no tendría dudas en hacerlo, pero aquí solo está un abusivo idiota bañado por mi almuerzo gracias a la impertinencia y al ocio de cierta rubia. Creo que quien debería disculparse, y no sólo con él, es la chica que me empujó - la aludida de inmediato dio un alarido histérico con palabras que me digné a no escuchar, sólo propiné a advertir el cómo Sakura la mandaba al diablo antes de verla salir por las puertas de la cafetería. No me preocupé por ella en ese momento y volví a dirigir mi total atención al rubio frente a mí. Sus ojos recelosos me devolvieron la mirada desde su prepotente altura.

Sí, lo había llamado abusivo idiota frente a todos, y aunque de seguro el público que nos rodeaba no tenía la menor idea de por qué lo hice, él al apretar la mandíbula y dedicarme esa mirada, me dio a entender que sabía el porqué de mis desmedidas palabras. Y que él estuviera consiente de la situación, me bastó, porque al fin y el cabo, el problema era entre ambos.

Sonreí un poco y relajé mi expresión. Gran parte de mí tomó un respiro y se tranquilizó. Disfruté mi repentina valentía y decidida a poner la tortilla de nuevo a mi favor. Seguí mirando al rubio sin inmutarme.

- ¿sabes?, lo único que lamento de este suceso es la pérdida de mi almuerzo, de verdad tenía muchas ganas de disfrutarlo, y lo arruinaste - miré con impertinencia sus claros ojos ceñudos - Y sí, me parece gracioso, ¿algún problema con eso? - Sakura, Ino y Tenten carraspearon con risa atorada en su garganta y cubrieron sus bocas para no sobreponerla. No fue la única en la sala en detener sus carcajadas.

- Vamos Naruto, ¿te quedarás con esa? - gritó una voz masculina entre las personas incitando a una grosera respuesta. No fue así.

El ceño del rubio se marcó aún más y la faceta humorística se borró por completo de su rostro. Parecía querer aniquilarme con su azulina mirada, y yo, aparentando estar calmada me reía en su cara con una frágil pero existente sonrisa llena de burla.

Observé como su cuerpo entero se tensaba. Y cuando dio un paso más en mi dirección una mano salió por detrás de él y lo detuvo.

- Naruto, detente, no vale la pena comenzar un revuelo.

Esa voz profunda, seria, tranquila y varonil me dio escalofríos. Un nudo repentino envolvió mi estómago y subió hasta atorarse en mi garganta. La sonrisa decayó de mi boca en un pestañeo y di paso a la palidez y al desconcierto.

Era irreal y un tanto sorpresivo e ilógico, pero conocía esa voz.

El rubio abusivo se volteó a encarar al sujeto que lo había detenido y fue allí cuando obtuve espacio suficiente como para darle un rostro y una figura concreta a mi recuerdo.

Me paralicé en segundos al reconocerlo.

- ¿acaso no has visto lo que ha hecho? - se defendió el fortachón señalando la pasta esparcida en su ropa, su voz era profunda y algo entumecida.

- sí, lo sé, pero llegas a meterte en un problema de nuevo y la directora no será indulgente contigo... papá no salvará tu culo otra vez, así que contrólate.

Tragué con pesadez antes de aclarar mis pensamientos y dar paso a las atoradas palabras en mi garganta.

- n... ¿Neji? - tartamudeé más para mí misma que para él, pero eso al parecer no evitó que me escuchara, levantara la vista y me observara.

Mirar esos ojos perlados y similares a los míos fue experimentar el regreso momentáneo a los maravillosos años de nuestra infancia. Fue volver a una parte importante y melancólica de mi vida. Verlo me hizo sonreír con plenitud. No sería sencillo quitarla de mi semblante.

En cuestión de segundos ese gesto contrariado y fruncido se convirtió en un brillo jocoso y especial ligado a una sonrisa exuberante. Soltó a Naruto y dio un paso hacia mí. Su cara parecía no creer lo que veía. Podía jurar que la mía estaba igual.

Quise saltarle encima por la emoción que crecía dentro de mi pecho y alegraba mi alma. Y fue prácticamente lo que hice cuando se acercó un poco más. No esperé a que se aproximara lo suficiente, y olvidando donde nos encontrábamos y a quienes se encontraban a nuestro alrededor, corrí hacia él.

- ¡Oh Dios mío! ¡Neji! - grité eufórica al tiempo que brincaba a sus brazos y mis manos lo sujetaban con fuerza del cuello en un abrazo apretado. Fue bueno en ese momento que no pesara tanto, le facilitó cogerme en el aire y alzarme con facilidad.

El silencio a nuestro alrededor lo llenó su risa alegre y encantada, esa que tanto extrañaba oír. Se había ido de casa al extranjero cuando cumplí los once años junto a mi tía Hana y su hermana pequeña Hanabi; habían inventado la excusa que el motivo de su partida era por la oportunidad de una buena vida (mejor que la que tenían) en el exterior, pero Neji y yo, aun estando tan jóvenes, sabíamos que el verdadero afán de marcharse por parte de Hana se debía a los problemas que habían entre ella y mamá. Nos separaron por la incapacidad de convivir juntas, y eso nos había destrozado a ambos.

- ¡Preciosa!, ¿pero qué significa esto? ¿Hace cuánto estás aquí? - soltó las palabras tan rápido que fue difícil entenderlo todo a la primera.

Dejó de sostenerme y me mantuvo cerca de sí. Todavía nuestras respiraciones eran un tanto frenéticas. Sonreí mientras tomaba entre mis manos su delicado rostro. Aunque sus rasgos se habían hecho más fuertes, marcados y masculinos, seguía viéndose guapo y encantador. Extrañaba ese rostro.

- apenas desde ayer - me volvió a abrazar - Tenía tanto tiempo sin saber de ti. No me llamaste. Creí que te habías olvidado de nuestro acuerdo - me separé de él y tomé sus manos - ¿por qué no me avisaste que estabas en la capital?

Miró mis ojos y sus cuencas se oscurecieron con pena.

- lo siento, mamá no quería divulgar nuestra estadía. Evitamos el contacto con la familia para no dar a conocer nuestro paradero - hice una mueca con la boca y mordí mis labios. Esta pelea era estúpida, y ambas, tanto Hiromi como Hana, demasiado orgullosas como para admitir su error y discutir una posible solución. Nunca supimos el comienzo de su discordia, pero si nos dieron a conocer el desarrollo y el desenlace de su extraña novela. No era agradable para nadie el cómo habían resultado las cosas - Mamá sigue empeñada en la jodida contienda con Hiromi. Aún sigue sin querer saber de ella.

- te creo, mamá está igual - negué con la cabeza y lo miré directamente con expresión dolida - Pero eso no es motivo para no llamarme y avisarme que estaban en el país. Creí que ante todo la comunicación entre nosotros se mantendría. ¿Por qué ni siquiera lo intestaste?

Neji tomó un mechón de mi cabello y lo apartó. Vi arrepentimiento en su mirada.

- no lo hice seguido Hinata, pero si intenté llamarte un par de veces, la última vez que lo intenté estaba pensativo y no podía dormir, eran las tres de la mañana, eso fue hace apenas dos o tres días. Me contestó una voz adormilada y algo crispada, creí que era Hiromi, por eso colgué.

Su confesión hace que a mi mente acuda la molestia de Kurenai y su queja por el acontecimiento. Escucharlo me hizo reír.

Me alegró saber que al fin y al cabo si era él el dueño de la llamada.

- Nana fue quien contestó, no mamá, nunca se pararía a esa hora, y mucho menos para tomar un llamado –- Neji sonrió con plenitud al saber que era verdad - Kurenai estaba eufórica porque espantaste su sueño, dijo malas cosas sobre el sujeto que llamó, creo que hasta bendijo tu nombre o algo así - su risa se intensificó - ¿cómo está Hanabi?, ¿hace mucho que estás en esta institución?...

Por varios minutos seguimos hablando de temas que se considerarían triviales para algunos, pero para nosotros representaba una anécdota larga y entretenida. Nos habíamos olvidado de todo y de todos. Me comentó que hacía dos años que se había instalado en la capital y había ingresado en la institución y le reproché su falta de comunicación entre otras cosas. Me dijo que Hanabi tenía el cupo asegurado para el próximo año y que mi tía Hana, había comenzado una línea de ropa que había ganado buena reputación y fama. Me alegré por ella. Aunque mi madre, siendo su hermana gemela, no tenía una comunicación genuina y se comportaba con mi Tia como una completa extraña, la relación que mantuve con Hana durante tantos años fue real y agradable. Era más tratable que mamá. Y aunque sus actitudes se asemejaban, Hana demostraba más carisma, confianza y gratitud hacia las demás personas; algo que a mamá parecía faltarle desde hace mucho tiempo.

Unos improvisados tosidos seguidos de un fuerte carraspeo hicieron que ambos calláramos.

- y... ¿cómo se conocen ustedes dos? - la curiosa voz de Ino nos sacó a ambos de nuestra ensoñación.

Sonreí.

La mayoría de los chismosos en la sala se habían desprendido de su curiosidad y se habían aburrido de nuestra repentina charla de reencuentro. Intuyendo que no habría pelea por parte de Naruto o de mí, se marcharon de la sala. Pocos entrometidos quedaban observando la escena. Lo cual fue grato. Odiaba que mis asuntos y sobretodo mi vida privada, se viera intermediada por un montón de extraños que nada agradable tenían por aportar.

Vi como la mano de Neji se alzó y buscó la mía hasta entrelazar nuestros dedos. El gesto contrariado y nada discreto por parte del grupo me pareció divertido, y la cosa empeoró cuando Neji, en faceta humorística, subió nuestras manos entrelazadas y besó mis nudillos en plan cariñoso.

Tenten se puso roja como un tomate maduro y apretó los labios, Ino dio un pequeño salto en su sitio y soltó una risita nerviosa, Sakura nos miró con sospecha y Naruto, no cambió ese gesto molesto en su rostro, pero su mandíbula estaba aún más tiesa y mantenía la mirada muy fija sobre nosotros, intuí que todavía seguía molesto por la intromisión de Neji, pero con sinceridad, no me importó.

En cambio, sonreí al saber qué posibles pensamientos se estaban formando en esas cabezas curiosas.

Traté de no reír.

Miré a Neji y éste me devolvió la mirada de inmediato. Me sonrió y pude notar con plenitud el brillo burlesco en sus grandes ojos. ¿Que planeaba? Me pregunté en un pensamiento repentino.

Pero no fue difícil imaginarlo.

Sentí como sus dedos apretaban mi mano antes de volverse sobre los chicos frente a nosotros.

- conozco a Hinata desde que éramos pequeños, siempre fuimos cercanos e íntimos y mantuvimos una relación estrecha por varios años... - hizo una pausa y sonrió aún más antes de volver la mirada sobre los ocho ojos que nos miraban interrogantes - Hinata es mi querida no...

Le solté un fuerte golpe sobre el estómago y éste interrumpió su juego de palabras para quejarse.

- ¿qué haces? - fue lo que dijo entre el dolor y la risa.

Lo miré con falsa molestia.

- prima... - corregí mirándolo con una sonrisa en mis labios.

Al decir aquello cada uno de los ojos que nos observaban me miraron a mí en un segundo - Neji y yo somos primos hermanos. Tenía años sin verlo, por eso mi efusión, lo siento.

La cara de sorpresa de Tenten unido a un suspiro de alivio llamó mi atención. Ino rio y Sakura sonrió con amplitud antes de acercarse.

Miré a Naruto, sus ojos todavía lucían ensombrecidos por su altura y por la cantidad de cabello que se cernía sobre ellos, pero parecía calmado. No hizo ningún gesto.

- ¡Oh! con razón el parecido - comentó Sakura risueña.

- y ustedes, ¿ya se conocen? - pregunté curiosa antes de soltarle la mano a Neji y caminar hacia ellas, lo cual unió más al grupo.

Sakura, Ino y Tenten se miraron entre sí antes de negar en sincronía con sus cabezas. Su negativa me hizo dar avance a las presentaciones. Todos lucían curiosos y alegres y comenzaron a entablar una conversación animada.

Así se mantuvo hasta que volteé y vi que Naruto me estaba mirando.

- ¿Qué?, ¿no me presentarás? - dijo lo suficientemente alto como para que todos escucharan y callaran.

Su comentario me confundió y por lo tanto volví a fruncir el ceño.

- lo siento, no te conozco - comenté seca y sin ánimos.

Todavía tenía la intención de hablar con él y aclarar las cosas. Pero necesitaba hacerlo a solas, no lo haría cuando acababa de reencontrarme con Neji y con las chicas viendo y escuchando todo, no era apropiado, la discreción y el secreto seguía siendo parte importante del plan, y tenía que respaldarlo a costa de todo. Ya planearía algo para pescarlo sin que nadie se enterara. Conociendo ahora que era parte del estudiantado se me haría más sencillo dar con él ¿verdad?, además Neji lo conocía, otro punto a favor. Fuese como fuese, todavía no estaba absuelto de toda culpa. Esto tendría prórroga, y en el futuro, evitaría la publicidad.

Una sonrisa se formó con lentitud sobre su boca hasta dar a conocer un pequeño hoyuelo bajo su labio inferior. Me abstuve de apartarme y salir del lugar.

- yo diría que sí, y más de lo que se supone es conveniente para ambos ¿no lo crees?, Hinata- la manera pausada en como pronunció cada palabra, hizo que un nudo se cerniera sobre mi garganta y mis ojos se dilataran. Mis mejillas ardieron en desconcierto.

¿Qué diablos quería decir?

No fue problema averiguarlo.

La casi imperceptible sonrisa en sus labios ligada a la sospechosa mirada que me lanzó daba notoriedad a la comodidad que transmitía su imagen en general. Algo en mí intuía que la parte de haberle lanzado encima mi almuerzo ahora era una situación redundante y fuera de órbita. Ya no se trataba de eso. O por lo menos, no era el tema principal a tomar en cuenta.

- ¿qué quiere decir con eso? - Neji se posicionó a mi lado y sentí como me miró en busca de una respuesta, pero no fui capaz de devolverle la mirada. No tenía ninguna contestación que dar, y para mi mala fortuna mi cerebro no trabajaba rápido al formular mentiras creíbles. Si decía cualquier tontería, todos se darían cuenta del engaño. ¿Qué me quedaba más que callar?

Naruto se mostraba complacido. Realmente parecía que deseaba armar un revuelo al contar la historia de nuestro primer encuentro, que por supuesto, más allá de dejarnos mal al escrutinio público, terminaría por meternos en un gran problema. ¿Sería capaz de hacerlo sin importarle las consecuencias?, no lo sabía, y por ello me carcomía el temor, no lo conocía.

Me tensé por completo al imaginar la escena. Y la imagen de una enorme construcción con una cruz en el tope del techo vislumbró en mi cerebro. Quise vomitar. Si él hablaba, estaría muerta. Literalmente lo estaría. Mamá haría picadillo de Hinata y lo tragaría con ayuda de una gran copa de vino. La próxima parada de esta chica Hyuga sería el monasterio privado de Mérida.

Me mandarían lejos. Terminaría exiliada.

Sería mi fin.

Los latidos en mi pecho comenzaron a tornarse más rápidos conforme los pensamientos acudían a mi mente.

El brillo en sus ojos dio a conocer el encanto de una mirada divertida. Se acercó con lentitud hacia nosotros mientras se despojaba del saco oscuro bañado de pasta y batido de chocolate. Limpió su rostro.

Y cuando estuvo solo a centímetros de mí, reiteré con hechos la aprensión en mi pecho.

Esto ahora se trataba sobre el golpe y la habitación.

De inmediato mis ojos se abrieron perturbados.

¿Me quería delatar?

Esa pregunta quedó paralizada en mi cabeza al igual que mi cuerpo, justo cuando tuve su boca casi al roce de mi conducto auditivo.

- y por cierto, bonitas bragas - y con esas desconcertantes palabras pasó de mí y salió de la sala, antes de que mi cerebro volviese a tomar control de mis terminaciones nerviosas.


¡Hola! ^_^ como siempre un placer saludarlos de este lado del monitor.

Primero que nada le agradezco a danielajelaus por dejar un comentario :D, eres la segunda persona que comenta la historia y realmente realmente te lo agradezco :) O/

Espero de corazón que hayan disfrutado de este capítulo :D como siempre les invito a plasmar sus opiniones mediante un Review, con sinceridad saber que están contentos con la historia y ofrecen sugerencias me hace desear continuarla ^_^.

Espero disfruten su día. Feliz tarde.

¡Saludos! :D

DLB