"If you love like that, blood runs cold"

La noche después de la pelea en la cocina, Petra se sorprendió al escuchar el ruido de la puerta principal. Miró el reloj colgado en la pared mientras dejaba de picar las cebollas por un momento y consultó la hora, era temprano, cosa que la tomó por sorpresa, Levi era de llegar casi a las 23 horas siendo las 19.

—Buenas noches.

La hermosa rubia dio un respingo ante el tono amable, volteando a verlo. Levi nunca era tan cariñoso y mucho menos sonreía de esa manera, si se le podía llamar sonrisa a la mueca de su labio ya que no era realmente una sonrisa en una persona normal.

—Buenas noches— sonrió ampliamente Petra, extrañamente contenta de la atención que le brindaba su esposo. Éste se acercó por detrás para encerrarla en un abrazo mientras ella seguía cocinando, se relajó ante en calor del cuerpo de Levi detrás de ella, había pasado tiempo desde que habían tenido un momento tan íntimo.

—perdóname, pensé que llegarías a la hora de siempre...- comentó dudosa y un poco temerosa de iniciar una discusión; sintió como él inhalaba el aroma de su cabello.

—No te preocupes, sé que esperabas la rutina de siempre — Ackerman la pegó más a él —¿qué es lo que cenaremos?

—mmm... pensaba hacer una ensalada de pasta, justo ahora estoy terminando de picar los ingredientes de la salsa.

Él se separó para ponerse a la par de su esposa —¿necesitas ayuda?— preguntó, luego de unos segundos sin respuesta chasqueo los dedos —Petra.

—¡Lo siento! si-si lo deseas puedes ayudarme— dijo al fin. La pregunta de su esposo la había tomado por sorpresa, haciendo que no reaccione. Volvía a ser el Levi de antes, del cual se había enamorado, el que, a pesar del caparazón, de su carácter rígido, su fría apariencia, se hallaba el Levi servicial, compañero y, a su manera, amoroso. Vio cómo él se arremangaba la camisa y la ayudaba con el resto de la comida.

—mañana... ¿quieres que salgamos a algún lado? — preguntó Levi, llamando la atención de su esposa, quién estaba acostada a su lado en la cama.

Había llegado temprano, inundado con pensamientos sobre Samy, a su casa, a la cual fue prácticamente corriendo con la esperanza de disipar las ideas que tenía en su mente acerca de su compañera de trabajo si veía a su esposa. No se equivocó: en cuanto la vio en la cocina tarareando una canción mientras lentamente movía su cuerpo al ritmo de la música que sonaba en la computadora, Samy pasó a algún lado oscuro de su mente y todo su cuerpo se concentró en su mujer. Rompió esa hermosa imagen haciendo ruido al cerrar la puerta principal, lamentándose después, viendo unos ojos celestes abiertos de la sorpresa al verlo temprano en casa.

Luego de la cena, Ackerman le hizo el amor de manera salvaje y tosca, deleitándose en el placer que le brindaba a su esposa, luchando con la imagen de Samy invadiéndolo en su mente, en el lugar donde se encontraba su compañera en esos momentos.

Su cabello dorado tenía un leve brillo por la luz del velador, las sábanas de seda se adherían a su figura delineándola por debajo de la tela, mostrando la figura de reloj de arena de la mujer.

Luego de un momento, Petra contestó —perdona si he tardado, es que me has sorprendido, hace como siete meses que no salimos a una cita— intentó no mostrar, ni delatarse con el tono triste de su voz.

—sé que fui un idiota, tú lo sabes bien que en estas cosas soy un completo inútil, pero quiero recompensártelo— estiró su mano para acariciar su rosada mejilla —¿tienes pensado algún lugar?

Ella sonrió —me gustaría ir de picnic al parque de la ciudad, los cerezos están en flor y es una vista espectacular- sus ojos brillaban de solo imaginarlo. Su marido sonrió y la atrajo a su pecho y ella se dejó seducir por el sueño, cayendo rendida sobre el pecho de Levi.

A la mañana siguiente se levantaron temprano para hacer los preparativos. Petra se encargó de la comida mientras que Levi se tomaba un baño, revisaba algunas cosas del trabajo y se vestía para desayunar. Aquello le parecía un sueño, no quería ser pesimista, se amonestó en sus adentros, pero en cierta forma se le hacía sospechoso que haya un momento de calma en la tormenta que se había convertido su matrimonio. Hacía mucho que él no la trataba así, que Levi no la priorizaba. Se sintió miserable al darse cuenta que hace mucho había dejado de ser la prioridad de su esposo, y el hecho de que hoy lo volvía a ser le dieron ganar de llorar. Inhaló profundo para no soltar las lágrimas y continuó con los preparativos para el día.

Cuando llegaron al parque, el corazón de Levi dio un vuelco. Su esposa resplandecía entre los cerezos, era una imagen que le quedaría grabada para siempre: sonreía ampliamente con los ojos cerrados, las flores de cerezo caían a causa del viento, que las arrancaba suavemente de las ramas, el cabello dorado de su esposa brillaba como el oro moviéndose al compás de la brisa que marcaba el ritmo. Cuando ella lo miró con sus hermosos ojos celestes, los cuales se veían brillantes y claros a causa de la luz solar, se le hizo un nudo en la garganta ¿hace cuánto ella no le sonreía así? Como la vez que se casaron, una sonrisa llena de esperanza, amor y alegría. Era el peor marido de todos, no, era una lacra. Él lo sabía bien, no la merecía, nunca la mereció en realidad, y al verla allí se prometió no volver a lastimarla. Levi sabía que era de corazón frío, le costaba mostrar lo que sentía, nadie le había enseñado a hacerlo. Su tío le enseño como ser un buen empresario, un alma despiadada en el tema de los negocios, el gran Ackerman, el empresario más importante del rubro, el arma letal de los negocios, la máquina de hacer dinero. Lo habían preparado para eso, no para amar. Así que cuando vio a Petra por primera vez sirviendo café en el bar al lado de su empresa, sabía que nunca tendría alguna oportunidad con ella.

Se había acercado amablemente a su mesa para dejarle la carta, al volver le preguntó cuál era la elección que había hecho con una radiante sonrisa.

—un té negro. Sin azúcar por favor— Había escupido Levi sin mirarla.

—¿Desea acompañarlo con algún postre?— Él levantó la mirada para verla: ojos celestes, pelo rubio por encima de los hombros y una sonrisa encantadora. Se sintió incómodo de repente y suavizó la mirada.

—un trozo de pastel de vainilla— hizo una pausa —por favor.

Cuando ella volvió con el pedido, y después del mal trato que Levi le había dado, seguía sonriendo dulcemente. Él sintió un cosquilleo en el estómago, lo cual lo puso incómodo y molesto. Le pidió la cuenta una vez terminado el té y se fue al trabajo. Ese día no paró de pensar en camarera de aquel café, y las visitas al bar se hicieron cada vez más frecuentes. Se sentía avergonzado de sí mismo y un estúpido. «patético» masculló por lo bajo. Un mes pasó desde la primera vez que Levi la vio, y por cosas del destino la mayoría de las veces ella lo atendía, y, esa tarde luego de terminar su mismo pedido de siempre, le dejó una generosa propina. Al día siguiente, cuando volvió, ella le entregó parte del dinero que Levi le había dejado.

—gracias por su amabilidad, pero no puedo aceptar tanto señor, es casi mi sueldo en propina.

No supo porque su honesta actitud lo molestó tanto. Quizás porque inconscientemente se sintió rechazado. La miró molesto a los ojos, ella sostuvo su mirada.

—yo no lo quiero devuelta— escupió molesto las palabras.

—está bien— contestó ella, alzando los hombros a manera de derrota. Miro a unos niños en la calle que vendían chocolates para llevar un plato de comida a la casa y se dirigió a ellos para regalarles el dinero, luego regresó a la mesa de Levi y le entregó la factura de la cuenta – aquí tiene, la próxima vez que quiera darme una propina así de generosa esos niños estarán más que felices.

No supo porque, pero Levi rió, haciendo que la mujer lo mire con una ceja levantada, intrigada—soy Levi Ackerman— Tampoco supo porque, pero se presentó.

—Petra Ral— le sonrió ella.

—Levi— le sonrió Petra mientras movía una mano frente a su cara, trayéndolo a la realidad.

—lo siento.

—¿en qué pensabas? — preguntó, divertida e intrigada.

—En cómo nos conocimos— respondió él mientras se sentaban sobre la manta. Ella lo miró y sonrió, para acto seguido robarle un corto beso en los labios.

La tarde transcurrió en una amena charla y risas por parte de su mujer, y sonrisas por parte de él, con las flores de cerezo brindando un ambiente romántico y relajado. Al llegar a casa y luego de acomodar las cosas se dirigieron a la habitación.

—gracias por hoy, Levi— Ral lo abrazó por la espalda una vez acostados en la cama. Él llevo sus manos a sus labios y las besó.

—sabes que no soy bueno como esposo— le dijo de espaldas —pero te quiero, Petra.

Ella sonrió, sabiendo cuanto había luchado él para confesarle eso —yo también te amo, Levi.

Ackerman se levantó para ducharse antes de ir a dormir, dejando que su mujer se relajara en la cama mientras lo esperaba. El celular de él sonó y ella se movió a su lado para mirar la pantalla; sus ojos se abrieron y sintió que un balde de agua fría caía sobre ella. Era el mensaje de una mujer contestando de manera juguetona.

si ven algún error perdón! tengo la mala costumbre de temrinar de escribir y subirlo jajajaja nos leemos la próxima gracias por sus comentarios, me llenan de alegría!