Capítulo XII
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Hinata:
La cafetería como siempre a esa hora de la tarde se encontraba abarrotada. Miles de estudiantes se reunían para disfrutar de sus almuerzos y nosotras cuatro, no éramos la excepción.
Nos encontrábamos sentadas en una de las amplias mesas metálicas que rodeaban la zona, charlando de cosas triviales y avivando una seria conversación sobre un concierto venidero a la ciudad al cual, todas querían ir.
Yo no tenía ni la más remota idea de quién era el artista o grupo conocido que se presentaría, pero ellas no dejaban de insistir en que me encantaría y teníamos que ir.
Estaban bastantes risueñas últimamente y parecían, en especial, contestas ese día. Yo al contrario, más allá de estar contenta, me sentía tranquila. Pero una parte de mí, se encontraba bastante inquieta.
Habían pasado tres semanas luego de la pequeña charla que había mantenido con el Uzumaki a altas horas de la madrugada en mi habitación. Desde ese día, luego de que prometiera no volver a inmiscuirse en mi vida, no había vuelto a cruzar palabras con él.
No me había dicho nada incómodo ni tampoco me había hecho pasar por situaciones extrañas, y por más que agradecía que así fuese, no me atraía el hecho de saber que no había querido hablar conmigo más allá de un saludo con un leve meneo de cabeza, y un encuentro de miradas que se dignaban a durar no más de cinco segundos antes de que él la apartara como si nada.
Se supone que habíamos resuelto todo el problema ¿correcto?, entonces ¿por qué no se había acercado a hablar conmigo de forma casual y ocasional como lo hacía Neji, Sasuke o Shikamaru? ¿Por qué lucía tan inexpresivo y parecía querer esquivarme a cada momento? Y lo peor aún ¿Por qué diablos me interesaba que así fuera?
Maldije en mi interior y quise darme una bofetada.
¿Qué diablos pasaba conmigo? ¿Acaso me estaba volviendo loca?
Sí él no quería acercarse a mí, no tenía por qué interesarme. A fin de cuentas era eso lo que yo deseaba ¿verdad?
¿¡Verdad!?
- ¿Has hablado con Neji últimamente? - la repentina pregunta de Tenten me sacó de mis pensamientos y me hizo volver de pronto a la realidad.
Había acabado con mi charola repleta de comida, y ni siquiera me había dado cuenta.
Volteé a mirarla y le sonreí.
- sí. Nos hemos topado un par de veces. No deja de esperarme al final de cada clase para acompañarme a la habitación. Nos estamos comportando bien - aseguré.
Tenten sonrió con entusiasmo.
- Eso es un alivio, estaba preocupada porque ambos no resolvieran la situación. Neji a veces puede llegar a ser muy orgulloso.
- lo sé - admití - me pasa igual. Pero ha sabido aceptar su culpa.
- porque te ama - comentó con ternura y una sonrisa surcó mis labios. Afirmando lo que sus palabras decían y lo que yo, dentro de mí, ya sabía.
- sí, y yo a él. De seguro si no hubiese pisado mi habitación al día siguiente para pedirme disculpas, lo hubiese hecho yo. No puedo imaginarme estar molesta con él por tanto tiempo - aparté mi charola y miré como Sakura e Ino, del otro lado de la mesa, comenzaban una pequeña disputa por alguna tontería que no alcancé a escuchar - me siento tranquila, y en parte es por saber que aún sigue conmigo.
Tenten estrechó mi mano y me dio un suave apretón.
- puedes creer que él se siente de la misma manera, Hina - me sonrió de nuevo y yo le devolví el gesto.
- sí, creo que tengo mucha suerte - le dije, poniéndole atención a mis entrejuntadas manos.
- ¿Y qué pasó con el Uzumaki? - preguntó poco después.
Me dio un pequeño empujón con su hombro y yo la miré extrañada.
- ¿Con Naruto? - pregunté a la vez, y ella asintió.
- sí, el mismo, ¿han seguido en contacto?
Luego de contarle todo a Tenten- por supuesto, obviando las partes prohibidas que había tenido que mantener en secreto por cierto trato de confidencialidad-, de lo sucedido ese día en la madrugada, luego de que ella se marchara; no había dejado de molestarme con el asunto.
Según ella, un hombre interesado siempre busca la manera de contactar con la chica y él, en ese momento no pudo ser más explícito.
Yo no dejaba de decirle que estaba loca y que imaginaba cosas, pero ella a su vez, no dejaba de insistir.
- no, no hemos hablado - dije, rodando los ojos. Ella de inmediato se echó a reír.
- piensas que estoy demente ¿verdad?
- sí, cada día me convenzo más - bromeé, viendo de reojo su risueña expresión.
- Cariño, no me culpes, veo lo que es evidente, eso es todo.
- entonces no estás viendo lo suficiente - repliqué.
Ella soltó un claro suspiro lleno de indiferencia.
- Soy realista, Hina -agregó - Yo sólo digo que deberías prestar más atención a las señales.
- no existen tales señales, Tenten - volví a insistir.
- por supuesto que existen. Sólo que tú decides no darte cuenta de ellas.
- por favor, Tenten - le miré con súplica - El tema quedó saldado hace ya varias semanas. No continúes con lo mismo ¿quieres?
Hizo un gesto bastante dramático y yo me cubrí el rostro para no tener que verla.
- de acuerdo, tú ganas, no insistiré más, pero en serio, Hina ¿estás dispuesta a seguir ignorándolo?
De inmediato me tensé y la misma preocupación que sentía hacía poco, volvió a mí. Al igual que las infinitas imágenes del Uzumaki pasando de largo sin detenerse a decir nada.
Me descubrí la cara y la miré.
- ¿pero qué dices?, no soy yo quien lo ignora, Tenten. ¡Es él quien me está ignorando a mí! - le solté. Algo exasperada.
Tenten pareció sorprenderse un momento, pero fue algo que duró poco antes de que lo remplazara con una sonrisa enorme.
- ¿pero de que estás hablando, mujer? - dijo viéndome con atención - me refiero al hecho de ignorar que lo que te estoy diciendo tiene lógica.
Mis mejillas ardieron desconcertadas y la miré furiosa.
- ¿intentas burlarte? - dije, con los ojos como platos y apenada. Ella sonrió aún más. Y supe que estaba aguantando las ganas de echarse a reír.
- ¡por supuesto que no!- admitió - Pero ahora que confesaste esa parte de la historia, que por supuesto, no sabía. Me intrigaste. ¿Qué quisiste decir con que te ignora?
Volqué los ojos una vez más y enterré mi rostro entre mis manos tratando de enfriarme un poco.
- déjalo ya, Tenten… no es nada.
- ¡y un cuerno que no es nada!, lo dijiste. ¿El muy idiota se está tomando la osadía de ignorarte?
Levanté la mirada y la vi con advertencia. A lo cual ella volcó los ojos, sonrió y desvió la mirada.
- Está bien, está bien - aceptó encogiéndose de hombros - no diré nada. Pero entiéndeme, Hina, yo sólo siento la obligación de informarle a mi despistada amiga que diablos está sucediendo a su alrededor. Y más si se trata de un hermoso chico que se nota a leguas que está interesadísimo en ella. Al fin de cuentas no es mi culpa. Si quieres culpables, cúlpalo a él por no saberlo disimular.
La miré una vez más con las mejillas ardiendo, me guiñó un ojo y yo estrellé mi cara contra mis manos al tiempo que ella volvía a reír.
A veces, muy dentro de mí, surgía el deseo de golpearla.
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Las horas del almuerzo pasaron volando y justo cuando salíamos del comedor, prometiéndole a Tenten que la vería en el aula de música, me despedí de las chicas para ir un momento a mi habitación. Había olvidado un informe que nos habían pedido, y esa tarde necesitaba entregarlo.
Llegué más rápido de lo que pretendía y di con él en un chasquido de dedos, pero, para mi mala suerte, no fue lo único con lo que me encontré.
Una pequeña y adornada cajita con un moño rojo amarrado, sobresalía con ímpetu por encima de la arreglada cama de mi habitación.
Me acerqué cautelosa y la tomé junto con una pequeña nota que decía:
Prometimos dártelo en cuanto pudiéramos, y aunque ha demorado un par de semanas, nos alegra el resultado. Esperamos que a ti también. Te amamos cariño. Que lo disfrutes.
Con amor…
H&H
Lancé la carta sobre la colcha y me dediqué en romper la envoltura y abrir la caja. Y para mi desconcierto, no estaba preparada para lo que vi.
Un gran aparato elegante de al menos seis pulgadas, de un color gris metálico y con detalles en negro, me recibió del otro lado de la tapa. Era sencillamente hermoso, pero sobretodo, bastante llamativo y ostentoso.
Lo saqué con cuidado de su envoltura y mis ojos lo recorrieron por entero.
No supe al principio que era a lo que me estaba enfrentando. Pero una vez lo tomé y lo detallé, me pareció que se trataba de alguna clase de ¿Smartphone?, así parecía a simple vista.
Al percatarme de eso arrugué el ceño de inmediato.
¿Por qué de pronto mis padres querían que tuviese un celular? - me pregunté sospechosa.
Siempre me lo habían negado y nunca, cuando lo pedí, me dejaron tenerlo… y justo ahora ¿era un regalo inesperado de su parte?
Una extraña sensación de incomodidad se colocó en mi pecho. Esto, de ningún modo, me agradó en lo absoluto.
Una parte de mí intuía que algo simplemente estaba mal allí. Más sin embargo, en ese momento no tenía tiempo para pensar en esa clase de cosas. Así que lo metí con descuido de nuevo en la caja, lo dejé sobre la cama, tomé el informe y salí disparada al salón de clases. Sólo para entrar al aula y verme de nuevo en solitaria causa.
Miré mi muñeca y el reloj marcaba la una con cinco minutos. Sólo faltaban veinticinco minutos para comenzar, y fue por esa razón que decidí quedarme.
Como el salón seguía sin tener pupitres, tomé asiento en el suelo cerca de la puerta y recosté la espalda en la pared.
Ese día iban a elegir el dueto y el grupo para los intercolegiales, y era importante asistir. Yo me había inscrito tanto en el dueto como para participar de solista, pero las pruebas para los solistas comenzaban en dos semana y yo no tenía ninguna rutina preparada, así que muy dentro de mí estaba resignada a quedar en el dueto; sólo quería tener la dicha de participar, y aunque una rutina solista era lo que deseaba hacer, ya contaba con muy poco tiempo para practicar.
O quedaba en el dueto o mi participación allí se vería obligada a estar sólo en el espectáculo grupal. Y eso, con sinceridad, no era precisamente lo que yo quería que pasara.
Rogué a los dioses por una pequeña ayuda y esperé que mis oraciones no fueran ignoradas.
Tomé el informe que tenía entre mis manos y lo leí unas cinco veces para matar el tiempo. Y no fue hasta que abrieron la puerta, que quité mi atención de las hojas y la concentré por completo en el chico que entraba a la habitación.
Tardé un poco en reconocer quien era, pero cuando me divisó y sus labios se alzaron hasta darme panorámica de su hermosa sonrisa, logré recordar su nombre.
Yahiko. El carismático, rebelde y juguetón chico, que había sido mi compañero en algunas tareas y que fui capaz de conocer en las últimas semanas, gracias a la confianza puritana que se había instalado entre nosotros de manera fácil, rápida y casual.
No pude evitar sonreírle cuando lo miré.
- ¿Siempre eres la primera en estar aquí, Hyuga? - preguntó con gracia en forma de saludo, mientras se acercaba y tomaba asiento a mi lado.
- al parecer sí - reconocí al tiempo que estiraba mis piernas y colocaba el informe con cuidado sobre ellas - llegar temprano es una cualidad admirable ¿lo sabías?
- sí, pero que lo sea, no le quita lo extraño - dijo, viéndome de reojo y sin dejar de sonreír.
- no creo que sea extraño - confesé. A lo cual el me miró y yo curvé mis labios confiada - no lo es cuando resulta una rara y más que inhóspita coincidencia que suceda.
- ¿lo que intentas decir es que nunca has planeado llegar temprano?
Me encogí de hombros.
- aunque no lo creas… - le dije.
Ladeó el rostro y negó divertido, permitiéndome en ese momento poder admirar los atrevidos piercings que rodeaban todo el pabellón de su oreja.
Era extraño ver que un chico los usara, pero el toque que le daba lo hacía ver atractivo. Contrastaba a la perfección con esa personalidad atrevida y directa que tanto lo caracterizaba. Y para mí, era de cierta forma encantador.
- eso, Hyuga sí que es extraño - agregó, y yo de inmediato aparté la mirada hacia al frente con un rápido movimiento.
Tratando de distraerme, miré la hora una vez más en mi reloj y me di cuenta que sólo habían pasado cinco minutos.
¿Cómo era eso posible? - pensé, para luego soltar un suspiro lleno de cansancio.
- al contrario de mí tu siempre sueles llegar tarde - continué con la conversación - Lo que sí debo considerar extraño es que estés llegando a esta hora. ¿Acaso huyes de algo?
Me miró y la comisura de su labio inferior se perdió entre sus dientes mientras sonreía.
- Huir de algo suena mal, Hyuga. En cambio huir de alguien... bueno... - se rio de lo que pareció un chiste personal para luego encogerse de hombros - el aula me facilita el encubrimiento perfecto. No puedo quejarme - reveló.
- ¿Qué? ¿De verdad te estás escondiendo? - dije sorprendida. Él asintió divertido - Vaya, no esperaba esa respuesta.
- ¿y qué esperabas?
- algo menos dramático.
- ¿Cómo qué?
- Como que te habías desecho de ese lado insurrecto que te caracteriza, y habías decidido ser un buen chico.
Su ronca carcajada me hizo sonreír.
- Mierda, ¿soy un chico insurrecto? - dijo, mirándome. Yo sólo asentí - creí que compartir un par de exámenes y cuestionarios juntos te había hecho cambiar de opinión, Hyuga - estiró las piernas y me miró. Yo negué divertida y por algunos segundos le sostuve la mirada antes de apartarla.
- pues ya ves que no. Tienes una motocicleta y cada vez que te da la gana haces lo que quieres, eso, se considera un límite bastante alto y muy difícil de superar.
- ¿mi motocicleta me hace un tipo rebelde? - preguntó, encarnando una ceja divertido.
- no, lo hace el que te reúnas con un grupo y te dediques a plantear tus propias reglas desobedeciendo a su vez, las que ya existen.
Entrecerró los ojos y negó sin apartar la sonrisa de sus labios.
- Vaya... eres la primera chica que conozco que está en desacuerdo con mi exuberante pasatiempo y personalidad.
- nunca he dicho que lo esté - confesé.
Y en realidad no mentía, me agradaba bastante su manera de ser. Tener la destreza de no preocuparte por lo que dijeran de ti y hacer de tu vida una aventura agradable, para mí, era motivo de admiración.
Mi vida desde que tenía memoria era controlada por mis padres. Y esa rebeldía que identificaba a Yahiko, a mí me hubiese gustado tenerla.
Sus ojos cafés contactaron con mi ladeado rostro y hubo un momento de silencio. Cuando me di cuenta que se había quedado callado, volteé a verlo y me conseguí con la sorpresa de que seguía mirándome con atención.
Tenía una suave sonrisa apenas perceptible sobre sus labios, unos mechones caían con rebeldía sobre su frente y su expresión en general, me puso los nervios de punta.
Mis mejillas no tardaron en colorearse.
- ¿Qué? - dije temblorosa tratando de averiguar qué había sucedido para que estuviera así - ¿ocurre algo?
- no - dijo con suavidad al tiempo que soltaba un plácido y prolongado suspiro y devolvía su atención al frente - sólo pensaba en tus palabras.
- ¿mis palabras? ¿Qué hay con ellas?- pregunté confusa.
Él se rio y negó.
- nada, Hyuga... nada ¿Sabes tocar?
Lo miré aún más confundida.
- ¿tocar? - apenas fui capaz de darme cuenta cuando se puso de pie. Antes de siquiera percatarme estaba en cuclillas delante de mí y me tendía una mano.
- ¿contestarás a todas mis preguntas con otra igual? - nuestras miradas se mezclaron y pude percatarme del brillo en sus ojos. Mis labios quedaron sellados y no supe que responder - el piano, Hyuga - susurró con suavidad - me refiero al piano.
Entonces espabilé. Sonreí como una idiota y con la cara ardiendo hice ademán de levantarme con rapidez, haciendo que a su vez, él se apartara para no tropezar conmigo.
Su vista me siguió hasta que estuve de pie. Luego, él también hizo lo mismo.
- ¡por supuesto! - carraspeé - ¿alguna pieza en particular?
Luego de que toda esa incómoda situación pasara, ambos nos sentamos frente al piano con la intención de pasar el resto de los minutos libres que nos quedaban, perdidos en la música.
Debo admitir que estaba bastante nerviosa, pero él parecía muy tranquilo y eso me ayudó lo suficiente para dejar pasar mi inquietud.
Por lo menos por un rato.
- ¿desde cuándo sabes hacerlo? - pregunté cautelosa, mientras colocaba el informe encima de la cubierta del instrumento.
Yahiko me miró por un momento antes de sonreír.
- solía tocarlo mucho cuando era un niño. A mis padres les encantaba y se convirtió en una rutina para mí tocar toda clase de música para ellos.
Le sonreí sorprendida.
- Eso es genial - admití - yo solía hacer lo mismo cuando estudiaba en casa. Mis padres se encargaron de hacer de mis tardes, un hábito con la música. Siempre me escuchaban.
- ¿recuerdas alguna pieza en especial? - preguntó. Tocando apenas con las yemas de sus dedos las blanquecinas teclas frente a él.
Bajé el rostro y fijé mi atención en sus manos.
Hubo un breve silencio.
- la verdad es que ahora no recuerdo ninguna - confesé apenada.
Siempre solía tocar cuando mi mente se sentía liberada, tranquila y sin presión. Y por alguna extraña razón no me sentía cómoda en ese momento.
No me sentía cómoda con él.
Mi respuesta fue el detonante de otra carcajada de su parte. Levanté el mentón y le miré. Sus ojos acaramelados me estaban viendo con atención y gracia.
- ¿Qué? ¿Te pongo nerviosa, Hyuga? - preguntó con cierto toque burlesco y acercando nuestros rostros en forma juguetona. Y, aunque sabía que era una simple broma de su parte, su repentina cercanía me hizo dar un paso hacia atrás de manera brusca y apresurada, lo que ocasionó que una de mis piernas chocara contra la pata de la silla y accionara a mi cuerpo a tropezarse.
Como una idiota trastabillé un poco y no pude detenerme ante la fuerza de la gravedad.
Vi el cambio de su expresión y la sorpresa en sus ojos antes de sentir el vacío envolver mi estómago. Y Justo cuando el alzó sus manos para intentar tomarme, un par de fuertes brazos me envolvieron primero y evitaron que mi trasero terminara golpeando el piso.
Sentí una sacudida y luego un pequeño sobresalto, pero en ningún momento llegó el dolor a mi cuerpo.
Tragué aturdida y mis pestañas aceleraron su aleteo para tratar de devolverme a la realidad.
La rapidez con que todo pasó no me permitió analizar lo que estaba sucediendo. Pero cuando volqué la vista temblorosa hacia arriba, unas cuencas hermosas color azul cielo me miraban con atención.
El nudo en mi estómago tardó microsegundos en formarse.
- pero vaya que eres torpe, preciosa - bromeó viéndome, con una apenas visible sonrisa oscilando en sus labios.
- ¿Naruto?
El vacío que sentí envolver mi esófago cuando supe que iba en dirección al suelo, se apresuró a envolver mi pecho con rigurosidad.
La sorpresa estaba tallada en mi rostro como piedra, y mis mejillas, antes sonrojadas, ahora ardían con vergüenza.
Naruto había logrado atraparme con tiempo y me pegó a su cuerpo para hacer de él, el que recibiera el golpe. Y por lo tanto, estábamos muy juntos, y si eso no era lo suficientemente malo, Yahiko, con la mirada fruncida, estaba de pie frente a nosotros fulminando con la mirada al rubio que me tenía cautiva entre sus brazos.
De pronto me sentí muy incómoda estando en el medio de ambos.
Podía sentir el pecho formado de Naruto contactando contra mi espalda y el vaivén de sus abdominales flexionándose con cada respiro, y a la vez sentía como Yahiko desviaba la atención de él por fracciones de segundos, para volver su mirada y observar mi reacción.
Por alguna extraña razón me sentí cuestionada por esos ojos acaramelados, y no encontré el motivo por mucho que indagué.
No había sido mi culpa tropezar, ni mucho menos que Naruto me atrapara a tiempo. ¿Entonces por qué había tanta fricción en el aire?
¿Acaso ellos habían tenido algún problema en el pasado?
Sentí curiosidad al pensar en eso, y me prometí a mí misma averiguarlo cuando tuviera oportunidad.
Los segundos pasaban y yo cada vez me sentía más tensa, así que tratando de separarme de Naruto, me revolví un poco para hacer ademán de levantarme, pero de un momento a otro, la presión que sentí envolver mi cuerpo, me detuvo de manera abrupta.
Bajé el rostro y me sorprendí al ver que Naruto me sostenía con fuerza de los brazos. No la suficiente como para dañarme, pero si como para mantenerme en mi lugar.
Lo volteé a ver sorprendida, pero su mirada no estaba puesta en mí, sino opacaba toda la atención de la figura uniformada que yacía frente a nosotros.
Yahiko.
De la misma manera en que el chico rebelde lo estaba mirando, los ojos de Naruto lo retaban a él. Y éste último, no parecía tener la intensión de soltarme, al menos, no en ese momento.
Tenía la mandíbula muy tensa y se mostraba serio y concentrado. Nunca había visto esa expresión en su rostro antes. Y por el simple hecho de poder admirarla, me sorprendió.
Mis ojos curiosos comenzaron a rondar de un rostro a otro tratando de averiguar que sucedía. Y mientras Naruto se mantenía en el suelo a mi lado, Yahiko mostraba prepotencia desde su altura.
De ninguna manera entendí a qué venía todo ese embrollo entre los dos.
- ¿Hinata?... - la suave voz de Tenten me hizo volcar de improvisto el rostro a la entrada.
Estaba parada a centímetros de la puerta y parecía haber llegado hacía pocos segundos. Cuando sus ojos chocolates llenos de confusión recorrieron la escena y dieron conmigo en el suelo, la sorpresa se denotó aún más en su moreno rostro.
- ¿¡Pero qué te pasó!? ¿Estás bien? - no tardó en acercarse a mí con un paso acelerado y yo aproveché su repentina venida para zafarme del Uzumaki, quien, a regañadientes, se rindió ante la insistencia y también se puso de pie.
- Sí, tranquila. Estoy bien - sus manos me ayudaron a acomodarme el uniforme y a sacudirme.
- ¿pero qué pasó? - preguntó fruncida viendo a los dos chicos que estaban a unos pasos de nuestras figuras - ¿Qué intentaban hacerle a Hinata pervertidos?
- Tenten - la retuve cuando intentó enfrentarlos - no fue nada, de verdad. Tropecé con la silla y caí. Naruto me recibió y eso fue todo - le aclaré. Sus ojos me miraron con sospecha.
- ¿Hablas en serio?
- totalmente - le dije, tratando de animar una sonrisa aunque el ambiente se sentía realmente tenso.
Tenten me miró por unos segundos, luego miró a Yahiko y por último se detuvo por un largo rato en el Uzumaki. Poco después soltó un suspiro lleno de resignación y dio media vuelta, comenzando a caminar hacia la puerta.
- lo que sea, luego me contarás todo con detalle - me dijo con una sonrisa extraña, a lo cual yo volqué los ojos. Advirtiendo en mi interior que no me saldría de esa por un buen tiempo - Y por cierto, no hay clases.
Dejé de sacudirme el uniforme y la miré sorprendida.
- ¿Qué? - la cuestioné - ¿y por qué no?
- Al parecer a los docentes les salió algo de último minuto. Acaban de dar el mensaje. Por eso he venido. Toqué la puerta de tu habitación y no contestaste. Así que supuse estabas aquí y no habías escuchado nada.
Me quedé de pie observándola un momento y después sacudí la cabeza.
- de acuerdo - dije con pesimismo - ¿Me esperas? - le pregunté a mi amiga al tiempo que giraba sobre mis talones y ella asentía.
Una vez di con Yahiko y Naruto, le sonreí a este último y le di las gracias por haber evitado mi caída, luego me despedí de Yahiko, tomé el informe que había dejado sobre el piano, y me marché con Tenten, directo a la habitación.
No habíamos abierto la primera puerta, cuando Tenten chocó nuestros hombros para llamar mi atención.
- ¿qué? - le pregunté mientras giraba la cerradura y nos adentrábamos al primer pasillo.
- y bien… ¿no admitirás nada? - comentó.
Fruncí el ceño y la miré sin entender.
- ¿admitir?, ¿acerca de qué?
Sus ojos chocolates dieron un vuelco exasperado y bufó divertida.
- ¡No te burles!, acerca de lo que acaba de suceder, Hinata -me regañó, haciendo un puchero divertido con su boca.
Mi pecho sintió una pequeña presión al recordarlo, y desvié la mirada al frente, concentrándome en las entrejuntadas puertas que cruzábamos.
- no sé qué quieres qué diga al respecto - le dije mientras llegábamos al final del pasillo.
- quiero que admitas que esta vez sí lograste percatarte.
- ¿Percatarme de qué?
- ¡por el amor más sagrado de Kami!, - se puso frente a mí y me tomó de los brazos - Hinata Hyuga, percatarte del hecho de que Naruto está completamente loco por ti.
Me paré en seco y la miré mal.
- ¿Pero de qué hablas, Tenten?, ¿acaso estás escuchándote?
- sí, y muy bien, la que parece no hacerlo eres tú.
Fruncí los labios e intenté rodearla para seguir mi camino, pero se puso en medio y lo evitó.
- quiero que seas capaz de darte cuenta, Hinata - me dijo, apaciguando la voz - quiero que seas capaz de ver lo que es evidente.
- no quiero hablar de eso ahora, Tenten, por favor - mi voz aunque sonó seria se mostró algo titubeante, y ella, se percató de eso.
- ¿Por qué sigues queriendo ignorarlo?
- ¿¡Y por qué sigues tú queriendo insistir en eso!? - le recriminé con voz adusta y fría, a lo cual ella frunció el ceño y yo cerré los ojos para tranquilizarme - lo siento - me disculpé a los segundos por haber sido tan brusca - es sólo que ese asunto ya me tiene bastante cansada. No sé qué pensar sobre lo que dices ni tampoco como actuar. ¿Qué se supone que quieres que haga?
Sus manos apretaron mis hombros como tratando de darme reconforte.
- sólo quiero que te des cuenta. Quiero que puedas ser capaz de ver lo que está frente a ti y que puedas disfrutarlo Hina.
- ¿y para qué? - refuté.
- ¿cómo que para qué?
- sabes lo que quiero decir. ¿Qué gano yo con eso?
- ¡esto no es una apuesta, Hinata! - me volvió a regañar - aquí no hay ganador, pero si dejas pasar el tiempo e insistes en seguir ignorando todo lo que está sucediendo, terminarás arrepintiéndote y, aunque no exista vencedor, eres tú la que saldrá perdiendo.
Sus palabras fueron serias y llenas de confianza, pero traté de no tomármelo muy en serio.
Me encogí de hombros y me crucé de brazos, todo, ante su atenta mirada.
- suena como si fuera realmente malo lo que dices - le dije, tratando de darle una vuelta humorística a la conversación. Ella volcó los ojos y me miró fastidiada - ¡No me mires así! - la regañé - de verdad no sé qué quieres que diga.
- ¡la verdad!
- ¡no hay ninguna verdad!
- por supuesto que la hay. ¿Crees que no me doy cuenta? - me dijo, frunciendo el ceño al tiempo que mis ojos la miraban sin comprender.
- ¿de qué hablas?
- la forma en que te mira, la forma en que tú lo haces. ¡Ambos están interesados y ninguno es capaz de dar el paso!
- Tenten, ¿pero qué…? - de inmediato sentí como el nudo se posicionó en mi garganta y evitó que completara la frase.
¿Yo? ¿Interesada en el Uzumaki? ¿Él? ¿Interesado en mí?
Mis pensamientos enloquecieron.
¿¡Pero qué demonios pasaba por la cabeza de esa chiflada morena!?
¡Tenía que ser una broma!
- ¿me dirás que miento? - me dijo. Y no supe que responder. Sólo escuchaba los latidos de mi corazón golpeando mi caja torácica - nunca había sido capaz de observar algo parecido, Hina - comentó - Pero por esa razón no dejo de insistir. ¡Tienes que creerme!
Él nudo en mi garganta apareció de nuevo y me tomé el tiempo de pensar en lo que decía.
Los recuerdos de todo lo que había experimentado con Naruto aparecieron en mi cabeza, y según recordaba, en ninguno me sentía lo suficientemente cómoda como para asociarlo a un gusto.
Sí, era un chico hermoso y no podía evitar notarlo, pero de ahí a que me gustara….
Mis labios hasta ese momento entumecidos se movieron, y fui capaz de demostrarle determinación a la hora de hablar.
- Tenten - la llamé, y ella reparó su atención en mí - yo no siento nada por él- le confesé, y por cosa extraña tuve un sabor amargo en la boca - Sí, nos topamos por casualidad, tuvimos encuentros no esperados, pero, eso fue todo. Naruto no significa nada para mí - mis propias palabras sabían agrias en mi paladar, pero, una vocecita en mi cabeza, no paraba de decirme una y otra vez que tenía que aclararle las cosas, o si no, todo se saldría de control.
Tenten estaba convencida de que Naruto se sentía atraído hacia mí, y también insinuaba que yo correspondía ese gusto, pero yo no lo hacía, y podía jurar, que él tampoco.
Ese rubio y yo habíamos resuelto el problema por el que una vez nos encontramos, y ya no había nada más que decir. Nuestros caminos estaban separados, y ella, aunque no quisiera, tenía que aceptarlo.
- conocí a Naruto por un tonto malentendido, Tenten. Fue sólo un accidente no deseado, y ahora, que resolvimos el problema, quiero que permanezcamos de ese modo. No hay nada que decir, no hay nada de que darse cuenta. Sólo somos dos chicos, actuando con normalidad mientras tratamos de hacer de nuestra vida aquí, algo más ameno. ¿Entiendes? - mi voz se fue apaciguando hasta que terminé con la charla.
Tenten dio un largo suspiro, me sostuvo la mirada evaluándome y poco después asintió perezosa. Aunque a mi parecer, seguía sin lucir del todo convencida.
- está bien, Hina. Te creeré por ahora. Pero no olvides nunca, que yo te lo advertí - y con esas palabras, ambas recorrimos los pocos metros que nos quedaban hasta dar con nuestras respectivas habitaciones.
Le di un abrazo para despedirme de ella y me metí en el cuarto soltando un suspiro. Por alguna extraña razón mi pecho se sentía pesado. Y algo dentro de él, sentía la culpa hervir como fuego pulverizador. Sólo que en vez de ponerme a meditarlo, decidí enterrar la sensación y concentrarme en otra cosa.
No tenía idea, que a partir de ahí, algo haría que las palabras de Tenten, tomaran cierta relevancia.
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- ¡vamos Hinata!, acompáñanos - la insistencia por parte de mi primo y de Tenten para convencerme de ir de viaje con ellos aquel fin de semana, no dejaba de incomodarme. No quería arruinarles la salida en pareja y ellos parecían no percatarse de mis intenciones. ¿Acaso eran tontos?, ¡yo no truncaría sus planes!
- ya les dije, tengo que practicar para los exámenes de la semana que viene. Necesito aprovechar el mayor tiempo posible y no lo haré si me distraigo.
- ¡pero es fin de semana!, - insistió la morena - todos los alumnos salen estos días. Te quedarás sola.
- estaré en la habitación, visitaré a María y comeré Pay de limón gratis. ¡Será genial!, no tienen por qué preocuparse.
Sus miradas se encontraron y luego volvieron a mirarme, me di cuenta por sus expresiones, que no estaban del todo convencidos con mi excusa.
- no tratarás de evitarnos ¿verdad? - la sonrisa que le dediqué a Neji cuando me dijo eso, apaciguó en parte la presión que sentía en mi estómago.
Alargué los brazos y le abracé. Luego hice lo mismo con Tenten.
- créeme, si esas fueran mis intenciones, ya ambos se habrían dado cuenta. Además, no creo que pudiera hacerlo. No con ustedes, al menos.
- ¡Oh! Que cruel, entonces sí que lo has pensando ¿verdad?
Me encogí de hombros transpirando inocencia y poco después no evité reír. Ellos de igual forma lo hicieron.
- hablo en serio, chicos. Tienen que disfrutar sin mí. Estaré aquí cuando vuelvan.
- ¿segura que no quieres ir?, puedo ayudarte rápido a empacar algunas cosas y…
- No Tenten, es su fin de semana y necesitan disfrutar de él y de ustedes. Además, es en serio, si no me pongo las pilas con Matemáticas, Anko-Sensei, terminará reprobándome. ¿Eso es lo que quieren?
Ambos negaron con frenesí, y yo sonreí.
-bien, porque yo tampoco lo deseo.
Neji soltó un suspiro resignado, se acercó hacia mí, y recargó sus labios en mi frente con cariño.
- está bien, preciosa, pero para la próxima iremos juntos - me hizo prometer.
- cuenta con eso - le sonreí, mirando con ternura como tomaba de la mano a Tenten y ésta a su vez, le sonreía con afecto mientras sus mejillas se coloreaban.
Tenten me lanzó un beso de despedida unido a una resplandeciente sonrisa al tiempo que descendían las escaleras y caminaban hacia el coche, y no evité mirarlos hasta que salieron de mi vista.
Solté un suspiro resignado, sonreí, ajusté el suéter a mi cuerpo y luego me marché a la habitación.
En parte, la excusa que había dado, no era del todo falsa. Realmente necesitaba estudiar.
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Luego de comer un par de bolsas de papitas y gran parte de caramelos y galletas – deliciosa cortesía inesperada de Sakura-chan – decidí dejar los libros a un lado y levantarme de la cama.
Había estado estudiando casi cuatro horas seguidas, y en ese momento, tanto mi mente como mi trasero necesitaban un merecido descanso.
Vi la hora en el reloj posicionado en la pared, y éste con orgullo marcaba las 5:58pm. No muy tarde para muchos, pero bastante para nosotros los que debíamos ingresar a nuestros dormitorios antes de las siete de la noche.
Conocía las reglas de la institución de memoria, pero en parte estaba cansada de estar encerrada todo el día. Así que tratando de obviar el hecho de que estaba por romper una norma, tomé todas las bolsas vacías que yacían en mi cama y las boté, me coloqué el suéter gris de Mickey, agarré mi reproductor de música, los zapatos y salí rumbo a la cafetería. Deseando en mi interior poder charlar con María antes de que se marchara.
Caminé por varios minutos a lo largo del corredor y, tratando de entretenerme, me perdí en la letra de Lifehouse que me hablaba de un romance pasional a través de mis audífonos.
Casi todo el mundo se había marchado ese fin de semana, y la escuela, de por sí llena y repleta de ruido, ahora se mostraba despejada y bastante tranquila. Dando paso a una agradable sensación de paz y calma.
Llevaba estudiando un mes en la institución, y esa, era la segunda vez que podía disfrutar de un momento solitario como aquél. No es que me quejara de las pocas amistades que había logrado construir allí, pero, mi cuerpo se había acostumbrado desde que era pequeña a estar sola, y por esa razón, me sentía cómoda y tranquila caminando a la par de la música por aquellos pasillos, mientras absolutamente nada ni nadie reparaba en mí.
Una sensación que mejoró bastante cuando llegué al aula de música, luego de pasar por la cafetería y ver que María no estaba, y noté que no había nadie alrededor.
Mi mente voló al recuerdo del día anterior y no pude evitar hacer una mueca.
Yahiko me había persuadido de tocar una pieza junto con él, pero en ese momento mi mente de pronto pareció bloquearse ante su propuesta y dejé de pensar. La incomodidad que sentía a su lado, bloqueó por completo todo rastro de partituras almacenadas en mis pensamientos.
No entendía por qué había sucedido, pero tampoco era algo que deseaba responder.
Tratando de dejar esas memorias en el pasado, me quité los audífonos y silencié la hermosa voz de Amy Lee que comenzaba a sonar. Viré hacia ambos lados del solitario pasillo esperando que no apareciera nadie, y sin pensarlo mucho, giré la perilla y me metí de lleno en la habitación.
Sonreí cuando mis ojos contactaron con el elegante piano y no perdí tiempo en acercarme.
Dejé el reproductor a un lado y me relajé.
Deseaba tocar una pieza desde aquél día en que Naruto me interrumpió, y por falta de tiempo, no había podido complacer ese gusto. Pero en ese momento allí estaba. Sola, tentada, y con las ganas al tope.
No perdería la oportunidad, así significara una sanción por parte de la directiva.
Soné mis dedos antes de sobreponerlos en las teclas. Y, sin saber con qué comenzar, me perdí en una melodía que mis dedos por memoria, ya conocían a la perfección.
Como me pasaba cada vez que tocaba, mi mente se desprendió de mi cuerpo y dejé que la música lo guiara. Era como estar en otra dimensión. Mi alma transpiraba cada nota, y mi cuerpo a su vez, me hacía sentirla propia.
Podía vivir una película entera recorriendo mi organismo. Se reproducía en mi cerebro, viajaba por mis extremidades, y se perdía en mi corazón.
Nada me hacía sentir más alegre o más viva que ese instrumento. Y sin saber cuándo parar, seguí deleitándome por un tiempo bastante prolongado hasta que por falta de fuerza, mis manos entumecidas por el esfuerzo, pidieron descanso.
Abrí los ojos y sonreí con plenitud. Contenta de haber sentido todo lo que sentí a lo largo de la melodía, y de haber podido tocar como tantas veces lo había hecho.
Era mi pasión, y la adrenalina acumulada en mi cuerpo, podía dar testimonio de ello.
Me llevé las manos al rostro y soplé el aire acumulado en mis pulmones. Ya era tarde y yo no podía abusar. Nadie se había dado cuenta que había usurpado la habitación, y tenía que marcharme antes de que eso sucediera.
Con esa idea en la cabeza, tomé el reproductor que estaba a mi lado, guardé los audífonos en el bolsillo de mi suéter, y me volteé en dirección a la puerta. Sólo para quedarme con el aire atorado en mis pulmones, tropezar con la estúpida silla de nuevo, y caer sentada de culo en el duro y frío suelo de mármol.
Un nudo en mi estómago me impidió respirar con normalidad.
¿Pero qué demonios hacía Naruto allí, no se suponía que estaba de viaje?
Mis ojos sorprendidos y a la vez asustados lo miraron por algunos segundos llenos de incomprensión, pero luego, fui capaz de volver a la realidad. Y, en esa realidad, la Hinata Hyuga, estaba bastante molesta por el susto que le habían dado.
- ¿Pero qué estás haciendo aquí? - le dije llena de reproche mientras hacía el esfuerzo de levantarme. Podía sentir mis mejillas ardiendo por la vergüenza - ¿acaso quieres matarme del susto?
Me reincorporé con lentitud e hice una mueca de dolor al sentir como mi trasero se quejaba por el golpe recibido. Cerré los ojos y evité tener que sobármelo.
Me dolía mucho, pero no podía demostrarle al Uzumaki que me había afectado. Aunque hubiese sido su responsabilidad, obvié el hecho de que me lastimaba y aguanté las ganas de echarme a llorar por el punzante chichón en la nalga que de seguro me saldría por su culpa.
Acomodé mi ropa correctamente antes de tener la gracia de mirarle. Su expresión no había cambiado en nada. Estaba igual de serio e inexpresivo, con el rostro levemente levantado, mirándome por debajo de sus gruesas pestañas y recostado en la pared, justo a un lado de la puerta.
Parecía agotado, pero sobretodo, algo molesto.
Me giré un poco y esquivé la condenada silla para apartarme de allí, luego guardé de nuevo los audífonos y el reproductor en el suéter –que se habían caído por el impacto-, y seguí mirándolo.
Podía ver desde la distancia que su bronceada piel estaba brillosa por el sudor, casi como si hubiese estado haciendo ejercicio previo a ese raro encuentro. Su pecho subía y bajaba con constancia y me di cuenta que al igual que yo hacía pocos minutos, él también estaba escuchando música, o por lo menos eso daban a entender los audífonos que se encontraban incrustados en sus oídos.
Tenía un suéter gris muy parecido al mío, unos pantalones de chándal negros que le hacían lucir unas piernas gruesas y formadas, y unos zapatos cómodos del mismo color. Se veía atractivo, no podía negarlo, y mis mejillas con cada segundo que pasaban, se iban transformando en un rojo carmesí bastante llamativo.
No podía dejar de mirarlo, y él tampoco lo había hecho conmigo, sólo nos mantuvimos allí, con la mirada perdida en el otro sin saber qué hacer. Yo estaba bastante confundida, él al contrario parecía estar aislado en su propio mundo de pensamientos, pero a la vez, quería envolverme para que formara parte de él, o eso sentí, ya que su mirada penetrante me estaba hipnotizando.
¿Cómo era posible que no quitara su atención de mí? ¿Qué le sucedía? ¿Acaso había fumado algo extraño?- esas interrogantes no fueron respondidas en ningún momento, y llegó un punto donde tuve que rendirme. En el encuentro de miradas, él tuvo la victoria.
Desvié el rostro y me crucé de brazos, luego volví a mirarlo y marqué el ceño para que se diera cuenta, que no estaba cómoda con lo que estaba sucediendo.
Él no hizo ningún cambio, y aunque tenía todavía los oídos cubiertos, decidí hablarle, ya que una parte de mí quería pensar que lograba escucharme.
- ¿qué estás haciendo, Naruto? - pregunté con sigilo al tiempo que contactaba con su mirada - ¿es alguna clase de juego?... ¿intentas retomar tus burlas en mi contra?, ¿quieres molestarme? ¿Es eso? - por varios segundos esperé con paciencia y tranquilidad que respondiera, pero cuando me di cuenta que no lo haría y que en parte todo lo que estaba sucediendo era una estupidez, bufé irritada y volqué los ojos.
Definitivamente no iba a seguir perdiendo mi tiempo en ese lugar.
- da igual - refunfuñé - Ni siquiera sé por qué me molesto - dije al tiempo que daba firmes pasos hacia la entrada y caminaba molesta con la intención de marcharme de la habitación. Pero, no fue hasta que tomé el pomo de la puerta y abrí, que mis pasos se detuvieron abruptamente y paré en seco.
Volví el rostro esperando una explicación y me encontré con su mano firme sujetando mi antebrazo.
Alcé la vista y lo miré confundida, su rostro seguía igual de impasible y sereno, sus pupilas brillaban y se había quitado los audífonos. Admiré su rostro cercano al mío y no pude evitar tragar con dificultad. Algunos mechones humedecidos caían sobre su frente y sus labios ligeramente entreabiertos le daban un aspecto bastante llamativo.
¿Qué sucedía con él? - me pregunté en un cierto tiempo. Todo lo que estaba sucediendo se me hacía demasiado extraño, y para mi mala suerte no podía darle una explicación lógica.
Fruncí los labios y presté a tención a su agarre, que un determinado tiempo, presionó aún más y me atrajo hacia él.
Mis manos chocaron con su pecho.
- Naruto, ¿Pero qué… - pero no me dejó formular la pregunta. Su cuerpo perfumado y varonil se acercó hacia mí con lentitud y me quitó las palabras de la boca.
- hablas demasiado, Hyuga… - ronroneó
Sus dedos recorrieron con lentitud el borde de mi labio inferior y mi cuerpo se paralizó.
- ¿N-naruto…? - quise detenerlo, quise advertirle que se apartara pero mi debilidad ganó el control de mi organismo. Estaba perdida. Idiotizada. Embriagada por su aroma y por su prepotencia.
¿Cómo me había dejado vencer tan fácilmente?, ¿acaso era tonta?
Sus labios se entreabrieron y yo los observé todavía inmóvil. Sin saber qué hacer.
Y, cuando mis ojos contactaron con sus iris azulejas, supe que me había perdido por completo.
Se acercó con paciencia y yo respiré, advirtiendo que mi cuerpo no tenía control de sí mismo. Me sentía perdida. Casi como si el tiempo se hubiese detenido. No podía pensar, sólo estaba allí, tratando de mantenerme de pie, mirándolo. Sintiéndolo.
¿Qué demonios sucedía conmigo? - no llegó respuesta a mi subconsciente.
Sin embargo, antes de siquiera poder contar los segundos que me tomó respirar por última vez, sus suaves y firmes labios presionaron los míos y ambos nos sumergimos a partir de allí, en un vaivén de sentimientos revelados.
Al principio fue sorpresivo y extraño, pero luego de un par de segundos cuando su boca se movió con gracia sobre la mía en busca de respuesta, no evité corresponderle. Me estaba besando. ¡Por Kami! sí que lo hacía. ¿Por qué demonios no lo apartaba?, ¿por qué mis manos no hacían acto de fuerza para alejarnos? ¿Por qué me sentía tan bien?
¿Por qué… me gustaba tanto?
Mis pensamientos estaban revueltos y flotaban sobre mi cabeza casi tan rápido como los latidos de mi corazón. Un cosquilleo creció desde mi vientre hasta instalarse en mi pecho y no fui capaz de controlarme.
Me gustaba la sensación. Me gustaba lo que él me estaba haciendo sentir.
Sabía que más temprano que tarde me regañaría a mí misma por haber accedido a esto, pero en ese momento no me importaba nada. Sólo importaba lo que yo quería. Y por ahora, lo que quería, era a él.
Cerré los ojos y me dejé llevar. Moví mis labios con ritmo sobre los suyos y absorbí su delicioso sabor. Toqué su pecho, estrujando con mis manos su suéter y sintiendo el tacto caliente y magistral de su piel a través de la tela.
Lo atraje, lo seduje con mi boca y él no se quedó atrás.
Escuché como un gruñido escapaba de su garganta antes de sentir sus manos rodeándome la nuca. Presionó e intensificó el beso, me pegó a la pared y su atlético cuerpo me envolvió por completo.
Podía sentirlo, cada parte, cada caricia, cada escalofrío bañando mi cuerpo. Nunca había experimentado nada igual. Y sólo quería quedarme así, para siempre.
Gemí sobre sus labios cuando me atrajo con su lengua. Todo era nuevo para mí, pero fue la etapa de aprendizaje más agradable que había tenido jamás. Se tomaba su tiempo, empujaba, se detenía, me asesoraba, me decía a qué ritmo ir, cuando parar…
Estábamos entregados, a merced del otro. Y él, era un excelente maestro.
Subí mis manos por su pecho y tomé su rostro entre mis dedos. No sabía que hacer exactamente. No había un libreto que seguir. Pero, una parte importante de mí, quería sentirlo, por completo. Así que no detuve mis caricias, ni el tampoco disminuyó las suyas.
¿Estaba haciendo lo correcto?
Sabía que no, pero poco me interesaba.
Seguimos absorbiendo con frenesí nuestros murmullos y jadeos, hasta que la falta de aire nos obligó a parar. Cuando nos detuvimos, no abrí los ojos, pero sentí como mis labios se levantaban por inercia hasta mostrar una pequeña sonrisa. Mi cuerpo estaba satisfecho. Y sin ningún tipo de problemas, daba prueba de ello.
Su frente contactó con la mía y sus dedos siguieron acariciando la sensible piel de mi cuello, reconfortándome, haciéndome saber que seguía allí, que lo que había sucedido, era real.
Estaba bastante extasiada por lo que había ocurrido y lo único que se escuchó en la habitación por algunos prolongados segundos, fue el sonido de nuestra respiración tomando su control normal.
Mi mente no pensaba, parecía estar en algún tipo de transe momentáneo, y sin embargo, podía ser consciente de su cercanía, de la proximidad de nuestros cuerpos y de cada respiro que dábamos.
- Hinata… - su murmullo ronco y bajo, me acarició las mejillas y me obligó a abrir los ojos con lentitud. Cuando lo hice, sus esferas brillosas y sus labios hinchados y provocativos, me recibieron gustosos.
Sabía que lo había disfrutado tanto como yo, su expresión en general me lo decía. Pero, cuando separó nuestros cuerpos en un inesperado y más que rápido movimiento, el calor de su contacto se desvaneció y dio paso a un frío enloquecedor.
Apreté los labios y le sostuve la mirada. Sus cuencas azules brillaban, pero su semblante seguía inexpresivo. Casi ausente.
No pude evitar preocuparme. ¿Qué diablos sucedía?
Quise decir algo, quise formular palabras en mi todavía entumecida boca, pero, cuando creí que lo iba a hacer, fueron las suyas, las que me enmudecieron.
- ¿Y entonces preciosa? ¿Exactamente qué sientes por mí? - mi mirada tembló confusa y mis labios quedaron sellados. Él seguía viéndose enfadado - ¿Ahora si significo algo para ti, o todavía sigo siendo sólo un accidente no deseado con el que preferiste nunca haberte topado?
Y esa revelación me dio un golpe directo en el abdomen que me dejó sin aire. No pude evitar mirarlo con sorpresa.
Esas… ¡Esas fueron mis palabras!
Acaso… Acaso él… ¿había escuchado mi conversación con Tenten?
La verdad me acicaló hasta los huesos.
Mi pálida piel se tornó casi traslúcida y me quedé muda. Una vez más, sin saber que responder.
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Bueeeeenooo… eso fue todo por ahora. De verdad lamento la demora. Comencé la universidad hace poco y ya me han comenzado a bombardear con deberes :(.
Espero este capítulo les haya gustado muuuucho… nos veremos en otra actualización dios mediante :D.
Como siempre, un placer haberlos saludados y espero se cuiden mucho.
Ojalá me digan lo que piensan del capítulo y de la historia en sus comentarios. ¡Estaré esperándolos!
DLB.
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Respuestas de mí, para tú:
Geca Trenu: ¡Geca! Gracias por tus palabras y por tus buenos deseos. Espero este capítulo también haya sido de tu agrado :D Esperaré tu respuesta y tu más sincera opinión. ¡Gracias! DTB
Mare-1998: Me alegra que hayas disfrutado del capítulo anterior Mare, de verdad :D espero éste no haya sido la excepción. Gracias por tu comentario. DTB
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Nota de la autora:
Antes de despedirme completamente, quería preguntarles algo. ¿Les gustaría de alguna forma que implementara Lemon a la historia?
Desde que quise hacerla supe que tendría partes románticas y pasadas de tono, pero nunca visualicé escenas explícitas. Les pregunto porque no sé qué también se lleven con este tema, así que los dejaré en sus manos :D Esperaré su opinión. Si no les agrada la idea simplemente digan que no xD.
Ahora sí, espero tengan un excelente fin de semana.
¡Sayonara!
