¡Hola!

Antes de comenzar quiero darle las gracias por los votos y el comentario 3 , realmente lo aprecio mucho. De verdad me alegra saber que aún están de ese lado de la pantalla queriendo leer un poco más de la historia ;) Espero de corazón disfruten de igual forma este capítulo. ¿Nos estamos leyendo en la próxima? Háganmelo saber mediante un review. ¡Feliz Tarde!

DLB

-.-.-.-.-.-.-.-

Capítulo XV

Sentirme mareada sólo fue una de las pocas sensaciones que envolvieron mi cuerpo en cuanto pude percatarme de lo que había pasado.

¿Pero qué demonios hacía Naruto aquí? Me pregunté, totalmente nerviosa e inquieta.

El corazón latía dentro de mi pecho como una máquina a toda velocidad y podía sentir como mi respiración comenzaba a descontrolarse.

¿Por qué siempre me pasaba esto con él? ¿Acaso todo era un tonto plan para matarme de los nervios?

Comenzaba a creerlo.

Estaba con la toalla toda enmarañada en el cuerpo, casi desnuda, mojada por la ducha que había tomado hacía poco, con las mejillas totalmente sonrojadas y cernida por completo sobre él en una posición que, siendo honesta, rozaba lo inapropiado.

Me encontraba a centímetros de su rostro, una de mis piernas se escabullía entre las suyas y mis pechos, casi al descubierto, chocaban directamente contra su cuerpo.

Erótico e inadecuado.

Hiromi hubiese muerto de un ataque al corazón.

- ¿qué… ¿Qué haces aquí? - logré murmurar en un tono apenas audible. No me escuchó.

Seguía demasiado atontado como para hacerlo.

Tenía un gesto un tanto divertido marcado en su expresión. Parecía bastante desconcertado, pero a la vez, daba señales notables de estar adolorido.

Lo observé por unos segundos antes de que se llevara la mano a la parte posterior de su cabeza, lo que me hizo inmediatamente hacer lo mismo con mi frente.

Ambos nos habíamos dado un golpe fuerte pero él, sobretodo, lo había hecho más.

Golpear su cabeza contra el suelo no era un juego tonto. Shion me había hecho pasar por eso hacía poco y, en lo personal, era una total mierda.

De inmediato me compadecí de él y mi frente, que debía de estar roja, pasó a no importarme en lo absoluto.

- ¿estás bien? - no dudé en preguntar. Esta vez, un poco más alto.

Sus esferas claras contactaron conmigo y asintió. Aunque sus gestos adoloridos seguían muy marcados en su rostro.

Era extraño pensar y percatarme de lo inusual que eran las cosas cada vez que Naruto y yo volvíamos a coincidir.

Todo con él había sido problemático desde que llegué a la institución. Por más que ambos intentáramos alejarnos el uno del otro, siempre pasaba algo tonto que nos volvía a cruzar.

Y, al parecer, siempre terminábamos en el suelo con algún golpe.

Una pequeña sonrisa se escapó de mis labios sin querer. Sólo me di cuenta que lo había hecho cuando sentí su pulgar deslizarse por toda la comisura de mi boca.

Alcé la vista y le miré.

Esta vez no había sorpresa, dolor o desconcierto en su mirada. Lo único que pude observar fue calma y algo de curiosidad.

Debo admitir que una parte de mí seguía bastante nerviosa, en especial por la forma en que mi cuerpo semidesnudo estaba sobre él. Esto no era correcto de ninguna forma. Y si Hiromi hubiese estado presente, lo último en lo que hubiese pensado era en sentirme a gusto, pero después de un cierto tiempo, así fue.

No pude evitar que me agradara de cierta forma verle así de nuevo, tan cerca.

Aún recordaba con exactitud cómo se sentía besarlo y, por más que me obligara a mí misma a tratar de pasar página, no podía.

Realmente me gustaba la sensación que él me hacía sentir. Y siendo honesta, no quería que desapareciera.

Por un momento creí que me desmayaría o, por lo menos, que me obligaría a reaccionar de alguna forma. Sin embargo, los pasos y las voces apabulladas que comenzaron a escucharse cerca de la habitación, me hicieron espabilar un poco. Lo que dejó la situación con el Uzumaki en segundo plano.

La tranquilidad desapareció en un chasquido.

Miré al rubio casi desesperada y él, tras mirar al pasillo con el ceño fruncido, hizo acopio y se levantó rápidamente, me tomó de la mano y me ayudó a incorporarme también. No tuve tiempo para sentirme incómoda o avergonzada. Mi corazón latía con velocidad por la adrenalina que en ese momento estaba recorriendo mi cuerpo.

Acomodé la toalla justo antes de que su macizo cuerpo, nos arrastrara a ambos dentro del vestidor, cerrara la puerta y nos ocultara en el pequeño cuarto de la limpieza.

Las voces femeninas incrementaron su cercanía.

Podía sentir mi cuerpo temblar, además del frío que estaba haciendo, la sola idea de que Hiromi se enterara de esto y de mi futura expulsión me caló hasta los huesos. Me quedé estática sin saber qué hacer.

¿Qué pasaría si nos encontraban?

No quise imaginarme en esa situación.

Naruto estaba tan cera de mí que podía sentir como su pecho subía y bajaba con cada respiración. No me estaba viendo, su mirada estaba concentrada en la pequeña hendidura que nos dejaba ver hacia el vestidor. Tenía el ceño bastante fruncido y los labios apretados. Además, no me percaté hasta ese preciso momento que al igual que yo, sólo el bóxer negro lo estaba cubriendo.

Lo que me daba una exclusiva de su ejercitado cuerpo empapado de agua.

Por un momento toda la vergüenza desapareció de mi sistema, y para mi sorpresa, me encontré admirando cada parte de su piel descubierta.

Él realmente era un chico hermoso y yo, cuando estaba con él, no podía evitar sentirme atraída como un imán.

¿Realmente así te sentías cuando alguien te gustaba?

Nunca había sentido nada igual en mi vida. Las sensaciones que sentía por el rubio eran totalmente nuevas para mí y nada, absolutamente nada de lo que intentaba hacer para disuadirlas, funcionaba. Ya me estaba cansando de batallar contra mis emociones. Siempre se venían abajo cada vez que le veía de nuevo. Era frustrante.

"Hinata, él siente lo mismo por ti. No tengas miedo de aceptarlo. Esas cosas pasan, nena. Y es normal que ambos se gusten".

Las palabras de Tenten vinieron a mi mente en un parpadeo y sonreí al recordarlas.

Luego de confesarle todo lo ocurrido con Naruto, lo confundida que estaba y el cómo me sentía cada vez que recordaba el beso y le sentía cerca de mí, no dudó en sentirse agradecida y de cierta forma, feliz. No dejaba de repetirme una y otra vez que mis sentimientos eran correspondidos pero, con sinceridad, yo no sabía qué hacer con eso.

No quería confesarlo. Me daba miedo hacerlo y no sabía por qué. Me estaba comportando como una chiquilla tonta, pero al igual que la emoción que sentía por sentirme así, había una parte que le aterraba. Esa parte que toda la vida habían acostumbrado en casa.

No estaba preparada para eso.

- Son las amigas de Shion… - la voz de Naruto me trajo de vuelta al cuarto de la limpieza. Le miré sin comprender y sus hermosos ojos brillosos contactaron conmigo.

- ¿qué? - fruncí el ceño y me acerqué a él.

De inmediato dio un paso atrás y se apartó lo suficiente como para dejarme ver por la pequeña rendija.

Por lo que pude observar supe que estaba hablando de las chicas que habían llegado al baño. Definitivamente sí era el grupo dramático y estúpido que andaba de arriba abajo con Shion.

Habían llegado dando tumbos por doquier y lucían bastante nerviosas y desesperadas por encontrar algo. Movieron algunas cajas, revisaron el clóset de toallas y rebuscaron en varios casilleros. En ningún momento lograron encontrarlo.

- ¡eres una idiota, Mika!, ahora si no lo conseguimos sabrán que hemos sido nosotras - habló una de las morenas, parecía bastante molesta y alterada, al menos, más que las demás.

- ¡No fue mi culpa!, debió caerse cuando tomé su ropa. ¿Crees que siga en la ducha?

- No lo sé, pero ya no escucho el agua. Debe de haberse ido ya.

- ¿y cómo se supone que salió de aquí? ¿Desnuda? - preguntó una castaña, bastante irónica. Parecía no importarle mucho la situación. Tenía un gesto de desdén marcado en su rostro y masticaba un asqueroso chicle que imaginé, ya no tenía ningún sabor.

- ¡No lo sé! Tal vez encontró algo más y se fue. ¡No me importa esa chiquilla estúpida ¿entiendes?!, sólo quiero encontrar mi celular. Vamos al cuarto de baño, debió caerse de mi chaqueta cuando tomé su ropa y salí corriendo.

- ¡Espera! ¿Y si no está ahí? No podemos demorarnos mucho ¿recuerdas? Terminaremos expulsadas si nos encuentran merodeando por aquí.

- ¡Lo sé! Pero también estaremos en problemas si no mueves tu culo y encontramos ese aparato ¿entiendes? Así que date prisa.

Luego de eso, los pasos y el ruido de esas chicas se alejaron de nosotros tan rápido como habían llegado. Después de diez minutos de total serenidad, ambos pudimos respirar tranquilos, sin embargo, no salimos de inmediato del cuarto.

El silencio se hizo presente en cuestión de segundos. Él parecía pensativo, yo, al contrario, totalmente inquieta.

Un nudo se cernió en mi garganta y mis manos empezaron a temblar con ligereza.

Todavía le estaba dando la espalda, y podía sentir como su mirada estaba contactando directamente y me aporreaba la nuca. Comencé a sentir escalofríos.

Llevé mis manos hacia el borde superior de la toalla y apreté para tratar de calmarlas.

No funcionó.

- Hinata… - escuchar como pronunciaba mi nombre sólo aumentó el nerviosismo yaciente en mí. Me volteé con lentitud y le miré.

Se había recostado de una gran caja de madera que se encontraba apoyada en el suelo y tenía los brazos cruzados, lo que le hacía marcar aún más los músculos del pecho y los brazos. Además, esa estúpida luz amarillenta resaltaba su imagen en general y me encontré totalmente quieta admirándolo sin ninguna vergüenza.

Realmente me encantaba como se veía. ¿Por qué tenía que ser así de cruel? Podía jurar que sabía a la perfección el efecto que causaba en mí, y tal parecía, que lo disfrutaba.

- no puedo creer que de nuevo estén fastidiándome - le dije con voz suave y cansada, todavía mirándolo directamente y con las manos apretadas en el pecho. Quería hacer algo para dejar de pensar en ese cuerpo y en la sensación de sus labios.

Me estaba costando bastante.

- ¿quieres que haga algo al respecto? - respondió pausado. Descruzando sus brazos y caminando de nuevo hacia mí.

Por instinto caminé hacia atrás. Y con cada paso lento que él daba, yo me distanciaba igual. Fue mi solución para mantenerlo a un margen prudencial, y funcionó, hasta que choqué contra la puerta.

Su prepotente figura se detuvo a un paso de mí. Mis ojos contactaban con su pecho. Tuve que hacer un esfuerzo para alzar la vista y dar con su mirada.

Tragué en seco.

- ¿Qué podrías hacer? - pregunté, con el nudo presionando mi garganta.

- lo que tú quieras Hinata, sólo tienes que decirlo - susurró. Me quedé atontada viendo su rostro y esos labios que extrañaba tanto volver a tocar.

Era una tortura cada vez que recordaba cómo se sentían contra los míos. Y tenerlo así de cerca, no ayudaba en lo absoluto.

Tenía que encontrar la forma de calmar mis estúpidas hormonas.

Observé con detenimiento como una de sus manos se alzaba con lentitud y, tras deslizarse por mi mandíbula y mejilla, llegó y tocó mi frente.

Mi mente dejó de funcionar.

- lamento esto - dijo, refiriéndose al pequeño golpe que tenía. Ya no dolía tanto, pero imaginé debía seguir rojo - ¿te duele?

Negué con la cabeza cuando me percaté de como se detenía a observar con mimo mi frente lastimada.

Los latidos de mi corazón comenzaron a acelerarse.

Intenté no parecer afectada.

No funcionó.

- no, ya no - respondí lento, casi como si pesara - ¿Y a ti?

Su mirada volvió a mí.

- un poco, el abdomen - respondió, lo que me hizo bajar la vista y contactar con el lugar donde lo había golpeado.

- ¿aquí? - y rocé con mi dedo el músculo marcado del abdominal superior. Éste se tensó inmediatamente y fue entonces, cuando lo vi, que supe que estaba tan afectado como yo.

Su mano volvió a descender por mi mejilla y se detuvo en el hueco de mi cuello. Su mirada y la mía seguían batallando en busca de una mínima señal.

- Naruto… - susurré, disfrutando cada sensación que transitaba libremente por mi cuerpo.

Era una completa locura.

- no entiendo que está pasando conmigo… - me dijo bajito, como un secreto, al tiempo que descendía su frente hasta contactarla con la mía.

Cerré los ojos, respiré su aroma y volví a mirarlo.

- muero por besarte, preciosa - soltó entonces, lento y pausado, mirándome directamente. Sin ningún remordimiento.

Su sinceridad me hizo sonreír.

- y yo quiero que lo hagas - le dije.

Esta vez, fue él quien cerró los ojos.

- no quiero arruinarlo contigo, Hinata - me atrajo hacia sí.

Ambos quedamos más cerca, casi al roce.

- no lo harás - mi mano ya no temblorosa, soltó el agarre contra la toalla y recorrió el camino de su abdomen hasta rozar su pecho; fue un roce curioso, lento.

Sentí su piel erizarse por mi contacto.

Saber que tenía el poder de causarle el mismo efecto que él a mí, me encantó.

- ¿Cómo lo sabes? - preguntó, fingiendo control. Sus dedos seguían masajeando mi cuello.

No dejaba de sentir escalofríos.

- confío en ti - susurré, casi al roce de sus labios.

Una suave sonrisa se dibujó sobre ellos y eso, fue una de las cosas más lindas que había visto jamás - por favor… - Su mirada azulina me caló hasta los huesos. Respiré el suave aroma de menta que salía de su boca. Fue agradable sentirlo de nuevo - yo quiero…

Pero no pude continuar. Antes de siquiera pensar en terminar de completar la frase su boca, suave y ansiosa, ya había acortado la mínima distancia que nos separaba. Me atrajo hacia sí y me besó. Lento y sumiso, casi como si quisiera grabar cada movimiento contra mis labios. O al menos, eso es lo que yo deseaba hacer.

Le seguí el ritmo y lo degusté. Ya no había nada que ocultar entre nosotros. Era bastante obvio en ese momento lo mucho que deseábamos estar cerca el uno del otro. Había algo que nos unía y aunque, tras cabecearlo bastante durante algún tiempo, no pude encontrar la razón de todo eso, no me importaba en lo absoluto.

Tenía que dejar de pensar tanto en las cosas. Me estaba torturando a mí misma, y no era justo.

En casa me habían inculcado a ser precavida y de cierta forma sumisa. Pero ya estaba cansada de estar ocultando lo que sentía realmente. No perdería más tiempo. A partir de ese momento, prometí que sólo me dejaría llevar y disfrutaría.

Y quería hacerlo, empezando con él.

Alcé mi mano y toqué su mandíbula. Luego, con lentitud, rodeé con mis brazos todo su cuello y mi pequeño cuerpo, se amoldó contra el suyo. Sentí como deslizó sus manos hasta posicionarlas en mi cintura y me sujetó contra él. La toalla estaba bastante tentada a resbalarse, pero no lo hizo, en cambio, su cuerpo firme me ayudó a sostenerla.

Era increíble lo bien que se sentía besarlo. Cada roce, movida y cambio de ritmo, me hacía delirar por completo.

- Naruto… - susurré jadeante, justo antes de que volviera a contraatacar contra mis labios hinchados. Sonreí contra su boca y él, tras recorrerla por última vez y darme un pequeño mordisco en el labio, se detuvo.

- eres tan suave… - susurró. Lo que me hizo sonreír otra vez.

Volvió a unir sus labios contra los míos en un roce dócil, y se separó. Su mirada, a diferencia de la primera vez que nos besamos, se mantuvo coqueta y brillosa. Lo que me hizo estar tranquila y contenta por lo que había dejado que sucediera. No estaba arrepentida de absolutamente nada.

No volvimos a hablar en un buen rato, pero el silencio que se mantuvo entre ambos fue tranquilizador.

Sus manos comenzaron a hacerme cariñitos al borde de mi nuca y la sensación de escalofríos recorriendo mi cuerpo por todos lados, me mantuvo completamente relajada. Cerré los ojos y lo disfruté.

Bueno, al menos lo hice hasta que detuvo sus movimientos de un momento a otro y me obligó a abrir los ojos de nuevo.

Alcé la vista y lo miré. La faceta coqueta y bonita que tenía hacía poco, desapareció por completo.

Sus ojos brillosos esta vez expresaban contrariedad y su mirada en general, estaba bastante fruncida. Fue entonces cuando me di cuenta.

Mi pecho.

Estaba contactando directamente contra mi cuello y pecho.

De inmediato, como acostumbraba a hacer cada vez que alguien los veía, me llevé una de las manos hacia el lugar afectado para intentar ocultar los moretones y los rasguños que todavía se notaban con notoriedad sobre mi pálida piel, pero por supuesto, fue una total estupidez puesto que él, ya se había dado cuenta.

Alzó su mano y apartó la mía con lentitud para que le dejara ver. Rozó suavemente sus dedos sobre mi piel y se detuvo poco después, casi como si temiera lastimarme.

- Naruto… ya no duele, estoy bien - traté en vano de que le restara importancia a lo que veía, sin embargo, no lo hizo.

Vi con claridad como su mandíbula se tensó. Alzó la vista y contactó con mi rostro. Su mirada se volvió un poco más tranquila, no obstante, seguía bastante molesto.

- no lo había visto- me dijo, todavía fruncido - no sabía que te había golpeado tan fuerte, Hinata. Te juro que se hubiese sabido esto yo…

Alcé la mano y no lo dejé continuar.

Realmente no quería que se preocupara por esto. Ya bastante tenía con Neji, Tenten, Sakura, Ino y María. No quería que también se involucrara él.

Respiré un poco y traté de sonreír.

Intentar disuadirlo de seguir con el tema fue mi objetivo en ese momento. Aunque, siendo honesta, no salió como lo esperaba.

- lo sé, y de verdad está bien, no tienes por qué preocuparte; sólo es mi piel. Se ve así por lo pálida que es, es todo.

- por favor no hagas eso - su tono áspero me hizo mirarlo.

- ¿hacer qué?

- restarle importancia a lo que te pasó y venir a decirme que no es nada. Lo estoy viendo, Hinata. No es tu piel la culpable de que estés así. Fue ella quien hizo esto.

Era bastante obvio que estaba molesto y aunque sabía que no era conmigo, me molestaba el hecho de que al igual que los demás, no quería saldar el tema de Shion.

¿Por qué todo el mundo estaba empeñado en recordarla cada dos por tres? ¿No era más fácil obviar lo que había sucedido y seguir adelante?

Me estaba hartando de escuchar su nombre y que terminara arruinando cada instante que estaba con alguien.

Si no era con Neji, era Tenten, si no, Ino y Sakura… ¿y ahora también él?

Realmente no quería seguir escuchando nada relacionado con lo que sucedió.

Esa estúpida rubia no me interesaba en lo absoluto. Y que todo el mundo la mencionara cada vez que veía esos estúpidos moretones, me cabreaba mucho porque me recordaba de cierta forma, lo idiota que había sido por dejarme golpear tan fuerte.

- Naruto, no estoy intentando restarle importancia a lo que me pasó - le dije, tratando de defenderme - sólo no quiero que te preocupes por esto. ¿Puedes por favor sólo dejar el tema?

Sabía que quería seguir discutiendo conmigo, su mirada me lo confirmó, sin embargo, a diferencia de los demás, guardó lo que tenía que decir porque entendió que realmente no deseaba hablar de eso en ese momento.

En el fondo se lo agradecí.

Soltó todo el aire acumulado en sus pulmones y volvió a acercarse a mí. Su frente una vez más contactó con la mía.

Nuestras miradas se encontraron.

- quiero que entiendas algo, preciosa - me dijo, viéndome directamente - tienes personas a tu alrededor que realmente se preocupan por ti, Hinata, y yo estoy incluido entre ellas. Por favor, no vuelvas a decirme que no me preocupe, porque lo hago, y siempre lo haré ¿entiendes? - asentí con lentitud y él continuó, esta vez, un poco más calmado: - dime al menos que te estás aplicando algo para curarlas…

- lo estoy. María me dio un ungüento. Lo he estado usando desde hace días. Tenten no me deja en paz para que no lo olvide.

- entiendo… - su mirada pensativa me hizo querer traerlo a la realidad. Por iniciativa propia me alcé un poco y con lentitud, busqué nuevamente sus labios.

En ningún momento puso objeción.

- por favor, puedes confiar en mí ¿sí? - susurré, separándome sólo un poco y sonriendo contra su boca - estoy bien - y le di un pico - Estoy bien - y le di otro - Estoy bien - y otro - Estoy bien - y otro; lo que al final, lo hizo sonreír.

Poco después tomó el control nuevamente y volvió a besarme. Y lo hizo de nuevo. Una y otra vez. Tomándose su tiempo, sintiéndome por completo.

No recuerdo cuanto tiempo pasamos así. Lo único que recuerdo fue lo bien que se sintió.

Todo en ese preciso instante parecía una mentira extraña, pero me agradaba de cierta forma tenerlo así de cerca, besarlo cuando quisiera y disfrutar de su compañía.

No sabía que pasaría entre nosotros a partir de ese momento. Pero siendo sincera, tampoco me preocupaba mucho.

Hinata Hyuga había decidido comenzar a disfrutar de los buenos tiempos, y ese, era el comienzo de todo.