¡Buenas noches! habemus actualización jajaja

Perdonen por el capítulo tan corto, prometo que los últimos 3 restantes serán largos.

Me emociona saber que por primera vez terminaré un fanfic jajajaa

Les agradezco enormemente su apoyo a mi historia, realmente lo aprecio :)

Ahora, sin más que decir, las dejo leer. Solo para aclarar: respeto la apariencia de los personajes ¿en el manga, Petra rubia de ojos celestes y Levi con ojos grises.

¡Ahora sí! extrañaba leer sus comentarios y fangirlear con ustedes jajajaja


En el momento en que Ackerman terminó de anudar su corbata deseo que la noche terminara. Hoy había llegado por fin la fiesta de fin de año de su empresa y él no podía darse el lujo de faltar. Otro año más que concurría solo, intentando ignorar los rumores, que se regaban tan rápido como la pólvora, sobre la ausencia de su esposa; que rezaran al cielo aquellos empleados que eran descubiertos por el presidente al cual no lo temblaba la mano a la hora de despedir a personas que gastaban su tiempo en chismes en vez de trabajar, sobre todo si esos chismes involucraban su vida privada. Se miró por última vez al espejo notando sus ojeras más negras con cada día que pasaba. No era como si le importara, ya que éstas lo acompañaban desde los diecisiete años, pero sabía que el cuidado de su imagen era de suma importancia, después de todo era el jefe de una de las compañías más importantes en el ámbito financiero.

El motor del auto parecía quejarse ante la demanda del conductor, el frío calaba los huesos y se había anunciado nieve para la noche que transcurría con total normalidad. Se quitó su elegante saco mientras le daba tiempo al auto de calentar y una vez listo emprendió marcha hacia su destino. Las calles estaban decoradas para la fecha con las típicas luces navideñas y decoraciones sobrias que daban vida al asfalto, a causa de aquello la gente se veía cálida y sonriente, mayormente las parejas, como si el hostil clima no interrumpiera su estado de ánimo. Levi se concentró en la carretera. El salón alquilado, o mejor dicho el predio, para la fiesta corporativa se encontraba en las afueras de la ciudad, aunque próximo a ésta, y era el lugar por excelencia para las celebraciones de la alta sociedad. El valet de parking lo recibió amablemente y Ackerman le entregó las llaves del auto para dirigirse al interior del salón, Erwin lo recibió con una sonrisa y rostro serio por lo cual él respondió de la misma manera. Observó a su alrededor comprobando que la mayoría ya había llegado y se había acomodado en las mesas designadas. El presidente no escatimaba en los gastos para la fiesta anual, permitiéndole a cada empleado asistir desde la punta de la pirámide hasta el peldaño más bajo ya que el asistir era completamente gratuito. Saludó al resto de sus compañeros de mesa: Erwin y su esposa Marie, el matrimonio de Mike y Nanaba, y Samy. Como deseaba que su esposa lo acompañara, recordó que en la última fiesta había asistido sin Petra y la noche se le había hecho eterna.

El salón estaba muy bien ambientado con la temática sobria del blanco y negro, así como también unos toques del color bordó, dándole una apariencia de elegancia exquisita. Era algo típico en él el elegir colores oscuros. Los meseros trabajaban excelentes brindando aperitivos a los empleados que habían optado por socializar fuera del círculo impuesto por el acomodo en los asientos. La banda, que contaba con una solista de voz dulce que transmitía tranquilidad, brindaba un ambiente relajado y ameno. Había dos o tres pantallas en donde pasaban las fotos de los mejores empleados del año que estaba terminando, como un pequeño reconocimiento frente a sus camaradas, además del presente que Ackerman siempre brindaba para agradecer por su desempeño en la empresa. Todo marchaba como había sido planificado, y Levi se sintió un poco más relajado por ello, aun así, necesitaba oxígeno de modo que apresuró sus pasos al exterior del salón. La noche contaba con un cielo tan negro como las hebras de su cabello prolijamente peinado con gel. «Menudos idiotas», pensó, en referencia a los reporteros del clima que horas atrás anunciaban la nevada del siglo, al contrario, habían acertado acerca de la baja temperatura, por lo que encerró un poco más su bufanda alrededor del cuello. Levi se encontró mirando el vaho que salía de su boca a causa del frío, pensando que su mujer se estaría divirtiendo por minutos con solo exhalar y observar ese vapor, creado por la diferencia de temperaturas, como si estuviera ocurriendo un milagro.

—Realmente, debes estar muy aburrido para abandonar el salón y adentrarte en este infierno helado.

Se dio vuelta para ver la figura de su colega. Llevaba su largo pelo en un mono elegante con detalles en piedritas sutiles acompañado de un maquillaje de lo más natural, que destacaba sus expresivos ojos marrones. Samy se cerró un poco más su abrigo blanco de piel sintética, y tembló ante la baja temperatura del jardín haciendo que Levi se debatiera en prestarle también su saco.

—No, Levi, no es necesario— ella había adivinado las intenciones de su compañero—. Es más una reacción inconsciente, no tengo frío— se tomó una pausa antes de volver a hablar — ¿Puedo hacerte compañía?

Él solo asintió como respuesta así que Samy se acercó a su jefe, quién buscó reparo en la galería del edificio.

—Tus ojeras se marcan más con cada día que pasa.

Era habitual que, en los últimos días del año, el equipo Ackerman se reúna seguido, para coordinar, cerrar y emprender nuevos proyectos referente a la empresa.

—Como si me importara — respondió él de manera seca, lo que ocasionó una risilla en ella que lo confundió un poco.

—Y tu genio está cada vez peor, admiro a tu esposa quién debe lidiar con él todos los días.

Ahh, caprichoso destino que hacía que precisamente Samy, la mujer que ocasionó la abertura de la caja de pandora en su matrimonio, mencionara a Petra. La vida se divertía jodiéndolo. Ella se había percatado de la tensión que se creó ante su comentario, como el hombre adoptaba una postura más rígida, y sus ojos se ensombrecían un poco.

—Perdóname, ¿he dicho algo inapropiado? — preguntó ella, inocente.

La mano de Ackerman se cerró y se abrió en un puño, como un tic nervioso —No.

La tensión aumentaba cada segundo, volviéndose insoportable.

—Sea lo que te aqueje— Samy lanzó un suspiro cansado —, sabes que aquí tienes un oído presto a escucharte.

—Lo sé, gracias. Sin embargo, ¿puedo preguntarte algo?

A ella se le escapó un gemido de sorpresa cuando se encontró con aquellos afilados ojos grises, tan grises como el mercurio, que la miraban penetrante, como si la traspasaran. Notó cuando Levi se apoyó contra una de las finas y frías columnas que sostenían el techo de la galería, y la examinaba de pies a cabeza. Sus piernas sintieron un leve cosquilleo, al igual que su estómago, además de que le fue casi imposible ocultar el nerviosismo, y el temblor de sus extremidades inferiores, que parecían una gelatina en movimiento. Uno era advertido que, cuando comenzaba a trabajar con él, iba a ser sometido a ese tipo de escudriñamientos, no obstante, era la primera vez que Samy se sometía a ese tipo de situación. Fuera del trabajo, claro está. Sus brazos estaban cruzados, formando una perfecta y alargada "x", marcando, claramente, el límite entre él y el mundo. Se preguntó entonces si alguna vez, su esposa, habría cruzado esos límites, pero llegó a la conclusión, y la reprimenda mental hacia ella misma, que la respuesta obvia era sí.

Asintió con la cabeza, expectante. Levi exhaló por la nariz, a la vez que daba una fugaz mirada hacia abajo, como si estuviera irritado.

—¿Albergas algún sentimiento hacia mí?

Su pregunta directa la congeló, más que la temperatura del ambiente —¿disculpa? — preguntó, desconcertada.

Él solo gruñó en respuesta, sintiéndose estúpido. Si el aire podía cargarse con más tensión, estaba violando todas las leyes de la física, y las demás habidas y por haber, existentes.

—Voy a ignorar el hecho de que me siento como un idiota adolescente en estos momentos, e intentaré ser sincero, diciendo todas las m*erdas que llevo guardando hace tiempo.

«Oh, oh». Las alarmas se encendieron dentro de ella, el corazón galopó salvaje en su pecho, y las cosquillas en su estómago se incrementaron. ¿Acaso estaba por recibir una confesión amorosa por parte de su jefe? Pero él ya estaba casado, ¿se sentiría ella culpable al involucrarse en una relación con un hombre comprometido? La primera vez que lo vio, lo que acaparó su atención fue la melancolía reflejada en sus ojos, los cuales le recordaban a las tormentas cargadas de electricidad, con las nubes pesadas y grises. Nunca había visto una expresión tan sombría, tan desafiante, y tan inalcanzable. Era un poco bajo de altura, en cuanto al promedio, pero el aura que desprendía era escalofriante. Le habían hablado de él, que era una máquina para los negocios, el jefe de las más profundas pesadillas, casi inhumano. Pero Samy había visto que debajo de toda esa fachada, existía amabilidad, compañerismo, e incluso amor. A la manera de Levi, eso está claro. Siempre se hablaba sobre su matrimonio: Si había sido arreglado, como última petición del viejo Kenny, o que quizás su mujer se sintió atraída por la colmada cuenta bancaria de él; incluso se atrevían a hacer suposiciones de cuantos amantes tenía ella, porque resultaría ilógico que alguien de su calibre amara a Levi tal como era; Porque la había visto en algunas fotografías, y Petra Ral era exquisitamente perfecta, con su cabello rubio, corto por encima de los hombros, y sus grandes y sonrientes ojos celestes, tan celestes como el cielo despejado de un día de verano, en contraste con los tormentosos ojos de su esposo. Ella brillaba en todas las fotos que Samy había visto, y en algunas parecía que su resplandor alcanzaba a Levi.

—¿Samy?

—Perdóname, Levi, pero no entiendo a lo que te refieres.

Ackerman lanzó un gruñido de frustración —olvida lo que dije.

—No, por favor— ella apoyó su mano sobre su brazo, que ahora se encontraba colgando paralelo a su torso—. Por favor, explícame.

Su compañero la miró de manera fugaz y desconfiada al mismo tiempo que intentaba relajarse, y a la vez, intentar relajar el ambiente también.

—En los últimos meses, nuestra relación se me ha hecho algo confusa— Levi no pensaba darle detalles, pero necesitaba aclarar las cosas, había puesto en riesgo muchas cosas a causa de los malentendidos —. Si me he comportado de una manera que pueda malinterpretarse quiero que sepas que no ha sido mi intención, solo quiero dejar las cosas claras entre ambos.

Samy respondió con una risilla histérica. Qué feo, el sentimiento de rechazo. Había fantaseado, durante los últimos meses, con su jefe. Incluso hubo noches en que tuvo que correr por una ducha de agua fría. Es que Levi Ackerman, a pesar de su baja estatura y su poco atractivo, se le hacía el hombre más masculino.

Quizás para él no, pero para ella, los últimos meses habían sido placenteros, compartiendo charlas a través de chats o llamadas, aunque sean casi siempre laborales. Y el único pensamiento que la envolvía últimamente era el de morder esos finos y rectos labios, entre otras cosas. Pero Samy tenía orgullo, y a ver que no era correspondida, no iba a delatarse.

—Perdóname, es que me he puesto nerviosa, y reírme es una tonta respuesta que tengo ante los nervios — sintió como su labio inferior temblaba —. Tranquilo, nunca he malinterpretado tus acciones.

Levi suspiró aliviado —Me siento un imb*cil. No soy bueno para estas cosas— se sorprendió confesándole aquello a una colega. Ella solo sonrió, pero sus ojos volaban por todo el lugar, disimuladamente.

—Me alegra ser de confianza.

—Gracias.

Samy intentó sonreír, consiguiendo una expresión extraña —deja de agradecerme Ackerman— inmediatamente se dio vuelta, para que él no notara el tormento en sus llamativos ojos —. Y ahora, si no te molesta, te dejaré solo ya que el clima me está matando— Se paró en el umbral de la puerta y lo miró por encima de su hombro —. Si quizás algunas de nuestras interacciones te han traído problemas, podemos volver a como éramos antes, no me molesta.

Levi solo asintió, sorprendido de como ella se había acercado tanto a la realidad, sin tener idea del panorama que él enfrentaba. La silueta de samy se perdía dentro del salón, y él consultó su reloj de mano. Ya casi era medianoche. Tiró su cabeza hacia atrás mirando como el cielo nocturno se mezclaba con el vapor que se creaba con sus exhalaciones, y se le ocurrió, quizás, que quería ver a su mujer. ¡Ah! Estaba tan agotado del juego infantil que Petra pretendía que juegue, ya no eran unos chiquillos además de que la paciencia no era uno de sus fuertes. Se burló de él mismo por estar en tal situación, infantil y estúpida, de deliberarse si visitar a Petra o no. «Al carajo» pensó, no iba a doblegarse ante la actitud tan inmadura de su mujer.