—Oye, Petra — La voz de Hange sonaba demasiado emocionada para la hora, tan temprana, en la mañana—, adivina lo que ha llegado.
Sintió las pisadas de la dueña de la casa que provenían del hall, y se hacían más fuertes a medida que se acercaba a la cocina. La observó usar el marco de la puerta para frenar su vigorosa corrida, enmarcando una gran sonrisa en su rostro. Su atención se desvío a la mano de su amiga, que sujetaba un, ahora un poco maltrecho, ramo de rosas rojas. El corazón de Petra se inquietó, con la esperanza de que ese presente sea de parte de Levi, pero, pensándolo bien, era poco probable que él mandara ese tipo de flores. Levantó una de sus rubias cejas, curiosa.
—Han llegado estas flores, perdóname por tomarme el atrevimiento de leer el mensaje que venía junto a ellas.
—¡Hange!
—¡Perdón! — se disculpó ella sin ningún rastro de culpa o arrepentimiento, y con total descaro al mismo tiempo que entregaba el presente a la destinataria.
—No entiendo que te causa tanta gracia— contestó Petra, llevando las flores a un jarrón improvisado.
—Cuando recibí el pedido, me resultó graciosa esta nueva faceta del amargado de Levi — no pasó por alto la ilusión que se reflejaban en los ojos celestes de su compañera — pero, reí aún más cuando descubrí al enamorado. Realmente, Petra, no has perdido el toque, eh — finalizó la castaña, guiñándole un ojo.
Ella puso los ojos en blanco, y leyó la tarjeta. Sus mejillas se tiñeron de un suave color rosa, haciendo que su amiga riera otra vez.
—Ya, Hange. No es nada serio, Eren Jaeger es un niño con aires de Don juan— Ral depositó la nota sobre la mesada.
—Pero que mocoso más insolente, eh. Ahora eres toda una robacunas.
—Deja de decir tonterías, nunca le correspondí ni le insinúe nada.
—Ahh, pero él parece haber entendido otra cosa.
Petra lanzó un sonido similar a un gruñido —Estoy un poco grande ya para lidiar con este tipo de situaciones— volvió a mirar la nota sobre la mesa—, lo hablaré con Zeke.
Esta vez la risa de Hange fue estridente —Ni que fuera su padre.
—Lo sé, pero él lo conoce mejor que yo. Realmente no quiero que malinterprete nada.
—Aunque puedes usar esto a tu favor para celar al idiota de tu marido.
Petra la miró de soslayo —No voy a caer tan bajo.
—ahhh — suspiró su compañera, desilusionada— pero se lo merece.
Su amiga solo negó con la cabeza a modo de respuesta.
Así que, pasado el mediodía, Petra se encontraba en medio de la sala del departamento de su viejo amigo. Éste apareció desde la cocina, con dos tazas en sus manos, las cuales apoyó en la mesilla de café del living. Petra, mientras tanto, se acomodó en uno de los sillones.
—aquí, tu adorado chocolate caliente — señaló él gentilmente — y aquí mi compañero, el café negro.
Ella lo contempló por un momento —Es muy extraño verte con barba, contrasta con el recuerdo adolescente que tengo de ti, con el rostro tan pulcramente afeitado.
Zeke se rio, un poco apenado —dime, ¿cuál es el motivo de tu visita?
—Tu adorado hermano menor.
Zeke puso los ojos en blanco —Ah, por favor, ¿qué hizo ahora?
A Petra le causó gracia el gesto de él —Hoy descubrí, bueno en realidad Hange lo descubrió, un increíble ramo de rosas rojas con una sensual nota acompañada.
Zeke repitió el gesto a la vez que apoyaba la taza en la mesita — es un crío todavía.
—Lo sé, y para nada me he molestado, pero…
—¿Pero?
—¿No se lo está tomando en serio no? Ahh, Zeke, me siento una tonta a mi edad preocupándome por estos temas tan trillados.
Él apenas sonrió, provocado por la ternura que sintió ante el comentario de ella —No entiendo que tiene que ver tu edad Petra, además eres hermosa, es normal que despiertes tales sentimientos en los hombres.
La mujer agradeció complacida el halago; sabía que, si era de parte de Zeke, no tenía ninguna intención oculta — Lo sé, solo quería asegurarme ya que tengo demasiado drama en mi vida en esta época que estoy atravesando — ironizó.
Su amigo se acomodó un poco más en el sillón — Eren no siempre ha sido así, de hecho, en la preparatoria era un joven solitario y taciturno.
Petra levantó sus cejas un poco sorprendida — Todo lo contrario a ti.
Él asintió — me asombró que un día me diga que se iba a juntar con unos amigos, luego conocí a Mikasa la cual se notaba atontada por él, aunque solo duró poco tiempo ya que ahora está en pareja con otro de sus amigos, un chico llamado Jean; y Armin, un chico tranquilo y muy inteligente. Su actitud comenzó a cambiar, pero aún seguía siendo un poco tímido hasta que un día, por medio de sus amigos quienes no estaban muy de acuerdo y me contaron, descubrí que estaba teniendo una relación con una compañera de secundaria. La jovencita rubia de ojos celestes había perdido hace meses a su mejor amiga en un accidente de tráfico y al parecer comenzó a ser cercana a Eren, aunque su relación de amistad era secreta para todos, hasta que él me confesó que se estaba viendo con ella de manera romántica, pero al parecer no funcionó y creo que ese fue el detonante para su comportamiento actual.
—¿Por qué no funcionó? — Petra dio un sorbo a la taza, saboreando el líquido dulce.
—Mira, si bien él y yo no somos cercanos no sé porque decidió confiar en mí y desahogarse conmigo, a lo mejor por la ausencia de la figura paterna. Pero por lo que me contó, la amistad de su "ex novia" Historia — él remarcó las comillas con los dedos ya que no había sido una relación seria — con su mejor amiga iba más allá de eso.
Petra lo interrumpió — ¿La niña era bisexual?
—Si te soy sincero, no tengo idea, y Eren no me ha contado mucho desde entonces. A lo mejor era heterosexual y solo quiso experimentar con el mismo sexo, la cuestión es que su relación con mi hermano fue muy cerca a la pérdida de esta chica y la joven no supo manejarlo bien, y Eren se vio rivalizando con el recuerdo de una persona fallecida.
—Es una historia triste— comentó ella.
—Lo sé— Zeke acomodó sus gafas — pero irónicamente fue cuando más vivo y apasionado vi a Eren. En serio estaba enamorado. Yo lo conozco, y sé que esa fachada logra engañar a todos, pero sé lo solo y triste que se siente. Creo que aun la ama. Y tengo entendido que la chica sigue soltera e irónicamente hace unos días me enteré que entró al mundo del modelaje.
—Oh, esto ya parece una novela rosa — bromeó ella.
—¿verdad? — él le siguió el juego.
—Me siento aliviada de ser un tonto juego de tu hermano, pero me temo que si esto sigue tendré que hablar con él.
—Te aseguró que en unas semanas su capricho ya no existirá más, y menos cuando descubra que ella será su próxima compañera para una de nuestras campañas.
—Zeke…
—Juro que no ha sido intencional, hasta ya empiezo a sudar frío con todo el estrés que traerá este trabajo. Y cuando Hange se entere… — el hombre soltó una risa nerviosa.
—Pues te deseo lo mejor — ella lo picó con sus palabras.
—Gracias, mi buena amiga — contestó sarcásticamente.
Pasaron la tarde riendo y charlando, hacía mucho que Petra no se sentía tan a gusto. Sentía que recuperaba todos esos años de amistad perdidos con él. Oyó intrigada cuando él, ya resignado ante la presión de ella, le contó cómo habían nacido sus sentimientos románticos hacia su secretaria Pieck.
—Zeke, si dejas pasar esto prometo que te golpearé. ¡Pero es que no me explico donde ha quedado toda esa confianza que pavoneabas en la preparatoria!
Petra ya había perdido la cuenta de cuantas veces había reído él en el día — ¿Recuerdas a Galliard? El fotógrafo de nuestra compañía. Sospecho que se gustan.
—Sospechas, más no lo sabes. ¿Es que acaso vas a repetir la historia otra vez? No es que te recrimine, yo estoy —ella hizo una pausa, tímida— bueno… tú sabes. En fin, sé un hombre y confiésate.
—¡ya! — Zeke levantó sus brazos, rendido.
—Además, he visto cómo te mira. A lo mejor está confundida, o quizás le gusten los dos, o a lo mejor lo de Galliard, si es que existe, es unilateral. La cuestión es que esta vez no vuelvas a dejar pasar el tren, por amor de los cielos.
Y Zeke solo rio como niño ante la reprimenda de su amiga.
Los celos abrumaron a Levi, el cual se sintió estúpido. Había ido a la florería, peleando consigo mismo ya que tal acción se salía de su personaje, acto seguido amonestándose y recordándose que, aunque se sintiera un idiota, su mujer importaba más que su orgullo. Y En el preciso momento en que había puesto un pie en la tienda, sus ojos se fueron hacia la hoja de la revista abierta que descansaba sobre el mostrador. Su esposa, él nunca se confundiría, sabía que era Petra, aparecía en una campaña publicitaria de otro perfume, pero esta vez, el mismo mocoso que había visto en la anterior fotografía estaba casi sobre ella, los dos en una terraza de algún edificio. Abandonó el lugar furioso. Su motor rugió ante la demanda de él quién hizo chirrear las llantas contra el pavimento al momento de acelerar; si hubiera algún oficial cerca de seguro se llevaría una multa, pero su enojo no lo dejaba pensar. Es por eso que odiaba sus emociones, por qué se reprimía tanto; él y los sentimientos no se llevaban para nada bien, nunca supo cómo manejarlos, y los veía como una molestia, algo que lo distraía de las cosas realmente importantes, como el trabajo. En cuanto estos hacían presión para salir, estallaban abrumándolo, no sabiendo cómo controlarlos. Cuando Levi se chocaba con una situación disparadora, todo aquello que reprimía tomaba el control, haciendo que cometa estupideces. Como ahora mismo, que se dirigía a toda velocidad rumbo a la casa de Hange. Cerró fuertemente la puerta de su automóvil, y el aire frío lo ayudó a bajar un poco su impulsividad. Tocó repetidas veces el timbre a la vez que golpeaba fuertemente la puerta.
Cuando Petra oyó como el timbre era tocado de manera tan molesta su buen humor cambió a un humor de perros. Bajó presurosamente las escaleras, no había pasado ni una hora que había vuelto de la casa de Zeke y hacia unos momentos había terminado de cambiarse luego de tomarse una ducha. Si bien estaba enojada pensaba en sus adentros que era mejor que sea ella quién atendiera a la molesta persona en vez de Hange, quien se habría cabreado y recibido con un puñetazo a aquel que tocaba el timbre de manera tan demandante, así que el sujeto en cuestión debía agradecer que la única persona que se encontraba en la casa fuera Petra. Abrió la puerta sin mirar por el portero, y sabía que su amiga la volvería a amonestar por eso, y se congeló, no precisamente por el clima sino por la imagen de su esposo en la vereda. Estaba enojado, era algo imposible de ocultar. Estaba sensualmente enojado, con su mirada penetrante, sus ojos grises encendidos y su ceño fruncido. El aire que salía por su nariz se volvía vapor por el clima frío. Petra lo veía hermoso, para ella Levi era exquisitamente precioso cuando adoptaba una postura seria.
—Levi…
—No voy a tolerar que te frotes contra el cuerpo de ese mocoso y lo publiquen como si fuera trabajo —La interrumpió él, casi ladrándole como un perro rabioso.
—¡¿Disculpa?! — preguntó Petra indignada, Levi sabía cómo apagar el ambiente.
—Ya me oíste — él entró sin permiso en la casa, deteniéndose a mitad del hall.
Comprendió que su esposo había visto las fotos — Escúchame Levi, no voy a permitirte que me faltes el respeto así. Y segundo, no estaba frotándome, apenas estaba apoyado sobre mí y era un trabajo nomas.
—¡Estaba pegado a ti!
—¡Maldición Levi, apenas estaba cerca de mí! ¡Hay campañas peores! Podría haber aparecido desnuda, o quizás besándonos. Podría haber sido sin ropa y él apoyado sobre mí, desnudo también.
Las fosas nasales de Levi se agrandaron un milímetro y su respiración se volvió algo errática. Petra comprendió que estaba celoso. Y sonrió, sonrió maliciosamente.
—¿Qué es lo que te causa tanta gracia? Maldita sea.
—Estás celoso.
Él se sintió ofendido. Y descubierto.
—Eso no quita el hecho de que me cabree la estupidez que hiciste.
—Levi — Petra se serenó, al igual que su voz, y se acercó tímidamente un poco más a su marido —, fue una foto nomas y fue la última. Ya le he dicho a Hange que no deseo trabajar más como modelo. Y aunque tu actitud sea exageradamente posesiva y denote tu falta de confianza — se arrepintió un poco al ver como las palabras lo picaban — No pasó nada y… Ahh Levi, eres el único ciego que no veo lo loca que estoy por ti.
Las mejillas de ella se tiñeron de rojo y su mirada se volvió un poco sombría. Levi se sorprendió ante la confesión. Era verdad que no tenía confianza en sí mismo en el campo del romanticismo, nunca se había parado a pensar si era apuesto para las mujeres y sabía que su altura no llegaba al promedio ideal. También era verdad que sus celos y su posesión era exagerada al punto de rallar lo tóxico, pero, aunque fuera solo por trabajo, se sentía en desventaja con el joven compañero de Petra. Ambos se miraron a los ojos. Si bien Petra estaba a solo cuatro pasos de distancia, la sentía que estaba a kilómetros. Se veía tan preciosa con sus jeans y su polera color crema… Se percató que estaba con pantuflas y observó el pelo aun mojado luego de la ducha. Volvió a mirar su rostro y observó cómo su pecho se movía un poco más rápido de lo normal; su mirada inquisitiva la estaba poniendo nerviosa, y expectante. Petra era como un libro abierto para él, conocía de memoria sus gestos, sus expresiones. Sus piernas cobraron vida propia y se acercó lentamente a ella quedándose a centímetros. Sus ojos estaban a la misma altura ya que su esposa era tan solo dos centímetros más baja que él. El ambiente se ponía cada vez tan tenso, pero ninguno de los dos se incomodaba. Levi rompió el contacto visual para besarla, había estado luchando contra ese deseo desde el momento en que la vio. Petra gimoteó ante el contacto de sus labios, lo extrañaba desesperadamente y la calidez con la que la besaba la desarmaron por completo. Estaba acostumbrada a los besos pasionales de su marido, o los cortos besos a modo de saludo o dados de manera fugaz. Rara vez Levi besaba delicadamente y con ternura. Él apretó más sus cuerpos en un abrazo mientras la acorralaba contra la pared y el beso se iba profundizando más, subiendo de tono. Sintió que su corazón se derretía; más allá del deseo sexual que comenzaba a sentir por las emociones, sintió que su alma se llenaba. Lo extrañaba a él, enteramente a él. Su compañía, sus gestos e incluso su mal humor. Lo que más extrañaba de su relación era su tiempo con Levi. Cuando él se separó, inclinó su rostro hacia adelante, buscando más de él. Levi se acercó para besarla pausadamente, sus respiraciones agitadas se mezclaban. Se sintió agotada y apoyó su cabeza sobre el hombro de su esposo.
Él la abrazó más fuerte y tiró su cabeza hacia atrás, mirando el techo —Vuelve a casa, por favor— soltó, casi como un ruego.
—¿Cómo sé que al volver has cambiado? — preguntó ella sobre su hombro.
Su aliento le hizo cosquillas a través de la camisa y el pullover de hilo. No se había dado cuenta que no tenía el saco ni la bufanda hasta que los vio tendidos en el suelo. Acercó su rostro para oler el cabello rubio, que desprendía una deliciosa fragancia por el shampoo. Levi nunca iba admitir, incluso para sí mismo, como tenerla en sus brazos reconfortaba tanto su corazón.
—¿Las estúpidas flores no son prueba? — preguntó él sobre su cabello.
Ella se rio por la típica actitud de su esposo. Levantó la cabeza y lo miró — ¿Y si cuando vuelvo, todo termina y vuelves a la actitud de siempre? Sé que estoy sonando como una mocosa caprichosa y desconfiada, pero en serio quiero que me tomes en cuenta, Levi. Perdóname por mi tonta actitud.
Ackerman apoyó una mano en su mejilla — sabes que no haría estas estupideces, para mí es casi humillante ir y comprar flores como un imbécil adolescente.
—Lo sé — ella sonrió, iluminándose su cara y Levi se sintió como un puberto —Pero al menos — Petra mordió su labio inferior — ¿Puedo pedirte una última cosa? — vio como él asentía con la cabeza — En unos días es la fiesta de Darius y…
—Esa estúpida fiesta, lo sé.
—Yo… Yo me preguntaba sí…
—Petra — la interrumpió —Yo asumía que ibas a acompañarme.
Ella levantó una ceja —¿Y por qué lo asumes si estamos peleados?
Levi la miró sarcástico, aún permanecían abrazados — No parecemos peleados en estos momentos — comentó mordaz y ella hizo un mohín, molesta — y además, pensaba que a esta altura ya nos habríamos reconciliado. Como dos personas adultas.
Su mujer se avergonzó y se separó de él —Mejor voy con Hange y Moblit.
Levi puso los ojos en blanco, perdiendo la paciencia —Sí que eres odiosa cuando te lo propones — comentó, levantando su saco del suelo.
—Y tú siempre has sido un idiota.
—Sin embargo, tú decidiste condenarte a mí.
Sus palabras le dolieron —Te amo, Levi. Nunca sentí que nuestro matrimonio fuera una condena, a pesar de todo lo vivido.
Se paró en seco mientras acomodaba su ropa. Hacía mucho no escuchaba esas palabras que lo descolocaron instantáneamente. Carraspeó a causa de la incomodidad, aunque se sintiera tonto y feliz por dentro.
—Conquístame en esa fiesta, y volveré contigo. Es mi última petición.
—Sinceramente, prefiero caminar sobre una alfombra de clavos con tal de recuperarte.
—Lo sé, sé lo difícil para ti que es expresar lo que sientes, pero quiero ayudarte a superarlo.
—¿Y ese es tu eficaz método, Petra?
—Sí. Lo es. Demuéstrame que tanto me amas y complace mi último capricho, amor mío.
